31 de diciembre de 2007

Fútbol. Venezuela. Campeonatos oficiales

FEDERACION NACIONAL DE FUTBOL
TORNEO AMATEUR
1921
AMERICA
1922 CENTRO ATLETICO
1923 AMERICA
1924 CENTRO ATLETICO
1925 LOYOLA
1926 CENTRO ATLETICO
1927 VENZOLEO
1928 DEPORTIVO VENEZUELA
1929 DEPORTIVO VENEZUELA
1930 CENTRO ATLETICO
1931 DEPORTIVO VENEZUELA
1932 UNION S.C.
1933 DEPORTIVO VENEZUELA
1934 UNION S.C.
1935 UNION S.C.
1936 DOS CAMINOS
1937 DOS CAMINOS
1938 DOS CAMINOS
1939 UNION S.C.
1940 UNION S.C.
1941 LITORAL
1942 DOS CAMINOS
1943 LOYOLA
1944 LOYOLA
1945 DOS CAMINOS
1946 DEPORTIVO ESPAÑOL
1947 UNION S.C.
1948 LOYOLA
1949 DOS CAMINOS
1950 UNION S.C.
1951 UNIVERSIDAD CENTRAL
1952 LA SALLE
1953 UNIVERSIDAD CENTRAL
1954 DEPORTIVO VASCO
1955 LA SALLE
1956 BANCO OBRERO
FEDERACION VENEZOLANA DE FUTBOL
PRIMERA DIVISION
1957
UNIVERSIDAD CENTRAL
1958 DEPORTIVO PORTUGUES
1959 DEPORTIVO ESPAÑOL
1960 DEPORTIVO PORTUGUES
1961 DEPORTIVO ITALIA
1962 DEPORTIVO PORTUGUES
1963 DEPORTIVO ITALIA
1964 DEPORTIVO GALICIA
1965 LARA FC
1966 DEPORTIVO ITALIA
1967 DEPORTIVO PORTUGUES
1968 UNION DEPORTIVA CANARIAS
1969 DEPORTIVO GALICIA
1970 DEPORTIVO GALICIA
1971 VALENCIA
1972 DEPORTIVO ITALIA
1973 PORTUGUESA
1974 DEPORTIVO GALICIA
1975 PORTUGUESA
1976 PORTUGUESA
1977 PORTUGUESA
1978 PORTUGUESA
1979 DEPORTIVO TACHIRA
1980 ESTUDIANTES DE MERIDA
1981 DEPORTIVO TACHIRA
1982 SAN CRISTOBAL
1983 UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
1984 DEPORTIVO TACHIRA
1985 ESTUDIANTES DE MERIDA
1986 UNION ATLETICO TACHIRA
1987 MARITIMO
1988 MARITIMO
1989 MINEROS DE GUAYANA
1990 MARITIMO
1991 UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
1992 CARACAS F.C.
1993 MARITIMO
1994 CARACAS F.C.
1995 CARACAS F.C.
1996 MINERVEN
1997 CARACAS F.C.
1998 ATLETICO ZULIA
1999 DEPORTIVO ITALIA
2000 DEPORTIVO TACHIRA
2001 CARACAS F.C.
2002 NACIONAL TACHIRA
2003 CARACAS F.C.
2004 CARACAS F.C.
2005 UNION ATLETICO MARACAIBO
2006 CARACAS F.C.
2007 CARACAS F.C.

Borges y el pulidor de infinitas lentes

Baruch Spinoza fue un judío condenado por los judíos de su tiempo, un filósofo al que sus contemporáneos negaron el título de tal, un humilde y austero pulidor de lentes que prefirió morir en olor de pobreza y verdad antes que ceder a las tentaciones de los poderosos. Hoy se sabe que se trata de uno de los padres del pensamiento actual, que sin él hubiese sido inconcebible el desarrollo de la filosofía occidental que se afirmó en Kant y Hegel y se prolongó en variados y fértiles ramales. La vida de Spinoza -poco pródiga en grandes acontecimientos- puede resumirse escuetamente: nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632, de una familia de comerciantes judíos de orígen portugués; aún adolescente, estudió la Biblia, el Talmud y a los clásicos hebreos y latinos; a los veintitrés años, por sus supuestas teorías racionalistas y antitradicionales, mereció la excomunión judía -dictada vehementemente por la comunidad sefardita holandesa a la que pertenecía- y fue expulsado de su ciudad natal; más tarde, estudió y tradujo a Descartes y vivió sucesivamente en Rijnsburg, Voorburg y La Haya, donde escribió sus obras "Tractatus de intellectus emendatione" (Tratado sobre la reforma del entendimiento, 1662), "Tractatus theologico-politicus" (Tratado teológico-político, 1670) y "Ethica ordine geometrico demonstrata" (Ética demostrada según el orden geométrico, 1677), mientras se ganaba modestamente la vida puliendo lentes; por fin, murió a los cuarenticuatro años, el 21 de febrero de 1677, tuberculoso e intoxicado por las partículas de vidrio que había absorbido durante su penoso oficio cotidiano. Calificado durante más de un siglo como "sacrílego y ateo", sólo a partir del 1800 pudo ser reivindicado en su justa dimensión.
El poeta argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), escribió en 1976 dos sonetos en su homenaje:


BARUCH SPINOZA

Bruma de oro, el occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.

Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.

No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,

sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El más pródigo amor le fue otorgado:
el amor que no espera ser amado.
......................................................................

Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto,
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito,
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

Jorge Luis Borges

Rugby. Torneo de las Seis Naciones

El Torneo de las Seis Naciones es una competición anual que se disputa entre los equipos de Escocia, Francia, Gales, Inglaterra, Irlanda e Italia. En sus comienzos, este torneo lo jugaban los cuatro países de las islas británicas, hasta que en 1910 -y hasta 1931- se incorporó Francia. Al término de la Segunda Guerra Mundial, con Francia nuevamente en la competencia, el torneo pasó a llamarse de las Cinco Naciones. Desde 1996 se convirtió oficialmente en el Campeonato de Europa de Rugby, con el agregado -desde 2000- del equipo de Italia.


1883 Inglaterra
1884 Inglaterra
1885 No finalizó
1886 Escocia / Inglaterra
1887 Escocia
1888 No finalizó
1889 No finalizó

1890 Escocia / Inglaterra
1891 Escocia
1892 Inglaterra
1893 Gales
1894 Irlanda
1895 Escocia
1896 Irlanda
1897 No finalizó
1898 No finalizó
1899 Irlanda
1900 Gales
1901 Escocia
1902 Gales
1903 Escocia
1904 Escocia
1905 Gales
1906 Gales / Irlanda
1907 Escocia
1908 Gales
1909 Gales
1910 Inglaterra
1911 Gales
1912 Inglaterra / Irlanda
1913 Inglaterra
1914 Inglaterra
1915 No se realizó
1916 No se realizó
1917 No se realizó
1918 No se realizó
1919 No se realizó
1920 Gales / Inglaterra / Escocia
1921 Inglaterra
1922 Gales
1923 Inglaterra
1924 Inglaterra
1925 Escocia
1926 Escocia / Irlanda
1927 Escocia / Irlanda
1928 Inglaterra
1929 Escocia
1930 Inglaterra
1931 Gales
1932 Gales / Inglaterra / Irlanda
1933 Escocia
1934 Inglaterra
1935 Irlanda
1936 Gales
1937 Inglaterra
1938 Escocia
1939 Gales / Inglaterra / Irlanda
1940 No se realizó
1941 No se realizó
1942 No se realizó
1943 No se realizó
1944 No se realizó
1945 No se realizó
1946 No se realizó
1947 Gales / Inglaterra
1948 Irlanda
1949 Irlanda
1950 Gales
1951 Irlanda
1952 Gales
1953 Inglaterra
1954 Francia / Gales / Inglaterra
1955 Francia / Gales
1956 Gales
1957 Inglaterra
1958 Inglaterra
1959 Francia
1960 Francia / Inglaterra
1961 Francia
1962 Francia
1963 Inglaterra
1964 Escocia / Gales
1965 Gales
1966 Gales
1967 Francia
1968 Francia
1969 Gales
1970 Francia / Gales
1971 Gales
1972 No finalizó
1973 Escocia / Francia / Gales / Inglaterra / Irlanda
1974 Irlanda
1975 Gales
1976 Gales
1977 Francia
1978 Gales
1979 Gales
1980 Inglaterra
1981 Francia
1982 Irlanda
1983 Francia / Irlanda
1984 Escocia
1985 Irlanda
1986 Francia / Escocia
1987 Francia
1988 Francia / Gales
1989 Francia
1990 Escocia
1991 Inglaterra
1992 Inglaterra
1993 Francia
1994 Gales
1995 Inglaterra
1996 Inglaterra
1997 Francia
1998 Francia
1999 Escocia
2000 Inglaterra
2001 Inglaterra
2002 Francia
2003 Inglaterra
2004 Francia
2006 Francia
2007 Francia
2008 Gales
2009 Irlanda

2010 Francia
2011 Inglaterra

Dion O'Banion y un funeral que hizo historia

La liturgia impuesta por el mafioso Alphonse Capone (1899-1947) al delito organizado daba especial importancia a los "gangland overlords funerals", es de­cir, los funerales de los capos del imperio de los gángsters. Los fastuosos sepelios organizados para despedir a los gran­des jefes de banda caídos durante la guerra de gángsters de Chicago se realizaban conforme a un escrupuloso ceremonial, que fue mejorando con el correr de los años. La liturgia de esos entierros generalizó poco a poco otra cos­tumbre de origen napolitano: como signo de duelo, los amigos del difunto (y también los que fingían serlo) dejaban de afeitarse desde que conocían la noticia de la muerte hasta después del sepelio. De esa ma­nera, cuando llegaba el momento de desfilar por las calles de Chicago, el rostro -oscureci­do por la barba- evidenciaba supuestos senti­mientos de dolor.
Posiblemente los funerales más imponentes de la historia fueron los de Charles Dion O'Banion (1892-1924), el directo competidor de Al "Scarface" Capone en la guerra por el control de los negocios sucios de Chicago. Como cobertura de sus actividades delictivas, O'Banion era el propietario de una florería -Schofield Co.- utiliza­da por Capone y otros gángsters cada vez que había un funeral. A las 11.30 hs. del 10 de noviembre de 1924, Mike Genna, Albert Anselmi y John Scalise -hombres de Capone- entraron en la florería y lo mataron a tiros, despejando así el camino a su jefe.
El cadáver del gángster irlandés fue embalsamado y colocado en un féretro de 10.000 dólares, construido con bronce y cris­tal, con dos ángeles esculpidos en oro macizo y cuatro cande­labros de plata. Esa pieza inimitable de arte funerario fue ad­mirada durante tres días por unas 40.000 personas que desfilaron ante la capilla ardiente instalada en la Sbarbaro's Funeral Home. El cortejo fúnebre de 27 vehículos se trasladó hasta el cemen­terio de Mount Carmel cubierto por una montaña de flores y coronas, entre las cuales destacaba una herradura de rosas y orquídeas rematada con un bouquet de rosas rojas, las flores preferidas de Al Capone.
A ambos lados de esa composición, dos palomas de porcelana blanca sostenían con el pico una cinta que llevaba inscripta, en letras de oro, la célebre dedicatoria "From Al to a Pal". La palabra "Pal" significaba amigo en slang (una especie de lunfardo inglés). Todas las ofrendas enviadas por Capone llevaban invariablemente esa leyenda, que puede ser literalmente traducida como: "De Al a un amigo". Gracias a esa astucia, pudo disimular su responsabilidad en el crímen cometido por orden suya.El cortejo que acompañó a O'Banion hasta el cementerio fue precedido por la Chicago Symphonic Orchestra -que interpretaba melodías apropiadas a las circunstancias-, y seguido por más de 20.000 perso­nas, detrás de las cuales marchaba un escuadrón de la Policía Montada, enviado por William E. Dever (1862-1929) el alcalde de la ciudad, otro empleado de Capone.

