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19 de septiembre de 2026

Jimi Hendrix. Una historia negra como la sombra de un cuervo (2/2)

Para 1969, había grabado dos álbumes excelentes ("Are you experienced" y "Axis: Bold as love") y le faltaba poco para terminar otro ("Electric ladyland"), pero su insatisfacción con el camino que estaba tomando Experience (la mayoría de las veces regrababa las líneas de bajo de Redding porque le parecía que no iban bien con el resto) lo llevó a deshacer el grupo. Hendrix pasó casi todo ese año recluido, intentando llevar a cabo sus planes de crear una banda nueva. Sin embargo, todo lo que pudo materializar fue el álbum en vivo "Band of gypsies" (grabado en el Fillmore East para Año Nuevo), un disco que a pesar de que él no quería que se editara, salió a la venta de todos modos, a causa de la obligación contractual que tenía con el citado Ed Chalpin, quien había arreglado con Capitol Records para sacarlo a la venta lo antes posible.
El siguiente disco, "Band of gypsies", con Buddy Miles (1947-2008) en batería y Billy Cox (1941) en bajo fue un paso hacia adelante, pero no en la dirección que Hendrix quería ir. Empezó a gastar el dinero sin sentido, probablemente porque sabía que lo que él no gastara se lo iban a robar de un modo u otro. Hendrix le declaró a un periodista en marzo de 1969: "El problema de este negocio es que los productores ven en vos una veta de oro y te convierten en un esclavo ante el público. Te exprimen hasta que te ven exhausto, hasta que no das más, y entonces dirigen su atención hacia otras cosas. Es por eso que muchos grupos se separan, porque los gastan. Llega un momento en que los músicos quieren dejar todo, porque de otra manera se hunden, se los traga toda esa basura".
Las drogas fueron otro factor que no ayudó a Hendrix a salir de pozo en que se hallaba; la gente que estaba cerca de él decía que tomaba ácido como para convertirse fácilmente en un paranoico. La culminación del asunto drogas tuvo lugar en mayo de 1969, cuando lo detuvieron en el Aeropuerto Internacional de Toronto por posesión de heroína. Hendrix insistió en que no sabía nada sobre la existencia de esa heroína, que había llegado ahí sin que él se enterara. Un músico de New York que estaba con él en esa época y que pidió que no se lo nombrara, recordó ante la prensa que Jimi tenía miedo de que Jeffery hubiera arreglado el arresto para mantenerlo dependiente de él en un momento en el que estaba tratando de librarse de semejante manager.
Knight contó que Hendrix pensaba que Jeffery era también el responsable del secuestro que sufrió, como otra forma de intimidación. Jimi le contó: "Yo quería hacer un álbum doble, pero mi manager en seguida me comunicó que la demanda del público no daba para tal cosa, y que su intención era editar un simple. Antes de que me diera cuenta de lo que había sucedido, me encontré secuestrado por unos tipos que me taparon la boca y me tiraron con brutalidad en la parte de atrás de un auto. No podía entender qué diablos estaba pasando mientras yacía ahí, transpirando, con la rodilla de alguien clavada en mi espalda. Me llevaron a un edificio desierto y me hicieron creer que realmente querían hacerme daño, aunque en ningún momento me aclararon por qué me habían raptado. Todo parecía muy misterioso, porque después de un rato me di cuenta de que si en realidad hubieran querido herirme ya habían tenido bastante tiempo para hacerlo. Y la cosa fue todavía más misteriosa y sospechosa cuando fui rescatado por tres personas que dijeron que las había enviado mi manager. Fue como una aventura de un libro de cuentos baratos".
Muchos amigos de Hendrix han declarado que estaba muy confuso y desalentado antes de su muerte. Noel Redding (1945-2003), el bajista de Experience, expuso una opinión muy interesante: "No estoy muy seguro sobre la muerte de Jimi. Creo que la noche anterior había tomado ácido, pero no podría asegurar si su muerte fue accidente, suicidio o asesinato". Eric Burdon (1941), el cantante de The Animals declaró: "Sé que estaba mal desde hacía un año. Estaba tan metido dentro de un pozo que la única solución útil para él era dejar de hacer música por un tiempo y aclarar las cosas. Pero él sabía, sentía que sin la música iba a destruirse de todos modos. Se daba cuenta de que lo único que realmente le importaba era la música, seguir tocando, y uno de los motivos que lo llevaron a la muerte fue que su capacidad creadora había mermado considerablemente".


Otra de las razones, quizás, fue que Jeffery lo estaba presionando demasiado; hacía un año y medio que Jimi no editaba un álbum, y Jeffery estaba bastante desesperado para que produjera nuevo material, a pesar de que el músico no quería editar nada en ese momento. Además, Hendrix terminó de desmoralizarse cuando descubrió -en parte- las estafas de sus "protectores". Knight recordó haberlo escuchado decir una vez: "Sé que últimamente estoy gastando demasiado, pero también sé que he ganado mucho más, y que nunca he visto ni la décima parte. Me destrozó saber cuál es mi situación financiera. Confié mucho en la gente que yo pensaba manejaba mis asuntos, creí en ellos. Pero me explotaron, ésa es la verdad. Voy a ponerme en contacto con mi abogado y voy a tratar de solucionar todo esto. Estoy harto".
En las semanas previas a su muerte, Hendrix viajó a varios países de Europa para realizar una serie de conciertos. Tocó en agosto de 1970 en el Festival de la Isla de Wight del Reino Unido; y en septiembre en el Stora Scenen Gröna Lund de Estocolmo y en el Stora Scenen Liseberg de Gotemburgo, Suecia; en el Vejlby-Risskov Hallen de Aarhus y en el K.B. Hallen de Copenhague, Dinamarca; y en el Open Air Love & Peace Festival de la isla de Fehmarn, Alemania, el cual fue su último recital.
Pasó los últimos días de su vida con una mujer en una suite del hotel Samarkand ubicado en el barrio Notting Hill del municipio Kensington de Londres. Se trataba de la artista alemana Monika Danneman (1946-1996), quien afirmaba que ella y Jimi eran amantes predestinados. Jeanette Jacobs (1950-1982), una amiga de Jimi que se mantenía bastante en contacto con él, dijo: "Antes de que él muriera, Monika me confesó que estaba muy enamorada de Jimi, que él le había dado un anillo y que iban a casarse pronto. Mónica me contaba, también, que Jimi se consideraba a veces una re­encarnación de Cristo, y que le mostraba las marcas de los estigmas en las manos y los pies. Predecía su propia muerte como inevitable y necesaria; es probable que, como dijo Burdon, su última canción haya sido realmente una nota sobre su suicidio”.
Monika Danneman contó los detalles de la muerte de Jimi: "Le hice la comida y tomamos una botella de vino blanco. Tomó más que yo, pero no era un tipo alcohólico. Había atmósfera de alegría. No había peleas, estábamos escuchando música y charlando. Alrededor de las dos de la mañana me dijo que tenía que visitar a algunas personas en Devon. Lo dejé en la casa de ellos y lo busqué a las tres”. En el camino de vuelta, ella le prometió que sus espíritus siempre iban a estar juntos. Estuvieron levantados toda la noche, hasta que a las seis de la mañana Hendrix se quejó de que algo andaba mal. No se sentía bien, no podía dormir, así que se llenó la boca de pastillas para dormir y habló hasta que Monika se quedó dormida. Ella contó después: “Me desperté a las diez y veinte más o menos. No podía seguir durmiendo, quería comprar cigarrillos pero como a Jimi no le gustaba que saliera sin avisar, miré si estaba despierto, entonces descubrí que algo andaba mal con él. Traté de despertarlo, pero no pude”.
Hendrix tenía el cuerpo frío, entonces llamó a Eric Burdon, quien le dijo que llamara a una ambulancia. Cuando llegaron al hospital ya estaba muerto. Tres días más tarde, Burdon apareció en un programa de la BBC afirmando que Hendrix se había matado; dijo que había dejado una nota, pero que no podía mostrársela a nadie. Buddy Miles sugirió hacer un gran festival benéfico en el Madison Square Garden, cuya atracción principal sería el cuerpo de Jimi, expuesto ante sus admiradores.


