"El nuevo cielo y tierra que decía Nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis me hizo a mí mensajero y me mostró aquella parte"."Así que pues nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros Ilustrísimos Rey y Reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad, con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán en tomándose tantos pueblos a nuestra Santa Fe, y después por los bienes temporales que no solamente a la España, mas a todos los cristianos tendrán aquí refrigerio y ganancia".
"Porque esperamos en aquel alto Dios que si ha de haber antes de grande tiempo buena y grande renta de las islas y tierra firme, de la cual por la razón sobrescrita me pertenece el dicho diezmo, ochavo y salarios y derechos sobredichos, y porque somos mortales, bien es que cada uno ordene y deje declarado a sus herederos y sucesores lo que ha de haber y hubiere, y por esto me pareció de componer de esta ochava parte de tierras y oficios y renta un Mayorazgo"
"Porque al tiempo que yo me moví para ir a descubrir las Indias, fui con intención de suplicar al Rey y a la Reina, Nuestros Señores, que de la renta que Sus Altezas de las Indias hubiesen, que se determinase de la gastar en la conquista de Jerusalem, y así se lo supliqué, y si lo hacen, sea en buen punto, y si no, que todavía esté la persona que heredare de este propósito de aumentar el más dinero que pudiere para ir con el Rey Nuestro Señor, si fuere a Jerusalem a conquistar, o ir solo con el más poder que tuviere que playera a Nuestro Señor".
"Otra isla hay, me aseguran mayor que la Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio".
"Muchos traían piezas de oro al pescuezo, y algunos atados a los brazos algunas perlas. Holgué mucho cuando las vi y procuré mucho de saber dónde las hallaban".
"Puercos ya tenemos más de ciento; cabras y ovejas ya tenemos de ellas hartas para simiente, y así de otras todas maneras. Y así espero en Nuestro Señor que antes de muchos años no habrá menester traer acá salvo vestuarios, que de trigo acá dará buena simiente, y vino se halla acá hartas vides que, trasponiéndolas y labrándose, darán buen fruto. Otras mil maneras de cosas se hallarán cada día. De las minas del oro y de la gran cantidad, ya encima dije que yo afirmaba el decir de la carta del año pasado, y afirmo que su cantidad suya comprendo es muy grande, y así de la especería de todas suertes, mas no se tiene acá en precio entre esta gente, porque van desnudos y de otra cosa no curan salvo del comer y mujeres".

Pero la hipótesis que más se ha extendido y que más divulgación ha tenido es la de su nacimiento en Génova. Según ésta, Cristóforo Colombo nació a finales de 1451, hijo de Doménico Colombo y Susana Fontanarossa. Doménico vivía en Génova y fue guardián de la Porta dell'Olivella hasta febrero de 1470, en que se trasladó a Savona con su hijo Cristóforo, donde trabajaron en el oficio de tejedores de paño y taberneros. En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba Cristóbal, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente en Portugal; desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia en 1477, donde escuchó relatos de viajes irlandeses y vikingos a América. Es sorprendente el hecho de que Cristóforo Colombo, nacido en la Liguria italiana escribiera en castellano al Banco de San Giorgio de Génova, al igual que mantuviera una extensa correspondencia en esta misma lengua con Nicolás Oderigo, embajador genovés en Castilla, y con su gran amigo y protector, también italiano, fray Gaspar Gorricio. A sus hermanos Bartolomé y Diego, supuestamente genoveses, les escribía en castellano y hasta en caracteres desconocidos. No se encuentra explicación a que Cristóforo Colombo ya utilizara el castellano en Portugal, tres años antes de llegar a Castilla. El historiador medievalista español Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) asevera que en su español no se hallan italianismos. Si Colón era genovés, antes de ofrecer su descubrimiento a Portugal, Inglaterra y Castilla, bien pudo ofrecérselo a Génova y al Banco de San Giorgio, que pudo haber puesto a su disposición el dinero que necesitaba para su empresa.