30 de diciembre de 2007

Roma o la apoteosis de la civilización

Existía en la antigua Roma una tradición vinculada con el noviazgo y el ma­trimonio: la víspera de la boda, la joven ofrecía sus muñecas a los dioses lares de la casa paterna, es decir, a los espíritus protectores de la casa a la que ella había pertenecido y abandonaba. Así es como las viejas familias conservaban las muñe­cas de muchas generaciones. Roma fue tan fuer­te, duró tanto tiempo y sobrevivió tanto culturalmente porque supo apresar a los hombres, desde la Mesopotamia hasta Escocia, en la trama de esas costumbres. Sin embargo, en deteminado momento, hubo opositores que no proponían nada positivo, hubo agitadores entre los apátridas excluídos mientras los germanos igualitarios esperaban a las puertas del grandioso imperio.
Tanto Roma como Grecia llamaban bárbaros a los pueblos cuya civilización (para ellos), era primitiva y rústica. Cuando el historiador griego Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.) describió las formidables realizaciones de la técnica mesopotámica y egipcia, los canales anchos como ríos, los rascacielos de Babilonia, la ciencia de los astrónomos caldeos, aunque sabía que nada de eso existía en Grecia, su admiración no oscu­reció nunca en él la convicción de que el futuro estaba de su lado y que la democracia ateniense, por necesitada que estuviese todavía, se afir­maría más verdadera y más humana que las civilizaciones del Eufrates y del Nilo. Para él, esas civilizaciones pertenecían al pasado. Eran grandes, imponían respeto, pero esa grandeza era bárbara.
El propio Julio César (101-44 a.C.) alababa la ingeniosidad de los galos, tan hábiles -entre otras cosas- para rodear sus ciuda­des con murallas resistentes a la vez a las máquinas de guerra y al incendio, pero en fin, la civilización era él, era Roma y nada más. Al cónsul romano Cornelius Tácito (55-120) lo turbaron por un momento la virtud, la sabiduría y la seriedad de los germanos. Así se desprende de la lectura de su libro "De origine et situ Germanorum" (Sobre el origen y territorio de los germanos). Sin embargo, no pensó que pudiese existir en los germanos y en los celtas el principio de una superioridad de naturaleza cultural capaz de destruir algún día a Roma y reemplazarla.Esa seguridad de los romanos (y antes que ellos la de los griegos) duró casi mil años y constituyó un fenómeno psico­lógico distinto -por ejemplo- al de los chinos. Cuando los chinos de la época imperial llamaron "bárbaros" a todos los extranjeros sin distinción, fue una actitud orgullosa sin otro fundamento que la ignorancia. Los chinos dejaron de situar a los occidentales entre los bárba­ros cuando los conocieron lo suficiente, apresurándose incluso, desde Mao Tse Tung (1893-1976) en adelante, por occidentalizarse. El orgullo romano, muy diferente, no era de esencia nacionalista sino filosófico, porque hasta el griego despre­ciado no era considerado bárbaro sino que al contrario, todo romano cultivado reco­nocía en él a su maestro de civilización.
Durante esos mil años, el tiempo de treinta a cuarenta generaciones, diez siglos du­rante los cuales el curso de las cosas pare­ció no cansarse de acumular y de enca­denar acontecimientos conformes con esa manera de ver, para los romanos el universo fuera de sus fronteras -salvo Atenas- era bárbaro.
En un artículo de 1970, "Ver con ojos de hoy el fin del imperio romano", el filósofo francés Aimé Michel (1919-1992) recuerda que: "Roma casi pudo ser tomada al asalto por los cartagineses del general Aníbal Barca (247-183 a.C.) tras la célebre batalla de Canas en el 216 a.C., pero esas peripecias no empañaron para nada una certeza que no se fundaba en la con­tingencia histórica sino en la conciencia de que se era más hombre en Roma y en Atenas -aunque fuese aniquilado y venci­do- que en ninguna otra parte del mundo". "La famosa sentencia del director de las bibliotecas públicas romanas Marco Terencio (116-27 a.C.): 'Soy hombre y nada de lo humano me es aje­no', expresaba esa fe de modo lapidario" -continúa Michel- "una fe conservada con entusiasmo a través de todo el mundo antiguo como la expresión de un ideal de vida y de pensamiento hasta el fin de Roma".También es revelador el sentido atribuido por los grandes autores latinos a la pala­bra "humanitas". En la obra del filósofo Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) "De officiis" (Sobre los deberes) se encuentra por primera vez la expresión "patrimonio común de la humanidad" (commune humanitatis corpus) y también que la condi­ción humana es el fundamento necesario y suficiente de una exigencia ética absoluta: "lo que te debes en tanto hombre", "lo que tu condición de hombre exige de ti". Una frase de Julio César sobre los belgas prue­ba que la palabra "humanidad" era en Roma, desde los tiempos de la decisiva batalla de Alesia en el año 52 a.C. -que significó el fin de la Guerra de las Galias-, el sinó­nimo de "civilización": "los belgas, escri­bió, están muy lejos de la cultura y de la civilización (cultu et humanitate) de la Provenza".
De esta manera, es claro el sentido adquirido por el plu­ral "humanidades": las humanidades son los estudios, los únicos que valen la pena, aquellos cuyo objeto es el hombre. Estudiar, trabajar intelectualmente. No es aprender a construir puentes, a levantar ciudades, a crear riqueza material o asimilar una tecnología (actividades en las que sin embargo sobresalió el genio romano), sino profundizar en sí mismo, es volverse más hombre. Cuanto más hombre, más roma­no (y viceversa).
Así definida, la civilización romana fue admirada y sentida por todos como la ci­vilización a secas, aun por los esclavos que sólo se opusieron al orden político y cuya ambición fue siempre la de convertirse en ciudada­nos romanos (civis romanus). Para el centenar de millones de individuos con que contó el Imperio en su apogeo, la única alternativa a la roma­nidad era la barbarie. Para todos esos hombres y mujeres fue evidente, durante siglos, que Roma no podía morir. Ninguno de ellos tuvo nunca la idea de que la ciudad podía dejar de exis­tir por un nuevo progreso de la humanidad (ya que Roma y la huma­nidad eran lo mismo) y que su decadencia y su abolición pudiesen ocurrir por el lento nacimiento de algo totalmente nuevo en lo que ni los filósofos Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.) y Titus Lucrecio Carus (99-55 a.C.), ni antes Sócrates de Atenas(470-399 a.C.) y los sabios griegos ha­bían pensado.
Y sin embargo, esa cosa inconcebible su­cedió. En el momento exacto en que co­menzó el siglo de los emperadores Antoninos (97 d.C.), en el apogeo espiritual y material del imperio romano, un viejo fanático, incoherente e ignorante, desterrado en la isla de Patmos en el mar Egeo, completamente desconocido por el emperador y sus ministros y por toda la élite intelectual, política y económica, escribía, en griego bárbaro, un libro incomprensible en el que hablaba de dragones de siete cabezas, de caballos voladores, de sellos, de trompetas y otros disparates."Nadie lo leyó -dice el historiador francés Lucien Musset (1922-2004) en "Les invasions: les vagues germaniques" (Las invasiones: las oleadas germánicas, 1965)- excepto los adeptos de alguna de esas innumerables pequeñas sectas de las que aparecían tres o cuatro cada tanto en los barrios bajos de Roma y en todas las ciudades del Imperio, conformadas por gente que no valía nada, esclavos, marinos, traficantes, vendedores ambulantes y baratilleros con aspecto de inmigrantes mal nutridos que venían a buscar fortuna a Occidente".
Lo novedoso de ese libro absurdo era que no se refería a ningún valor reconocido ni a la humanidad; ni tampoco citaba a Platón, a Cicerón o a Virgilio, y sobre todo, auguraba para Roma el fuego de una misteriosa catástrofe cósmica. El libro en cuestión "Apokálypsis Iöannou" (Apocalipsis de Juan) no tenía en sí mismo ninguna importancia. Ninguno de los autores clásicos contemporáneos lo conocía ni lo citaba.
Aquel final augurado en la obra del galileo Juan, tardaría casi cuatro siglos en cumplirse, cuando en el año 476 ya no quedó nadie que dijera ser el emperador del Imperio Romano de Occidente tras la caída de Flavio Rómulo Augústulo (461-511), su último emperador.