Surgieron muchas preguntas sobre lo que pasó con Jimi Hendrix, pero nadie quiso contestarlas. Una de las pocas personas que aceptó hablar fue Steve Weiss (1925-2008), el abogado de Hendrix y de Jeffery. Dijo que no había ningún problema entre los dos: "Jimi nunca consideró seriamente el hecho de que alguien lo manejara, así que jamás me enteré de que no se llevaran bien, o que estuvieran desconformes uno con el otro. De los demás, conozco bien a Chas Chandler y es una persona honorable y experimentada; a Alan Douglas no lo conocí, pero supongo que es un tipo de talento. Insisto en que no podía haber grandes diferencias entre Jimi y Jeffery, ya que ambos eran buenos socios en el estudio. El principal atributo de Hendrix era su enorme talento, pero siempre hay que darle libertad al manager para que maneje ese talento de la manera más productiva. Creo que Jeffery era un manager excelente; los resultados hablan por sí solos". "Con respecto a Yameta -siguió el abogado-, no puedo decir nada, porque todo ese asunto sucedió antes de que empezara a intervenir. Y con respecto a la muerte de Jimi, no tengo motivos para no creer en el veredicto del médico. La gente no tendría que especular, sobre todo cuando hay pruebas tan evidentes. No me parece que se haya suicidado. Tenía un enorme talento, tal vez mal usado. Creo, sinceramente, que Jimi era un ser maravilloso".
Con su muerte a los veintisiete años, Hendrix pasó a formar parte del llamado “The 27 Club” (Club de los 27), una lista informal que ya tenía a Brian Jones (1942-1969) y que poco después se ampliaría con Janis Joplin (1943-1970) y Jim Morrison (1943-1971). Años más tarde se agregarían Kurt Cobain (1967-1994) y Amy Winehouse (1983-2011), entre otros.
Hendrix grabó una cantidad impresionante de material durante el curso de su vida. Mucho de esto (fundamentalmente los conciertos en vivo) se fueron publicando póstumamente; varios de los conciertos en vivo eran excelentes, pero las cintas de estudio fueron el foco de una gran controversia por muchos años. En algunas de ellas se aprovecharon tomas en las que Jimi tocaba solo y se añadieron acompañamientos posteriores con músicos actuales. Para ello hubo casi que componer las canciones, ya que lo rescatado se limitaba a solos experimentales del guitarrista. En otros se realizaron diferentes mezclas y se aprovechó material de directo vendiéndolo en dos versiones: una con el sonido del público y otra con éste eliminado para dar sensación de haberse grabado en estudio. La cuestión es que hacia 1990 había al menos cuarenta sellos diferentes a lo largo del mundo que editaban material en el que se aseguraba que tocaba Jimi Hendrix. Después de un conflicto legal muy largo, los derechos de autor y todas sus grabaciones, pasaron a manos de su padre Al Hendrix (1919-2002), en julio de 1995. Este contrató al historiador de la obra del guitarrista John McDermott (1962) y al ingeniero original de Jimi, Eddie Kramer (1942) para supervisar el proceso de remasterización de las cintas originales. Así comenzaron a aparecer nuevas recopilaciones "oficiales" con el resultado esperado: el negocio funcionó a las mil maravillas.
Cuando en 2002 falleció el padre de Jimi, la herencia pasó a ser disputada por su hermana adoptada Janie Hendrix (1961) y su hermano menor Leon Hendrix (1948). Lo que estuvo en juego era una fortuna estimada en 80 millones de dólares, con un potencial anual de ganancias de varios millones de dólares, un conflicto que culminó recién en 2015 cuando ambos llegaron a un acuerdo. Un cuervo negro sobrevoló durante cuarenta y cinco años la tumba de Jimi Hendrix en el cementerio Greenwood de Renton, una localidad ubicada a unos pocos kilómetros al sureste de Seattle, su ciudad natal, en el cual fue enterrado tras ser trasladado desde Londres, donde fue embalsamado luego de su fallecimiento en el Hospital St. Mary Abbots de la capital inglesa.

18 de septiembre de 2026

Jimi Hendrix. Una historia negra como la sombra de un cuervo (1/2)

Un día como hoy, hace cincuenta y seis años, fallecía el genial guitarrista estadounidense Jimi Hendrix (1942-1970). Nacido como Johnny Allen Hendrix en el Hospital King County de Seattle, en el estado de Washington, desde muy joven se interesó por la música. Pasaba horas escuchando a los afamados bluseros Howlin' Wolf (1910-1976), Robert Johnson (1911-1938), Muddy Waters (1913-1983) y B.B. King (1925-2015), considerados como padres y maestros del blues estadounidense. De formación autodidacta, fascinado por esos grandes guitarristas, a los doce años empezó a tocar un ukelele que le regaló su padre, quien lo había rescatado cuando una mujer lo estaba tirando a un contenedor de basura. Cuando éste se percató del interés de su hijo por la guitarra, en el verano de 1958 le compró una guitarra acústica de segunda mano por cinco dólares a un amigo y, poco después, le compró su primera guitarra eléctrica, una Supro Ozark modelo 1560 S en una tienda de música llamada Myers en Seattle.
A comienzos de los años ’60 tuvo breves pasos por las bandas The Velvetones, The Rocking Kings, The Isley Brothers y The King Casuals, para luego acompañar a músicos de la talla de Sam Cooke (1931-1964), Ike Turner (1931-2007), Little Richard (1932-2020) y Tina Turner (1939-2023). En 1966 dejó atrás su rol de guitarrista acompañante y se convirtió en primer guitarrista cuando formó su propia banda, la llamada Jimmy James and the Blue Flames, una agrupación que conformó acompañado por el guitarrista Randy California (1951-1997), el bajista Jeff Baxter (1948) y bateristas ocasionales. Después de un tiempo de tocar en varios locales dedicados a la música afroamericana, viajó a Nueva York en busca de nuevas oportunidades. Allí conoció a Chas Chandler (1938-1996), ex bajista de The Animals, quien reconoció su talento y lo convenció de mudarse a Inglaterra.
Hacia fines de ese año, 1966, formó la que sería su banda más famosa, la Jimi Hendrix Experience, con la cual encontró en Londres un público dispuesto a apreciar su innovador estilo y cautivó incluso a virtuosos guitarristas como Keith Richards (1943) de The Rolling Stones, Jeff Beck (1944-2023) de The Yardbirds, Jimmy Page (1944) de Led Zeppelin, Eric Clapton (1945) de Cream y Pete Townshend (1945) de The Who, quienes se asombraron por su habilidad. Con esa banda, con algunos circunstanciales cambios de miembros a lo largo de sus casi cuatro años de existencia, obtuvo una gran importancia hasta su trágica y repentina muerte en septiembre de 1970, dejando atrás una asombrosa colección de canciones en las que fusionó el blues, las baladas, el rock, el rhythm and blues y el jazz, una mezcla de estilos que lo convirtieron en una de las figuras más populares e influyentes de la historia del rock.
El sello Reprise Records de la Warner Music Group se apresuró a editar cuatro álbumes de después de su muerte: "The cry of love" en marzo de 1971, "Rainbow bridge" en octubre de 1971, "Hendrix in the west" en febrero en 1972 y "War heroes" en diciembre de 1972. En 1975 se vendieron discos por valor de 150.000 dólares, una cantidad miserable tratándose de un artista de su calibre. Excepto "The cry of love" que estaba casi terminado cuando Hendrix murió, todos los demás álbumes que aparecieron después fueron, obviamente, recopilaciones con las que los sellos discográficos intentaron capitalizarse a través del nombre de Hendrix. Esos discos no fueron supervisados por un extraño, sino por Michael Jeffery (1933-1973), el manager personal de Hendrix, que demostró muy claramente qué poco interés y respeto sentía por el guitarrista.
Jeffery murió en un accidente de avión dos años después que Hendrix y en seguida la Warner editó otro álbum ("Soundtrack recordings"), que aparentemente cerraba el libro de la historia de Hendrix. Pero todavía hubo otra vuelta de tuerca: un ejecutivo de la discográfica descubrió que el veterano productor de jazz Alan Douglas (1931-2014) había estado involucrado en algunas sesiones de grabación de Hendrix hacia el final de su vida. Rápidamente Douglas fue contratado por la Warner a principios de 1974 para que produjera el material que le pareciera más o menos bueno.


Douglas conoció a Hendrix en 1969 en los estudios de grabación Record Plant de New York cuando llevó a un guitarrista por entonces relativamente desconocido que trabajaba como acompañante en la Miles Davis Band, John McLaughlin (1942), para producir su primer álbum como figura principal ("Devotion") en su propio sello, Douglas Records. Según contó Douglas, Hendrix quería inclinarse más hacia el lado del jazz, pero se vio frustrado por Jeffery. Douglas sostuvo que Hendrix se acercó a él porque admiraba a McLaughlin y quería tocar con él.
Pero McLaughlin contó una versión un poco cambiada: "Conocí a Buddy Miles en 1969; él fue a Vanguard cuando yo estaba tocando con Tony Williams, y ambos se hicieron muy amigos. Un día vinieron los dos juntos y me dijeron que esa noche tocaban con Jimi, y me invitaron a acompañarlos. Así que fuimos a Record Plant. Empecé a tocar sin parar, y seguimos hasta las nueve de la mañana; Jimi estaba ahí y grabamos algunas cosas; mucha gente ha estado buscando esa cinta pero nadie la ha encontrado. En bajo estaba Dave Holland, en batería Buddy Miles, Jimi y yo en guitarras, Duane no-sé-qué en órgano; también había otro guitarrista, Jim McCarty. Fue muy lindo, como una fiesta".
"En 1969 Hendrix dejó la música psicodélica por el rhythm and blues -relató Douglas-; antes de eso, Jimi llenaba todos los resquicios con efectos electrónicos, pero hacia el final estaba en busca de un sonido mucho más seco. Era un explorador, pero no tenía nadie que lo acompañara en sus exploraciones. Ese era el problema. Toda la estructura a su alrededor estaba deteriorándose. Jimi se sentía frustrado y se escapaba de eso pasando todo el tiempo que podía en el estudio. En la última semana tomó la firme decisión de deshacerse de Jeffery a cualquier precio y hacer lo que él quería".
En realidad, alrededor de la muerte de Jimi Hendrix hay muchas más cosas de las que cualquiera que haya estado cerca de él quisiera hacer saber. Hendrix fue víctima de muchas circunstancias y más de una vez se ha sugerido que los problemas financieros y legales tuvieron tanto que ver con su muerte como las nueve píldoras para dormir que tomó y el subsiguiente mal tratamiento que sufrió en manos de los enfermeros de la ambulancia que lo llevaron sin sostenerle la cabeza. El médico declaró que Hendrix murió sofocado -ahogado en sus propios vómitos- de manera accidental, pero cuanto más se observa el contexto de su muerte, más difícil es creer el veredicto.
Es casi necesario volver hacia atrás para entender lo que pasó. Hendrix llegó a New York en 1964, buscando un espacio en el cual pudiera introducirse en el estilo musical que buscaba desde hacía varios años. Después de tocar en bandas de acompañamiento junto a los citados Little Richard, Ike & Tina Turner y The Isley Brothers, decidió probar suerte por su cuenta. Tuvo que empeñar su guitarra para poder comer. Curtis Knight (1945-1999), que era su amigo en esa época, contó que le dio a Hendrix una de sus dos guitarras ni bien lo escuchó tocar y le pidió que se uniera a su grupo. Knight había firmado un contrato con el productor Ed Chalpin (1935-2019) y rápidamente arregló las cosas para que Jimi firmara también con él. Tocaron juntos en varios clubes y también grabaron y compusieron algunas cosas. Knight también contó cómo el grupo The Animals empezó a demostrar interés por Jimi cuando ambos tocaban en el Ondine en 1966.
El antes mencionado Chas Chandler, ex bajista de The Animals, contó al respecto: "Me puse en contacto con Jimi a través de Linda Keith, que era la novia de Keith Richards; ella sabía que yo iba a meterme en producción y me dijo que en el Village había un tipo genial. Fuimos a verlo. Estuvimos hablando antes de que él empezara su acto, y aun sin escucharlo tocar, quise llevármelo en seguida a Inglaterra". Chandler vio en Hendrix su pasaporte al éxito y no le costó mucho convencerlo de que lo que tenía que hacer era irse a Inglaterra con él. Esa era su oportunidad para progresar y Hendrix la tomó. Pero Chandler tenía un problema: el dinero, y la única persona que podía dárselo era Michael Jeffery, que ya había sido manager de The Animals (a quienes terminaría estafando). Chandler se llevó a Hendrix a Londres en septiembre de 1966. Los primeros meses fueron muy difíciles, pero Chandler fue vendiendo sus guitarras una por una para financiar a la banda Experience hasta que pudieran valerse por sí mismos. Mientras tanto, Jeffery desapareció.


