2 de septiembre de 2012

Mario Bunge: "Aunque en materia política todos somos tuertos, más vale que el ojo vidente sea escéptico" (2)

Mario Bunge es uno de los filósofos de la ciencia más importantes e internacionalmente reconocidos del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, su formación humanística y política se enraizó en los barrios obreros de Buenos Aires que recorrió de niño junto a su padre, médico y diputado socialista. En 1938 fundó la Universidad Obrera Argentina (UOA), institución donde los trabajadores de distintas actividades recibían capacitación técnica y sindical. Sugestivamente, la UOA fue cerrada en 1943 por el coronel Perón, por entonces secretario de Trabajo y Previsión de la dictadura militar que gobernaba la Argentina. Bunge se doctoró en Ciencias Físico-Matemáticas en la Universidad Nacional de La Plata en 1952 y luego ejerció como profesor de Física Teórica y Filosofía, allí y en la Universidad de Buenos Aires, hasta 1963. Tras su partida del país, enseñó en universidades de México, Estados Unidos y Alemania hasta que, en 1966, se radicó en Montreal, donde ejerció la docencia en la Universidad McGill. Estando ya en Canadá, durante la dictadura del general Onganía, sus obras fueron quemadas en el patio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires junto a las de Marx, sobre quien por entonces opinaba que había sido un "científico social serio e importante que empujó al liberalismo hacia la izquierda; fue un materialista coherente y escribió con claridad sobre todo. Pero aprendió de Hegel unas cuantas lecciones que viciaron su sistema entero". Se refería, claro, a la dialéctica, rama de la filosofía que éste desarrolló en su "Phänomenologie des geistes" (Fenomenología del espíritu) y sobre la cual, Bunge siempre mantuvo una posición formalmente crítica. En la actualidad, Bunge, con su singular método cientificista, critica tanto al capitalismo por su generación de desigualdad y desempleo, su creación de falsas necesidades de consumo, sus abusos medioambientales y su fomento de guerras por los recursos naturales, como a la hagiografía marxista, el neomarxismo y el marxismo estructuralista. "Aunque en materia política todos somos tuertos -dice Bunge-, más vale que el ojo vidente sea escéptico", y recomienda practicar el escepticismo moderado o puramente metodológico que recomendara Descartes -aquel que propone dudar antes y después de creer- a la vez que propone la alternativa de un socialismo cooperativo como alternativa al libre mercado y el capitalismo. Piensa además que "la filosofía política deberá formar parte de un sistema coherente al que también pertenezcan una teoría realista del conocimiento, una ética humanista y una visión del mundo acorde con la ciencia y la técnica contemporáneas". En esta segunda parte del compilado de entrevistas, Bunge habla sobre política y economía.


Usted ha señalado que existe una crisis de la filosofía dentro de la crisis actual del sistema. Cuando dice sistema, ¿se refiere al sistema social?

Bueno, el capitalismo desenfrenado ha fracasado obviamente. Hay que buscar urgentemente nuevas vías; no se sabe si con un parche va a sobrevivir o habrá que cambiar de raíces el orden social. No se sabe hasta cuando durará ese capitalismo, ese palio-capitalismo, lo llamo yo, un capitalismo completamente anticuado. Pero obviamente, algunas sociedades van a capear la tormenta mejor que otras. Por ejemplo, Suecia mejor que Estados Unidos, porque tiene servicios sociales, porque tiene el llamado mercado social, ¿no?

El capitalismo vive una de sus mayores crisis desde 1929. Usted ha hablado de un modelo de sociedad llamado "tecno-holo-democracia". ¿Qué significa esto?

Occidente es víctima de una mala filosofía política, el neoliberalismo, según la cual las empresas deben tener total libertad. Y ya se sabe que el capitalismo es suicida y por eso necesita controles. Los críticos del capitalismo, sin embargo, no ofrecen ninguna alternativa creíble. Los socialistas están paralizados y no tienen nuevas ideas. Los marxistas siguen repitiendo los mismos conceptos del siglo XIX. Yo sostengo que en el futuro tendría que haber una democracia integral, no limitada a lo político, sino extendida hacia lo económico y lo cultural. Esa sociedad futura, además de buenas ideas, necesita técnica, porque el gobierno no debe estar en manos de aficionados. Y la democracia económica se alcanzará a través de las cooperativas, que son empresas que actúan en el mercado pero bajo la propiedad y la administración de sus trabajadores, con la colaboración de especialistas.