Se especula también con que el Cristóforo Colombo genovés, nacido en 1451, no era Cristóbal Colón. Un estudio dice que fue un pirata del Mediterráneo, Cristóforo Colonne, al servicio del rey de Nápoles Renato de Anjou (1409-1480), muy aficionado a las artes y con una gran curiosidad científica. Otra propuesta sostiene que Colón era judío y ésta es tan aceptable como cualquiera de las teorías precedentes. Como sea que fuera, el almirante se cuidó de negar su origen sistemáticamente, creando una enorme sombra de duda sobre el tema. Parece ser que la llave que podría develar el misterio está en poder del Vaticano desde 1560, cuando un grupo de cortesanos inició el proceso de solicitud de beatificación del osado almirante. En ese momento se encargó al Tribunal de la Inquisición una minuciosa investigación sobre la vida de Colón. La documentación está en el archivo del Vaticano, quien lo mantiene en secreto.¿Judío? ¿Hijo bastardo de algún noble prominente? En una época en la que cualquiera de esos "crímenes" lo hubiera condenado, Cristóbal Colón tenía un secreto que guardar y, a juzgar por los resultados, parece que lo consiguió. Sin embargo, dos cosas han quedado claras para la historia. Una, la fecha de su muerte en Valladolid el 20 de mayo de 1506; la otra, que América ya no volvería a ser la misma después de su "descubrimiento".
El norteamericano Samuel Eliot Morison (1887-1976), un historiador de Harvard que fue un admirado biógrafo de Colón, reconoció que el almirante ordenaba a los nativos que encontraran una cierta cantidad de oro en un cierto periodo de tiempo, y si no cumplían con su cupo, les cortaban los brazos. En "Christopher Columbus, Mariner" (Cristóbal Colón, Marino; 1955) escribió: "Quien fuera el que inventara este espantoso sistema, como único método de producir oro para la exportación, el responsable del mismo fue solo Colón. Aquellos que huyeron a las montañas fueron cazados con perros, y de los que escaparon se ocuparon el hambre y la enfermedad, mientras miles de pobres criaturas, en su desesperación tomaron veneno de mandioca para acabar con su miseria".Morison continúa: "Así que la política y los actos de Colón, de los cuales solo él fue responsable, comenzaron la despoblación del paraíso terrenal que fue La Española en 1492. De los nativos oriundos -estimados por etnólogos modernos en 300.000-, entre 1494 y 1496 un tercio había muerto. En 1508 el censo mostraba sólo 60.000 vivos, y en 1548 Oviedo dudaba sobre si quedaban 500 indios".
El Oviedo que menciona Morison, no es otro que el cronista de Indias y administrador español Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), quien en una de sus crónicas describió "innumerables muertes crueles tan incontables como las estrellas". Pero parece que esto era aceptable ya que "usar la pólvora contra paganos es como ofrecer incienso al Señor". Amén.


Tuzo Wilson, en un intento de explicar las fallas del fondo marino, fue el primero en abordar las trascendentales implicaciones de la expansión del fondo oceánico. En todos los puntos del globo, los investigadores han encontrado fallas, fracturas perpendiculares a las dorsales de expansión centro-oceánicas que atraviesan océanos completos y dividen las dorsales en segmentos. Cuando Wilson abordó la cuestión, prevalecía la interpretación de que las fallas constituían la evidencia de la división de la corteza oceánica de un extremo a otro. Se suponía que las dorsales se habían originado como unidades continuas que posteriormente se fragmentaron y desplazaron debido a la acción de las fallas. Wilson lo planteó de otra manera: si bien las fallas eran la prueba de una división de la corteza, lo eran únicamente entre los segmentos de dorsales en expansión, unos segmentos que siempre habían estado desplazados.
Este nuevo planteamiento sugería que la deformación activa se concentra en las dorsales y a lo largo de sus fallas de conexión, y que el resto de la corteza oceánica simplemente va a la deriva, sin divisiones. Wilson dio el nombre de "placas" a estas enormes masas de roca en movimiento. Posteriormente, propuso que la superficie de la Tierra estaba dividida en unas siete placas corticales grandes y varias de menor tamaño. Las ideas de Wilson sobre las placas y las fallas oceánicas se pudieron comprobar con facilidad mediante el conjunto de datos de localización de un terremoto emergente obtenidos por el Observatorio Lamont. Allí se descubrió que los terremotos oceánicos se concentraban a lo largo de las dorsales oceánicas y sus fallas de conexión, y que el interior de las "placas" oceánicas no tenían actividad sísmica. Los estudios realizados sobre los terremotos también supusieron un paso crucial para la comprensión de las zonas de subducción. En la década de 1940, los profesores Kiyoo Wadati (1902-1995) del Central Meteorological Observatory de Japón y Hugo Benioff (1899-1968), del California Institute of Technology, observaron que los terremotos profundos se producían en un plano por debajo del fondo oceánico y se concentraban en áreas alrededor de los bordes de los océanos, cercanas a los volcanes terrestres.
