10 de junio de 2026

Indio Solari: “No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana”

Acaba de fallecer un verdadero pionero de la escena contracultural del rock argentino, autor de algunas de las letras más apreciadas y discutidas de la música nacional: Carlos Alberto Solari (1949-2026). Conocido artísticamente como el Indio Solari, el mítico músico considerado como uno de los más importantes de la historia de la música del país, nació en la ciudad de Paraná en la provincia de Entre Ríos y al poco tiempo de su nacimiento su familia se mudó a la ciudad de La Plata donde pasó su infancia y adolescencia. Allí cursó algunas materias en el Instituto de Bellas Artes, comenzó a pintar y a leer libros de política, historia y geografía. Luego se trasladó a Valeria del Mar, en la costa atlántica, donde instaló un pequeño taller de estampado de telas junto al hermano de Eduardo “Skay” Beilinson (1952), el guitarrista con quien fundaría en 1976 el grupo de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Por esa época estaba instalado en City Bell, una pequeña localidad ubicada al oeste de La Plata. Se vivían por entonces los comienzos de la cruel dictadura cívico-militar y la banda, tras numerosos ensayos en el Teatro Lozano de La Plata, hizo sus primeros recitales en pequeños locales y recién en 1978 realizó su primera presentación en la ciudad de Buenos Aires, manteniéndose siempre en las orillas del circuito de la cultura oficial e independiente de la industria musical, componiendo e interpretando canciones caracterizadas por un sonido oscuro y contracultural, la crítica política y social, y la afinidad con las clases sociales marginales. Con el paso de los años, la banda se convirtió en uno de los fenómenos socio-culturales más importantes que dio forma al rock nacional. Hasta su disolución en 2001 editó nueve álbumes de estudio: “Gulp!”, “Oktubre”, “Un baión para el ojo idiota”, “¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado”, “La mosca y la sopa”, “Lobo suelto, cordero atado”, “Luzbelito”, “Último bondi a Finisterre” y “Momo sampler”.
Luego siguió su carrera solista de vocalista y compositor con una agrupación a la que denominó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con la cual editó “El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)”, “Porco Rex”, “El perfume de la tempestad”, “Pajaritos, bravos muchachitos” y “El ruiseñor, el amor y la muerte”. La banda realizó recitales en ciudades argentinas como Baradero, Comodoro Rivadavia, Gualeguaychú, Jesús María, Junín, La Plata, Libertador General San Martín, Salta, San Luis y Tandil entre otras, y también lo hizo en Barcelona, Bilbao, Madrid y Palma de Mallorca (España), Londres (Inglaterra) y
Montevideo (Uruguay).


En junio de 2015, el Indio Solari contó en una entrevista que padecía Parkinson y reveló que su salud se debilitaba al punto de alejarlo definitivamente de los escenarios. No obstante ello, en marzo de 2017 dio un recital en la ciudad bonaerense de Olavarría, un show al que asistieron cerca de cuatrocientas mil personas batiendo un récord en toda la historia del rock argentino tanto para shows pagos como gratuitos. Dicho recital fue el último en su carrera. Ese mismo año publicó su libro “Escenas del delito americano”, una novela distópica con ilustraciones del historietista argentino Guillermo Serafín (1976), y en 2019 lanzó su libro de memorias “Recuerdos que mienten un poco”. Desde entonces realizó muy pocas apariciones en algunas notas periodísticas y en las redes sociales. Falleció el pasado 5 de junio en su casa de Parque Leloir a raíz de un ACV hemorrágico. Durante ese fin de semana, miles de fanáticos lo despidieron en distintas plazas del país y aproximadamente un millón de personas participaron de la despedida pública realizada en el Polideportivo José María Gatica ubicado en el Parque Domínico de Avellaneda, formando una fila que se extendió hasta ocho kilómetros. Todo esto en medio del estricto silencio del gobierno nacional que decidió no habilitar edificios gubernamentales como el Congreso para la despedida del músico y no declaró día de duelo nacional.
Casi cuarenta años atrás, en diciembre de 1986, el Indio Solari concedió una entrevista al periodista y escritor Enrique Symns (1945-2023) en la cual, de manera luminosa habló sobre la condición de los seres humanos y de alguna manera predijo la actualidad. La conversación apareció publicada en el n° 7 de la revista “Cerdos & Peces” y es la que se reproduce a continuación.
 
