3 de junio de 2018

Clarice Lispector: "Escribir es una piedra lanzada a lo hondo de un pozo"

Clarice Lispector (1920-1977) es una de las más reconocidas escritoras de Brasil. De origen ucraniano, se radicó con su familia en el país sudamericano cuando apenas contaba con dos años de edad. Estudió Derecho en la Facultad Nacional a la vez que escribía pequeñas contribuciones periodísticas, una actividad que realizaría -con intervalos- prácticamente a lo largo de toda su vida en las revistas “Pan”, “Vamos Ler!” y “Manchete”, y en los periódicos “A Época”, “Diário do Povo”, “A Noite”, “Correio da Manhã”, “Diário da Noite”, “Dom Casmurro” y “Jornal do Brasil”. Es autora de las novelas “Perto do coração selvagem” (Cerca del corazón salvaje), “O lustre” (La lámpara), “A cidade sitiada” (La ciudad sitiada), “A maçã no escuro” (La manzana en la oscuridad), “A paixão segundo G.H” (La pasión según G.H.), “Uma aprendizagem ou o livro dos prazeres” (Un aprendizaje o el libro de los placeres), “A imitação da rosa” (La imitación de la rosa), “Água viva” (Agua viva), “A hora da estrela” (La hora de la estrella) y “Um sopro de vida: pulsações” (Un soplo de vida: pulsaciones). Asimismo publicó los libros de cuentos “Laços de familia” (Lazos de familia), “A legião estrangeira” (La legión extranjera), “Felicidade clandestina” (Felicidad clandestina), “A via crucis do corpo” (El vía crucis del cuerpo), “Onde estivestes de noite” (Dónde estuviste de noche) y “A bela e a fera” (La bella y la bestia). Además se publicaron varios libros de crónicas y correspondencia, y otros de literatura infantil. Su obra es una constante reflexión sobre el lenguaje y sobre los límites de la palabra. “La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno”, declaró en una oportunidad. Escribir era para ella una forma de salvación: “Escribiendo me libro de mí y puedo entonces descansar”, pero también una condena: “Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo de un pozo”. Lo cierto es que, a partir de esas contradicciones, con su lucidez tanto creadora como transgresora, logró abrir nuevos caminos para la literatura brasileña. En enero de 1977, apenas unos pocos meses antes de fallecer víctima de una enfermedad terminal, Clarice Lispector concurrió a una emisora de la televisión de San Pablo para participar en un programa de debates sobre cine. Una vez finalizado el espacio, y contrariando sus hábitos, aceptó la invitación del director de la emisora para que grabase una entrevista, la que fue realizada por el periodista Julio Lerner. Fue, de hecho, la última entrevista que le hicieron y una de las pocas que concedió en su vida. La misma fue publicada en la revista “Raíces” nº 13 en 1992.


¿De dónde viene ese “Lispector”?

Es un apellido latino, ¿no es cierto? Yo le pregunté a mi padre desde cuándo había Lispector en Ucrania. Él me dijo que desde generaciones y generaciones atrás. Supongo que ese apellido fue rodando, rodando, perdiendo algunas sílabas y formando otra cosa que parece… “lis” y “peito” en latín… Es un apellido del que, cuando escribí mi primer libro, Sergio Milliet (yo era entonces completamente desconocida, por supuesto) dijo: “Esa escritora de apellido desagradable, ciertamente un seudónimo…”. No lo era, era mi verdadero apellido.

¿Usted llegó a conocer a Sergio Milliet personalmente?

Nunca. Porque yo publiqué mi primer libro y me fui del Brasil para viajar porque me casé con un diplomático brasileño, de modo que no conocí a quienes escribieron sobre mí.

Clarice, ¿qué hacía profesionalmente su padre?

Representaciones de firmas, cosas así. Cuando él de verdad daba para cosas del espíritu.

¿Hay alguien en la familia Lispector que haya llegado a escribir alguna cosa?

Yo me enteré últimamente, para mi gran sorpresa, de que mi madre escribía. Yo tengo una hermana. Elisa Lispector, que escribe novelas. Y tengo otra hermana, llamada Tania Kaufman, que escribe libros técnicos.

¿Usted llegó a leer las cosas que su madre escribió?

No, yo sólo lo supe hace unos pocos meses.