El fandango: un antecedente del tango rioplatense

Cuentan las crónicas de antaño que en el año 1584, apenas cuatro años después de la segunda fundación de Buenos Aires por el vizcaíno Juan de Garay (1528-1583), se realizó en el rudimentario caserío la primera venta de un terreno cuya ubicación era la de la actual esquina sudoeste de las calles Bolívar e Hipólito Yrigoyen, justo enfrente de la Plaza de Mayo. El precio de la transacción fue un caballo y una gui­tarra. Sin saberlo, "las huestes de Garay fundaban, al mismo tiempo que la inimaginable ciudad, su pre­sunta melodía", como dice el historiador porteño Francisco García Jiménez (1899-1983) en "El tango. Historia de medio siglo. 1880/1930" publicado en 1964.
Doscientos años más tarde, a fines del siglo XVIII, muy cerca de aquél lugar, en la esquina de San José y San Carlos (hoy Perú y Alsina, respectivamente), se alzaba el Teatro de la Ranchería . Como los espectáculos de comedia habían dejado de interesar, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo (1719-1799) resolvió insti­tuir bailes públicos, autorizando en ellos el uso del disfraz, una artilugio muy usado desde siempre para amparar relaciones subrepticias. Entendía el gobernante que de ese modo le daba un golpe mortal a los muy concurri­dos "piringundines" suburbanos, esos lugares a donde iba a bailar la gente de dudosa moralidad.
"Pues así como abundaban los tradicionales ho­gares chapados a la antigua española -continúa García Jiménez- había también un no menos ibérico desliz hacia la juerga, los pellejos de vino de los despachos y las equívocas aventuras de amor y, a veces, de muerte violenta en la calle del Pe­cado, vecina de la iglesia de Montserrat". Aquella calle era una cortada, chata y sórdida, arrinconada por una plaza de toros, que se llamó después Aro­ma y estaba ubicada en el sitio en donde hoy se alza el edificio de Obras Públicas, en medio de la Avenida 9 de Julio.
Hacia el céntrico Teatro de la Ranchería se encaminaban los baila­rines enmascarados para bailar la danza favorita de la época: el fan­dango, una danza de parenteso cercano con la "jota" andaluza y lejano con el "cordax" romano, cuyo aire sensual y su compás irresistible anticipaban el juego entrelazado de la futura danza rioplatense: el tango.
Aquel baile de pareja -con giros propios de los bailes de galanteo- mereció la rápida reprobación de la Iglesia, que no veía con buenos ojos las flexibles ondulaciones del cuerpo de los bailarines que seguían la cadencia de la música; algo similar a lo que ocurrió con el tango a comienzos del siglo XX, cuando fue condenado por el mismísimo papa Pío X.
Sin embargo, la tentación fandan­guera había impregnado el gusto popular, aún de aquellas gentes que decían ubicarse socialmente más alto que el común denominador del pue­blo: por ir tras el picante llamado de su me­neo había quedado postergada más de una selecta reunión casera de la incipiente burguesía porteña.
Como si hubiese provocado la ira del cielo, el Teatro de la Ranchería acabó sus días el 16 de agosto de 1792 cuando el petardo de unos festejos cercanos cayó sobre su techo de paja y lo redujo a cenizas. Así, la danza de moda volvió a los "piringundines".
La Corte de Madrid -entretanto- se escandalizó con el frenesí del fandango y re­solvió abolirlo, para lo que reunió a su consejo ministe­rial. "Alguien atrevióse a significar al rey que no debía condenarse al culpable sin oírlo -cuenta García Jiménez-. Le pareció justa la observación al soberano, se requirió la presencia de una pareja avezada, vibró el son, repiquetearon las castañuelas, se movieron los cuerpos juncales y a los pocos minutos la severidad real y la ministerial des­aparecieron: los ceños se alisaron y los sitiales quedaron vacíos porque los circunstantes se acercaron marcando el compás con las manos y luego con los pies".
De esta manera, el fandango continuó gozando de buena salud y, ya entrado el siglo XIX, un cronista anónimo escribió: "esta danza de Cádiz, famosa de tantos siglos, hoy se la ve ejecutar todavía en los arrabales y en las casas de esta ciudad, en medio del entusiasmo de los circunstantes; no es solamente muy estimada entre la gente y el pueblo bajo, si no también entre las mujeres honestas y las damas de alta jerarquía. El fandango lo baila a veces un hombre solo, a veces una mujer sola, o lo bailan muchas parejas''.Corrió desde entonces, mucha agua bajo el puente. Un día de 1911, el ministro de gobierno del zar de Rusia Nicolás Romanov (1868-1918), le informó a éste que dos jóvenes duques, sobrinos del monarca, es­taban mezclados en un incidente ocurrido en un elegante local nocturno de San Petersburgo "donde se exhibía una nueva danza per­turbadora". La danza a que hacía referencia el ministro era un baile desconocido, de la América meridio­nal, al que llamaban "tango argentino".El zar se interesó por conocer el baile y, cuando lo hizo, quedó encantado. Tanto le gustó a Nicolás II y tan patente recuerdo le quedó de su legítima procedencia, que dos años más tarde, al saludar en una recepción a los representantes de distintos países, acompa­ñando cada saludo con una referencia a la respectiva nación, dijo al llegar al diplomático argentino: "Argentina.... ¡oh, el tango!".

