3 de marzo de 2008

Georg Lichtenberg o cómo apoyar la cabeza en la mano

El 1 de julio de 1742, Georg Christoph Lichtenberg nació en Oberramstadt, en las cercanías de Darmstadt, Hesse, la ciudad de Alemania que -en 1933- tuvo el oscuro privilegio de ser la primera en obligar a los comercios judíos a cerrar sus puertas, poco después de la toma del poder por parte de los nazis.
El futuro profesor de física experimental fue el decimoctavo hijo de un pastor protestante. Un accidente en la niñez (cayó de los brazos de la niñera) lo dejó con una joro­ba enorme que más tarde procuró disimular en sus clases escribiendo de espaldas al pizarrón, aunque, notablemente, con letra regular y her­mosa. Asistió a la escuela en Darmstadt -suges­tivamente, su disertación para el bachillerato fué, a los diecinueve años, "La filosofía auténtica y el lirismo filosófico"-; después se matriculó como estudiante de matemáticas y ciencias físicas y naturales en la Universidad de Göttingen, por entonces la más importante de Alemania después de la de Leipzig, donde lo nombraron en 1770 profesor extraordinario de esas materias.

En aquella ciudad vivió el resto de su vida, con excepción de sus viajes. El gobierno le encargó mediciones geográficas y astronómicas en países vecinos; y estuvo dos veces en Inglaterra -en 1770 y en 1774/1775-. Allí, el rey Jorge III, quien se interesaba por la Universidad de Göttingen, que había sido fundada por su abuelo Jorge II, le concedió el título de Consejero de la corte inglesa.
Lichtenberg fue el introductor de la experi­mentación en las clases, para equilibrar la ense­ñanza científica meramente enciclopedista. Una de sus experiencias, que se conoce aún con el nombre de "Figuras de Lichtenberg", parte de su descubrimiento de que el polvo de licopodio, de azufre o de minio forma estrellas sobre una placa de ebonita a raíz de la acción de la elec­tricidad positiva. Alexander von Humboldt (1769-1859), el notable naturalista, fue su alumno, y conside­raba que la formación recibida de él había sido su inspiración.
Fue muy respetado en el mundo de la ciencia, y sus libros acerca de temas científicos tenían gran circulación; el físico italiano Alessandro Volta (1745-1827), famoso principalmente por haber desarrollado la batería eléctrica, colaboró con él en investigaciones. Fue nombrado por sus pares para la Sociedad de Ciencias de Göttingen, el Ateneo de Naturalistas de Danzig y de Halle, y hasta la Academia Im­perial Rusa de San Petersburgo.
También se ocupó en 1778 de la redacción del "Gottinger Taschenkalenders", donde publicó ensayos filo­sóficos, satíricos y científicos, entre ellos "Uber physiognomik wider die physiognomen" (Acer­ca del arte fisonómico contra los fisonomistas), sátira dirigida a Johann Lavater (1741-1801) el teólogo suizo fundador de la fisionomía; y en 1780, con su amigo el naturalista y etnólogo Georg Forster (1754-1794), se encargó de la redacción de la "Das Gottingische Magazin der Wissenschaften und Litteratur", tribuna prestigiosa del libre pensamiento.
Se casó en 1789 -año de la Revolución Fran­cesa, como lo hizo notar entonces diciendo que se había producido también una revolución en su cuerpo y en su casa- con su ama de llaves desde 1784, Margarete Kellner, con quien ya tenía varios hijos.Hay acuerdo en que Lichtenberg es nada me­nos que el creador para Alemania de esa forma literaria de juego de ideas que es el aforismo y el iniciador de esa otra que es el ensayo, y si bien conocía a Blaise Pascal (1623-1662) y probablemente a François de La Rochefoucauld (1613-1680), cabe anotar que Henri Beyle Stendhal (1783-1842) lo había leído, y que Arthur Schopenhauer (1788-1860) llegó por él a los aforismos y nunca dejó de elo­giarlo, y hasta el mismo Nietzsche se inspiró en él y aun llegó a decir: "Dejando de lado la obra de Goethe y en especial sus 'Conver­saciones con Eckermann' -el mejor libro ale­mán- ¿qué queda de la prosa alemana que valga la pena leer?: 'Los Aforismos' de Lichtenberg".
Johann von Goethe (1749-1832) decla­ró: "Podemos servirnos de los escritos de Lichten­berg como de la más maravillosa de las varitas mágicas. Si hace una broma, es que hay oculto ahí un problema". Hacia el final de su vida, Immanuel Kant (1724-1804) ponía por las alturas a Lichtenberg y se complacía en subrayar en su ejemplar personal, tanto en rojo como en negro, muchos pasajes de los "Aforismos". Richard Wagner (1813-1883), por su parte, creyó descubrir en ellos una anticipación de sus propias ideas. Leon Tolstoi (1828-1910) se ubicó bajo la influencia de Lichtenberg, más selectivamente aun que bajo la de Kant, y se asombró de la injusticia de su suer­te postuma: "No alcanzo a comprender que los alemanes de hoy descuiden así a este autor y se vuelvan locos con un folletinista presumido como Nietzsche".Desde 1764, Lichtenberg fue anotando en libretas una innumerable cantidad de apuntes, aforismos o ideas rápidas, que fueron publicados entre 1902 y 1908 con el nombre de "Aphorismen" (Aforismos). En ellos se descubre su tendencia al escepticismo y su ironía. El creador del surrealismo André Breton (1896-1966), lo definió como "uno de los grandes maestros del humor. Es el inventor de esa necedad filosófica sublime que configura por el absurdo la obra maestra dialéctica del objeto: un cuchillo sin hoja, al que le falta el mango".
Lichtenberg murió en Göttingen el 24 de fe­brero de 1799. Antes, en su soledad, llegó a mucho más que variar -como los demás hombres- las posiciones para hacer el amor: describió sesenta y dos maneras de apoyar la cabeza en la mano.