Curtis Knight recordó que cuando volvió a ver a Hendrix, inmediatamente sintió que las cosas no andaban bien. Después de apreciar la atmósfera de lujo y prosperidad que reinaba en la habitación de hotel donde se estaba hospedando, Knight se sorprendió cuando notó que Hendrix no tenía nada de dinero. Contó: "Jimi me pidió que esperara un momento, y fue a pedirle un poco de dinero a Jeffery (que había vuelto cuando empezó a oler que el negocio podía dejarle una buena ganancia). Jeffery le dijo que no tenía y que iban a hablar del tema más tarde. Me di cuenta de que Jimi estaba confuso y enojado al mismo tiempo. Le pregunté qué clase de arreglo financiero tenía con esas personas que se suponía le cuidaban los intereses. 'Bueno -me dijo-, ellos reciben el dinero y lo cuidan por mí, y cuando yo necesito un poco, les pido'. No parecía una idea muy buena en el contexto de lo que había sucedido. Le pregunté si él sabía lo que los otros hacían con el dinero, y me contestó que lo ponían en un banco a nombre de él. Pero no tenía la menor idea de cuál era ese banco, ni de cuánto dinero se suponía que tenía allí".
El medio a través del cual sus representantes le robaban a Hendrix sus ganancias por derechos de autor era una compañía evasora de impuestos llamada Yameta, formada originalmente por Jeffery para The Animals, pero que después pasó a controlar también los beneficios de las grabaciones de Experience. Hendrix se dio cuenta casi inmediatamente de que algo raro había en Yameta y, junto con los miembros de su banda -el bajista Noel Redding (1945-2003) y el baterista Mitch Mitchell (1947-2008)-, mandó una carta a la Warner en agosto de 1968, en la que decía que no debía pagarse ninguna suma a Yameta Company Limited ni a ninguno de sus representantes. Nadie le hizo caso, y posteriormente se descubrió que las oficinas de Yameta, que supuestamente se encontraban en las Bahamas, en realidad no existían, y que jamás habían existido. Algunos periodistas han sugerido que Yameta era un centro encubierto de operaciones de la Mafia, pero nunca se consiguieron pruebas.
La atmósfera alrededor de la banda The Jimi Hendrix Experience estaba totalmente deteriorada. Chandler recordó tiempo después: "Jimi atravesaba un período negro; no escuchaba a nadie y no hablaba con nadie, porque no encontraba la forma de decir nada. Se estaba apartando sin razón aparente. Ya no me quería al lado suyo, no me necesitaba, así que me separé y me volví a Inglaterra". Eso fue a fines de 1968, y Hendrix se quedó con Jeffery, quien pasó a controlar todo el dinero de su "estrella exclusiva". Era muy evidente que Hendrix dedicaba toda su atención a la música, y que se preocupaba muy poco por resolver sus asuntos financieros, por lo que le dio al manager un verdadero cheque en blanco.

16 de septiembre de 2026

Claudia Piñeiro: “Hay en el gobierno un desprecio hacia la cultura tanto a nivel legislativo como discursivo. Hay un discurso de odio que genera violencias” (2/2)

Claudia Piñeiro es una de las escritoras argentinas más traducidas a otros idiomas y ha sido galardonada con numerosos premios tanto en Argentina como en Alemania, España y México. Además de las novelas mencionadas, es autora de obras de literatura infantil y juvenil como “Serafín, el escritor y la bruja”, “Un ladrón entre nosotros”, “El fantasma de las invasiones inglesas” y “Mi miedo xixi”; del libro de cuentos “Quién no”; de las obras teatrales “Cuánto vale una heladera”, “Un mismo árbol verde”, “Verona”, “Morite, gordo” y “Tres viejas plumas”; y del tomo de notas periodísticas y reflexiones íntimas “Escribir un silencio”. En una entrevista que le hizo recientemente la agencia de noticias española “EFE”, expresó su preocupación por “los constantes ataques a la cultura” del actual gobierno argentino con respecto a la cultura”. “Cuanta menos cultura, menos se piensa, menos capacidad de crítica y de valorar hay” expresó, y añadió luego: “Supongo que piensan que en la cultura hay una resistencia y una posibilidad de crítica que no les interesa. Han desmantelado todos los organismos que podían defenderla con la excusa de que no hay dinero. Son los tiempos que nos tocan y quienes no estamos de acuerdo con todo eso estamos bastante confundidos en cómo desarmarlo, es muy difícil. Han encontrado una forma de comunicarse con las generaciones más jóvenes, muy directa, que llega mucho, y nosotros seguimos con argumentaciones, pero nadie te quiere escuchar”.


A continuación, la segunda y última parte de los fragmentos escogidos de las entrevistas que le hicieron Jorge Fontevecchia (radio “Perfil”), Nora Fernández (revista “Por el Camino de Puan”) y Florencia Ripoll y Virginia Guevara (diario “La Voz del Interior”).

El 25 de mayo de 2024, escritores, intelectuales, artistas lanzaron una campaña contra la ley Bases o una parte de ella, pidiendo que los legisladores la rechacen en el Congreso, dijiste “estamos luchando para que no se aprueben las leyes, pero también para contrarrestar un discurso horrendo de desprecio a la cultura”, ¿a qué atribuís que la cultura sea atacada por este gobierno?

Por lo pronto es un movimiento global. Es llamativo porque la derecha siempre fue ilustrada, históricamente la derecha era una derecha ilustrada que tenía cultura. Ahora hay un desprecio hacia la cultura desde todas las derechas y hay un discurso, sobre sobre todo lo que tiene que ver con la actividad cultural o artística, que los que hacen cine, teatro, literatura son vagos, viven del Estado. Todo un discurso de odio que no es cierto, que genera violencias, etcétera, ¿por qué está ese discurso? Yo creo que porque es más fácil accionar sobre determinadas personas con discursos posibles que con discursos que todavía no pueden lograr. Quiero decir, el gobierno prometió ciertos beneficios económicos, que vamos a estar mejor en algún momento, etcétera, que se le iban a aprobar las leyes, que iba a dolarizar, un montón de cosas que se van postergando. En cambio, atacar a la cultura es fácil, y es como algo muy visible. Atacar a los grupos LGTB o mujeres también es fácil y es muy visible. Decir que ahí está la culpa de todo es como un argumento muy rápido para sacar conclusiones rápidas y para llegar a determinadas personas que lamentablemente no tienen a lo mejor el tiempo, la formación, las ganas, o lo que sea, de ponerse a pensar, pero esto que me está diciendo ¿es así? Entonces me parece que es darle una moneda por otra. Bueno, no te puedo dar todavía esto económico que te prometí, pero te puedo dar en cambio que voy a destruir la cultura.

¿Eso no es la contracara de lo mismo que se acusa en Europa y Estados Unidos al progresismo de que, en los últimos treinta años, en lugar de producir progreso económico, lo que hacía era lo que llaman peyorativamente “woke” (promover la ideología de género, el igualitarismo y el colectivismo) y que no tenía ningún costo económico y era fácil de instalar?

Lo que creo es que se ponen culpas y responsabilidades donde no corresponde. Por ejemplo, también al gobierno anterior se le ha dicho, se ocuparon del lenguaje inclusivo, se ocuparon de la ley del aborto y entonces no se ocuparon otra cosa. Si no se ocuparon de otras cosas fue por otros motivos, porque no pudieron, por la pandemia, porque se equivocaron, porque cometieron errores, por lo que quieran, pero no porque dieron la ley del aborto, pero no porque se ocuparon del lenguaje inclusivo. Pero es muy fácil la simplificación. Me parece que en otras partes del mundo pasa lo mismo, decir “porque se ocupan de esto entonces, desatendieron esto otro”, todo lo que se gasta en esos proyectos o programas no es lo que cambia la economía de un país. Acaban de cerrar o sacar el 80% del personal de la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, ¿cuánta plata se van a ahorrar con eso? Y queda el 144, el teléfono donde uno llamaba si tenía violencia de género, las personas que acompañaban a las mujeres en violencia de género. ¿Cuánta plata pensás que se puede ahorrar con el impuesto que quieren sacar con el que se financia el Fondo Nacional de las Artes?, ¿es sustancial para el presupuesto del país? Estoy segura de que no, y sin embargo lo dan como “uy, mirá lo que logramos, acá desmantelamos esto, acá sacamos este impuesto”.
 
En cuanto a la cultura democrática. ¿Qué estás viendo del modo en que hoy discutimos, debatimos y decidimos? Todos estamos muy alertas a los cambios de los últimos años en cuanto a la discusión pública.
 