29 de diciembre de 2007

Panait Istrati, un vagabundo atormentado

En apenas 12 años (entre 1923 y 1935), Panait Istrati consiguió una repentina y fulgurante celebridad, tanto como escritor autodidacta como sindicalista y activista político en favor de las clases proletarias. El vagabundo atormentado, el errante incansable, el rebelde que tomó el camino de los perdedores había nacido el 10 de agosto de 1884 en Bráila, Rumania y vivió su infancia como un muchachito educado, tímido, cuidadosamente vestido. Su aspecto contrastaba con el de los chicos con quienes se codeaba en los subur­bios miserables de su pueblo, a orillas del Danubio, donde vivía con su madre.
Prefería la lectura y el trato con los adultos a la compañía de esos muchachos; sin embargo se hizo amigo particularmente de uno de ellos: un gigante brutal llamado Codine cuyos puños acudían siempre en ayuda de los más débiles. El fue quien salvó a Panait y a su madre del cólera, lleván­dolos a una zona campestre y construyéndoles una choza de ramas y cañas. Tiempo después, Codine mató a un amigo que se había convertido en aman­te de su querida y luego murió de una manera espantosa: su madre le echó dos litros de aceite hirviente en la boca, mientras dormía. En 1925, Istrati publicó un libro que lleva su nom­bre y el director francés Henri Colpi (1921-2006) realizó una película del mismo nombre en 1963.
La madre de Istrati era lavandera y su padre un griego contrabandista muerto por los guardias costeros a quien jamás conoció. A los trece años, provisto del certificado de estudios primarios, dejó la escuela y por algunos centavos redactaba cartas para los enamorados despechados para ayudar a su madre. Después consiguió un empleo como mozo en la taberna de un griego en la que durante un año y medio observó con pasión a los clientes, una humani­dad marginada. Luego se empleó un tiempo en una pastelería y más tarde aprendió el oficio de pintor de paredes, oficio que ejerció a menudo, en el curso de sus viajes.
Un día conoció a un hombre joven vestido con harapos que, sentado en un banco, leía un libro del cuentista francés Alphonse Daudet (1840-1897). Fue un encuentro decisivo y pronto se hicieron amigos. Mikhail (a quien retrató en el libro que lleva ese título en 1927), era hijo de una rica y noble fa­milia rusa y con él viajó a Bucarest, en donde vagabundeó hasta que el amigo partió hacia Manchu­ria.
Por entonces empezó a interesarse de manera activa por los problemas sociales, participando en la lucha que sostenían los obreros de su ciudad natal y colaborando en el diario local, por lo que fue arrestado varias veces. Viajó nuevamente a Bucarest en donde se encontró con su amigo Mikhail que había vuelto de Manchuria y tra­bajó algún tiempo como gestor en una oficina de colocaciones bastante sospecho­sa, experiencia que utilizaría para su libro "Biroul de plasare" (La agencia de empleos, 1933). En el transcurso de una manifestación socialista fue golpeado por la poli­cía y al poco tiempo la junta de revisión lo declaró no apto para el servicio militar por causa de su miopía y del estado de sus pulmones. Viajó entonces con su amigo a Constanza, el puerto más importante de Rumania, en donde encontraron sendos puestos de trabajo como porteros en el hotel Regina. Después de ahorrar un poco, emprendieron viaje hacia Egipto en donde Mikhail trabajó como portero nuevamente mientras él lo hizo como vendedor ambulante y pin­tor. Tampoco se quedaron allí mucho tiempo: su amigo viajó a Grecia y él se embarcó clandestinamente en un barco francés que iba hacia Marsella. Rápidamente fue descubierto y desembarcado en Nápoles desde donde volvió a Bráila, pasando por Alejandría y Constanza.
Durante los siguientes seis años -entre 1906 y 1912-, viajó constantemente entre Rumania y Egipto. A veces solo, otras con Mi­khail; a veces en condiciones financieras precarias, otras con relativa abundancia. Sin embargo, la salud de su amigo se alteró gravemente y antes de morir, quizo volver a Kazan con su familia. Dejó a Pa­nait con la promesa de que si la travesía era demasiado penosa y sufría demasiado se arrojaría al mar, pero, si todo salía bien, le escribiría desde Odessa. Panait nunca recibió esa carta.
En 1913, en plena Guerra de los Balcanes, el di­rector de un semanario socialista con quien había participado en las luchas políti­cas, le dio dinero y una carta de recomen­dación para uno de sus amigos instalado en París en donde tenía un negocio de za­patería. Allí fue albergado y trabajó durante algún tiempo. Cuando regresó a Rumania se enamoró de una militante socialista judía, Zoitra, con quien se casó. Comenzó a trabajar con re­gularidad, pero el oficio de pintor era ne­fasto para su salud. Entonces compró una casa bastante deteriorada de los alrededo­res de Bráila y se dedicó a la cría de cerdos. El criadero daba buenos re­sultados, pero su matrimonio comenzó a agrietarse: su mujer se aburría en el cam­po y las peleas -que incluían golpes- se hicieron frecuentes. Agotado y con mala salud, vendió sus cua­renta cerdos, abandonó a su mujer y atravesó la frontera suiza el 30 de marzo de 1916. Allí debió internarse en un sanato­rio de la comuna de Leysin, donde otro enfer­mo le enseñó fran­cés y le hizo leer las obras y los artículos en la prensa suiza de Romain Rolland (1866-1944). El pensamiento del autor francés entusiasmó a Istrati, quien decidió en ese momento convertirse en escritor, relatando sus experiencias. Como pensó hacerlo en lengua francesa, duplicó su atención para aprender el idioma y copió el diccionario francés-rumano en fichas con las que empapeló las paredes de su cuarto. Después le escribió una carta a Rolland contándole su proyecto, pero su envío le fue devuelto. A cambio, recibió una tarjeta que le anunciaba la muerte de su madre.
