2 de marzo de 2026

Exabruptos, confidencias y revelaciones (XXXVIII)

ÁLVARO ASOGARAY
Ministro de Economía de Argentina (1959)
 
"Lamentablemente, nuestro punto de partida es muy bajo. Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública. Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendiente que recorremos desde hace ya más de diez años. (…) Se ha cometido un error en definir a este programa como un programa de austeridad, dejando que cada uno de los habitantes del país viva como pueda y como quiera. Las medidas en curso permiten que podamos hoy lanzar una nueva fórmula: ‘Hay que pasar el invierno’".

 
 
JOSÉ A. MARTÍNEZ DE HOZ
Ministro de Economía de Argentina (1976)
 
"El presente programa es un conjunto coherente e inseparable. En el pasado, muchos de los intentos de saneamiento y recuperación económico-financiero del país han fracasado por haberse encarado únicamente aspectos parciales del problema. (…) No es factible pensar que puedan tener vigencia las condiciones ideales de libre contratación entre la parte obrera y la empresarial para la fijación del nivel de los salarios; debe, pues, suspenderse toda actividad de negociación salarial entre los sindicatos y los empresarios, así como todo proceso de reajuste automático de salarios de acuerdo con índices preestablecidos. Será el Estado el que establecerá periódicamente el aumento que deberán tener los salarios”.

 
 
DOMINGO CAVALLO
Ministro de Economía de Argentina (1991)
 
“El peso, que a partir del primero de enero valdrá igual que el dólar, es una ment…  moneda destinada a perdurar con ese valor por muchos años. Me atrevo a decir, por décadas. Con la convertibilidad, habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina. (…) El valor de nuestra moneda está sin dudas perfectamente asegurada y nadie tiene que temer por la evolución futura de la paridad cambiaria. La Argentina es un país donde no se puede evadir. No hay que temer a pedir prestado en dólares”.

 
 
FERNANDO DE LA RÚA
Presidente de Argentina (2000)
 
"Aquí no hay crisis ni problemas. La Argentina es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. Yo voy a terminar con esta fiesta para unos pocos. Viene una Argentina distinta, la Argentina del respeto, la Argentina de las reglas claras, la de la dignidad, la del trabajo, que va a educar a nuestros hijos, que va a proteger a la familia, que va a encarcelar a los delincuentes y corruptos. Y al que le aburra, que se vaya. No quiero un pueblo sufriendo mientras algunos pocos se divierten, quiero un país alegre, quiero un pueblo feliz. (…) El 2001 será un gran año para todos. ¡Qué lindo es dar buenas noticias!".

 
 
JAVIER MILEI
Presidente de Argentina (2026)
 
“El gobierno de Donald Trump acudió en ayuda de nuestro país. Esa ayuda no fue por cuestiones económicas, sino para defendernos del embate desestabilizador. Nuestra ambición reformista no busca acumular poder, nunca será un ‘vamos por todo’. La receta que precisa la Argentina es la reducción del tamaño del Estado. (…) Se habla de apertura indiscriminada, cuando Argentina es el país más cerrado para su nivel de PBI. Cuando uno abre la economía, ingresan bienes de mejor calidad a mejor precio. Si la empresa local, quiebra y despide, el consumidor ahorra dinero que usará para comprar otros bienes de otro sector. (…) La verdadera batalla es filosófica y cultural, para dejar de ser una nación inmadura y planificar reglas para el presente y el futuro. Tenemos la fuerza para empezar un nuevo capítulo de la historia argentina. Este es el año de la grandeza”.

 
 
PATRICIA BULLRICH
Senadora Nacional de Argentina (2026)
 
“La ley de reforma laboral es una ley muy importante, muy buena, que genera un equilibrio que hasta el día de hoy no lo teníamos entre las empresas y los trabajadores. Es una ley que nos va a dar una oportunidad de acompañar con otras cosas, porque las normas laborales no crean empleo por sí; lo que hace esta ley es facilitar que el empleador no piense que contratar un trabajador es ganarse un problema. (…) Queremos que los derechos de los trabajadores no sean propiedad de una casta, de un grupo. En los gobiernos anteriores, en nombre de los trabajadores se mandó a la informalidad a miles y miles. Eso es una estafa moral que nosotros vamos a corregir con esta ley, para darle previsibilidad a las empresas y a los trabajadores. (…) Esta reforma envía señales claras. Argentina quiere volver a crecer. Hoy los trabajadores quieren trabajar con más libertad”.

 
 
LUIS CAPUTO
Ministro de Economía de Argentina (2026)
 
“Todo lo que está haciendo este gobierno son cambios de raíz, estructurales, de impacto y de largo plazo. La ley de reforma laboral es enorme. La baja del costo laboral será muy grande. Los lineamientos son conocidos. Desde Economía le incorporaremos algunos lineamientos que van a incentivar como bajar las cargas patronales y cambiarlos por un fondo de ceses, para que a los empleadores no les cueste más plata, pero que tengan mayor certidumbre en cuanto a que va a haber una disminución de sus costos y de la litigiosidad. (…) Cuanto más rápido convenzamos a los argentinos, a los empresarios más rápido va a llegar a la gente la mejora económica. Más inversión es más trabajo y mejores salarios. (…) Y una muy buena noticia: el gobierno sigue bajando la presión fiscal. Esto es casi lo más importante de la ley. Les bajamos las cargas patronales un 85% para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. ¡No salgo de mi asombro!”.

 
 
JULIO CORDERO
Secretario de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina (2026)
 
“La modernización laboral que presentamos en el Senado tiene como primer beneficio la creación de empleo. No hay pérdidas de derechos de los trabajadores, esta ley mantiene y refuerza las garantías esenciales del sector. Su objetivo central es ordenar elementos que han sido distorsionados con el tiempo para respetar y fortalecer los derechos esenciales de los trabajadores. La ley procura ordenar el sistema laboral para que todos -trabajadores, empleadores y organizaciones gremiales- se beneficien dentro de un esquema que busca el desarrollo colectivo de Argentina. El espíritu de esta norma es devolverle al trabajador la potestad de decidir sobre su propia vida, mediante acuerdos en el marco legal. (…) El que quiera trabajar más, trabajará más y ganará más porque trabaja más. El que quiere trabajar menos, trabajará menos. No se reducen las indemnizaciones por despidos, se ordenan. No hay un sólo lugar donde haya un detrimento de los derechos esenciales de los trabajadores. Por el contrario, se fortalecen”.

 
 
MAURICIO MACRI
Ex presidente de Argentina (2026)
 
“El mundo está cada día mejor y los pobres de hoy viven igual o mejor que un rey de hace cien años porque tiene cloacas, agua corriente, acceso al transporte público y a la educación pública, O sea, en los lugares donde las cosas funcionan. (…) La enorme insatisfacción social que existe está vinculada a las expectativas de consumo porque muchas personas corren detrás de lo que creen que deberían tener, y esa percepción influye en la evaluación negativa de la realidad económica contemporánea”.

 
 
DONALD TRUMP
Presidente de Estados Unidos (2026)
 
“El Ártico es clave para la seguridad económica y estratégica de Estados Unidos. Es muy estratégica en este momento. Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional, y Dinamarca no va a poder hacerlo. (…) Vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no. De una manera u otra, vamos a tener Groenlandia. (…) Después de muchos, muchos años, hemos tenido muchos años de lidiar con Cuba. Vengo escuchando hablar de Cuba desde que era pequeño. Están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen comida, no tienen nada. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa y controlada de Cuba”.

