12 de enero de 2026

Mozart, el incansable viajero

El genial músico austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) vivió algo menos de treinta y seis años, esto es exactamente trece mil noventa y siete días, de los cuales tres mil setecientos veinte los pasó viajando, es decir, algo más de diez años. Este cálculo se basa en las estimaciones cimentadas en las numerosas cartas escritas por el propio Mozart y otros documentos auténticos que se conservan en la Internationale Stiftung Mozarteum (Fundación Mozarteum Internacional) ubicada en Salzburgo, Austria, la cual se encarga de salvaguardar el legado cultural del compositor más prolífico de la historia, autor de obras maestras como “Die hochzeit des Figaro” (Las bodas de Fígaro), “Die entführung aus dem serail” (El rapto del serrallo), “Der bestrafte wüstling oder Don Giovanni” (Don Giovanni, el libertino castigado) o “Die zauberflöte” (La flauta mágica).
Su primer viaje lo llevó a Munich y se efectuó entre el 12 de enero y el 5 de febrero de 1762, cuando Mozart tenía apenas seis años de edad. Lo hizo acompañado por su padre Leopold Mozart (1719-1787), un compositor, violinista y profesor de música que formó a su hijo en el dominio de instrumentos como el piano y el violín, su madre Anna Maria Pertl (1720-1778) y su hermana Nannerl Mozart (1751-1829), también tecladista. Allí, junto a su padre y su hermana, dio un concierto en la corte del príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico Maximilian Joseph von Bayern (1727-1777), quien gobernaría bajo el nombre de Maximiliano III a partir de 1745. Luego, acompañado por su familia, entre el 18 de septiembre de ese mismo año y el 5 de enero de 1763 viajó a Viena. También junto a su padre -por entonces violinista y compositor de la corte del arzobispo de Salzburgo Sigismund von Schrattenbach (1698-1771)- y su hermana, allí asombró a la aristocracia y la realeza al mostrar su prodigioso dominio de dichos instrumentos en un concierto dado en la corte imperial del archiduque Joseph von Österreich-Lothringen (1740-1790) quien, bajo el nombre de José II sería sucesivamente emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría y rey de Bohemia.
Apenas cinco meses más tarde emprendió el que sería su más extenso periplo. Así, el 9 de junio partió hacia París, Londres, La Haya y Munich, ciudades todas ellas en las que interpretó sonatas para violín y clavicordio. En la capital francesa la familia fue recibida en el Palacio de Versalles, donde el pequeño Mozart tuvo la oportunidad de besar la mano de la reina consorte María Leszczyńska (1703-1768). Luego, en la capital inglesa, él y su hermana tocaron para el rey George William de Hannover (1738-1820) -quien reinó a Gran Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge III- y también ofrecieron conciertos periódicos en la famosa taberna Swan and Harp Tavern ubicada en el barrio de Cornhill. Durante su estadía en Londres, con tan sólo ocho años de vida, compuso la “Sinfonie Nr. 1 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 1 en Mi bemol mayor). Poco después, en la capital de los Países Bajos deslumbró tocando el órgano y compuso su primer oratorio: “Die schuldigkeit des ersten gebotes” (La obligación del primer mandamiento).
Tras pasar otra vez por París y luego por Zúrich, el mayor núcleo urbano suizo, y por las ciudades alemanas de Donaueschingen y Múnich cosechando grandes éxitos, la familia regresó a Salzburgo el 29 de noviembre de 1766. Después de casi un año en la ciudad, padre e hijos viajaron entre el 11 de septiembre de 1767 y el 5 de enero de 1769 a Viena, a Olmütz y finalmente a Brno, donde junto a su hermana dio un concierto en el renombrado Divadlo Reduta (Teatro Reduta). Luego, entre el 13 de diciembre de este último año y el 28 de marzo de 1771, lo hicieron a Milán, Roma, Nápoles, Venecia y Bolonia. En esta última ciudad conoció al célebre músico y teórico Giovanni Battista Martini (1706-1784) y fue aceptado como miembro de la Accademia Filarmonica di Bologna (Academia Filarmónica de Bolonia), la que por entonces era considerada el centro de la erudición musical. Lo más llamativo de este nombramiento fue que a Mozart todavía le faltaban seis años para cumplir los veinte años, la edad mínima que exigía el reglamento de la institución cultural boloñesa fundada en 1666.