Te escuché decir que no creés en la aventura del hombre.
 
Parto del hecho de que el hombre común tiene una noticia muy parcial de la vida, es un prejuicio que se comparte con otros. Esta convención informativa depende de la altura que se ocupe dentro de la escala de rangos de este modelo imperial-mafioso. La lectura de la realidad que tenés, entonces, depende de las terminales de información a las que tenés acceso. La gente termina brindando obediencia a la información que el modelo sistémico le ofrece.
 
Aclarame el concepto de “imperial-mafioso” y “modelo sistémico”.
 
Es un modelo que se ha ido alimentando de todas las interrelaciones. Fijate que el problema actual del estado de esclavitud del hombre depende exclusivamente de la ignorancia, el desconocimiento que se tiene sobre este orden internacional mafioso. Lo llamo así porque los capitales que sustentan el sistema son los que quedaron en pie después de la segunda guerra mundial. El dinero de la mafia en Estados Unidos reemplaza internacionalmente a las famosas bancas europeas...
 
¿El mundo está gobernado por una mafia, una sociedad ilícita y delictiva?
 
No si uno lo ve como esa historia italiana de Don Corleone y toda esa patraña hollywoodense. La mafia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan, y que gobiernan el mundo a través de la tecnocracia...
 
¿Cuál es tu concepto de la ciencia desde ese punto de vista?
 
La religión oficial, hoy día, son la tecnología y la ciencia. Los científicos son empleados de fundaciones manejadas por la mafia y sus inventos serán utilizados por el poder para sus propios fines. La apuesta religiosa más grande que propone este orden sistémico es la supuesta aventura del hombre en el espacio. Este no es un plan nuestro, de la humanidad. Es un plan de las corporaciones, el hombre no va al espacio, va la mafia. Te tiran siempre espejitos, como a los indios, este espejito es el del hombre montado en una nave espacial.
 
¿Espejito en el sentido de que cada hombre se proyecte en el cosmonauta?
 
No digo sólo eso. Creo que la propia tecnología va a rechazar al hombre del espacio. La tecnología se controla a sí misma, la tecnología ha creado un ámbito que rechaza al hombre, la tecnología se ha hecho a imagen y semejanza de sí misma, no es el hombre la imagen sino otra máquina. Una máquina que resiste mejor que el hombre los cambios de presión, de temperatura, el vacío, las radiaciones. Vivimos la ficción a través del comic y del cine, el hombre será el cowboy del espacio y la nave su caballo. Yo creo que el hombre no va a ir, va a mandar eso a explorar el universo, pero él no va a ir. Al menos de esa manera.
 
Sin aventuras que lo incluyan, con un futuro dominado por la tecnología, casi ya de más, ¿cómo va a sobrevivir el hombre?
 
De prosperar en el tiempo este orden sistémico en el que vivimos, la personalidad más apta para la supervivencia es el psicópata. Quizá los psicópatas sean la desgraciada vanguardia de un nuevo sistema nervioso, aquel que va a poder soportar las rígidas tensiones del orden sistémico...
 
¿Quiénes? ¿Cómo son los psicópatas?
 
Para mí son héroes urbanos potenciales que no han tenido mucho éxito en su relación con los demás. No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana. Hay que tener en cuenta la poderosa influencia que el estado psicopático ejerce sobre esta sociedad. No veo a los psicópatas como casos extremos, es más, creo que muchos de ellos ocupan importantes jerarquías sociales: son políticos, militares, periodistas, actores, artistas, músicos de rock, homosexuales prominentes, ejecutivos de la televisión y ahí ves que aumenta el poder del psicópata según el lugar que ocupe en la jerarquía social. Los psicópatas que bajan línea desde su cargo social ejercen más poder que el psicópata cotidiano porque se transforman en la lectura oficial de la realidad.
 
Desde ese punto de vista la salud social sufre un canceroma, esos psicópatas enferman el mundo...
 