Los estudios llevados a cabo en la década de 1950 mostraron que estas áreas oceánicas también albergaban profundas fosas, mencionadas por Hess en su modelo de expansión del fondo marino. Las profundas fosas y los terremotos relacionados con las mismas intrigaban a los sismólogos. Algunos de estos terremotos se producían en grandes profundidades del manto, donde las elevadas temperaturas deberían ablandar cualquier elemento rígido, de forma que las rocas en vez de ser tan sólidas y rígidas como para agrietarse con facilidad en los terremotos, deberían fluir. Este planteamiento cambió con el trabajo realizado por los investigadores del Observatorio, quienes examinaron la actividad sísmica de una fosa cercana a la isla de Tonga en el Pacífico Sur.
En 1964 comenzaron a recopilar datos sísmicos para identificar el origen o foco subterráneo de los terremotos producidos allí. Al igual que Benioff y Wadati, observaron que los focos esbozaban un plano inclinado hacia abajo desde el fondo oceánico de alrededor de 45 grados. Pero el equipo de Lamont fue el primero en reconocer que este plano era un bloque de material descendente lo suficientemente frío y duro como para apoyar terremotos y que, además, el bloque que contenía el fondo marino, se estaba inclinando hacia la fosa, creando una zona sísmica.
Determinaron que el bloque descendiente del fondo marino tenía un grosor considerable, de aproximadamente 100 kilómetros. No sólo se movía la superficie del fondo marino, ni la corteza sola, sino un bloque mucho más grueso. Parecía razonable aplicar a este bloque móvil el término que le dio Wilson: placa.
La teoría propuesta por Wegener postuló que, hace 300 millones de años, existía un gran supercontinente al que llamo Pangea. Con el transcurrir del tiempo, este supercontinente se fragmentó en placas continentales. Los fragmentos comenzaron a dispersarse hasta llegar a la actual disposición de los continentes y masas oceánicas.

La corteza esta compuesta por una roca pobre en hierro que subió a la superficie cuando la desintegración radiactiva calentó y fundió las rocas del interior del recién condensado planeta. Hubo un momento en que esta corteza formaba una sola masa de tierra continental. Debido a la presencia continuada de calor en el interior del planeta, se creó en el manto un bucle de convección de material que se eleva y se hunde, tal como el geólogo británico Arthur Holmes (1890-1965) había sugerido en 1929.
De esta forma Hess subordinó la configuración de los océanos y continentes a los movimientos del fondo oceánico moviéndose y en expansión. Aunque la expansión del fondo marino resultaba una visión convincente, no se podía comprobar. Hess creía que se producía aproximadamente a la misma velocidad a la que crecen las uñas. La prueba tendría que venir indirectamente, como ocurrió, a través del magnetismo.

Por entonces, el ducado de Milán (o Lombardía austríaca, como se la denomina en documentos del siglo XVIII) pertenecía desde 1714 a los Habsburgos austríacos. Pero ni el Milanesado ni los Países Bajos o los territorios de las Dos Sicilias quedaron englobados administrativamente dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, sino que mantuvieron cierta situación de autogobierno, aunque siempre bajo la remota dependencia del soberano imperial. Se desarrolló así en la Lombardía austríaca una privilegiada situación de poder para los estamentos nobiliarios, que constituían unos "cuerpos intermedios" entre el resto de la sociedad y el lejano monarca, y que controlaban y gobernaban, desde los Consejos, las magistraturas judiciales o administrativas y las instituciones públicas.



