12 de abril de 2008

La Argentina y sus escritores malditos

Existieron en la Argenina algunos autores que por las características de sus obras, muchas veces repulsivas, otras tantas incomprendidas, llevó a desplazarlos a algún oscuro rincón de la memoria colectiva. Osvaldo Lamborghini, Néstor Perlongher y Alejandra Pizarnik se encuentran en la incómoda casilla de los escritores considerados malditos. La necesidad de clasificar sus textos, llevó a interpretar el imaginario de estos autores a través de la estética del "Neobarroso" (una suerte de mezcla entre el barroco y el barro rioplatense). Este movimiento latinoamericano se distingue por aquel movimiento común de la lengua española que tiene sus matices en el caribe (muscialidad, gracia, alambique, artificio, picaresca que convierten al barroco en una propuesta, y que tiene sus diferentes matíces en el Río de la Plata (racionalismo, ironía, ingenio, nostalgia, escepticismo, psicologismo).
Osvaldo Lamborghini nació en Necochea, Buenos Aires, el 12 de abril de 1940. Poco antes de cumplir los treinta años, en 1969, apareció su primer libro, "El fiord", que había sido escrito unos años antes. Era un pequeño librito que se vendió mucho tiempo, mediante el trámite de solicitárselo discretamente al vendedor, en una sola librería de Buenos Aires. Aunque no fue nunca reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito. En 1973 apareció su segundo libro, "Sebregondi retrocede"; la recepción en el ambiente de las letras fue polémico. Lo común de sus textos era la decadencia de los seres humanos, la cual se podía llevar a cabo por tres tipos de violencia: física, sexual y psicológica. Así, en sus textos todos habían sufrido algún tipo de abuso o eran generadores de uno.
Poco después formó parte de la dirección de una revista de vanguardia, "Literal", donde publicó algunos textos críticos y poemas, los que, por algún motivo, causaron una impresión más enfática que su prosa. Durante el resto de la década del 70, sus publicaciones fueron casuales o directamente extravagantes (sus dos grandes poemas, "Los Tadeys" y "Die Verneinung" (La negación), aparecieron en revistas norteamericanas). Unos pocos relatos, algún poema, y escasos manuscritos lograron circular entre sus numerosos admiradores. Pasó por entonces varios años fuera de Buenos Aires, en Mar del Plata o en Coronel Pringles. En 1980 salió su tercer y último libro, "Poemas", y poco después viajó a Barcelona, de donde regresó, enfermo, en 1982. Convaleciente en Mar del Plata, escribió una novela, "Las hijas de Hegel", por cuya publicación no se preocupó (no se preocupó siquiera por mecanografiarla). Luego volvió a irse a Barcelona, donde murió el 18 de noviembre de 1985, a los cuarenta y cinco años de edad.
Esos últimos tres años, que pasó en una reclusión casi absoluta, fueron increíblemente fecundos. Su talento reveló una obra amplia y sorprendente, que culminó en el ciclo Tadeys (tres novelas, la última inconclusa, y una voluminosa carpeta repleta de notas y relatos) y los siete tomos del "Teatro proletario de cámara", una experiencia poética-narrativa-gráfica en la que trabajaba al morir. Póstumamente se editaron "El niño proletario. Poemas" (1980), "Las hijas de Hegel"
(1982), "Novelas y cuentos" (1988) y "Tadeys" (incompleta, 1994).