A comienzos de 1920 se instaló en una pequeña aldea suiza de habla francesa donde ejerció su oficio de pintor. Allí se ena­moró de una mujer joven, Yvonne, que estaba casada. Esa relación provocó un es­cándalo y las autoridades administrati­vas lo expulsaron del cantón. Huyó con la mujer a París en donde alquiló dos piezas en Montmartre, pero la armonía de la pareja rápidamente se desvaneció. Entonces viajó a Niza, en donde trabajó como vendedor ambulante y empleado en una librería. Pronto se quedó sin recursos y sin te­cho, duermiendo a la intemperie. Deprimido, el 3 de enero de 1921 se cortó la garganta con una navaja. Enterado por un diario de Niza de esa tentativa de suicidio, su antiguo compañero de habitación en el sanatorio de Leysin fue a visitarlo al hospital y allí descu­brió la carta destinada a Romain Ro­lland -devuelta por el correo- de la que Istrati no se separaba nunca y le prometió hacerla llegar a destino. Ni bien salió del hospital, trabajando en una mudanza, una piedra le aplastó los dedos, un accidente que derivó en la amputación de una falange.
Entre tantas desdichas, finalmente, recibió la respuesta de Ro­main Rolland que lo alentaba para que escriba, "para que haga una obra densa". Se estableció entonces una correspondencia entre ambos que duró un año, tiempo en el que para vivir, Istrati se convirtió en fotógrafo ambulante. Para comienzos de 1922 volvió a París, a casa de su amigo el zapatero. Este le propuso alo­jarlo y alimentarlo mientras escribía su obra. Así, se instaló en los alrededores de París, cerca de Thiel, en donde una joven costurera alsaciana, Ana, que conoció en el tren París-Niza, lo visitaba a menudo. De todas maneras, la re­lación fue tormentosa, atravesada por violen­tas peleas.
Istrati trabajó con ardor luchando con el idioma francés pero el frío invernal lo echó de su habitación de Thiel. Regresó a la zapatería parisina en donde le arreglaron el subsuelo del negocio para que pudiera tra­bajar y dormir. Allí terminó "Onde Anghel" y empezó "Kyra Kyralina". En ene­ro de 1923 envió a Romain Rolland el manuscrito de "Kyra Kyralina", que había es­crito en tres meses. Rolland se entusiasmó con la obra y le escribió: "Pocos escritores pueden igualarlo". Sin embargo, el libro debió ser corregido y de hacerlo se encargó el escritor Jean Richard Bloch (1884-1947). El 15 de agosto de 1923 apareció en la revista "Europe" la primera parte de "Kyra Kyralina". Rolland que lo había llamado "el nuevo Gorki de los países balcánicos", lo invitó a pasar quince días en su casa de Villeneuve. En la primavera de 1924 ya era un escritor francés. Apenas le quedaban once años para escribir todo lo que tenía que decir. En lo sucesivo, se dedicó únicamente a su nuevo oficio, a su profunda vocación. Así aparecieron "Oncle An­ghel" (Tío Angel, 1924), "Les Haïdoucs (Los bandidos, 1926), "Les récits d'Adrien Zograffi" (La vida de Adrián Zograffi, 1927), "Les chardons de Baragan" (Los cardos de Baragan, 1928), "Le pécheur d'eponges" (El pescador de esponjas, 1930) y "La maison Türinger" (La casa de Turingia, 1933). La acogida de la crítica fue muy calurosa.
Mientras escribe sin parar, se casa con la costurera para vivir en París y luego en Niza, pero al poco tiempo ella lo abandonó. En 1927, Panait Istrati fue uno de los pocos escritores europeos invitados a la Unión Soviética para los festejos del décimo aniversario de la Re­volución. La invitación provino del revolucionario búlgaro Christian Rakovsky (1873-1941), a la sazón diplomático y considerado como la mano derecha de León Trotsky (1879-1940), el líder de la oposición de izquierda. Lleno de entusiasmo, viajó el 15 de octubre y se quedó durante dieciséis meses, visitando el Cáucaso, Georgia, Ucrania, Crimea y la República Moldava. En Moscú, conoció a Nikos Kazantzakis (1883-1957), y con él hizo una cor­ta estancia en Atenas en donde, en una conferencia de prensa, denunció la situación política y social de Grecia, lo que provocó que lo expulsaran del país.
De regreso a Moscú, se en­teró de que el historiador Victor Serge (1890-1947), de quien era amigo, estaba en la cárcel desde hacía un mes sin que se conociera el motivo. Obtuvo una audiencia del secretario de la policía secreta soviética y pidió por su liberación. Inclusive llegó a ser recibido por Mikhail Kalinin (1875-1946), presidente del Comité Central, pero la terrible maquinaria estalinista ya estaba en marcha y el proceso continuó.
Istrati fue un adelantado en la denuncia de la "revolución traicionada" y en su momento no fue comprendido. El 15 de febrero de 1929, salió de la Unión Soviética profundamente descorazonado. Nueve meses después publicó el relato de su viaje en tres volúmenes titulados "Vers l'autre flamme" (Hacia la otra llama). De hecho, sólo el primer volumen fue escrito por él, el se­gundo fue redactado por Victor Serge y el tercero por Boris Suvarin (1893-1984) dos notables opositores de izquierda. Aceptó que los tres libros apareciesen con su nombre para asegurar su mejor difu­sión. Por supuesto, la aparición de este libro significó su rup­tura con el comunismo oficial. Sus ideas se orientaban claramente en el esquema de la oposición trotskista: había que recuperar las conquistas de la revolución frente a los burócra­tas que la traicionaban. Su publicación hizo que la prensa co­munista oficial lo conviertiera en uno de sus blancos favoritos. Panait fue tratado de renegado, resentido, mal escritor y traidor. Incluso el propio Romain Rolland -ferviente estalinista- se separó definitivamente de él.
En 1929 y 1930 fue varias veces a Rumania y en una de esas estadías co­noció a una estudiante de química, Marguerite, y se casó por tercera vez. Su salud estaba cada vez peor. Volvió a Niza para pasar allí el invierno y comenzó a escribir la que sería su últi­ma obra "Mediterranée", en la que contó su vida, desde el primer viaje a Egipto hasta su partida para Francia. A princi­pios de la primavera de 1935, volvió a Rumania con la intención de pasar algún tiempo en su casa de Bráila, debatiéndose entre la enfer­medad y las dificultades financieras. A cambio del derecho de propiedad absoluta de su obra literaria, pidió ayuda a la Fun­dación Real Carol II, pero ya no quedaba más tiempo: murió el 16 de abril de ese mismo año en Bucarest.

