20 de abril de 2011

Entremeses literarios (CXXIX)

LOUIS GIAN
Guillaume Apollinaire
Francia (1880-1918)

El tal Louis Gian, hijo de un pequeílo comerciante de Niza, no demostró nunca la más mínima piedad, al contrario de otros niños que, al menos en la época de su primera comunión, dan pruebas de una devoción conmovedora. El vicario cojo de San Reparaz le había dicho un día, durante el catecismo, mientras repasaba sus anteojos con la sucia sotana:
- ¡Esto va para ti, Louis! Serás desdichado porque eres falso. Al verte, uno piensa que eres un ángel. ¿La verdad? Eres insignificante como una chinche de rodillas. Te burlas de mí. Puedes hacerlo, lo sé. Pero nadie se burla impunemente de Dios. Por otra parte, lo comprobarás muy pronto por ti mismo.
Louis Gian escuchó, de pie y con la mirada baja, la amonestación del vicario. Mas, una vez que éste volvió la espalda, el impío remedó su andar vacilante y canturreó:
- Cinco y tres son ocho. Cinco y tres son ocho.
El joven nizardo no se enmendó jamás. Hasta los catorce años frecuentó poco la escuela, pero buscaba aventuras sensuales bajo los puentes del Paillón y en el Castillo, primero con muchachos de su edad, y después con jovencitas. A los catorce años fue colocado en casa de un camisero, abandonando la vieja Niza con sus perfumes de frutos y aromas mezclados con olores de carne cruda, pastas agrias, bacalao y letrinas, por una tienda en la ciudad nueva. El patrón y la patrona, dos buenos nizardos, lo calaron desde el primer momento, y no dejaron descansar al aprendiz ni de día ni de noche. La patrona era roja como una toronja y el patrón olía a anchoas y sardinas. Un día de carnaval, Louis Gian se dejó raptar por un ruso quincuagenario y minucioso al que tenía que llamar "Mi general" y quien a su vez llamaba "Ganímedes". Pero cuando comprobó que el ruso era exigente y avaro, lo abandonó después de robarle. Inmediatamente se prodigó a un turco brutal y glotón. Mas, cuando declaró su quiebra el turco en Montecarlo, lo reemplazó por un americano. Louis Gian comprendió que su físico saludable lo consagraba, como un mapamundi, a todas las nacionalidades. Sin embargo, no supo mantener, en la buena racha, esa serenidad que es privilegio de los virtuosos. Despreció a sus compañeros de antaño y pasaba a su lado aparentando no verlos. Estos devolvieron al principio desprecio por desprecio; no dejaban de hacerle el conocido gesto del corte de manga con el puño derecho en alto cuando lo encontraban. O mejor aún, remedaban a su paso la obscena letra Z de un alfabeto mudo, que de buen grado empleaban los nizardos, monegascos, turbiascos y mentoneses. Finalmente, la inconducta de Louis Gian fue espanto del cielo como lo fue de sus antiguos camaradas. El que orina contra el viento se moja la camisa; quiso Dios castigar con la pena del Talión los pecados del vicioso. Louis Gian insultó a uno de esos amigos de antaño que lo había apostrofado. Se armó una gran discusión, pelea y promesa de venganza. Cuatro muchachos jóvenes que, en suma, no valían mucho más que Louis Gian, lo esperaron una noche que había ido solo al teatro. Se saturaron con ese vino de Córcega cuya reputación, muy alta en el siglo XVI, se había venido abajo, y luego se emboscaron frente a la villa donde el vicioso vivía con un pervertido austríaco. Cerca de medianoche, cuando Louis Gian llegó, los emboscados se precipitaron sobre él, lo amordazaron y luego de izarlo en la reja de la casa, lo empalaron, escapando del lugar a todo lo que daban... El empalado murió, quizá voluptuosamente. Estaba bello como Atis. Las luciérnagas lucían alrededor de él...


CIUDADANO EJEMPLAR
Amado Gómez Ugarte
España (1956)

Se empeñó en ser un ciudadano ejemplar. Pagaba sus impuestos con prontitud, reciclaba la basura y la depositaba en los contenedores apropiados, recogía la caca de su perro, no aparcaba nunca en doble fila, dejó de fumar, de beber alcohol, de mirar las pantorrillas a las mujeres y de leer libros de escritores desconocidos, comenzó a acudir a las juntas generales ordinarias de su comunidad de vecinos y a votar a mano alzada sobre la conveniencia de pintar el portal y cambiar las bombillas de la escalera, e incluso llegó a tomar la palabra en una reunión de viejos amigos para opinar de manera ponderada sobre la situación política local. Murió de modo prematuro, sin causa aparente. Simplemente se había convertido en un cadáver.
 
