24 de mayo de 2008

Charles Baudelaire, el poeta condenado

Charles Pierre Baudelaire nació en París el 9 de abril de 1821, en plena época de la Restauración. Su padre, Joseph Francois, era un ex-seminarista que con más de sesenta años engendró al futuro escritor. Tenía un hijo de su primer matrimonio: Claude Alphonse. Su madre Caroline dio a luz a Baudelaire cuando no había cumplido los treinta.
Seis años después, al morir el padre, su viuda se casó en segundas nupcias con el coman­dante Jacques Aupick. Baudelaire que conservaba de los primeros años de su infancia un grato recuerdo de su padre, rápidamente sintió animadversión por el nuevo esposo de su madre, un sentimiento que, al parecer, fue recíproco.
En la época en que sucedieron las jornadas revolucionarias de junio de 1830 que obligaron a abdicar al ultraabsolutista monarca Carlos X de Borbón (1757-1836) y substituirlo por Luis Felipe de Orleans (1773-1850), el padrastro de Baudelaire consiguió la graduación de teniente coronel y tuvo que desplazarse a Lyon. Allí Baudelaire fue internado en el Collége Royal, del que guardaría un mal recuerdo. Cuando volvieron a ascender a su padrastro, esta vez a general del Estado Mayor, la familia regresó a París y el joven pasó entonces al internado del Liceo Luis LeGrand, donde al ca­bo de dos años (1839) fue expulsado, sin que se sepa todavía el porqué, aunque consiguió aprobar el examen de grado superior.
A pesar de sentir una clara vocación por las letras tras la lectura de Charles Sainte Beuve (1804-1869), André Chénier (1762-1794) y Alfred de Musset (1810-1857), se matriculó en 1840 en la Facultad de Derecho, curiosamente junto con otros poetas como Gustave Le Vavasseur (1819-1896) y Ernest Prarond (1821-1909). Dos años antes, a los diecisiete, había escrito sus primeros versos, que se­rían ya característicos.
Poco después, inició su afición a la vida bohemia y disipada caracterizada por sus continuos choques con el ambiente familiar y su inclinación hacia las drogas. Empezó a frecuentar prostíbulos y a tra­vés de una extraña relación con una prostituta de origen hebreo, contrajo quizá una enfermedad venérea que estaría latente toda su vida y que motivaría más adelante su poema "Une nuit que j'étais près d'une affreuse Juive" (Una noche que estaba junto a una horrible judía). Su círculo de amis­tades literarias, mientras tanto, se fue ensanchando: Gérard de Nerval (1808-1855), Honoré de Balzac (1799-1850) y Charles Sainte Beuve (1804-1869) entre otros.
Para alejarlo de ese ambiente, su familia lo embarcó con destino a Calcuta el 9 de junio de 1841. El viaje fue interrumpido a mitad de camino por una tempestad y el joven conflictivo, enfermo y deprimido psicológicamente, regresó desde la isla Reunión en otro barco. La aventura imprimió una profunda huella en el poeta.
En 1842, nuevamente en París, entabló amistad con Théophile Gautier (1811-1872) y Théodore de Banville (1823-1891) y, al cumplir los veintiún años, recibió la herencia de su padre (75.000 francos) que le permitió independizarse. Abandonó entonces el piso familiar y se instaló en un pequeño apartamento junto al Sena. En un pequeño teatro del Barrio Latino conoció a Jeanne Duval (1820-1862), una actriz mulata de la que se enamoró y quien dedicaría varios poemas: "Le balcon" (El balcón), "Parfum exotique" (Perfumes exóticos), "La chevelure" (La cabellera) y "Le serpent qui danse" (La serpiente que danza).
Los continuos derroches obligaron a su padrastro a controlar la herencia, dándole una pequeña cantidad trimestral. Cambió entonces de domicilio y para conseguir dinero, comenzó a publicar de forma anónima. Se instaló en un hotel por 350 francos al año y es allí donde formó el "Club des Haschischins" (Club de fumadores de haschis). Baudelaire tomaba opio en forma de láudano desde joven, pero el haschis era, en aquellos días, signo de status en los círculos literarios.
En 1844, su madre consiguió que se nombrara a un asesor judicial como su administrador. La tarea recayó en el notario de Neully, un funcionario completamente ajeno a la literatura que no perdió jamás de vista los intereses de su patrimonio. En la correspondencia del escritor figuran testimonios, casi diarios, de los sufrimientos que soportó en el curso de los veintidós años de vida que le quedaban, y durante los cuales, a pesar de la miseria, la enfermedad, las deudas y también el hambre, pudo sin embargo, desarrollar su obra.
Su primera publicación, firmada Baudelaire-Dufäys fue "Le salon" (El salón, 1845), un librito de crítica de arte. Paralelamente, la revista "L'artiste" publicó el poema "A une dame créole" (A una dama criolla) que fuera compuesto en la isla Mauricio, durante una escala en su fallido viaje de 1841. Este mismo año, como las deudas se acumulaban incesantemente, planeó con la Duval un falso suicidio. Baudelaire, luego de dejarle sus escritos a Banville y pedirle a su amigo el químico Louis Ménard (1822-1901) que le preparase ácido prúsico, se hizo un pequeño corte en el pecho con un cuchillo, en un cabaret de la calle Richelieu. El fraude sirvió para que su padrastro cancelara alguna de sus deudas. Luego fue hospedado por su madre hasta su curación y, una vez recuperado, volvió a vivir con su amante.
