2 de octubre de 2008

Picasso. Mujeres, política, opiniones.

El 23 de abril de 1911 apareció en el periódico "Le Petit Parisien" un artículo titulado "¿Qué es un cubista?". La definición era escueta: "Un cubista es un pintor de la escuela de Braque y Picasso". Se refería, claro está, al francés Georges Braque (1882-1963) y al español Pablo Picasso (1881-1973), quienes conformaron la fase inicial del movimiento artístico denominado cubismo entre 1907 y 1909.
El poeta surrealista Guillaume Apollinaire (1880-1918) escribió en 1912: "La nueva pintura se llama 'cubismo'. El nombre corresponde a una expresión despectiva de Matisse, a quien causaron extrañeza las formas cúbicas descubiertas en un cuadro de casas". En octubre de 1911 había señalado a Picasso como iniciador del cubismo en el periódico "L'Intransigeant", publicado en París entre 1880 y 1948: "En general, el público cree que el cubismo es la pintura en forma de cubos. No es así. En 1908 vimos varios cuadros de Picasso con edificios sencillos y firmemente dibujados, que la opinión pública interpretó como cubos, y así surgió el nombre con que se designa la última tendencia de la pintura".
Como si adivinaran que se trataba de un ser múltiple, los padres del pintor, don José Ruiz Blasco y doña María Picasso y López, hicieron abundante uso del santoral. Al niño que acababa de nacer, el 25 de octubre de 1881 a las 23.15, en el barrio de la Merced de Málaga le pusieron una docena de nombres: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Mártir Patricio Clito Ruiz y Picasso. La vida del artista comenzó ya con una exageración, una desmesura, algo que sería una constante a lo largo de sus casi noventa y dos años de vida.
Bastantes años después, cuando el niño así bautizado ya era una pintor reconocido, el escritor vanguardista español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), acentuó aún más -con audaz humor- el aura religiosa de ese nacimiento al recordar que Pablo (etcétera, etcétera), era hijo de María y José, comunicando que en Málaga estaba "el portal de Belén del arte moderno".
Tras su muerte en Mougins, Francia, la prensa internacional saturó acabadamente las columnas de los diarios con la media docena de anécdotas consabidas, unas dudosamente ciertas y otras urgentemente prescindibles. Ridículamente se hizo incapié en las múltiples mujeres de Picasso y sus afinidades políticas, como si éstas pudieran empañar, de algún modo, la calidad del artista.
A los catorce años se trasladó a Barcelona, donde su padre trabajaba como profesor de Bellas Artes. De aquella primera época española quedaron el recuerdo de una prima y de una cupletista -la Bella Chelito- modelos de dibujos que son inhallables. En 1904 viajó a París, donde reprodujo las últimas mujeres elegantes, los primeros payasos, el rosa, el azul, el cubismo. Allí conoció, apenas llegado, a Fernande Olivier (1881-1966), con la que vivió nueve años. Mientras ella pasaba largas horas del día remoloneando en la cama, Picasso barría e iba a hacer las compras, ya que a ella no la dejaba salir de la casa, la tenía encerrada y, de hecho, cuando él salía y la dejaba a ella dentro, le escondía los zapatos para que no pudiera salir.
Después se relacionó con Marcelle Humbert, conocida como Eva Gouel (1885-1915), menuda, de rostro oriental, inspiradora de un par de cuadros, muerta prematuramente a causa de la tuberculosis. La enfermedad de su mujer no inhibió a Picasso, que mantuvo una relación con Gaby Lespinasse primero y con Iréne Lagut después. Ambas fueron sus amantes y ambas rechazaron su propuesta de matrimonio.
Su amistad con Jean Cocteau (1889-1963) lo llevó a conocer el mundo del ballet y a la que sería su primera esposa, Olga Khoklova (1891-1955), bailarina rusa, y como correspondía a la época, hija de un ex oficial zarista. Los críticos encuentran correspondencia entre las mujeres opulentas que pintó en esa época y el embarazo de Olga. El resultado fue su primogénito, Pablo (1921-1975), que acudió puntualmente -durante cincuenta años- a recibir la mensualidad de su padre. El matrimonio duró hasta 1927. Tras el divorcio, el próximo episodio fue Marie Thérese Walter (1909-1977), a quien había conocido estando aún casado. Ella le dio una hija, Maya (1935), y le inspiró, como era habitual, cuadros y poemas. La Walter se ahorcó en el garaje de su casa de la Costa Azul cuatro años después de la muerte de Picasso.
Apenas nacida su hija, Picasso conoció gracias a Paul Eluard (1895-1952) a la fotógrafa Dora Maar (1907-1997), la que sería para siempre la mujer de los dos pares de ojos y de los tres perfiles de sus pinturas más difundidas. La relación se extendió hasta 1944, cuando la reemplazó por Francoise Gilot (1921). La fotógrafa estuvo encerrada en un manicomio cuando Picasso la abandonó y se aferró a la religión como única tabla de salvación. Murió a los noventa años, medio trastornada y sola, en una de las casas que le dejó Picasso. La Gilot -con la que tuvo dos hijos: Claude (1947) y Paloma (1949)- solía contar que Picasso la hacía posar desnuda durante más de una hora observándola incansable, sin pintar. Un par de días después, repetía, de memoria, con breves trazos, los detalles del rostro, del cuerpo, que había retenido su memoria.