El problema de la enfermedad es complejo. El viejo chamán, que tenía el poder de comerse tu dolor, de absorber tus pecados a través de la semejanza, de ponerse tan loco como vos para saber sobre qué cosas tenía que efectuar su cura. El chamán ha sido reemplazado por el psiquiatra o por el psicoanalista y ellos se encuentran con su propia incapacidad para manejar a los psicópatas actuales que son pacientes muy complejos, mucho más complejos que el curador. Son más experimentados en la locura que el terapeuta, que sólo tiene informaciones. El paciente es un tipo mucho más aventurero, más avanzado que el terapeuta. Desde ahí, yo veo al psicoanálisis como una especie de sangría psíquica. El resultado es que el paciente es domesticado en sus vicios más interesantes. No se lo modifica sino que se lo desgasta y se lo transforma en un espécimen menos malo pero también menos de todo. Menos agresivo, pero menos brillante. Menos destructivo, pero menos voluntarioso. Menos reactivo, y también menos creativo. La terapia apunta sólo a la mera reinserción social del espécimen. Lo readaptan a la condición que, casualmente, lo enfermó y el paciente se adecúa a aquello que aborrece.
 
¿Hay que convertirse en un psicópata?
 
La vida personal de uno se dirige en varias líneas hacia el porvenir, nadie está vivo en una linealidad, comprendiendo esto es posible integrar las informaciones que vas recibiendo y que, al mismo tiempo, sabés que te están moldeando. No me gustaría convertirme en un psicópata, yo preferiría que este sistema no prosperase. Hay que ir leyendo entre líneas las informaciones que el orden nos propone y desconfiar. Porque la ciencia, por ejemplo, no es presentada como un punto de vista más, o como un prejuicio compartido o una convención arbitraria que se comparte. No, la ciencia se instaura como un modelo tiránico de la verdad. Pero no hay que admitirlo. La ciencia es sólo una óptica, un punto de vista, una lectura parcial de toda la estructura.
 
¿La alternativa contracultural de la década del ‘60/‘70 se presentó como una actitud de rechazo a ese orden sistémico?
 
Hubo un tiempo en que las ideas que se nucleaban alrededor del rock eran una comprensión ideológica del mundo y daba para mandar brasa unos a otros. Cuando la lectura primitiva fue modificada por lecturas más complejas y afinadas, como por ejemplo la creencia de que se pierde la espontaneidad cuando algo se institucionaliza, cuando algo se transforma en ideología, entonces el fenómeno pareció entrar en decadencia. Pero cuando se produjo la diáspora, la explosión de la individualidad, los jóvenes rechazaron la villanía acumulada por el orden sistémico y esto hizo que fueran a escarbar en las informaciones desechadas por el sistema, ya sea por pecaminosas o por erradas. Cuando se dieron cuenta de que el sistema de vida no les gustaba, fueron a escarbar en el tacho de basura de ese mismo sistema para ver si en lo desechado y prohibido encontraban la posibilidad de reencauzar el mundo. A partir de ahí surgió todo el tema del reencuentro con los poetas malditos, con las religiones universalistas...
 
El modernismo actualmente rechaza aquel fenómeno, se dice “70” y parece que se dijera fracaso.
 
A pesar de que “Oktubre”, el disco que grabamos con los Redondos, es sólo un disco, tiene como planteo básico alinearse en cualquier otra dinámica que escape de la lectura postmodernista. Porque la postmodernidad es una lectura pseudo filosófica nacida en la misma usina de la industria del disco y difundida, casualmente, en todo el mundo por los embajadores itinerantes cuya función es trasladar esa información. El postmodernismo es un punto de vista neoliberal, pretende que ya no hay un sistema de objetos y como consecuencia todo queda como está, a mí me parece descabellado. Allá ellos con su miseria, a mí me nefrega la modernidad. Entiendo sí que hay modas internacionales que salen de usinas en donde los creadores son los expertos en marketing. Son estéticas superelaboradas pero consumistas. Como ese avance de la estética efectista llena de máquinas, chispas e impactos audiovisuales.
 
Parece que siempre estuviéramos hablando de “ellos”. Se asemeja a una paranoia descomprometedora de nosotros, ¿no hay complicidad de nuestra parte con ese sistema?
 
No se puede cargar al pobre humano esclavizado con la complicidad. Encima uno, por pertenecer a esa clase de paranoia social, por tener ese rol de ser indicador social. Toda esa sospecha que uno puede ejercer sobre uno es la misma que ejerce tu vecino porque, cuando te ve, lo que ve es un testimonio real del manipuleo. Los paranoicos, de cualquier tipo y rol, siempre tienen algún tipo de popularidad en el barrio porque terminan comportándose de acuerdo con su creencia. Ese hombre, ese pobre paranoico que se dedica full time a la emoción, está recibiendo todo el tiempo una noticia ingrata sobre el estado de las cosas. Ese paranoico no es cómplice y mucho menos el otro, el que ni se entera, a ese no se le puede adjudicar ninguna clase de complicidad sistémica...
 