27 de diciembre de 2007

Ajedrez. Magistral de Hastings

En Inglaterra, en lo que respecta al ajedrez, no hay ninguna tradición más antigua que el Torneo Internacional de Ajedrez de Hastings. La primera edición se disputó en 1895 y fue considerada como uno de los torneos más importantes de toda la historia. A partir de 1920 comenzó a jugarse con regularidad y se convirtió en una auténtica tradición anual que sólo se interrumpió durante la Segunda Guerra Mundial. Hastings es una ciudad costera del sudeste de Inglaterra, muy famosa por ser el lugar en donde el 14 de octubre de 1066, los normandos al mando de Guillermo I "el Conquistador" (1027-1087) derrotaron en la batalla de Hastings a las tropas inglesas de Harold II "el Sajón" (1022-1066) tras fingir una retirada y aprovechando la indisciplina del ejército enemigo para aniquilarlo. Esa victoria allanó el camino para que el duque normando conquistase toda Inglaterra.
Cuenta una leyenda que Guillermo I rompió un tablero de ajedrez en la cabeza de su sobrino, el futuro rey de Francia Luis VI "el Gordo" (1080-1137), tras acusarlo de hacerle trampas en una partida. El normando habría inaugurado así la tradición ajedrecística de Hastings, un torneo que tiene la particularidad de jugarse durante las fiestas de fin de año, ya que comienza a mediados de diciembre para terminar los primeros días de enero del año siguiente.

