22 de septiembre de 2007

Robert Johnson: "Creo que ya es tiempo de partir"

Habrá que olvidarse de Jimi Hendrix en Woodstock, de los Bea­tles en el Shea Stadium, de los Rolling Stones en Altamont y de Led Zeppelin II. Cuando los entendidos en la materia durante los próximos años miren hacia atrás, buscando los mo­mentos más importantes en la historia de la guitarra, seguramente aque­lla noche en la que un joven vagabundo de raza negra vendió su alma al diablo en un solitario cruce de cami­nos, a cambio de una corta vida como genio de la guita­rra blues, estará bien arriba en la lista. Aquellos que intentan desmontar el misterio de Robert Johnson di­ciendo que tan solo se trata de otro de esos mitos románticos, deberían explicar el cambio repentino que su­frió aquel muchacho que quería ser "bluesman" y cuya única experiencia, antes de lanzarse a la carretera para evitar sus obligaciones con el ejército, al sur del Delta del Mississippi en 1931, se reducía a algunas sesiones de una cali­dad musical más que dudosa, con sus ídolos Son House y Willie Brown. Pero cuando volvió, unos meses después, los mentores de Johnson se quedaron petrificados -al igual que las di­versas audiencias de todos los tugurios del sur- con su increíble catálogo de recursos con la guitarra normal y con el slide, que sintetizaban cualquier emoción o sentimiento nunca antes expre­sados con una guitarra de blues en las manos. Si realmente fue un pacto satánico fue el trato del siglo. El diablo tomó su parte del pacto, llevándose a Johnson a la tierna edad de veintisiete años, pero no pudo evitar que su música quedase inmortalizada a través de generaciones hasta alcanzar el punto de leyenda. El premio Grammy, el CD con ventas hasta el disco platino y su lugar en el Rock & Roll Hall of Fame me­dio siglo después, a duras penas empiezan a apuntar la importancia de Robert Johnson en el espíritu de la mú­sica pop y rock actual. De todos los guitarristas, quizás tan sólo Jimi Hendrix puede igualar las alabanzas, casi convertidas en adoración divina, que Johnson ha despertado en ar­tistas que luego se convirtieron en ídolos ellos mismos.
Sus canciones han sido versionadas por casi todos los grupos, desde Led Zeppelin hasta los Bluesbreackers. De hecho, fueron los Rolling Stones, con sus reedi­ciones de "Love in vain" y "Stop breaking down" junto con "Crossroads" de Cream, los que primero hicieron llegar a Johnson al gran público del rock en los años '60 y '70. Una década después, incluso Hollywood estaba frotándose las manos por los beneficios de la película "Crossroads", en la que se mezclaban fantasía y reali­dad y en la que aparecía Steve Vai como el guitarrista del mismísimo diablo. En una subasta celebrada en 1998 en Califor­nia, un disco original de 78 r.p.m. del tema "Love in vain" alcanzó la cifra de 5.000 dólares, muchos más que los apenas 75 que Johnson recibió por un par de días en el estudio de grabación. Quizás no sorprenda entonces que el programa de la televisión norteamericana titulado "Los 160 momentos más recordados de todos los tiempos", incluya la leyenda de Robert Johnson en el número 9 de la lista encabeza­da -como cabría esperar- por la archiconocida escena de la falda de Marilyn Monroe.
Fue en 1936 cuando un Johnson de veinticinco años con una acústica Gibson destrozada y un alma casi en el mis­mo estado, entró en unos estudios provisionales ins­talados en un hotel de San Antonio para las dos pri­meras sesiones de la grabación que, años después, se convertiría en una fuente de inspiración para in­numerables artistas de pop y rock. Dos años más tarde, el diablo con el que había pactado lo alcanzó y se acabó su vida.