25 de febrero de 2026

Albert Camus: "La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa"

El escritor y filósofo Albert Camus (1913-1960) nació en Argelia cuando el país africano estaba bajo dominio francés. Su padre era un modesto agricultor galo que falleció durante la Primera Guerra Mundial en la batalla del Marne a los pocos meses de su nacimiento, y su madre era una mujer analfabeta de origen español. Su niñez transcurrió en uno de los barrios más pobres de Argel con ausencia absoluta de libros y revistas. Gracias a una beca que recibían los hijos de las víctimas de la guerra, pudo comenzar a estudiar y a tener los primeros contactos con los libros. En medio de dificultades económicas, cursó su primaria y culminó el bachillerato. Muy aplicado en los estudios, una vez terminada la educación secundaria -donde se interiorizó en la obra de filósofos como Arthur Schopenhauer (1788-1860) y Friedrich Nietzsche (1844-1900)- consiguió una beca para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Argel mientras trabajaba en diversos oficios. Allí se graduó con una tesis sobre la relación entre el pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino de Licópolis (204-270) y Agustín de Hipona (354-430).
Siendo muy joven contrajo tuberculosis, lo que no le impidió comenzar a escribir y ligarse a movimientos políticos de izquierda. Sus primeros textos fueron publicados en la revista “Sud” en 1932. Dos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, trabajó como corresponsal en el periódico “Alger Républicain” -órgano de la coalición de partidos políticos de izquierda franceses llamado Frente Popular- viajando por diversos países de Europa. Las impresiones recogidas durante esos viajes las plasmó en “L'envers at l'endroit” (El revés y el derecho) y “Noces” (Bodas). Allí también publicó artículos en los que denunció los crímenes cometidos por las tropas enviadas por el presidente francés Albert Lebrun (1871-1950) contra los musulmanes en Cabilia, la región ubicada en el norte de Argelia en la costa del Mar Mediterráneo, los cuales recogió en “Misére de la Kabylie” (La miseria de la Cabilia). En 1939 se presentó al ejército como voluntario, pero no lo aceptaron por su delicada salud. Al año siguiente, debido a las presiones políticas que comenzó a sufrir cuando el gobierno argelino prohibió la publicación del diario, viajó a París donde trabajó primero como redactor y luego como secretario de redacción del diario “Paris Soir”. Gran amante del teatro, creó, dirigió y actuó en una compañía llamada “Theatre du Travail”, la que luego pasó a llamarse “Theatre de l'Equipe”, una entidad formada por actores aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores.
Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Resistencia y dirigió el periódico “Combat”. Vinculado al denominado movimiento libertario y miembro de la Fédération Anarchiste, comenzó a escribir en publicaciones anarquistas como “Le Monde Libertaire” y “Le Révolution Proletarienne”. Su obra literaria comenzó ligada al existencialismo, como se aprecia en “L'étranger” (El extranjero), aunque luego fue alejándose tanto del marxismo como del existencialismo y se opuso también al cristianismo cultivando lo que llamó la “Filosofía del absurdo”. En los primeros años de la década del '40 escribió el ensayo “Le mythe de Sisyphe” (El mito de Sísifo)", y las obras teatrales “Le malentendu” (El malentendido) y “Caligula” (Calígula). La novela “La peste” (La peste), una alegoría sobre la ocupación nazi publicada en 1947, le valió el reconocimiento de la crítica y el público. Más tarde examinó la ideología y las formas revolucionarias en el ensayo “L'homme révolté” (El hombre rebelde).
En agosto de 1949, su editor le propuso que visitara la Argentina. En Buenos Aires tenía una admiradora que era también su traductora, Victoria Ocampo (1890-1979). La fundadora y editora de la revista “Sur” había traducido y publicado en esa revista el drama “Calígula” y lo invitó a dar algunas conferencias. Pero su salud, afectada por la tuberculosis, le impidió realizarlas. Por esa razón pasó sólo dos días en Buenos Aires, más precisamente en la residencial mansión que la familia Ocampo tenía en la localidad de Beccar, en el partido de San Isidro situado en la zona norte del Gran Buenos Aires. Allí, junto a su anfitriona escuchó óperas del compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) y leyó poemas del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867). Tiempo después escribió en su diario de viaje: “Hay paz, provisional, en esta casa”. Fue su único comentario sobre su experiencia en la Argentina.
Ya en plena década del '50, mientras trabajaba como periodista en el periódico “L'Express” escribió “La chute” (La caída), un largo monólogo en el que ejerció tanto la autocrítica como la crítica de la sociedad de su tiempo, y “Réflexions sur la guillotine” (Reflexiones sobre la guillotina), ensayo en el que denunció la pena de muerte. También publicó sus crónicas periodísticas bajo el título “Chroniques alegeriennes” (Crónicas argelinas) y tradujo al francés las obras teatrales “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1562-1635) y “La devoción de la cruz” de Pedro Calderón de la Barca. Otras obras importantes de Camus a partir de entonces fueron “L'été” (El verano) y “L'exil et le royaume” (El exilio y el reino), dejando al momento de su prematura muerte dos novelas inconclusas que serían publicadas póstumamente: “Le premier homme” (El primer hombre) y “La mort heureuse” (Una muerte feliz).
A Albert Camus la Academia Sueca le concedió en 1957 el máximo galardón de las letras, el Premio Nobel de Literatura, “por el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de la actualidad”. En su discurso de aceptación del premio recalcó: “Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que se corre el riesgo de que nuestros grandes inquisidores establezcan para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la Alianza”.
Esta condecoración se produjo apenas tres años antes de que muriera en un accidente en la Route Nationale 5 a la altura de la pequeña localidad de Villeblevin ubicada en Sens, el distrito localizado en el departamento de Yonne de la región de Borgoña. Camus había celebrado el año nuevo de 1960 en su casa de Lourmarin en la región de Provenza en compañía de su editor y amigo Michel Gallimard (1917-1960). En la mañana del 4 de enero ambos se dirigían a París y en el trayecto, cerca de las 14 hs. poco después de atravesar la comuna de Pont-sur-Yonne, el coche conducido por Gallimard chocó contra un árbol. Camus, que iba en el asiento del copiloto, murió en el acto, mientras que el director de la casa editorial Éditions Gallimard quedó gravemente herido y falleció cinco días después. Así, prematuramente, el mundo se despidió del gran filósofo que alguna vez había dicho que “juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida es responder la pregunta fundamental de la filosofía”. Para él, la vida debía ser transitada a pesar o en convivencia con el absurdo existencial que impone.


En el ejemplar del día de Navidad de 1951, el periódico francés “Le Progrés de Lyon” publicó la siguiente entrevista a Camus en la que el escritor filosofó sobre el odio y la mentira, dos sustantivos que hoy en día bien podrían aplicarse a una buena parte de las sociedades que habitan el mundo globalizado. Viendo la situación actual de la humanidad, es muy probable que el filósofo alemán Georg W. F. Hegel (1770-1831) tuviese razón cuando, cien años atrás, decía en su “Vorlesungen über die philosophie der geschichte” (Lecciones sobre la filosofía de la historia) que “Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos nada de la historia”.
 
¿Cree usted lógico relacionar las palabras “odio” y “mentira”?
 
El odio es en sí mismo una mentira. Se calla instintivamente con relación a toda una parte del hombre. Niega lo que "en cualquier hombre" merece compasión. Miente, pues, esencialmente, sobre el orden de las cosas. La mentira es más sutil. Sucede incluso que se miente sin odio, por simple amor a uno mismo. Todo hombre que odia, por el contrario, se detesta a sí mismo, en cierto modo. No hay, pues, un lazo lógico entre la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira.
 
En el mundo actual, presa de las exasperaciones internacionales, ¿no toma el odio frecuentemente la máscara de la mentira? ¿Y no es la mentira una de las mejores armas del odio, quizá la más pérfida y la más peligrosa?
 
El odio no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma. No se puede odiar sin mentir. E inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio por la compasión. De diez periódicos, en el mundo actual, nueve mienten más o menos (que no tiene nada que ver con la neutralidad). Es que en grados diferentes son portavoces del odio y de la ceguera. Cuanto mejor odian, más mienten. La prensa mundial, con algunas excepciones, no conoce hoy otra jerarquía. A falta de otra cosa, mi simpatía va hacia esos, escasos, que mienten menos porque odian mal.
 
Rostros actuales del odio en el mundo. ¿Los hay nuevos, propios de las doctrinas o de las circunstancias?
 
Por supuesto, el siglo XX no ha inventado el odio. Pero cultiva una variante particular que se llama el odio frío, en maridaje con las matemáticas y las grandes cifras. La diferencia entre la matanza de los Inocentes y nuestros ajustes de cuentas es una diferencia de escala. ¿Sabe usted que, en veinticinco años, desde 1922 a 1947, setenta millones de europeos, hombres, mujeres y niños, han sido privados de hogar, deportados o matados? He ahí en lo que se ha convertido la tierra del humanismo, que, a pesar de todas las protestas, es como debemos seguir llamando a esta vergonzosa Europa.
 
¿Importancia privilegiada de la mentira?
 
Su importancia proviene de que ninguna virtud puede aliarse con ella sin perecer. El privilegio de la mentira es que siempre vence al que pretende servirse de ella. Por ello los servidores de Dios y amantes del hombre traicionan a Dios y al hombre desde el momento que consienten en la mentira por razones que creen superiores. No, ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira. La mentira, a veces, hace vivir, pero nunca eleva. La verdadera aristocracia, por ejemplo, no consiste en primer lugar en batirse en duelo. Consiste, en primer lugar, en no mentir. La justicia, por su parte, no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.
 
¿Asistimos a una regresión del amor y de la verdad?
 
En apariencia, hoy todo el mundo ama a la humanidad (del mismo modo que uno puede amar que le sirvan un filete de ternera poco hecho) y todo el mundo posee una verdad. Pero es el extremo de una decadencia. La verdad pulula sobre sus hijos asesinados.
 