Sí, creo que todos estamos muy alertas. Más allá de que hay algunas instituciones que parecen no funcionar del todo como a mí me gustaría, las instituciones están ahí para defendernos de avances y desbordes. Pero creo que donde se ve muchísimo el deterioro de la cultura democrática es en la conversación pública. Se observa en los insultos y en la forma de tratarnos que, por otra parte, vienen avalados desde el poder. Es muy difícil escapar de ese tipo de conversación hostil cuando está derramada desde los lugares más importantes del gobierno.
 
¿Y cómo te llevás vos con las redes sociales? Son una especie de discusión más transversal y horizontal, aunque allí también se da esa línea de arriba hacia abajo; el presidente, por ejemplo, las utiliza mucho. ¿Creés que ese tipo de ámbitos está erosionando la discusión democrática?
 
Sin duda que sí. Pero, por otra parte, a veces me parece que es inútil luchar contra lo que ya está establecido. Cuando empezamos a manejar gran parte de nuestra discusión a través de las redes sociales -sobre todo a través de “X”, que es donde más se debate este tipo de cosas-, al principio decías: “Bueno, no importa, son sólo las redes”. Pero la verdad es que muchas veces lo que pasa en las redes se traslada a la calle y a los medios de comunicación. Si prendés la televisión, mirás los diarios o escuchás la radio, ves que levantan cosas que estaban en “Twitter” antes. Entonces, por más que quieras decir “son sólo las redes, las agresiones quedan ahí, hay que salirse”, si te salís, te quedás un poco fuera de la conversación. Yo soy una persona grande, tengo quizás una posibilidad diferente de soportar ciertos embates o de correrme cuando me parece que me tengo que correr. Pero tengo un montón de amigas escritoras y actrices que la pasan mal. Y digo “amigas” en femenino porque fuimos más atacadas las mujeres que los varones, o somos atacadas de una manera que nos cuesta más soportar. Por eso, muchas compañeras se fueron de las redes. A mí me parece que irte del todo provoca que te retires de esa conversación, y entonces no tenés la posibilidad de comentar tu trabajo, de avisar que vas a estar mañana en Córdoba, por ejemplo, o de comunicar determinadas cosas interesantes a un montón de gente que sí conversa bien en esas plataformas.
 
¿Y dónde ves, mirando en términos generales el ámbito de la cultura, las resistencias más interesantes a esta serie de disvalores que erosionan la conversación y la democracia? Se habla mucho de que la dirigencia política está metida en bloque ahí adentro y que no hay una oposición que se diferencie. ¿Ves en la cultura algún contramensaje interesante?
 
En todo lo que nombraste veo resistencia, y me parece que son espacios que tenemos que preservar. Por ejemplo, lo que pasó con la ley de supuesta inviolabilidad de la tierra, que en realidad facilitaba la extranjerización, demuestra cómo la gente sale a la calle y discute de manera transversal. Había personas de distintos partidos políticos y ciudadanos sin ninguna inclinación partidaria defendiendo algo que es de todos. Esas son las manifestaciones más interesantes desde la cultura y desde las ciencias. Muchos de los que convocaron a esa marcha fueron músicos jóvenes, también escritores, pero los músicos son más conocidos popularmente y lograron llegar a un montón de chicos y chicas a los que de otra manera no se puede llegar. Su trabajo fue genial porque construyó un mensaje muy positivo de solidaridad. Los científicos también están muy dispuestos a dar batalla cuando la situación lo justifica. Lo que pasa es que son tantas las batallas diarias que a veces hay que cuidarse y dosificar la energía.
 
Mencionabas que hay que elegir y dosificar la energía para las batallas que valen la pena. El gobierno también parece notar ciertos límites; por ejemplo, con el intento de desregular la Ley del Libro y eliminar el precio único de tapa, donde finalmente retrocedieron. ¿Qué postura tenés sobre esta cuestión del libro?
 
Era hora de que se dieran cuenta de que del otro lado hay una resistencia y de que no se pueden modificar las cosas de manera patotera, diciendo simplemente “vengo y cambio esto”. Con respecto a la Ley de Fomento de la Actividad Librera y Editorial, no sólo es fundamental defender el precio único de tapa, sino también otro artículo del que se habla menos: el fondo para la compra de libros destinado a las bibliotecas populares. Ese punto es tan importante como el precio único. Las bibliotecas populares tienen una red sumamente desarrollada en todo el país y llegan allí donde el mercado no llega, garantizando el acceso a la lectura para quienes no pueden comprar un libro. Ese artículo también estuvo bajo amenaza. Para explicárselo de manera sencilla a la gente que a lo mejor se pregunta: “¿Por qué no está bien que me vendan el libro más barato en un supermercado?”: un supermercado puede bajar el precio del libro porque su ganancia principal está en vender arroz o Coca-Cola. Se puede permitir ese margen de pérdida que una librería independiente no tiene. Si las librerías de barrio cierran porque no pueden competir, el supermercado pasa a tener el monopolio y luego pone el precio que quiere. Esto ya se vio en los países que desregularon su mercado literario. Inglaterra eliminó el precio único y vio caer una enorme cantidad de librerías independientes, lo que terminó bajando el índice general de lectores. En cambio, países con un público lector consolidado y una gran diversidad editorial -como España, Italia, Francia y Argentina- sostienen con firmeza la Ley del Libro. Además, está el tema de la diversidad. Un supermercado sólo va a comprar y exhibir los libros de altísima venta. Si eliminamos las librerías, ¿cómo hace el lector para conseguir esas otras obras que no representan un negocio masivo pero que son esenciales para nuestra cultura? Lo mismo que ocurre con los supermercados se aplica a las grandes corporaciones de venta online; lo que en Estados Unidos se ve con “Amazon”, aquí se vería reflejado con “Mercado Libre”.
 
Tuviste un rol muy activo en el debate por la legalización del aborto y en la defensa de las políticas contra la violencia de género. El gobierno actual asumió con un discurso marcadamente antifeminista, sugiriendo incluso eliminar la figura del femicidio como agravante en el Código Penal. ¿Cómo analizás esta situación? ¿Por qué creés que las derechas van de forma tan sistemática contra estas conquistas?
 
Es una teoría larguísima de desarrollar, pero hay factores muy concretos. En primer lugar, las estadísticas demuestran que las mujeres votan menos a las opciones de ultraderecha que los hombres, tanto en Argentina como en el resto del mundo. Por otro lado, en el sistema capitalista, las mujeres hemos aportado históricamente una cantidad colosal de trabajo gratuito a través de las tareas de cuidado no remuneradas. Algunos estudios estimaban que ese trabajo representaba cerca del 20% del Producto Bruto Interno. A ese modelo económico no le conviene que las mujeres dejen de realizar ese trabajo gratuito para perseguir una vida profesional o para decidir tener menos hijos. Pero lo que más me preocupa hoy es que el mundo, más que por los presidentes de los países, está empezando a ser manejado por los “tecnofeudales”, los dueños de las grandes corporaciones de tecnología e inteligencia artificial. Y en ese grupo son todos varones; no hay mujeres en la mesa de decisiones. El mundo del futuro está siendo diseñado por señores que promueven discursos donde las mujeres deben volver al hogar y dedicarse exclusivamente a la reproducción. Tenemos que ser muy conscientes de esto, tanto las mujeres como los hombres que no queremos vivir en un mundo diseñado bajo esa concepción restrictiva.
 
Usás frecuentemente la palabra “resistencia”. ¿Cómo se conjuga ese concepto con un gobierno democrático que ganó legítimamente en las urnas? ¿Quién resiste y qué pensás de aquellos que no comparten esa visión? ¿No sería mejor buscar la convivencia?
 
El Gobierno ganó las elecciones en buena ley, eso no se discute. Lo votó un montón de gente, aunque creo que a esta altura muchos de sus votantes ya no opinan lo mismo en varios aspectos, o quizás lo votaron por motivos económicos y no están de acuerdo con los insultos diarios, con el hostigamiento a los periodistas o con el fomento del odio. Ahora bien, ganar una elección no significa tener un cheque en blanco. Un gobierno democrático debe gobernar para toda la población, no sólo para quienes lo votaron. Nosotros tenemos el legítimo derecho a resistir aquellas medidas que nos dañan. Me preguntás si no sería mejor convivir. A mí me encantaría convivir; yo tengo la posibilidad material de hacerlo porque tengo un trabajo y un ingreso estable. Pero miremos a nuestro alrededor: una persona con discapacidad a la que le recortan la asistencia médica o el transporte tiene que resistir. Un jubilado que debe elegir entre comprar sus remedios o comer tiene que resistir. Un científico al que le quitan las becas tiene que resistir. Para muchísimos ciudadanos hoy, la palabra “resistir” no es una declaración de guerra armada; es simplemente la lucha diaria por no ser arrojados fuera del sistema, por sobrevivir. Resistir, en este contexto, es un mecanismo de supervivencia.

15 de septiembre de 2026

Claudia Piñeiro: “Hay en el gobierno un desprecio hacia la cultura tanto a nivel legislativo como discursivo. Hay un discurso de odio que genera violencias” (1/2)

La destacada escritora argentina Claudia Piñeiro (1960) es autora de una amplia obra que incluye novelas, cuentos, obras teatrales, ensayos, guiones cinematográficos y de televisión, y artículos de opinión para diversos medios gráficos. De joven tuvo la intención de estudiar Sociología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) pero, al ser esta carrera clausurada en 1978 por la dictadura cívico-militar-clerical que gobernaba al país por entonces, optó por estudiar Ciencias Económicas en dicha universidad. Tras recibirse en 1983 de Contadora Pública, trabajó en esa profesión durante unos diez años antes de dedicarse de lleno a la escritura. 
Su obra abarca principalmente el ámbito narrativo, destacándose especialmente en novelas que se caracterizan por su hábil manejo del suspenso, la intriga y la conflictividad social. De su autoría son las novelas “Tuya”, “Las viudas de los jueves”, “Elena sabe”, “Las grietas de Jara”, “Betibú”, “Un comunista en calzoncillos”, “Una suerte pequeña”, “Las maldiciones”, “Catedrales”, “El tiempo de las moscas” y “La muerte ajena”.
Además, es una diligente activista por los derechos de las mujeres y la justicia social, y una observadora de la realidad que no esconde sus opiniones sobre los temas que la inquietan como, por ejemplo, el discurso del odio utilizado pertinazmente por sectores de la derecha y la extrema derecha que gobiernan tanto en Argentina como en casi toda Latinoamérica y en otros países del mundo. 


