30 de abril de 2008

La mesa está servida

Antiguamente no se tenían en cuenta, o ni siquiera existían, los manuales de urbanidad. A los reyes medievales, los corteses caballe­ros y las gentiles damas que eran objeto de su amor, había que repe­tirles una y otra vez que no escupieran sobre la mesa, no se limpiaran los dientes con un cuchillo y -una vez dejado a un lado el cuchillo- no continuaran con el mantel la operación de bruñir los dientes. Tam­bién existía la costumbre de tomar la comida con ambas manos al mis­mo tiempo. El procedimiento correcto exigía que la carne se desga­rrase con sólo tres dedos, por lo que se introducía en la boca un trozo demasiado grande y el sobrante había que escupirlo discretamente en el suelo, no sobre la mesa ni -como al parecer era frecuente- en la fuente de servir.
Este tipo de conductas persistió hasta muy avanzado el Renaci­miento, y en gran parte se debía a la carencia de una herramienta de tres o cuatro puntas cuya existencia es actualmente indispensable: el tene­dor. Incluso en Italia, y hasta mediados del siglo XVI, se desconocían los tenedores como instrumento para comer en la mesa (no apare­cen en la "Ultima Cena" pintada por Leonardo da Vinci), y empezaron a difundirse en las tierras septentrionales, como por ejemplo Gran Bretaña y Prusia, a finales del siglo XVII. Durante el período de tran­sición se plantearon ciertos problemas en las clases altas inglesas; a veces la comida se tomaba con la mano, siguiendo la antigua y có­moda usanza, y sólo cuando había sido agarrada con solidez se la ensartaba en el tenedor para realizar la travesía final hasta la boca.
Las clases altas exigían pulcritud y elegancia a la hora de comer. No se aceptaba chuparse los dedos y lo adecuado era limpiarse las manos en los aguamaniles después de cada plato o como mínimo al finalizar la comida. Un primer código de buenas maneras para los comensales se le debe al rey de Francia Enrique III de Valois (1551-1589): "Toma la carne con tres dedos y no la lleves a la boca en grandes pedazos. No tengas demasiado tiempo las manos en el plato".
El filósofo holandés Erasmo de Rotterdam (1466-1536) aportó lo suyo: "En vez de chuparse los dedos o de limpiárselos en la ropa después de comer, será más honesto secarlos en el mantel o la servilleta".
El tenedor llegó a Europa procedente de Constantinopla a principios del siglo XI de la mano de la hija del emperador de Bizancio, Constantino Ducas (1006-1067), quien lo llevó a Venecia al contraer matrimonio con Doménico Selvo, el Dux de aquella república. Sin embargo, no tuvo mucha aceptación ya que era "harto difícil comer espagueti, macarrones o tallarines con semejante instrumento", tal como lo relató un cronista veneciano, quien agregó: "Se causaban heridas con ellos, pinchándose con sus afiladas púas los labios, las encías y la lengua, y no faltaban, sobre todo las damas, que elegantemente y con gracia lo usaban para limpiar sus dientes a modo de los populares mondadientes". En España se encuentran referencias del tenedor en un tratado de 1423 escrito por el marqués Enrique de Villena (1384-1424): "Dícenle tridente, porque tiene tres puntas; ésta sirve a tener la carne que se ha de cortar, o cosa que ha de tomarse".
En realidad, la noción de tenedor representó en sí misma una toma de distancia inducida mecánicamente entre el cuerpo y el ambiente externo, y se generalizó al mismo tiempo que otros famosos elementos que imponían esa separación, como por ejemplo, el pañuelo y el pijama.
La mesa -como herramienta para sentarse a comer- es tam­bién un invento sorprendentemente reciente.
El motivo de su invención proviene de su peso: en la antigüedad la gente -inclui­dos los "grandes señores"- se desplazaban con tanta frecuencia que les resultaba imposible llevar consigo objetos tan pesados. Una posible solución a este problema era la mesa individual plegable, algo similar al objeto que reapareció en los hogares norteamericanos ha­cia 1960, para cenar delante del televisor. Estos dispositivos poseen un noble linaje, ya que las crónicas de la época demuestran que los aristócratas franceses e ingleses casi siempre recogían sus piernas bajo estas mesas individuales a la hora de comer en sus castillos.

Si tenían que ofrecer un gran banquete a muchos invitados, una vez que hubiesen llegado los huéspedes, montaban una endeble estructura de tablones sobre caballetes. Era imposible organizar dicha estructura antes de la llegada de los invitados, ya que eran muy escasos los nobles lo bastante ricos como para disponer de caballetes y tablones adicionales. Los huéspedes que querían comer se veían obligados a llevar consigo su propia mesa. En torno a esta improvisada construcción, todos los comensales se sentaban en pequeños asientos plegables, fáciles de transpor­tar, parecidos a las actuales sillas utilizadas por un director cinematográfico, pero sin el cómodo tejido que las carac­teriza. El único lugar donde se utilizaban muebles sólidos era en la iglesia, e incluso allí lo más frecuente era que hubiese una única mesa de roble donde celebrar la misa. Las grandes catedrales eran demasiado pobres para ofrecer sillas a todos los asistentes en las par­tes del ritual en que éstos no tenían que estar arrodillados.
En esas épocas, poner la mesa requería un arte especial, que fundamentalmente consistía en tratar que todos los comensales se alineasen en fila, a un solo lado de la mesa. Así sus espaldas podían apoyarse en la pared, precaución que evitaba ahogamientos, estrangulaciones y otras frecuentes mutilaciones.Tal precaución era imprescindible dada la gran cantidad de visitantes que entraban y salían, además de los sirvientes que traían los visitantes y las familias que traían los sir­vientes. El rey de Inglaterra Eduardo IV de York (1442-1483) dictó órdenes estrictas según las cuales por la mañana había que guardar de inmediato bajo llave la ropa de cama del rey, ya que eran muy frecuentes los robos. Ta­les cosas ocurrían en el castillo de mayor envergadura de Gran Bre­taña. Probablemente el único vestigio actual que queda de esta dis­posición de los asientos consiste en la fila única de políticos que ocupan una tarima más elevada en un banquete oficial. La disposi­ción que se emplea generalmente en ocasiones menos solemnes, con las personas sentadas una frente a otra, sin que a todos se les garan­tice que van a estar de espaldas a la pared, proviene del caótico amon­tonamiento que tenía lugar en el lugar destinado a los sirvientes.

La vejez según Lichtenberg

Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) fue profesor de física en la Universidad de Gotinga y maestro del naturalista Alexander von Humboldt (1769-1859). Descubrió que las electricidades positiva y negativa no se propagan de la misma manera en las materias aislantes y consagró sus primeras clases a tratar el cálculo de probabilidades en el juego.
La noción de humor que puede deducirse de sus aforismos nace del contraste entre su racionalismo fatalmente alemán y su agudo sentido de que "nada es más insondable que el sistema de resortes que mueve nuestras acciones".De él dijo Johann W. von Goethe (1749-1832): "podemos servirnos de sus escritos como de la más mara­villosa de las varitas mágicas, cuando él hace un chiste, allí hay un pro­blema"; y André Bretón (1896-1966): "su vida está llena de apasionantes contra­dicciones". Tal vez en la confluencia de los dos enfo­ques, Lichtenberg no se haya decidido nunca entre la filosofía filosofante y su humor, muy hondo, que muchas veces se negó a hacer filosofía. Fue un hombre tan inteligente que ya no servía para casi nada en este mundo.
De "Vermischte schriften" (Aforismos, 1770-1799) un pequeño texto:

"Cuando llega la vejez, el estar enfermo se transforma en una suerte de salud y no se advierte ya que se está enfermo. Si el recuerdo del pasado no subsistiera nos daríamos poca cuen­ta del cambio. Por lo tanto, creo que la vejez no existe para el animal, como no sea a nuestros ojos. Una ardilla que al llegar el día de su muerte lleva una vida de molusco, no es más desdichada que el molusco. Pero el hombre, que vive en tres lugares, en el pasado, en el presente y en el futuro, puede ser desdichado a partir del momento en que uno de los tres no vale nada. La religión hasta ha agregado un cuarto: la eternidad".