¿Y la ética calvinista que impulsó el capitalismo?

Eso ya se acabó. Según Max Weber la ética calvinista era muy cuidadosa con el dinero, no especulaba. El capitalismo de los últimos treinta años, especialmente en Estados Unidos, ha sido el capitalismo del casino, de las especulaciones y los préstamos. Es la persistencia en el liberalismo. Demócratas y republicanos son igual de culpables en esta crisis por la falta de controles. Le han permitido a las empresas hacer lo que quieran, incluso suicidarse.

¿El liberalismo se ha vuelto casi una religión?

Sí, exactamente. Son falsos dioses. Esta crisis es producto de esos falsos dioses.

¿Considera que el problema es asumir al liberalismo como verdad absoluta antes que como ideología?

Sí, es verdad. Ya en los años '90 hizo crisis el Consenso de Washington. Eso ha ocasionado que algunos países elijan a gobiernos de izquierda o presunta izquierda, de centro.

¿La ideología impide llegar a la realidad?

En efecto, porque son ideas preconcebidas. Algunos cuando intentan aproximarse a la realidad echan mano a recetas, es un simplismo puro. Nunca hacen caso de los datos o de las ciencias sociales. Salvo el caso del liberalismo que se aferra a una teoría económica que no tiene que ver con la realidad.

Es que la economía no es una ciencia exacta.

No. Hablan de libre mercado y nunca lo ha habido. Siempre fueron monopolios u oligopolios. Además, una cosa es la libertad del empresario y otra la del trabajador. No son iguales. En Estados Unidos sólo el 7% está afiliado en sindicatos, pero a fines de la Segunda Guerra era el 50%. Las empresas no quieren gente sindicalizada. Quieren personas serviles, no quieren trabajadores con ideas propias, quieren máquinas.

En uno de sus últimos libros se refiere a las pseudociencias. Una de las teorías que usted considera pseudociencia es la economía neoclásica. ¿Cómo es entonces posible que una teoría así, tan poco, digamos, presentable teóricamente, incluso inconsistente en sus postulados en su opinión, siga teniendo hegemonía académica y oriente la política económica de tantos gobiernos?

Hay varios motivos de su popularidad. Uno es que, por ser esquemática, es fácil de aprender y enseñar. Otro es que, al no exigir contrastación empírica, puede ser aprendida por cualquiera que sepa un poco de matemática. Un tercer motivo es que adula al egoísta, al hacerle creer que es racional. Un cuarto motivo es que disfraza sus fallas con un ropaje matemático. Un quinto motivo es que aún no le han salido competidores. La ortodoxia seguirá dominando mientras los escépticos económicos no construyan una teoría alternativa, que sea matemáticamente transparente y esté acorde con la economía real. Por cierto, no han faltado alternativas, tales como las de Sraffa y Fisher, pero se han quedado en etapas esquemáticas. Tenemos necesidad de un nuevo Keynes, que sea matemáticamente refinado, esté al día con la economía experimental y lea los periódicos para enterarse de que la enorme mayoría de la gente es pobre y de que los periodos de equilibrio son excepcionales.

Tampoco el marxismo sale demasiado bien parado en su libro. Confunde, en su opinión, la lógica y la ontología; adolece de una escasa lógica formal; infravalora el papel de la cultura, la política y la ideología; su gnoseología es de un realismo ingenuo que "no deja sitio a la naturaleza simbólica de las matemáticas o de la física". No continuo, su lista es larga. ¿Todas las tradiciones marxistas encajarían en esa aproximación? Pienso, por ejemplo, en la obra de Geymonat, Casari o Sacristán, o incluso en la de Marx, Engels y Gramsci,  y no me acaban de encajar las cosas.