Lo que sigue es la primera parte de un compendio de fragmentos de las entrevistas que le hicieron Jorge Fontevecchia para “Radio Perfil” (11 de junio de 2024), Nora Fernández para la revista literaria de la carrera de Letras de la UBA “Por el Camino de Puan” (28 de mayo de 2026), y Florencia Ripoll y Virginia Guevara para el diario cordobés “La Voz del Interior” (14 de agosto de 2026). En ellas habló de sus inicios como escritora y de la compleja situación social y política que vive la Argentina.
 
¿Cómo fueron tus inicios en la escritura?
 
Escribo desde que aprendí a escribir, desde que soy lecto-escritora. Durante mi adolescencia seguí escribiendo, pero nunca de una manera guiada. Cuando llegó el momento de elegir una carrera, yo quería estudiar Sociología, pero la dictadura militar cerró las carreras humanísticas de la UBA, así que estudié Ciencias Económicas. Seguí escribiendo y empecé a hacer talleres literarios. Mi formación viene más de talleres y de lecturas que de una formación académica. En esa época había escritores muy importantes dando talleres, con una gran vocación (los talleres duraban décadas), escritores de renombre como Abelardo Castillo, Isidoro Blaisten, Liliana Heker. Yo asistí al de Guillermo Saccomanno. Tiempo después hice la carrera de dramaturgia en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Para ingresar tenías que dar un examen: se anotaban como quinientas personas y entraban diez. Yo en ese momento ya tenía tres hijos y ya tenía una carrera universitaria, no me iba a poner a estudiar Letras a esa altura, pero la carrera de Dramaturgia me parecía que era una forma de estudiar algo de una manera un poco más orgánica que un taller y, por otra parte, a mí me interesaba mucho la parte de los diálogos, lo que los personajes dicen. Entonces, me parecía que el teatro me iba a ayudar a trabajar esa parte de la escritura literaria.
 
¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
 
Yo vivía en Burzaco, una localidad de la zona sur del Gran Buenos Aires, de clase media baja. En mi casa, se decía que la lectura era importante y había una pequeña biblioteca, pero no había una gran cantidad de libros como en otras casas, era una biblioteca acotada. Entonces, yo esperaba con mucha ansiedad los libros que se indicaban para leer en el colegio, porque sabía que mi familia me los iba a comprar. La formación entonces vino mucho por el colegio, porque esa es la gran oportunidad de muchos chicos que no tienen formación en su casa. Yo tuve la suerte de tener maestras que te incentivaban a leer. Mi primer recuerdo es el libro “Chico Carlo” de Juana de Ibarbourou, y particularmente el cuento “La mancha de humedad”, donde el chico imagina historias a partir de esa mancha, que tiene que ver con la escritura, con inventar historias, con la literatura. Otro recuerdo muy vívido es “Relato de un náufrago” de Gabriel García Márquez. Cuando lo indicaron como lectura, me enojé, pensé que por el tema no me iba a interesar, pero no bien comencé a leerlo yo ya me convertí en ese marinero en altamar, viendo si me comía o no la gaviota, si tomaba o no el agua salada. Fue una gran lección de lectura y escritura, porque me di cuenta de que no importa tanto la historia sino cómo está contada. En el secundario también leí teatro español, como “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona, y tuve una profesora, Julia Mengual, que nos dio muchos cuentos de Julio Cortázar y además una novela de Pacho O’Donnell, “Copsi”, que recuerdo que no quería hacer otra cosa que leerla.
 
¿Estas lecturas dejaron alguna marca en tu estilo de escritura?
 
No necesariamente. No es tan directo, sí dejaron las ganas de seguir leyendo y la necesidad de contar sabiendo que del otro lado hay alguien: así como yo estaba del otro lado de la lectura, cuando escribo hay alguien. En ese sentido, sí me marcaron. Pero no creo que pueda encontrar relaciones directas. Leí mucho. Por supuesto, leí a Borges. Pero con el primero que empecé a sentir “así me gustaría escribir” fue con Manuel Puig. En varias de mis novelas aparecen sus citas como epígrafes. Creo que tiene mundos parecidos: mundos femeninos, de secretos familiares, de siestas, de barrios, como de otra época.
 
Incursionaste en distintos géneros a lo largo de tu carrera. ¿Qué te motiva a elegir cada uno? ¿Qué desafíos implican?
 
Hay quienes piensan que primero escribí literatura infantil y después pasé a la literatura para adultos, pero no fue así: siempre escribí literatura para adultos. Cuando nacieron mis hijos, empecé a escribir literatura infantil porque estaba muy imbuida de esas lecturas (hubo autores que me interesaron siempre, como Roal Dahl, María Elena Walsh, Graciela Montes o Laura Devetach). Primero se publicaron mis libros para chicos, porque hay más cantidad de editoriales publicando ese tipo de libros y no hay tantas posibilidades para los que queremos focalizarnos en literatura para adultos. Y esa oportunidad la tuve en 2005 cuando publiqué “Tuya”. Luego gané el premio Clarín y publiqué “Las viudas de los jueves”. Pero un tiempo antes ya me habían publicado un libro de literatura infantil en España, gané un concurso literario infantil de Colombia muy importante (Fundalectura Norma Colombia) y la editorial Norma de Argentina me pidió que escribiera otro sobre las invasiones inglesas. Todos estos libros aparecieron antes, pero no es porque yo no escribiera para adultos, sino que a veces tenés que esperar la oportunidad de que alguien lea tu libro, que se publique y eso lleva mucho tiempo. La literatura para chicos era la pausa entre la novela y novela. Porque cuando yo terminaba una novela, escribir otra implicaba un proceso de varios años. Duermo bastante mal, porque me despierto pensando en la novela y entonces dan ganas de parar un poco. Pero, si paro y no escribo, me angustio porque me digo que estoy sin escribir. Escribir para chicos era para mí “limpiar las bujías”: es una escritura más corta, que tiene más libertad creativa, donde puedo inventar una bruja que se mete a una computadora, que es algo que no podría escribir en mis novelas para adultos que son muy realistas, y además me divertía haciéndolo. En algún momento, esa pausa entre novela y novela la empezó a ocupar el teatro, que es una escritura con procesos cortos y que me permitía una escritura más poética. Yo no puedo escribir Las viudas de los jueves poéticamente porque es otro tipo de novela, pero en el teatro podía tener una escritura más poética con una precisión de la palabra distinta. Yo no escribo poesía, pero el teatro es lo que tengo más cerca de todo el proceso poético. Y me servía para salir de la escritura de novela, no quedarme sin escribir, tener un proyecto más corto y que me permitía ir por lugares distintos. Las dos cosas, la escritura para chicos y la dramaturgia me producían lo mismo. El guion es otra cosa, para mí siempre fue un oficio, un trabajo, no tanto como una voluntad de escritura. Si tengo ganas de escribir, escribo una novela.
 
¿Tenés una rutina al momento de escribir?
 
Soy muy trabajadora. Me levanto muy temprano y escribo muchas horas por día. Hay una tradición de escritores que escriben de noche, pero yo no puedo. Empiezo a escribir después de tener la imagen disparadora durante bastante tiempo en la cabeza, te diría meses, y cuando empiezo a entender de qué se trata esa historia, quiénes son esos personajes, hacia dónde va y me imagino un final posible, aunque ese final después cambie, recién ahí me pongo a escribir y ya no paro. Pero me lleva tiempo pasar de esa primera imagen disparadora a la escritura. Otra cosa del método es que corrijo permanentemente, no es que espero al final para corregir. Paso al segundo, tercer, cuarto capítulo, vuelvo al primero. Voy al sexto, vuelvo al segundo. Estoy permanentemente volviendo atrás para corregir, para encontrar un tono, para que ese tono sea el mismo.
 
¿Pensás en el género en ese proceso?
 
El género no lo pienso. Nunca pienso que voy a escribir una novela negra, pienso que voy a escribir una novela. En “La muerte ajena” pensé que iba a escribir una historia de dos hermanas que no se conocen y que una es escort. Pero como hay un crimen, dicen que es novela negra, y yo no tengo problema, pero no me siento a escribir pensando que es una novela negra. No quiero renegar del género, porque hay una postura medio elitista que dice que es literatura menor. Creo que Mariana Enriquez, Samanta Schweblin y otros escritores ya demostraron que no. Y también los grandes maestros nos dieron permiso de escribir géneros negros, porque Borges tenía la colección “El séptimo círculo” con Bioy Casares, y Piglia estudió y escribió novela negra.
 
Cuando empezás a escribir, ¿ya tenés definido el desarrollo completo de la historia o en el proceso de escritura van apareciendo otras líneas?
 
Tengo bastante claro quiénes son los personajes y algo de la historia, pero no tengo todo. Sí creo que sé cómo va a terminar. Entre medio, pueden pasar muchas cosas que no las tenía pensadas. Saramago, por ejemplo, tenía libretas donde dice qué va a pasar en cada uno de los sesenta capítulos de “Ensayos sobre la ceguera”, como si fuese una escaleta de cine. A mí eso no me pasa. Yo no sé qué va a pasar en cada capítulo, sé más o menos quiénes son los personajes y hacia dónde van a ir y me imagino un final. Creo que tiene que ver con que a mí lo que más me interesa es el desarrollo de los personajes. Entonces, la historia para mí es una excusa para entender quiénes son los personajes. Necesito saber cuál es el final porque quiero saber hacia dónde voy, pero ya me pasó varias veces que cuando voy escribiendo tomo ciertas decisiones que hacen que ese final que me había imaginado no sea el pertinente. Me pasó con “Elena sabe”, por ejemplo: llegué a un punto en el que no podía seguir, hasta que me di cuenta de que estaba forzando la novela para que vaya a un lugar que no era el que finalmente tuvo.
 