1895 Harry Pillsbury (USA)
1896/1920 No se jugó
1921 Frederick Yates (ING)
1922
Borislav Kostic (YUG)
1923
Akiba Rubinstein (POL)
1924 Max Euwe (HOL)
1925 Geza Maroczy (HUN) / Savielly Tartacover (RUS) / David Przepiorka (POL) /Endre Steiner (HUN)
1926 Alexandre Alekhine (RUS) / Milan Vidmar (YUG)
1927 Savielly Tartacover (POL)
1928 Savielly Tartacover (POL)
1929
Edgar Colle (BEL) / Frank Marshall (USA) / Sandor Takacs (HUN)
1930 José Raúl Capablanca (CUB)
1931 Max Euwe (HOL)
1932
Salo Flohr (RUS)
1933
Salo Flohr (RUS)
1934 Salo Flohr (RUS)
1935 George Thomas (ING) / Salo Flohr (RUS) / Max Euwe (HOL)
1936
Reuben Fine (USA)
1937 Alexandre Alekhine (RUS)
1938
Samuel Reshevsky (USA)
1939 Laszlo Szabo (HUN)
1940
/1945 No se jugó
1946 Savielly Tartakover (FRA)
1947
Conel Alexander (IRL)
1948
Laszlo Szabo (HUN)
1949 Nicolas Rossolimo (USA)
1950
Laszlo Szabo (HUN)
1951 Wolfgang Unzicker (ALE)
1952 Svetozar Gligoric (YUG)
1953 Harry Golombek (ING) / Jonathan Penrose (ING) / Miguel Medina (ECU) / Sergey Janovski (RUS)
1954 Conel Alexander (IRL) / David Bronstein (RUS)
1955 Paul Kérès (RUS) / Vassily Smyslov (RUS)
1956
Viktor Kortchnoi (RUS) / Fridrik Olafsson (ISL)
1957
Svetozar Gligoric (YUG) / Bent Larsen (DIN)
1958
Paul Kéres (RUS)
1959 Wolfgang Uhlmann (ALE)
1960
Svetozar Gligoric (YUG)
1961
Svetozar Gligoric (YUG)
1962
Mikhail Botvinnik (RUS)
1963
Svetozar Gligoric (YUG) / Alexander Kotov (RUS)
1964
Mikhail Tal (RUS)
1965
Paul Kéres (RUS)
1966
Boris Spassky (RUS) / Wolfgang Uhlmann (ALE)
1967 Mikhail Botvinnik (RUS)
1968
Vlastimil Hort (CHE) / Florin Gheorghiu (RUM) / Leonid Stein (UCR) / Alexey Suetin (RUS)
1969
Vassily Smyslov (RUS)
1970
Lajos Portisch (HUN)
1971
Lajos Portisch (HUN)
1972 Viktor Kortchnoi (RUS) / Anatoly Karpov (RUS)
1973
Bent Larsen (DIN)
1974
Gennadi Kuzmin (RUS) / Laszlo Szabo (HUN) / Mikhail Tal (RUS) / Jan Timman (HOL)
1975
Vlastimil Hort (ALE)
1976 David Bronstein (RUS) / Vlastimil Hort (ALE) / Wolfgang Uhlmann (ALE)
1977
Oleg Romanishin (RUS)
1978
Roman Dzindzidaschvili (USA)
1979 Ulf Andersson (SUE)
1980
Ulf Andersson (SUE) / John Nunn (ING)
1981
Ulf Andersson (SUE)
1982
Viktor Kupreichik (RUS)
1983
Rafael Vaganian (RUS)
1984 Jonathan Speelman (ING) / Lars Karlsson (SUE)
1985
Evgeny Sviechnikov (RUS)
1986
Margeir Petersson (ISL)
1987 Smbat Lputian (ARM) / Jonathan Speelman (ING) / Murray Chandler (ING) / Bent Larsen (DIN) 1988 Nigel Short (ING)
1989 Nigel Short (ING)
1990
Sergey Dolmatov (RUS)
1991 Evgeny Bareev (RUS)
1992 Evgeny Bareev (RUS)
1993 Evgeny Bareev (RUS) / Judit Polgar (HUN)
1994
John Nunn (ING)
1995
Thomas Luther (ALE)
1996
Stuart Conquest (ING) / Alexander Khalifman (RUS) / Bogdan Lalic (CRO)
1997
Mark Hebden (ING) / John Nunn (ING) / Eduardas Rozentalis (LIT)
1998
Matthew Sadler (ING)
1999
Ivan Sokolov (BOS)
2000
Emil Sutovsky (ISR)
2001 Stuart Conquest (ING) / Krishnan Sasikiran (IND)
2002
Penteala Harikrishna (IND) / Alexei Barsov (UZB) / Krishnan Sasikiran (IND)
2003
Peter Nielsen (DIN)
2004
Vasilios Kotronias (GRE) / Jonathan Rowson (ESC)
2005
Vladimir Belov (RUS)
2006
Valery Neverov (UCR)
2007
Meran Gagunashvili (GEO) / Valery Neverov (UCR)