23 de enero de 2008

Arthur Schopenhauer: el dolor de la existencia y el cansancio de vivir

Nacido en Danzig el 22 de febrero de 1788 en el seno de una familia adinerada, su padre no le permitió a Arthur Scho­penhauer acceder a una formación clásico-humanista, pues quería que se dedicara al comercio. Por ese motivo, el futuro filósofo tuvo la posibilidad de viajar entre 1800 y 1805 por Euro­pa (Bohemia, Holanda, Inglaterra, Francia, Sui­za, Austria, Silesia y Prusia), realizando negocios para aquél.
Durante esos años escribió un diario en el que ya se manifestaba su actitud "pesimista" ante la vida. Sólo la muerte de su padre en 1805 le permitió finalmente entregarse al estudio del latín y del griego y, en 1809, la mayoría de edad le hizo acceder a la herencia paterna, de cuyas rentas pudo vivir cómodamente toda su vida. Ese mismo año se matriculó en medicina en la Universidad de Gotinga, donde estudió también filosofía, especialmente el pensamiento de Aristocles Podros -Platón- (427 a.C.-347 a.C.) y de Immanuel Kant (1724-1804), sus dos grandes inspiradores. De 1811 a 1813 residió en Berlín, donde se sintió decepcionado por las enseñanzas de los filósofos alemanes Johann Fichte (1762-1814) y Friedrich Schleiermacher (1768-1834).
En 1814 se doctoró en la Universidad de Jena con su tesis "Über die vierfache wurzel des satzes vom zureichenden grunde" (La cuádruple raíz del princi­pio de razón suficiente). Allí entró en contacto con Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) y experimentó la seducción de la antigua filosofía hindú, una seducción que no iba a durar mucho tiempo lo mismo que su amistad con el autor de "Werther".
Desde 1814 a 1818 residió en Dresden y en 1815 publicó "Über das sehn und die farben" (Sobre la visión y los colores) -una obra en la que quedó expuesto su distanciamiento de Goethe- y comenzó la elaboración de su obra cumbre: "Die welt als wille und vorstellung" (El mundo como voluntad y representa­ción), que se publicaría en 1819. Cuando ésto ocurrió, resultó un fracaso económico y no suscitó ningún eco en los ámbitos académicos.
Luego de un viaje por Italia, Schopenhauer comenzó a dictar clases en marzo de 1820 en la Univer­sidad de Berlín, en donde intentó competir y suplantar a quien era por entonces el filósofo oficial de la nación y gozaba de una inmensa popularidad: Georg W.F. Hegel (1770-1831), pero no consiguió su propósito. Su fugaz paso por los claustros duró sólo seis meses.
En 1831, huyendo de una epidemia de cólera -que ese mismo año se cobró la vida de Hegel- Schopenhauer se radicó en Frankfurt, donde llevó una vida apacible y recluida durante los últimos 28 años de su vida, sumergido en las ideas del teólogo dominico, místico y filósofo ecléctico alemán Meister Eckhart (1260-1328) y del teósofo y místico alemán Jakob Boehme (1575-1624).
Tras instalarse definitivamente en esta ciudad, en 1836 publicó "Ueber den willen in der natur" (Sobre la voluntad en la naturale­za) y en 1841 "Die beiden grundprobleme der ethik" (Los dos problemas fundamentales de la ética). Allí, a orillas del rio Main, el filósofo tenía su casa y en sus aguas solía bañarse tanto en invierno como en verano. Ya por entonces, Schopenhauer era un hombre de vida taciturna y desolada, y según Bertand Russell (1872-1970) "incapaz, por temperamento, de ser feliz, y, por consiguiente, declaró que la felicidad era inalcanzable". De este modo vivió esporádicos amores libertinos y culposos con sirvientas y prostitutas, manifestando su misoginia y su condena del amor y del sexo. Estas experiencias serían recogidas en pequeñas publicaciones editadas muchos años después de su muerte con los nombres de "El amor, las mujeres y la muerte" y "Eudemonología. Aforismos sobre la felicidad en la vida" en las que destilaba amargura y desazón.