 
OPCIONES
Gabriela Aguilera
Chile (1960)

Se dijo que tal vez hubiese sido mejor el divorcio. Pensó en eso un minuto nada más, porque tenía poco tiempo para deshacerse del cuerpo.


LAS ESTATUAS
Enrique Anderson Imbert
Argentina (1910-2000)

En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso. Cierta noche -todo el colegio dormido- una estudiante traviesa salió a escondidas de su dormitorio y pintó sobre el suelo, entre ambos pedestales, huellas de pasos: leves pasos de mujer, decididos pasos de hombre, que se encuentran en la glorieta y se hacen el amor a la hora de los fantasmas. Después se retiró con el mismo sigilo, regodeándose por adelantado, a esperar que el jardín se llene de gente. ¡Las caras que pondrán! Cuando al día siguiente fue a gozar la broma, vio que las huellas habían sido lavadas y restregadas: algo sucias de pintura le quedaron las manos a la estatua de la señorita fundadora.


HISTORIA EROTICA EN UN MCDONALD'S
Rene Aviles Fabila
México (1940)

Luego de una Big Mac, que mucho nos excitó, Alice y yo fuimos a un motel. "Algo deben de tener las hamburguesas -dijo ella tocándose los muslos con fiereza-, debe de ser la cebolla, el tocino o posiblemente la salsa ketchup". "Aguarda -le advertí-, no tardaremos en llegar. De lo contrario, tú terminarás antes de tiempo y yo tendré que masturbarme". Aceleré mi Harley-Davidson y pronto estuvimos en una enorme habitación del motel La guarida del León Degenerado, con jacuzzi y cama de agua. Como pudimos, nos desvestimos. En mi caso era complejo: botas, chamarra de cuero, camisa vaquera, cinturón de hebilla de plata, jeans... Ella sólo traía una falda corta, medias negras, una sudadera que precisaba el origen de sus estudios: University of Kansas y una mascada para sujetarse el cabello rubio. Nos abrazamos con fuerza y caímos sobre la cama. La besaba y ella correspondía con fogosidad. Jadeando, preguntó: "¿Qué hago, amor?". "¡Muévete!", contesté imperioso. Y Alice comenzó a hacer aerobics.


CAIDA DEL CIELO
Juan Martini
Argentina (1944)

Si su destino hubiese sido un cementerio marino; si un error en New York la hubiese sentado en otro vuelo, verbi gratia: en el Boeing 747-200B de KAL que aquella noche, después de su habitual escala en Anchorage, el veterano comandante Chun Byung In conduciría hacia la cresta de la leucemia bélica; si, por tanto, los restos de su cuerpo derivasen aún hoy en aguas del Mar de Japón, bajo flores coreanas y fantasmas siberianos; si los gobiernos occidentales -por así decirlo- se hubiesen visto en la obligación de repudiar también el estallido de sus tiernos muslos, el íntimo holocausto entre medusas de sus brazos y su pelo, las abyectas dentelladas del tiburón que habría asaltado su lecho de plancton, sus ojos y su vientre en esa fría y última morada de altas olas en mareas inclementes; si el anónimo piloto de un caza Sukhoi 15, y el mariscal Nikolai Ogarkov, y el comentarista de televisión Genryk Borovik, y la propia y austera agencia Tass hubiesen debido imputar a la involuntaria pero infalible memoria de un misil aire-aire no sólo las pérdidas irreparables y los nombres inolvidables de Lawrence P. Mc.Donald (Georgia), congresista demócrata y líder de la extrema John Birch Society, y de Rebecca Scruton (Connecticut), joven viuda y madre, sino además los de una 
ignota (Olivos), melancólica y esbelta huérfana y heredera argentina; si ella, entonces, hubiese embarcado en el Korean Air Lines Flight 007 que desde el New York City's John F. Kennedy International Airport acudiría ciegamente a la cita secreta de su último duelo celestial, sería admisible creer en consecuencia que quizás ella, a bordo, habría esparcido en el olvido las cenizas fatuas de la película "Man, woman and child" y habría probado con recelo un plato de zucchini au gratín, y se habría humedecido más tarde sus espléndidos labios con un sorbo de vino rojo, y habría hojeado conmovida las páginas del "Time" del 12 de septiembre de 1983, o se habría limado las uñas desdeñando las miradas explícitas de un ardiente súbdito oriental, o se habría dormido después de haber fumado un cigarrillo, inapetente y aburrida, sin advertir las bases terrenales de Petrapavlosk, en la península de Kamchatka, y Vostochniy, en la isla de Sakhalin, abajo, ni los guiños, las luces parpadeantes, el aleteo convencional y metálico de los Mig 23, arriba, colmillos de lobos nocturnos, heridas de una estrella carnívora, aullidos esteparios que cortarían la ruta que ya no conducía angelicalmente al Seoul's Kimpo Airport. Y si así hubiese sido, si su destino aquella noche hubiese sido un destino real -amable y humano-, ella no hubiera podido llegar hasta aquí para preguntarme, como acaba de hacerlo, si es verdad que ya no la quiero.