En el Delta, Johnson era considerado una estre­lla por esa época. Algunos discos simples como "Terraplane Blues" vendieron miles de copias en el sur de Estados Unidos, aunque no sería hasta unas décadas des­pués que, como un amuleto lento pero implacable, la música de Johnson dejase notar su in­flujo sobre la música popular de nuestros días. El primer disco, "King of the Delta Blues Singers" con grabaciones en directo de las dieciséis primeras canciones, permane­ció en los cajones de la compañía Columbia hasta 1961. Pero enseguida cautivó a un cierto joven inglés amante del blues llamado Eric Clapton. En muchas de sus canciones como "Rambling on my mind" (en la que Clapton dio sus primeros pasos como cantante), la exitosa "Crossroads" o "Malted milk", el genial guitarrista británico siempre ha parecido estar poseído por el espíritu de Robert Johnson. Robert Plant se encuentra en una situación bastan­te parecida. Hace algunos años comentó que el primer disco que se llevaría a una isla desierta sería "Walking Blues". También el disco que grabó junto a su ex compañero en Led Zeppelin, Jimmy Page, titulado "Walking in to Clarksdale", se inspira en su viaje en 1988 buscando a conocidos de Johnson por la zona del Delta. Plant incluso estuvo a punto de poner el título "I lacks a Nickel" a uno de sus discos solistas, recordando la famosa historia del en­cuentro de Johnson con una prostituta tejana en una noche en la que el blusero no tenía encima ni una moneda. Quien también pagó sus deudas con Johnson ha sido Peter Green con su álbum tributo titulado simple­mente "The Robert Johnson Songbook". Green, grabó dieciséis temas originales de Johnson junto al guitarrista Nigel Watson, su compañero del Splinter Group. Peter Green admite que su admiración por Johnson fue creciendo de forma gradual, desde que Jeremy Spencer hizo una versión de "Hellhound on my trail" en los primeros días de Fleetwood Mac. También Eric Clapton le realizó un homenaje al grabar en 2004 "Me and Mr. Johnson", en donde reúne catorce temas originales del blusero del Delta. En la grabación participaron Billy Preston (teclados), Nathan East (bajo), Andy Fairweather Low (guitarra), Steve Gadd (batería), Jerry Portnoy (armónica) y Doyle Bramhall II (guitarra). Robert Leroy Johnson nació en Hazlehurst, Mississippi, en el sur del Delta, el 8 de mayo de 1911, hijo de Julia Dodds y Noah Johnson. Desde pequeño Johnson mostró interés por la música, primero por el arpa y luego por la armónica. Fue enviado al colegio pero no demostró demasiado interés por el estudio. Un problema en la vista fue la excusa para abandonarlo definitivamente. Al finalizar los años '20 comenzó a demostrar un gran interés por la guitarra y empezó a frecuentar los clubes en los que observaba con cuidado a los guitarristas de la zona. Robert buscó asesoramiento en un músico con cierto renombre que vivía en Robinsonville. Era Willie Brown, quién trató de ayudar en todo lo que pudo al joven aspirante a músico y le acabó de enseñar los trucos y técnicas de la guitarra. Otro músico de gran predicamento por aquellos años también colaboró con Robert Johnson. Se trataba del legendario Charlie Patton. Empleó la mayor parte de su corta vida en perfeccionar su destreza como bluesman, viajando por el Delta del Mississippi e incluso por Canadá y Nueva York. En febrero de 1929 se casó con Virginia Travis. Ella quedó embarazada, pero la tragedia castigó duramente a Johnson cuando Virginia y el bebé murieron en el parto en abril de 1930. Ella tenía apenas dieciséis años. Luego de este golpe pareció buscar alivio en la música. Así, comenzó a tocar en aquellos primeros años de la década de los '30 con músico que tuvo gran influencia en él: Son House. Robert se casó por segunda vez con Esther Lockwood, con la cuál tuvo un hijo, Robert "Junior" Lockwood, que también se dedicó al blues. Después de tocar por todo el Sur de los Estados Unidos fue descubierto por Ernie Oertle, quién le presentó a Don Law, representante de una discográfica quién quiso que grabara sus canciones a la mayor brevedad. En dos sesiones de grabación, Robert dejó estampada toda su obra. Estas se llevaron a cabo el 23, 26 y 27 de noviembre de 1936, en una habitación del Hotel Gunter de San Antonio (Texas) y posteriormente, el 19 y 20 de junio de 1937, en un edificio de oficinas de Dallas. Son once los discos de 78 r.p.m. que se editaron durante la vida de Robert Johnson, uno más se conoció una vez que la vida del músico se había apagado. Su obra alcanzó las veintinueve composiciones. De algunas de ellas dejó grabadas varias versiones. Un total de cuarentidós grabaciones se conocen en la actualidad. Johnson, con su guitarra acústica Gibson semidestruida, realizó las grabaciones de cara a un rincón contra la pared. Una versión asegura que esto se debía a su timidez, mientras que otra sugiere que Johnson estaba ni más ni menos que aprovechando la acústica del lugar. El músico y folckorista Ry Cooder se inclina por esta última.