¿Es posible que este orden sistémico, como vos lo llamás, sea derrotado?
 
No estamos solos, no nos olvidemos de que en este cascote conviven con nosotros otros coetáneos que participan de una lectura similar a la nuestra. No me veo solo en esta pulsión, tengo la impresión de que es una pulsión internacional aun cuando nos refiramos en términos de una minoría internacional. Eso, por un lado. Por otra parte, ni bien la humanidad entre a desconfiar de la bonanza de este sistema, toda esta información que ha sido considerada marginal o alternativa, todo aquello que ha sido dejado de lado tomará importancia, se convertirá en central. Por ahora nada podemos decidir, ni vos, ni yo, ni nadie de nosotros. Ni siquiera lo puede decidir una cámara de diputados porque la independencia de un país es una ficción. La única que comanda el viaje es la mafia. Y sus brazos armados son los científicos. Los genetistas, por ejemplo, están convencidos también de que el hombre tal como lo conocemos hasta hoy no podrá sobrevivir mañana. La información extra genética, como suelen llamar ellos a la cultura, no le servirá al hombre para el futuro. Ellos proponen entonces intervenir directamente en la genética, hacer modificaciones en esa estructura para producir una mutación real, producir otro tránsito de procónsul al homo sapiens de un día para otro. Y ahí surge otro problema: alguien va a arrogarse el derecho a elegir el modelo de ese experimento. Por ahora todo está mal. Los pueblos no se comunican con los pueblos, la comunicación es de Estado a Estado. Hay un filtro burocrático que separa a los hombres. La cuenta de la muerte se va engrosando. La vida es considerada un instrumento. Nada es un fin en sí mismo. Nadie puede cobrar su vida al contado, siempre hay que proyectar la vida dentro de un orden, nos obligan a firmar todo el tiempo cheques a favor de la muerte.

7 de junio de 2026

La Orden de los Nuevos Templarios: el huevo de la serpiente

La ambición por el poder tiene a sus mayores representantes en el mundo de la política, donde muchos individuos se han sometido a las leyes de diversas sociedades secretas con el objeto de alcanzar sus objetivos. Es una vieja historia que se repite con cierta continuidad e involucra a ciertos cultos que ofrecen a sus miembros el sentimiento gratificante de superioridad sobre los demás. En este plano se inscribe la sociedad secreta Ordo Novi Templi (Los Nuevos Templarios), fundada en Austria el 25 de diciembre de 1907 por el ex monje cisterciense Adolf Lanz (1874-1954).
Lanz fue muy religioso durante su juventud cuando tuvo su experiencia como monje cristiano en la Ordo Cisterciensis (Orden del Císter), una orden religiosa fundada en 1098 por Robert de Molesme (1029-1111) en la abadía francesa de Cíteaux (la antigua ciudad romana de Cistercium, próxima a Dijón). Durante ese tiempo, Jörg Lanz Von Liebenfels -como se hacía llamar- realizó investigaciones sobre textos gnósticos y apócrifos. Cuando renunció a sus votos en 1899, continuó con la elaboración de una teoría teológica en la cual el mal era atribuido a las razas no arias y el bien a la pureza de los rasgos raciales arios. Según esta teoría, en el origen de la humanidad existieron dos razas absolutamente diferenciadas y ajenas la una de la otra. Por una parte, los “hijos de los dioses” y por otra los “hijos de los hombres”. A la primera pertenecían los arios, dotados de una espiritualidad pura; en cambio, las otras razas procedían de la evolución biológica de los animales.
Así, Lanz intentó explicar la expulsión del “paraíso terrenal” como producto de la unión sexual de unos (Adán) con otros (Eva). A raíz de esto, la raza aria habría degenerado en el mestizaje, perdiendo sus facultades divinas, el orden superior y ciertas capacidades paranormales como la clarividencia y la telepatía, entre otras. Ese proceso de mezcla racial limitó esas cualidades a unos pocos descendientes de arios, de modo que recuperar la pureza racial aria equivalía a recuperar el carácter espiritual de los primeros arios. Cuando Lanz se abocó a la creación de la Orden de los Nuevos Templarios impuso requisitos muy severos para quienes quisieran ingresar. Estos debían pertenecer a la raza aria, ser rubios, de piel clara y ojos grises o azules. Si además su nariz era aguileña y estrecha, y sus miembros delicados, mucho mejor para los fines de la sociedad.