El marxismo es un cuerpo de doctrina enormemente rico. En él hay de todo, desde intuiciones geniales hasta desvaríos. Lo que no hay es método científico ni utilización de los hallazgos obtenidos fuera de la escuela, salvo en los caso de los historiadores marxistas británicos y los antropólogos y arqueólogos rusos, a quienes usted no cita. Usted cita a Geymonat, Casari y Sacristán, pensadores estimables pero no originales. Gramsci fue original al insistir en la importancia de la política y de los intelectuales, pero no tuvo la oportunidad de construir una politología ni una culturología.

En un artículo del diario "La Nación" se comenta que en su juventud "fue un fugaz entusiasta de Freud y Marx". ¿Cómo pasó de admirarlos a considerarlos "puro macaneo"?

Bueno, momentito... Marx era un científico social serio, un pensador serio, pero muchas veces confundió ciencia con ideología. Y además, aceptó la filosofía de Hegel, cuando la "dialéctica hegeliana" era puro macaneo. Freud, en cambio, era un escritor popular muy divertido pero nada científico. Del psicoanálisis me curó la lectura de unos capítulos de un libro de Bertrand Russell. Y del marxismo me curaron dos acontecimientos: el primero es el hecho de que la dialéctica es una filosofía de la guerra, del conflicto. Y la Guerra Fría, como usted sabe, fue muy caliente, y yo era pacifista y el marxismo no se acomodaba con el pacifismo. Era contradictorio que los comunistas participaran en movimientos por la paz, porque, insisto, la dialéctica es conflicto. Además, el Partido Comunista argentino era muy dogmático: muy poca gente pensaba igual que sus integrantes, que repetían consignas que venían de afuera. En todo caso la táctica, digámoslo así, me curó del marxismo. Pero sigo admirando a Marx, porque fue el primero en prescribir de manera científica el engranaje de la economía capitalista. Y además, denunció la explotación a la par que otros estudiosos del capitalismo alababan al capitalismo por ser renovador, progresista. Marx no negaba ese aspecto pero también discutía el aspecto moral o, mejor dicho, inmoral. Entonces, mi rechazo a Marx no es del mismo tamaño y de la misma vehemencia que mi rechazo a Freud y los demás macaneadores.

Marx quería encontrar las leyes de la sociedad, así como Newton encontró las de la gravedad. ¿Por qué falló? ¿Le faltaron matemáticas?

Sí. El estudió matemáticas pero por su cuenta y escogió textos anticuados. Le tenía un gran respeto a la ciencia, creía ser el Darwin de las ciencias sociales. De hecho quiso dedicarle "El Capital" a Darwin, pero éste no quiso. Marx no fue a ninguna universidad. No tuvo cerca a nadie que le enseñara. Fue un gran inconveniente. Otro fue su acercamiento a la filosofía de Hegel, abstrusa y absurda. Hegel, a diferencia de los demás charlatanes -como Husserl o Heidegger, que no tienen problemas- sí se ocupó de temas importantes. Pero los trató mal. Otra cosa que le faltó a Marx fue sociología. Es interesante: la primera obra de Engels fue de sociología empírica. Entrevistó docenas de familias de Manchester y escribió sobre la clase obrera inglesa basado en sus datos.

La capacidad de recolección y de procesamiento de datos que hay ahora es enorme. ¿Se podrían encontrar las leyes de la sociedad?

Los datos no bastan y con la computación no llegamos muy lejos. La física moderna no se hizo sobre la base de datos sino sobre teorías confirmadas con datos. El motivo es sencillo aunque no lo han explicado los filósofos. Las leyes de alto nivel contienen conceptos que no tienen contrapartida empírica. Por ejemplo, el concepto de masa o el de aceleración, en la época de Newton, no se podían medir. Pensemos en el concepto de cohesión social. Usted no va y mide la cohesión social. Pero Marx fracasó también porque no creía en la democracia. Era elitista.

Ha dicho usted que ninguno de los miles de marxistas que ha habido en el curso de los últimos cien años, con la posible excepción de Ernest Mandel, ha propuesto una teoría económica alternativa, y atribuye esto a que no han sido científicos sino escolásticos. Aunque gran parte de ellos no hayan sido científicos en el sentido en el que usted está usando ahora el término, muchos han formado parte de tradiciones de política revolucionaria, no han sido economistas o científicos académicos sin más. Los marxistas críticos que se han dedicado a temas económicos han puesto más el acento en denunciar los mecanismos de explotación, miseria y marginación del capitalismo que en la construcción de una teoría económica alternativa. Podemos pensar en Baran, en Sweezy, en economistas próximos al PCI, en Morishima, en Kalecki, no sé si Joan Robinson puede ser considerada una economista marxista, o Sraffa, el amigo de Gramsci.

