30 de junio de 2009

Katherine Mansfield: una chica cansada (2)

De modo que, gracias a (o a pesar de) Murry, lo cierto es que Katherine Mansfield dejó una huella imborrable en la literatura de habla inglesa, constituyéndose en uno de los pilares del modernismo y dejando tras de sí muchos y entusiastas seguidores. Uno de ellos, el uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994), escribió el artículo "Katherine y ellas" que firmó con su seudónimo Periquito el Aguador y publicó en el semanario "Marcha" de Montevideo el 18 de agosto de 1939. Allí dice: "Las publicaciones europeas muestran que también por allá la literatura femenina crece, expandiendo sus armoniosas líneas: Mme. Simone es bautizada 'la nueva George Sand'. Otras estrellas surgen con su luz sonriente. Pero algo que comenzó con Katherine Mansfield permanece detenido: una verdadera literatura de mujer. Aparte de su talento, K. Mansfield debe su triunfo a esto: por primera vez, y por última, hasta ahora -pese a la legión de 'bas-bleu' anteriores y posteriores- una voz de mujer dijo de un alma de mujer. Katherine Mansfield tuvo mucho de milagro: no fue cursi, no fue erudita, no se complicó con ningún sobrehumano misticismo de misa de once. Otro secreto: era como los hombres se imaginan a las mujeres que aman. Con esto de las doblemente bellas letras femeninas, está sucediendo algo curioso. Antes las mujeres se dedicaban casi exclusivamente a la poesía. Cantaban al amante, a Dios, a los árboles y a los recién nacidos. A unas les salía bien y a otras mal. Cada comarca tenía su poetisa oficial y todos muy contentos. Pero ahora las cosas se han complicado. En cierto sentido, podría decirse que las mujeres son las nuevas ricas de la cultura. Aunque no sólo ellas, está claro. Hay superabundancia, plétora de mujeres intelectuales. Casi todas las muchachas que leen y escriben, se abruman con la obligación de hacer versitos y publicarlos. Las que no sólo leen de corrido, las mujeres de sólida cultura que hasta dan conferencias y todo, ésas no se conforman con la estructuración de sonetos de catorce versos, describiendo la fuerza de perturbación erótica que poseen los ojos verdes del amado. Escriben sobre Cristo, Marx, el Cosmos o la técnica del autor del Bisonte de Altamira. Y todo -que si se mira comprensivamente es ya bastante- empleando el estilo más tenebroso, espeso e imaginero que pueda concebirse, a razón de dos citas por párrafo y una pareja de adjetivos para cada nombre. En esta excesiva riqueza, naufragaron las jerarquías. Ya no sabemos a ciencia cierta, como en los buenos tiempos pasados, cuál es nuestra primera poetisa, ni cuál la alta filósofa del Plata, ni qué blanca mano esgrime la vara máxima, severa y medidora de la Crítica".La novelista y crítica británica Virginia Woolf (1882-1941) no pudo ocultar la incomodidad que le producía Katherine Mansfield. Ello se desprende de las anotaciones en su Diario después de una primera visita: "En verdad, al primer golpe de vista me sentí un poco molesta por su ordinariez: esos rasgos tan duros y vulgares. Sin embargo, cuando esta impresión se atenúa, ella se muestra tan inteligente y enigmática que recompensa la amistad que se le brinda". En enero de 1923, pocos días después de la muerte de la autora de "The woman at the store" (La mujer del almacén) y "The young girl" (La chica cansada), agregó: "Cuando empecé a escribir me pareció que no tenía sentido hacerlo. Katherine no podrá leerlo. Katherine ya no es mi rival. Estaba celosa de su escritura -la única de que haya estado celosa jamás-, en esta escritura yo veía, tal vez por celos, todos los rasgos de carácter que me desagradaban en ella. Nunca consideré lo suficiente su sufrimiento físico ni cuánto contribuyó a amargarla".
En 1927, en ocasión de la aparición de "Los Diarios de Katherine Mansfield", escribió el ensayo "A terribly sensitive mind" (Una mente tremendamente sensible), dedicado a Mansfield. En él decía: "Middleton Murry dice que los más notables escritores ingleses de relatos cortos están de acuerdo en admitir que Katherine Mansfield era una narradora 'fuera de concurso'. Nadie la ha superado y ningún crítico ha sido capaz de definir cuál era su especial cualidad. De todos modos el lector de su diario no tiene porqué preocuparse por tales cuestiones. Lo que nos interesa en el diario no es la calidad de su escritura ni el grado de su fama, sino el espectáculo de una mente -una mente tremendamente sensible- que recibe, una tras otra, las azarosas impresiones de ocho años de su vida. Su diario fue una compañía mística. En el diario, Katherine Mansfield fue anotando hechos -el tiempo, un compromiso-; pergeñó escenas; analizó su propio carácter; describió una paloma, un sueño o una conversación; no podía haber nada más fragmentario, más privado. Tenemos la impresión de estar contemplando una mente que se halla a solas consigo misma; una mente que piensa tan poco en un público que de vez en cuando recurre a una especie de taquigrafía particular, o tal como acostumbra hacer el pensamiento en su soledad, se divide en dos y habla consigo mismo. Katherine Mansfield habla de Katherine Mansfield. Pero en cuanto todos esos retazos empiezan a acumularse nos encontramos dándoles una dirección, o, más probablemente, recibiéndola de la propia Katherine Mansfield".
"¿Desde qué ángulo está contemplando la vida mientras permanece ahí, sentada, tremendamente sensible, registrando una tras otra todas esas variadas impresiones?" pregunta Virginia Woolf. Y responde: "Katherine Mansfield es escritora, una escritora nata. Todo cuanto experimenta, oye o ve no es fragmentario y disperso, sino que pertenece unitariamente a la escritura. A veces encontramos un apunte destinado directamente a ser una narración. 'Cuando escriba sobre el violín debo recordar ese modo de subir levemente y de hundirse lastimeramente; el modo como busca', anota. O bien, 'Lumbago. Es algo muy extraño. Tan inesperado, tan doloroso; debo recordarlo cuando escriba sobre un viejo. El gesto de levantarse, la pausa, la expresión enfurecida, y, cómo, por la noche, en la cama, uno tiene la impresión de quedar confinado'. Otras veces es el instante fugaz el que, de repente, cobra significación, y se apresura a esbozarlo, como si quisiera preservarlo. 'Llueve, pero el aire es suave, cálido, humoso. Grandes goterones caen salpicando las lánguidas hojas, las flores del tabaco se doblan. De pronto se oyen unos crujidos en la hiedra. Wingly viene del jardín vecino; salta la cerca. Y delicadamente, levantando las patitas, irguiendo las orejas, temeroso de que la gran ola le alcance, sale chapoteando del lago de hierba verde'. El perro flacucho, tan esquelético que su cuerpo parece 'una caja sostenida por patas de palo', corre calle abajo. En cierto sentido, Katherine Mansfield siente que el perro es la calle. Y en todos estos fragmentos creemos hallarnos en medio de narraciones inacabadas; aquí vislumbramos un principio, allá un fin. Sólo necesitan un lazo de palabras para que queden listas".
Los conflictos físicos y existenciales de sus últimos años aparecen descriptos con especial intensidad en su "Diario", que revela, entre otras cosas, no solo su problemá­tica con respecto a la creación literaria sino también una lucha constante entre su creciente deterioro físico, que ya la había sumido en la invalidez, y la necesidad perentoria de dejar una obra orgánica, no fragmentaria. Uno de sus proyectos no realizados fue la escritura de una novela autobiográfica, que habría de titularse "Karori", el nombre de un pueblo cercano a Wellington donde vivió de chica con su familia. Bajo ese título pensaba reunir aquellos cuentos largos en los que aparecía la familia Burnell, esto es, "Preludio", "At the bay" (En la bahía) y "The doll's house" (La casa de muñecas). "Realmente sólo pido tiempo para escribir todo eso... tiempo para escribir mis libros. Entonces no me importará morir", consignó el 19 de mayo de 1919. Nunca llegó a concretarlo.
El interés de Katherine Mansfield por publicar una novela se remonta hasta 1906, cuando empezó a escribir una novela llamada "Juliet" que narraba la vida de una estudiante neocelandesa en Londres. Pero nunca la terminó. Siete años más tarde planeó una nueva novela, la que iba a tener treinta y dos capítulos y se iba a llamar "Maata" en homenaje a una compañera de estudios con la que tuvo una experiencia lésbica, pero sólo escribió dos capítulos y la abandonó. En diciembre de ese mismo año -1913- empezó otra, titulada "Young country" (País joven), que transcurría en Nueva Zelanda, pero también renunció al proyecto en el segundo capítulo. Finalmente, en 1916, consiguió terminar una narración extensa a la que en un primer momento consideró una novela. Se titulaba "The aloe" (El aloe) y mostraba la vida de la familia Burnell. Pero poco tiempo después dejó de gustarle y la reestructuró hasta convertirla en el relato "Preludio".
Mansfield escribió notas en su Diario desde 1909 hasta unos meses antes de su muerte, aunque con muchas interrupciones. Siendo adolescente anotó: "Otra gente no se detiene a mirar las cosas que yo quiero mirar, o, si lo hacen, se detienen para complacerme o para no irritarme o para mantener la paz. En realidad sólo disfruto de una 'diversión perfecta' cuando estoy sola". Sin embargo, en otras ocasiones la soledad la atormentaba: "¿Por qué no tengo un verdadero hogar, una verdadera vida, por qué no tengo una niñera china con pantalones verdes y dos niños que corran hacia mí y me abracen las rodillas?".
Aún estando muy enferma, Mansfield le destinaba más energía y tiempo a la literatura que a cualquier otra cosa. Leía a William Shakespeare (1564-1616), a Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) -de quien escribió: "Era lo suficientemente grande como para ser lo suficientemente simple y decir lo que todos sentimos y no decimos"- y a Marcel Proust (1871-1922) -al que calificó como "¡El mejor novelista que haya existido nunca!"-, entre otros autores. Mientras tanto cuestionaba su propia obra. En una de sus últimas anotaciones apuntó: "No he escrito una palabra desde octubre y no tengo intención de hacerlo hasta la primavera. Quiero tener mucho material, estoy cansada de mis cuentitos pequeños como pájaros enjaulados".
En otro pasaje dice: "Hay tanto que hacer y hago tan poco. Aquí la vida casi sería perfecta si siempre que pretendo trabajar lo hiciese de verdad. Fíjate en los cuentos y cuentos que sólo esperan un toque... Mañana. Pero fíjate en esta mañana, por ejemplo. No tengo ganas de escribir nada. Hace un día gris, plomizo, triste. Los cuentos parecen algo irreal, algo que no vale la pena escribir. No quiero escribir; quiero vivir. ¿Y qué quieres decir con eso? No resulta fácil explicarlo. ¡Ves, ya volvemos a estar en lo mismo!".
Virginia Woolf, en el ensayo citado, observó: "Efectivamente, ¿qué quiere decir con eso? Nadie ha sentido con mayor seriedad que ella la importancia de escribir. En todas las páginas del diario, a pesar de ser instintivas, rápidas, su actitud hacia su obra es admirable, sana, cáustica y austera. No hay chismorreos literarios, ni vanidad, ni celos. Aunque durante los últimos años de su vida debió tener conciencia de su éxito, no hay la menor alusión al respecto. Sus propios comentarios a su obra siempre son penetrantes y despreciativos. Sus narraciones necesitaban riqueza y profundidad; y sólo estaba 'rozando la superficie, nada más'. Pero escribir, la simple expresión adecuada y sensible de las cosas, no basta. La escritura se basa en algo inexpresado y ese algo debe ser sólido y entero. Bajo la presión desesperada de su acuciante enfermedad, Katherine Mansfield emprendió una búsqueda curiosa y ardua, de la cual sólo tenemos algunos destellos, y éstos difíciles de interpretar, en pos de la cristalina nitidez que se precisa para escribir auténticamente".
En su corta vida, Katherine Mansfield logró convertirse en una aguda observadora de las conductas humanas y de la naturaleza, con la habilidad suficiente como para captar los pequeños detalles que vuelven significativas las historias más triviales. Las descripciones de sus cuentos alcanzaron una precisión y una plasticidad admirables, emparentándola con el autor de "Dubliners" (Dublineses), el irlandés James Joyce (1882-1941), quien junto a nuestra autora, conformó el duo de escritores en lengua inglesa que mejor captó las recomendaciones de Chejov en el sentido de reflejar el colorido y la expresividad de las descripciones de la naturaleza por medio de la sencillez de las frases simples.
Según D.H. Lawrence (1885-1930), el pariente literario más cercano a Mansfield era Charles Dickens (1812-1870), por el modo en el que ambos captaban los detalles pero, fundamentalmente, por el tipo de humor que desplegaron en sus textos. Para el antes mencionado C.K. Stead, la prosa de Mansfield se destacó por "una indefinible y abarcadora frescura, como si cada oración hubiera sido creada al salir el sol de un hermoso día". Y opinaba que lo que constituía una de las cualidades más admirables de su prosa era "un sentido artístico indiferenciable del sentido crítico, algo que es simplemente el sentido crítico en acción".
"Tras cinco años de lucha -culmina Virginia Woolf en su artículo- abandonó la búsqueda de la salud física sin desesperación, pensando que su enfermedad era espiritual y que no encontraría remedio en ningún tratamiento físico, sino en alguna 'fraternidad espiritual', como la de Fontainebleau, en donde pasó los últimos meses de su vida. Pero antes de abandonar escribió un resumen de su posición, el resumen que pone punto final al diario. Escribió que quería tener salud; pero, ¿qué quería decir con esa palabra? 'Por salud -escribió- entiendo el poder llevar una vida plena, adulta, vivaz, el poder respirar en estrecho contacto con lo que amo: la tierra y sus encantos, el mar, el sol... Y también quiero trabajar. ¿En qué? Quiero vivir de un modo que pueda trabajar con las manos, el sentimiento y la cabeza. Quiero un jardín, una casita, la hierba, animales, libros, cuadros, música. Y que de todo eso, como expresión de todo ello, surja mi escritura (aunque tal vez esté escribiendo sobre cocheros, eso no importa)'. El diario concluye con las palabras 'Todo va bien'. Y, puesto que Katherine Mansfield murió al cabo de tres meses, resulta tentador pensar que esas palabras venían a ser una conclusión lograda, a causa de su enfermedad y de la intensidad de su propia naturaleza, a una edad en que la mayoría de nosotros revoloteamos fácilmente entre esas apariencias e impresiones, esas diversiones y sensaciones, que nadie ha armado tanto como ella".Las aseveraciones de la crítica especializada son, en gran medida, acerta­das. La narrativa de Katherine Mansfield, esa sabia combinación de percepciones descriptivas de todo tipo, constituyó una verdadera ruptura y posterior irrupción de nuevas formas en la literatura en lengua inglesa. Su autonomía narrativa fue casi total. Nadie antes había apelado de tal manera al valor de los detalles, de los objetos, a la precisión física de las escenas, a ese detenerse en las emociones cotidianas, en los matices psicológicos mínimos que destilan ese clima tan elocuente y peculiar que sólo se encuentra en sus narraciones, y con los que logró extraer de situaciones aparentemente inmóviles, por lo general superficiales, una poderosa, profunda y sagaz visión de la naturaleza humana y de la vida.