La obra de Lamborghini constituye una atrayente combinación de Isidore Ducasse de Lautréamont (1846-1870), Roberto Arlt (1900-1942) y Witold Grombowicz (1904-1969), además de una revisión paródica de otros autores de la literatura argentina como Esteban Echeverría (1805-1851), José Hernández (1834-1886), Horacio Quiroga (1878-1937) y Lucio V. Mansilla (1831-1913), entre otros. El autor exacerba los alcances de la ironía y la digresión como recurso de ruptura con la linealidad del discurso. Acude al humor aliado a la crueldad, con frecuentes referencias pornográficas y el uso de las llamadas "malas palabras". Lo sexual se asocia a motivos como el poder, la sumisión y la humillación. Como observa el crítico español Rafael Conte acerca de las relaciones entre lenguaje y violencia en la literatura latinoamericana, "plasmar la injusticia social y el absurdo de la suerte de los hombres implica hacer estallar las formas de la comunicación literaria, lo que no excluye la burla y la risa, lo escatológico y lo obsceno: lo ridículo suele ser el otro lado de lo trágico".
Nestor Perlongher nació en Avellaneda, Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1949. Durante el Proceso Miltar fue detenido y procesado. En 1982, terminada su licenciatura en sociología, se fue a vivir a San Pablo, donde ingresó en la Maestría de Antropología Social, en la Universidad de Campiñas, de la que en 1985 fue nombrado profesor. Su obra poética publicada comprende seis libros: "Austría-Hungría" (1980), "Alambres" (1987), "Hule" (1989), "Parque Lezama" (1990), "Aguas aéreas" (1990) y "El cuento de las iluminaciones" (1992).
Colaboró asiduamente en las revistas "El Porteño", "Alfonsina", "Ultimo Reino" y "Diario de Poesía". Preparó la antología "Caribe transplantino. Poesía neobarroca cubana y ríoplatense" (1991), y publicó numerosos textos en prosa, entre los que se destacan "El fantasma del SIDA (1988) y "La prostitución masculina" (1993).
"Néstor Perlongher fue un escritor insaciable. Creó un estilo propio que se fue agigantando de un modo tal que a esta altura aparece como una de las voces más necesarias de la última poesía argentina", opinó el crítico literario Ariel Schettini en "La Nación". En sus ensayos trató temas polémicos como la Guerra de las Malvinas, la figura de Evita y los desaparecidos durante la dictadura militar argentina (1976-1983). Su obra es un tratado sobre los márgenes sociales y tiene el valor de una provocación, porque hace que el lector ponga en entredicho los lugares comunes sobre el llamado "centro" de la sociedad. Trotskista, anarquista, ex militante del movimiento de liberación homosexual argentino, Néstor Perlongher murió de SIDA en San Pablo el 26 de noviembre de 1992.
Póstumamente se publicaron "Poemas completos" (1997) y "Prosa Plebeya" (1997).
Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires el 29 de abril de 1936 en una familia de inmigrantes de Europa oriental. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, más tarde, pintura con Juan Batlle Planas (1911-1966). Entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde trabajó para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud (1895-1948), Henri Michaux (1899-1984) y Aimé Cesaire (1913-2008), y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.
Luego de su retorno a Buenos Aires, Pizarnik publicó tres de sus principales volúmenes, "Los trabajos y las noches" (1965), "Extracción de la piedra de locura" (1968) y "El infierno musical" (1971), así como su trabajo en prosa "La condesa sangrienta" (1971). En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright.
El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, Pizarnik en medio de una profunda depresión, murió de una sobredosis intencional de seconal.
Otras de sus obras: "La tierra más ajena" (1955), "La última inocencia" (1956), "Las aventuras perdidas" (1958), "Arbol de Diana" (1962), "Nombres y figuras" (1969), "Los pequeños cantos"
(1971), "Botella al mar" (1976) y "Zona prohibida" (1982).
En su gran mayoría, la obra de Pizarnik se remite a la poesía, que procede esencialmente del surrealismo. Es concisa, de temática nocturna y angustiada, muy elaborada. Aspira a la dureza y transparencia, y la alcanza casi siempre. En los últimos años experimentó con textos en prosa, más largos. Según su visión, la poesía era la única capaz de darle razón y sentido a la vida, rigiéndola y configurándola.
Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y está considerada como una de las poetas líricas y surrealistas más importantes de Argentina.