A propósito del gobierno y el pueblo

El poeta francés Paul Valéry (1871-1945), se lamentaba con aflicción: "todo puede ser discutido, todo puede ser negado; todo puede ser sostenido, todo puede ser imitado; todo puede ser confundido, todo puede ser olvidado... ¡oh, pobre cabeza!". Estas amargas palabras han cobrado hoy más notoriedad que nunca: vivimos en un mundo en el que, efectivamente, todo puede suceder. Desde lo más absurdo y ridículo hasta lo más abyecto e inverosímil. La trivialidad del mal, el bastardeo de las palabras, la venalidad de la voluntad y la relatividad de la ética son ya moneda corriente y casi nadie se asombra por ello.
Ante este sombrío panorama los argentinos -sumergidos hasta el cuello en un marasmo de descomunales proporciones- asistimos impávidos a nuestro desmoronamiento como nación soberana al compás de una dirigencia cipaya, egoísta e indiferente. La decadencia, al parecer irrefrenable, gana terreno día a día en desmedro de este país que alguna vez pudimos mostrar con orgullo. Nuestros abuelos inmigrantes que abandonaron la tierra de sus orígenes huyendo de la pobreza y las guerras, pueden dar testimonio fiel de este hecho. Ellos llegaron con lo puesto y, quienes más quienes menos, lograron progresar al tiempo que hacían crecer a la Argentina como ningún otro país hispanoparlante sudamericano. Hoy, en cambio, la usurpación de nuestra riqueza, de nuestra cultura, de nuestras ilusiones, de nuestras esperanzas, se ha vuelto razonable, auténtica, hasta tal punto que nos quieren hacer creer que es eterna e inevitable. Ante este escenario cruel y demoledor, decía Julio Cortázar (1914-1984) "sólo nos queda protagonizar pequeños actos que, aunque por sí solos no resuelvan nada, por lo menos nieguen la exclusividad del despojo y la omnipotencia de la desdicha".
Cada uno de nosotros se encuentra solo en la sociedad y hasta enfrentado a ella. A veces, pareciera que el único recurso que tenemos a nuestro alcance para hacerle frente a la violencia cotidiana que nos oprime es oponerle nuestra propia violencia, aquella que somos capaces de ejercer y esto nos conduce invariablemente a un epílogo signado por la destrucción.
La corrupción por el poder genera a cada instante más fastidio y rencor, y los pequeños logros individuales sólo calman momentáneamente el dolor que sentimos, ya que las jerarquías económicas y sociales no se modifican y el sometimiento y la humillación permanecen incólumes. Habrá que romper entonces la dictadura de los tecnócratas que nos avasalla desde el poder, la conjura de los necios que nos asuela desde los medios y la ignorancia de los lúmpenes que nos traiciona desde las bases, para transformar esta democracia puramente formal que sólo abastece a las clases dominantes, en una democracia inequívocamente popular que atienda las necesidades de las mayorías.
Está claro que los artífices de la globalización, que todo lo someten al espíritu mercantil y monetarista, están profundamente interesados en mantenernos en este estado de miserable postración del que sacan jugoso provecho. Necesitamos un cambio general, y ese cambio debe empezar por las relaciones materiales de la sociedad, las mismas que hasta hoy nos han llevado a esta situación, tanto por acción como por omisión. Decía el novelista inglés Graham Greene (1904-1991) que "la muerte es el único valor absoluto en el mundo. Basta perder la vida para no perder nunca nada más". Al paso que vamos, más temprano que tarde, vamos a perder la vida, pero no como individuos sino como sociedad organizada; y eso también es un valor, si no absoluto, al menos primordial. Los síntomas ya están a la vista.
Por último, más que esperar en condiciones paupérrimas los resultados de promesas que jamás se cumplirán, aguardando en vano la redistribución de la riqueza y el funcionamiento de la justicia, ¿es muy insensato pedir que se tornen más decentes las vidas de los desocupados, los marginales, los excluidos? Ya va siendo tiempo de darle a esas vidas -las nuestras- un verdadero sentido, enmarcado por la dignidad y los derechos, y libre de los caprichos de quienes nos engañan y se enriquecen con nuestro esfuerzo. ¿O acaso es muy insensato esperar que se nos trate con respeto?


Con respecto a nuestros gobernantes -todos-, vale recurrir al filósofo alemán Georg Lichtemberg (1742-1799): "Daría cualquier cosa por saber verdaderamente en provecho de quién se han realizado los actos que se proclama haber hecho por la patria". En cambio, para referirse a lo que pasa con el pueblo, vale recurrir al escritor argentino Roberto Arlt (1900-1942): "En realidad, uno no sabe que pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches". Es evidente que en ambos casos ya es hora de cambiar: que los honestos reaccionen para que los corruptos dejen de gobernar.

El primer ferrocarril de la Argentina

Las obras para la construcción del primer ferrocarril argentino se iniciaron en 1855, dos años después de que la Legislatura Provincial autorizara la creación de una vía férrea hacia el oeste. Las mismas deberían haber estado terminadas en enero de 1857, pero debido a las intensas lluvias caídas en aquellos días que afectaron la solidez de los terraplenes, concluyeron en abril del mismo año.El trazado de las vías se estableció desde la estación Del Parque, ubicada en la misma manzana donde hoy se encuentra el Teatro Colón, delimitada por las calles Del Centro (hoy Cerrito), Tucumán, Libertad y Del Temple (hoy Viamonte) hasta la estación La Floresta (en las actuales Rivadavia y Lacarra). Los trenes salían por la calle Libertad cruzando la Plaza del Parque (hoy Plaza Lavalle) en diagonal, pasando frente al Parque de Artillería, el cual estaba emplazado en la manzana que actualmente ocupa el Palacio de Tribunales.Al llegar a la esquina de Talcahuano y Del Parque (hoy Lavalle), tomaba por ésta hasta el Boulevard Callao y allí se desviaba con rumbo sudoeste atravesando los terrenos conocidos como Hornos de Bayo o de los Olivos realizando una curva y contracurva (la que se denominaba Curva de los Jesuitas por la cercanía con el Colegio del Salvador) en lo que hoy es la calle Enrique Santos Discépolo (hasta no hace mucho llamada Rauch).Luego continuaba sobre un terraplén construido en el centro de la avenida Corrientes y más adelante tomaba por Cangallo (hoy Tte. Gral. J. D. Perón) para orientarse definitivamente hacia el oeste. Luego circulaba paralelamente a la calle Piedad (hoy Bartolomé Mitre), para llegar en línea casi recta hasta la estación terminal, habiendo hecho un recorrido total de 10 kilómetros.
El viaje inaugural convocó a una enorme cantidad de público aquel sábado 29 de agosto de 1857 en la estación Del Parque. Tras media hora de viaje, el tren llegó a la estación La Floresta, en donde los pasajeros fueron agasajados con un almuerzo. Desde su inauguración, los trenes partían regularmente hacia el oeste todos los días a las 9, 12 y 15 hs. y regresaban hacia el centro a las 11, 14 y 17 hs., costando los pasajes entre ambas cabeceras en primera clase $10.- y en segunda $ 5.-. La estación Caballito estaba ubicada en la esquina de la calle del mismo nombre (hoy Martín de Gainza) y era apenas un pequeño edificio de madera con techo de chapas. Contaba con cuatro bancos de madera y una angosta plataforma de aproximadamente un metro y medio de ancho, la que era utilizada para facilitar el ascenso y descenso de los pasajeros.Un antiguo residente del partido de Flores del que era Juez de Paz, don Carlos Naón (1803-1861), había donado una manzana de su quinta al Ferrocarril del Oeste en 1856 y allí se construyó dicha estación. En los alrededores había una gran cantidad de quintas pertenecientes a los habitantes de Buenos Aires que buscaban un lugar de descanso apartándose del centro.El ferrocarril, que pertenecía a una compañía constituida por empresarios nacionales, tuvo muchas dificultades financieras, por lo que el 1° de enero de 1863 fue adquirido por la Provincia de Buenos Aires, quien lo explotó hasta 1889, fecha en que fue vendido a la compañía británica Buenos Aires Western Railway Ltda.Hacia 1902, se instaló la cabecera este en la estación Once de Septiembre y, a los efectos de mejorar el tránsito tanto del ferrocarril como de los vehículos que atravesaban las vías por las calles transversales, se decidió hacerlas correr a 6 metros bajo el nivel del suelo hasta la calle Rojas en Caballito. Para ello, se iniciaron las obras el 10 de mayo de 1902 para concluirlas dos años más tarde, hacia fines de 1904. Las obras costaron 1.200.000 pesos oro e incluían, además del tendido de dos vías adicionales, la construcción de puentes de hierro y acero para atravesarlas. En 1914 se electrificó el ramal entre Once y Caballito y el 30 de abril de 1923 se inauguró el servicio eléctrico hasta Moreno. Por ese entonces, la empresa contaba con 47 coches motor y 45 vagones.Mientras tanto, en 1863, se inició la construcción del Ferrocarril Central Argentino, de Rosario a Córdoba. Por la misma época, en 1862, se firmó el contrato para la construcción del Ferrocarril Sud, cuyo trazado de trocha ancha corría desde el Mercado de Constitución hasta Chascomús. Hacia 1880 se habían construído 2.516 kilómetros de vías, de los cuales 1.227 pertenecían al Estado, 2.544 al Andino, 427 a la provincia de Buenos Aires y el resto se distribuía entre siete empresas privadas. La red ferroviaria alcanzó con la generación del '80 una extensión de 9.397 kilómetros y las inversiones alcanzaban un monto de 320 millones de pesos oro.La rápida extensión ferroviaria fue potenciada por el interés político de utilizar al nuevo transporte como un eficaz mecanismo para el control del territorio nacional. Si bien los ferrocarriles, en aquellos años, colaboraron para mejorar la recaudación de la aduana, fortaleciendo el dominio porteño sobre el resto de las provincias, mayor interés económico tuvieron los capitales extranjeros. Fueron los ingleses, quienes encontraron en los trenes de carga un medio rápido y eficaz en el proceso de traslado de materia prima a zonas portuarias, para desde allí embarcarlas rumbo a Europa.A principio del siglo XX, el desarrollo ferroviario impulsó el crecimiento agropecuario y sus exportaciones a Europa. Un desarrollo que tenía como contrapartida el estancamiento de la Argentina industrial. Fueron años donde nuestro país importaba, del viejo continente, productos manufacturados con materia prima argentina.

La corrupción y el deterioro social

Desde hace algunos años, la Organización No Gubernamental
"Transparency International" (Transparencia Internacional), con sede en Berlín, elabora el Indice de Percepción de la Corrupción, en cuyo ranking los países latinoamericanos ostentan el dudoso privilegio de estar entre los peor calificados del planeta junto a los africanos y en las antípodas de Dinamarca, Finlandia, Suecia, Canadá u Holanda quienes califican como los más honestos del mundo.

