Como Sociólogo y
Semiólogo, a lo largo de su vida Héctor Schmucler fue profesor de grado y
posgrado en las universidades de Buenos Aires, de La Plata, de Córdoba y de
Entre Ríos, todas ellas argentinas, y en la Universidad Autónoma de México y la
Universidad de Mérida (México), en la Universidad del Valle (Colombia), en la
Universidad de la República y la Universidad Católica (Uruguay), y en la
Universidad Autónoma de Barcelona (España). También ha sido Investigador en el
Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma
Metropolitana de México entre 1976 y 1985, Investigador del Instituto de
Latinoamérica de Estudios Transnacionales de México entre 1978 y 1984,
Investigador del Centro de Estudios Sociales de la Comunicación de la
Universidad de Buenos Aires entre 1986 y 1989, e Investigador principal del
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina entre
1987-2001. Incluso participó como asesor para la elaboración y reformulación de
planes de estudios en las carreras de comunicación dictando cursos y seminarios
tanto en Argentina como en Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador,
España, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Otro campo temático que
abordó fue el de la memoria en torno a la violencia de los años ‘60 y ‘70.
Apasionado lector de la filósofa e historiadora alemana Hannah Arendt
(1906-1975), la lectura de obras como “Elemente und ursprünge totaler
herrschaft” (Los orígenes del totalitarismo), “Vita activa oder vom tätigen
leben” (La condición humana), “Zwischen vergangenheit und zukunft. Übungen im
politischen denken” (Entre el pasado y el futuro. Ejercicios de pensamiento
político) y “Menschen in finsteren zeiten” (Hombres en tiempos de oscuridad),
lo llevaron a meditar profundamente sobre la condición humana y sobre la
imprescindible necesidad de mantener viva la memoria tras los acontecimientos
vividos durante la dictadura.
En el artículo “Actualidad de los derechos
humanos” que fue publicado en 1979 en la citada revista “Controversia”, al
calor de un compromiso político que no eludió un examen autorreflexivo
riguroso, hizo una profunda reflexión sobre sus propias experiencias durante
esa época. Y otro tanto hizo en el artículo “Formas del olvido” publicado en el
nº 1 de la revista “Confines” en 1995: “Estamos atravesados de olvidos que
oscurecen las minucias de la historia”. En 2006 integró la primera Comisión
Provincial de la Memoria de Córdoba, desde donde fomentó el compromiso ético y
crítico con la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. A renglón seguido
se reproduce la cuarta parte de la entrevista publicada en la página web de la
Universidad Nacional de Cuyo en 2004.
Esta pregunta sobre la
felicidad concretamente, este tipo de preguntas, están siempre excluidas, y
paradójicamente este arrinconamiento económico medio que las hacen resurgir. De
eso hablábamos hoy, este sistema que finalmente impone tanta rigurosidad en
todo el planeta, al mismo tiempo y por su propia imposición, le impone a cada
uno aceptarlo y lo obliga a reconocerse, a cada tipo del planeta. Es una vuelta
de tuerca tan importante sobre la vida que lleva, ya que destruye sus raíces
étnicas, culturales, que de todos modos le impone a uno una nueva adhesión al
sistema, que no tiene ya que ver si aportás al socialismo o al capitalismo. Es
una nueva adhesión generada sobre la muerte anterior y en ese preciso lugar es
donde uno se vuelve a preguntar de nuevo -y me parece que hay un montón de
hechos que lo confirman- que de pronto uno se vuelve a preguntar qué es uno,
qué hace, y te hago todo este prolegómeno, porque hoy vos hablabas de un tema
que me interesó muchísimo: el de la responsabilidad de uno respecto -otra vez-
del problema de la vida, es decir, qué hago con esto. Otra vez el sistema, otra
vez hay una imposición y otra vez uno tiene una responsabilidad sobre lo que
ocurre.
Creo que si la catástrofe
nunca ha sido tan -para mi gusto- extrema, es porque esta pregunta que vos
decís que efectivamente llega hasta un montón de gente... pero no digamos que
es lo dominante, digo, mucha gente se pregunta ante esto, ante esta idea de que
en realidad lo superfluo puede ser el hombre, es una idea casi de reflexión
ligeramente filosófica, lo decimos en un momento de reflexión, no es el
sentimiento conceptual de cada tipo que lo echan del trabajo. A un tipo lo
echan del trabajo y ya está la solución, usted se tiene que reciclar, usted se
tiene que readaptar a este nuevo mundo para conseguir trabajo, y en última
instancia aunque esto no es lo que se dice, siempre está la expectativa. Un día
va a llegar a tener trabajo; si aprende a hacer esto o lo otro va a tener
trabajo, hace falta que aumente el producto bruto, que siga aumentando. Voy a
dar un par de ejemplos porque son concretos: cuando a un tipo lo echan de una
fábrica que tenía doscientos obreros porque sobran cien, porque hay una máquina
que hace todo eso. Normalmente hay protesta, luchas sindicales, todo esto que
puede haber, pero el razonamiento más que nada no es "el sistema me
excluye". Esta idea de que yo sobro no está en la conciencia. Se puede
sentir sobrante y de ahí vienen estados depresivos, suicidios; la gente cuando
se siente sobrante, sobre todo a ciertas edades, aunque no pueda racionalizar
que es un sobrante, se siente. Esta idea de que no tengo lugar en el mundo es
terrible. Esto creo que es lo que mortifica a tanta gente y que hay tantos
problemas de orden psíquico. Sin duda es un sentimiento aunque no se lo
conceptualice. La conceptualización es un momento de reflexión. Y pensar que
este sistema está concebido para gente que sobra, ya no sólo que sobra por la
desocupación, sino que el elemento humano, el ser humano que durante siglos y
siglos era el elemento necesario para cualquier forma de acción sobre el mundo,
podría no serlo. Por ejemplo, los aviones se sabe que podrían ir sin pilotos, y
si todavía se mantienen los pilotos es porque ¿quién sube a un avión sin
piloto?