Pero no tenía condiciones de…

No. Lo que supe a través de una tía. “¿Sabes que tu madre hacía un diario y escribía poesías?”. Yo me quedé estúpida…

En las raras entrevistas que usted ha concedido surge, casi necesariamente, la pregunta de cómo comenzó a escribir y cuándo.

Antes de los siete años ya fabulaba, ya inventaba historias. Por ejemplo, inventé una historia que no acababa nunca. Es muy complicada de explicar esa historia. Cuando comencé a leer, comencé también a escribir. Pequeñas historias.

Cuando la joven, prácticamente adolescente, Clarice Lispector descubre la literatura, es realmente aquel campo de creación humana que más la atrae. ¿Tenía la joven Clarice algún objetivo específico, o sólo escribir, sin determinar algún tipo de público?

Sólo escribir.

Clarice, ¿a partir de qué momento usted decide asumir efectivamente la carrera de escritora?

Nunca la asumí. Nunca la asumí.

¿Por qué?

Yo no soy una profesional, yo sólo escribo cuando quiero. Soy una amateur y he decidido seguir haciéndolo. Profesionalmente es aquel que tiene una obligación consigo mismo de escribir. O con otro, en relación a otro. Ahora yo he decidido no ser una profesional… para conservar mi libertad.

¿Usted produce con frecuencia o tiene etapas?

Tengo etapas de producir intensamente y tengo etapas-hiatos, en los que la vida se me vuelve intolerable.

¿Y esos hiatos son largos?

Depende. Pueden ser largos y yo vegeto o, para salvarme, me lanzo a alguna otra cosa; por ejemplo, terminé una novela, quedé medio vacía, entonces estoy haciendo cuentos para chicos.

¿Cómo explica usted a Clarice Lispector volcándose a la literatura infantil?

Comenzó con mi hijo, cuando él tenía seis años, o cinco: me ordenó que escribiese una historia para él. Y yo la escribí. Después la guardé y no me acordé nunca más. Hasta que me pidieron un libro infantil. Yo dije que no tenía. Me había olvidado totalmente de aquello. Era tan poco literatura para mí… yo no quería usarlo para publicar. Era para mi hijo. Me acordé: “Bueno, tengo, sí”. Entonces fue publicado. Fueron tres libros de literatura infantil y ahora estoy haciendo el cuarto.

¿A usted le resulta más fácil comunicarse con un adulto o con un niño?

Comunicarme con un niño me resulta fácil porque yo soy muy maternal. Cuando me comunico con un adulto, en verdad me estoy comunicando con lo más secreto de mí misma. Ahí se hace difícil, ¿no es cierto?

¿El adulto es siempre solitario?

El adulto es triste y solitario.

¿Y el niño?

El niño tiene la fantasía libre…

¿A partir de qué momento, según la escritora, el ser humano se va volviendo triste y solitario?

Ah, eso es secreto… Disculpe, no voy a responder. En cualquier momento, basta un choque un poco inesperado y eso sucede… Pero yo no soy solitaria, no. Tengo muchos amigos. Y sólo estoy triste hoy porque estoy cansada… Por lo general soy alegre.

Rilke, en su “Carta a un joven poeta”, respondiendo a una de sus cartas preguntaba al joven que pretendía hacerse escritor: “Si usted no pudiese escribir más, ¿moriría?” Yo le transfiero esa misma pregunta a usted.

Yo siento que cuando no escribo estoy muerta…

¿Esa etapa?

Es muy dura la etapa entre un trabajo y otro, y al mismo tiempo es necesario que haya una especie de vaciamiento de la cabeza para que pueda nacer alguna otra cosa, si es que nace. Es todo tan incierto…

¿Usted se considera una escritora popular?

No.

¿Por qué razón?

Hasta me tildan de hermética… ¿Cómo puedo ser popular siendo “hermética”?

¿Y cómo considera usted esta observación, que colocamos entre comillas, de “hermética”?

Yo me comprendo, de modo que no soy hermética para mí. Bueno, tengo un cuento mío que no comprendo muy bien… Yo escribo sin esperanzas de que lo que escribo cambie alguna cosa. No cambia nada…

Entonces, ¿para qué seguir escribiendo Clarice?

¿Acaso yo lo sé? Porque en el fondo la gente no quiere cambiar las cosas. La gente quiere soltarse de una manera o de otra, ¿no es cierto?