Durante 1846 publicó algunos poemas y ensayos en las revistas "Corsaire-Satan", "L'espirit public" y "L'artiste", y al año siguiente publicó su único cuento, "La Fanfarlo", en el "Bulletin de la société des gens de lettres" con notables influencias de Balzac. Por entonces leyó a Edgar Allan Poe (1809-1849) con quien quedó conmovido hasta el punto de dedicarse durante diecisiete años a traducir al francés toda su producción.
En febrero de 1848 tuvo lugar en París la revolución que derrocó al gobierno corrupto de Luis Felipe I y provocó la llegada al poder de la Se­gunda República francesa. Baudelaire estuvo en las barricadas y escribió para el periódico de tendencia socialista "Le salut publique". Durante la revolución trabó amistad con el pintor Gustave Courbet (1819-1877) quien más adelante pintaría un retrato suyo, y con Auguste Poulet Malassis (1825-1878), activo participante en la insurrección y futuro editor de sus obras. Su madre, mientras tanto, se marchó a Estambul acompañando a su esposo que había sido nombrado em­bajador. Cuando en 1851 Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873) dio un golpe de estado y asumió todos los poderes, Baudelaire estaba enfurecido, quizá también porque designó a su padrastro como embajador en Madrid.
En 1855 se celebró en París una Exposición Universal y Baudelaire recibió el encargo de hacer la crítica de los salones de pintura, cosechando con ello un gran éxito, al tiempo que, al fallecer su pa­drastro, reanudó la relación epistolar con su madre. Por fin, el 25 de junio de 1857 apareció la principal obra del poeta "Les fleurs du mal" (Las flores del mal), una recopilación de poemas.
Inmediatamente después de su publicación, el gobierno francés acusó a Baudelaire de atentar contra la moral pública y la edición fue confiscada por mandato judicial. A pesar de que la élite literaria francesa salió en su defensa, Baudelaire fue multado y seis de los poemas contenidos en el libro desaparecieron en las ediciones posteriores (la censura no se levantó hasta 1949). El poeta fue procesado en medio del escándalo general fogoneado desde el periódico conservador "Le Figaro" y condenado a pagar una multa de 300 francos de multa por ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres.
En su defensa, Baudelaire respondió: "Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias". A pesar de su condena, en 1859 y 1860 el Ministerio de Instrucción Pública le concedió una ayuda de trescientos francos, pero ante el público quedó identificado, incluso hasta mucho después de su muerte, con la depravación y el vicio. Amargado, incomprendido, Baudelaire se aisló aún más.
Su siguiente obra, "Les paradis artificiels" (Los paraísos artificiales, 1860), es un relato de sus experiencias con las drogas. Ya por entonces leía con admiración -y cierta desconfianza- a dos escritores todavía desconocidos: Stéphane Mallarmé (1842-1898) y Paul Verlaine (1844-1896).
Sus ataques crónicos se agudizaron con transtornos nerviosos, cólicos y dolores musculares, las cápsulas de éter y el opio eran sus compañeros inseparables. Se empeñó entonces en la segunda edición de "Las flores del mal", la que, com­pletamente retocada, apareció en 1861, el mismo año en que presentó su candidatura a la Academia Francesa. Sin embargo su postulación fracasó debido a la oposición de los académicos.
En 1862 publicó algunos poemas en "L'artiste", "Le boulevard" y "La presse", lo que no alivió su precaria condición económica. Nervioso, enfermizo, arruinado y desconocido, siempre unido a su amante alcoholizada y luego parapléjica, Baudelaire arrastraba una vida de fracasado.
A partir de 1864 y hasta 1866, vivió en Bélgica a cubierto de sus acreedores y en donde pensaba tener mayor libertad y éxito de público, pero sus conferencias no tuvieron el éxito esperado.
Desilusionado, escribió "Belgique deshabillée" (Bélgica al desnudo). Simultáneamente en París se publicaban poemas en prosa en "La vie parisienne" y en la "Revue de París" otros seis poemas en prosa titulados "Le Spleen de París".
El 4 de febrero de 1866 se cayó durante una visita a una iglesia víctima de un ataque de parálisis cerebral, seguido de la pérdida del habla. Casi un año después fue trasladado a París, donde
falleció el 31 de agosto de 1867, a la edad de 46 años. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, al lado de su padrastro y en cuyo mausoleo reposaría también su madre cuatro años después.
A su funeral asistieron un centenar de amigos y escritores. La Société des Gens de Lettres no envió a ningún delegado. Idéntica inacción mostraron los periódicos locales. Solamente el escritor Edmond de Goncourt (1822-1896), autor de un valioso testimonio sobre la sociedad literaria parisina de fines del siglo XIX al que llamó "Journal" (Diario) escribió impiadosamente: "La locura del artista, del escritor, hace que se los sobrestime una vez muertos; del mismo modo que la guillotina contribuye al ascenso de la escritura de los guillotinados en los catálogos de autógrafos". Póstumamente se publicaron muchas de sus obras que permanecían inéditas y su correspondencia. El reconocimiento de la crítica, como suele suceder, llegaría mucho tiempo después.
Baudelaire fue con toda justicia el iniciador de la poesía moderna. En sus obras vertió la experiencia dolorosa de su vida, muchas veces de modo simbólico, mezclando su obsesión por la muerte, la sensualidad y el misticismo.