Katherine Mansfield: una chica cansada (1)

Katherine Mansfield (1888-1923) es el nombre que adoptó Kathleen Beauchamp para firmar su producción literaria. Hija de un destacado hombre de negocios, nació en Wellington, Nueva Zelanda, y a los trece años viajó a Inglaterra para estudiar en el Queen's College de Londres, donde permaneció hasta los dieciocho, encargándose además de la publicación de la revista del colegio. Durante estos años en Londres se interesó intensamente por la música, que estudió de manera sistemática, llegando a ser una muy buena violoncelista.
En 1906, completados sus estudios, regresó contra su voluntad a su país natal, rebelándose frente a lo que consideraba el estrecho provincianismo de una remota ciudad colonial. Pero al cabo de dos años logró persuadir a sus padres para que le permitieran volver a Inglaterra con una asignación mensual, la que, pese a los avatares de una relación que a veces pareció a punto de quebrarse, recibió puntualmente -incrementada además de manera periódica- hasta el día de su muerte. En lo inmediato, la motivó la partida a Inglaterra de una familia de músicos de Wellington a quienes su familia se hallaba estrechamente ligada. Pero su mayor deseo era, en realidad, sumergirse en el intenso y estimulante clima cultural de Londres.
Deslumbrada por la visión de Europa, trató de introducirse en un sistema de vida totalmente diferente del que habla co­nocido en su país de origen. En los comienzos de su estadía en Inglaterra llevó una existencia bohemia que le produjo grandes frustraciones, reflejadas en los corrosivos textos de su primer libro, "In a german pension" (En una pensión alemana) de 1911. Colaboró en diversas publicaciones londinenses y a partir de 1912 se vinculó al crítico literario John Middleton Murry (1889-1957), a quien conoció en casa del novelista W.L. George (1882-1926), y con el que, tras una serie de avatares -dos matrimonios, un aborto, múltiples relaciones lésbicas- finalmen­te se casó en 1918.
La guerra ejerció un influjo decisivo en el curso de su obra: incorporado al ejército, un hermano su­yo llegó a territorio británico de paso hacia las trincheras de Francia, donde murió en acción poco después de unirse a las fuerzas expedicionarias del Reino Unido y sus colonias. Este acontecimiento -el breve reencuentro y la separación defi­nitiva- devolvió a la escritora a los tempranos recuerdos de su infancia neozelandesa que prevalecen en muchos de los relatos que corresponden al ciclo de su mayor madurez poética. A raíz de este episodio, en noviembre de 1915 escribió en su Diario (su hermano había muerto el 7 de octubre de ese mismo año): "Creo que durante mucho tiempo he sabido que la vida había terminado para mí, pero nunca me di cuenta ni lo reconocí hasta que murió mi hermano. Entonces, ¿por qué no me suicido? Porque siento que tengo un deber que cumplir para con la hermosa época en que ambos estábamos vivos. Quiero escribir acerca de ella, y él quería que lo hiciera. Lo charlamos en un cuartito en Londres... Muy bien: se hará".
Otro de los factores que tuvo fundamental gravitación en el desenvolvimiento de sus criterios artísticos fue la lectura de los cuentos de Anton Chejov (1860-1904), que por entonces comenzaban a traducirse al inglés. La estructura no clásica de las narraciones del escritor ruso, la preeminencia de la atmósfera sobre la peripecia, fue el modelo a partir del cual buscó la evocación de he­chos cotidianos que, pese a su aparente trivialidad, se car­gaban de sentido al revelar las condiciones esenciales de la existencia humana. La propia escritora apeló en su Diario, una y otra vez, a Chejov. Así, el 5 de julio de 1918, escribió: "¡Ah, Chejov! ¿Por qué estás muerto? ¿Por qué no puedo conversar contigo en una gran sala un tanto oscura, al declinar la tarde, cuando la luz es verde gracias a los árboles que se sacuden afuera?".Durante sus últimos años sufrió una enfermedad respiratoria que derivó en tu­berculosis; en razón de su mala salud, dejó de escribir en 1922 e ingresó en el Institut pour le Developpement Harmonieux de l'Homme (Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre) un establecimiento de medicina alternativa en Fontainebleau, cerca de París, que dirigía el teósofo George Gurdjieff (1872-1949), creador de un tratamiento basado en curas homeopáticas que incluían una disciplina física y mental, y que contemplaba al hombre como un todo de cuerpo y alma. Allí, no obstante, finalmente murió.
En vida, sólo publicó tres volúmenes con sus cuentos; el resto de su obra, fue supervisado posteriormente por su marido. Sus relatos se hallan recogidos en una serie de volúmenes: "Bliss and other stories" (Felicidad y otros cuentos), "The garden party and other stories" (La fiesta en el jardín y otros cuentos), "The doves' nest and other stories" (El nido de la paloma y otros cuentos) y "Something childish and other stories" (Algo infantil y otros cuentos). De gran valor para un mejor conocimiento de la autora son las obras "The letters of Katherine Mansfield" (Cartas) y "The journal of Katherine Mansfield" (Diario), publicados originalmente entre 1927 y 1928.
Katherine Mansfield pidió en su testamento fechado el 14 de agosto de 1922 que, tras su muerte, se destruyeran sus escritos inéditos. El encargado de eliminarlos debió ser Murry, su esposo, quien, por el contrario, se dedicó durante los siguientes treinta años a reunir cartas, poemas y relatos inéditos, y publicarlos. En dicho testa­mento, la escritora pidió a su marido que "publique lo oportuno y destruya y queme todo lo posible", además de dejarle una carta que debía abrirse sólo después de su muerte en la que le expresaba: "Te dejo todos mis manuscritos para que hagas con ellos lo que quieras. Examínalos detenida­mente algún día, mi amor, y destruye todo lo que no utilices. Por favor destruye todas las cartas que no quieras conservar y todos los papeles". Como ya se dijo, Murry publicó y transcribió casi todo. Primero lo hizo en el periódico que dirigía, "The Adelphi", y luego los publicó en forma de libros.Christian Karlson Stead (1932), poeta, novelista y editor neozelandés expresó que "la promoción que hizo Murry de los restos literarios de su esposa le redituó oprobio y ganancias, e hizo crecer la fama de ella. Lo bueno y lo malo parecen inextricablemente mezclados en este trabajo de Murry, siempre a favor de ella. Finalmente, al publicar una cantidad cada vez mayor de los papeles privados de su esposa que revelaban tensiones en el matrimonio, Murry se autoerigió pública­mente en el rol del marido que le había fallado".
Murry, obviamente, no coincidió con esta opinión, y al prologar la edición del "Diario", escribió: "Exceptuando una sola entrada, el Diario comienza en 1914. Los 'grandes diarios quejosos' de los que habla Katherine Mansfield (14 de febrero de 1916) fueron todos destruidos. Era inflexible con su propio pasado y no dudo que lo que ha perdurado es casi todo lo que, por una u otra razón, ella deseó que perdurara". Lo cierto es que el material del "Diario" arrojó una luz interesante sobre la personalidad y la obra de la escritora, sobre la que el propio Murry apuntó: "No existe prosista inglés con quien se la pueda relacionar. Muchos escritores han intenta­do continuar su obra, pero ninguno ha logrado resultados comparables. Su secreto murió con ella. Y de los muchos críticos que han tratado de definir la cualidad de su obra que la torna tan inimitable, cada uno se ha visto obligado a abandonar, entristecido, el intento".Lo mismo ocurrió con, por ejemplo, la reedición de "En una pensión alemana", el primer libro de Katherine Mansfield, que fue publicado originalmente cuando la escritora te­nía veintiún años. Los apuntes y cuentos que lo com­ponen aparecieron primeramente en la revista "The New Age" durante los dos años previos a su publicación. Por entonces Murry dirigía junto a Mansfield la revista "Rhythm" (que pasó a llamarse "The Blue Review" en sus últimos números), una publicación que se ocupaba de las corrientes vanguardistas en literatura y pintura.
Cuando luego de la muerte de su esposa decidió reeditarla, escribió una breve nota preliminar en la que explicaba que "el libro obtuvo un éxito considerable desde que salió a luz y pronto alcanzó la tercera edición. Entonces el impresor, falto de crédito, quebró. Al desalojar el local, las planchas de estereotipia desaparecieron, y con ellas todas las esperanzas de Katherine de cobrar derechos. Ella no se sintió excesivamente contrariada. Pronto había empezado a ver el libro con despego y más tarde lo miró con hostilidad. Repre­sentaba para ella una fase juvenil de acritud y crudo cinismo de la que deseaba desposeerse para siempre. Al estallar la guerra con Alemania, uno o dos edi­tores le hicieron ofertas tentadoras por los derechos de publicación; pero, aún cuando estaba ya muy ne­cesitada de dinero, se negó en absoluto. Este hecho permitirá juzgar de lo extraño que el libro se había vuelto para ella. Y, sin duda, hubiera obtenido un gran éxito de público en aquellos momentos, cuando la animosidad hacia las cosas de Alemania era gene­ral. Momentos, en que, como durante otros muchos de su vida, quinientas libras esterlinas hubieran significado una riqueza incalculable para ella. Pero nada pudo decidirla a publicarlo otra vez. En parte, por estimar que de por sí el libro era indigno de ello. Pero, sobre todo, como bien lo recuerdo, por creer indigno de sí misma el sacar provecho del odio que a la sazón se abatía sobre Alemania".A continuación siguió un período durante el cual escribió mucho y no publicó nada, hasta que en 1917, con la aparición de "Prelude" (Preludio), rompió el silencio. Cuando en 1920 apareció "Bliss" (Felicidad) y obtuvo un rápido éxito, nuevamente fue instada a permitir la reaparición de "En una pensión alemana". Murry cuenta que le transmitió la propuesta y su réplica fue: "No quiero de ningún modo que se reimprima. Es algo demasiado prematuro, y hoy en día ni siquiera la reconozco. Quiero decir que no me hago responsable de ella. No pue­do lanzar al público una cosa así. No tiene calidad suficiente. Pero si me en­vía la nota a que se refiere, correspon­dería ofreciéndole un nuevo libro para el primero de mayo. Más ni por un mo­mento quiero tomar en cuenta la oferta de reimprimirla. Es algo entera­mente juvenil y no lo que yo pretendía, sino una mentira. ¡No, jamás!".
"Yo repliqué a esto -continúa Murry- que el autor, cuando ha dado deliberadamente a la publicidad un libro, no puede deshacerse de él de esa manera. Y que la cau­sa de sentirse tan exigente con su primera obra, no era otra que el haber esperado demasiado para publicar la segunda. En realidad, no se trataba de un buen libro, sino de un libro verdaderamente nota­ble para haber sido escrito a los diecinueve años. Y, sobre todo, que no podía aniquilarlo negándose a re­imprimirlo. El libro existía irrevo­cablemente". En una carta a su amiga, la escritora inglesa Beatrice Hastings (1879-1943), Katherine Mansfield comentó acerca de "En una pensión alemana" y la posibilidad de relanzarlo: "Es justo lo que dices acerca del libro. Pero he de hacer un prólogo diciendo que se trata de un trabajo muy prematuro, o simplemente a qué edad fue escrito. Porque, Betsy, ya sabes que no es nada para sentirse orgullosa. De no ha­berme aconsejado tú, lo hubiera tirado por la borda. Pero, desde luego, haré lo contrario, y sin duda así se aireará mi nombre. Lástima que no sea mejor. La verdad es que me siento avergonzada de él. Tendré que esforzarme para escribir otro que sea decoroso; eso es todo". Katherine Mansfield jamás alcanzó a escribir aquel prólogo.El crítico cinematográfico argentino Alberto Tabbia (1939-1997) escribió en 1988 -al conmemorarse el centenario del nacimiento de la escritora- un extenso artículo en "La Nación" titulado "Luces y sombras de una cuentista rebelde". En él decía: "En 1911, en casa de unos amigos, conoció a John Middleton Murry, un joven escritor que editaba una revista literaria. Al despedirse, Katherine lo invitó a tomar el té y, dos meses después del primer encuentro, le propuso que se mudara a su departamento. Esta relación (se casaron en 1918) había de ser muy importante para ambos. Fue una unión tormentosa agravada por la salud declinante de ella y por el egoísmo y la torpeza de él. Separados, no cesaban de escribirse; ella le reprochaba muchas cosas, se consideraba desprotegida pero no dejaba de extrañarlo, una contradicción que la acompañó hasta el final".
Murry fue retratado con suma dureza por Aldous Huxley (1894-1963), quien lo tomó como modelo para uno de los personajes de su novela "Point counter point" (Contrapunto) de 1928. Y para Leonard Woolf (1880-1969), "Murry pervirtió, dañó y destruyó a Katherine, tanto al ser humano como a la escritora. Fue una artista cabal pero su talento era el de un realismo intenso con un notable sentido del humor y la ironía, de un cinismo básico. Pero se vio enredada en el pegajoso sentimentalismo de Murry y escribió en contra de su propia naturaleza".
"La imagen de Katherine que Murry, como su albacea literario, ofreció al mundo -finaliza Tabbia en el artículo citado-, cercenando muchas veces el texto de las cartas y del Diario para hacer de ella un ser extraordinariamente angelical, sin contrastes, no le ha hecho mucho favor. Se necesitó el esfuerzo y la dedicación de algunos estudiosos que han investigado su vida y su obra para devolver a la luz una Katherine Mansfield íntegra en su dimensión humana. A su manera, con una gran dosis de coraje, sin ideología ni seguidores, libró una batalla solitaria contra los prejuicios e ideas heredadas de su época".
Más allá de las críticas que despertó la publicación póstuma del Diario por parte de Murry -tildada por algunos de indiscreta e inoportuna, y con claras connotaciones de carácter comercial, y, además, de haber interpretado en sentido inverso los verdaderos deseos de la escritora en cuanto a la destrucción o conservación de esos manuscritos- sus páginas constituyen una exposición detallada y ejemplificada de las dotes peculiares y sutiles de observación de Katherine Mansfield con su perspicaz entretejido de sentimientos y percepciones.

