3 de noviembre de 2008

Algunos aspectos del carácter de Newton

En los primeros días del año 1642 moría Galileo Galilei en su reclusión de Florencia, totalmente ciego y amargado por la persecución a la que había sido sometido por parte de la Iglesia Católica. En los últimos de ese mismo año, más precisamente el día de Navidad, a unos 1800 kilómetros de allí, nacía en Woolsthorpe, Lincolnshire (Inglaterra) un niño prematuro, de apenas un kilogramo de peso, bautizado con el nombre de Isaac. Su padre, un pequeño agricultor de apellido Newton, había muerto de neumonía unos meses antes. Por entonces, Inglaterra se debatía en una sangrienta guerra civil entre los parlamentaristas de Oliver Cromwell (1599-1658) y los realistas de Carlos I (1600-1649).
Durante sus primeros años de educación en la Free Grammar School de Grantham, Isaac no dio signos de su futura grandeza. Era un muchacho enfermizo, tímido, más bien retrasado en sus estudios. Su madre pretendía que se dedicase a la agricultura; sin embargo, entró en el Trinity College a la edad de dieciocho años y se consagró al estudio de las matemáticas. En el año 1665, Newton consiguió su título de bachiller en artes sin ninguna distinción especial.
A mediados del verano de ese año, una epidemia de peste bubónica cayó sobre Londres (la Gran Peste de Londres) y a los pocos meses, uno de cada diez londinenses había muerto por su causa. En el otoño se cerró la Universidad de Cambridge por su proximidad al centro de la plaga y todos los estudiantes fueron enviados a sus casas. Así, Newton volvió al hogar familiar y permaneció allí dieciocho meses hasta que se volvió a abrir la Universidad. Esos dieciocho meses fueron los más fecundos de su vida y puede decirse que durante este período concibió prácticamente todas las ideas que le debe la ciencia. El resto de su carrera científica se consagró al desarrollo de esas ideas concebidas en Lincolnshire.
A la edad de veintiséis años fue nombrado profesor de la Universidad de Cambridge y a los treinta, miembro de la Real Sociedad, el más alto honor científico en Inglaterra. Según el historiador estadounidense Richard S. Westfall (1924-1996) en su biografía "The life of Isaac Newton" (La vida de Isaac Newton, 1993), Newton fue el ejemplo perfecto del profesor abstraído. "Nunca se tomó una diversión o un pasatiempo, montando a caballo para tomar el aire, paseando o jugando a los bolos o algún otro ejercicio, porque pensaba que todas las horas que no se dedicasen al estudio eran horas perdidas". Frecuentemente trabajaba hasta las primeras horas de la mañana, se olvidaba de comer y solía aparecer en el comedor del colegio con "sus zapatos sucios, sus medias arrugadas y su pelo mal peinado".
Como persona, Newton no era muy agradable y a menudo se vio envuelto en polémicas con sus colegas. Tuvo una áspera disputa con otro físico de Cambridge, Robert Hooke (1635-1703), el fundador de la teoría de la elasticidad, respecto a su teoría de los colores así como sobre la prioridad en el descubrimiento de la ley de la gravitación universal. Semejante controversia de prioridad mantuvo también con el matemático alemán Gottfried Leibniz (1646-1716) respecto a la invención del cálculo, y con el holandés Christiaan Huygens (1629-1695) sobre la teoría de la luz. El astrónomo inglés John Flamsteed (1646-1719) lo describió como "insidioso, ambicioso, excesivamente ávido de alabanzas, amigo de la contradicción..., un buen hombre en el fondo pero, por naturaleza, suspicaz".
A lo largo de sus años en Cambridge, Newton trabajó en el desarrollo de las brillantes ideas que había concebido entre los veintitrés y los veinticinco años, pero mantuvo en secreto la mayoría de sus experimentos. Esto explica el hecho de que sus obra más importantes fueran publicadas mucho más tarde: "Philosophiae naturalis principia mathematica" (Principios matemáticos de la filosofía natural) sobre la mecánica y la gravedad, a la edad de cuarenta y cuatro años, y "Opticks or a treatise of the reflections, refractions, inflections and colours of light" (Optica o un tratado de las reflecciones, refracciones, inflecciones y colores de la luz) sobre la óptica, a la edad de sesenta y cinco.
Después de la muerte de Newton, el 20 de marzo de 1726 (31 de marzo de 1727 en el calendario gregoriano), el poeta Alexander Pope (1688-1744) escribió unos versos que se harían famosos: "Nature and nature's laws lay hid in night;/God said 'Let Newton be' and all was light" (La Naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la noche;/Dios dijo: "Que Newton sea", y todo se hizo luz). Pero mucho antes de que esto sucediera, Newton dijo algo muy distinto. Con cincuenta años de edad, resolvió abandonar la vida académica y comenzó a buscar una posición que le reportase mejores ingresos. Ya era hora de ganar algo de dinero.
Se le ofreció el cargo de director de la Charterhouse, una distinguida escuela para la aristocracia inglesa situada en Londres, pero la oferta no fue de su agrado. En su carta rechazando el cargo escribió: "Le agradezco mucho haber sido recordado en Charterhouse pero no veo en ello nada que valga la pena de hacer un esfuerzo: aparte de un coche, que no me importa, se trata de 200 libras por año con un confinamiento en el aire de Londres y con tal manera de vivir que no me gusta; ni pienso que sería conveniente entrar en tal competencia como sería por una plaza mejor".
En 1696, a la edad de cincuenta y cuatro años fue nombrado celador y después director de la Casa de la Moneda de Londres y comenzó a hacer dinero, literal y efectivamente. En 1705 fue nombrado caballero y se convirtió en Sir Isaac y recibió otros muchos honores. Pero en los últimos veinticinco años de su vida (murió a los ochenta y cinco años) no hizo ningún descubrimiento importante como los que hizo durante su juventud. Algunos historiadores lo atribuyen a la ancianidad, otros a que había agotado todas las ideas posibles que podían haber surgido en su época.
Contradiciendo a alguno de sus biógrafos, Newton se mostró bastante humilde hacia el final de sus días: "No sé cómo puedo ser visto por el mundo, pero en mi opinión, me he comportado como un niño que juega al borde del mar, y que se divierte buscando de vez en cuando una piedra más pulida y una concha más bonita de lo normal, mientras que el gran océano de la verdad se exponía ante mí completamente desconocido. Si he visto más lejos que los otros hombres es porque me he aupado a hombros de gigantes".