En 1971 escribió el
prólogo del libro “Para leer al Pato Donald” del sociólogo belga Armand
Mattelart (1936-2025) y el escritor y activista de los derechos humanos
argentino Ariel Dorfman (1942), un ensayo que desplegó una visión crítica del
imperialismo desde los estudios comunicacionales, concretamente desde las
historietas publicadas por Walt Disney (1901-1966) para el mercado latinoamericano.
Dos años después, junto a ellos fundó en Santiago de Chile la revista
“Comunicación y Cultura”. En el editorial del nº 1 expresó: “La función que se
propone cumplir ‘Comunicación y Cultura’ es la de establecerse como órgano de
vinculación y de expresión de las diversas experiencias que se están gestando
en los países latinoamericanos, en el campo de la comunicación masiva.
Evidentemente, no se trata de asumir cualquier experiencia, sino las que
favorecen a los procesos de liberación total de nuestras sociedades
dependientes. Esta norma de prioridad política será la línea de demarcación que
trazará la revista para recoger sus temáticas, sus centros de interés, sus
lectores y colaboradores”.
Otro de sus principales
aportes a las ciencias de la comunicación fue la creación de la cátedra
Introducción a los Medios Masivos de Comunicación en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires, una asignatura basada en textos de
Vladímir Lenin (1870-1924), Antonio Gramsci (1891-1937) y Mao Tse Tung
(1893-1976), entre otros, que fue interrumpida por las persecuciones y los
asesinatos durante la dictadura militar instaurada en 1976. Por esa razón se exilió en
México y allí, junto con otros argentinos exiliados, entre ellos el sociólogo
Juan Carlos Portantiero (1934-2007) y los filósofos Oscar Terán (1938-2008) y
Nicolás Casullo (1944-2008), participó en la edición de la revista
“Controversia”, un medio en el que se debatió sobre la lucha armada, el rol del
sindicalismo, la dictadura, los derechos humanos, la política internacional, la
economía y los exilios.

Lo que sigue es la tercera
parte de la entrevista publicada en la página web de la Universidad Nacional de
Cuyo en 2004.
¿Qué es el progreso?
Es el creciente dominio de
los seres humanos sobre el conjunto de la naturaleza. Hacer lo que uno quiera.
Dos cosas: una, la idea de progreso es común al capitalismo, y al socialismo.
Si uno quiere ver un elogio al sistema capitalista, debe leer el manifiesto
comunista de Marx, por esencia, anticapitalista. Nunca se ha elogiado el
sistema capitalista de esta manera. ¿Por qué? Porque en esta idea de progreso y
para su teoría de la historia, el momento capitalista era el momento
fundamental para liberar las fuerzas del trabajo que haría posible el
socialismo, o sea la destrucción de este propio sistema. Por eso hay tanto
entusiasmo, porque en realidad la verdadera revolución, dicho sea de paso, es
la revolución capitalista. La Revolución con mayúsculas, es esa. El momento en
que el ser humano se despega de la organicidad, lo moderno. Ahora, el
capitalismo no piensa lo que el socialismo: lo pone en práctica. El capitalismo
en ese sentido es analfabeto, no tiene teoría previa, lo pone en práctica, es
eso, el necesario e inexorable desarrollo de las fuerzas productivas; por eso
se habla -aplicado a otra cosa- del necesario desarrollo de las ciencias, de la
técnica, de la producción en su conjunto. Pero este es el modelo capitalista.
Quiero decir: nadie lo teorizó, salvo la teoría del mercado, donde Adam Smith,
con otro juego metafísico, así como Marx piensa en el inexorable desarrollo de
las fuerzas productivas y en el sujeto como agente de la historia que va a liberar
todo esto, que es el proletariado como ley necesaria de la historia, porque el
veía una necesariedad histórica, determinada por nadie, sino que es tan
necesaria como las leyes de la naturaleza, que un árbol nace, se desarrolla,
etcétera.
Apogeo de la época
científica.