27 de junio de 2009

Entremeses literarios (LXII)

RETRATO
Adolfo Bioy Casares

Argentina (1914-1999)

Conozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aún la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exaltar su ejemplo, a reprochar la flaqueza del próximo, a cobrar hasta el último centavo.


LOS MEJOR CALZADOS
Luisa Valenzuela
Argentina (1938)

Invasión de mendigos pero queda un consuelo: a ninguno le faltan zapatos, zapatos sobran. Eso sí, en ciertas oportunidades hay que quitárselos a alguna pierna descuartizada que se encuentra entre los matorrales y sólo sirve para calzar a un rengo. Pero esto no ocurre a menudo, en general se encuentra el cadáver completito con los dos zapatos intactos. En cambio las ropas sí están inutilizadas. Suelen presentar orificios de bala y manchas de sangre, o han sido desgarradas a latigazos, o la picana eléctrica les ha dejado unas quemaduras muy feas y difíciles de ocultar. Por eso no contamos con la ropa, pero los zapatos vienen chiche. Y en general se trata de buenos zapatos que han sufrido poco uso porque a sus propietarios no se les deja llegar demasiado lejos en la vida. Apenas asoman la cabeza, apenas piensan (y el pensar no deteriora los zapatos) ya está todo cantado y les basta con dar unos pocos pasos para que ellos les tronchen la carrera. Es decir que zapatos encontramos, y como no siempre son del número que se necesita, hemos instalado en un baldío del Bajo un puestito de canje. Cobramos muy contados pesos por el servicio: a un mendigo no se le puede pedir mucho pero sí que contribuya a pagar la yerba mate y algún bizcochito de grasa. Sólo ganamos dinero de verdad cuando por fin se logra alguna venta. A veces los familiares de los muertos, enterados vaya uno a saber cómo de nuestra existencia, se llegan hasta nosotros para rogarnos que les vendamos los zapatos del finado si es que los tenemos. Los zapatos son lo único que pueden enterrar, los pobres, porque claro, jamás les permitirán llevarse el cuerpo. Es realmente lamentable que un buen par de zapatos salga de circulación, pero de algo tenemos que vivir también nosotros y además no podemos negarnos a una obra de bien. El nuestro es un verdadero apostolado y así lo entiende la policía que nunca nos molesta mientras merodeamos por los baldíos, zanjones, descampados, bosquecitos y demás rincones donde se puede ocultar algún cadáver. Bien sabe la policía que es gracias a nosotros que esta ciudad puede jactarse de ser la de los mendigos mejor calzados del mundo.


LOS ADVERTISTAS
Roberto Bañuelas
México (1931)

Nos instalamos con nuestra música en una de las calles más céntricas para impedir el paso de la gente. La multitud creció al ritmo de nuestros cantos y danzas, pero se dispersó con el anuncio que hicimos de lo próximo que está el fin del mundo. Ahora todos se fingen sordos y pasan de largo, creyendo que así evitarán el advenimiento de la verdad suprema. Pronto se darán cuenta de que estas trompetas que portamos no son de adorno.


LOS BENEFICIOS SECUNDARIOS
Ana María Shua
Argentina (1951)

El pequeño comienza por reclamar atención con débiles gemidos y desmayos frecuentes. Si no la obtiene, sufre crisis de disnea y rompe la vajilla pieza por pieza contra las paredes de su habitación. Provisto de un destornillador, suele atacar los apa­ratos eléctricos mientras lo sacuden accesos convulsivos. Si aún así no obtiene atención, inten­tará cortar en trozos pequeños a los habitantes de la casa que estén al alcance de sus fuerzas, un ani­mal doméstico, un abuelo inválido, un hermano pequeño. Suele empezar por los dedos y, durante la tarea, el cuerpo se le cubre de vesículas serosas. Declarados los primeros síntomas, se aconseja a la familia otorgar de inmediato, sin regateos, los beneficios secundarios de la enfermedad.


DIATRIBA CONTRA LOS FELINOS
Miguel Logroño

España (1893-1971)

Muchos son los poetas que los ensalzan, de Baudelaire a Borges, para darnos por satisfe­chos con la letra be. Dan por cierta su belleza, su independen­cia, su religión: la lealtad a un ídolo indescriptible y, por lo tan­to, indiferente. No es lícito que personas grandes crean esas cosas, Dios mío, aún siendo poetas. Y no es necesario haber acumulado los méritos de un zoólogo o un naturalista para ad­vertir como buen observador, en primera instancia que el ga­to, como algunas mujeres de especial belleza, carece de senti­do del humor. Basta visitar o compartir -es difícil compartir­- la desolada hartura de los grandes y los pequeños felinos, in­cluidos los domésticos gatos, que duermen y deambulan con indolencia paralela, para compadecer a la patrulla augusta de criaturas condenadas a estar equidistantes de su propio hedor y de su demiurgo.


ESTE CUENTO
Ariel Muniz

Uruguay (1942-2005)

Cuando descubrieron al polizón, ya en alta mar, era tarde para regresarlo a puerto y admitieron que los acompañara. Todo siguió sin novedad hasta que una tormenta degeneró en naufragio. Con valor prodigioso, nuestro hombre encabezó las operaciones de salvataje. ¡Qué muestra de tino bien empleado! ¡Qué forma de inyectar optimismo sobre pasajeros y personal de a bordo! Como el último bote no dio abasto, fue invitado a hundirse con aquella vieja cáscara de nuez, supliendo la cobardía del capitán. Un drama tuvo así su héroe y los demás pudieron (pudimos) contar este cuento.


CREMA DE NOCHE
Minae Mizumura
Japón (1968)

Basta de "Shiseido" deluxe. Decidida, Sakura le compró esta vez una versión más barata a su madre -antes bella, ahora demente- y le dijo que era exactamente la misma. Sakura no hacía más que ser razonable. Hasta compró dos más con descuento. ¿Cómo podía saber que la madre se iba a morir pronto, dejándole tres frascos de crema de noche barata? Sakura se siente burlada, pero disfru­ta la punzada de culpa ahora que la usa todas las noches. Hija demasiado obediente de una madre que había abandonado sin compasión a su padre, el recuerdo de su pequeña mentira recon­forta a Sakura como una venganza tardía.


EL SUEÑO DEL FORASTERO
Iván Egüez

Ecuador (1944)

Después de trocar prendas con mendigos y sirvientes, el Rey logró salir disfrazado de palacio. Escapó en busca del alivio que no pudieron darle los médicos reales. Deambuló por extramuros y arrabales en busca de un curandero que lo sanara de su dolencia: la de no poder soñar como el resto de los mortales. Tropezó con un carnicero al que confió sus afanes: "Tengo todas las joyas del Rey para quien logre librarme del impedimento de soñar", dijo al carnicero mientras le enseñaba la alforja llena de alhajas. El matarife lo hizo pasar a la trastienda, lo hizo sentar en una silla de piedra, lo amarró y le pidió que no abriera los ojos hasta que regresara. El Rey escuchó unos ruidos metálicos y no pudo precisar si era el simple roce de cacharros o el afilar de la cuchillería. Oyó crujir una puerta, luego unos pasos lentos, pesados, de alquien que se acercaba. Era el carnicero portando un balde de agua fría; lo zampó al rostro del forastero; éste, al abrir los ojos asustado, se vio bajo el árbol donde se había puesto a descansar junto a su alforja de trufas y bellotas.