Si bien la corrupción ha existido siempre y en todas partes, es evidente que en los últimos años el fenómeno se ha desarrollado exponencialmente. Hay un notorio debilitamiento de las bases republicanas a partir de los sucesivos quiebres institucionales que padecieron muchos paises en las últimas décadas. Golpes de estado, asonadas, rebeliones y chirinadas, se sucedieron ante la notable indiferencia de la gente, que en mayor o menor grado, aprobó con naturalidad las interrupciones al orden constitucional sin advertir las trágicas consecuencias que tales hechos traerían aparejados en la vida cotidiana de todos los ciudadanos.Ciertamente, cada gobierno (de facto o constitucional) que asumía, comenzaba su gestión arrastrando "la pesada herencia" que le dejaba el anterior, desdeñando la responsabilidad que le cabía, ya sea por acción u omisión durante el período precedente, remitiéndonos al viejo cuento del huevo y la gallina; pero lo que es absolutamente cierto es que jamás la corrupción fue tan desembozada como en los últimos tiempos. Basta hacer un ligero ejercicio de la memoria para encontrar suficientes episodios que sustentan acabadamente esta aseveración.Cuando se habla de corrupción, se tiende a responsabilizar solamente a algunos sectores de la sociedad como los políticos, los sindicalistas o los empresarios como sus exclusivos depositarios, aunque también existen personas que creen que se da necesariamente dentro de las estructuras del Estado, presuponiendo que sus mecanismos permiten crear focos de corrupción que se reducirán en la medida que éste desaparezca. En realidad, no sólo son corruptos aquellos que se enriquecen ilícitamente, lo es también el sistema de valores de la sociedad que admite la corrupción y a cuya sombra ésta prospera.Cuando la sociedad acepta resignadamente al individuo económicamente poderoso, aunque las sospechas de que su fortuna fue mal habida son numerosas, es evidente que algo funciona mal en su seno; de algún modo todos estamos involucrados desde el momento en que miramos ciertos programas de TV o leemos determinadas revistas en las que los personajes "exitosos" se florean mostrándonos sus riquezas descaradamente, cuando no mucho tiempo atrás aparecían en la sección "judiciales" de los diarios intentando explicar lo inexplicable, esperando que el tiempo corra y tienda un piadoso manto de olvido.
En la actualidad se ha creado un círculo vicioso entre el poder político y el poder económico: mediante las contribuciones a los partidos, por ejemplo, el poder económico adquiere poder político, y éste sirve de trampolín para alcanzar el poder económico. La ambigüedad de las leyes contribuye a potenciar el equívoco: el pago es legal cuando se trata de una campaña política y se lo califica de soborno cuando a los políticos que alcanzaron su puesto en la administración pública gracias a aquellas contribuciones, se les paga para obtener determinados favores. Desde el punto de vista económico, es imposible diferenciar el uno del otro.Durante los últimos años, se ha pretendido convencernos de las bondades de la economía de mercado, moderno eufemismo en lugar de capitalismo salvaje, y de la globalización, moderno eufemismo en lugar de imperialismo; para ello, el poder central encarnado en los países altamente industrializados asociados en el G8, contaron con el denodado esfuerzo de sus esbirros mediáticos y sus adláteres financieros. Los gobiernos de los países del tercer mundo llevaron hasta límites insospechados las "sugerencias" de los organismos internacionales de crédito, sumergiéndonos violentamente en el proyecto de "país en vías de desarrollo" (eufemismo por país subdesarrollado), auspiciando la "teoría del derrame" (impulsar el crecimiento ilimitado de las burguesías económicas nacionales, para que, una vez que ella acumulara grandes ganancias, éstas se derramaran como por arte de magia entre la gente). Los resultados están a la vista: los mayores índices de desempleo, de trabajo informal, de corrupción, de pobreza, etc. que se han conocido en nuestra historia. Eso sí, tenemos teléfonos celulares, televisión por cable y shoppings para entretenernos a modo de novedosos vidrios de colores como los que traían los conquistadores en sus carabelas hace 500 años. Todo lo profetizado sabiamente por Discépolo en su popularísimo tango "Cambalache" se manifestó oprobiosamente antes de llegar al fin de siglo. Habíamos llegado, por fin, al "vale todo"; si la política es el arte de lo posible, pues entonces hagamos todo lo posible y más aún, lo inimaginable: comprar diputados para que aprueben leyes, privatizar las empresas públicas mediante dudosas licitaciones, sentar en la mesa del directorio de las compañias transnacionales a los jefes sindicales que supuestamente defienden a los trabajadores, premiar a los renunciantes funcionarios sospechados de corrupción con algún puestito en una embajada o consulado, postular a artistas y deportistas para que su popularidad impulse el triunfo de una lista en las elecciones, observar impávidamente como muchas personas a quienes elegimos mediante el voto se enriquecen espectacularmente sin que sus ingresos lo justifiquen, etc., etc.. etc. Propuestas ideológicas?, para qué?. Dejemos todo en manos del "mercado", que él se autorregulará y hará lo indispensable por nuestro bienestar.
Hoy, cuando los discursos políticos suenan cada vez más huecos e increíbles y no entusiasman a nadie, cuando el ejemplo de probidad y honestidad que debieran dar los dirigentes sencillamente apesta, cuando la ética ha huido espantada ante tanto cretinismo, la gente ya no admite hacer sacrificios y posponer su propio interés con el fin de reconstruir la solidaridad y ha optado por la actitud individualista. Las sociedades hoy, se han vuelto por imperio de las circunstancias, más hedonistas, más egoístas. Nadie se preocupa por la comunidad como lo hacían nuestros abuelos inmigrantes; ahora, lo único que le da sentido a su vida es el poder y la riqueza, y como la inmensa mayoría no es ni rica ni poderosa , se consuela admirando y tolerando a los que han llegado a serlo sin importarle de qué manera lo han conseguido.
Es necesario sustituir esta visión economicista de la vida que a través de la racionalidad egoísta de los individuos amenaza a la esencia ética de la sociedad, por una visión utópica del futuro que contenga un programa de cooperación mínimo necesario para vivir en ella.

Memoria, soberanía y otras faltas

Analizar la situación de la Argentina fuera del contexto de los países subdesarrollados en general y latinoamericanos en particular es, por lo menos, temerario; así como pretender que los problemas que tenemos son de nuestra exclusiva responsabilidad es, además, hipócrita. Si bien debemos reconocer nuestra inveterada abulia para enfrentar los contratiempos generados por una estructura social que, a escala mundial, es cada vez más compleja, también debemos aceptar que nuestra condición de país neocolonial, con la consabida pérdida de soberanía económica y todo lo que ello implica, es un lastre muy difícil de sobrellevar.
Todo depende de la óptica con que se mire la cuestión. Si nos dejamos llevar por los comentarios de los analistas especializados en economía que saturan los medios de comunicación, quienes invariablemente atribuyen las causas de las sucesivas crisis a la apatía de los argentinos que, por alguna razón u otra, no hacen los deberes, llegaremos a la conclusión de que la única solución es la llegada de inversiones extranjeras, ya que nosotros no tenemos la capacidad suficiente para administrar empresas ni los medios como para hacerlo. Lo que no nos dicen estos analistas, cuyos pronósticos hacen temblar a la economía, es que muchos de ellos trabajan en calidad de ejecutivos o asesores para esas mismas empresas transnacionales que vienen a invertir, esto es, a hacer negocios principalmente especulativos en nuestro país, sin medir las consecuencias sociales que tales operaciones traen aparejadas.
Es evidente que los intereses de esos economistas y los de las empresas que ellos representan, no están emparentados con los intereses de la mayoría de los argentinos. Lo que no hemos visto por estos pagos, son las inversiones que generen puestos de trabajo, que impulsen el crecimiento, que mejoren sustancialmente la calidad de vida de los argentinos. Tampoco inversiones de riesgo, salvo el que puedan correr los operadores bursátiles cuando tientan a la suerte en el garito en que han convertido a la Bolsa de Valores, la que, hace rato, dejó de ser el reflejo de la solvencia o no de las distintas empresas que allí cotizan sus acciones. Hace mucho tiempo que las riquezas ya no se crean a partir de la producción de bienes materiales sino a partir de especulaciones abstractas, con escaso o ningún vínculo con las inversiones productivas.
Por otro lado, no debemos soslayar el concepto de que el proceso de integración de la economía mundial signado por el avance científico y tecnológico y el gran poder expansivo de los países más desarrollados es vertiginoso e irrefrenable y que sería pernicioso permanecer al margen del desarrollo contemporáneo; pero veamos las dos caras de la moneda: el costo de la radicación de capitales extranjeros es altísimo y, si se quiere, perjudicial, si no se define previamente de que manera participa la Argentina en el proceso de globalización económica actualmente en vigencia. Las grandes empresas extranjeras que vinieron a introducirnos en la modernidad del nuevo milenio, han invertido menos de lo que han prometido, han exterminado a las empresas nacionales carentes de recursos y tecnología adecuados para competir en igualdad de condiciones y remiten periódicamente sus ganancias al exterior sin ningún tipo de trabas.
Los centros de decisión de estas empresas se encuentran normalmente en sus casas matrices y las decisiones por ellas tomadas poco y nada tienen que ver con nuestras necesidades de expansión interna y de búsqueda de nuevos mercados en el exterior para colocar nuestros productos.
Mientras tanto, según estadísticas oficiales, el semianalfabetismo se generaliza: casi el 60% de la población argentina no comprende lo que lee y sólo el 29 % de los alumnos que empiezan la escuela la terminan. El futuro no parece muy promisorio ya que, el 45 % de los chicos del país están por debajo de la línea de pobreza, por lo que, si es que van a la escuela, sólo lo harán durante cuatro o cinco años y después -en el mejor de los casos- irán a mendigar a las calles. Como contrapartida, las familias pudientes les aseguran a sus hijos trece años de escolaridad como mínimo, lo que sumado a la brutal desigualdad que existe en los ingresos entre privilegiados y miserables, con el correr del tiempo la brecha en el nivel educativo de uno y otro sector se irá acentuando cada vez más. Que no nos sorprenda entonces el creciente consumo de drogas y alcohol y las altas tasas de delincuencia que se da entre los jóvenes.
Una vez más, como ha ocurrido a lo largo de nuestra historia y de la de toda Latinoamérica desde la llegada de los españoles para acá, estamos sujetos a los vaivenes políticos y a las apetencias económicas de las potencias hegemónicas de turno y de sus secuaces vernáculos. Sin embargo, cual timorata manada de borregos, seguimos caminando dócilmente hacia el matadero, preocupándonos por los romances de la farándula, entreteniéndonos con programas de televisión nauseabundos y participando de cuanto concurso con premios millonarios se promueva por ahí a ver si nos podemos "salvar". Es el individualismo exacerbado hasta límites insospechados; la solidaridad ha quedado arrumbada en el rincón más oscuro de nuestra memoria.
Esta realidad nos impone el indispensable ejercicio de pensar. Pensar en qué queremos ser y cómo vamos a lograrlo, tanto nacional como regionalmente. No hay otra forma.