Exacto, en el capitalismo
Adam Smith lo piensa, pero lo piensa con otra resolución metafísica que es la
idea de la mano invisible. Hay dos cosas que quiero señalar como curiosas, que
me enseñaron cierta literatura: para Adam Smith la idea del mercado no es
originariamente económica, sino una consecuencia moral; también para Marx. En
realidad, para Smith, para que el hombre pueda ser libre tiene que desaparecer
este modelo económico, ya que el mercado es lo que compensa una especie de
defecto intrínseco del ser humano que es su egoísmo. En realidad, toda la
teoría sobre el desarrollo se sustenta en un libro anterior, que es un libro
sobre moral, pero además él lo dice explícitamente, el hombre es egoísta por
naturaleza. Digo que tiene una presencia más vale religiosa. El presupuesto es
absolutamente metafísico, el hombre es egoísta, y lo dice. Los ejemplos típicos
de Adam Smith son conocidos, ningún cervecero vende cerveza para que otro tome
cerveza, la vende para ganar dinero. Y entonces lo que busca es su interés
personal. Lo que hay que hacer es aceptar que el ser humano es así y no lo
vamos a cambiar. En su egoísmo cada uno va a buscar su propio beneficio, pero
instalado en el mercado -y acá viene la mano invisible- una mano invisible que
sería algo así como el destino, la metafísica, el sentido del mundo, le da a
todo esto un sentido que va más allá de la voluntad de cada uno, y entonces se
compensan las cosas y el tipo no solo actúa para beneficio propio sino para
beneficio de toda la sociedad. En esta trama del mercado, todos constituyen una
sociedad donde se interbenefician todos. Pero el sustento es el mismo, ambos
están pensando en soluciones económicas. Mientras que en Smith el plus
espiritual es en beneficio de la sociedad, en el caso de Marx es la
desaparición de las formas del egoísmo que engendra la propiedad privada lo que
posibilitaría el pleno desarrollo del hombre, la libertad, etcétera. El
problema, lo destacable en esto, es que ambos están pensando en este
crecimiento de las fuerzas productivas, en este papel dominante que tiene la
ciencia para la mayor producción, la técnica. Ahí es donde hay una lógica,
previa en Smith, por supuesto mucho más viejo que Marx, pero más claro que en
Marx, una lógica que está impregnada del mundo moderno. Del mundo racional, del
mundo ateológico, de este proceso de secularización, o sea de un mundo donde
los seres humanos son los únicos que pueden decidir, donde no hay otras fuerzas
que están actuando. Donde no hay un sentido trascendente sino esta materialidad
en que el hombre vive, y que lo va a llevar a... Ahora este es el problema.
¿Por eso lo religioso se
opone tanto a lo liberal como a lo socialista?
Tienen un mismo fondo
materialista no trascendente. Entonces, a mí me parece que por estos caminos
habría que buscar, que reflexionar sobre por qué el socialismo tenía que
fracasar en el sentido del punto de llegada.
Un resto que aún no ha
podido ser contenido. Ni por la religión primero, ni por el capitalismo
después, ni por el socialismo más tarde, que sin embargo posee, y que aún hoy,
a pesar de la globalización, el ser humano -aunque parezca que no-insiste que
lo quiere, y es algo que porta, aunque no sepamos bien de qué se trata.
Ahí está. Efectivamente a
esto nos lleva, siempre con los riesgos de las simplificaciones. Lo que digo:
es posible pensar otra opción. Quiero decir, es posible pensar otro modelo
social que tenga en cuenta esto, o en realidad lo que podríamos tal vez hacer
es ver como se fueron construyendo estas opciones. Que quiero decir con esto:
yo creo que el problema es previo, y en ese sentido es más grave, no se resuelve
con descubrir el modelito y lo ponemos en práctica; yo creo que hemos avanzado
a limites casi de catástrofe. Y acá no hay que reírse. Yo creo que estamos en
el límite de la catástrofe. De la catástrofe quiero decir, de la perdida de
algunos de los sentidos que han orientado... Estamos como culminando, porque
todo momento futuro puede ser peor, no sé si estamos culminando, pero si
estamos en un momento casi sin precedentes, de perdida de cualquier sentido de
la existencia de los seres humanos como mundo, como totalidad. Quiero decir que
esto se ha ido construyendo y en ese sentido digo que no habría que reírse, y
tomarlo en toda su magnitud, en toda su gravedad. Yo pienso, no sé si somos un
enfermo terminal, tal vez lo seamos, pero... si uno piensa que es un enfermo
terminal siempre ya preanuncia la muerte, ¿no? Ahora, si nos pusiéramos en este
nivel limite, a veces se pueden elegir las maneras de morir, en última
instancia. Peor sería no darse cuenta de que uno se está muriendo, no tener
opciones.
Respecto de lo que vos
hablabas del suicidio hoy. A veces el suicidio es una forma de elegir no darle
al sistema la posibilidad de que te mate.
Sí, por supuesto, yo estoy
llevándolo a un límite casi literario. Podríamos llegar a eso, es muy difícil
llegar a esa conclusión cuando no hay datos palpables, por eso la similitud
médica con enfermo terminal puede resultar un tanto antojadiza. Sin embargo,
digamos, pongámonos en esa situación. Pero todavía está el residuo, todavía hay
como una espera. Yo diferenciaría un poco caprichosamente, espera y esperanza,
a mí me gusta hablar más de la espera. La espera que tiene cierto sentido
trascendente. La esperanza pareciera como vinculada... tengo esperanza de,
tengo esperanza en; la espera es como los judíos esperaban o esperan al Mesías,
que es un acto de confianza.