¿Dónde están los “justos” en el momento actual?
 
La mayor parte, en las prisiones y en los campos de concentración. Pero también están allí los hombres libres. Los verdaderos esclavos están en otra parte, dictando sus órdenes al mundo.
 
¿En las circunstancias actuales, no podría ser la fiesta de Navidad un motivo para reflexionar sobre la idea de una tregua?
 
¿Y por qué esperar a Navidad? La muerte y la resurrección son de todos los días. De todos los días son también la injusticia y la verdadera rebelión.
 
¿Cree usted en la posibilidad de una tregua? ¿De qué clase?
 
La que obtendremos al término de una resistencia sin tregua.
 
Usted ha escrito en “El mito de Sísifo”: “No hay más que una acción útil: la que rehiciese al hombre y a la tierra. Yo no reharé jamás a los hombres. Pero hay que hacer ‘como si’”. ¿Cómo desarrollaría usted hoy esta idea en el marco de nuestra entrevista?
 
Yo era entonces mucho más pesimista de lo que soy ahora. Es cierto que nosotros no reharemos a los hombres. Pero no los rebajaremos. Por el contrario, los levantaremos un poco a fuerza de obstinación, de lucha contra la injusticia, en nosotros mismos y en los demás. No nos ha sido prometida el alba de la verdad; no hay contrato, como dice Louis Guilloux. Pero está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. En efecto: nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán.

17 de febrero de 2026

Cuentos selectos (XXXIX). George Mikes: “Té”

El escritor George Mikes (1912-1987) nació en Siklós, una ciudad del condado de Baranya ubicado en el sur de Hungría. Impulsado por su padre, un exitoso abogado, estudió en la Facultad de Derecho de la Pázmány Péter Királyi Egyetem de Budapest, una de las más antiguas universidades húngaras. Ejerció un breve tiempo esa profesión, pero rápidamente se volcó al periodismo trabajando para el periódico “Reggel” y para la revista “Színházi Élet”. En 1938 fue enviado a Londres como corresponsal de los periódicos “Reggel” y “8 Órai Ujság” para cubrir el impacto que tenía por entonces el Acuerdo de Munich, un tratado firmado entre Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido representados por Hermann Göring (1893-1946), Édouard Daladier (1884-1970), Benito Mussolini (1883-1945) y Arthur Chamberlain (1869-1940) respectivamente, mediante el cual Alemania se anexionó la región de los Sudetes de Checoslovaquia. Fue un pacto que aceleró el estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939.
Poco después se enteró de la cantidad de ciudadanos judíos de Alemania que se habían refugiado en Hungría ante la persecución ejercida por el nazismo. Como sus antecedentes familiares eran de origen judío, poco antes de que estallara el terrible conflicto armado que duraría seis años y se convertiría en el más mortífero de la historia, decidió no regresar a su país natal y se radicó en Inglaterra, país en el cual se naturalizó como ciudadano británico y permaneció el resto de su vida. Fue allí donde trabajó en diversos periódicos y revistas británicas, entre ellos la sección húngara de la “BBC”, “The Observer”, “The Times Literary Supplement” y “Encounter”, y escribió decenas de libros, la mayoría de ellos humorísticos, desenfadados y colmados de agudas observaciones e ingeniosos y satíricos comentarios sobre la política, las costumbres sociales y las debilidades nacionales. Por nombrar sólo algunas de sus obras, se pueden citar “We were there to escape” (Estuvimos allí para escapar), “Milk and honey. Israel explored” (Leche y miel. Israel explorado), “The land of the rising yen” (La tierra del yen en alza), “Shakespeare and myself” (Shakespeare y yo), “How to scrape skies” (Cómo raspar los cielos), “How to be inimitable” (Cómo ser inimitable), “How to be decadent” (Cómo ser decadente), “How to be a guru” (Cómo ser un gurú), “How to be poor” (Cómo ser pobre), “How to be God” (Cómo ser Dios), “How to be a yank” (Cómo ser un yanqui) y “How to be a brit” (Cómo ser británico).
En este último recordó sus primeros días en Inglaterra: “Cuando me enviaron a Inglaterra en 1938, creía saber inglés bastante bien. En Budapest, mi inglés resultó ser suficiente. Podía desenvolverme bien. Al llegar a este país, descubrí que el inglés de Budapest era bastante diferente del de Londres. No quisiera parecer parcial, pero el inglés de Budapest me pareció mucho mejor en muchos aspectos. En Inglaterra, encontré dos dificultades. Primero: no entendía a la gente y segundo: ellos no me entendían. Era más fácil con textos escritos. Siempre que leía un artículo editorial en ‘The Times’, lo entendía todo perfectamente, excepto que nunca podía distinguir si ‘The Times’ estaba a favor o en contra de algo. En aquel entonces, lo atribuía a mi desconocimiento del inglés”. Y también vertió numerosos comentarios satíricos sobre sus habitantes: “Los británicos son valientes. Pueden enfrentarse a todo, menos a la realidad”, o “Los centroeuropeos se congregan en los cafés porque quieren conocer gente con intereses similares y porque les encantaba conversar. Van a los cafés porque allí pueden conversar; los ingleses van a sus clubes porque allí deben guardar silencio. La primera ley de la vida social inglesa es que no se debe hablar; la segunda, que si se debe hablar no se debe hablar de nada que pueda interesar a uno mismo o a la otra persona”, o “El instinto natural de los ingleses es el aislamiento. Por eso abandonan sus hogares y se congregan en clubes. Un club es un lugar donde cientos de ingleses pueden estar solos. Las mentes más brillantes del mundo literario, jurídico y político se reúnen, se sientan y guardan silencio sobre las cuestiones candentes del día”.


En 1946 publicó “How to be an alien” (Cómo ser un extraterrestre), obra en la cual también satirizó sobre los ingleses con sarcasmos como: “En el continente europeo la gente tiene buena comida; en Inglaterra la gente tiene buenos modales en la mesa”, “En el continente europeo las personas tienen vida sexual; los ingleses tienen bolsas de agua caliente”, “En Inglaterra es de mala educación afirmar algo con aplomo. Puedes opinar que dos y dos son cuatro, pero no debes afirmarlo rotundamente, pues en un país democrático otros pueden opinar distinto” y “Un inglés, incluso estando solo, formará una cola ordenada de una persona”. Justamente a ese libro pertenece el cuento “Tea” (Té), el cual puede leerse a continuación.
  

 
El problema con el té es que originalmente era una bebida muy buena. Por ese motivo, un grupo de los más eminentes científicos británicos juntaron sus cabezas y efectuaron complicados experimentos biológicos para encontrar una forma de echarlo a perder.
Para gloria eterna de la ciencia británica, sus esfuerzos dieron fruto. Lo que postularon fue que, si no se lo toma solo, o con limón, con ron o con azúcar, sino agregándole unas gotas de leche fría y sin endulzar, se alcanza el objetivo propuesto. Una vez que esta refrescante y aromática infusión oriental se transformó en un brebaje incoloro e insípido apto para hacer gárgaras, fue inmediatamente adoptada como bebida nacional de Gran Bretaña e Irlanda, si bien mantuvo, o mejor dicho usurpó, el altisonante título de té.
Hay ocasiones en las que no se debe rechazar una taza de té si no se quiere correr el riesgo de ser catalogado como un espécimen exótico y bárbaro sin esperanzas de poder encontrar alguna vez un lugar dentro de la sociedad civilizada.
Si te invitan a visitar un hogar inglés, a las cinco de la mañana te servirán una taza de té. Puede traértela tanto una anfitriona de franca sonrisa como una mucama de silencio casi malévolo. Cuando te hayan arrancado del más
dulce sueño matinal, no deberás decir: “Señora (o Mabel), considero que usted es una persona cruel, desalmada y maligna que no se merece vivir”. Por el contrario, deberás declarar con tu mejor sonrisa de cinco de la madrugada: “Muchísimas gracias. No sabe cuánto disfruto de la primera taza de té del día, especialmente a una hora tan temprana”. Si te dejaran solo con el líquido, podrás volcarlo en el lavatorio.
Más tarde te servirán té con el desayuno; luego, a las once de la mañana, después de almorzar, a la hora del té, al terminar de cenar y nuevamente a las once de la noche.
Por ningún motivo deberás rehusar una taza de té extra en las siguientes circunstancias: si hace calor; si hace frío; si estás cansado; antes de salir; si no estás en tu casa; si acabas de volver a tu casa; si tienes ganas; si no tienes ganas; si hace rato que no tomas té; si acabas de tomar una taza.
Y de ninguna manera deberías seguir mi ejemplo. A las cinco de la mañana siempre estoy dormido; desayuno con café; tomo innumerables tazas de café negro durante el día y como las cosas más exóticas tanto a la hora del té como fuera de hora.
El otro día, sin ir más lejos (lo menciono sólo a título de ejemplo deplorable, como para demostrar cuán bajo puede caer alguna gente), se me antojó una taza de café y un trozo de queso para la hora del té. Era uno de esos días excepcionalmente calurosos y mi esposa (que alguna vez fue una buena inglesa pero que ahora ha tomado irremediablemente por el mal camino debido a mi perversa influencia foránea) preparó un poco de café frío y lo puso en el congelador, donde se congeló hasta transformarse en un bloque sólido. Por otra parte, el queso, que había quedado sobre la mesa de la cocina, se derritió.
De modo que comí un trozo de café y tomé un vaso de queso.