En 1844 apareció la segunda edición- ampliada- de "El mundo como voluntad y repre­sentación", la que siguió sin despertar una amplia repercusión, pero empezó a influir en un pequeño núcleo de entusiastas seguidores de sus obras, y un año más tarde comenzó a trabajar en "Parerga und paralipomena" (Parerga y paralipómena). Du­rante las jornadas revolucionarias de 1848 en Frankfurt, Schopenhauer adoptó una actitud contrarrevolucionaria militante y recién con la publicación en 1851 de "Parerga y paralipómena" -una colección de ensayos y aforismos- se convirtió en famoso y reconocido.
La segunda edición, en 1854, de "Sobre la voluntad en la naturaleza" le permitió a Schopenhauer -que se sentía victima de una campaña contra su obra-, exclamar: "Ha empezado a leérseme y ya no se dejará de hacerlo. Se les ha agotado el recurso, habiéndoseles delatado el secreto; el público me ha descubierto. Grande es, pero impotente, el resquemor de los profesores de filosofía, pues una vez agotado aquel recurso, único, eficaz y con éxito aplicado por tanto tiempo, no hay ya ladridos que puedan impedir la eficacia de mi palabra, siendo en vano que digan esto el uno y el otro aquello. Harto han hecho con lograr que se haya ido a la tumba la generación contemporánea de mi filosofía, sin enterarse de ésta. No era, sin embargo, más que una dila­ción; el tiempo ha cumplido, como siempre, su palabra".
Notable fue también la influencia ejercida por Schopenhauer sobre el compositor alemán Richard Wagner (1813-1883), quien leía con desagrado a Hegel, con dificultad a Kant y con pasión a Ludwig Feuerbach (1804-1872). Pero sin duda el gran cambio en el pensamiento de Wagner vino de la lectura, de la aportación intelectual que recibió de Schopenhauer en 1854, hecho que él mismo reconoció reiteradamente y sin recato llamando en adelante a Schopenhauer "nuestro filósofo" y manifestando su admiración y respeto absoluto por su pensamiento. "¡Parece un gato salvaje!" dijo Wagner para describir al filósofo, a quien invitó a su casa de Zurich y al que dedicó "El anillo de los nibelungos". Como muchos artistas, Wagner se sintió arreba­tado por la doctrina de Schopenhauer, que, según su propia expresión, fue para el músico "un verda­dero regalo del cielo".
En 1859 apareció la tercera edición de "El mun­do como voluntad y representación" y, un año más tarde, el 21 de septiembre de 1860, falleció en Frankfurt como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio. Desde ese momento no dejó de crecer la influencia de su filosofía, de la que dijo el escritor alemán Thomas Mann (1875-1955): "es una filosofía eminentemente artística, más aún, la filosofía por excelencia de los artistas". Esa influencia puede rastrearse con facilidad en Sigmund Freud (1856-1939), Friedrich Nietzsche (1844-1900), Emile Cioran (1911-1995) y Jorge Luis Borges (1899-1986) entre muchos otros.
Para Schopenhauer, el último peldaño en el camino hacia la libe­ración era la contemplación ascética y la renuncia del mundo. Como dijo Thomas Mann hablando de Schopenhauer, "el asceta renuncia a dar satisfacción al sexo: su castidad es el signo de que, al quedar abolida la vida del cuerpo, queda abolida también la voluntad".
Según Schopenhauer, la tragedia de la vida surge de la naturaleza de la voluntad, que incita al individuo sin cesar hacia la consecución de metas sucesivas, ninguna de las cuales puede proporcionar satisfacción permanente a la actividad infinita de la fuerza de la vida, o voluntad. Así, la voluntad lleva a la persona al dolor y al sufrimiento; a un ciclo sin fin de nacimiento, muerte y renacimiento, y la actividad de la voluntad sólo puede ser llevada a un fin a través de una actitud de renuncia, en la que la razón gobierne la voluntad hasta el punto que cese de esforzarse.
El pesimismo del filósofo no sólo se remitió a las mujeres, el matrimonio, la política y la moral; también la emprendió contra su pueblo de origen. Así, poco antes de su muerte escribió en "Dolores del mundo": "En previsión de mi muerte, hago esta confesión: desprecio a la nación alemana a causa de su necedad infinita y me avergüenzo de pertenecer a ella". Lapidario.