29 de abril de 2008

Epicuro. El placer, la amistad y la muerte

Entre los años 307 y 261 a.C. se sucedieron en Grecia guerras y violencia. Cuatro veces fue Atenas objeto de asedio y sus instituciones políticas fueron modificadas por príncipes extranjeros. Tres veces, las insurrecciones fueron sangrientamente aplastadas. El país se había empobre­cido, disminuyendo progresivamente el número de personas que podían pagar la franquicia que daba derecho a intervenir activamente en la vida política. De una democracia, Atenas se había convertido en una timocracia (timé, honor; krátia, gobierno), un sistema de gobierno cuyo poder era ejercido por los ciudadanos que tenían cierta renta. Para muchos de los habitantes, la emigra­ción se convirtió en la única salida.
Epicuro fue testigo de esta situación. Nació en la isla de Samos en el 341 a.C., de una familia de atenien­ses emigrados. A los 14 años, en la cercana isla de Teos, entró en contacto con la matemática y la física de la Escuela Jónica de Tales (624-548 a.C.), Anaximandro (611-546 a.C.) y Anaxímenes (588-534 a.C.), todos ellos nacidos en Mileto. También se interesó -de manera especial- por el atomismo de Demócrito de Abdera (460-370 a.C.), cuya teoría establecía que un cuerpo podía dividirse gran número de veces hasta llegar a una porción de materia pequeñísima, indivisible y sin estructura: el átomo.
Tuvo acceso a la filosofía ateniense cuatro años después, cuando sus obligaciones militares lo llevaron a Atenas. Pero, la persecución política obligó a su familia a emi­grar nuevamente, esta vez a la ciudad de Colofón. Mientras tanto, en Mitilene (capital de la isla de Lesbos) y en Lámpsaco (Misia), Epicuro co­menzó a elaborar su pensamiento filosófico e inició su labor educativa. Debido al prestigio ganado en esta actividad, sus discípulos le insistieron para que se radicara en Ate­nas. Así, en el año 306 a.C., algunos de sus discípulos más acomodados compraron para él una casa con su huerto -el luego famoso Jardín-, en la que abrió la primera escuela filosófica del período helenista. Allí desarrolló una intensísima tarea educativa, formándose a su alrededor un grupo de discípulos de muy distintos orígenes y nivel social: filósofos, como Metrodoro Lampsaceno (330-263 a.C.), esclavos y mujeres entre las cuales había algunas de las más famosas cortesanas de Atenas.
Durante este tiempo, llevó a cabo una amplia producción filosófica. Entre sus libros figuraban "De la naturaleza", "De los átomos y el vacío" y "De los dioses". Muy poco de todo esto se ha conservado. Sólo quedó su testamento, las "Doctrinas principales", así como tres cartas de su rica correspondencia con Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.), Pitocles y Meneceo.
Murió en Atica en el año 270 a.C. rodeado de sus discípulos y amigos, entre los cuales gozó de la mayor consideración. Todo auténtico epicúreo se atu­vo siempre al principio "Obra siempre como si te estuviera mirando Epicuro".
El epicureismo no fue nunca más que una secta filosófica, en confrontación con el estoi­cismo, la escuela fundada por el chipriota Zenón de Citio (333-264 a.C.) y continuada a su muerte por Cleantes de Asos (300-232 a.C.) y Crisipo de Soli (281-208 a.C.). Fue introducida en el ámbito romano por el poeta Tito Lucrecio Caro (99-55 a.C.) en su famoso poema "Sobre la naturaleza de las cosas". Con la llegada del cristianismo, el epicureismo entró en un largo período letárgico y no revivió hasta el siglo XVII de nuestra era, cuando el filósofo francés Pierre Gassendi (1592-1655) lo divulgó ampliamente durante sus intentos por reconciliar el atomismo con el cristianismo.
Es característico de Epicuro y del epicureis­mo ver en la filosofía un modo de cura y de liberación: así como el médico se ocupa de las enferme­dades y sufrimientos del cuerpo, al filósofo le competen las enfermedades y los sufrimientos del alma. La filosofía se convirtió con Epicuro en una terapéutica de las causas de la infelicidad huma­na. En un mundo como éste, presidido por la pobreza material y la insolidaridad, por las guerras y las persecuciones políticas, Epicuro defendió una imagen del mundo y del hombre en la que los dioses y la muerte perdieron sus perfiles amenazadores. Al igual que para los estoicos, aunque con sus propios matices, el conocimiento es la medicina justa.
Todo en la filosofía de Epicuro -su visión física del mundo, sus doctrinas del cono­cimiento y del alma, su idea del origen de la sociedad y de la religión- se entiende como un mensaje de liberación. Él mismo resumió su doctrina en cuatro máximas (a las que denominó cuatro medicinas): "No hay que temer a Dios", "muerte significa ausencia de sensaciones", "es fácil procurarse el bien" y "es fácil soportar el mal".
De igual modo que los estoicos vieron en la filosofía natural de Heráclito de Efeso (544-484 a.C.) el punto de apoyo para sus doctrinas éticas y sociales, el atomismo de Demócrito fue para Epicuro la herramienta intelectual con cuya ayuda pudo llevar a cabo su programa filosófico.
Para Epicuro, el universo constaba únicamente de átomos y de vacío. Aquéllos se mueven en éste, ocasionalmente de forma espontánea, y en sus movimientos chocan los unos contra los otros, formando, al agregarse y disgregarse, no sólo los objetos materiales y eventos naturales, sino mundos en cantidad y variedad infinita. También el alma es un conjunto de átomos de diferentes clases, algunos de los cuales son de una sutileza extrema.
Este atomismo no dejaba muchas opciones en cuanto a lo que puede ser el conocimiento humano. A este respecto, la tesis más importan­te es la de la supremacía de la percepción. "Nuestros sentidos -reconocía Epicuro- pueden engañarnos, pero no hay nada mejor a lo que recurrir. Conocer equivale a formar­nos conceptos de las cosas, y no hay conceptos en absoluto a menos que éstas envíen hacia nosotros copias o imágenes suyas, proporcionadas y semejantes a ellas". En ese proceso de formación de conceptos, nuestros recuerdos, nuestra memoria, pasan a desempeñar un papel decisivo. Cuanto más fieles a su modelo sean esas copias, tanto más precisos serán los correspondientes conceptos.
"Las ideas que solemos tener de los dioses, al menos las que baraja la religión tradicionalmente -dice Epicuro- no concuerdan con lo que nuestros sentidos y nuestro buen juicio nos autorizan a aceptar". Para Epicuro los dioses existían, pero la universalidad de la creencia en seres así, al tener su origen en imágenes tenidas por todos, debía responder a su realidad. Los que no existían para el epicureísmo, eran los dioses tradicionales, los que estaban en el origen de nuestros temores. "Por nuestros sentidos podemos inferir que los dioses están compuestos de una sustancia etérea, que no puede verse alterada por su mezcla con la grosera y corrompible materia de nuestro mundo. Por esto mismo, los dioses han de ser dichosos e inmortales. Y carentes de emociones, pues un ser feliz carece de emocio­nes de todo género. Para nada intervienen en el curso del mundo. No nos castigan. No hay razón para temerles".
Dentro del espíritu liberador de su filosofía, la norma ética más importante para Epicuro era la consecución del placer: "No hay ser vivo que no ande tras él ni alguien que no trate de evitar el dolor".
Ahora bien, cuando Epicuro insta en sus enseñanzas al logro del placer en las ac­ciones humanas, no se refiere al placer que da el goce de cualquier sensación agradable. Por un lado, sostuvo, no puede haber placer en todo aquello de lo cual pueda seguirse algún dolor. Por otro, tampoco puede considerarse placer la satisfac­ción de nuestras pasiones, pues éstas nos hacen menos libres al hacernos esclavos suyos. Epicu­ro recomendó el disfrute de las cosas buenas de la vida, aunque al mismo tiempo consideró que no había placer donde no hubiera virtud. Sola­mente el hombre virtuoso podía evitar el dolor y cultivar la paz o imperturbabilidad (ataraxia) del alma, limitándose a satisfacer sus necesidades y a au­mentar su autonomía del mundo. El auténtico
placer consistía en lograr esa tranquilidad de espíritu y la autosuficiencia. En esa empresa, la amistad es, quizá, la más importante fuente de satisfacción y de compen­saciones. Es cierto que aumenta nuestra depen­dencia de nuestros amigos; pero, ante la soledad y la inseguridad de nuestras vidas, resulta un remedio más eficaz que los vínculos de las instituciones políticas.

La persona que ha accedido a un estado de imperturbabilidad y que es dueña de sus actos tampoco tiene miedo a morir. La filosofía natural dice que la muerte es, pura y simple­mente, ausencia de sensaciones. Los átomos que una vez compusieron un cuerpo humano se han disgregado. Ya nada se siente. Esto, unido a la indiferencia de los dioses ante los asuntos humanos, explica por qué el hombre sabio y virtuoso no le teme ni se angustia por la muerte. En su "Carta a Meneceo" explicó: "Quien ha com­prendido que nada hay de temible en el hecho de estar muerto a nada le temerá en la vida". En "De la naturaleza de las cosas", Lucrecio dice refiriéndose a Epicuro: "Cuando la vida humana yacía torpemente postrada en tierra ante todos, abrumada bajo el peso de la religión, cuya cabeza asomaba en las regiones celestes, amenazando con una horrible mueca abatirse sobre los mortales, un griego fue el primero en levantar hacia ella su mirada mortal y en rebelarse. No lo detuvieron ni lo que se decía de los dioses ni los rayos ni el trueno con su amenazador bramido, sino que acentua­ron más el fuego de su espíritu y su deseo de ser el primero en forzar los firmes cerrojos que guarnecen las puertas de la naturaleza. Su vigoroso espíritu triunfó y llegó lejos, más allá del llameante recinto del mundo y recorrió el todo infinito con su mente y su espíritu. De allí nos trae, como botín de su victoria, el conoci­miento de lo que puede nacer y de lo que no puede nacer, las leyes, en fin, que delimitan el poder de cada cosa, y sus mojones profunda­mente afianzados. Con lo que la religión yace a nuestros pies, vencida; a nosotros el triunfo nos eleva hasta el cielo". A su muerte dejó más de 300 manuscritos, incluyendo tratados sobre física y numerosas obras sobre otros temas, según refiere el historiador griego Diógenes Laercio en el siglo III. A pesar de ello, de sus escritos sólo se han conservado tres cartas y algunos fragmentos breves. Las principales fuentes sobre las doctrinas de Epicuro son las obras de los escritores romanos Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.), Plutarco de Queronea (50-120) y el ya citado Lucrecio. Las influencias del pensamiento de Epicuro se pueden observar en los filósofos ingleses Thomas Hobbes (1588-1679) y John Stuart Mill (1806-1873), y en los alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Nietzsche (1844-1900) entre otros.