7 de febrero de 2026

Daniel Feierstein: “Dentro de los movimientos populares, la reflexión estratégica es despreciada. En la nueva derecha pasa exactamente lo contrario”.

Nacido en el barrio de Villa Pueyrredón de la ciudad de Buenos Aires,
Daniel Feierstein (1967) es un sociólogo e investigador argentino especialista en el estudio de las prácticas sociales genocidas. Estudió en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo los títulos de Licenciado en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales. Es investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) por el Centro de Estudios sobre el Genocidio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Durante el período 2013-2015 presidió la International Association of Genocide Scholars (IAGS), una organización global, interdisciplinaria y no partidista fundada en 1994 que busca promover la investigación y la enseñanza sobre la naturaleza, las causas y las consecuencias del genocidio, y promover estudios de políticas sobre su prevención. En la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA ejerce como Director del Observatorio de Crímenes de Estado (OCE) y como profesor titular regular de la materia Análisis de las Prácticas Sociales Genocidas en la carrera de Sociología. 
Ha publicado artículos en castellano, francés, inglés, alemán, italiano, hebreo y coreano, entre otras lenguas, en diversas publicaciones científicas y jurídicas sobre temas como racismo, crímenes estatales masivos y conceptualizaciones de genocidio. También ha publicado varios ensayos sobre el tema, entre los cuales se pueden mencionar “El pasado en la batalla cultural. La disputa por el sentido de los genocidios”, “La construcción del enano fascista. Los usos del odio como estrategia política en Argentina”, “Los dos demonios (recargados)”, “El genocidio como práctica social (entre el nazismo y la experiencia argentina)” y “Seis estudios sobre genocidio. Análisis de las relaciones sociales: otredad, exclusión y exterminio”.


Lo que sigue es una compilación de los puntos más relevantes de las entrevistas que fueron publicadas en la página web de la Cooperativa de Trabajo “La tinta” el 31 de marzo de 2025 y en el diario “Página/12” el 7 de febrero de 2026 a cargo de Lucas Crisafulli y Luciana Bertoia respectivamente.
 
A nivel global, la derecha está avanzando. Donald Trump en Estados Unidos, Giorgia Meloni en Italia y Javier Milei en Argentina son ejemplos de ello. En el caso de las derechas latinoamericanas actuales, no se trata de movimientos nacionalistas. ¿Podemos decir que estamos ante gobiernos fascistas? ¿Existe miedo o una excesiva cautela a la hora de hablar de fascismo o neofascismo?
 
Más que analizar los gobiernos en sí, me parece más interesante reflexionar sobre lo que está ocurriendo a nivel social. Comenzaría por un punto anterior en el tiempo, porque, de hecho, empecé a notar este proceso, incluso, antes de que Milei fuera candidato. En la sociedad argentina, por primera vez en su historia, surge la posibilidad de que prácticas sociales y movimientos fascistas tengan un impacto real en la sociedad. No es que nunca haya habido fascistas, pero, a lo largo de la historia, su presencia fue bastante marginal. Yo creo que, por primera vez, los fascistas asumen una capacidad de impacto importante. Y es necesario separar lo que está pasando socialmente de los gobiernos, porque hay una articulación de fuerzas distintas. En el caso de Milei, su partido político surge de la nada, llega al poder de manera muy rápida y articula ciertos elementos fascistas. Eso no significa que sea lo único presente en su gobierno, ya que todo proceso histórico es, por naturaleza, heterogéneo. ¿Existen elementos fascistas tanto previos a Milei como en su gobierno? Sí. ¿Puede caracterizarse su gobierno como fascista? Eso es más discutible y depende del peso que le asignemos a esos elementos. Sin embargo, cada vez adquieren mayor relevancia, especialmente, después de la crisis de $Libra, que evidenció una fractura entre estos elementos fascistas y la otra gran corriente que Milei encarna con más fuerza: el minarquismo. Esta vertiente, asociada a un neoliberalismo extremo, es una de las más influyentes dentro del movimiento de Milei. A su vez, existe otra corriente, representada con mayor claridad por la vicepresidenta, que me parece más propiamente fascista en sus intenciones y en la lógica de su funcionamiento social. La categoría de fascismo ha sido muy vapuleada y nunca ha tenido una definición del todo clara. Por eso, es fundamental precisar a qué nos referimos cuando la utilizamos. En mi análisis, entiendo el fascismo como una práctica social y, en ese sentido, veo manifestaciones fascistas en el presente. Sin embargo, si hablamos del fascismo como sistema de gobierno, creo que no. Las nuevas derechas contemporáneas -no sólo Milei, sino a nivel global-, por ahora, no están implementando el sistema de gobierno que caracterizó al fascismo histórico, especialmente en lo que respecta al corporativismo.
 
¿Cree que, dadas las circunstancias políticas y sociales en Argentina, estamos ante una situación previa a un genocidio debido al avance de los discursos de odio?
 
No, no por ahora. Por eso, es importante diferenciar entre fascismo y genocidio, que son cosas distintas, aunque a veces se articulan. El nazismo combinó ambos, pero no son lo mismo. Percibo, en este momento, la urgencia de prácticas sociales fascistas, su crecimiento y el apoyo que reciben. Sin embargo, no veo, por ahora, que eso implique el riesgo de la implementación de un proceso genocida. Pero, como siempre, la historia está en constante transformación. No veo las condiciones ni la intencionalidad, ni la direccionalidad para que esto ocurra, a diferencia de lo que observo con el fascismo. No obstante, no sabemos cómo va a evolucionar. Crear un nivel tan alto de irradiación y uso político del odio y del resentimiento pavimenta las condiciones para que, en el mediano o largo plazo, de ser necesario, se implemente un genocidio. Pero no veo que haya una necesidad para el régimen de dominación, como sí la había en los ‘70, de llevar a cabo semejante nivel de destrucción para producir su victoria política. Básicamente, porque a esa victoria política ya la han alcanzado.
No creo que la sociedad argentina tenga la capacidad de organización necesaria para resistir los cambios que se quieren implementar en el patrón de acumulación y, por lo tanto, el genocidio sería absolutamente innecesario. Eso no quita que, si hubiera una recomposición real del movimiento popular con capacidad de resistir este proyecto, el genocidio no se transforme en una herramienta. El proyecto que se está imponiendo implica transformar la lógica de distribución del ingreso y del patrón de acumulación, y convertirnos en una sociedad mucho más extractivista de lo que ya somos; donde el eje del patrón de acumulación sea el extractivismo que, incluso, pueda disputar el rol de la primarización agrícola ganadera, que fue el patrón histórico de acumulación en el caso argentino.
 
¿Cómo describiría el contexto en el cual se llega a los cincuenta años del golpe?
 
Hace tiempo que vengo planteando que hay ciclos ascendentes y descendentes en la lucha por las representaciones y la elaboración del genocidio. Creo que llegamos en un momento muy duro. Ese ciclo descendente nace hacia 2012 o 2013. Veo que no estamos logrando la capacidad de revertir el ciclo descendente. Lo que identifico es que ese ciclo afectó a toda una generación, que fue la que se fue formando, y es el grupo que va de los dieciocho a los veinticinco años, que es el núcleo de apoyo de la nueva derecha. El gran desafío en estos cincuenta años es renovar las formas de pensar el problema. El tema de fondo es que un discurso que interpeló tanto a la generación que vivió esos hechos como a la generación de sus hijos claramente no interpela a la generación de los nietos. O sea, a quienes no sólo no vivieron el genocidio, sino que tampoco vivieron los ‘90 ni el 2001.
 
¿Y por qué no interpela ese discurso? ¿Puede ser porque se volvió una narrativa oficial y les resulta más atractivo polemizar o rivalizar con ella?
 