TODO SERA DESVELADO
Paz Monserrat Revillo
España (1962)

Lo sorprendente de la trama no es que la prueba de paternidad revelara que el protagonista no era hijo de quienes lo habían criado. Tampoco que la causa de su muerte no tuviera que ver con una presunta conspiración y asesinato, sino con una vulgar enfermedad infecciosa. No me impresiona que se sepa cuál fue su última comida y qué enfermedades hubiera tenido de viejo, ya sabemos como funciona todo esto del ADN. Ninguna objeción al incesto, tengo la piel muy gruesa de tanta serie policíaca. Que se hubiera liado con su hermanastra explica la prematura muerte de sus hijos, todo el mundo conoce el castigo bíblico que se aplica a quienes no respetan las normas. Lo único que me deja totalmente desolado es que el pobre Tutankamon no pudiera llevarse ni un sólo secreto a su escondidísimo sarcófago. ¿Es que nadie se da cuenta de que el juicio final ya ha llegado?


LA HISTORIA SE REPITE
Martín Juncrill
Argentina (1976)

Llueve. Las espesas cortinas no cesan de nublar el cielo. Perdimos la cuenta de los días, mientras los noticieros nos hablan de otros rincones del mundo que han sucumbido. Aunque vivamos una conmoción nuestra estrategia es clara: actuamos y vivimos día a día como si nada sucediese y el temporal fuera a pasar. Convencidos de un método infinito, nos dedicamos a negar la verdad más evidente.


EL MINOTAURO
Jorge Lineya
Colombia (1964)

Huyendo del sacrificio en el templo de Apolo (en Atenas), había matado a dos de sus sacerdotes embistiéndolos con sus cuernos. La fatiga y la sed después de la bruta carrera lo detuvieron al lado del agua. Apenas devuelta de su sueño, la bestia se miró en el espejo de la charca donde antes había abrevado: los ojos se le inflamaron a punto de reventarse, horrorizados al ver la imagen reflejada en el agua quieta. Furioso, el animal prorrumpió en fragorosos bufidos contra los dioses que le habían impuesto tan depravado castigo: de su astada y poderosa cabeza de toro, a la altura de la cerviz, le nacía ahora un abominable cuerpo de hombre.


SALA DE EMERGENCIAS
Antonio Cruz
Argentina (1951)

La mujer camina presurosa y desencajada. Busca con ansiedad hasta que lee: "Sala de Emergencias". Entra sin dudar. Nadie la detiene. Todos están ocupados. Observa con atención al individuo de verde y a la mujer de blanco que trabajan con ímpetu frenético. Fija su mirada en el rostro del hombre que yace sobre la camilla. A pesar de la máscara de oxígeno y del tinte violáceo lo reconoce. Es él. ¡No estaba equivocada! Intenta avanzar hacia el enfermo pero duda. La desconciertan los ruidos de los aparatos. Se sacude la incertidumbre y avanza. Se acerca con extraña sutileza. Desplaza al médico y a la enfermera. Pone su mano en el pecho del enfermo; éste lanza un agónico gemido y expira. El médico cierra los ojos contrariado y la enfermera se queda tiesa. Decepcionados abandonan la lucha. La dama del traje oscuro se aleja satisfecha.