El cine alemán como propaganda del Tercer Reich

A poco de asumir el poder Adolf Hitler, el doctor Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, tomó en sus manos las riendas del cine alemán y pidió a sus artistas en un discurso que creasen "El acorazado Potemkin" del nuevo régimen. Sergéi Eisenstein (1898-1948), el director cinematográfico ruso, le contestó en una carta abierta en la que, después de agradecerle el cumplido, le decía al ministro alemán: "No se imagine que su arte guber­namental criado en medio de tanta infamia será capaz de inflamar el corazón de los hombres".
La advertencia de Eisenstein resultó superflua, porque la respuesta nazi cristalizada en "Panzerkreuzer Sebastopol" (El acorazado Sebastopol, 1936), el film de Karl Anton (1898-1979), se encargó de demostrar que no bastaba con jugar a los barcos para ser un buen almirante en lo concerniente al arte cinematográfico. De esta manera, el cine nazi arrancó con mal pie, a pesar de la protección y financiamiento ilimitados que recibían los estudios cinematográficos Universum Film AG (UFA), controlados por el Mi­nisterio de Propaganda.
UFA había conocido su época de esplendor durante la década del 20, cuando llegó a producir alrededor de 600 películas al año. Dentro del contexto del llamado Expresionismo, cineastas como Paul Wegener(1874-1948), Paul Leni (1885-1929), Lupu Pick (1886-1931), Friedrich W. Murnau (1888-1931) y Fritz Lang (1890-1976), hicieron escuela y descollaron con sus películas cuyo tono metafísico reivindicaba claramente lo gótico y lo romántico.
Con la llegada del nazismo al poder, volcado de lleno a la propaganda del partido bajo la dirección de Alfred Hugenberg (1865-1951), comenzaron las amenazas y las presiones políticas sobre los actores y directores de origen judío, lo que produjo una enorme desbandada y puso de manifiesto -con su ausencia- la importancia que habían tenido aquéllos en la cinematografía alemana.
Sólo quedó el notable actor Emil Jannings (1884-1950) -ganador del primer premio Oscar de la historia- quien se convirtió en una especie de actor oficial, galardonado con el título de Actor del Estado en 1941. Para su lucimiento personal se montaron grandes películas biográficas realizadas por Hans Steinhoff (1882-1945), como "Der alte und der junge Konig" (El rey soldado, 1935), sobre Fede­rico Guillermo I de Prusia, el primer film de exaltación nacionalista a través de un tema histó­rico que predicó la primacía del Estado sobre el individuo; "Robert Koch, der bekampfer des todes" (Robert Koch, el vencedor de la muerte, 1939), un homenaje al descubridor del bacilo de la tuberculosis; y "Ohm Krüger" (El presidente Krüger, 1941), una de las muestras más punzantes del cine de propaganda antibritánica, que biografiaba al antiguo presiden­te del Transvaal sudafricano Paul Krüger.
Otra vieja gloria del cine expresionista alemán, George W. Pabst (1885-1967) se incorporó en 1941 a los estudios de Berlín y realizó con gran­des medios económicos pero muy poca convicción los films biográ­ficos "Kömodianten" (Comediantes, 1941), sobre la actriz del si­glo XVIII Caroline Neuber, y Paracelsus (Paracelso, 1943), sobre el mítico alquimista y astrólogo griego del siglo XVI. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Pabst aportó a favor de su proceso de desnazificación la cinta pro-judía "Der prozess" (El proceso, 1947), y "Der letzte akt" (El último acto, 1955), sobre el derrumbamiento del Tercer Reich.
Antes de que estallase la guerra, ya había habido roces entre el cine alemán y las cinemato­grafías aliadas, sobre todo cuando Hollywood produjo "Confessions of a Nazi spy" (Confesiones de un espía nazi, 1939) dirigida por el ucraniano Anatole Litvak (1902-1974) con la actuación de Edward G. Robinson y una larga lista de actores alemanes que habían emigrado de su país tras la llegada de Hitler al gobierno. Sin embargo, la batalla del cine propagandístico la habían iniciado los propios nazis el mismo año en que ocuparon el poder con el estreno de "Morgenrot" (Crepúsculo rojo, 1933), de Gustav Ucicky (1898-1961), considerado como el "primer film del Partido" y una exaltación de la "muerte heroica", que fue presentado tres días después del triunfo de Hitler y en presencia del dictador.
Goebbels, confiado en los cineastas de origen ario, a los que transmitía sus consignas e instrucciones, desconocía por completo el secreto y la razón de ser del arte. El pedagogo italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había escrito en "Gli intellettuali e l'organizzazione della cultura" (Los intelectuales y la organización de la cultura): "Que el hombre político presione para que el arte de su tiempo exprese un deter­minado mundo cultural es una actividad política, no de crítica artística. Si el mundo por el que se lucha es un hecho viviente y necesario, su expansividad será irresistible y dicho mundo encontrará sus artistas. Pero si a pesar de la presión, esta irresistibilidad no se ve y no opera, significa que se trataba de un mundo ficticio y postizo, una elucu­bración de pigmeos que se lamentan de que los hombres de mayor estatura no estén a la altura de ellos".
Esto es, precisamente, lo que ocurría con Goeb­bels y la producción alemana de esos años. En definitiva, fueron muy pocas las películas que -durante doce años de propaganda nazi- consiguieron escapar al ridículo, a pesar de tantos esfuerzos y tantos recursos materiales. El más colosal monumento que logró el cine alemán para resaltar la gloria del Tercer Reich fue el documental "Triumph des willens" (El triunfo de la voluntad, 1934), obra de Leni Riefenstahl (1902-2003), amiga personal de Hitler y asesora cinematográfica del Partido Nacional Socialista desde 1933. Con enormes medios y tras dos años de montaje creó un do­cumento apabullante de dos horas de duración, destinado a conmemorar el Congreso de Nuremberg, y que invariablemente remite al terrible "mundo nuevo" que visionariamente había esbozado una década antes Fritz Lang (1890-1976) en "Metrópolis".
Luego le siguió el extraordinario documental "Olympia" (Olimpíada, 1936), que con la ayuda de treinta y cin­co cámaras y la colaboración oficiosa del director vanguardista Walter Ruttmann (1887-1941), recogió con excepcional calidad las inci­dencias de los IX Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en 1936. La película -con gran rigor do­cumental- valiéndose de largos teleobjetivos, mostraba los pequeños detalles, los preparativos de las pruebas, los nerviosismos, los gestos del Führer du­rante las competiciones -recogidos con una inha­bitual veracidad- y sobre todo el triunfo sensacio­nal del atleta negro Jesse Owens (1913-1980) ante la plana mayor de un régimen que estaba empeñado en sostener la absoluta superioridad de la raza aria.
Ningún otro cineasta alemán fue capaz de alcanzar la solemnidad épica de la Riefenstahl en sus films de propaganda. Desafortunados fueron los intentos de Veit Harlan (1899-1964), quien filmó uno de los más altos ejemplos de cine antisemita, "Jud Süss" (El ju­dío Süss, 1940), una pretendida biografía del banquero y financista del siglo XVIII Joseph Oppenheimer; y de Josef von Báky (1902-1966), director de "Münchhausen" (Las aventuras del barón Münchhausen, 1943), un film de imágenes espec­taculares y extravagantes con el que intentó commemorar el 10º aniversario del cine nacionalsocialista, enterrando, según Goebbels, al "arte degenerado" del expre­sionismo, un producto de los "intelectuales judíos".
Casi ningún título de aquel período ha pasado a la historia del cine por su calidad. Tan sólo algunos honestos artesanos, liberándose de las consignas de la época, llegaron a realizar algún film estimable. Tal es el caso de Helmut Käutner (1908-1980), autor de "Romanze in moll"
(Romance en tono menor, 1943), una lograda adaptación de un relato de Guy de Maupassant (1850-1893), que tal vez sin quererlo reflejó con sus melancólicas imágenes el sufrimiento de muchos ale­manes durante su doloroso itinerario a través de una era siniestra.