A IMAGEN Y SEMEJANZA
Marco Denevi
Argentina (1922-1998)

Cada vez que Dios se aparecía en el Paraíso, Adán y Eva, temblando de pavor, caían sobre su rostro y no osaban pronunciar una palabra. Dios se dijo: "Evidentemente, mi presencia los intimida. ¡Y yo que los crié para que conversaran conmigo y alegraran mi soledad!". Entonces decidió adoptar forma humana. Cuando, revestido con la apariencia de un anciano venerable, se presentó ante sus creaturas, Adán reflexionó: "Vaya, de manera que ahora resulta que es un hombre, que somos iguales". Y Eva meditó: "Francamente, prefie­ro a Adán. Es más joven y más buen mozo". Dios les leyó esos secretos pensamientos e, indigna­do, los expulsó del Paraíso.


DOCUMENTOS FALSOS
Laurie Anderson
Estados Unidos (1947)

Fui a ver a una quiromante y lo más extraño de su lectura fue que todo lo que me decía estaba totalmente equivocado. Decía que me encantaban los aviones, que yo había nacido en Seattle, que el nombre de mi madre era Hillary. Pero parecía tan segura de esta información que empecé a sentir como que había estado toda mi vida con estos documentos falsos tatuados en mis manos. Había mucho ruido en el salón y los miembros de su familia entraban y salían todo el tiempo. Hablaban un lenguaje agudo y chasqueante que sonaba muy parecido al árabe. En el piso estaban desperdigados libros y revistas en árabe. De repente se me ocurrió que tal vez lo que había era un problema de traducción, que tal vez ella estaba leyendo mi mano de derecha a izquierda en lugar de derecha a izquierda. Pensando en espejos, le di mi otra mano. Entonces ella extendió su otra mano y así estuvimos sentadas por varios minutos en lo que yo supuse que era una especie de ritual participatorio. Finalmente me di cuenta de que había extendido su mano porque estaba esperando dinero.

Gianni Vattimo: "Hoy estamos en manos de un capitalismo que piensa solamente en el desarrollo de la riqueza propia"

El filósofo italiano Gianni Vattimo (1936) estudió Filosofía en la Universidad de Turín, su ciudad natal, y, posteriormente, realizó dos cursos en la Universidad de Heildelberg. En 1964 comenzó la docencia en la Facoltá di Lettere e Filosofia de Turín, de la que llegó a ser decano. Claramente influido por Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Martin Heidegger (1889-1976), autor este último que ha traducido al italiano, Vattimo ha criticado los excesos de la tradición metafísica occidental, proponiendo en su lugar una alternativa de reflexión abierta y plural, el "pensamiento débil", como manera de rechazar la existencia de una verdad única y absoluta, y postulando la necesidad de aceptar que el ser humano habita un mundo posmoderno en el que las certezas han sido desplazadas por las verdades parciales y el relativismo. Entre sus obras principales figuran "Le avventure della differenza" (Las aventuras de la diferencia), "La fine della modernitá" (El fin de la modernidad), "Il pensiero debole" (El pensamiento débil), "Il soggetto e la maschera" (El sujeto y la máscara), "Etica dell'interpretazione" (Etica de la interpretación), "La societá trasparente" (La sociedad transparente), "Il Futuro della Religione" (El futuro de la religión) y "Nichilismo ed emancipazione" (Nihilismo y emancipación). En 2007 presentó "Ecce comu. Come si ri-diventa ció che si era" (Ecce comu. Cómo se vuelve a ser lo que se era), un libro que reune una serie de artículos escritos entre 2002 y 2004 que recién ahora apareció en la Argentina. En él, el autor desmiente el juicio que acusaba al "pensamiento débil" de ser uno de los últimos productos ideológicos del capitalismo tardío. Se pregunta: "¿Se puede volver a ser comunista?", un cuestionamiento filosófico y político que se refiere al deseo de que retorne una ideología a la que se ha dado por muerta, y responde que hoy se ha tornado necesario e indispensable reavivar la llama del comunismo para acotar al capitalismo salvaje y a sus máximos exponentes e íconos. En el ideario de Karl Marx (1818-1883), dice Vattimo, están las respuestas para afrontar la crisis global que está golpeando intensamente a países europeos industrializados en particular, y a los países subdesarrollados en general. En esta entrevista realizada telefónicamente entre Turín y Buenos Aires por el periodista Héctor Pavón, y publicada por la revista "Ñ" nº 294 del 16 de mayo de 2009, el filósofo responde sobre el ideal del retorno al comunismo y sobre las fuentes que nutrieron su pensamiento.


¿Cuáles son los libros que más lo han influenciado desde sus primeras lecturas hasta el presente?

Es difícil enumerarlos a todos ahora. Comienzo desde la adolescencia: Emmanuel Mounier, "Fe cristiana y civilización"; Jacques Maritain, "Humanismo integral"; Thomas Mann, "La montaña mágica"; Georges Bernanos, "Diario de un cura rural". Después: Friedrich Nietzsche, "Segunda consideración intempestiva"; Martin Heidegger, "Ser y tiempo"; Luigi Pareyson, "Arte, verdad e interpretación"; Hans Georg Gadamer, "Verdad y método". Pero son nada más que los primeros que me vienen a la mente.

¿Cuál ha sido la influencia de los textos marxistas en su formación humana y filosófica?

Tuve pocas lecturas marxistas en mi juventud. Una pequeña parte de "El Capital"; más textos de la Escuela de Frankfurt: Marcuse, Adorno, Horkheimer, Habermas. Creo que me acerqué al marxismo a partir de dos consideraciones: Marx tiene razón cuando describe la proletarización progresiva ligada al capitalismo, los proletarios son cada vez más y los patrones cada vez más ricos y en número más restringido. Y a continuación: en una sociedad que se vuelve cada vez más controlada y controlable con las tecnologías de la información, sólo un gobierno socialista puede salvarnos de la esclavitud.

¿Realmente lo cree así?

Sí.

¿Y cuáles serían los incentivos, las causas que podrían convertirnos al comunismo hoy?

Las dos consideraciones que mencioné antes. Y la idea del comunismo, tal como la definía Lenin: electrificación y sóviet. Lo que significa: desarrollo económico y tecnológico, pero controlado por todos los ciudadanos, no confiado a las manos de unos pocos tecnócratas al servicio del capital. Hoy estamos -al menos en Occidente- en manos de un capitalismo que piensa solamente en el desarrollo de la riqueza propia, mientras que la calidad de vida y la participación de los ciudadanos tiende a ser nula.

¿Y usted cree que la izquierda de hoy tiene la capacidad de leer y entender a Marx y de volcarlo en ese tipo de políticas concretas que usted menciona?

No sabría qué decir; solamente constato que muchos políticos de izquierda hoy creen -con los conservadores- que Marx es "un perro muerto". Pero no son políticos de izquierda; las pretensiones de realismo y de eficacia inmediata los reducen al nivel de sus adversarios. Izquierda: ¡un esfuerzo más, por favor, antes de que el capitalismo imperial nos fagocite a todos!

A veces se producen ayudas involuntarias, ¿no cree que personajes como Berlusconi colaboran para que muchas personas retornen a Marx?

Sí, Berlusconi en tanto caricatura del capitalismo más consumista y descarado, debería impulsarnos a volver a Marx. Pero como domina los medios de comunicación, no es tan fácil que sirva realmente para ese objetivo. Es más bien un agente de corrupción moral universal. ¿Será que para redescubrir el comunismo debemos antes tocar el fondo de la alienación capitalista?

¿Qué opina de las experiencias socialistas latinoamericanas? ¿Tienen futuro? ¿Cómo se ven desde Europa?

No sólo creo que los socialismos latinoamericanos tienen un futuro. Creo que ellos son el futuro, hasta del posible socialismo europeo, que solamente aliándose productivamente con Castro, Chávez, Morales y los otros líderes de izquierda de América Latina tendrá la posibilidad de construir una Europa capaz de enfrentar al viejo poder exorbitante de los Estados Unidos y a las nuevas superpotencias neocapitalistas que se presentan en la escena del mundo actual.

Para usted, ¿el populismo es una categoría política de segunda clase, una mala palabra como lo es para muchos politólogos?

No creo que populismo sea un término vergonzoso en política. Naturalmente, como sucede con todos los "ismos", debería dejar paso a lo que constituye su referente de base, el pueblo. Como decía, los soviets, aunque la palabra asuste a muchos, son solamente los consejos democráticos de los ciudadanos. Sin ellos, la democracia muere. Y ya está muriendo en muchos países de Occidente.

¿Siente nostalgia de la era comunista, cuando para la izquierda europea y latinoamericana todo parecía posible?

Cuando se pensaba en el advenimiento del comunismo eran tiempos distintos del nuestro, e incluso momentos distintos entre sí. Se pensaba en los años de los fascismos europeos, y entonces era un sueño de libertad auténtica, que por lo demás se confirmó con el aporte decisivo que hizo la Unión Soviética a la derrota del nazismo. No debemos olvidar que sin la batalla de Stalingrado no habrían bastado norteamericanos e ingleses para combatir a Hitler. Después, en los años de la Guerra Fría, la esperanza del comunismo se vio muy opacada por los desastres del estalinismo, no sé hasta qué punto por culpa de Stalin o también por culpa de la propaganda estadounidense. Pero de todos modos, ahora que el comunismo "real" murió, se puede y se debe esperar respuestas del comunismo. Me refiero al comunismo como ideal de la igualdad y la justicia social, de una sociedad más humana y amistosa.

¿Y en este contexto, cuál es el valor, el significado de la palabra utopía?

Se ha hablado muy mal de la utopía en estos últimos años, pensando que era mejor predicar un realismo capaz de transformar realmente el mundo. Pero el realismo enseguida se convierte en la disponibilidad a cualquier concesión. Esto se ve en la historia de los movimientos políticos de izquierda, incluso y sobre todo en Italia, y en Europa. Quizás una verdadera oposición al capitalismo puede ser sólo intensamente utópica; debe saber renunciar a perspectivas de poder a corto plazo, de lo contrario se deja corromper fatalmente. Naturalmente, entiendo que es un problema: un partido, aún de izquierda, debe estar en condiciones de prometer a sus electores algún resultado sin plazos de siglos. Pero en la situación actual, con la corrupción y el compromiso que invaden también los partidos de izquierda en Europa, es necesario volver a descubrir el valor de la utopía, de los proyectos de transformación radical, de lo contrario no se arregla nada ni siquiera en el plano de las cosas más banales. Es necesario, en suma, poner en funcionamiento un canon también para matar un moscardón, una gran perspectiva revolucionaria incluso para hacer funcionar los correos estatales. En síntesis: sólo si aceptamos volver a ser, como decían Marx y Engels, un "fantasma", el comunismo tiene perspectivas de futuro.

¿Usted se define como comunista?

Cierto, me defino comunista justamente en ese sentido, pese a no ser partidario de una economía planificada y un Estado burocrático. Pero también Lenin soñaba con el fin del Estado. ¿Puedo llamarme anarco-comunista? También esa es una utopía. ¿Por qué no?

24 de junio de 2009

Exabruptos, confidencias y revelaciones (XI)

JUAN MANUEL DE ROSAS
Gobernador de Buenos Aires (1852)

"Quien gobierna podrá contar siempre con la cobardía de los argentinos. Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones".




DOMINGO F. SARMIENTO
Presidente de la Argentina (1865)

"No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes".




BARTOLOME MITRE
Presidente de la Argentina (1872)

"Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse".


MANUEL GALVEZ
Ensayista e historiador argentino (1934)

"Hace falta una mano de hierro, que ejerza la más severa censura en el teatro y en el cinematógrafo, en la radio y en el libro. Hace falta una mano de hierro que suprima la afición a la desnudez pagana que corrompe a las mujeres, emporca el periodismo y difunde en todos los rincones la inmoralidad. Hace falta una mano de hierro como la de Mussolini o de Hitler que salve a la familia cristiana y a la moral. Yo no apruebo las persecusiones realizadas por los nazis, pero me entusiasman aquellos campos de concentración en donde millares de jóvenes aprenden la vida austera".