A Milán volvió en dos oportunidades, entre el 13 de agosto y el 15 de diciembre de 1771, y entre el 24 de octubre de 1772 y el 13 de marzo de 1773. Allí escribió la ópera “Mitridate, Re di Ponto” (Mitrídates, Rey de Ponto). Luego actuó en Viena, donde residió desde el 14 de julio hasta el 26 de septiembre de 1773. Allí, en la capital austríaca, dio un concierto en el Spiegelsaal (Salón de los Espejos) del Schloss Schönbrunn (Palacio de Schönbrunn), la residencia veraniega de la realeza, y después, entre el 6 de diciembre de 1774 y el 7 de marzo del año siguiente actuó en Munich, ciudad en la que estrenó su ópera “La finta giardiniera” (La falsa jardinera). Luego, de regreso a su ciudad natal, trabajó hasta mediados de 1777 como Konzertmeister (Maestro de conciertos) de la corte del príncipe arzobispo Hieronymus Colloredo (1732-1812) y compuso sus únicos cinco conciertos para violín y la “Symphonie Nr. 51 in D-Dur” (Sinfonía n.º 51 en Re mayor).
Viajó nuevamente a París el 14 de marzo de 1778 en compañía de su padre, quien buscó la posibilidad de establecerlo como organista y primer violinista en Versalles. Pero Mozart no estaba demasiado interesado con ese nombramiento a pesar de que la situación económica de la familia era delicada. En el mes de junio se estrenaron en París su “Sonate Nr. 8 in A-moll” (Sonata para piano n.º 8 en La menor) y su “Sinfonie Nr. 31 in D-Dur” (Sinfonía n.º 31 en Re mayor). Poco después, el 3 de julio, fallecía su madre y tras su descontento con el ofrecimiento laboral, el 26 de septiembre partió hacia Mannheim, donde se relacionó con miembros de la orquesta de la Mannheimer Schule, el círculo de músicos de la corte del conde Karl Theodor (1724-1799). Luego fue a Múnich y finalmente regresó a París el 15 de enero de 1779, donde aceptó el puesto de organista y primer violinista de la corte que le habían ofrecido.
El 5 de noviembre de 1780 partió hacia Munich, donde el 29 de enero de 1781 estrenó en el teatro Cuvilliés de la Residenz su ópera “Idomeneo, re di Creta” (Idomeneo, rey de Creta), y luego siguió viaje hacia Viena adonde llegaría el 16 de marzo de 1781 y fijaría su residencia durante dos años. Allí conoció al compositor austríaco Joseph Haydn (1732-1809), quien era considerado el “padre de la sinfonía” y el “padre del cuarteto de cuerda” gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. Con el autor de la célebre trilogía sinfónica conformada por la “Sinfonie Nr. 6 in D-Dur. Der Morgen” (Sinfonía n.º 6 en Re mayor. La mañana), la “Sinfonie Nr. 7 in C-Dur. Der Mittag” (Sinfonía n.º 7 en Do mayor. El mediodía) y la “Sinfonie Nr. 8 in G-Dur. Der Abend” (Sinfonía n.º 8 en Sol mayor. La tarde), Mozart interpretó varios cuartetos de cuerdas improvisados. En los años siguientes le dedicó seis cuartetos de cuerda conocidos actualmente como los “Haydn Quartette” (Cuartetos de Haydn).
Durante esos dos años se interiorizó en las obras de los compositores Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Georg Friedrich Händel (1685-1761) gracias al barón Gottfried Van Swieten (1733-1803), un aristócrata neerlandés que poseía una amplia biblioteca de partituras de los dos maestros. Entre las obras que Mozart estudió se encontraban los oratorios “Der triumph der zeit und der ernüchterung” (El triunfo del tiempo y del desengaño), “Die auferstehung” (La resurrección) y “Die wahl des Herkules” (La elección de Hércules) de Händel y “Das wohltemperierte klavier” (El clavecín bien temperado) de Bach. De ellos asimiló los modos de composición y los fusionó con el suyo.