Pero hay una cuestión que
tiene que ver con el acto, el de esperar es un acto concreto, en la esperanza a
veces no. Como el enamoramiento y el amor, el amor es un valor y el
enamoramiento es un estado, algo que nos ocurre.
Exacto, la espera... Como
no podemos dejar de vivir sin una espera, sin esto, parecería inconcebible:
creo que no estamos en situación terminal, creo que si seguimos por este
camino, como decía Benjamin en algún lado, lo peor que nos puede ocurrir... no,
el desastre está en que las cosas sigan como son, ahí está el desastre. Pero de
todas maneras todos son gestos de espera. Cuando uno dice todo eso, cuando uno
dice este mundo es realmente abominable, este mundo marcha muy mal, yo diría que
contrariamente a lo que parece, que pareciera que estos son gestos de
pesimismo, yo creo que es la única manera del optimismo, es paradójico. Cuando
digo optimismo no es decir que bien que están las cosas, sino que mal que están
las cosas, a ver si se pueden cambiar. Porque lo más grave que nos puede
ocurrir, y esto sería la gran... -casi el grotesco de esto- lo más grave que
nos podría ocurrir y es lo que nos ocurre, es creer que estamos en el mejor
momento, como diría Bill Gates, cuando estamos en el peor momento. Porque si
creemos que vamos bien, que todo es un problema de mejorar, el neoliberalismo
dice: lo que hay es que ajustar tuercas, todavía no somos tan liberales,
digamos y por eso los defectos que tenemos son nuestras imperfecciones.
¿A este proceso de
globalización solo asistimos como víctimas?
Yo creo que el gran logro
es que por primera vez se socializa la utopía por medio del pensamiento único,
esta idea del pensamiento único que se impone por vías no contradictorias, todo
contribuye a ese pensamiento único. En esto hay que tener en cuenta la
homogeneidad política del mundo, en fin, muchas cosas. Lo que ocurre -y acá
viene lo que yo decía de que este es un modelo totalitario- porque, o te
margina el sistema o uno se tiene que marginar si no quiere estar en el
sistema. Y después hay formas de negociación, que es lo que generalmente hace
cada uno. Un poquito si, otro poquito no, como para poder seguir criticando,
comiendo todos de un bife.
¿Del hombre no queda nada?
Sí, bueno, desde una concepción
del hombre. Para otra concepción del hombre estamos en lo mejor, estamos en el
máximo de su hacer externo. De su hacer productivo, de su hacer hacia afuera,
de construir cosas. Y bueno, uno se coloca como en crítica y efectivamente,
todo apunta a esto. Cuando digo todo, nunca todo apuntaba a esto. Nunca todo
tanto como ahora, ¿por qué? Y quiero insistir en un aspecto que es el
totalitarismo del sistema, amenazado por el totalitarismo de la técnica. No
tenemos opciones técnicas, no hay libertad, todo tipo que hoy no sepa manejar
una computadora se ve muy dificultado de entrar en cualquier sistema
productivo. ¿Por qué? Después, dejemos a un lado lo que significa, no es una
opción escribir a mano o con una máquina de escribir, como no era una opción
ser alfabeto o analfabeto. Quiero decir, saber leer y escribir es, cuando la
lectoescritura se pone como obligación universal, una obligación que tiene más
en cuenta el modelo productivo que si el tipo va a tener cultura escrita o
cultura oral. Es muy interesante, y con esto no estoy diciendo que no sea
magnífico que todo el mundo escriba y lea. Esa es otra historia. Nadie ha
demostrado que el hombre es más feliz, más pleno sabiendo leer o no. Todas las
culturas ágrafas, por qué vamos a presuponer que eran menos fuertes
culturalmente. Pero lo contrario no es verdad tampoco. "Los analfabetos
son mejores" tampoco es, pero son imposiciones culturales.
Eso tiene que ver con la
organización económica, había una organización económica, una estructura que
necesitaba tener a un hombre antes sano, después alfabeto para que trabajara.
En estos momentos se plantea algo inédito a lo mejor en cientos de años, que es
lo que vos planteabas al principio de la charla, que es: el hombre sobra.
Frente a este hecho totalmente inédito en la historia del hombre, uno debe
pensar un desafío completamente nuevo.
Mira cuál es la lógica.
Porque sobra el hombre, porque el ser humano ha inventado máquinas que lo
reemplazan en casi todo. Quiero decir, el último ejemplo que hemos tenido es la
"Deep Blue". Y no desaparece el juego del ajedrez. Quiero decir, ¿qué
sentido tiene el juego del ajedrez si hay grandes máquinas que podrían jugar
entre ellas? Podrían llegar a la perfección las máquinas. Porque el jugar es
ganarle al otro, ¿sólo ganarle? Si en lo humano del juego no está el juego, el
juego en sí, esto de triunfar o perder ni engrandece ni achica al hombre. Esta
victoria, en la que la máquina le ganó al hombre, ¿qué quiere decir?