El clásico River-Boca (1991-2000)

1991 26-Ene BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1991 16-Feb BOCA 2 RIVER 0 Amistoso
1991 27-Feb BOCA 4 RIVER 3 Copa Libertadores de América
1991 20-Mar RIVER 0 BOCA 2 Copa Libertadores de América
1991 31-Mar BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Primera División
1991 10-Nov BOCA 0 RIVER 0 Torneo Apertura
1992 22-Ene BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1992 17-Feb BOCA 1 RIVER 0 Amistoso
1992 03-May RIVER 2 BOCA 2 Torneo Clausura
1992 11-Oct BOCA 1 RIVER 0 Torneo Apertura
1993 23-Ene BOCA 2 RIVER 2 Amistoso
1993 27-Ene BOCA 1 RIVER 0 Amistoso
1993 10-Feb BOCA 1 RIVER 1 Amistoso
1993 14-Feb RIVER 2 BOCA 1 Amistoso
1993 11-Abr RIVER 0 BOCA 2 Torneo Clausura
1993 03-Jul BOCA 0 RIVER 0 Copa Centenario
1993 18-Jul RIVER 1 BOCA 0 Copa Centenario
1993 17-Oct RIVER 0 BOCA 1 Torneo Apertura
1994 26-Ene BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1994 19-Feb BOCA 1 RIVER 0 Amistoso
1994 23-Feb BOCA 3 RIVER 1 Amistoso
1994 30-Abr BOCA 0 RIVER 2 Torneo Clausura
1994 06-Oct RIVER 0 BOCA 0 Supercopa Sudamericana
1994 13-Oct BOCA 1 RIVER 1 Supercopa Sudamericana
1994 11-Dic BOCA 0 RIVER 3 Torneo Apertura
1995 28-Ene RIVER 2 BOCA 0 Amistoso
1995 15-Feb RIVER 0 BOCA 0 Amistoso
1995 18-Jun RIVER 2 BOCA 4 Torneo Clausura
1995 26-Nov RIVER 0 BOCA 0 Torneo Apertura
1996 27-Ene RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1996 15-Feb RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1996 14-Jul BOCA 4 RIVER 1 Torneo Clausura
1996 29-Sep BOCA 3 RIVER 2 Torneo Apertura
1997 30-Ene BOCA 4 RIVER 1 Amistoso
1997 16-Feb RIVER 1 BOCA 1 Amistoso
1997 23-Mar RIVER 3 BOCA 3 Torneo Clausura
1997 25-Oct RIVER 1 BOCA 2 Torneo Apertura
1998 24-Ene BOCA 0 RIVER 0 Amistoso
1998 10-Feb BOCA 0 RIVER 0 Amistoso
1998 11-Abr BOCA 3 RIVER 2 Torneo Clausura
1998 25-Oct RIVER 0 BOCA 0 Torneo Apertura
1999 27-Ene BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1999 10-Mar BOCA 3 RIVER 0 Amistoso
1999 09-May BOCA 2 RIVER 1 Torneo Clausura
1999 17-Oct RIVER 2 BOCA 0 Torneo Apertura
2000 12-Ene RIVER 3 BOCA 0 Amistoso
2000 29-Ene BOCA 2 RIVER 0 Amistoso
2000 09-Feb BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
2000 14-May BOCA 1 RIVER 1 Torneo Clausura
2000 17-May RIVER 2 BOCA 1 Copa Libertadores de América
2000 24-May BOCA 3 RIVER 0 Copa Libertadores de América
2000 15-Oct RIVER 1 BOCA 1 Torneo Apertura

ESTADISTICA PARCIAL
PARTIDOS JUGADOS: 52
RIVER GANO: 10
BOCA GANO: 26
EMPATES: 16

ESTADISTICA TOTAL
PARTIDOS JUGADOS: 282
RIVER GANO: 92
BOCA GANO: 100
EMPATES: 90

28 de abril de 2008

El anteojo astronómico de Galileo

Cuenta la leyenda que Arquímedes de Siracusa (287-212 a.C.), el más ilustre científico del mundo antiguo, creador de al menos cuarenta inventos entre los que se cuentan el sistema de poleas, el torno, la rueda dentada y el tornillo sinfín, habría exclamado: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". El punto de apoyo de Galileo Galilei (1564-1642) fue el telescopio y el mundo que con él puso en movimiento fue nada menos que la Tierra.Es posible que el astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) tuviese ya antes que Galileo los elementos teóricos necesarios para explicar el funcionamiento del telescopio, pero sólo Galileo reunió la agudeza de ingenio y la habilidad del constructor necesarias para fabricarlo y luego entenderlo teóricamente. Luego, tuvo el valor de atreverse a mirar con él al inmenso cielo.
Las fechas que jalonan la construcción del an­teojo astronómico y los primeros descubrimientos realizados se agolpan unas tras otras en muy poco tiempo, lo cual revela la manera enfebrecida con que Galileo trabajó en su desarrollo, así como la excitación que le producían los importantes descubrimientos que con él iba reali­zando: en sólo un año, construyó y per­feccionó el anteojo y descubrió las monta­ñas de la Luna, la naturaleza de la Via Láctea y de las nebulosas, los satélites de Júpiter, los ani­llos de Saturno, las fases de Venus y las manchas del Sol entre otras cosas.
Hacia 1608, el holandés Hans Lipperhey (1570-1619) diseñó un ca­talejo, obtuvo la patente del entonces gobernante de los Países Bajos, Mauricio de Nassau (1567-1625), y lo puso a la venta. El 3 de agosto de 1609, enterado de ello, Galileo decidió aplicarse al problema "resolviéndolo la primera noche y construyendo al día siguiente el instrumento", tal como cuenta el científico italiano Paolo Sarpi (1552-1623) en una carta. En poco menos de medio año, Ga­lileo llevó el anteojo astronómico casi al límite de sus posibilidades: lo hizo pasar de 3 aumentos a 8, luego a 20 y luego a 30.
El 24 de agosto de 1609 le escribió una carta al Dux de Venecia Leonardo Donato (1536-1612) ofreciéndole el instrumento para usos mili­tares y poco después, a cambio de un gran aumento en su salario, cedió los derechos exclusivos para la fabricación de telescopios al Senado Veneciano. A partir del 7 de enero de 1610, Galileo empezó a anotar, día a día, sus observaciones sobre las "estrellitas" que acompañan a Júpiter. Estas anotaciones y otras anteriores, formarán su libro "Sidereus nuncius" (Mensajero sideral). Cuatro días después, ya interpretó correctamente sus observaciones: esas estrellitas son "errantes en torno a Júpiter, a la manera de Ve­nus y Mercurio en torno al Sol".
El 1 de marzo obtuvo de la Inquisición y del Senado la licencia para editar "el libro intitu­lado Sidereus nuncius, en el que no se halla cosa alguna contraria a la Fe Católica, a los principios y buenas costum­bres". Al día siguiente, hizo una última ano­tación de sus observaciones sobre los satélites de Júpiter, después de casi dos meses de trabajo constante (interrumpido por sólo diez noches nu­bladas en el normalmente diáfano cielo italiano). Incluso el final del libro parece apresurado: "La falta de tiempo me impide proseguir: espere el amable lector más acerca de estas cosas en breve". El 8 de marzo la obra fue registrada en el legajo 39 del libro de registros de Padua y cuatro días más tarde, se la dedicó a su protector, el Gran Duque de Toscana Cosme II de Medicis (1590-1621). Apenas habían transcurrido diez días entre la última observación astronómica registra­da y la fecha de publicación del libro.
Galileo prosiguió con sus investigaciones y el 25 de julio descubrió los anillos de Saturno. En una carta fechada a fines de ese año manifestó: "de tres meses a esta parte vengo observan­do las fases de Venus". Ya en 1611, más precisamente el 14 de abril, en una cena en su honor organizada por Federico Cesi (1585-1630) fundador de la Accademia dei Lincei (Academia de los Linces), el filólogo y matemático Giovanni Demisani (1576-1614) llamó por pri­mera vez "telescopio" al anteojo astronómico construido por Galileo. A la semana siguiente, Galileo fue admitido en la academia científica gracias a su invento y a los descubrimientos realizados.
Después vendría la persecución de la Iglesia Católica de la mano del cardenal Roberto Belarmino (1542-1621) -que ya había hecho quemar en la hoguera al filósofo y teólogo Giordano Bruno (1549-1600)- quien declaró que la teoría de Galileo era "absurda en filosofía y errónea en teología". Cuando comenzaron a correr los rumores acerca de la abjuración de Galileo y a la sentencia que se le había impuesto, el Cardenal hizo una aclaración: "Galileo no abjuró entre mis manos ni entre las de ninguno otro en Roma, ni en otra parte, que nosotros sepamos, ninguna de sus opiniones o doctrinas; tampoco se le impuso penitencia absolutoria. Tan sólo se le notificó la declaración hecha por el Papa y publicada por la Congregación del Indice, en que se dice que la doctrina atribuida a Copérnico, según la cual la tierra gira alrededor del sol, y que el sol permanece en el centro del Universo sin moverse de Oriente a Occidente, no puede defenderse ni sostenerse en un sentido contrario a las Sagadas Escrituras".
Tres siglos más tarde, el filósofo, historiador y matemático inglés Bertrand Russell (1872-1970), refiriéndose a Galileo escribió en "Unpopular essays" (Ensayos impopulares, 1950): "Después hizo un telescopio e invitó a los profesores a mirar por él los satélites de Júpiter. Los profesores rehusaron, exponiendo como motivo que Aristóteles no había mencionado dichos satélites, y que, por eso, cualquiera que pensase que lo veía tenia que estar equivocado".
El propio Galileo había dicho en una carta sobre uno de ellos: "Ha muerto en Pisa el filósofo Libri, acérrimo impugnador de esas fruslerías mías, el cual, no habiéndolas querido ver en la Tierra, quizá las vea en el cielo".