Hay varias variables. Esa es una, pero estaría cambiando porque, de hecho, el Estado ya no está apoyando nada de eso. El problema es cómo se reconstruye desde abajo. El Estado hoy está haciendo lo contrario: está avalando narrativas negacionistas. Pero hay otras variables.
 
¿Por ejemplo?
 
Está la partidización de esa experiencia plural que había sido la lucha por los derechos humanos. Eso no se ha logrado quebrar: se sigue viendo a los derechos humanos como una rama del kirchnerismo. Hay algunos destellos que son interesantes: que en 2025 haya sido, luego de diecinueve años, otra vez la marcha única es un dato interesante. Me parece que todavía falta mucho en la recuperación de esa potencia plural. Después hay una lógica de narración de la propia lucha que no ha logrado recuperar las condiciones que nos llevaron a derrotar la impunidad. Todo ese proceso de lucha fue escamoteado en la memoria popular. Esa potencia no puede conectar con las nuevas generaciones porque no les fue transmitida por las generaciones que vivieron esos hechos. El proceso quedó subsumido a que el kirchnerismo se lee a sí mismo como heredero de las luchas de los ‘70 -“somos los hijos de las Madres”- y como resultado de la crisis de 2001. Esto es: no se lee como un proceso de lucha, sino que la crisis de 2001 se ve como una explosión espontánea que salió de la nada. Si la derrota de la impunidad es resultado solamente de una decisión presidencial, entonces ese proceso de lucha desaparece. O sea, lo único que hay que hacer es votar bien para que otro presidente haga las cosas que queremos.
 
¿No está vinculado esto a que la historia se cuenta, de alguna manera, desde lo institucional, más allá de un problema del campo popular?
 
Creo que tiene que ver con las dos cosas. La historia se puede contar oficialmente de muchas maneras, pero la pregunta es cómo se la cuenta el campo popular. Lo que digo es que ahí hubo una autoamputación, que es muy importante entender por qué ocurrió. Ahí no tengo tantas respuestas. Hay algunos sectores que no participaron de esa lucha porque estaban en el menemismo, pero hay otro montón de sectores del kirchnerismo que sí estaban en esa lucha y tampoco la cuentan. Las cosas no se van a recomponer igual. Creo que, en la articulación social, la lucha contra la impunidad no va a volver a ser el eje -y quizá tiene sentido que no lo sea-, pero eso no va a ser posible sin una recuperación de esos procesos de lucha. La transmisión no es para copiar.
 
¿Se puede decir que en los primeros dos años del gobierno de Milei hubo una primera etapa de destrucción de las políticas de derechos humanos y ahora viene una etapa de construcción de una narrativa propia?
 
No lo tengo claro. En algunos campos pareciera que sí; en otros, pareciera que no. Me parece que tiene que ver con las internas del gobierno. Quien tiene más solidez en la creación de una narración alternativa es la vicepresidenta y los grupos de gente que la rodean. Esa interna no se ha terminado de saldar porque no es la preocupación central del gobierno.
 
¿Le parece que hubo el suficiente debate frente a la revalorización de las Fuerzas Armadas o la designación de un militar al frente del Ministerio de Defensa?
 
Hay una voluntad de relegitimación del poder represivo estatal que se expresa claramente en Patricia Bullrich. En esa clave está la decisión de designar a un militar al frente del Ministerio de Defensa. Hay una decisión de decir “ya fue suficiente”. El “se va a acabar la dictadura militar” es el nudo de deslegitimación del actor militar que incluso va a recorrer todo el menemismo, porque la subordinación de los militares al poder civil va a ocurrir más durante el gobierno de Menem que durante el de Alfonsín. La duda que me aparece ver en las distintas fracciones del gobierno mileísta es si, para recuperar la capacidad represiva, es necesario construir una narración de la dictadura que reivindique el uso de la estructura represiva estatal o si simplemente alcanza con referir a las nuevas amenazas y tratar de sumergir en el silencio ese pasado que ya está muy lejos.
 
¿Qué pasa con la apelación al pacto democrático?
 
Me parece que es pensar los procesos de modo estático cuando son dinámicos. Cuando alguien se pregunta cómo es posible que se rompiera el acuerdo que teníamos contra la impunidad, la respuesta es que no es que se rompió. El acuerdo que teníamos las generaciones que transitamos ese proceso y construimos esa lucha contra la impunidad no creo que se haya roto. Los miembros de nuestra generación que no están de acuerdo nunca estuvieron de acuerdo, pero eran una minoría. Hay muchos que se fueron agregando y la respuesta que podrían dar es: “Nosotros nunca firmamos ese acuerdo porque no vivimos esos hechos”. Vamos a cumplir cincuenta años del golpe. Yo siempre lo planteo con mi experiencia personal de cuando empecé a militar en 1982. Los recuerdos que puedo tener para pensar esta noción del tiempo es que el Cordobazo, que había sido trece años antes, era algo que yo sentía que no había vivido, pero que podía vincular como algo cercano. Pero cuando me hablaban del ‘55 era cosa de viejos. Y pensá que desde el ‘55 al ‘82 había menos de treinta años. Hay que entender que la realidad cambia, que hay nuevos actores y que el gran desafío es cómo los vamos a interpelar.
 
Usted plantea que una de las cuestiones a evitar es cerrar discusiones diciendo que es “cosa juzgada”.
 
Exacto. Y no hay que olvidar que la Justicia terminó haciendo justicia por la presión popular. El aparato judicial en la Argentina nunca fue gran cosa -ahora menos que nunca-. Si hubo justicia fue porque los jueces sentían que no podían hacer otra cosa, y eso lo dio la lucha popular. En el campo de los derechos humanos necesitamos que las nuevas generaciones puedan ser un poco más irreverentes. Parte de la potencia de H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) es que puso en cuestión muchas de las cosas de los ‘80: salió a desafiar a la generación anterior. Y ahora apareció Nietes, que creo que tiene algo muy interesante. Necesitamos que sean capaces de decir todo lo que no les sirve para poder desafiarnos desde ahí y, desde esa irreverencia, conectar con su generación.
 
¿Qué rol cree que tiene la academia en estas discusiones?
 
Tuvo un rol central y lo ha ido perdiendo, y es un proceso que ligo mucho a la caída del Muro, porque es internacional, no solo argentino. La academia siempre estuvo imbricada con las luchas populares. Se da un proceso que yo llamo de profesionalización, que separa a la academia de la lucha popular y, en esa separación, se produce una inversión de la lógica. Hoy, un académico articulado con los procesos populares parece que fuera menos académico. Ese proceso se acompañó con que, dentro de los movimientos populares, la reflexión estratégica también es despreciada. Entonces se generó ese quiebre que implica que hayamos dejado de tener intelectuales orgánicos. En la nueva derecha pasa exactamente lo contrario.

31 de enero de 2026

La abogacía, la política, la diplomacia, el periodismo, la edición, el espionaje, el suspenso, el terror: los escalones de John Buchan