FEDERICO PINEDO
Ministro de Hacienda de la Argentina durante la Década Infame (1946)

"Más bien que elecciones fraudulentas corresponde decir que en esas ocasiones no hubo elecciones, porque nadie pretendió hacer creer que había actos eleccionarios normales en que el pueblo había expresado su opinión. Más que parodia de elecciones hubo en esos casos y en otros parecidos negación ostensible y confesa del derecho electoral del pueblo argentino o de una parte de él".


EVA DUARTE DE PERON
Primera Dama y directora de la Fundación de Ayuda Social (1948)

"Para nosotros Marx es un propulsor. Ya he dicho que vemos en él a un jefe de ruta que equivocó el camino, pero jefe al fin. Como conductor del movimiento obrero internacional, los pueblos del mundo le deben que les haya hecho entender que los trabajadores deben unirse. Es interesante destacar que Marx, como conductor de las primeras organizaciones obreras, interpretó el sentir de las masas, y por este hecho le debemos considerar como un precursor en el mundo. Su doctrina, en cambio, es totalmente contraria al sentimiento popular. Solamente por desesperación o desconocimiento de la doctrina marxista pudo el comunismo difundirse tanto en el mundo; se difundió más por lo que iba a destruir que por lo que prometía construir".


JOHN WILLIAM COOKE
Abogado y Profesor universitario argentino (1964)

"El peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a la clase trabajadora, pero no está investido de ninguna calidad extraterrenal que le confiera vigencia perenne; no posee otros valores que los que él mismo va acreditando con sus acciones. Entonces no se vea en este toque de alerta prefiguraciones catastróficas, ni dudas en cuanto a su capacidad para cumplir su mandato histórico, sino el llamado para que lo preservemos como eje de un frente de nacionalidad. Había un lugar donde podría haberse planteado todo eso: el partido..., pero lo que debió haber sido el campo de desarrollo ideológico se transformó en esclerotizada estructura burocrática".


JOSE LOPEZ REGA
Ministro de Bienestar Social de la Argentina (1973)

"A los que tengan la cabeza dura, les vamos a encontrar una maza adecuada a su dureza. El quinto mandamiento dice no matar; este mandamiento es un poco difícil para nosotros el cumplirlo, dado que somos la permanente carne de cañón y, cual conejillos de laboratorio, somos impulsados por nuestros dirigentes a toda clase de guerras y revoluciones, teniendo siempre un pié colocado sobre el pescuezo, armas en la mano y hambre por detrás".


JUAN DOMINGO PERON
Presidente de la Argentina (1973)

"Teniendo en nuestras manos las grandes causas de las mayorías nacionales y el repudio unánime de la ciudadanía, harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República. Estamos afrontando una responsabilidad que nos ha dado plesbicitariamente el pueblo argentino. Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley, también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda. Ahora bien, si nosotros no tenemos en cuenta a la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato".


ROBERTO ALEMANN
Ministro de Economía, consultor de bancos y empresas multinacionales (1974)

"Se llega a la conclusión de que el Gobierno podría acelerar y facilitar ampliamente su victoria actuando contra la cumbre visible, de ser posible al amparo de la noche y la niebla y calladamente, sin echar las campanas al vuelo. Si Firmenich, Quieto, Ortega Peña entre otros, desaparecieran de la superficie de la tierra, ello sería un golpe fortísimo para los terroristas. Las guerrillas tendrían que buscarse nuevos líderes y sería mucho más difícil encontrar gente para cubrir esos puestos, si todo aquel que actuase pública y políticamente como dirigente de la izquierda armada supiese que automáticamente firma su propia sentencia de muerte".

Juan Marsé: "La memoria es el instrumento más importante que tiene un escritor"

El escritor catalán Juan Marsé (1933) trabajó hasta los veintiséis años en un taller de relojería. De forma­ción autodidacta, su primera novela, "Encerrados con un solo juguete", apareció en 1960, seguida por "Esta cara de la luna", en 1962. "Ultimas tardes con Teresa" de 1966 constituye, junto a "La oscura historia de la prima Montse" de 1970, el punto de partida del universo narrativo que estará presente en toda su producción posterior: la Barcelona de la posguerra y el contraste entre la alta burguesía catalana y los emigrantes. "Si te dicen que caí", aparecida en 1973, fue prohibida por la cen­sura franquista y publicada en México. Luego publicó "La mu­chacha de las bragas de oro", "El Pijoaparte y otras historias", "Un día volveré", "Ronda del Guinardó", "El teniente Bravo", "El embrujo de Shan­ghai", "El amante bilingüe", "Rabos de lagartija" y "Canciones de amor en Lolita's Club". Marsé estuvo en la Argentina invitado a la Feria del Libro de 1998 y si bien su obra fue editada oportunamente, hoy -increíblemente- está descatalogado en el país. En 2008 fue galardonado con el Premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas. En esa oportunidad, mientras termina su nueva novela, "Aquel muchacho, esta sombra", fue entrevistado por el periodista español Juan Cruz (1948), y el diálogo fue reproducido por el diario "Página/12" en su edición del 22 de diciembre de 2008.Qué raro, una entrevista a Marsé en Andorra. Ser de un país como éste no estaría mal.

Si uno hace un somero repaso a nuestra historia, llega a la conclusión de que haber nacido entre montañas en este paisaje maravilloso, pues sí, no estaría mal. Y no lo digo sólo por el paisaje.

¿Nosotros vivimos en un país raro?

Raro y que parece que aún no acaba de encontrar su estabilidad democrática. Hay todavía muchos resabios y sombras de nuestro pasado inmediato, concretamente de los cuarenta años del franquismo. Cuentas pendientes con muchas cosas. Con la Iglesia católica, por ejemplo.

Y todo parecía haberse resuelto en la transición...

Se dice que han sido heridas mal cerradas. No lo sé. Durante el primer Gobierno socialista se podrían haber resuelto algunas cosas en relación con la Iglesia. Pero los pactos sobre el Concordato fueron más de lo mismo. Y bajo el Gobierno de Aznar tampoco se hizo nada. Ahora tampoco se está haciendo nada de nada al respecto. Así que salta la chispa cuando menos te lo esperas. Hoy es un crucifijo, mañana es una monja... Esto es una lata. No es el problema más importante que tiene el país, pero lo digo porque refleja una cierta dejadez del Gobierno en materia de educación.

El Gobierno introdujo Educación para la Ciudadanía, y las reacciones dieron la impresión de que la asignatura la dictaba el diablo.

Es un ejemplo. Todavía parece como si fuésemos aprendices en el terreno democrático. Si no fuera porque es dramático, como escritor me troncharía de risa con lo que ha pasado con la Educación para la Ciudadanía y con la memoria histórica. La memoria es el instrumento más importante que tiene un escritor. Que no remuevas las cosas, dicen; eso es grotesco; es como si te negaran, en el caso de un escritor, el derecho a trabajar.

En su caso, la memoria es lo fundamental.

O es memoria o no es nada. Ya sé que se refieren a la memoria colectiva. Pero llega un momento en que esa apelación a que no se remuevan las cosas también afecta a la memoria personal.

La jerarquía católica no siempre fue igual. En la transición tuvimos a Tarancón.

La Iglesia de Roma es al final lo que pesa, la jerarquía eclesiástica es la que manda. Tarancón fue único. Y a él le costó mucho; le gritaban y lo insultaban por la calle.

"Tarancón al paredón".

Hoy día no sé qué le habría pasado. Coincidió en un momento de grandes esperanzas. Realmente la transición fue útil. La izquierda, sobre todo, cerró la boca, a ver si salíamos de aquello. Había la ilusión de que un día hubiera justicia histórica, como en Alemania o en Italia. Y Tarancón estaba en ese momento ahí. Yo creo que él pensó que con el tiempo esto se iba a resolver.

Algo habremos avanzado.

Por supuesto. De alguna manera, la Ley de la Memoria Histórica y la Educación para la Ciudadanía están en marcha, guste o no guste. Y otras cosas que tienen que ver con la vida civil, cuestiones sobre el aborto, aún no resueltas del todo...

En la derecha ahora hay personalidades bien definidas. Ahí tiene a tres muy significados: Aznar, Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy. ¿Qué imagen tiene ahora de Aznar?

Me parece un político mediocre. Es difícil hallar aquí una persona homologable a políticos de derechas notables de otras latitudes. Aznar me parece mediocre. No me atrevo a decir lo mismo de Rajoy, que me parece un hombre inteligente. Y Esperanza Aguirre me parece un personaje pintoresco; desde el punto de vista político no tiene la menor entidad. Me parece todo artificioso en ella. Pero déjame que me defienda de las cuestiones que abordas. Suelo citar unas palabras de Joyce en el "Retrato del artista adolescente". Dedalus le dice en un momento determinado a un amigo suyo: "Me estás hablando de religión, de patria, de nación; bueno, éstas son las redes de las cuales estoy intentando escapar". ¿Entendido?

Entendido. Sin embargo, de nación no hemos hablado.

¡Cómo que no! No en el sentido nacionalista, ya veo que no. Pero ahí sí que no tengo ningún empacho en decir que yo no soy nacionalista. Ni de Cataluña, ni de España, ni de China, ni de Andorra. No tengo ningún problema identitario. ¿Qué problema identitario voy a tener si además soy adoptivo? Tuve que rastrear mi identidad desde que cumplí los diez años; supe entonces que había otra familia, que mis apellidos eran otros. Durante unos años estuve como que no sabía de dónde había venido. No sé hasta qué punto eso pudo haber influido en mi personalidad, no me gusta especular sobre estas cosas. Pero hoy día puedo afirmarte que no estoy dispuesto a dejarme desafiar por asuntos de identidad, ni de banderas, ni de patrias.

Se evita usted discusiones enfermizas.

Nunca he entendido ese énfasis: "Yo soy así y soy de aquí". Y se creen que por eso ya uno es mejor que otro. No sé de dónde proviene ese orgullo. Estoy orgulloso de pocas cosas. Estoy orgulloso de que pongo mucho esmero en el trabajo, por ejemplo. Pero en esas cosas de la identidad no pongo esmero alguno. Me da igual.

Hasta dónde llega la obsesión por la identidad, que incluso marcó el día de la concesión del Cervantes...

Pero luego he sabido de manera fidedigna, de parte del propio ministro, César Antonio Molina, que él no dijo eso. Se dijo que había dicho que se me premiaba por defender la lengua española en Cataluña. Yo jamás he escrito una línea para defender la lengua española; creo que se defiende sola... Hay, sí, alguna problemática en Cataluña en relación con el español, algunos excesos, alguna cuestión que no acaba de ajustarse bien, y creo que se ajustará. Y te puedo asegurar que mi nieto Guille es un ejemplo. El habla perfectamente catalán y español. Su padre es uruguayo, su madre es catalana. Y en mi casa pasó otro tanto... Se ha exagerado la problemática por intereses estrictamente políticos, y eso me revienta. Uso la lengua para comunicarme, no para defender ideas políticas. Y tal como dije entonces, cuando se anunció el Cervantes, cuando se utiliza la lengua como una bandera, me pongo la mano en la cartera porque sé que de algún lado me van a sacar los cuartos. Pero lo que dijo el ministro no es lo que dijeron que dijo. Lo que dijo fue lo que está en este papel: "... y también el haber contribuido desde Cataluña a la lengua común de 500 millones de personas".

Fue su premio una gran alegría para mucha gente. ¿Usted cómo lo recibió?

Pues a mí también me dio alegría. Lo que pasa es que pensaba que otra vez sería finalista. Así que fui tranquilamente al cardiólogo, a una revisión rutinaria. Bueno, tranquilamente no, porque él me halló un poco nervioso al tomarme la presión. Y le expliqué: "Es que ahora dan el Cervantes, y he sido candidato desde hace un par de años, y, quieras que no, eso te agita, aunque sepa que no voy a ganar". Entonces él me dijo: "Bueno, que conste que si lo ganas, quiero que digas que estás vivo gracias a mí".

El doctor Massip.

Sí, y así lo dije, estoy vivo gracias al doctor Massip. Cuando llegué a casa, ésta ya estaba invadida por periodistas y fotógrafos. Y yo contentísimo, ¿por qué negarlo? Contentísimo.

O sea, que ya tiene los dos grandes premios de la literatura en español, el Rulfo y el Cervantes.