¿Qué consejo le darías a alguien que está dando sus primeros pasos en la escritura?
 
Primero, le preguntaría cuáles son esos primeros pasos. Porque a veces viene gente que tiene una idea y cree que está dando sus primeros pasos en la escritura: la idea puede ser maravillosa, pero con la idea sola no hacemos nada. Hay que ver si está escribiendo, si tiene interés en la palabra escrita, si trae algo que es propio y que podemos llamar talento (aunque no hablo de un talento descollante porque no todos los escritores van a ser premio Nobel, está lleno de escritores que escriben cosas que valen la pena leer). Segundo, muchísimo trabajo de lectura, de escritura, de corrección, de volver para atrás y, si es posible, con alguien que acompañe ese proceso. Puede ser estudiando Letras o en un taller literario o con un grupo de personas compartiendo lo que se escribe. Hay que probar eso que uno está escribiendo con alguien, porque si no quedás muy aislado en tu propia escritura. Y tercero, deseo. ¿Por qué digo deseo?, porque es muy frustrante el camino hasta la publicación, que es lo que en general quiere la mayoría de la gente que escribe: ser publicada y leída. Hay algunos que dicen que escriben sólo para ellos. Puede ser, pero la mayoría de las personas que escriben quieren que las lean. Y si vos querés que te lean tenés que publicar, y para eso tenés que tener muchísima paciencia y solamente te sostiene el deseo. Si vos no tenés un profundo deseo de que eso suceda, es muy probable que te frustres en el camino.
 
Tu mundo es la palabra de ficción, el relato, ¿qué te sucede cuando escuchás en política la palabra relato?
 
Primero te impacta un poco porque es una palabra que se apropió, la tomó la política hace unos años. Pero más allá de eso que al principio uno dice, ¿cómo están usando esta palabra para otra cosa? Lo que me produce es que no se explica esa otra cosa. En este sentido, si te doy una novela mía, sabés que eso es ficción, porque yo te estoy mintiendo, yo te estoy inventando una historia, te estoy inventando un personaje, te estoy haciendo un cuento. En cambio, cuando hay un relato político no se le entrega al otro diciendo: esto es una ficción. El relato justamente quiere tener voluntad de verdad. El relato de cada uno, de cada partido político, de cada enunciador dentro de la política de un relato, quiere tener voluntad de verdad. Y ahí es donde radica el problema del relato político.
 
En todas las escuelas de comunicación del mundo marcan la diferencia entre el lenguaje verista que sería patrimonio de los comunicadores periodistas, y el de la ficción, el de la publicidad, por ejemplo, al que no se le pide que eso que se esté diciendo sea verdad. ¿El lenguaje de la política se apropió del lenguaje de la literatura, pero pretende ser lenguaje periodístico?
 
Sí, pretende ser algo veraz o cierto, pero a veces ni siquiera es verosímil, porque la ficción muchas veces, por lo menos la ficción que yo trabajo, tiene que ser verosímil. Eso quiere decir “esto no es verdad”, pero podría serlo. A veces ni siquiera es verosímil el relato político, decís, ¿cómo puede estar diciendo esto que no lo puede creer nadie? El problema es que de tanto decirse, después se termina creyendo.

13 de septiembre de 2026

Entremeses literarios (CCXXIV)

ALGUIEN CANTA EN LA HABITACIÓN DE AL LADO
Francisco Moro
Argentina (1953)
 
Llegué a Ostende casi al final de una tarde ventosa, desapacible como otros atardeceres salobres del Atlántico. El hotel, un edificio antiguo con alma de aristócrata decadente, parecía esperarme desde hacía años con sus muros húmedos y su silencio lleno de historias no contadas. Había ido por razones tan prácticas como cualquier otra: cerrar los trámites de compra de unos terrenos para un barrio cerrado que la empresa donde trabajo pretendía levantar entre dunas, sauces y mareas. Pero en el fondo, y sin saberlo, había ido en busca de algo más.
Me asignaron una habitación amplia en el tercer piso, con un ventanal que daba al mar. El conserje, un hombre de sonrisa afable y voz de radio antigua, me miró como si supiera que yo soñaba desde niño con olas y con brújulas. Apenas entré, me duché rápido, sin quitarme del todo el cansancio del viaje, y bajé a cenar con el único propósito de acostarme temprano. A la mañana siguiente, me esperaban una reunión con el agrimensor y, por la tarde, una entrevista con algún funcionario municipal cuyo nombre olvidé al instante.
Sin embargo, no pude dormir enseguida. Me quedé de pie frente al ventanal, contemplando el horizonte donde una luna desmesurada -superluna la llamaban en los noticieros- comenzaba a levantarse como un globo de plata atado al hilo invisible del mundo. Su luz caía sobre la superficie del mar semejante a un manto lujurioso que alumbraba las olas en la superficie. El rumor del agua, ese murmullo antiguo que viene de antes del tiempo, me hablaba en lenguas marinas que creí haber olvidado, historias de corsarios y galeones, de naufragios y costas sin nombre, de sirenas que cantaban para nadie.
La cadencia de las olas era un arrullo hipnótico, un conjuro. Cerré los ojos y me dejé llevar por esa marea de imágenes que me arrastró sin aviso al Mar de los Sargazos. Vi velas infladas por vientos tropicales, oí gritos de auxilio en medio de la tormenta, sentí la sal en la piel y el espanto de no saber si al despertar seguiría siendo yo. El sueño me venció como un oleaje suave, mientras del otro lado de la pared alguien cantaba, sin urgencia, una canción antigua que no supe si era real o un eco más de mi delirio.
Las entrevistas con el agrimensor y el funcionario municipal me consumieron la dosis disponible de ramplona realidad, para dejarme por la noche a merced de la fantasía lunar en mi cuarto de hotel. Un cielo sin nubes, la luna en su magnífico esplendor y las estrellas como peces suspendidos en el cielo, el murmullo del rítmico oleaje y un viento suave y perfumado me llevaron a otra realidad que apenas podía vislumbrar en mi condición de náufrago entregado a su destino. Fue entonces cuando volví a escuchar la canción que ayer había creído imaginar, me abandoné a mi suerte sin resistencia y el sueño me devolvió en sus imágenes absurdas, la escasa cordura que me quedaba.
El día siguiente lo dediqué exclusivamente a negociar el precio de la tierra con los agentes inmobiliarios, pero mi cabeza volvía una y otra vez a mi noche mágica, la luna que empezaba a menguar, el sonido del mar y la misteriosa voz que me cantaba en un idioma que no conocía, pero podía entender, porque sus palabras me sangraban el alma y me arrastraban a un destino maravillosamente trágico. Volví al hotel para poner en orden mis papeles y comunicar a la empresa las novedades de mi gestión, pero ya sentía en el cuerpo el llamado del destino. Como un susurro amoroso me llegó la canción que alguien cantaba en la habitación de al lado. No tuve el recaudo, no quise, atarme a un lugar seguro para estar a salvo del sortilegio inevitable de su voz. Será entonces que no resta más que hacer la valija, comenzar a bajar las escaleras e ir hasta la orilla para iniciar el largo camino guiado por esa canción que me lleva a cumplir mi destino de náufrago.
El agua ya entró en mis zapatos, no hay retorno posible.


HISTORIA SIN RETORNO
Mario Levrero
Uruguay (1940-2004)
 
Un perro, Campeón. Vivía solo con él y llegó a incomodarme. Lo llevé al bosque, lo dejé atado con una piola que pudiera romper con un poco de perseverancia y volví a casa.
En un par de días lo tuve rascando la puerta; lo dejé entrar.
Se me hizo intolerable; lo llevé a un bosque más lejano y lo até a un árbol con una piola más gruesa (sabía que el defecto no estaba en la piola sino en la fidelidad del animal, quizás tenía la secreta esperanza de que esta vez no pudiera liberarse y muriera de hambre). Volvió algunos días después.
Entonces supe que el perro volvería siempre. No me atrevía a matarlo por temor a los remordimientos; y pensé que, aunque lograra efectivamente perderlo, en un bosque más lejano aún, viviría con el temor constante de su regreso; atormentaría mis noches y enturbiaría mis alegrías; me ataría más su ausencia que su presencia.
Entonces dudé apenas un instante ante la majestad del bosque compacto que se alzaba ante mis ojos -umbrío, imponente desconocido-; resueltamente, comencé a internarme y seguí internándome hasta que, finalmente, me perdí.


MODELO DE CARTA PARA RECHASAR UNA COLABORASIÓN
César Bruto
Argentina (1905-1984)
 
Estimado jóben literato que mandó una colaboracióN: lamento intensamente no poder satisfacer publicándole el presioso cuentesito bautisado “El calbario de un perrO” que usté mandó para la revista que yo tan dibnamente dirijo, pero resulta de que por haora estamos líenos de cuentos, y el suyo tendería quesperar una montonera de tiempo antes de que saliera publicado. ¿Comprende?