Estando en Viena también contrajo matrimonio con la soprano Constanze Weber (1762-1842) con la que tendría seis hijos y quien se convertiría en una figura clave en la preservación del legado musical de su esposo. Desde Viena partió para actuar en su ciudad natal durante julio y noviembre de 1783, y allí compuso “Grosse messe in C-Moll” (Gran misa en do menor) la que, aunque inconclusa, fue estrenada en Salzburgo con su esposa como primera soprano solista. Luego pasó por Linz donde, a pedido del archiduque Johann Anton von Thun und Hohenstein (1711 - 1788), compuso en seis días la “Sinfonie Nr. 36 in C-Dur” (Sinfonía n.º 36 en Do mayor), la cual se estrenó el 4 de noviembre en la insigne sala Ballhaus dirigida por el propio compositor.
Cuatro años después viajó a Praga en dos ocasiones, entre el 9 de enero y el 8 de febrero de 1787, y entre el 1 de octubre y el 12 de noviembre del mismo año. Allí compuso la “Sinfonie Nr. 38 in D-Dur” (Sinfonía n.º 38 en Re mayor), y el 29 de octubre de 1787 estrenó con un enorme éxito la citada ópera “Don Giovanni” en el “Stavovské divadlo” (Teatro Estatal). Su padre no pudo asistir al estreno ya que había fallecido el 28 de mayo de 1787. Luego, en diciembre de ese año, fue designado a tiempo parcial -para que compusiera obras para los bailes anuales en el palacio imperial- con unos ingresos modestos por el antes mencionado emperador José II como “kammermusicus” (compositor de cámara), un puesto que había quedado vacante el mes anterior tras la muerte del compositor Christoph Willibald Gluck (1714-1787) quien fuera un gran reformista de la ópera realizando cambios muy influyentes en la música del siglo XVIII, algo notable en sus óperas “Orfeo ed Euridice” (Orfeo y Eurídice), “Iphigénie en Tauride” (Ifigenia en Táuride) y “Alceste” (Alcestes).
En esa época la guerra ruso-turca generó la reducción de las remuneraciones de todos los músicos ya que el estatus económico de la aristocracia, que los financiaba, se había reducido. Por esa razón Mozart se trasladó a mediados de 1788 junto a su esposa y sus cuatro hijos desde el centro de Viena a un alojamiento más económico en el barrio periférico de Alsergrund. Por entonces no sólo compuso la “Sinfonie Nr. 39 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 39 en Mi bemol mayor), la “Sinfonie Nr. 40 in G-Moll” (Sinfonía n.º 40 en Sol menor) y la “Sinfonie Nr. 41 in C-Dur” (Sinfonía n.º 41 en do mayor), sino que también cada vez más frecuentemente comenzó a pedirle prestado dinero a su amigo el comerciante Johann Michael von Puchberg (1741-1822) debido a su endeble situación económica, una situación que lo sumió en una profunda depresión.
Aproximadamente en ese período, Mozart realizó una serie de largos viajes con la esperanza de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y a Fráncfort, Mannheim y otras ciudades alemanas en 1790. Estos viajes solo produjeron éxitos aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia. En Leipzig ofreció un concierto en la sala Gewandhaus, un lugar que se haría famoso en el siglo siguiente gracias a la actuación de célebres compositores como Carl Maria von Weber (1786-1826), Hector Berlioz (1803-1869), Franz Liszt (1811-1886) y Johannes Brahms (1833-1897), entre otros. En Dresde dio algunos conciertos acompañado por el organista Anton Teyber (1756-1822) y el violonchelista Anton Kraft (1749-1820), y en Berlín, según algunas versiones no fue bien recibido por el rey Friedrich Wilhelm II (1744-1797) por lo que no pudo actuar, y según otras fue invitado a componer sonatas para piano para la princesa Friederike von Preußen (1767-1820), entre las que se le adjudica la “Sonate Nr. 18 in D-Dur” (Sonata n.º 18 en Re mayor), algo que se ha puesto en duda, así como el hecho de que recibiera algún pago por ella.