El clásico River-Boca (1981-1990)

1981 10-Abr BOCA 3 RIVER 0 Campeonato Metropolitano
1981 05-Jul RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1981 27-Sep BOCA 2 RIVER 3 Campeonato Nacional
1981 01-Nov RIVER 2 BOCA 2 Campeonato Nacional
1982 06-Feb RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1982 07-Mar RIVER 1 BOCA 5 Campeonato Nacional
1982 25-Abr BOCA 0 RIVER 0 Campeonato Nacional
1982 05-Ago BOCA 0 RIVER 0 Copa Libertadores de América
1982 19-Sep RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1982 30-Sep RIVER 1 BOCA 0 Copa Libertadores de América
1982 22-Dic BOCA 0 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1983 26-Feb BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1983 05-Oct RIVER 1 BOCA 2 Campeonato Metropolitano
1983 19-Oct BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Metropolitano
1984 01-Feb BOCA 2 RIVER 0 Amistoso
1984 17-Feb BOCA 3 RIVER 0 Amistoso
1984 24-Jun BOCA 1 RIVER 1 Campeonato Metropolitano
1984 11-Nov RIVER 4 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1985 26-Feb RIVER 3 BOCA 2 Amistoso
1985 27-Oct RIVER 1 BOCA 0 Campeonato Primera División
1985 20-Dic RIVER 1 BOCA 1 Amistoso
1986 11-Ene RIVER 1 BOCA 1 Amistoso
1986 12-Feb RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1986 28-Mar BOCA 1 RIVER 1 Amistoso
1986 06-Abr BOCA 0 RIVER 2 Campeonato Primera División
1986 09-Jul BOCA 1 RIVER 1 Copa Libertadores de América
1986 20-Ago RIVER 1 BOCA 0 Copa Libertadores de América
1986 02-Nov BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Primera División
1987 28-Ene RIVER 3 BOCA 3 Amistoso
1987 11-Feb RIVER 3 BOCA 1 Amistoso
1987 25-Feb RIVER 2 BOCA 2 Amistoso
1987 13-Abr RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Primera División
1987 22-Nov RIVER 3 BOCA 2 Campeonato Primera División
1988 27-Ene BOCA 1 RIVER 0 Amistoso
1988 23-Feb BOCA 2 RIVER 1 Amistoso
1988 30-Abr BOCA 2 RIVER 2 Campeonato Primera División
1988 18-Sep RIVER 0 BOCA 2 Campeonato Primera División
1989 05-Feb BOCA 0 RIVER 0 Campeonato Primera División
1989 19-Jul RIVER 0 BOCA 0 Liguilla Pre-Libertadores
1989 24-Jul BOCA 0 RIVER 0 Liguilla Pre-Libertadores
1989 27-Jul BOCA 1 RIVER 2 Liguilla Pre-Libertadores
1989 06-Sep BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Primera División
1990 20-Ene BOCA 0 RIVER 0 Amistoso
1990 19-Feb RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1990 02-Feb RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Primera División
1990 23-Sep RIVER 2 BOCA 0 Campeonato Primera División

ESTADISTICA PARCIAL
PARTIDOS JUGADOS: 46
RIVER GANO: 15
BOCA GANO: 12
EMPATES: 19

ESTADISTICA TOTAL
PARTIDOS JUGADOS: 230
RIVER GANO: 82
BOCA GANO: 74
EMPATES: 74

27 de abril de 2008

¿Quién mató al chofer? (Un descuido de Chandler)


Publicada en 1939 cuando tenía cincuentiún años de edad, “The big sleep” (El sueño eterno) significó la fulgurante irrupción de Raymond Chandler (1888-1959) en el ámbito de la novela negra y la primera aparición en sociedad de su insigne personaje, el irrepetible Philip Marlowe. En esta novela, al igual que en sus relatos precedentes -con su estilo cínico e irónico de siempre- Chandler se ocupó menos del acertijo o enigma a resolver que de reflejar críticamente las miserias de una sociedad en apariencia espléndida pero en esencia marginal e injusta.
"Es ya un lugar común de la crítica señalar que el detective privado -particularmente Marlowe- era una respuesta a la corrupción de la década de los años '20 y a a injusticia social de los '30 -dice Matthew Bruccoli (1931) en su conciso ensayo "Raymond Chandler y Hollywood"-. Sin embargo, no es nece­arlo buscar causas políticas y sociales para compren­der la preocupación de Marlowe por el honor y la justi­cia, ya que ésa era la preocupación moral de Raymond Chandler. Este no era un político, y su obra no incluye ideas políticas, aparte de su desconfianza por el poder. Recuérdese que Chandler vivió en Inglaterra de los ocho a los veinticuatro años (1896 a 1912) y se educó en la escuela pública del Dulwich College. El código de Chandler/Marlowe es el del caballero de los reyes Eduardo y Jorge. Su protagonista es un caballero inglés, trasplantado a una de las pintorescas colonias, donde da ejemplo a los nativos del lugar".
Como sea que fuera, la novela resultó un éxito y pronto se pensó en adaptarla a la pantalla grande. Para su versión cinematográfica, la compañía Warner Bros. Pictures contrató al director Howard Hawks y a los guionistas Jules Furthman, Leigh Brackett y William Faulkner, quienes tenían a esa altura valiosos antecedentes al momento de comenzar la tarea. Howard Hawks (1896-1977) era prolífico director que ya había dirigido una treintena de películas, entre ellas "The road to glory" (El camino a la gloria, 1926), "Scarface" (Cara cortada, 1932), "Today we live" (Vivamos hoy, 1933), "Only angels have wings" (Sólo los ángeles tienen alas, 1939) y "To have and have not" (Tener y no tener, 1944).


El escritor William Faulkner (1897-1962), autor de las novelas "The sound and the fury" (El sonido y la furia, 1929) y "Absalom, Absalom!" (¡Absalón, Absalón!, 1936), ya había colaborado con Hawks escribiendo los guiones de "El camino a la gloria", "Vivamos hoy" y "Tener y no tener", además del de "Gunga Din", la película que realizó en 1939 el director George Stevens (1904-1975). Mientras tanto, Jules Furthman (1888-1966), había trabajado como guionista en "Shanghai express" (El expreso de Shanghai, 1932) del austríaco Josef von Sternberg (1894-1969), "Mutiny on the Bounty" (Rebelión a bordo, 1935) del escocés Frank Lloyd (1886-1960) y había sido coguionista con Faulkner de "Tener y no tener". Por su parte, la escritora de ciencia ficción y novelas de misterio Leigh Brackett (1915-1978), que había publicado con bastante suceso "Martian quest" (La cuestión marciana, 1940), "No good from a corpse" (Malo para un cadáver, 1944) y "Stranger at home" (Un extraño en casa, 1946), iba a debutar como guionista en esta película. El experimentado Sid Hickox (1895-1982) se encargó de la fotografía en blanco y negro, y la banda sonora fue realizada por el maestro Max Steiner (1888-1971). Protagonizada por Humphrey Bogart (1899-1957) y Lauren Bacall (1924), la película se estrenó el 23 de agosto de 1946.


El film presentó una desbordante química entre los protagonistas estelares dentro de una perturbadora atmósfera, con diálogos cínicos, perspicaces e insinuantes y su principal mérito radicó en el logro de un clima absorbente, enigmático y sensual. Ahora bien, si el argumento de la novela ya era enrevesado, mucho más lo fue en su versión cinematográfica. Tanto fue así, que una pregunta quedó sin resolver en el film: ¿Quién mató a Owen Taylor, el chofer?
Durante el rodaje, la misma duda se le presen­tó a la guionista Leigh Brackett. Intrigada, consultó a Humprey Bogart, quien más intrigado aún, recurrió a Hawks. Este decidió cortar por lo sano y telegrafió la pregunta a Raymond Chandler. La respuesta fue breve: "Yo tampoco lo sé".

26 de abril de 2008

El clásico River-Boca (1971-1980)

1971 10-Mar BOCA 1 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1971 10-Jun RIVER 3 BOCA 3 Campeonato Metropolitano
1971 28-Nov RIVER 3 BOCA 1 Campeonato Nacional
1972 12-Mar RIVER 0 BOCA 4 Campeonato Metropolitano
1972 18-Jun BOCA 2 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1972 15-Oct RIVER 5 BOCA 4 Campeonato Nacional
1972 13-Dic RIVER 3 BOCA 2 Campeonato Nacional
1973 04-Mar RIVER 2 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1973 27-Jun BOCA 5 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1973 11-Nov BOCA 0 RIVER 1 Campeonato Nacional
1974 23-Ene RIVER 0 BOCA 0 Amistoso
1974 03-Feb BOCA 5 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1974 31-Mar RIVER 3 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1974 19-Abr RIVER 2 BOCA 1 Amistoso
1974 04-Jun BOCA 2 RIVER 0 Amistoso
1974 15-Jun RIVER 2 BOCA 0 Amistoso
1974 20-Jun RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1974 23-Jun RIVER 0 BOCA 0 Amistoso
1974 30-Jun RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1974 25-Ago BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Nacional
1974 03-Nov RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Nacional
1975 10-Feb RIVER 2 BOCA 2 Amistoso
1975 17-Abr BOCA 1 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1975 27-Jul RIVER 0 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1975 21-Sep BOCA 1 RIVER 2 Campeonato Nacional
1975 26-Oct RIVER 1 BOCA 2 Campeonato Nacional
1976 18-Feb RIVER 0 BOCA 0 Campeonato Metropolitano
1976 18-Abr BOCA 0 RIVER 1 Campeonato Metropolitano
1976 26-Sep BOCA 1 RIVER 1 Campeonato Nacional
1976 14-Nov RIVER 0 BOCA 2 Campeonato Nacional
1976 22-Dic RIVER 0 BOCA 1 Campeonato Nacional
1977 12-Feb RIVER 0 BOCA 0 Amistoso
1977 09-Mar BOCA 1 RIVER 0 Copa Libertadores de América
1977 18-May RIVER 0 BOCA 0 Copa Libertadores de América
1977 14-Ago RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1977 29-Nov BOCA 1 RIVER 2 Campeonato Metropolitano
1978 25-Feb BOCA 1 RIVER 1 Amistoso
1978 27-Feb RIVER 2 BOCA 0 Amistoso
1978 12-Jul BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Metropolitano
1978 19-Sep BOCA 0 RIVER 0 Copa Libertadores de América
1978 15-Oct RIVER 1 BOCA 0 Campeonato Metropolitano
1978 17-Oct RIVER 0 BOCA 2 Copa Libertadores de América
1979 21-Feb RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1979 21-Mar BOCA 3 RIVER 1 Amistoso
1979 03-Jun RIVER 1 BOCA 0 Amistoso
1979 23-Sep RIVER 1 BOCA 1 Campeonato Nacional
1979 11-Nov BOCA 1 RIVER 1 Campeonato Nacional
1980 06-Feb RIVER 1 BOCA 1 Amistoso
1980 02-Mar BOCA 2 RIVER 5 Campeonato Metropolitano
1980 15-Jun RIVER 2 BOCA 1 Campeonato Metropolitano
1980 16-Jul RIVER 1 BOCA 1 Amistoso
1980 21-Sep RIVER 2 BOCA 2 Campeonato Nacional
1980 02-Nov BOCA 1 RIVER 0 Campeonato Nacional

ESTADISTICA PARCIAL
PARTIDOS JUGADOS: 53
RIVER GANO: 21
BOCA GANO: 14
EMPATES: 18

ESTADISTICA TOTAL
PARTIDOS JUGADOS: 184
RIVER GANO: 67
BOCA GANO: 62
EMPATES: 55

Dibujos animados. Un preludio

Los dibujos animados nacieron antes que el cine mismo. Para conocer sus orígenes hay que remontarse a las célebres "Pantomimes lumineuses" (Pan­tomimas luminosas) que el inventor francés Emile Reynaud (1844-1918), tras crear el praxinoscopio -basado en el análisis del movimiento y su reproducción-, exhibía desde 1892 en el Museo Grévin para asombro y de­leite del público parisino. Pero, Reynaud pintaba sus muñecos directamente sobre una ban­da de papel y no como se haría más tarde, es decir, fotografiando sobre película las series de dibujos. Para que el cine de animación fuera una rea­lidad fue necesario inventar previamente el artificio llamado "paso de manivela" o "imagen por ima­gen", cuya paternidad se disputan el inglés James Stuart Blackton (1875-1941), el español Segundo de Chomón y Ruiz (1871-1929) y el francés Georges Mélies (1861-1938).