Los estudios sísmicos permitieron dividir a la tierra en varias zonas: una corteza externa de un espesor medio de 35 kilómetros (que se adelgaza hasta llegar a los 11 kilómetros en los océanos); un "manto" que va desde la base de la corteza hasta una profundidad de 2.900 kilómetros y el "núcleo". Se supone que el núcleo está en fusión, pero algunos indicios muestran que el interior del núcleo, más allá de los 5.100 kilómetros, se hallaría en estado sólido. Hace algunos años, los sismólogos determinaron diferentes zonas en el "manto" de la tierra: hasta una profundidad de alrededor de 100 kilómetros, está la litosfera, una zona sólida, lo suficientemente rígida como para resistir a la deformación.
Bajo la litosfera está la astenosfera, que es una región de resistencia débil que alcanza una profundidad de muchos centenares de kilómetros y que se cree que, parcialmente, está en fusión. La tercera zona, la mesosfera es, en cambio, de una rigidez considerable.Se sabe también que el interior de la tierra es caliente: se estima que la temperatura del centro de la tierra es de 6.000 grados centígrados. Las temperaturas del límite entre el núcleo y la capa son, presumiblemente, de 4.000 grados centígrados.El calor que llega a la litosfera es relativamente constante en casi todo el planeta. Sin embargo es más elevado a lo largo de una banda estrecha, situada en el fondo de los océanos. Esta banda se encuentra aproximadamente a mitad de camino entre las costas de los océanos.
En razón de su topografía, se la ha llamado cortina o cadena medio-oceánica. Existe igualmente otra característica de los fondos submarinos: una línea de fosas que rodean la tierra, que tiene varias decenas de kilómetros de ancho y de 7.000 a 8.000 metros de profundidad, en la que hay una gran actividad sísmica. Los científicos Hess y Dietz pensaron que existían levantamientos en la capa de la tierra, debajo de la cortina medio-oceánica. En la cima de esa línea se formaría una nueva corteza, mientras que la antigua corteza sería absorbida por las fosas marinas.Así, el fondo del océano situado entre las cadenas y las fosas, se desplazaría progresivamente.
La prueba de la movilidad pasada de la corteza terrestre se apoya en indicios de origen geológico y magnético, pero los datos sobre los movimientos actualmente en curso provienen de la sismología. En los últimos tiempos, los sismólogos confirmaron la idea de Hess y de Dietz sobre la expansión de los fondos submarinos. Desde hace algunos años se sabe que las cadenas medio-oceánicas no son continuas sino que están cortadas en segmentos dispuestos a lo largo de zonas de fractura. Esos segmentos montañosos sólo pueden alcanzar algunos centenares de kilómetros de largo.Según John Tuzo Wilson (1908-1993), geólogo de la Universidad de Toronto, esos segmentos pudieron haberse formado de dos maneras. O bien las cadenas aparecieron en línea continua y luego se cortaron y apartaron, o bien comenzaron por ser una serie de estribaciones a las que continuaron afluyendo materiales.La segunda posibilidad confirma la idea de la expansión de los fondos marinos.Tiene como principio un flujo continuo que provendría de las crestas adyacentes estacionarias.
Las rocas que salen de una cresta se desplazan en relación a las que son producidas por otra cresta, en el espacio comprendido entre las dos cadenas. El epicentro de los temblores de la tierra en el emplazamiento de una cortina, está casi siempre entre las crestas de una cadena o a lo largo de la línea de falla que separa a dos segmentos de cadenas. Es raro que se produzcan temblores de tierra en un prolongamiento de la línea de falla en las cuencas oceánicas. Los sismos nacen sobre la falla y brindan el trastorno necesario para determinar de qué manera se produce el movimiento de la corteza a lo largo de esa línea.
Es evidente que si surge una nueva corteza al nivel de las cadenas será necesario que la vieja corteza se destruya en algún lado, para que la tierra conserve siempre la misma superficie. Según la hipótesis de la expansión de los fondos submarinos, esa corteza se destruye en el emplazamiento de las fosas oceánicas. Por la violencia y la frecuencia de los temblores de tierra, el sistema de fosas es la zona más activa del globo. En esas regiones, los temblores son corrientes e importantes. Además, las fosas son el lugar de los sismos más profundos que se conocen, produciéndose a 700 kilómetros.