De acuerdo. Todos los economistas que usted menciona, con la posible excepción de Morishima, que se limito a matematizar "El Capital", han hecho aportaciones importantes, más a la crítica del capitalismo y de la economía ortodoxa que a la reconstrucción de la teoría económica. Una prueba está en que ninguno de ellos, ni sus discípulos, ha sido capaz de describir, y menos aún de predecir, el colapso de las economías del bloque llamado socialista, ni las numerosas crisis del capitalismo.

En "Filosofía política" propone usted una alternativa al capitalismo y al socialismo que denomina "democracia integral". ¿Sería tan amable de explicarnos en qué consistiría y ponernos algunos ejemplos?

En una democracia integral, todos comparten la riqueza, la cultura y el poder político. Cuando un grupo monopoliza alguno de estos recursos, no sólo excluye a la gran mayoría, sino que también termina por apoderarse de los demás recursos. Esto ocurre tanto con el capitalismo como con el socialismo autoritario. Por esto preconizo la combinación de la democracia (o autogobierno) con el cooperativismo.

El término "socialista" aparece varias veces en su libro. ¿Qué es para usted el socialismo? ¿Puede citarme un socialista que sea un autor de interés, aparte de usted mismo, claro está?

Hay muchas clases de socialismo, pero todos ellos dicen tener algo en común, a saber, la aspiración a la sociedad de socios, de iguales, que compartan las riquezas naturales y culturales en lugar de permitir que éstas sean acaparadas por minorías. Obviamente, el socialismo autoritario es imposible, ya que, al concentrar el poder político en una minoría, excluye a la mayoría del control de las riquezas naturales y culturales. El socialismo auténtico promueve la participación de todos en el gobierno de la cosa pública. Hay muchos socialistas dignos de ser leídos, en particular Rousseau, Louis Blanc, John Stuart Mill, Marx, Engels y Rosa Luxemburg. Yo los admiro, pero para ser socialista hoy no basta conocer a los clásicos, sino que hay que investigar el mundo social contemporáneo.

Usted dijo que era un liberal de izquierda ¿Cree que el socialismo tenga futuro?

Sí, sí, sí, absolutamente seguro. Pero un socialismo muy diferente al que hemos visto y se ha proclamado hasta ahora. Yo creo en un socialismo democrático y sobre todo cooperativista, no estatista. Yo creo que las empresas del futuro serán las cooperativas.

1 de septiembre de 2012

Mario Bunge: "Aunque en materia política todos somos tuertos, más vale que el ojo vidente sea escéptico" (1)

El filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers (1883-1969) decía que la búsqueda de la verdad y no su posesión es lo que da valor a la filosofía. Para esa búsqueda, varios son los criterios utilizados a lo largo de la historia desde los tiempos en que Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.) la definiera en sus "Analytica posteriora" (Segundos analíticos) como "decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es". El filósofo escocés David Hume (1711-1776), por ejemplo, en su célebre "Treatise of human nature" (Tratado de la naturaleza humana), escogió el método del gusto: "Tanto en la filosofía como en la ciencia debemos seguir nuestro gusto. Cuando estoy convencido de algún principio, cuando prefiero un conjunto de argumentos por sobre otros, no hago sino decidir, sobre la base de mi sentimiento, acerca de la superioridad de su influencia". Combinaba así, valores situados en niveles diferentes: el de la estética y el de la razón. Peor es el argumento de autoridad, criterio utilizado por las diferentes religiones, que no ha hecho más que mantener al pensamiento en el oscurantismo y la ignorancia durante tanto tiempo y con tanta eficacia. Para los creyentes en estas supercherías, la manera correcta de establecer la verdad de un enunciado es someterlo a la prueba de algún texto, frases más o menos célebres tenidas por verdades eternas o principios infalibles tomadas de libros como la Biblia, el Brahma Sūtra, el Canon Pali, el Corán, el Talmud o el Tao Te Ching, según el caso. Este absurdo dogmatismo es sostenido aun cuando dichas creencias no pueden ser comprobadas ni empírica ni racionalmente. Otro criterio muy difundido es de la evidencia, según el cual verdadero es aquello que parece aceptable a primera vista, sin examen ulterior. El ya mencionado Aristóteles afirmaba que la intuición "aprehende las premisas primarias" de todo discurso, y es por ello "la fuente que origina el conocimiento científico", y René Descartes (1596-1650) aseguraba que "hay principios evidentes que, lejos de tener que someterse a prueba alguna, son la piedra de toque de toda otra proposición, sea formal o fáctica". A esta teoría adhirieron, entre otros, prestigiosos filósofos como Edmund Husserl (1859-1938) y Henri Bergson (1859-1941). Finalmente, otros pensadores se han inclinado por el vitalismo, conjunto de afirmaciones que se creen o no por su grado de utilidad, independientemente de su fundamento racional o empírico. Es el caso de Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), José Ortega y Gasset (1883-1955) o Friedrich Nietzsche (1844-1900), para quien "la posesión de la verdad, lejos de ser un fin en sí, es sólo un medio preliminar para alcanzar otras satisfacciones vitales". "Pregúntesele a un científico -dice el filósofo argentino Mario Bunge (1919) en "La ciencia. Su método y su filosofía"- si cree que tiene derecho a suscribir una afirmación en el campo de las ciencias tan sólo porque le guste, o porque la considere un dogma inexpugnable, o porque a él le parezca evidente, o porque la encuentre conveniente. Probablemente conteste: ninguno de esos presuntos criterios de verdad garantiza la objetividad, y el conocimiento objetivo es la finalidad de la investigación científica. Lo que se acepta sólo por gusto o por autoridad o por parecer evidente o por conveniencia, no es sino creencia u opinión, pero no es conocimiento científico. El conocimiento científico es a veces desagradable, a menudo contradice a los clásicos, en ocasiones tortura al sentido común y humilla a la intuición; por último, puede ser conveniente para algunos y no para otros. En cambio aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: siempre es susceptible de ser verificado". El genuino camino de la ciencia, entendida como el conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por consiguiente falible, es el que ha transitado a lo largo de su vida este notable humanista argentino radicado en Canadá desde 1966, cuando la dictadura militar de turno produjo una enorme diáspora de científicos hacia distintas universidades del mundo. Sobre diversos aspectos de la ciencia como investigación, como productora del mejoramiento de nuestro medio natural y artificial, y como productora de nuevas ideas, hace referencia Mario Bunge en la siguiente edición de entrevistas, en las que también se explaya sobre la política, la economía, las religiones, el psicoanálisis y las pseudociencias. Ellas son las publicadas en la revista argentina "El Ojo Escéptico" el 12 de abril de 1995 (por Alejandro Agostinelli), en el diario "El Argentino" el 11 de marzo de 2009 (por Jonathan Rippel), en los diarios peruanos "Perú 21", "La Primera" y "El Comercio" el 28 de marzo, el 4 de abril y el 12 de julio de 2009 (por José Gabriel Chueca, José Luis Ayala y Jorge Paredes respectivamente), en el diario "La Nación" el 27 de marzo de 2010 (por Ricardo Carpena), en el diario español "El Mundo" el 11 de marzo 2011 (por Daniel Arjona), y en las revistas españolas "El Viejo Topo" nº 234 de septiembre de 2011 (por Salvador López Arnal) y "Filosofía Hoy" del 12 de enero de 2012 (por Gabriel Arnaiz).


En su libro "Crisis y reconstrucción de la filosofía", usted afirma que la filosofía está grave. La pregunta es: ¿ha muerto o todavía no? 

No, no, no, todavía no; no creo que jamás muera porque la gente siempre se ha de formular problemas filosóficos, como por ejemplo: ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿qué es la soledad? Siempre habrá filósofos, dentro o fuera de las universidades. Está grave porque se ocupa casi exclusivamente de problemas triviales o de problemas de historia, en vez de tratar problemas de la filosofía. Mejor dicho, estudian a los muertos y descuidan los problemas vivos.

¿Es tan crítica la situación de la filosofía contemporánea?

