8 de diciembre de 2007

Robert Louis Stevenson, el contador de historias

Robert Louis Balfour Stevenson nació en Edimburgo, Escocia, el 13 de noviembre de 1850. Tuvo una vida agitada y corta. Debido a la presión ejercida por su padre, un in­geniero de faros, empezó los estudios de ingeniero en la Universidad de su ciudad natal. Sin embargo, su precaria salud y el gusto por la literatura lo lleva­ron a oponerse a la voluntad paterna y a matricularse, como contrapartida, en Derecho, en donde se licenció en 1875.
Como reacción al puritanismo victoriano del ambiente fa­miliar y social, del que por otra parte quedó profundamente marcado, llevó una juventud rebelde. En los años 70 de aquel siglo, mostró un interés desmesurado por el ocultismo, los fenómenos paranormales y los casos de desdoblamiento de la personalidad.
Enfermo de tuberculosis, se vio obligado a viajar continuamente en busca de climas apropiados a su delicado estado de salud. Así, sus primeros libros son descripciones de algunos de estos viajes: "An inland voyage" (Viaje tierra adentro, 1878), "Travels with a donkey in the Cévennes" (Viajes en burro por las Cevennes, 1879) y "Across the plains" (A través de las llanuras, 1880) entre otros.
En 1879 se encontró en Estados Unidos con la mujer de la que se había enamorado unos años antes en Francia, Fanny Osbourne, una norteamericana divorciada y madre de un hijo, diez años mayor que él, con la que se casó un año más tarde.
A su regreso a Escocia, escribió las dos obras en las que se basó fundamentalmente su popularidad: "Treasure island" (La isla del tesoro, 1883) y "Strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde" (El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde, 1886). En 1887 abandonó definitivamente Europa y volvió a Esta­dos Unidos. Pero un año después, habiendo alcanzado una no­table tranquilidad económica, se embarcó en un viaje que lo lle­vó a establecerse en Upolu (Samoa), donde él y su esposa permanecieron hasta 1894, en un último esfuerzo por recuperar la salud del escritor. Allí murió de un ataque cerebral a finales de ese mismo año, el 3 de diciembre, y fue enterrado en la cima de una montaña, cerca de Valima, su hogar samoano.Los nativos lo llamaban "Tusitala" (el que cuenta historias) y le concedieron unas honras fúnebres excepcionales.
Además, Stevenson escribió ensayo, crítica, poesía y cuentos. Su prosa precisa, lúcida, ordenada, cargada de sugerencias y el contenido de sus obras, reflejan su tensión in­terior entre el racionalismo y la atracción por lo pro­digioso, el rechazo del moralismo, una sincera pasión ética y una clara con­ciencia de las contradicciones de la naturaleza humana.
No es posible leer el primer original de "El extraño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde". Se sabe por el testimonio de su hi­jastro, que el autor tiró enfadado el manuscrito al fuego des­pués de que se lo leyera a su mujer y a ella no le gustase. Se sabe también que en tres días reescribió la historia que estaría destinada al mayor suceso que el lector universal ha concedi­do a un cuento largo. Todos los lectores intuyen que "El extra­ño caso del Dr. Jekyll y del Sr. Hyde" no es más que una pre­ciosa apología de la condición humana. La atracción de este pequeño libro está en esa conciencia dubitativa y vacilante del lector. Cada uno de nosotros es el Dr. Jekyll; y también, cada uno de nosotros es el Sr. Hyde.
El Dr. Jekyll encuentra a través de la ciencia, la forma de concretar en un personaje determinado e in­dependiente, las partes abominables de su alma protegida por la seductora respetabilidad burguesa y por la estima pública que se le tiene como científico relevante y benéfico. El Sr. Hyde es la explicitación de lo escondido, de lo que se alberga en el fondo oscuro de cada hombre que se cree honesto. En este sentido es una verdad manteni­da secreta, es lo que se debe suponer siempre de las personas y que, sin embargo, no se percibe, ocultado por los estereotipos culturales a los que están inconscientemente sujetos y de los que están ambiguamente protegidos. Se vive en la mentira y a la verdad no le queda más remedio que esconderse, hasta que, cuando sale a la luz, lo hace de for­ma explosiva con consecuencias de una tra­gedia difícil de contener.
Los experimentos que realiza el Dr. Jekyll se pueden reducir a dos: la polarización de la personalidad entre dos contrarios que se excluyen mutuamente y el intercambio entre esos dos opuestos. Con la primera, el Dr. Jekyll legitima a su parte negativa y recha­zable, y con la segunda la autoriza a vagar en busca de excesos y crueldades. Esta alegoría es muy lúcida y está muy bien articulada en la compleja narración de tipo policíaco: el hombre que le crea una vida autónoma a su propia parte negativa se expone al peli­gro de convertirse en víctima. Al principio el juego parece estar controlado y dirigido por la voluntad de quien lo condu­ce. Pero pronto Hyde escapa al control del que lo ha cons­truido. La desventura que recae sobre Jekyll es el riesgo que acarrea toda infracción a las leyes de la naturaleza, y para mitigarla, le ha permitido a su otro yo que se autonomice y lo ha separado completamente de sí. Jekyll y Hyde no pueden estar en contacto ni es­tar enfrentados, lo que no impide que Hyde pueda absorber completamente en sí a Jekyll y hacerlo su sirviente. En el clima trágico del relato victoriano no queda más que una solución: la muerte redentora, tanto del monstruo como del científico que se ha hecho responsable de la autonomía de aquél. Siempre, según el testimonio de su hijastro, parece que Ste­venson, antes de tirar al fuego el primer manuscrito, reconoció que había perdido de vista "el au­téntico corazón de la historia, la verdadera justificación", y por eso la reescribió.
La historia de la doble personalidad ideada por Robert L. Stevenson, fue llevada al cine en numerosas oportunidades, destacándose entre ellas la realizada por Victor Fleming en 1941, con Spencer Tracy, Ingrid Bergman y Lana Turner. También otras obras fueron adaptadas a la pantalla grande; las más notables son: "The suicide club" (El club de los suicidas) dirigida por David W. Griffith en 1909, con la actuación de Mack Sennet; "The body snatcher" (El ladrón de cadáveres) dirigida por Robert Wise en 1948, con Boris Karloff y Bela Lugosi; "Le testament du docteur Cordelier" (El testamento del doctor Cordelier) de 1959, dirigida por Jean Renoir y protagonizada por Jean Louis Barrault; "The wrong box" (La caja de sorpresas) dirigida en 1966 por Brian Forbes con la actuación de Michael Caine y "Treasure island" (La isla del tesoro) de 1990, dirigida por Fraser C. Heston y protagonizada por Oliver Reed y Christopher Lee.