El Rulfo me hizo mucha ilusión también, porque yo tuve la suerte de conocer a Juan Rulfo en 1973, cuando me dieron en México un premio por "Si te dicen que caí", que no pudo publicarse en España entonces, y se publicó después de la muerte de Franco. Ese premio mexicano me llegó muy hondo, y es muy importante para mí también.

Ahora aparece en el libro de Jordi Gracia sobre Dionisio Ridruejo que éste se sintió retratado...

Publicó un artículo sobre ello en la revista "Destino". Hacía una reflexión sobre aspectos que se le habían escapado de la dictadura y de la Falange, que conocía a fondo. Cuando surgió la posibilidad de la edición española de "Si te dicen que caí", a finales de 1973, al editor de Novaro en Barcelona se le ocurrió la idea de utilizar como prólogo ese texto de Ridruejo; pensaba que con ese prólogo la censura sería favorable a la publicación del libro. A mí me parecía que pasaría todo lo contrario, porque el régimen no estaba nada contento con Ridruejo, por supuesto. En el ínterin había habido una visita a Ridruejo en su casa de Alella. Fuimos Jaime Gil de Biedma, Ana María Moix y yo. Me pareció una persona estupenda, con una gran elegancia intelectual... Cuando se planteó la posibilidad de convertir su texto en un prólogo, le expuse la cuestión y él me dijo que quería ampliarlo. No hubo tiempo. Y se hizo una edición con su artículo, pero la censura se cargó el libro igualmente.

Era una tradición que la censura se ocupara de usted.

Una estudiante americana que preparaba una tesis sobre la censura en España se metió en los archivos y encontró cosas muy curiosas. Al final del informe sobre "Si te dicen que caí", el censor decía algo así como: "Si quitamos que salen maricones y gente de malvivir y prostitutas, si quitamos todo eso, todavía sería una porquería la novela". Para que quedara claro, ¿no?

Qué España más oscura.

Sí. En 1966, con "Ultimas tardes...", el régimen se estaba tratando de lavar la cara, se acababa de promulgar la Ley de Prensa de Fraga. Con "Si te dicen que caí", en 1973, las cosas estaban peor. Es fácil de comprender: eran los últimos coletazos del franquismo.

Han pasado más de cuarenta años de "Ultimas tardes con Teresa", treinticinco de "Si te dicen que caí", y usted ha seguido publicando. No sé si "Yo no me olvido" sería una divisa de todo lo que ha escrito.

Sí, si hubiera que buscar un asunto que lo englobara todo, probablemente sería ése. Yo no me olvido. Bueno, es lo que te decía antes: el escritor, o es memoria o no es nada. En mi caso, yo prefiero que la memoria esté implícita, un historiador o un sociólogo. Cuando uno se dedica a la literatura de ficción se supone que es para crear un mundo. También un mundo que tenga algo que ver con éste, naturalmente.

Claro.

Pero un mundo con sus propias leyes internas, de armonía, de estructura, de ecos y de resonancias. En el trasfondo hay algo personal. Hay, por ejemplo, una constante en mis novelas: lo del padre ausente; o está en el exilio, o está oculto, o está muerto. El padre ausente. Eso probablemente tiene que ver con mi biografía.

Si uno lee sus libros y los subraya, puede concluir una biografía suya.

Alguien está muy interesado ahora en mi biografía, y la está haciendo, Josep María Cuenca. Le lleva un trabajo tremendo porque se encuentra con dos familias... Rastrear mi familia biológica es un trabajo inmenso porque no queda casi nadie y hay una serie de puntos muy oscuros. A mí lo que me gusta decir es que mi biografía, la que yo conozco de mis padres adoptivos, está ya en mis novelas. En algunas está enmascarada, a veces está más explícita, pero está ahí.

Y además hizo usted un descubrimiento: lo que a usted le había contado su madre no era enteramente cierto...

Cuenca está investigando. Mi madre adoptiva había tenido un bebé muerto, y el médico le había dicho que no podía tener más hijos. Y mi madre había muerto. Mi padre me dio en adopción a esa señora. Ella salía con su marido de la clínica, pararon un taxi, y ahí iba mi padre, que la oyó llorar. Supo la historia, y les dijo: "A mí me ha pasado lo contrario. Perdí a mi esposa y tengo un niño de días. Y no sé qué hacer, porque además tengo otra niña de cinco años". Esa historia, según mi hermanastra Regina, no es cierta, mi madre se la inventó. Siempre he estado a favor de esa historia, me gusta porque parece sacada de una novela de Dickens. Pero Cuenca no ha encontrado en ninguna clínica ni en el Registro Civil constancia de ese niño muerto... Podían ser fantasías de mi madre, y mi madre adoptiva, Berta, tenía una fantasía extraordinaria...

Cualquier descubrimiento que uno haga a partir de una incertidumbre así tiene que producir una emoción enorme.

A estas alturas me espero cualquier cosa. Cuenca me ha preguntado sobre cuándo lo supe y en qué circunstancias. Yo tendría nueve años. Ibamos por la calle y una vecina le dijo a mi abuela paterna: "¡Qué niño más guapo! Se ve que no es un Marsé, porque no se parece en nada ni a su padre ni a su madre". Le pregunté a la abuela y ella empezó a contarme...; decía que había otros padres míos, pero que eso me lo comentaría mi madre, "porque ella prometió decírtelo cuando tuvieras diez años". Eso precipitó la confesión de mi madre. Pero entonces yo me acoracé, no quería tener más padres, ya estaba bien con los que tenía. Y después tomé una actitud de indiferencia, de que aquello me resbalaba. Y mi padre adoptivo nunca me comentó nada. Cuando fui ya mayorcito, Regina empezó a contarme cosas de mi padre biológico... Pero yo estaba tan bien con aquellos padres, que decidí que aquéllos eran mis padres y punto.

Lo cierto es que su literatura y su autobiografía se juntan en su obra.

Lo difícil es decir en qué porcentaje. A mí me gusta decir que hay mucha inventiva, que yo escribo novelas porque me gusta imaginar otras vidas... Cuando uno está leyendo una buena novela no está pensando en rastrear aquellos hechos que pueden tener que ver con el que la ha escrito. Eso es irrelevante en la lectura. Después, el interés por el autor te puede llevar a establecer relación entre él y la obra. Lo importante es que una novela te hipnotice. ¿Qué más da si ésa es una historia inventada o no?

Pero hay un taller, y ahí está usted, con sus recortes y con su vida, con sus materiales. Si usted tuviera que hablar como su propio espejo, ¿cuál sería su lectura de lo que ha escrito?

Yo no veo más que defectos, casi. Yo sé perfectamente, y el lector no lo puede saber, el nivel que me propuse al empezar a escribir y el nivel que alcancé al terminar. El resultado final suele ser no un pálido reflejo, como dice el tópico, pero sí una sombrecilla de lo que yo quería conseguir.

"Aquel muchacho, esta sombra", ¿cómo sigue?

Me queda trabajo todavía. Soy de esos escritores que se explican mal, y para explicar este libro es mejor que aparezca.

¿Aquel muchacho es Marsé?

En parte sí. Hay experiencias personales bastante evidentes. Transformadas, metamorfoseadas, enmascaradas en la ficción.

Y el de verdad, ¿cómo era aquel muchacho?

Según Regina, yo era un buen chico. "Un buen chico. Lo que pasa es que tú no te acuerdas, pero tú eras un buen chico, tan buen chico que casi daba asco. Molt bon nano". Obediente.

¿Cómo se siente ahora?

Como ciudadano me siento fastidiado por muchas cosas que tienen que ver con la marcha de mi país. En el terreno familiar me siento muy estable, muy contento. Y en relación con mi edad, pues resignado, ¿cómo me iba a sentir?

El tiempo se lo lleva todo. Y su generación era de amigos, de muchos amigos. Este año se le murieron Angel González y Rafael Azcona. ¿Qué ha sido la amistad para usted?

Muchí­simo. A Azcona me lo presentó Ricardo Muñoz Suay, otra persona a la que yo quería mucho. Rafael me regaló un ejemplar de "Los ilusos". Lo conservo en casa como un tesoro. Tenía un talento extraordinario. Conservo sus felicitaciones de Navidad y del aniversario de la República, una especie de "collage" que hacía con fotos y recortes muy divertido. Yo le enviaba unos dibujos que hago de cardenales y de obispos en su nube gloriosa... Bueno, eran bromas. En cuanto a Angel, era entrañable, más de cuarenta años de amistad. Siempre que venía a Barcelona, antes de irse a América, nos juntábamos con él, Barral, Gil de Biedma, Juanito García Hortelano, con quien hice muchos trabajos de cine... Angel traía su guitarra y cantaba boleros. En Barcelona se quedaba en casa de su amigo Manuel Lombardero, y nos veíamos. Su poesía ha sido para mí un ejemplo de civismo y de memoria, tan personal, tan suya. Me daba una imagen de una Asturias heroica, su madre, su familia. Angel era extraordinario. Bueno, han sido los dos últimos amigos perdidos.

Cuando le dieron el Planeta en 1978 por "La muchacha de las bragas de oro" fue de trapillo, y el "president" Tarradellas se lo reprochó. Y ahora afronta esta solemnidad.

Yo acababa de llegar del pueblo, iba con un pantalón de pana y una especie de cazadora amarilla, y no hubo tiempo para vestirme de otra manera cuando me avisaron para ir a la ceremonia. Al saludar a Tarradellas, éste me miró de arriba abajo, no me dijo nada, pero su mirada fue de reprobación. Tiempo después coincidimos en un concierto, al que fui con Joan de Sagarra. Y al saludarnos se echó a reír y me dijo: "Ja veig que avui va més arregladet...". Haré ahora lo que pueda para llevar ese chaqué con toda dignidad, y nada más.

Ya sé que me va a recordar lo que decía Dedalus. Pero no se puede conversar con Marsé sin preguntarle por Rouco.

Es un señor que no da una. Está en contra de todo lo que significa progreso, contra los condones, en fin... Es la cabeza mandante de la cúpula eclesiástica de este país, y en consecuencia, de esos programas horrorosos de la Cadena de Ondas Populares Españolas (COPE), y no le da la gana corregirse. Muy poca calidad veo en ese señor. Se ha convertido en un mamut que está ahí, impidiendo que se legislen en este país una serie de cuestiones importantes para el progreso. Y no hay por qué ponerse así. Me merece todo el respeto la relación con los confesores y con la Iglesia, pero que dejen en paz a los que tienen que legislar en este país... Coges el periódico y siempre está ahí, interrumpiendo. No me gustan nada ni él ni su adlátere, Martínez Camino.

Estamos al final de un año en el que todo parece simbólico: el último atentado de ETA, la elección de Obama, la crisis...

Y prepárate, porque el año próximo va a ser más acusada todavía... A ver si al menos se resuelven algunas de las cosas que he dicho. A ver si Zapatero es capaz de poner a la Iglesia y a los obispos en su sitio, y a ver si el sistema judicial de este país se pone al día... En cuanto a la memoria histórica, a ver si dejan que la ley se desarrolle en paz, sin rencores ni revanchas. Y a ver si se mueve el sistema educativo, porque ahí hay un problema gordo también.

¿Y será Zapatero capaz?

Tiene una crisis económica clara... Sobre la crisis quiero recordar una frase de Brecht que siempre me gustó y que ahora se pone en evidencia: "Desde el punto de vista moral, es lo mismo atracar un banco que fundarlo".

Parece de El Roto... ¿Y Obama? Usted dijo un día que el Pijoaparte sería hoy un inmigrante del Magreb. Y un inmigrante del Magreb un día podría ser presidente del Gobierno...

Sí. Pero no olvides que de todos modos, y aunque Obama siempre puede ser mejor que Bush, el imperio es el imperio, y todavía es el imperio, y el emperador tiene que estar en función del imperio. Quiero decir que el presidente de los Estados Unidos es eso, el presidente del imperio, y el imperio es el imperio. No sé si me explico.

Exabruptos, confidencias y revelaciones (X)

JAMES BUCHANAN
Presidente de Estados Unidos (1857)

"La expansión de nuestro país sobre el continente americano desde el Mar Artico hasta América del Sur, está en el destino de nuestra raza y nadie podrá detenerla".