Yo creo que la filosofía se ha estancado. En los últimos años no ha abordado problemas importantes sino problemas secundarios y muchas veces seudoproblemas. Muchos filósofos se preguntan, por ejemplo, cómo sería una Tierra sin agua o qué significa ser un murciélago.

¿Por qué no ocuparnos mejor de cómo piensa y siente la gente?

Para eso hay que informarse sobre las neurociencias que estudian el órgano de la mente que es el cerebro; pero la mayor parte de filósofos se niega a aprender esto. No creo que la filosofía vaya a morir o desaparecer, pero sí está muy enferma. Una buena infusión de ciencia del siglo XXI le vendría muy bien.

En ese sentido es un entusiasta defensor de las neurociencias. ¿Qué avances tenemos en este campo?

Estamos viviendo la década del cerebro. Se está avanzando muchísimo, pero todavía se ignora bastante. No sabemos exactamente cuáles son las partes del cerebro conscientes de sí mismas; pero se acaba de descubrir que dar brinda mayor placer que recibir, y que es el mismo tipo de placer que sentimos al comer algo sabroso. Se ha descubierto también que la desigualdad es mucho más nociva que la pobreza. La desigualdad causa estrés y este, a su vez, origina una superproducción de sustancias nocivas que destruyen el cerebro. En los países más equitativos las personas son más longevas. Los costarricenses y los cubanos viven bastante más que los norteamericanos. Ganan muchísimo menos, son mucho más pobres, pero viven más porque son más igualitarios.

¿Por qué no es posible hablar de una filosofía practicada en América?

¿Por qué no? Sí es posible, perfectamente. Lo que ocurre es que hemos tenido una mala tradición, la tradición escolástica importada de España y después los filósofos latinoamericanos que han sido deslumbrados por las filosofías europeas y últimamente también por la norteamericana. En muchos aspectos es todavía los restos de una cultura colonial, eso es. Se está liberando de eso en las ciencias, en las matemáticas, eventualmente en la filosofía también. En el futuro, de eso estoy seguro, habrá una filosofía original, así como hay ya ciencia original.

¿Por qué en nuestros países, donde se necesita tanto del desarrollo científico, se le da tan poca importancia a la investigación?

Es culpa de los intelectuales que no han sido capaces de entender que la ciencia y la técnica son el motor de la civilización moderna. Si lo entendieran, empujarían a los gobiernos para que se ocupen de ello. En nuestros países casi todos los intelectuales se ocupan de cualquier cosa menos de ciencia y técnica. Los científicos no suelen interesarse por la política, lo que es un error pues tendrían que actuar en ese terreno para exigir que los gobiernos inviertan más en ciencia, en educación y en salud.

¿Por qué los filósofos se han alejado de la ciencia? ¿Cuándo empezó esto?

Yo creo que empezó como una reacción contra el Siglo de las Luces. Empezó con gente como Hegel, al comienzo del siglo XIX, como una reacción contra el modernismo, contra el cientificismo y el materialismo. Vinieron todas esas fantasías idealistas de Hegel y en el siglo pasado aparecieron Edmund Husserl, Martín Heidegger y demás charlatanes que escribían de manera tal que era imposible entenderles. De esta manera ocultaban que no decían nada.

Heidegger no es santo de su devoción filosófica. El ex-rector de Friburgo en tiempos turbulentos no pretendía hacer ciencia. No hay, por tanto, pseudociencia en su obra. ¿No hay nada que el pensamiento racional pueda sacar en limpio del autor de "Ser y tiempo"? ¿Ninguna temática, ninguna tesis, ninguna inquietud filosófica? Si no fuera así, ¿por qué está tan de moda su pensamiento desde hace décadas?

Heidegger no sólo no pretendió hacer ciencia sino que, siguiendo a su maestro, Edmund Husserl, rechazó la ciencia. Esto le impidió hacer ontología y gnoseología en serio. Es verdad que "Ser y tiempo" abordó la ontología, pero no aportó nada porque es un fárrago de sinsentidos y de trivialidades dignas del siglo X. Todo el existencialismo es una gran estafa de la que nada queda. ¿Quién puede tomar en serio enunciados tales como "El tiempo es la maduración de la temporalidad?". También yo me pregunto por qué sigue de moda ese farsante.  Una explicación  posible es que sus adeptos rechazan el rigor lógico e ignoran todas las ciencias. También debe influir el hecho de que Heidegger escribió en alemán y enseñó en una universidad prestigiosa. ¿Se le admiraría si hubiera escrito en castellano y profesado en una universidad latinoamericana?

