22 de abril de 2008

Las tinieblas de Joseph Conrad

Hubo un grandioso escritor cuya obra exploró como ninguna otra la vulnerabilidad y la inestabilidad moral de los seres humanos. La historia lo recuerda como Joseph Conrad, pero su
nombre real era Jósef Teodor Konrad Nalecz Korzeniovski y había nacido el 3 de diciembre de 1857 en Berdichew, en la región de Podolia (actualmente Ucrania).

Su familia pertenecía a la pequeña nobleza polaca, cuando Polonia había sido borrada del mapa como Estado por la ambición de las potencias vecinas. Los primeros años de su vida se desenvolvieron en Varsovia. Su padre había escrito comedias, dramas, y había tradu­cido a William Shakespeare (1564-1616), además de dirigir una revista. Sin embar­go, entre 1861 y 1863 se vio involucrado en una de las tantas su­blevaciones nacionalistas polacas contra el dominio extranjero, y fue confinado con su mujer e hijos en Siberia, donde víctima de la tuberculosis falleció su esposa y seis años más tarde él corrió idéntica suerte.
Así pues, con sólo doce años de edad, Conrad pasó a ser tutelado por su tío Tadeusz, tras establecerse su familia en la ucraniana ciudad de Lvov, administrada entonces por el Imperio Austrohúngaro. Allí cursó la enseñanza secundaria e intentó realizar estudios jurí­dicos que abandonó por hastío, mientras que la geografía le impactaba. Viajó a Italia y trabó contacto por primera vez con el mar, uno de sus amores, al tiempo que Venecia le fascinó y con la travesía a Trieste inauguró la prolongada serie de sus viajes marítimos. Fue sin embargo desde Marsella en donde, a los diecisiete años, inició su vida de marinero navegando en barcos mercantes franceses durante cuatro años, etapa ésta que incluye un viaje a las Antillas, el contrabando de armas para los carlistas españoles y los círculos legitimistas monárquicos y bonapartistas franceses, y hasta un intento de suicidio en 1878, probablemente provocado por un desengaño amoroso.
Deseando cambiar de aires, se puso al servicio de la marina mercante inglesa y llegó a Inglaterra con un pre­cario conocimiento de la lengua aprendida hasta entonces en los barcos. Se dedicó entonces al cabotaje entre los diversos puertos británicos, mientras el tiempo libre lo llenaba con la lectura de Shakespeare. Poco después amplió el radio de acción de sus viajes: con el buque "Duke of Sutherland" llegó a Sidney, aven­tura que repetiría más tarde con el "Loch Etive", y con el "Europe" conoció diversos puertos italianos. El "Narcissus" lo llevó hasta Bombay e incluso se salvó de milagro cuando el viejo "Palestine" se incendió y hundió.
En 1886 consiguió por fin la nacionalidad británica, tras llevar ya muchos años como oficial de la marina mercante. Por aquel entonces y como pasatiempo escribió su primer relato, que tituló "The back mate" (El guardaespaldas). No abandonó por ello su vida marinera, viajando una y otra vez por Extremo Oriente meri­dional y sufriendo ataques reumáticos, la embestida de las fiebres así como la del terrible cólera. Las experiencias como marino, especialmente en el archipiélago malayo y en el río Congo durante 1890, se reflejaron en sus relatos, escritos en inglés, que era su cuarta lengua tras el polaco, el ruso y el francés. Tres años más tarde comenzó su primera novela, "Almayer's folly" (La locu­ra de Almayer), en la que intentó plasmar los más atractivos recuerdos de Oriente, mientras se restablecía de su maltrecha salud en un establecimiento hidroterápico. Continuó escribiendo su pri­mera novela y, tras un último viaje a Australia, abandonó la marina forzado por su resentida salud. El mar quedó a partir de allí como un fondo continuo de su obra, que firmaba ya como Joseph Conrad, "escritor inglés".