Alrededor de este virtuoso bluesman se tejieron cantidad de historias, convirtiéndose en la leyenda del blues por excelencia. La mas difundida es, sin dudas, su supuesto pacto con el diablo: su alma a cambio de la llave que le abrió las puertas al conocimiento musical y a una increíble técnica guitarrística. En concreto, se afirmaba que en su pacto había entregado su alma a cambio de talento y ocho años de vida para disfrutarlo. Una actitud común en muchos bluesmen era transmitir la imagen de hombres peligrosos y misteriosos y Johnson hizo todo lo posible para mantener esta leyenda en la mente de sus amigos. Por ejemplo, su forma de marcharse brusca y rápidamente después de tocar no hicieron otra cosa que acrecentar la teoría del pacto con Satán. Además, en algunas de sus canciones Johnson hace alusiones a ese posible pacto. En "Crossroads Blues", por ejemplo, habla de un cruce de caminos que muchos consideran como el lugar señalado para su encuentro con Lucifer, aunque no se menciona ningún pacto. Por otra parte, en "Me and the Devil Blues", dice: "Early in the morning, when you knock at my door/ early in the morning, when you knock at my door/ I said hello Satan, I believe it's time to go". Bien fuera un pacto o las numerosas horas de estudio, la técnica depurada de Robert Johnson, unida a su voz un tanto fantasmal, se muestran magníficos en un buen número de temas continuamente revisados en el mundo del blues. Muchos de los que conocieron a Robert Johnson personalmente no dejaban de sorprenderse del talento de este joven músico. Los que viajaron y tocaron con él cuentan que podía mantener una conversación en una reunión llena de gente con la radio sonando de fondo sin prestarle aparentemente demasiada atención y al día siguiente tocar nota por nota cada una de las canciones que se habían emitido. Alcanzó tal sofisticación que superó a todos sus contemporáneos y marcó las pautas que artistas como Elmore James y Muddy Waters emplearon en el desarrollo del rhythm & blues. Una anécdota curiosa, que pone de manifiesto el virtuosismo de Johnson, está protagonizada por Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones quien, tras escuchar a Robert Johnson por primera vez, enseguida quiso saber quien era el otro guitarrista. Richards no podía creer que fuese una sola persona la que tocaba.
El 16 agosto de 1938 el diablo cobró su deuda con Robert Johnson pues, como se sabe, un pacto es un pacto. Johnson murió a la temprana edad de veintisiete años, dos años después de realizar las históricas grabaciones y sólo unos días antes de que fuese incluido en el cartel del Gran Festival Spirituals of Swing en el Camegie Hall. Después de toda una carrera de mujeres y borracheras, se dice que lo que acabó con su vida fue precisamente un vaso de whisky envenenado que le dio el marido celoso de una de sus tantas amantes. Pero, como otras tantas teorías sobre Robert Johnson, in­cluso este misterio tomó un giro inesperado a princi­pios de 1998 cuando se revisó su certificado de de­función. Mientras en la sección de la causa de la muer­te aparecen las palabras "sin doctor", la parte posterior de la hoja aparentemente revela unas indicaciones que sugieren que la causa de la muerte fue la sífilis. El 27 es un número familiar dentro del rock, ya que artistas como Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin y Kurt Cobain tuvieron su trágico final a esa misma edad. "Se ha ido a formar parte de ese estúpido club", dijo la madre de Kurt Kobain refiriéndose al catá­logo de roqueros de culto que habían muerto a esa misma edad, después de una vida al límite. Podría ha­berle echado la culpa a Robert Johnson. Sin duda él fue el miembro fundador.