¿Y los filósofos que han gestado el pensamiento posmoderno?

No han aportado ningún conocimiento porque justamente niegan la ciencia, la racionalidad, la lógica, y cuando usted niega eso se vuelve un cuadrúpedo. Cuando no se reconoce que el cerebro es capaz de entender, de conocer; cuando se dice que todo es misterioso se está negando la modernidad. Es peor que volver a la Edad Media. Porque en la Edad Media hubo filósofos y teólogos que por lo menos discutieron racionalmente. Santo Tomás de Aquino no descubrió nada pero nos enseñó a discutir. Dijo, cuando se discute con un creyente se le exhibe las Escrituras para convencerlo, pero cuando se discute con un incrédulo las Escrituras no sirven, así que no queda más que razonar con él.

¿Por qué su cuestionamiento al concepto de posmodernidad?

¡Ah!, porque la posmodernidad significa oposición a la razón, oposición a la objetividad, a todo el proceso del pensamiento moderno, al pensamiento que nos ha dado la ciencia moderna. Es pura charlatanería irresponsable.

Usted afirmó que "no sé que es el posmodernismo, excepto que parece ser una reacción contra la razón. Es oscurantismo, el llamado pensamiento débil, el abandono total del rigor". Sin embargo, el modernismo con la razón aplicada al extremo, ¿no terminó en Hitler, Stalin y los golpes de Estado en Latinoamérica con apoyo de Estados Unidos?

De ninguna manera. El nazismo apañó la filosofía oscurantista de Heidegger y, al contrario, rechazaba la razón y la ciencia, y decía que había que aferrarse al suelo, la tierra y la sangre. Tenía una filosofía totalmente irracionalista. Por supuesto que la razón y la ciencia pueden usarse tanto para bien como para mal pero ese es otro asunto. Hitler protegió a los físicos y a los químicos que intentaron diseñar armas de destrucción masiva. Pero la filosofía popular, la filosofía que había que imponerle al pueblo, era esencialmente irracional. Está muy claro. No fue la razón lo que llevó al stalinismo y al hitlerismo: al contrario, fue la negación de la razón. Fue la traición a los ideales de la Ilustración, que era cientificista, liberal y humanista.

¿Puede haber ciencia sin filosofía?

De hecho no hay, porque todo científico al proponerse explorar el mundo da por sentado que existe por sí mismo, que no es una invención superior o de otra índole. De modo que se presentan siempre problemas filosóficos nuevos. Por ejemplo, se presentó la teoría de la evolución, se presentó la nueva psicología que considera a los procesos mentales como procesos cerebrales, refutando así el viejo dualismo mente-cuerpo.

¿Cuál es la función de la filosofía en la sociedad actual?

¡Ah!, hay funciones buenas y funciones malas. Funciones malas, por ejemplo, justificar el orden establecido. Muchos filósofos equivocados han justificado el neo liberalismo; otros, en cambio, lo han criticado y han dado esperanzas, pero no han propuesto soluciones concretas. Sin embargo, la filosofía siempre va a intervenir en política. No hay política sin filosofía. Hay una filosofía política, una filosofía económica, esa errada filosofía económica que nos ha llevado a la crisis actual, es justamente la llamada neoliberal que es completamente reaccionaria, antipopular, es una filosofía contraria al pueblo.

Usted dijo que la filosofía es exacta. ¿Cómo encaja este concepto en medio de la crisis de la filosofía?

Yo he dicho, efectivamente, que la filosofía es exacta, sí, sí, eso es verdad. Más aún, yo fundé en 1971 la Sociedad de Filosofía Exacta. Hay filosofías exactas y hay filosofías inexactas. Aristóteles trató de ser lo más exacto que pudo en su época y otros pensadores como Descartes, también. En cambio, los parangones de la filosofía inexacta son el existencialismo y la analogía; ni siquiera se entiende qué es lo que dicen o lo que quieren decir.