¿El sistema llena todos
los huecos?
Sí, todos los huecos de la
vida cotidiana. Cuando uno dice que la tecnología es prepotente y totalitaria
como jamás, es muy difícil tener esta noción. Quiero decir que hay una pérdida
de relación con cierta verosimilitud inmediata del mundo en ese sentido...
Además que no se sabe cómo es la operación, pero quiero decir que hay cosas
mucho más elementales. A mí me sorprende a veces como la gente no sabe que 4
más 5 es 9. Aunque esto parezca un disparate. Pero es así. Quiero decir,
entonces ha sido reemplazado, todo esto que era un saber ha sido reemplazado,
era un saber humano. Ha sido apropiado, esto ya lo dijo muy bien Marx, hablemos
positivamente de Marx, como la máquina va expropiando el saber humano. La
máquina no se inventa sola. Eso se ha expropiado. Cuando se expropia esto, se
expropia la memoria. Porque todo su saber pasó básicamente por el ser humano
-no hay otro- y ahora ha sido delegado y este otro aparato inventado por otro
ser humano se apropia de esto, y el ser humano deja normalmente que se apropie,
se va ahuecando en su potencialidad, en su saber; se va volviendo una nada,
aunque parezca un poco exagerado esto. En este entregar todo a la máquina, es
que el ser humano se va volviendo superfluo. Digo, hoy en día hay pocas cosas
en las que el ser humano no sea reemplazable, y la idea es que cada vez va a
ser más reemplazable. Y cada vez más perfeccionado... es decir, cada vez las
máquinas van hacer mejor lo que creen que el ser humano tiene que hacer mejor,
porque es lo que creen que el ser humano tiene que hacer mejor. Quiero decir,
si el ser humano -y acá volvemos a un punto de quiebre como sustantivo- es el
ser humano contemplativo o hacedor. Hemos optado por el hacer, por el ser
humano constructor; nadie haría un robot para que contemple, para que viera con
asombro el mundo en que las cosas existen. A nadie se le ocurriría, porque eso
sólo lo hace el ser humano. Ese perder el tiempo para el sistema, el único que
lo hace bien es el ser humano. Porque nadie podría imaginar que alguien lo
podría hacer mejor, ni tendría ningún sentido. Salvo, el extremo... que
podríamos crear seres humanos exactamente iguales al ser humano, y en ese
sentido, sería redundante porque, ¿para qué querríamos tal cosa?
¿De qué manera se legitima
esto que está pasando?
Por lo menos por dos cosas
muy importantes, y por eso pienso que es totalitario. Está legitimado por las
condiciones de existencia que se nos impone, nadie puede funcionar en el modelo
si no se ajusta a todo esto, a casi todo esto; y luego por la ideología que se
va creando de esto. Por ejemplo, la ideología de que las máquinas hacen las
cosas más perfectas que los hombres. No es mentira. La ideología es si eso es
mejor o peor para los seres humanos. Porque esta especie de velocidad,
prontitud y exactitud en hacer las cosas, si el rasgo del humano es justamente
esta contradicción, este tener tiempo. Segundo: un ejemplo muy interesante;
recién hablábamos de lo médico, que es la idea de la prolongación de la vida.
Casi todo lo que tienen que argumentar es que ahora estamos mejor que antes.
Claro ahora el hombre vive veinte años más -cosa que es cierto-, promedio
veinte, veinticinco años más que hasta hace no muchos años. Acá quiero hacer
dos consideraciones. Primero: el criterio de la longitud como criterio de lo esperable
en la vida. No importa cómo. Ya se sabe cómo. Hay gente que vive sin el
corazón, sin el cerebro, sin el hígado, no importa cómo, la cuestión es la
cuantificación como modelo de lo esperable; no la intensidad, la felicidad, si
no la cantidad. Pero lo tremendo del sistema es que ha creado gente cada vez
más vieja -ya se sabe que la pirámide demográfica es de cada vez más vejez-, y
que a su vez la abandona más rápido. Porque hoy decíamos, en los cálculos de
suicidio, la mayor proporción es de la gente más vieja. Porque es la gente que
ya no tiene nada que hacer. Digo, el viejo que adicionalmente era como las
catedrales, como la sabiduría que se acumuló ahí y era una especie de bien
colectivo, era una especie de sabio colectivo, ahora es el que es desechable.