WILLIAM McKINLEY
Presidente de Estados Unidos (1898)

"Yo caminaba por la Casa Blanca, noche tras noche, hasta medianoche; y no siento vergüenza al reconocer que más de una noche he caído de rodillas y he suplicado luz y guía al Dios Todopoderoso. Y una noche, tarde, recibí Su orientación, no sé cómo, pero la recibí: primero, que no debemos devolver las Filipinas a España, lo que sería cobarde y deshonroso; segundo, que no debemos entregarlas a Francia ni a Alemania, nuestros rivales comerciales en el oriente, lo que sería indigno y mal negocio; tercero, que no debemos dejárselas a los filipinos, que no están preparados para auto-gobernarse y pronto sufrirían peor desorden y anarquía que en tiempos de España; y cuarto, que no tenemos más alternativa que recoger a todos los filipinos y educarlos y elevarlos y civilizarlos y cristianizarlos, y por la gracia de Dios hacer todo lo que podamos por ellos, como prójimos por quienes Cristo también murió. Y entonces, volví a la cama y dormí profundamente".


WILLIAM TAFT
Presidente de Estados Unidos (1909)

"No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente".


WOODROW WILSON
Presidente de Estados Unidos (1913)

"Se ha oído hablar de concesiones hechas por América Latina al capital extranjero, pero no de concesiones hechas por los Estados Unidos al capital de otros países... es que nosotros no hacemos concesiones. Un país es poseído y dominado por el capital que en él se haya invertido".


HARRY S. TRUMAN
Presidente de Estados Unidos (1948)

"Sostengo que nuestra ayuda debe hacerse esencialmente por la vía económica y financiera, ya que esos factores son fundamentalmente para asegurar la estabilidad económica y procesos políticos normales. Los pueblos libres del mundo miran hacia nosotros pidiendo apoyo para mantener sus libertades. Si nuestro liderazgo flaquea podemos poner en peligro la paz del mundo y, seguramente, pondremos en peligro el bienestar de nuestro país".


JOHN F. KENNEDY
Presidente de Estados Unidos (1961)

"Del mundo subdesarrollado, que tiene necesidad de capitales, hemos retirado 1.300 millones de dólares mientras sólo le exportábamos 200 millones en capitales de inversión".




LYNDON JOHNSON
Presidente de Estados Unidos (1963)

"El Departamento de Comercio de Estados Unidos celebra la buena marcha de la Alianza para el Progreso, que a poco de nacida, ya ha creado nuevos negocios y fuentes de trabajo para empresas privadas de cuarenta y cuatro estados norteamericanos".




RICHARD NIXON
Presidente de Estados Unidos (1973)

"A fines del siglo XIX, el nivel de vida de los países ricos del mundo excedía en un 50 % el nivel de los países pobres. A fines del siglo XX, el ingreso per cápita en Estados Unidos será quince veces más alto que el ingreso en América Latina".




RONALD REAGAN
Presidente de Estados Unidos (1983)

"Los estamos apoyando a desestabilizar al actual gobierno de Nicaragua. ¡Espere un momento!¡Lo siento!, estaba pensando en El Salvador, por lo de antes, cuando dije Nicaragua. También esto, esto es algo por encima de lo cual está el interés por la seguridad nacional. No voy a hacer comentarios".


GEORGE H. BUSH
Presidente de Estados Unidos (1991)

"Nunca pediré disculpas en nombre de los Estados Unidos de América. No me interesa cuáles sean los hechos. Como americanos sabemos que hay veces en que debemos dar un paso al frente y aceptar nuestra responsabilidad de dirigir al mundo, lejos del caos oscuro de los dictadores. Somos la única nación en este planeta capaz de aglutinar a las fuerzas de la paz".

18 de junio de 2009

Cinco ponderaciones hacia la figura de Poe

Sólo cuarenta años abarca la vida de Edgar Allan Poe. Nació en Boston en 1809 y murió en Baltimore en 1849. Su vida parece una más de sus historias alucinantes. Hijo de dos cómicos de la legua, quedó huérfano a los pocos años y fue adoptado por John Allan (1779-1834) un próspero comerciante de Virginia, a quien Poe debe su primer apellido. Estudió en Inglaterra durante cinco años y, de regreso en Estados Uni­dos, en 1826 ingresó en la Universidad de Charlottesville. Desde su adolescencia se aficionó al juego y a la bebida, gastando cuanto dinero caía en sus manos y adquiriendo deudas que su padre adoptivo se negaba a pagar. En 1830 se rompieron los lazos entre Poe y su padrastro, iniciando entonces aquél una vida bohemia que no abandonaría hasta su muerte. Durante años su tía Marie Poe Clemm (1790-1891) y la hija de ésta, Virginia Eliza Clemm (1822-1847), lo mantuvieron con lo poco que ganaban con sus labores de costura. En 1833 obtuvo el primer premio -de 100 dólares- de la revista "Saturday Visitor", con su narración "MS. found in a bottle" (Manuscrito hallado en una botella). Al año siguiente murió su padre adoptivo sin mencionarlo en su testamento y, dos años más tarde, se casó con su prima Virginia, que a la sazón contaba con catorce años de edad e intentó vivir de la literatura sin conseguirlo. De esa época data el recrudecimiento de su alcoholismo. Pobre y desventurado, deambuló por una nación que comenzaba a ser potencia mundial y no reparó en su genio. Recién en 1845 con la publicación de "The raven" (El cuervo), su más famoso poema, se le abrieron las puertas de la fama, pero no encontró solución económica alguna. Su agudo sentido crítico, su cinismo, su inmensa soberbia, le granjearon la enemistad de cuantos lo trataron. Una fría madrugada de octubre de 1849 fue encontrado en un callejón de Baltimore, a pocos metros de una taberna, completamente borracho, semiinconsciente, sucio y con ropas que no eran las suyas. Pocas horas después murió en un hospital. Su fallecimiento pasó inadvertido. Ninguno de los pocos amigos con los que aún contaba se molestó en pagar su entierro. Fue una muerte más entre las que se producían a diario en la gran ciudad. Nadie en Estados Unidos advirtió en aquel momento que con la muerte de ese borracho había perdido la figura cumbre de su lite­ratura.
De fino cabello, ojos grandes, piel páli­da y elegancia cuidada, Poe fue un periodista brillante y un perspicaz asesor literario. Sus narraciones extraordinarias, poemas y ensa­yos, pueden situarle en principio en ese apartado de los "raros", tan contraproducente para en­tender la creación literaria. La lectura de su obra implica introducirse en un mundo apasio­nante, extremado, donde lo que importa no son los motivos sino el tono, el acento, la naturaleza genial y arrebatadora de sus climas alucinantes.Considerado uno de los maestros de la poesía romántica, fue autor de una sola novela: "The narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket" (Las aventuras de Arthur Gordon Pym), de ensayos diversos y de casi setenta cuentos, muchos de los cuales forman parte del acervo literario universal como "The imp of the perverse" (El demonio de la perversidad), "The gold bug" (El escarabajo de oro), "The tell-tale heart (El corazón delator), "The pit and the pendulum" (El pozo y el péndulo), "The fall of the House of Usher" (La caída de la Casa Usher) y "The murders in the Rue Morgue" (Los crímenes de la calle Morgue).
Creador del género policial y de sus primeras convenciones, Poe dio asimismo un impulso notable a la afirmación del cuento moderno de terror de índole psicológica. Sus ensayos se hicieron famosos por su sarcasmo e ingenio y han resistido el paso del tiempo situándole entre los mejores críticos literarios estadounidenses. En ellos expuso teorías sobre la naturaleza de la ficción y, en particular, sobre el cuento. No obstante, las opiniones no han sido unánimes. Algunos escritores como Ralph Waldo Emerson (1803-1882), William Butler Yeats (1865-1939) o Aldous Huxley (1894-1963) lo consideraron vulgar. Otros como Ernst Jünger, Agustí Bartra, Julio Cortázar, Paul Valéry y Charles Baudelaire opinaron distinto. A ellos pertenecen los siguientes párrafos.

Charles Baudelaire (1821-1867). Poeta y crítico francés, principal representante de la escuela simbolista. Sus primeras publicaciones importantes fueron dos cuadernillos de crítica de arte en los que analizaba con agudeza las pinturas y los dibujos de artistas contemporáneos franceses. El éxito literario le llegó en 1848 cuando aparecieron sus traducciones de Poe, autor con quien tenía una fuerte afinidad y al que siguió traduciendo hasta 1857. Ese mismo año apareció su principal obra, "Les fleurs du mal" (Las flores del mal), una recopilación de poemas. Entre sus obras se destacan "Petits poémes en prose" (Pequeños poemas en prosa), "Les paradis artificiels" (Los paraísos artificiales), "Curiosités esthétiques" (Curiosidades estéticas) y "Les épaves" (Los despojos). Lo que sigue son algunos fragmentos de su artículo "Edgar A. Poe. Sa vie et ses oeuvres" (Edgar A. Poe. Su vida y sus obras).

Los Estados Unidos sólo fueron para Poe una vasta cárcel, que él recorría con la agitación febril de un ser creado para respirar en un mundo más elevado que el de una barbarie alumbrada con gas, y que su vida interior, espiritual, de poeta o incluso de borracho, no era más que un esfuerzo perpetuo para huir de la influencia de esa atmósfera antipática. El y su patria no estaban al mismo nivel. Los Estados Unidos son un país gigantesco e infantil, orgulloso de su desarrollo material, anormal y casi monstruoso. ¡Tienen allí un valor tan grande el tiempo y el dinero! La actividad material, exagerada hasta adquirir las proporciones de una manía nacional, deja en los espíritus muy poco sitio para las cosas no terrenas. Poe era allá un cerebro singularmente solitario. No creía más que en lo inmutable, en lo eterno, y gozaba -¡cruel privilegio en una sociedad enamorada de sí misma!- de ese grande y recto sentido a lo Maquiavelo que marcha ante el sabio como una columna luminosa a través del desierto de la Historia. Creía, como verdadero poeta que era, que la finalidad de la poesía es de la misma naturaleza que su principio, y que no debe fijarse en otra cosa más que en sí misma. En las novelas cortas de Poe no hay nunca amor. Acaso él creía que la prosa no es lengua a la altura de ese singular y casi intraducible sentimiento; porque sus poesías, en cambio, están fuertemente saturadas de él. La divina pasión aparece en ellas, magnífica, estrellada, velada siempre por una irremediable melancolía. En sus artículos habla a veces del amor como de una cosa cuyo nombre hace temblar la pluma. Afirma que las cuatro condiciones elementales de la felicidad son: la vida al aire libre, el amor de una mujer, el desapego de toda ambición y la creación de una nueva Belleza. Nadie negará que Poe es un prestidigitador maravilloso. No es por sus milagros materiales, que le han dado, empero, su fama, por lo que él conquistará la admiración de las gentes que piensan, sino por su amor a lo Bello, por su conocimiento de las condiciones armónicas de la belleza, por su poesía profunda y gimiente, siquiera trabajada, transparente y correcta como una joya de cristal; por su admirable estilo, puro y singular, complaciente y minucioso, y, sobre todo, por ese genio especialísimo, por ese temperamento único que le ha permitido pintar y explicar de una manera impecable, sorprendente, terrible, la excepción en el orden moral. Ningún hombre ha contado con mayor magia las excepciones de la vida humana y de la Naturaleza, los ardores de curiosidad de la convalecencia, los finales de estación cargados de esplendores enervantes, los tiempos cálidos, húmedos y brumosos, en que el viento del Sur ablanda y afloja los nervios como las cuerdas de un instrumento, en que los ojos se llenan de lágrimas que no provienen del corazón; la alucinación dejando lo primero sitio a la duda, y muy pronto convencida y razonadora como un libro; lo absurdo instalándose en la inteligencia y rigiéndola como una lógica espantosa, la histeria usurpando el sitio de la voluntad, la contradicción asentada entre los nervios y el espíritu, y el hombre desacorde hasta el punto de expresar el dolor con la risa. El analiza lo que hay de más fugaz, sopesa lo imponderable y describe en una forma minuciosa y científica, cuyos efectos son terribles, toda esa parte imaginaria que flota en torno al hombre nervioso y le hace acabar mal. El ardor mismo con que se arroja a lo grotesco por amor a lo grotesco, a lo horrible por amor a lo horrible, me sirve para comprobar la sinceridad de su obra y la unión del hombre con el poeta.