La obra de Picasso estuvo presidida por una obsesión: la visión de la mujer como sexo misterioso y fascinante, una obsesión que fue haciéndose más sofisticada con el paso de los años. En los retratos de Olga Khoklova por ejemplo, la mujer que puede contemplarse en los albores de su unión, en 1917, no se parece en ningún aspecto a la que pintó en la última época, cuando la relación estaba tocando a su fin. Este mismo proceso de corrupción de la imagen de la mujer se reprodujo con Francoise Gilot, a quien, al final de su vida en común, una vez que ella le había abandonado, la retrató con el rostro partido por la mitad.Picasso, que durante la Primera Guerra Mundial había visto partir y morir amigos sin inmutarse demasiado, tuvo una postura diferente ante la Guerra Civil en España. Tras el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica el 26 de abril de 1937, simultáneamente ingresó al Partido Comunista español y comenzó el "Guernica", su cuadro más famoso. Trabajó durante dos meses, esbozando varios bocetos: en todos estaban presentes los caballos heridos, los toros, las bocas que gritan, los cadáveres.
Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en París. Sus cuadros se salvaron del saqueo nazi porque pertenecían al "arte degenerado" y no reflejaban "las imágenes tal cual son". En 1945 ingresó al Partido Comunista francés, División Europa, a cuyos cuadros perteneció hasta 1956, fecha en que la Unión Soviética invadió Hungría. Dolores Ibarruri "La Pasionaria" (1895-1989), presidenta del Partido Comunista español, desde Moscú adhirió a la invasión mientras que Santiago Carrillo (1915), secretario general, perteneciente a la generación intermedia, se mantuvo sin definirse y los cuadros jóvenes exigían un pronunciamiento de repulsa. Picasso se identificó con esta última actitud y pidió oficialmente el relevo de militancia. No obstante, seguió aportando económicamente al partido hasta el día de su muerte.
Había habido choques anteriores. En 1948, invitado por el periodista y escritor ucraniano Ilya Ehremburg (1891-1967), participó del Congreso Mundial de la Paz en Varsovia. Cuando un delegado soviético se levantó para atacar "la pintura decadente de Pablo Picasso", los delegados polacos salieron en su defensa. En medio del escándalo, Picasso, dirigiéndose a su detractor le espetó: "Usted enséñeme de economía, yo le enseñaré de arte". Cinco años después, tras la muerte del dictador Iósif Stalin (1878-1953), como homenaje, publicó un retrato suyo en "Les Lettres Francaises" a pedido de su director Luis Aragón (1897-1982). El Partido Comunista Francés lo desaprobó al día siguiente: "Sin poner en duda los sentimientos del gran artista Picasso, de quienes todos conocen la adhesión a la causa de la clase obrera, la secretaría del Partido Comunista Francés lamenta que el camarada Aragón, miembro del Comité Central, que por otra parte lucha valientemente por el desarrollo del arte realista, haya permitido su publicación".
Mientras tanto, en mayo de 1951 Picasso -de setenta años- inició un romance con Genevieve Laporte (1927) por entonces de tiernos veinticuatro años de edad. El vínculo se mantuvo hasta 1953, año en que tanto Laporte como Gilot abandonaron al pintor. Incansable, ese mismo año conoció a Jaqueline Roque (1926 -1986) en un taller de cerámica, entablando una relación sentimental al parecer menos conflictiva. En 1961 se casó con ella y convivieron en diversas casas de la Riviera francesa, rodeados de cercos de protección y un ejército de guardias que custodiaban su trabajo. Dentro, entre mascarillas incas, naranjas, estatuillas africanas y gatos, Picasso seguió pintando o grabando hasta el día de su muerte el 8 de abril de 1973. La que sería su compañera durante veinte años fue una mujer muy controvertida, muy criticada por considerársela como la responsable de su aislamiento del resto del mundo, ya que ella era quien decidía si podía ver a sus amigos o no y a muchos de ellos les impedía visitarlo, lo mismo que a sus hijos y a sus anteriores amantes. Tanto es así, que no dejó ir al entierro a uno de sus nietos, Pablito. El muchacho, el mismo día en que le prohibieron la entrada, se envenenó con lejía y murió a los dos días, después de una brutal agonía. Ella se suicidó en 1986, disparándose con un arma de fuego en la cabeza.
El novelista Pío Baroja (1872-1956), uno de los grandes escritores que actuaron en la época en que Picasso comenzaba a provocar tanto críticas como elogios, recordó su encuentro con el pintor: "Me pareció un joven simpático, un poco turbulento, amigo de mixtificaciones y de exageraciones". Unos años más tarde, el autor de "La busca" y "El árbol de la ciencia" recalcó: "Es un hombre que ha intrigado al mundo entero durante mucho tiempo. Es posible que la suya haya sido la habilidad del hombre que sabe que sin disfraz no va a conseguir el éxito, y va tomando todas las máscaras que ha encontrado al paso. Creer que Picasso ha descubierto algo, como Einstein o como Plank, me parece muy candido y muy inocente. Quedará en la historia de la pintura como un tipo raro. A mí me parece un excéntrico musical, un divo".
El escritor argentino Marco Denevi (1922-1998) fue más benevolente: "Picasso participó de todas las aventuras del arte, tocó todos los temas, hurgó en todos los escaparates. Si hay un pintor universal, ése es Picasso. Siempre fue español hasta la médula. No se concibe ni a Picasso hombre ni a su pintura sin España, sin la clave española que lo explica desde adentro, sin la pasión española violenta, vital, caprichosa, rebelde, iconoclasta, a ratos fúnebre y a ratos jocunda que lo anima como antes animó a Goya y todavía antes a Velázquez. Esto es un ejemplo para cualquier artista, porque Picasso, español hasta el tuétano, no lo es ni por pintoresquismo ni por folklore, sino por una fidelidad de carácter que, por eso mismo, no rehuyó ni el desafío ni la confrontación con el universo entero".