En los dos casos, esto supone una gran actividad tectónica. El Mar Rojo se formó luego de la separación de la península de Arabia y del continente africano. Parece que California está separándose a lo largo de la falla de San Andrés, a una velocidad de 5 cm. por año. Si el movimiento continúa, dentro de algunos millones de años California se habrá convertido en una isla.
La idea de la movilidad de la corteza terrestre no es nueva. Hace más de ciento cincuenta años, un geólogo italiano, Macedonio Melloni (1798-1854), fue el primero en sugerir que los continentes se habían desplazado. Las costas de Africa y de América del Sur se corresponden como las piezas de un rompecabezas. Melloni supuso que, en tiempos muy pasados, el Océano Atlántico no existía y que se formó tardíamente, como consecuencia del desplazamiento hacia el oeste del continente americano. Esta primera idea de la deriva de los continentes no fue tomada en serio. Pero en 1915, el científico alemán Alfred Wegener (1880-1930) concluyó que los continentes habrían estado muy cerca unos de otros en una época determinada. Su obra "Die entstehung der kontinente und ozeane" (El orígen de los continentes y oceános) fue el punto de partida de largas controversias científicas.
Wegener proveía argumentos apoyados en hechos geológicos y paleontológicos reconocidos. A principios del siglo XX se descubrieron depósitos glaciares de la época carbonífera en Africa del Sur, en las islas Malvinas, en América del Sur, en Madagascar, en la India y en Australia. La presencia de esos depósitos, repartidos en lo que hoy es el hemisferio sur, constituyó un misterio, ya que no había huellas glaciares en el hemisferio norte. Wegener emitió la hipótesis de que hace millares de años, las tierras del hemisferio sur habrían estado cercanas unas de otras y agrupadas bajo altas latitudes, cercanas al Antártico; en cambio las del hemisferio norte se habrían extendido al nivel del Ecuador.
El paleomagnetismo es el estudio de la dirección y la intensidad del magnetismo de las rocas. La importancia de esa magnetización reside en que ésta se orienta en la dirección del campo magnético terrestre en la época del enfriamiento. En la roca sedimentaria está indicada la orientación del campo magnético de la tierra en un período determinado. Siguiendo en Europa el estudio sobre las formaciones rocosas, cada vez más viejas, se descubrió que las rocas más antiguas indican con mayor precisión las posiciones del polo paleomagnético, alejado del polo geográfico actual.
Esto sólo se explicaría si América del Norte se hubiese desplazado hacia el oeste en relación a Europa, lo cual remite nuevamente a la teoría de la deriva de los continentes. Además, los antiguos polos de los continentes australes no coinciden con los polos del hemisferio norte. Sin embargo, había una diferencia: otros elementos permitieron pensar que las tierras del hemisferio sur se apartaron más que las del hemisferio boreal. Las direcciones de magnetización, tomadas a partir de piedras sedimentarias glaciares en Africa Central, ubican el polo sur en la república de Sudáfrica. Datos análogos en Australia sitúan al polo sur, en ese período, en la parte meridional de Australia. Si estas indicaciones respecto de la posición del polo sur hace 300 millones de años, provistas por Africa y Australia son exactas, Australia debería estar situada un poco al norte y a lo largo de la costa este de Africa del sur.
Esto corroboraría la teoría según la cual hace 300 millones de años las tierras no eran más que una masa única. Wegener había indicado claramente que los continentes se habían desplazado. La explicación que dio de ese movimiento era indefendible. Según él, los continentes se desplazaban a través de las rocas de las cuencas oceánicas, como icebergs en el agua. Los profesores Harry Hammond Hess (1906-1969) de la Universidad de Princeton y David Henry Dietz (1897-1984) de la American Geographical Society propusieron en 1963 una teoría más defendible: la hipótesis de la expansión continua de los fondos marinos.




Desde el punto de vista metodológico, el sistema de Newton se basó en un aparato matemático y en unos principios físicos expresables por este aparato. No había necesidad de introducir elementos filosóficos extraños a estos principios físicos. Desde el punto de vista de la posición del hombre en el universo, las leyes de Newton fueron aplicables a cualquier objeto que se moviese, ya fuera un proyectil o un planeta. Incluso las fuerzas que movían los objetos que caen eran las mismas que ejercían los astros entre sí. No había un mundo de los astros distinto de nuestro mundo terrestre. Tal transformación había sido iniciada por Galileo al dirigir su telescopio hacia el cielo y descubrir que no todo en él es perfecto. Newton introdujo un elemento más: indicó que el método por él propuesto tenía una aplicación universal.