Paul Valéry (1871-1945). Poeta francés considerado como uno de los más grandes escritores filosóficos modernos. Sus primeros poemas, escritos entre 1889 y 1898 y recopilados en "Album de vers anciens" (Album de versos antiguos) en 1921, están muy influidos por los simbolistas. En las dos primeras obras en prosa se ocupó del dominio de las técnicas intelectuales: el ensayo "Introduction á la méthode de Léonard de Vinci" (Introducción al método de Leonardo da Vinci) y la obra de ficción "La soirée avec monsieur Teste" (La velada con el señor Teste). Obtuvo gran notoriedad con la publicación de los poemas "La jeune Parque" (La joven Parca) en 1917, y "Le cimetiére marin" (El cementerio marino) en 1920, considerado su obra maestra. Sus últimos escritos en prosa fueron estudios filosóficos y meditaciones: "Regards sur le monde actuel" (Miradas sobre el mundo actual), "Notion générale de l'art" (Nociones generales sobre el arte) y los cinco tomos de "Variété" (Variedades). Al segundo de ellos, publicado en 1930, pertenece el siguiente fragmento sobre Poe.

Bajo un cielo totalmente distinto, en medio de un pueblo que aún estaba absorbido por la construcción de su realidad material y que, todavía indiferente hacia su pasado, sólo trabajaba con vistas al futuro y dejaba la más completa libertad a todo tipo de experiencias naturales, allí se encontraba un hombre que analizaba las cuestiones psíquicas, entre ellas también la creación literaria, con una originalidad, una agudeza y una clarividencia como hasta entonces no se habían encontrado, al menos en esa medida, en una mente con capacidad poética. Antes de Edgar Allan Poe, nunca había sido investigado hasta sus presupuestos el problema de la literatura, nunca había sido reducido a una cuestión psicológica y tratado por medio de un análisis en el que se empleasen decididamente la lógica y la mecánica de los efectos. Por primera vez se consideraron las relaciones recíprocas entre obra y lectores como el fundamento positivo del arte. La misma observación, las mismas diferencias, las mismas notaciones cuantitativas, las mismas líneas directrices son tan válidas para aquellas obras cuyo fin es producir un violento impacto en el mundo de las emociones y conquistar un público ávido de fuertes estímulos y aventuras insólitas, como para los más refinados productos literarios y para el delicado organismo de las creaciones poéticas. Decir que este análisis posee validez tanto en el terreno de la narración como en el de la poesía, que se puede emplear tanto en la construcción de lo puramente imaginado y fantástico como en la imitación literaria y en la descripción de la realidad, significa que este análisis es notable por su validez general. Y lo que realmente tiene una validez general posee también la característica de la fecundidad. Haber llegado al punto en que se domina todo el campo de acción implica necesariamente tener a la vista una gran cantidad de posibilidades: regiones inexploradas, caminos por abrir, comarcas por colonizar, ciudades por construir, relaciones por establecer, medidas que ampliar. Por lo tanto, no es de extrañar que Poe, en posesión de un método tan capaz y seguro, haya sido el creador de varios géneros literarios y haya proporcionado los primeros y más impresionantes ejemplos de la narración científica, de la moderna poesía cosmogónica, de la novela policíaca pedagógica y de la introducción de situaciones y estados psicológicamente enfermizos en la literatura; así como tampoco puede admirarnos que toda su obra evidencie en cada página la actuación de una inteligencia y de una voluntad hacia la inteligencia que no aparecen con tales dimensiones en ninguna otra carrera literaria.

Ernst Jünger (1895-1998). Novelista y ensayista alemán que lo largo de su extensa vida se transformó en uno de los hitos culturales fundamentales del siglo XX, no sólo en Alemania, sino en todo Occidente. Dentro del conjunto de su extensa y polémica obra, ocupan una posición central "Annäherungen. Drogen und rausch" (Acercamientos. Drogas y ebriedad), "Das wäldchen 125" (El bosquecillo 125), "Die schere" (La tijera), "Das sanduhrbuch" (El libro del reloj de arena), "Strahlungen" (Radiaciones), "Siebzig verweht" (Pasados los setenta), "In stahlgewittern" (Tempestades de acero) y "Der arbeiter. Herrschaft und gestalt" (El trabajador. La dominación y la forma). En "Der waldgang" (El camino del bosque) de 1951, se refirió a Poe en los siguientes términos:

Lo extraordinario en el espíritu de Edgar Allan Poe está en su economía y parquedad. Oímos el tema principal ya antes de que se levante el telón y desde los primeros compases percibimos con certeza el tono amenazador que dominará todo el drama. Los personajes, austeros y matemáticos, son al mismo tiempo personajes fatídicos y en ello reposa su extraño hechizo. La vorágine es el embudo, el torbellino irresistible con el que ejerce su fuerza de atracción el vacío, la nada. El pozo nos da la imagen de una caldera, de una circunferencia cada vez más cerrada, el espacio se va estrechando e incita a las ratas a corretear nerviosas. El péndulo es el símbolo del tiempo muerto, mensurable. Es la afilada hoz de Cronos, que se balancea y amenaza al prisionero encadenado, pero que al mismo tiempo también le salvará si se sabe servir de ella.

Agustí Bartra (1908-1982). Poeta, novelista, traductor y dramaturgo catalán. De formación autodidacta, sus primeras obras fueron la colección de cuentos "L'oasi perdut" (El oasis perdido) de 1937, y el libro de poemas "Cant corporal" (Canto corporal) de 1938. Participó en la Guerra Civil española y luego vivió el exilio en República Dominicana, Cuba y México realizando esporádicos viajes a Estados Unidos hasta su regreso a Cataluña en 1970. Durante esa etapa publicó una vasta obra poética: "L'arbre de foc" (El árbol de fuego), "L'evangeli del vent" (El evangelio del viento), "Quetzalcóatl", "Ecce homo", entre otros. Ya en su patria, publicó "Poemes del retorn" (Poemas del retorno), "Els himnes" (Los himnos); las novelas "Crist de 200.000 bracos" (Cristo de 200.000 brazos) y "La lluna mor amb aigua" (La luna muere con agua); y los cuentos "L'estel sobre el mur" (La estrella sobre el muro). Durante su prolongada estancia en América fue uno de los fundadores de la revista "Letras" que se publicó en México entre 1944 y 1947, y el editor de "Una antologia de la lírica nord-americana" (Una antología de la poesía norteamericana" en 1951. A ella pertenece el texto que sigue a continuación.

Edgar Allan Poe es una de las figuras más tristes y enigmáticas de la literatura norteamericana. Su vida ha sido objeto de minuciosas y prolongadas investigaciones, pero quedan aún períodos de su historia que no han sido satisfactoriamente dilucidados, y acerca de su obra las opiniones han estado y siguen estando divididas. Thomas Stearns Eliot, en una conferencia sobre Poe dada en la Biblioteca del Congreso de Washington, dijo: "Puedo nombrar, sin miedo a equivocarme, algunos poetas cuyas obras han influido en mí y otros, aunque es posible que me hayan influido sin que yo me de cuenta. Pero con Poe, uno no sabe nunca...". En Poe, la ausencia de tradiciones y valores autóctonos es casi absoluta. Fue un genio flotante y melancólico, sin raíces, en una época poseída de vitalidad épica. El fracaso de su vida ha entrado en la leyenda, pero su poesía ha tenido en realidad poca influencia en la lírica de su país, donde se le considera como una exótica curiosidad. Sin embargo, la influencia de Poe en la lírica universal ha sido tan vasta como la del mismo Whitman, aunque de orden externo".

Julio Cortázar (1914-1984). Nació en Bruselas, de padres argentinos, y en 1918 se trasladó con su familia a la Argentina, donde cursó las carreras de Magisterio y de Letras. Fue maestro rural durante cinco años y colaborador de diversas publicacio­nes literarias. Viajó a Francia en 1951 con una beca de corta duración, pero desde entonces, su trabajo como traductor en la Unesco le permitió radicarse en la capital francesa. De su obra se destacan los cuentos de "Bestiario", "Las armas secretas", "Final del juego" y "Todos los fuegos el fuego"; las novelas "Los premios" y "Rayuela"; y las misceláneas "Historias de cronopios y de famas" y "La vuelta al día en ochenta mundos". Viviendo en París, le surgió el ofrecimiento de la Universidad de Puerto Rico de traducir la obra completa, en prosa, de Poe. El trabajo, que realizó en Italia durante un año, fue finalmente publicado en dos volúmenes en 1956, con una introducción y notas varias a su cargo, constituyéndose en la mejor traducción de la obra del escritor estadounidense. De dicha introducción son los pasajes que siguen, en los que Cortázar narra los últimos momentos de la vida de Poe.

En julio de 1849, Poe abandonó Nueva York para volver a su ciudad de Richmond. No se sabe por qué lo hizo, como no fuera movido por un oscuro instinto de refugio, de protección. Era un hombre con los nervios a flor de piel, que temblaba a cada palabra. No se sabe cómo llegó a Filadelfia, interrumpiendo su viaje al Sur, hasta que a mediados de julio, probablemente después de muchos días de intoxicación continua, Edgar entró corriendo en la redacción de una revista donde tenía amigos y reclamó desesperadamente protección. La manía persecutoria estallaba en toda su fuerza. Sus desolados amigos reunieron algún dinero y lo embarcaron rumbo a Richmond. Los amigos de Richmond le proporcionaron sus últimos días tranquilos. Bien atendido, respirando la atmósfera virginiana que, después de todo, era la única verdaderamente suya, Edgar nadó una vez más contra la corriente negra, como había nadado de niño para asombro de sus camaradas. Se le vio de nuevo paseando reposadamente por las calles de Richmond, visitando las casas de los amigos, asistiendo a las tertulias y a las veladas, donde, claro está, lo asediaban cordialmente para que recitara "El cuervo", que en su boca se convertía en "el poema inolvidable". A las cuatro de la madrugada del 27 de septiembre de 1849, Edgar se embarcó rumbo a Baltimore. Como siempre en esas circunstancias, estaba deprimido y lleno de presentimientos. Su partida a hora tan temprana (o tan tardía, pues había pasado la noche en un restaurante con sus amigos) parece haber obedecido a un repentino capricho suyo. Y desde ese instante todo es niebla, que se desgarra aquí y allá para dejar entrever el final. El 29 de septiembre el barco atracó en Baltimore; Poe debía tomar allí el tren para Filadelfia, pero se hacía necesario esperar varias horas. En una de estas horas se selló su destino. Se sabe que cuando visitó a un amigo ya estaba ebrio. Lo que pasó después es sólo materia de conjetura. Se abre un paréntesis de cinco días, al final de los cuales un médico, conocido de Poe, recibió un mensaje presurosamente escrito a lápiz, informándolo de que un caballero "más bien mal vestido" necesitaba urgentemente su ayuda. La nota procedía de un tipógrafo que acaba de reconocer a Edgar Poe en un borracho semiinconsciente, metido en una taberna y rodeado por la peor ralea de Baltimore. Eran días de elecciones, y los partidos en pugna hacían votar repetidas veces a pobres diablos, a quienes emborrachaban previamente para llevarlos de un comicio a otro. Sin que exista prueba concreta, lo más probable es que Poe fuera utilizado como votante y abandonado finalmente en la taberna donde acababan de identificarlo. La descripción que más adelante haría el médico muestra que estaba ya perdido para el mundo, a solas en su particular infierno en vida, entregado definitivamente a sus visiones. El resto de sus fuerzas (vivió cinco días más en un hospital de Baltimore) se quemó en terribles alucinaciones, en luchar con las enfermeras que lo sujetaban. En un intervalo de lucidez, parece haber preguntado si quedaba alguna esperanza. Como le dijeran que estaba muy grave, rectificó: "No quiero decir eso. Quiero saber si hay esperanza para un miserable como yo". Murió a las tres de la madrugada del 7 de octubre de 1849. "Que Dios ayude a mi pobre alma", fueron sus últimas palabras. Más tarde, biógrafos entusiastas le harían decir otras cosas. La leyenda empezó casi en seguida, y a Edgar le hubiera divertido estar allí para ayudar, para inventar cosas nuevas, confundir a las gentes, poner su impagable imaginación al servicio de una biografía mítica.