John Buchan, nacido en Perth (Escocia) el 26 de agosto de 1875, fue político, diplomático, abogado, periodista, historiador, poeta y novelista. Realizó sus estudios secundarios en la Escuela de Gramática Hutchesons y luego ingresó a la Universidad de Glasgow, donde estudió Filología y editó las obras de Francis Bacon (1561-1626) que se publicaron en 1894. Más adelante estudió Filología Clásica en el Colegio Brasenose de la Universidad de Oxford, donde ganó altas distinciones académicas al tiempo que publicaba su primera novela, “Sir Quixote of the Moors” (El Quijote de los Moros).
Comparativamente a su éxito como escritor, fue como abogado que ganó gran renombre. Luego de un corto periodo pasado en Sudáfrica, se inició en el negocio de editor literario como socio de la firma de su amigo, el diplomático y escritor norteamericano Thomas Nelson (1853-1922). En la editorial edimburguesa Thomas Nelson and Sons, especializada en ediciones de bolsillo para un público masivo, se encargó de la publicación de obras de, entre otros, Thomas Hardy (1840-1928), Henry James (1843-1916), Rudyard Kipling (1865-1936) y G. K. Chesterton (1874-1936). También trabajó como editorialista y crítico literario para la revista “The Spectator”. En 1911, fue electo miembro del Parlamento Británico y sirvió en diferentes cargos de responsabilidad durante la Primera Guerra Mundial, para retornar a la Cámara de los Comunes en 1927 hasta que, en 1935, fue designado Gobernador General de Canadá.
Escribió novelas de aventuras y de espionaje, cuentos cortos de terror y biografías. En 1914, al estallar la guerra, sirvió como corresponsal para la edición francesa del periódico británico “The Times” y creó a su personaje más popular -Richard Hannay- cuando, postrado durante tres meses en su lecho de enfermo a causa de una úlcera péptica, trató de distraer su mente para alejarse del deprimente pensamiento de estar incapacitado. Por entonces Buchan se alojaba en Broadstairs, un pueblo costero en el distrito de Thanet, al este del condado de Kent en el sureste de Inglaterra. Muy cerca de su residencia había una casa que tenía unas escaleras para bajar al mar, y fueron precisamente sus escalones los que inspiraron el título de la que sería su novela más famosa.
En su autobiografía publicada en 1940, “Memory hold the door” (La memoria sostiene la puerta), Buchan sugirió que el personaje estaba basado, en parte, en Edmund Ironside (1880-1959), el Mariscal de Campo del ejército británico nacido en Edimburgo, Escocia, que actuó como espía durante la Segunda Guerra de los Bóers, el conflicto bélico que enfrentó al Reino Unido con los colonos de la República de Sudáfrica y del Estado Libre de Orange que se libró entre el 11 de octubre de 1899 y el 31 de mayo de 1902, luego como integrante de la División de Infantería durante la Primera Guerra Mundial, y finalmente como Jefe del Estado Mayor Imperial durante la Segunda Guerra Mundial.
Entre las obras de ficción de Buchan se destacan: “The path of the King” (La ruta del Rey, 1921), “The three hostages” (Los tres rehenes, 1924), “Witch wood” (Bosque de brujas, 1927), “The courts of the morning” (Los tribunales del amanecer, 1929), “House of the four winds” (La casa de los cuatro vientos, 1937), “Pilgrim's way” (El camino de los peregrinos, 1940),Greenmantle” (Manto verde) y “Lake of gold” (Lago de oro, 1941) entre muchísimas otras. En cuanto a sus biografías, las más célebres son: “Sir Walter Raleigh” (1897), “Sir Walter Scott” (1911), “Julius Caesar” (1932), “Oliver Cromwell” (1934) y “Augustus” (1937). También se destacó como historiador en “The Battle of Jutland” (La batalla de Jutland, 1916), “Episodes of the Great War” (Episodios de la Gran Guerra, 1936) y “The history of the First World War” (La historia de la Primera Guerra Mundial, 1922).
Pero, sin ninguna duda, la obra por la cual más se lo conoce es “The thirty nine steps” (Los treinta y nueve escalones), novela que comenzó a escribir en agosto de 1914, en la que su personaje Richard Hannay, un inglés que ha pasado largo tiempo en las colonias africanas ejerciendo como ingeniero de minas, al regresar a su departamento en Londres, se encuentra con un hombrecillo que le pide ayuda. Era Franklin P. Scudder, un vecino con el que apenas había intercambiado algún que otro saludo, quien le pedía que le permitiera entrar en su casa y que escuchase la gravedad de la historia que tenía para contarle. Al acceder, se vería envuelto en un asesinato y más adelante en una intriga de carácter internacional relacionada con el desarrollo de la Guerra Mundial.
“Volví de la City hacia las tres aquella tarde de mayo, bastante disgustado con la vida. Llevaba tres meses en la madre patria y estaba harto de ella. Si un año antes alguien me hubiera dicho que estaría sintiéndome así, me habría reído en su cara, pero la realidad era esa. El tiempo me deprimía, la charla del inglés común me enfermaba, no podía hacer mucho ejercicio, y los entretenimientos de Londres me parecían insulsos como un vaso de agua. ‘Richard Hannay’, me repetía a mí mismo, ‘te metiste en la zanja equivocada, amigo, y harías bien en salir’”. Así comienza la novela que sería publicada por entregas en la revista británica “Blackwood's Magazine” durante agosto de 1915, cuando Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial. Luego, ese mismo año, en el mes de octubre, la editorial escocesa William Blackwood and Sons situada en Edimburgo la sacó a la venta ya en forma de libro, el cual vendió más de veinticinco mil ejemplares en sus primeros tres meses. El personaje Richard Hannay sería protagonista más adelante de otras cuatro novelas escritas por Buchan.


Lo que hizo que esta novela alcanzara gran notoriedad fue que el director de cine y guionista británico Alfred Hitchcock (1899-1980) la llevara al cine en 1935 con Robert Donat (1905-1958) y Madeleine Carroll (1906-1987) como protagonistas principales. En la historia filmada por el genial director inglés -que le compró los derechos cinematográficos a Buchan por 800 libras- la trama varió un poco del original, pero, de todos modos, Hitchcock logró una notable puesta en escena con un excelente uso de la cámara, haciendo planos sutiles y descriptivos en ocasiones, y en otras, planos-secuencia majestuosos, dotando al film del ritmo frenético tan habitual en sus películas.
El 6 de febrero de 1940, mientras se afeitaba en el baño de Rideau Hall, la residencia de Ottawa donde vivía mientras ocupaba el cargo de Gobernador General, Buchan sufrió un infarto cerebral. Fue llevado a Montreal para una cirugía de emergencia en el Instituto Neurológico de la McGill University, pero finalmente murió en la noche del 11 de febrero. Tras su fallecimiento, allí recibió un Funeral de Estado y luego sus cenizas fueran enviadas al Reino Unido, donde fueron depositadas en el cementerio de la iglesia anglicana de Elsfield, un pequeño pueblo situado al noreste del centro de Oxford. Por entonces, el film de Hitchcock ya iba en camino a convertirse en una de sus obras más aclamadas, hasta llegar al 4º lugar del ranking de las mejores películas inglesas según el Instituto Británico de Cine (BFI) y a ser considerada por la crítica especializada internacional como una de los veinte films más grandiosos de todos los tiempos.
Años después, en 1959, el director de cine inglés Ralph P. Thomas (1915-2001) realizó la primera versión en color de “Los 39 escalones” protagonizada por Kenneth More (1914-1982) y Taina Elisabeth Elg (1930 2025). Un par de décadas más tarde, en 1978 se rodó la tercera versión, esta vez dirigida por Don Sharp (1921-2011) y protagonizada por Robert Powell (1944) y Karen Dotrice (1955), la cual es considerada la mejor de todas las adaptaciones. Treinta años después, en 2008, la cadena británica de televisión y radio BBC realizó una adaptación televisiva filmada en Escocia dirigida por James Hawes (1973) y protagonizada por Rupert Penry Jones (1970) y Lydia Leonard (1981). La historia también dio origen a una radionovela protagonizada por Orson Welles (1915-1985) en 1938 y, ya en el actual siglo, a numerosas adaptaciones teatrales que fueron presentadas en diversos teatros de buena parte del mundo.


Pero Buchan no sólo fue reconocido y recordado por “Los 39 escalones”, también lo fue por sus cuentos de hadas y de terror, entre ellos “The green wildebeest” (La verde pradera), “No man's land” (Tierra de nadie), “Space” (Espacio), The song of the moor” (La canción del páramo), “The wind in the portico” (El viento en el pórtico), “The far islands” (Las islas lejanas), “The outgoing of the tide” (La salida de la marea) y “Skule Skerry”, todos ellos escritos hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX. Al respecto, el escritor estadounidense H. P. Lovecraft (1890-1937) -autor de renombradas obras como “The Dunwich horror” (El horror de Dunwich), “The alchemist” (El alquimista), “At the mountains of madness” (En las montañas de la locura) y “The whisperer in darkness” (El que susurra en la oscuridad), por citar sólo algunas- en 1927 publicó el ensayo “Supernatural horror in literatura” (El horror sobrenatural en la literatura). En la introducción expresó que “el miedo es una de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad, y el miedo más antiguo y poderoso es el temor a lo desconocido. Muy pocos psicólogos lo niegan y el hecho de admitir esa realidad confirma para siempre a los cuentos sobrenaturales como una de las formas genuinas y dignas de la literatura. Las angustias y el peligro de muerte se graban con mayor fuerza en nuestros recuerdos que los momentos placenteros; del mismo modo los aspectos tenebrosos y maléficos del misterio cósmico ejercen una fascinación más poderosa sobre nuestros sentimientos que los aspectos beneficiosos. A partir de tales conceptos, no cabe asombrarse de la existencia de una literatura relacionada al terror cósmico. Siempre existió y siempre existirá”.
Y más adelante, en uno de sus capítulos se refirió al escritor escocés: “En la novela ‘Bosque de brujas’, John Buchan representa con tremenda fuerza un resurgimiento del diabólico sabbat de las brujas en una región solitaria de Escocia. La descripción del sombrío bosque y su piedra maligna, junto a los vislumbres de terror cósmico cuando el horror es finalmente extirpado, nos reconcilian con la lentitud de la acción y plétora de dialecto escocés. Algunos cuentos de Buchan son igualmente vívidos en sus intimaciones espectrales, ‘La verde pradera’, una historia de brujería africana, ‘El viento en el pórtico’, con su despertar de horrores paganos, y ‘Skule Skerry’ con sus toques de espantos boreales, son ejemplos especialmente notables”.
Esas historias de terror basadas en mitos y leyendas antiguas que fueron escritas por Buchan, muchas de las cuales tienen elementos sobrehumanos, se publicaron por primera vez en el Reino Unido en 1902. Luego, en 1918, se publicó en Estados Unidos con el título “The watcher by the threshold” (El vigilante junto al umbral), y recién en 2022 apareció la versión en español titulada “El vigilante del umbral y otras historias escocesas de terror”. Pero, volviendo a la narrativa de espías, vale destacar que con “Los treinta y nueve escalones” y las otras cuatro novelas protagonizadas por el personaje Richard Hannay, John Buchan de alguna manera trazó el derrotero a otros destacados autores del género de espionaje como Ian Fleming (1908-1964), John le Carré (1931-2020), Frederick Forsyth (1938-2025) y Graham Greene (1904-1991). Precisamente este último, autor de importantes novelas de esa condición como “The quiet american” (El americano impasible), “The confidential agent” (El agente confidencial) y “The ministry of fear” (El ministerio del miedo), en 1957 publicó una antología de literatura de espionaje titulada “The spy's bedside book” (El libro de cabecera del espía) escrita en coautoría con su hermano el periodista Hugh Greene (1910-1987). En esa suerte de amalgama de ficción, reportajes y memorias que ayudó a definir el género durante las décadas siguientes, citó a Buchan como una gran influencia para él y expresó: “Buchan escribe ‘entretenimientos’ con una clara pureza moral”.