Sin embargo, el auténtico pionero de los dibujos animados no fue ninguno de ellos, sino el francés Emile Cohl (1857-1938), que acabó sus días en la miseria a pesar de ser el fundador de un género que re­portaría con el correr de los años inmensos beneficios económicos. Cohl creó sus primeros muñecos en Fran­cia hacia 1908, pero prosiguió su carrera en los Es­tados Unidos desde 1914, en donde dio vida, con la co­laboración del historietista George McManus (1884-1954), al personaje Snookum, protagonista de la primera serie de dibujos ani­mados del mundo. De regreso en Francia al finalizar la guerra, creó en 1918 junto a Louis Forton (1879-1934) la serie protagonizada por Pieds Nickelés.
Si bien el género nació en Francia, conoció su des­arrollo y esplendor en los Estados Unidos. Muy poco después de que Cohl iniciase sus experiencias animadas, el historietista Winsor McCay (1867-1934) creaba en Norteamérica el curioso y sim­pático personaje Gertie el dinosaurio en 1909, inspirándose en el estilo de las historietas cómicas po­pulares. Fue también el norteamericano Earl Hurd (1880-1940) quien perfeccionó decisivamente la técnica de los dibujos animados, al patentar en 1915 el uso de hojas transparentes de celuloide para dibujar las imágenes, lo que permitió su­perponer a un fondo fijo las partes en movimien­to. Este método de trabajo, mejorado por los dibujantes Raoul Barré (1874-1932) y Bill Nolan (1894-1956), que introdujo el movimiento de panorámica en los fondos, abrió una etapa de gran progreso en los dibujos animados.


Los hermanos Max Fleischer (1883-1972) y Dave Fleischer (1894-1979) dieron vida a personajes que alcanzaron gran populari­dad, como el travieso payaso Koko entre 1920 y 1930, y la seductora Betty Boop entre 1930 y 1939, la parodia de una vampiresa con su boca en forma de corazón y su traje ceñido con falda corta inspirado en la popular cantante Helen Kane (1903-1966), que alborotó a las ligas puritanas y final­mente fue prohibido por el Comité Nacional Republicano que presidía el censor William Harrison Hays (1879-1954). El persona­je más duradero de los hermanos Fleischer fue el marinero Popeye (1930/1947), creado ori­ginalmente por el historietista Elzie Crisler Segar (1894-1938) para una publicidad de espinacas en conserva, y que luego devino en la inolvidable serie animada en la que mantenía eternas peleas con el barbudo Bluto, disputándose el corazón de Olivia, a quien siempre recuperaba gracias a la contundente fuerza que obtenía gracias a la oportuna ingestión de espinacas. Su popularidad fue tan grande que la Marina norteamericana lo utilizó en sus campañas de reclutamiento antes de la Segunda Guerra Mundial.
El australiano Pat Sullivan (1887-1933), por su parte, fue el autor en 1917 del afortunado gato Félix, una suerte de preludio de los animales antropomórficos que crearía Walt Disney tiempo después. Nacido en Chicago el 5 de diciembre de 1901 y fallecido en Hollywood el 15 de diciembre de 1966, el caricaturista y dibujante publicitario Walt Disney se interesó por los dibujos animados hacia 1919 y creó la serie Alice Comedies (1924/1926) y la del conejo Oswald (1927/1928), el antece­dente del ratón Mickey que apareció en 1928, ideado probable­mente por su ayudante Ubbe Ert Iwwerks (1901-1971).


La incorpora­ción del sonido en 1928 le permitió jugar con los efectos musicales, creando felices gags cómicos. La etapa de las "Silly symphonies" (Sinfonías tontas) se inició con "Skeleton dance" (La danza macabra, 1929), en donde unos esqueletos golpeaban sus huesos emitiendo notas de xilofón, y también adoptó la nueva tecnología del Technicolor para reproducir en pantalla los colores reales, a partir de "Flowers and trees" (Arboles y flores, 1932). Disney dio vida a una pintoresca fauna humanoide, como Horacio el Caballo en 1929, el perro Pluto y la vaca Clarabella en 1930 y el pato Donald en 1934, que caricaturizaban bajo sus rasgos animales la psicología de los humanos. Mickey Mouse, el prime­ro de la serie y surgido de las cintas musicales, compañero de la encantadora Minnie (creada también en 1928), fue un personaje cándido y bondadoso, que se convirtió en símbolo del triunfo del débil sobre la fuerza bruta.
Pero poco a poco, los personajes fueron ha­ciéndose más complejos, astutos y hasta agresivos, como el perro Pluto y sobre todo el pato Donald, una certera caricatura del norteamericano medio, audaz e infantil, vanidoso e irascible, pre­sa fácil de rabietas y de euforias delirantes. Todo este conjunto de animales estilizados, como la coqueta pata Daisy creada en 1940 o el simpático, perezoso y despistado Goofy o Tribilín creado en 1932, surgió de las fantasías de Disney, quien además recreó la fábula de "The three little pigs" (Los tres cerditos, 1935), en la que el cerdito trabajador no era devorado por el lobo, en consonancia con las consignas políticas del New Deal del presidente Franklin Roosevelt (1882-1945). En 1935 consiguió Disney un nuevo método que facilitaba la descomposición del dibujo en varios términos in­dependientes y que utilizó por primera vez en "The old mill" (El viejo molino, 1937).


La madurez de su compleja organización industrial le permitió abordar los primeros largometrajes de dibujos animados en la historia del cine. El primero de ellos fue "Snow White and the seven dwarfs" (Blancanieves y los siete enanitos, 1937), que obtuvo un gran éxito mundial. La realización de un largometraje de esta es­pecie, que costó 1.700.000 dólares y contó con cer­ca de 400.000 dibujos, necesitó una vasta, rígida y eficaz organización, con una acentuada división del trabajo. Esta era, precisamente, una de las características de los estudios de Disney en Burbank, en donde se produjeron luego "Pinocchio" (Pinocho, 1940), inspirado libremente en el per­sonaje creado en 1880 por el italiano Carlo Collodi (1826-1890), "Dumbo" (1941) y "Bambi" (1942), que confirmaron las virtudes y limitaciones del gran mago de los dibujos animados.
Seguro de sí mismo, Walt Disney emprendió con "Fantasía" (1940) un ambicioso experimento audiovisual, intentando plasmar en imá­genes la música de Bach (Toccata y fuga), Tchaikowski (Cascanueces), Dukas (El aprendiz de bru­jo), Stravinsky (La consagración de la primave­ra), Beethoven (La sinfonía pastoral), Ponchielli (La danza de las horas), Mussorgsky (Una noche en el Monte Pelado) y Schubert (Ave María). Para conseguirlo, com­binó imágenes reales con dibujos animados e ideó para la película un sistema de sonido estereofónico con cuatro pistas llamado Fantasound, sistema que había ensayado en 1934 el pionero del cine mudo francés Abel Gance (1889-1981).
"Fantasía" se inscribió en el dibujo ani­mado de vanguardia, que había conocido ya algunas curiosas experiencias audiovisuales en Eu­ropa. Así, por ejemplo, "Une nuit sur le Mont Chauve" (Una noche en el Monte Chauve, 1933) de Alexandre Alexeieff (1901-1982) y Claire Parker (1910-1981), con música de Mussorgsky, una obra en la que se obtenía la animación mediante una pantalla de alfileres, cuyas cabezas componían las figuras en un estilo puntillista. Otras obras de este tipo fueron "L'idée" (La idea, 1934) de Bertold Bartosch (1893-1968), con música de Arthur Honegger; "La joie du vivre" (La alegría de vivir, 1934) de Anthony Gross (1905-1984) y música de Tibor Harsanyi, o la cinta abs­tracta "A colour box" (Caleidoscopio, 1935), pintada directamente sobre película por el neozelandés Len Lye (1901-1980).


Disney prosiguió sus combinaciones de imagen real y dibujo en "Saludos amigos" (1942) y "The three Ca­balleros" (Los tres caballeros, 1943), películas destina­das al público de América Latina. Pero a pesar de su indis­cutible potencia industrial y de la perfección de su técnica, su colosal imperio comenzó a sentir -a par­tir de 1940- los embates de los competidores. Walter Lantz (1899-1994), por ejemplo, creador en 1939 del oso Andy Panda, inició en 1941 la serie del pájaro carpintero Woody Woodpecker (Pájaro loco), producida por la compañía Universal, que introdujo el sadismo y el furor destructivo en el género, rasgos que serían llevados a una máxima expresión con la pareja formada por el gato Tom y el ratón Jerry, creados por la imaginación de William Hanna (1910-2001) y Joseph Barbera (1911-2006), con la producción de Fred Quimby (1883-1965) de la Metro-Goldwyn-Mayer.
Las sádicas y agitadas aventuras de los personajes de Hanna-Barbera, que contrastaban con la ternura de los de Disney, seña­laron un cambio de rumbo en el género que se acen­tuó en la postguerra, sin que el creador de Burbank puediera impedirlo.La Segunda Guerra Mundial cerró, en la historia del dibujo animado, la gran era de Walt Disney.