En 1895 apareció por fin la novela, ya citada, a la que siguió "An outcast of the islands" (Un vagabundo de las islas) uño después. Su matri­monio con Jessie George ese mismo año lo decidió a dedicarse de lleno a la literatura. Su precaria salud (sobrellevó el sufrimiento que le producía la gota, así como la parálisis de su mujer) y sus dificultades económicas debidas a los exiguos ingresos que obtenía de su trabajo, no fueron obstáculo para que consiguiera, en sus catorce años dedicado a la literatura, algunas auténticas obras maestras. Conrad añadió a la simple novela de aventuras, de ambiente marino y tropical, una profundidad psicológica y una intensidad simbólica como pocos consiguieron con su estilo rico y vigoroso, y su hábil técnica narrativa que apelaba con frecuencia a las interrupciones en el discurso cronológico.
A "Un vagabundo de las islas" le siguie­ron: "The nigger of the Narcisus" (El negro del Narciso, 1897), "Lord Jim" (1900), "Heart of darkness" (El corazón de las tinie­blas, 1902), "Typhoon" (Tifón, 1903), "Nostromo" (1904), "Mirror of the sea" (El espejo del mar, 1906), "The secret agent" (El agente secreto, 1907), "Under the Western eyes" (Bajo la mirada de Occidente, 1911), "Twixt land and sea" (Entre la tierra y el mar, 1912), "Chance" (Azar, 1914), "Victory" (Victoria, 1915), "The shadow line" (Línea de sombra, 1917), "The arrow of gold" (La flecha de oro, 1919) y "The rescue" (Salvamento, 1920). También publicó tres novelas en colaboración con su amigo Ford Madox Ford (1873-1939), uno de los más prolíficos escritores ingleses de su tiempo: "The inheritors" (Los herederos, 1900), "Romance" (Romance, 1903) y "The nature of a crime" (La naturaleza de un crimen, 1923). Junto a estas narraciones "mayores", hay que señalar las de más corta extensión, apuntes autobiográficos, notas literarias, etcétera, entre las que se destacan "An outpost of progress" (Una avanzada del progreso, 1896) y "Gaspar Ruiz" (1906). En 1923 visitó Nueva York. De regreso a Inglaterra, falleció de un ataque al corazónel 3 de agosto de 1924 en Bishopsbourne, en el condado de Kent y fue enterrado en el cementerio de Canterbury. En su lápida puede leerse: "El sueño tras el esfuerzo, el puerto tras la tempestad, el reposo tras la guerra, la muerte tras la vida, harto complacen". A pesar de las objeciones de algunos críticos a su lenguaje demasiado elaborado, Conrad es considerado como un clásico y su influencia se ha dejado sentir incluso fuera de la literatu­ra inglesa. Su inglés era ceremonioso, elevado, un poco abstracto y a la vez con una riqueza de vocabulario y de re­cursos retóricos propia de quien aprende una lengua siendo ya adulto. Tras completar la novela "Nostromo", considerada por muchos críticos como su obra maestra y que le costó muchísimo escribir, dijo: "fue un triunfo por el que mis amigos podrán felicitarme como si hubiera salido de una grave enfermedad". Conrad fue un gran cuentista y autor de relatos cortos, pero las preferencias actuales se centran en sus novelas más largas y con argumento más complicados y de mayor tensión, como por ejemplo la escrita cuando abandonó las tierras y los mares exóticos para plasmar nuevas aventuras en escenarios no tan alejados con intrigas de terrorismo y espionaje.Un ejemplo de ello son las magistrales "El agente secreto" y "Bajo la mirada de Occidente". En ellas, el argumento se halla mejor construido y la problemática psicológica se encuentra más lograda. Sin embargo, para una parte de la crítica literaria, al faltar el ruido del mar y la atmósfera asfixiante de la selva, el hechizo de Conrad se desvanece casi como por encanto.