¿A qué se debe que ahora haya un divorcio entre política y la filosofía?

Siempre lo hay porque la mayor parte de los políticos quieren resultados inmediatos y no saben que antes de actuar hay que pensar, hay que investigar y no desviar ni improvisar, porque la improvisación lleva al desastre y el desastre en gran escala social, afecta a mucha gente. Hay que revisar filosóficamente las teorías que uno usa para diseñar políticas.

¿Está usted de acuerdo con el concepto "cosmovisión" o es que no se debe inventar otra palabra?

No, no, no, basta con la palabra, con el concepto, es muy bueno. Cosmovisión o visión del mundo es indispensable. Hay cosmovisión idealista y hay materialista, hay cosmovisiones individualistas y las hay holistas y las hay sistémicas. La filosofía debería, en lugar de especializarse, volver a ser cosmovisión como lo era en la Grecia antigua.

Pascal dudaba de la existencia de Dios, ¿y usted?

No, no, yo no dudo de la existencia de Dios, yo soy ateo, yo sé que no existe.

¿Por qué la filosofía? Stephen Hawking dispensa en su último libro sendas necrológicas de la religión y de la filosofía. ¿Por qué usted, reconocido ateo, se niega a dejar de ser filósofo además de ser científico?

Los filósofos se plantean problemas mucho más generales que los científicos. Por ejemplo, qué es la materia, en lugar de preguntarse sobre las propiedades del agua o de la llamada materia oscura. Y se permiten poner en duda algunas especulaciones de los científicos tales como las de Hawking sobre el mal llamado origen del universo, que en realidad es el origen de la expansión del universo. Análogamente, los filósofos de la mente se preguntan sobre la naturaleza de los procesos mentales en general, en lugar de averiguar, por ejemplo, cómo interactúa el órgano del conocimiento -la corteza cerebral- con el de la emoción -el llamado sistema límbico.

Usted dijo que no son muchos los que leyeron sus nueve tomos de su tratado de filosofía, que constituyen, según afirmó, el único sistema de ideas posterior a la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué tiene tan poca difusión en la Argentina?

Ante todo diré que la versión castellana de ese tratado empezó a publicarse hace poco. Salió el primer tomo sobre semántica y está por salir el segundo, y el editor que los publica está decidido a publicar todos los tomos. Me alegro de que finalmente, después de tantos años, salga en castellano. Puede ser entonces que le lleven el apunte mis colegas argentinos, aunque no es seguro porque ellos prefieren la filosofía importada. No es un tratado particularmente popular, digamos. No está escrito en difícil, porque me parece que la claridad es la condición necesaria de una filosofía auténtica. Por eso no me parece auténtica la filosofía de la fenomenología ni del existencialismo. Pero justamente como intento maximizar la claridad, se hace más difícil para el lector común, que no sabe de lógica o de matemática. Es más fácil leer a lumpen-filósofos como Nietzsche. Por lo menos, lo que digo tiene sentido para cualquier persona racional. Cuando Heidegger dice que la esencia del ser es “el yo mismo”, ¿qué significa? Absolutamente nada. Pero como lo dice un profesor alemán entonces los latinoamericanos y los franceses dicen "oh, que sabiduría", sin darse cuenta de que lo dice en difícil porque no tiene nada que decir. Todos disparates que en alemán lo toman por profundo. Ese es un truco que inventó Heidegger hace un tiempo. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la filosofía alemana gozaba de mucho prestigio. En cambio, la filosofía inglesa era despreciada por ser demasiada clara. Por ejemplo, Nietzsche despreciaba a John Stuart Mill por ser claro, que no es la marca característica de los filósofos profundos.

¿Qué clase de sociedad humana le parece la más justa y la ideal?

Una sociedad igualitaria y una sociedad con libertad, igualdad, fraternidad, cooperación y además una sociedad racional en que los planes que afectan a todos sean elaborados de manera racional a la luz de las ciencias y no de las improvisaciones impuestas por las campañas electorales.

Entonces, ¿cómo se podría definir la filosofía que practica?

¡Ah!, es una filosofía materialista, sistémica, dinamisista y, desde el punto de vista moral, humanista.