26 de enero de 2026

Las matemáticas de Fibonacci: de los conejos y las artes a la especulación financiera

Entre los matemáticos europeos de la Edad Media, el más grande de todos fue sin dudas Leonardo de Pisa (1170-1250), también llamado Leonardo Pisano o Leonardo Bigollo, aunque es más conocido como Fibonacci, que significa “hijo de Bonaccio” (bondadoso), que era el apodo de su padre. A pesar de haber nacido en Pisa, como su padre era empleado en una factoría mercantil italiana asentada en Bugía, al norte de Argelia, fue allí donde el joven recibió su primera formación matemática a cargo de maestros musulmanes. Pronto se dio cuenta de la enorme superioridad de la notación decimal indo-arábiga (provista de símbolo para el cero y de cifras cuyos valores dependían de su posición) sobre el engorroso sistema de numeración romana, empleado todavía en su país natal.
Consciente de las ventajas de los numerales árabes, Fibonacci viajó a través de los países que rodeaban el mar Mediterráneo para estudiar con los matemáticos árabes más destacados de ese tiempo. Así descubrió que la sucesión de los números había sido ya tratada por matemáticos hindúes del siglo XI, pero fue él quien la dio a conocer en Occidente. Cuando regresó a Pisa alrededor del año 1200, escribió una gran cantidad de libros y textos sobre matemáticas. En la época en la que vivió aún no existía la imprenta, por lo que sus libros eran escritos a mano y las pequeñas cantidades de copias que de ellos circulaban también se hacían a mano. Todavía hoy se conservan copias de “Liber abaci” (Libro del ábaco, 1202); “Practica geometriae” (Prácticas de geometría, 1220); “Flos” (Flor, 1225) y “Liber quadratorum” (Libro de los números cuadrados, 1227). Sin embargo, son muchos más los que se perdieron en el transcurso de la historia.
La más conocida de sus obras, el “Libro del ábaco” era un amplio tratado del sistema de numeración indo-arábigo, cuyos razonamientos no causaron en un principio demasiada impresión a los mercaderes italianos de la época. Sin embargo, con el tiempo su libro llegó a ser la obra de máxima influencia entre todas las que contribuyeron a introducir en Occidente la notación indo-arábiga en una época en la que todavía se usaban los números romanos, por lo que se la considera impulsora de las bases de la aritmética moderna en Occidente. El libro fue concluido en Pisa en 1202 y ha llegado hasta el presente una edición revisada de 1228, dedicada a un famoso astrólogo cortesano de la época. Esa obra mostró la importancia del nuevo sistema de numeración aplicándolo a la contabilidad comercial, conversión de pesos y medidas, cálculo de intereses y otras numerosas aplicaciones. El libro fue recibido con entusiasmo entre el público culto, teniendo un impacto profundo en el pensamiento matemático europeo.


“Imaginemos -escribió Fibonacci- que en un patio cercado se coloca una pareja de conejos para ver cuántos descendientes produce en el curso de un año, suponiendo que cada mes a partir del segundo mes de su vida, cada pareja de conejos da origen a una nueva. Como la primera pareja de conejos tiene descendencia en el primer mes, dobla el número y, en este mes, se tienen dos parejas. De éstas, una pareja, la primera, también tiene descendencia en el mes siguiente, de manera que en el segundo mes hay tres parejas. De ésas, dos parejas tienen descendencia en el mes siguiente, de modo que en el tercer mes han nacido dos parejas adicionales de conejos, y el número total de parejas de conejos llega a cinco. En dicho mes tres de estas cinco parejas tienen cría y, en el cuarto, el número de parejas llega a ocho. Cinco de estas parejas producen otras cinco parejas, las cuales, junto con las ocho parejas ya existentes, hacen trece parejas en el quinto mes. Cinco de estas parejas no tienen cría en este mes, mientras que las restantes ocho parejas tienen descendencia, de modo que en el sexto mes se tienen veintiún parejas. Sumando a éstas las trece parejas que nacen en el séptimo mes, se obtiene un total de treinta y cuatro parejas. Sumando a éstas las veintiún parejas que nacen en el octavo mes, el total es de cincuenta y cinco parejas. Sumando a éstas las treinta y cuatro parejas que nacen en el noveno mes, se obtienen ochenta y nueve parejas. Agregando a éstas las cincuenta y cinco parejas que nacen en el décimo mes, se tiene un total de ciento cuarenta y cuatro parejas. Agregando a éstas las ochenta y nueve parejas que nacen en el undécimo mes, se llega a un total de doscientas treinta tres parejas. Finalmente, sumando a éstas ciento cuarenta y cuatro parejas que nacen en el último mes, se obtienen un total de trescientas setenta y siete parejas. Este es el número de parejas producidas por la primera pareja en el lugar dado, al término de un año”. Y concluyó el matemático: “Al examinar la tabla anterior, el lector puede ver cómo se llega a este resultado; a saber: se suma el primer número al segundo, o sea, 1 a 2; el segundo al tercero; el tercero al cuarto, el cuarto al quinto; y así sucesivamente, hasta que se suman el décimo y el undécimo números 144 y 233; así se obtiene el número total de parejas de los conejos en cuestión, es decir, 377”.


Medio siglo antes de que Fibonacci escribiera su trabajo, esta sucesión de números había sido descubierta por algunos matemáticos hindúes que habían investigado los patrones rítmicos que se forman con sílabas o notas de uno o dos pulsos. La sucesión de Fibonacci aparece constantemente en la naturaleza: en las escamas de una piña (aparecen en espiral alrededor del vértice en número igual a los términos de la sucesión), en las flores del girasol (que forman una red de espirales, unas van en el sentido de las agujas del reloj y otras en el contrario, pero siempre las cantidades de unas y de otras son los términos consecutivos de la sucesión) y en la variable cantidad de pétalos de las margaritas. También se presenta en las espirales de las galaxias. Los primeros números de la sucesión de Fibonacci son: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1.597, 2.584, 4.181, 6.765, 10.946, 17.711, 28.657, 46.368, 75.025, 121.393, 196.418, 317.811, 514.229, etc.


En el “Libro de los números cuadrados” aparecen otras interesantes deducciones realizadas por Fibonacci. En él desarrolló la teoría de los números y, entre otras cosas, examinó los métodos para encontrar los triples pitagóricos. En primer lugar, destacó que los números cuadrados podían ser construidos como sumas de impares: “Pensé sobre el origen de todos los números cuadrados y descubrí que obedecían al ascenso regular de los números impares. Dado que la unidad es un cuadrado y de ella se produce el primer cuadrado, a saber 1; sumando 3 a éste se hace el segundo cuadrado, a saber 4, cuya raíz es 2; si a esta suma se añade un tercer número impar, a saber 5, se producirá el tercer cuadrado, a saber 9, cuya raíz es 3; y así la secuencia y serie de números cuadrados siempre crece mediante la adición regular de números impares”.
Para construir los triples pitagóricos, Fibonacci explicó: “Así cuando deseo encontrar dos cuadrados cuya adición produce un cuadrado, tomo cualquier cuadrado impar como uno de los dos y hallo el otro cuadrado por la suma de todos los números impares desde la unidad hacia arriba, pero excluyendo el cuadrado impar. Por ejemplo, tomo 9 como uno de los dos números cuadrados mencionados; el cuadrado siguiente se obtendrá por la adición de todos los números impares inferiores a 9, es decir 1, 3, 5, 7, cuya suma es 16, un cuadrado que cuando se suma a 9 da 25, otro cuadrado”.