A su criterio, ¿cuál es el papel del escritor brasileño de hoy en día?

El de hablar lo menos posible.

Usted entra en contacto, creo que con frecuencia, con los jóvenes universitarios…

De vez en cuando me buscaban, pero tienen mucho miedo de molestarme. Tienen mucho miedo de que yo no los reciba…

¿Por qué razón?

Yo no lo sé, no sé por qué.

Pero aquellos que consiguen romper la timidez…

Entonces se sienten completamente cómodos conmigo y toman café conmigo y entran a mi casa y yo los recibo como amigos.

Normalmente el contacto del joven estudiante con usted, ¿qué tipo de preocupación revela?

Revela cosas sorprendentes, que ellos están en la mía…

¿Qué significa “estar en la suya”?

Es que a veces pienso que estoy aislada y cuando miro estoy rodeada de universitarios, gente muy joven, que está completamente de mi lado. Eso me asombra y resulta gratificante, ¿no es cierto?

Oímos con frecuencia que las nuevas generaciones leen poco en Brasil, ¿usted confirma eso?

Bueno, los universitarios están obligados a leer porque se les impone. Ahora no estoy al tanto de los otros.

¿Usted cree que la dificultad de entenderla es sólo de algunas camadas de nuestro tiempo y que con las nuevas generaciones usted será entendida de inmediato?

No tengo la menor idea, no tengo la menor idea… Yo sé que antes ninguno me entendía y ahora me entienden.

¿A qué atribuye usted eso?

Yo siento que todo cambió, porque yo no cambié, no… Yo, no… Que yo sepa, no hice concesiones.

¿Pero qué habrá cambiado en la gente que la llevó a comprender su trabajo?

Realmente no lo sé, es una pregunta que le hago a usted, porque yo no la sé responder.

¿Usted discute mucho con la Clarice Lispector escritora?

No, yo me dejo ser.

¿Y conviven en paz?

A veces no, pero…

Normalmente, ¿qué tipo de problemas le trae a usted la Clarice Lispector escritora?

A veces, el hecho de que me consideren escritora me aísla.

¿Por qué razón?

Me pone un rótulo.

¿Y usted cree que la gente la mira a través de ese rótulo?

A veces a través de ese rótulo. Todo lo que digo, la mayor tontería, es considerada entonces como una cosa interesante o como algo bobo, pero todo basado en el ser escritora. Es por eso que no me presto mucho para esa cosa de ser escritora y dar entrevistas. Es porque no creo en eso.

Si esa es la tendencia del público, ¿cuál cree usted que debe ser el perfil medio de su lector?

Sabe que no lo sé…

¿No tiene idea?

No.

¿Usted cree que una persona va a una librería a comprar específicamente un libro de Clarice Lispector?

Parece que eso sucede… Lo sé porque a veces me telefonean y me preguntan en qué librería pueden encontrar mi libro. Entonces, es que hay personas que van a buscar precisamente mi libro. Porque en el fondo yo escribo de un modo muy simple, ¿sabe?

¿Será que las cosas simples son recibidas hoy de manera complicada?

Tal vez, tal vez… Pero escribo de una manera simple. Yo no adorno…

En su formación como escritora, ¿cuáles son aquellos escritores que usted siente que le influenciaron realmente?

No lo sé porque mezclé todo. Yo leía libros, novelas para adolescentes, libros, color de rosa… mezclados con Dostoievski. Escogía los libros por los títulos y no por los autores, de quienes no tenía conocimiento alguno. Mezclé todo. Leer a los trece años “El lobo estepario” de Hermann Hesse fue un shock. Entonces comencé a escribir un cuento que no terminaba nunca. Acabé rompiéndolo.

¿Eso sucede todavía, que escriba algo y después lo rompa?

Lo dejo de lado o… No, yo lo rompo, sí.

¿Es producto de la reflexión o es un acto emocional?

Es rabia, un poco de rabia.

¿Con quién?

Conmigo misma.

¿Por qué, Clarice?

Estoy un poco cansada…

¿De qué?

De mí misma.

¿Pero usted no renace y se renueva con cada trabajo nuevo?

Bueno, ahora yo morí… Pero vamos a ver si renazco de nuevo. Mientras tanto, yo estoy muerta… Estoy hablando desde mi sepulcro.