Sin embargo, su gran autoridad hizo que no se tuvieran en cuenta teorías alternativas para explicar la naturaleza y las propiedades de la luz. Entre estas teorías se encuentra la teoría ondulatoria, que posee algunos elementos que describen de forma más precisa los fenómenos luminosos. Durante muchos años, la evidencia experimental quedó eclipsada por la autoridad de Newton, para luego terminar aceptándose la teoría ondulatoria. Pero de alguna forma, la moderna mecánica cuántica, con su equivalencia entre onda y partícula, ha venido a confirmar la vieja idea de Newton.


Las críticas a la sociedad de la época contenidas en sus textos fueron corrosivas y feroces, lo que probablemente explique las causas del desplazamiento hacia un ámbito de lectores infantiles a que se vio sometida su obra, al partir de la premisa de que éstos se sienten atraidos generalmente por la forma, sin duda apasionante, y no llegan a comprender el contenido crítico de los relatos de este tipo. El crítico y ensayista John Bullitt (1895-1960) en "Jonathan Swift and the anatomy of satire" (Jonathan Swift y la anatomía de la sátira, 1953) estimó que este autor prolongó la tradición moralista de la época, pero que "la creación de islas y reinos de ficción es un pretexto para fustigar con una indignación salvaje la brutalidad y la tontería humanas".
La obra de Verne se redujo para muchos de sus lectores a la propuesta que hizo en 1863 su editor, Pierre Hetzel (1814-1886): "Las obras aparecidas y las que tienen que aparecer de Julio Verne tienen el propósito de resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos amasados por la ciencia moderna, y de rehacer bajo la forma atrayente y pintoresca que le es propia, la historia del universo". Como puede verse, un plan vasto que a lo único que aspiraba era a introducir el sentimiento positivista que recorría la época.

En el peor de los casos encarna el mal, o bien es un exiliado, o un suave maniático. Al sabio siempre le falta algo. "De ahí un principio general: saber e imperfección están ligados; y una ley de proporcionalidad: cuanto más inteligente es el sabio, más perverso, demente y ajeno al mundo es; en cambio, cuanto más positivo, más se equivoca. De todos modos -sigue explicando Foucault- el sabio es para Verne un personaje vital, ya que lucha, tanto si es benéfico o maléfico, contra el mundo más tópico (mundo neutro, blanco, homogéneo, anónimo).
El sabio crea el desequilibrio e impele al mundo contra la muerte y la inmovilidad. El mundo, por este desequilibrio, renace y es devuelto a una nueva juventud".El crítico de arte Marcel Brion (1895-1984), otro estudioso de Verne, revela una nueva faceta tan interesante como la de Foucault. Centra su análisis en el "viaje". En Verne el viaje es, según Brion, un "viaje iniciático, el héroe atraviesa sus propias aventuras como un ritual, purificándose en el hielo, en el fuego, en el agua, para poder conseguir la metamorfosis. La aventura, que él identificaba con la verdad y que da sentido a ese viaje, va perdiendo fuerzas cuanto más avanza el relato, y va cristalizando una verdad más profunda, más bella o más sombría en el ánimo del personaje que empieza a transfigurarse en otro".
Con todos estos aportes se podría llegar a desterrar la idea de un Verne "autor para la juventud", de un Verne concebido única y exclusivamente como escritor de formas maravillosas y novelas de anticipación científica. Existen, evidentemente, una cantidad de evidencias que permiten apreciar que sus narraciones son tremendamente complicadas y exigen una lectura detenida que pueda sacar a la luz el caudal de riqueza mítica escondida tras sus argumentos con apariencia inofensiva.
Para el escritor francés Raimond Roussel (1877-1933), "la faceta de anticipación científica de las novelas de Verne está condenada al olvido en virtud del progreso mismo de la ciencia, mientras que sus múltiples lecturas subterráneas, la mítica que subyace en su obra, perdurará para situarlo en el nivel que le corresponde, que poco o nada tiene que ver con la juventud".