INVEROSÍMIL COINCIDENCIA
Enrique Jaramillo Levi
Panamá (1944)
 
Tras discutir con sus empleados en la fábrica el magnate salió por la entrada principal, caminó decidido hasta su lujoso auto, abrió la puerta, entró. Al arrancar, la explosión hizo volar por los aires despedazados trozos de aquel cuerpo elegantemente vestido y pulverizados residuos de metal ardiente en aquel fragor de llamas y apocalíptico estruendo. Una y otra vez la misma violencia en estas películas gringas, tan previsibles siempre, piensa. Aburrido, en su amplio estudio apaga el televisor. Al voltearse lo ve ahí parado, apuntándole, la cabeza envuelta en oscuro pasamontañas, y en seguida siente el dolor del fogonazo que lo lanza violentamente hacia atrás. Lo cual me hace despertar. Y es entonces -inverosímil coincidencia- que finalmente soy abatido sin misericordia por el mismo sicario anónimo del sueño, alter ego del que en la película -prefigurando mi final- había mandado al infierno al magnate explotador de inmigrantes que fui.


UNA DESPEDIDA
Vladimir Peniakoff
Bélgica (1897-1951)
 
Parker no había muerto al día siguiente, septiembre 16, pero estaba muy dolorido. Ya no lo calmaba la morfina; no podía comer ni beber. Nos costó acomodarlo en la parte de atrás del camión. La bala, que lo atravesó de un lado a otro, le había destrozado el estómago. Afortunadamente el camino era bastante liso, de modo que el ajetreo del camión no era intolerable.
Había una luz muy clara y un sol radiante. Estábamos ahora en el desierto, no sin alguna mata o arbusto, pero demasiado lejos del agua, para el hombre y su ganado. Bajo un arbusto vi una enorme hiena, dando vueltas y vueltas, como un perro antes de echarse a dormir; una hora después vi una pareja de orix. Las pesadas bestias, grandes como novillos, de pelaje blanco como la nieve y grandes cuernos curvos, pastaban en las matas de olor dulzón. Detuvimos el camión para mirarlos, porque ninguno de nosotros habíamos visto nunca animales así, ni volvimos a verlos. Lo ayudamos a Parker a incorporarse, para que él los viera también. Nos pareció importante que los viera antes de morir.


EL QUE ES DIOS SIN SABERLO
Ana María Shua
Argentina (1951)
 
En el mundo hay un señor que es Dios sin saberlo. Su poder, sin embargo, no es absoluto. Sus deseos, sus fantasías, sus más vagas intenciones se realizan de un modo que parece arbitrario por estar sujeto a leyes desconocidas, aunque naturales. Sus secreciones estomacales provocan, por ejemplo, ríos de lava en algún lugar de la Tierra. Su mal humor desencadena guerras. Procesos más sutiles que tienen lugar en cada una de sus células o sus cabellos rigen la vida privada de los hombres. Ese señor no es inmortal. Cuando muera es posible que sus poderes sean transferidos a otros por nacer. También es posible que el mundo desaparezca por completo, pero eso no lo sabremos nunca.


LA SOMBRA DE LAS JUGADAS
Edwin Morgan
Escocia (1920-2010)
 
Dos reyes enemigos juegan al ajedrez, mientras en un valle cercano sus ejércitos luchan y se destrozan. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oírlos e inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro.
Gradualmente se aclara que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego. Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero, porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia:
- Tu ejército huye, has perdido el reino.


MARGARITA
Rafael Barrett
España (1876-1910)
 
Margarita era una niña ingenua.
Juan fue su primer enamorado. Con el corazón lleno de angustia, el afán en los ojos y la súplica temblorosa en las manos, Juan la confesó su amor profundo, tímido. Margarita, riendo, le contestó: “Eres feo y no me gustas”. Con lo que Juan murió de sentimiento. Margarita era una niña ingenua. 
Pedro se presentó después. Tenía bigotes retorcidos y mirada de pirata. Al pasar dijo a Margarita: “¿Quieres venir conmigo?”. Margarita, palpitante, le contestó: “Eres hermoso y me gustas. Llévame”. Se poseyeron en seguida y Margarita quiso desde entonces amar a Pedro a todas horas, sin sospechar que su pasión era exagerada. Pedro no pudo resistir, y murió extenuado en los brazos de Margarita, que era una niña ingenua.
La entusiasmaba lo que brilla, el sol, el oro, el rocío en las perfumadas entrañas de las flores y los diamantes en las vitrinas de los joyeros. Como era bella, un viejo vicioso le dio oro y diamantes. El rocío y el sol no estaban a la venta. Margarita, volviendo la cara contra la pared, entregaba al vicio del viejo su cuerpo primaveral. El viejo sucumbió pronto, dejando pegada para siempre a la fresca y pura piel de Margarita una enfermedad vergonzosa. Margarita era una mujer ingenua.
Creía en los Santos. La exaltaban las místicas volutas del incienso, las mil luces celestiales que centellean en el altar mayor; tragaba a su Dios todos los domingos, y una mañana de otoño le dio su alma, adornada con la bendición papal. Margarita era una viejecita ingenua.


EL ABECEDARIO
Luisa Valenzuela
Argentina (1938)
 
El primer día de enero se despertó al alba y ese hecho fortuito determinó que resolviera ser metódico en su vida. En adelante actuaría con todas las reglas del arte. Se ajustaría a todos los códigos. Respetaría, sobre todo, el viejo y buen abecedario que, al fin y al cabo, es la base del entendimiento humano.
Para cumplir con este plan empezó como es natural por la letra A. Por lo tanto la primera semana amó a Ana, almorzó albóndigas, arroz con azafrán, asado a la árabe y ananás. Adquirió anís, aguardiente y hasta un poco de alcohol. Solamente anduvo en auto, asistió asiduamente al cine Arizona, leyó Amalia, exclamó ¡ahijuna! y también ¡aleluya! y ¡albricias! Ascendió a un árbol, adquirió un antifaz para asaltar un almacén y amaestró una alondra.
Todo iba a pedir de boca. Y de vocabulario. Siempre respetuoso del orden de las letras la segunda semana birló una bicicleta, besó a Beatriz, bebió Borgoña. La tercera cazó cocodrilos, corrió carreras, cortejó a Clara y cerró una cuenta. La cuarta semana se declaró a Desirée, dirigió un diario, dibujó diagramas. La quinta semana engulló empanadas y enfermó del estómago.
Cumplía una experiencia esencial que habría aportado mucho a la humanidad de no ser por el accidente que le impidió llegar a la Z. La decimotercera semana, sin tenerlo previsto, murió de meningitis.


EL AMOR PARALELO
Carlos Eduardo Zavaleta
Perú (1928-2011)
 
¿Conoce el hombre a su mujer?
Una pareja de esposos solía ir cumplidamente a la misa dominical. Un domingo, el último, en medio de la música del coro ella salió de la banca y avanzó a comulgar junto con decenas de creyentes; el marido quedó sentado y desde esa comodidad miró vagamente la cola de fieles, que finalmente se adelgazó y como que desapareció ante el marido distraído y rutinario, para quien casi no había sorpresas.
Pasaron los minutos y él empezó a preocuparse, pues la mujer no volvía a la banca, cuyo sitio vacío comenzó de súbito a crecer y quizá a brillar, mientras el hombre hacía lo imposible por detener sus nervios, su desazón. Cuando comprobó que ella no había salido por ninguna de las grandes puertas, corrió a la sacristía y pudo trasmitir su miedo y al fin su desesperación.
El sacristán, hombre austero y paciente, le ayudó a buscarla nuevamente, esta vez en torno al templo y preguntando a los últimos fieles que ya tomaban taxis o se alejaban a pie.
- Tranquilícese -dijo el sacristán- Nada ganamos con los nervios. Antes de avisar a la policía, dígame si es ésta la primera vez que ella...
- Sí, así es; nunca antes había sucedido.
- ¿Dice usted la verdad?
- Por supuesto,
- Pues no quiero asustarlo, pero hay algunas esposas que salen y toman un curioso camino paralelo, paralelo a éste.
- ¿Qué quiere usted decir?
- Que siguen muy cerca de sus maridos, que quizá los ven a diario, pero como siguen un camino paralelo es imposible que vuelvan a encontrarse.

11 de septiembre de 2026

Estados Unidos y Cuba. Crónica de una relación depravada y fatídica (6/6)

Es más que evidente que las agresiones de Washington contra Cuba tienen una larga historia. Y desde hace unos veinte años, no ha sido sólo a través de la organización, entrenamiento y apoyo a mercenarios por parte de la CIA, también lo ha sido a través de los modernos medios de comunicación utilizados por agentes de inteligencia estatal y periodistas supuestamente independientes mediante los cuales se busca manipular a la opinión pública y debilitar a las instituciones. Según un informe de “EFE”, la agencia de noticias española con sede en Madrid, el propósito de estas redes sociales es “inspirar a los jóvenes a organizar marchas y concentraciones contra el gobierno cubano. Provocar incidentes e instalar la idea de una ‘primavera de colores’, que fuera reprimida por el gobierno y, así, justificar una intervención militar extranjera”. También la organización no gubernamental global “Amnesty International” (Amnistía Internacional), que trabaja por la promoción y defensa de los derechos humanos, ha señalado las presiones que ejercen las redes sociales moldeando la salud mental, la privacidad y la autoestima de sus usuarios.
Por su parte, con un cinismo descarado Madeleine K. Albright (1937-2022), quien fuera Secretaria de Estado durante la presidencia de Bill Clinton, publicó el ensayo “The war on democracy” (La guerra contra la democracia) en el que manifestó que “los regímenes autoritarios del siglo XXI han explotado los temores de los ciudadanos en democracias nuevas y antiguas, lo que representa una grave amenaza para los sistemas democráticos. Desde la década de 2010, el mundo ha presenciado un auge del ‘autoritarismo digital’, es decir, el uso de la tecnología de la información por parte de un régimen autoritario para mantener o aumentar su poder mediante el engaño, la confusión y la distracción de la población, así como bloqueando el acceso a información procedente de fuentes que el régimen no puede controlar”.
Lo que esta diplomática omitió decir es que el bloqueo económico ya no es suficiente para Washington. Ahora el gobierno estadounidense, con el regreso de Donald Trump, ha iniciado el camino hacia lo que ella llamó “autoritarismo digital” utilizando las redes sociales como “X”, “TikTok” “Facebook” e “Instagram”, impulsando de esa manera una “guerra cognitiva” mediante la cual siembra en los ciudadanos campañas de desinformación diseñadas para sembrar el caos. La administración Trump ha adoptado una amplia gama de tácticas, políticas y acciones autoritarias que socavan la protección de los derechos humanos, así como muchos pilares claves de la democracia estadounidense, algo que vienen denunciando varios reconocidos politólogos y académicos de ese país como James Campbell (1952) en “Race, nation and empire in american history” (Raza, nación e imperio en la historia estadounidense), Lucan A. Way (1968) en “The price of american authoritarianism” (El precio del autoritarismo estadounidense) o Steven Levitsky (1968) y Daniel Ziblatt (1972) en “How democracies die” (Cómo mueren las democracias).
En enero del corriente año, Amnistía Internacional publicó un informe titulado “Ringing the alarm bells: rising authoritarian practices and erosion of human rights in the United States” (Suenan las alarmas: aumento de las prácticas autoritarias y erosión de los derechos humanos en Estados Unidos) en el que advirtió que dicho país atraviesa una peligrosa deriva autoritaria con consecuencias que se extienden más allá de sus fronteras. En dicho informe analiza cómo las políticas y prácticas impulsadas están socavando libertades fundamentales como la libertad de expresión, de prensa y de reunión pacífica, y está “resquebrajando los pilares de una sociedad libre: el espacio cívico, la separación de poderes y las garantías básicas del Estado de derecho”. Y agrega que, lejos de ser decisiones aisladas o coyunturales, es un patrón sistemático de prácticas autoritarias que se refuerzan entre sí y amenazan con normalizar la represión, la discriminación y la impunidad, algo que no sólo redefine el rumbo interno de Estados Unidos, sino que también debilita los estándares internacionales de derechos humanos y alienta retrocesos similares en otros países.