Lo tremendo de este
sistema que invoca para existir el cortar tus relaciones históricas, tu
memoria, desvincularte de tu pasado más inmediato...
Sí. Creo que la esencia
del modelo éste es el olvido. El olvido inmediato de todo. Todo empieza en cada
momento en que empezamos algo. Ese es el tema, lo cual implica una intención.
Rápidamente vamos a ir a la parte específica. Es larga la esperanza de los
pobres. Cuando uno dice olvido de todo. Porque es necesario que haya un olvido,
aunque no esté en la idea... ¿Por qué es necesario? Porque todo tiene que
aparecer como nuevo, porque en el espíritu de esta cultura, de este sistema, de
este proceso, sólo lo nuevo es lo importante. En esto todo tiene que ser nuevo,
y que se haga igual. Lo nuevo igual a importante, a cosa de valor. Todo lo
viejo no interesa. Todo tiene que parecer como el hallazgo del momento, sin una
historia que nos lleve a esto. Quiero ser más preciso cuando digo el hallazgo
del momento: todo tiene que aparecer como que ocurre lo que debió ocurrir,
llegó... Doy un ejemplo: nada más hablado hoy que el futuro. Es muy curioso. El
futuro es lo que ya es, como la globalización, como esto, son cosas que nos
llegan. Ya llegó el futuro, no estoy inventando; si leen el diario ven esto en
la publicidad: "ya llegó el futuro". ¿Cómo? se puede uno preguntar.
Primero que es una aberración porque si llegó ya no es futuro, es presente,
pero ese es otro tema importantísimo, el del tiempo. Pero ahora dicen:
"consuma esto, este es el futuro". El otro día vi una publicidad que
es formidable. Porque como ya se agotó el futuro y ya está entre nosotros,
hablaba del futuro del futuro. Esto es aberrante, pero tiene otra cuestión que
me parece que es importante para nuestra vida. Ya no permite una reflexión
filosófica: si llegó el futuro quiere decir que ya se sabe cómo será el futuro.
Uno sabe qué es el futuro y dice: "mire, nos hemos adelantado". Ya
sabemos que es el futuro, lo cual... y esta es la idea más fuerte: ya sabemos
lo que es el futuro, y entonces ese futuro lo podemos adelantar un poco. Esa es
la idea. Pero acá viene una cuestión más, el futuro rigurosamente, desde la
interpretación que yo pienso por lo menos, es incognoscible. Si algo
caracteriza al futuro, es su incognoscibilidad. Nadie sabe lo que puede ser el
futuro. No hacia donde uno quiere marchar, sino lo que va a ser el futuro.
Nadie va a saber lo que va a pasar de acá a diez minutos.
Ese es el terreno de la
esperanza.
También, bueno, pero
máxime cuando esto se concreta en algo material. El futuro es, justamente, el
terreno de lo imprevisible. Por eso el ser humano en realidad vive de lo
incognoscible del futuro. Ya vuelvo sobre esta idea... Pero cuando se dice esto
se está diciendo: "ya está el futuro. Ahora. No están mintiendo".
Porque en realidad el futuro ya existe, es lo que están haciendo ahora. Cuando
el tipo dice: "esta es una máquina del futuro", lo que está diciendo
es: yo hoy he hecho la máquina que va a ser del futuro. Por lo tanto yo sé lo
que es; cómo no lo voy a saber si yo lo estoy haciendo. Yo ya tengo programado
el futuro. Yo soy el que lo hace, acá está el futuro. Los tiempos se van
plegando uno sobre otro, y no existe esta idea, y el pasado queda superado por
todo presente. ¿Por qué? Porque esta es la idea. Si el futuro va a ser mejor,
este presente que es el futuro de aquel pasado, es mejor que aquel pasado, por
lo tanto todo aquello es desechable. Y además, llega. La idea es más
metafísica, nadie dice: "mire, yo sé lo que es el futuro", sino dice:
"nosotros sabemos lo que es el futuro", como la adivina con la bola
de cristal. Este otro ya sabe lo que es el futuro y por eso puede traerlo.
Ahora esta idea, ¿qué significa en la práctica? Que no tenemos casi opción. No
somos producto de una historia, de un proceso de nosotros mismos como éramos
antes, sino que hoy estamos decidiendo y podemos adelantar lo que nos está
esperando en el futuro. Esta idea es una fuerza muy grande hoy. Todo gira
alrededor de esto. "Aseguremos el futuro" no quiere decir "sigamos
viviendo para poder vivir en el futuro", sino aseguremos que nosotros
vamos a poder llegar a aquel futuro que nos está esperando. Y todo este mundo
fantasioso de la tecnología es el mundo que nos espera. ¿Por qué? Porque así
es. En ese sentido digo que es metafísico, es como que necesariamente tenemos
aquello esperándonos.