La influencia de Fibonacci fue muy limitada en su época. Sólo tuvieron peso aquellas partes del “Libro del ábaco” y de “Prácticas de geometría” que sirvieron para introducir los números y los métodos indo-arábigos y contribuyeron a solucionar problemas de la vida diaria. La contribución de Fibonacci a la teoría de números fue ampliamente ignorada y virtualmente desconocida durante la Edad Media. Hubieron de pasar trescientos años para encontrar nuevos estudios sobre sus teorías en las obras “De divina proportione” (La divina proporción) y “Opuscula mathematica” (Opúsculos matemáticos) de los científicos italianos Luca Pacioli (1445-1517) y Francesco Maurolico (1494-1575) respectivamente.
Tiempo después, los números de Fibonacci fueron estudiados por el matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630), quien desarrolló el concepto que pasaría a la historia como “la divina proporción” en su obra “Strena seu de nive sexángula” (El copo de nieve de seis ángulos) de 1611. Allí aplicó dicha sucesión a la simetría en los cristales de hielo, estudios que luego serían continuados por el matemático escocés Robert Simson (1687-1768) en “The elements of the conic sections” (Los elementos de las secciones cónicas) de 1753, y ampliados por científicos como el estadounidense Alwyn Bentley (1865-1931) o el japonés Ukichiro Nakaya (1900-1962) ya en el siglo XX.


Las importantísimas aportaciones de Fibonacci a las matemáticas llegaron a ser conocidas gracias a un matemático francés del siglo XIX, Edouard Lucas (1842-1891), interesado en la teoría de los números y recopilador de una clásica obra de matemáticas recreativas: “Récréations mathématiques” (Recreaciones matemáticas), publicada en cuatro volúmenes entre 1882 y 1894. Lucas vinculó el nombre de Fibonacci a la sucesión numérica que forma parte de un problema trivial del “Libro del ábaco”, a la que bautizó como “sucesión de Fibonacci”. Dich
a serie también fue utilizada en el ámbito musical ya en el siglo XIX por el compositor franco-polaco Frédéric Chopin (1810-1849) en su “Prelude in G minor” (Preludio en Sol menor), y especialmente durante el siglo XX cuando compositores como Béla Bartok (1881-1945) en “Musik für saiteninstrumente, schlagzeug und celesta” (Música para instrumentos de cuerda, percusión y celesta) u Oliver Messiaen (1908-1992) en “Quatuor pour la fin du temps” (Cuarteto para el fin de los tiempos) la utilizaron para la creación de acordes y de nuevas estructuras musicales.


También se utilizó en distintas vertientes del arte, como en las instalaciones y lienzos del artista italiano Mario Merz (1925-2003) “Igloo di Giap” (Iglú de Giap), “La natura è l’equilibrio della spirale” (La naturaleza es el equilibrio de la espiral), “Il guardiano” (El guardián), “Pittore in Africa” (Pintor en África) y “Fibonacci sequence” (Secuencia de Fibonacci); y en la literatura, como en el poema “Alfabet” (Alfabeto) de la poetisa danesa Inger Christensen (1935-2009), en los poemas de “The weight of numbers” (El peso de los números) de la poetisa estadounidense Judith Baumel (1956), en los poemas de “Las razones del agua” del poeta español Francisco Javier Guerrero (1976), en la novela de ciencia ficción “Rama II” del estadounidense Gentry Lee (1942) en coautoría con el británico Arthur C. Clarke (1917-2008), o como en la novela “The Da Vinci code” (El código Da Vinci) del escritor estadounidense Dan Brown (1964).
Son numerosos también los ejemplos de la utilización de la proporción numérica de Fibonacci en famosas obras pictóricas. Así, por ejemplo, pueden citarse lienzos de pintores italianos como “La nascita di Venere” (El nacimiento de Venus) de Sandro Botticelli (1445-1510), “Uomo Vitruviano” (Hombre de Vitruvio) y “Gioconda” (La Gioconda) de Leonardo Da Vinci (1452-1519), “La madonna del cardellino” (La virgen del jilguero) de Rafael Sanzio (1483-1520) y “Davide e Golia” (David y Goliat) de Michelangelo Caravaggio (1571-1610); los de pintores españoles como “Las meninas” de Diego de Velázquez (1599-1660) y “Leda atómica” de Salvador Dalí (1904-1989); el del pintor alemán “Adam und Eva” (Adán y Eva) de Albrecht Durero (1471-1528); el del pintor neerlandés “De sterrennacht” (La noche estrellada) de Vincent van Gogh (1853-1890) y el del pintor uruguayo “Construcción en rojo y ocre” de Joaquín Torres García (1874-1949).


Incluso el famoso fotógrafo francés Henri Cartier Bresson (1908-2004) utilizó la representación geométrica de la sucesión de Fibonacci conocida como “Espiral de Fibonacci” en muchas de sus fotografías en blanco y negro, y lo propio hizo el artista neerlandés Maurits Cornelis Escher (1898-1972) en muchos de sus dibujos y grabados. Evidentemente, muchos de estos artistas adhirieron a las ideas del teórico y pintor ruso Vasili Kandinksy (1866-1944) quien, en su ensayo de 1926 titulado “Punkt und linie zu fläche: ein beitrag zur analyse der malerischen elemente” (Punto y línea sobre el plano: una contribución al análisis de los elementos pictóricos), propuso que la imaginación de los artistas fuera reemplazada por una concepción matemática. O tal vez lo que hicieron fue conjugar ambas habilidades: la creatividad ficcional con la ciencia numérica.
Por otro lado, es significativo recordar la importancia que tuvo (y tiene) el “Libro del ábaco” en las finanzas cuantitativas. Conocedor de las grandes aportaciones que hiciera el matemático griego Pitágoras de Samos (570-490 a.C.) al avance de las matemáticas en su escuela de Crotona, y de obras como “Stoïkheïa” (Elementos) del matemático griego Euclides de Alejandría (c. 325-c. 265 a.C.) y “Kitāb al-mukhtaar fī isāb al-ŷabr wa-l-muqābala” (Compendio de cálculo por reintegración y comparación) del matemático persa Al-Khwarizmi (c. 780-c. 850), Fibonacci también conoció el oficio del comercio y los problemas matemáticos que conllevaban el intercambio de mercaderías, la equivalencia entre monedas, el cálculo de intereses, etc. La complejidad de estas cuestiones requería utilizar métodos eficientes de cálculo para quien quisiera ser exitoso en los negocios.


Si bien ya la civilización sumeria -considerada como la más antigua del mundo conocida por la humanidad- en el tercer milenio a.C. tuvo una importante actividad comercial basada en el intercambio de productos agrícolas por metales preciosos como el oro y la plata, en la civilización griega la mayoría de los grandes pensadores consideraban indignas las aplicaciones de las matemáticas a las transacciones comerciales. El filósofo Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), por ejemplo, en su obra “Politiká” (Política) se oponía al comercio porque lo consideraba una actividad para obtener ganancias a costa de los demás y estaba en contra del cobro de intereses, algo que juzgaba una aberración. Sin embargo, en la antigua Roma, por entonces era común que alguien con dinero para prestar se ubicara en un banco de plaza y allí hiciera sus negocios, dando comienzo al funcionamiento de los antepasados de los bancos.
En los tiempos de Fibonacci, luego de una oscura época posterior a la caída del Imperio Romano, comenzó en Europa a resurgir la economía. El intercambio comercial entre ciudades ubicadas sobre el mar Mediterráneo estaba en su auge. Ciudades marítimas como Génova, Venecia, Amalfi e inclusive su ciudad natal, Pisa, fueron de fundamental importancia para el comercio mediterráneo. Por esa razón se desarrolló notablemente la matemática financiera, algo en lo que la “secuencia de Fibonacci” tuvo una gran relevancia. Pasados los siglos, hoy en día, el desarrollo de esas herramientas matemáticas guarda una estrecha relación con el surgimiento de operaciones financieras cada vez más sofisticadas y especulativas dentro de un sistema económico en el cual, las instituciones financieras, desempeñan un papel central en desmedro de la producción de bienes y servicios y provocan la concentración de la riqueza, la inestabilidad económica y el acrecentamiento de las desigualdades sociales. Algo que, seguramente, Fibonacci no pensó en su momento.