Basta recordar que, al presente, países latinoamericanos como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana están siendo conducidos por gobiernos de derecha o centroderecha. Todos ellos consiguen el apoyo de buena parte de la población gracias al bombardeo a través de las redes sociales con comentarios plagados de falsedades, argumentaciones hipócritas, burlas cínicas y estigmatizaciones culturales que tienen por principal objetivo generar miedo y confusión. Así, cuando la gente que piensa distinto deja de poder opinar libremente, cuando protestar se vuelve peligroso y cuando los tribunales y los mecanismos de supervisión son atacados o cooptados, resulta cada vez más difícil frenar los abusos y revertir el retroceso en derechos humanos. Es entonces cuando las violaciones a esos derechos dejan de ser excepciones y pasan a ser parte del funcionamiento ordinario del Estado.
Ante esa situación, cabe preguntarse si los ciudadanos que aceptan esas condiciones dirán algo con respecto a la foto que mostró recientemente el presidente Trump en la cual se muestra a Canadá, Groenlandia, Haití, Islandia, México, Puerto Rico, Venezuela y, por supuesto, Cuba, como parte de los Estados Unidos, una imagen que claramente representa los intereses políticos y económicos de la principal superpotencia occidental.
Las razones específicas de sus críticas y tensiones con cada uno de estos países varían según el contexto geopolítico y comercial. A algunos los acusa de permitir la entrada de inversiones o productos procedentes de China, su gran competidor a nivel global, a otros por poner en riesgo la seguridad nacional, la competencia geopolítica y el acceso a recursos estratégicos, a otros por impulsar grandes oleadas de emigración, etc. En el caso específico de Cuba, la acusa de ser “la mayor amenaza para nuestro país y para la libertad americana”, y de ser un “Estado fallido” gobernado por un sólo partido político desde 1959. Desde la perspectiva de los Estados Unidos, el sistema unipartidista es considerado una contradicción directa a los principios de la libertad y la democracia liberal, sosteniendo que la concentración del poder en un sólo partido político destruye el orden democrático ya que elimina la capacidad de los ciudadanos de elegir entre otras opciones políticas.


¿Y cómo es el sistema electoral en Cuba? Después del triunfo de la Revolución, se declaró la cesantía de todos los gobernadores, alcaldes y concejales del país y se promulgó la Ley Fundamental de la República que mantuvo vigente algunos postulados básicos de la constitución de 1940. Si bien hubo dos presidencias provisionales a cargo de Manuel Urrutia (1908-1981) durante los primeros seis meses y luego por Osvaldo Dorticós (1919-1983) durante diecisiete años y medio, el poder fue ejercido por Fidel Castro como Primer Ministro a cargo de un Consejo de Ministros que se encargaba de nombrar a los funcionarios públicos mediante decretos. Este esquema concluyó en 1976 cuando se promulgó una nueva Constitución mediante la cual se creó una Asamblea Nacional del Poder Popular que introdujo las elecciones municipales. 
En ellas, los candidatos son elegidos por los ciudadanos mayores de dieciséis años, estén o no afiliados al Partido Comunista, mediante el voto libre, directo y secreto. Los votantes no sólo eligen a los concejales de las Asambleas Municipales sino también a los delegados de las Asambleas Provinciales de las quince provincias (Artemisa, Camagüey, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Granma, Guantánamo, Holguín, La Habana, Las Tunas, Matanzas, Mayabeque, Pinar del Río, Sancti Spíritus, Santiago de Cuba y Villa Clara) y del Municipio Especial Isla de Juventud.
Hasta la reforma constitucional de 1976, también mediante el voto directo y secreto en elecciones nacionales, en las asambleas municipales se elegían los miembros del órgano legislativo nacional. Tras esa reforma y las que se hicieron en 1992 y en 2019, el Estado de Cuba pasó a organizarse a partir de cuatro órganos superiores: la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y el Consejo de Defensa. La Asamblea Nacional, unicameral, es la encargada de aprobar la legislación y se renueva cada cinco años. Los candidatos a diputados de la misma que se presentan en las elecciones no son elegidos por el Partido Comunista de Cuba ni es un requisito estar afiliado al partido oficial para participar, sino que los proponen agrupaciones sociales del país y sus candidaturas se votan en asambleas que se realizan en cada circunscripción electoral. Esta Asamblea elige entre sus diputados a quienes conforman el Consejo de Estado, el organismo encargado de definir leyes y decretos, de supervisar la actividad de los organismos del Estado y de representarlo a nivel nacional e internacional.
En cuanto al Consejo de Ministros, el máximo órgano ejecutivo y administrativo, está conformado por un secretario, un primer ministro, cuatro vice primeros ministros y veintiséis ministros de diferentes áreas, quienes son elegidos por la Asamblea Nacional a propuesta del Presidente de la República. Por su parte, el Consejo de Defensa es el encargado de dirigir el país en situaciones de guerra o estados de emergencia. Está integrado por el presidente, que elige a un vicepresidente y a otros miembros definidos por ley. El presidente es el jefe de Estado. Lo elige la Asamblea Nacional de entre sus diputados y rinde cuentas a ese organismo. Su mandato dura cinco años y se puede extender por cinco adicionales. Para ser presidente se debe ser ciudadano cubano por nacimiento, no tener otra ciudadanía, tener al menos treinta y cinco años y como máximo sesenta al momento de la elección. Existe en el país el cargo de vicepresidente que debe cumplir con requisitos similares y también lo designa la Asamblea Nacional. Ambos Carlos son ocupados hoy en día por el citado Díaz Canel y por Salvador Valdés Mesa (1945) respectivamente.


Fue precisamente Díaz Canel quien hace unos días, en una entrevista que le hizo una periodista del diario brasileño “Folha de São Paulo”, defendió el sistema de partido único vigente en Cuba y rechazó que el pluralismo político sea un requisito para considerar democrático a un país. Agregó que Cuba no es el único país donde el jefe de Estado es elegido por el Parlamento y defendió a la democracia basada en derechos sociales. “Hay democracia cuando las mayorías tengan derecho a la vida, cuando haya igualdad, equidad, derecho a la salud y a la educación, aunque haya uno o veinte partidos”, sostuvo.
Vale recordar que Estados Unidos, desde unos años después de lograr su independencia de Gran Bretaña, ha sido gobernada alternativamente por un sistema bipartidista conformado por los partidos Demócrata y Republicano. Bajo la retórica de ser “progresista” y “socialdemócrata” uno, y de “populista” y “nacionalista” el otro, lo cierto es que desde la época de George Washington, su primer presidente como nación independiente, Cuba ha estado siempre bajo el interés colonizador de ese país cualquiera que fuera alguno de esos dos partidos que lo gobernara. Será por esa razón que no son pocos los analistas y los organismos estadounidenses dedicados al estudio de la ciencia política que advierten sobre la “unipartidización” encubierta en su propio territorio. Sobre todo hoy en día, cuando dentro del capitalismo tardío, una fase marcada por la globalización financiera, el dominio de las grandes corporaciones y la mercantilización de casi todos los aspectos de la vida, se está debilitando al sistema democrático representativo.
Tal vez por ese motivo el historiador belga David Van Reybrouck (1971) argumentó en su libro “Against elections: the case for democracy” (Contra las elecciones: el caso de la democracia) argumenta que “La democracia no es el gobierno de los mejores de nuestra sociedad, porque eso se llama aristocracia, sea elegida o no. La democracia, por el contrario, florece precisamente al permitir que se escuche una diversidad de voces. Se trata de tener voz y voto en igualdad de condiciones, el mismo derecho a determinar qué acciones políticas se toman”. Y más categórica es la economista francesa Julia Cagé (1984) quien en su ensayo “Le prix de la démocratie” (El precio de la democracia) afirmó que “los pobres pagan por una democracia que beneficia a los ricos. El sistema no sólo beneficia a quienes donan a los partidos políticos y candidatos, sino que además exime de impuestos a estas élites que supuestamente financian la democracia”. En fin, así están las cosas hoy en día.