Luego en Frankfurt asistió a la coronación de Leopold II von Habsburg-Lothringen (1747-1792) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y los dos conciertos para piano que dio tuvieron poca asistencia y fueron un fracaso financiero. El 24 de octubre de 1790 asistió al estreno de su ópera “Las bodas de Fígaro”. Desde el 8 de abril hasta el 4 de junio de 1789 le duró su viaje a Berlín, y desde el 23 de septiembre hasta el 10 de noviembre de 1790 su paso por Frankfurt. De todas maneras, tras su regreso a Viena, aparecieron patrocinadores que le ofrecieron pagos por sus composiciones. Por entonces compuso el “Konzert in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) y el “Requiem in d-Moll” (Réquiem en Re menor), lo que mejoró su situación económica y ya no tuvo que pedir préstamos. Fueron exitosas las presentaciones de “La flauta mágica”, de la “Kleine freimaurer kantate in C-Dur” (Pequeña cantata masónica en Do mayor) y del “Klavierkonzert Nr. 27 in B-Dur” (Concierto para piano n.º 27 en Si bemol mayor).
El 25 de agosto de 1791 partió hacia Praga, en el que sería su último viaje, que le llevó hasta el 15 de septiembre de ese año. Allí estrenó su ópera “Die milde des Titus” (La clemencia de Tito) en el Národní Divadlo (Teatro Nacional) el 6 de septiembre, unos pocos días antes de su regreso a Viena. Durante su estadía en Praga empezó a declinar su salud. No obstante ello, al regresar a Viena todavía tuvo tiempo de componer el “Konzert für klarinette in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) antes de que, en octubre, su salud empeorara y tuviese que quedarse postrado en cama, sufriendo hinchazón, dolores y vómitos. Dos meses después, pasados apenas cincuenta y cinco minutos de la medianoche del 5 de diciembre de 1791 fallecería prematuramente.
Lo más notable es que, durante el ajetreo impuesto por sus numerosos viajes, todavía le quedó tiempo para escribir seiscientas veintiséis composiciones, dejando otras inconclusas. Hay que tener en cuenta que, por entonces, las condiciones del viaje eran muy distintas a las actuales: los carruajes apenas cubrían una distancia de unos seis kilómetros por hora y tenían que hacer paradas cada veinticinco kilómetros en las postas del camino para cambiar los caballos, lo que duraba aproximadamente dos horas. Además, había que hacer frente a los malos caminos, los bandidos, los pésimos alojamientos, húmedos y sucios, aunque -como rezaba un dicho de la época- los mayores riesgos del viaje eran “el vino, las mujeres y el juego”.
A pesar de su fama y del reconocimiento de sus contemporáneos, Mozart murió a consecuencia de una dolencia renal crónica en la más absoluta miseria. Tras un funeral en la Domkirche St. Stephan (Catedral de San Esteban) su cadáver fue enterrado en una fosa común sin lápida en el Sankt Marxer Friedhof (Cementerio de San Marx) de Viena. Un biógrafo de Mozart, el historiador holandés Henrik Villen van Loon (1882-1944) en su libro “Arts” (Las artes) publicado en 1921 relató que, a causa de una lluvia torrencial durante el entierro, sus amigos no siguieron la comitiva fúnebre hasta el cementerio. Sólo un perro, “lleno de barro, sucio, se animó a seguir el cortejo hasta el cementerio, y fue, en consecuencia, el único caballero que presenció el día en que Mozart fue enterrado como un perro”.
Su amigo Joseph Haydn afirmaría tiempo después: “La posteridad no verá otra vez un talento como el de Mozart en cien años”. El 4 de septiembre de 1842 se inauguró en Salzburgo, su ciudad natal, una estatua conmemorativa realizada por el prestigioso escultor alemán Ludwig von Schwanthaler (1802-1848). La misma se encuentra ubicada en la Mozartplatz, una plaza así llamada en su honor que se encuentra ubicada en el casco antiguo de la ciudad, la cual hoy en día es una de las atracciones turísticas más famosas de Salzburgo.