El nombre de esta sociedad tuvo su antecedente en otra secta de características diferentes, esta sí muy poderosa, que surgió en durante el siglo XI en plena época de las Cruzadas. La sociedad de los Templarios nació con el fin de proteger a los peregrinos hacia Tierra Santa, pero con el tiempo se transformó en una orden de caballeros que bajo el mando de su primer Gran Maestre Hugues de Payns (1070-1136), combatió a los sarracenos. Tras el éxito inicial, el número de templarios aumentó y De Payns decidió constituir una orden religiosa. El primer donativo importante fue realizado por el rey de Jerusalén Balduino II (1079-1131), quien les permitió utilizar una parte del palacio real.
Más tarde, Bernando de Claraval (1090-1153) de la orden Cisterciense, le escribió a De Payns: “Ruego la cooperación de los Templarios con objeto de rehabilitar a los hombres impíos y empedernidos, ladrones y sacrílegos, asesinos, perjuros y adúlteros”. Esto bastó para que la secta buscase su reconocimiento en el Concilio de Troyes (1128), convocado por el papa Honorio II cuyo nombre secular era Lamberto Scannabecchi (1060-1130). Bajo la vigilancia de Claraval se estableció un ritual muy complejo que distinguía a la orden de cualquier otra sociedad secreta. Protegidos por los poderosos de la época, los templarios prosperaron económicamente, recibiendo tierras, granjas, pueblos y castillos. La máxima distinción les fue conferida por el papado, que los autorizó a mantener sus propios templos y su propio clero. Si alguien se atrevía a perseguir a un templario, podía ser excomulgado, de manera que el poder de la secta aumentó amparado por la religión católica.


Las actividades de los Templarios fueron celebradas en toda Europa, al combatir en numerosas batallas que fueron decisivas para la victoria de la segunda Cruzada (1146-1150). Los templarios -inmersos en la política de su tiempo- provocaron ellos mismos algunas guerras con el fin de sostener su estrategia. Su lema era: “Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam” (No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Ti sea dada toda la gloria). No obstante, aunque muchos lo creyeran así, el éxito de la Orden no se debió a su genio político, sino más bien a las habilidades financieras de sus integrantes. Estos se habían hecho inmensamente ricos con los donativos y utilizaban sus fondos en la concesión de préstamos usurarios y la práctica de diversos negocios.
Todo ello terminó el viernes 13 de octubre de 1307, cuando el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (1268-1314) -uno de sus enemigos más encarnizados- mandó apresar a los templarios. Esa noche cayeron más de quince mil caballeros en el continente europeo, acusados de perversiones sexuales, cultos satánicos y blasfemias. La Inquisición no perdió el tiempo e hizo “confesar” a muchos de ellos sus supuestos delitos. Tres años después se inició el proceso público en Vienne, Francia, y sesenta y siete templarios fueron quemados por herejes, luego de negar sus anteriores declaraciones. El resultado final fue que el papa Clemente V, cuyo nombre secular era Bertrand de Got (1264-1314), expidió una bula ordenando la disolución de la orden en 1312.
Los que habían confesado quedaron en libertad; los que no lo hicieron fueron castigados con prisión perpetua. El último Gran Maestre, Jacques Bernard de Molay (1240-1314) declaró en París: “Confieso que en verdad soy culpable de la mayor infamia. Pero la infamia es que he mentido... admitiendo los cargos repugnantes presentados contra mi orden. Por tanto, declaro que la Orden es inocente. Su pureza y santidad nunca han sido mancilladas. En el tribunal, yo había declarado de otra manera; pero lo hice por temor a las terribles torturas... Se me ofreció la vida, pero a cambio de la perfidia. A este precio la vida no merece vivirse”. El 19 de marzo de 1314 Molay y su camarada, el Preceptor de Normandía, Geoffroy de Charnay (1251-1314) fueron enviados a la hoguera. La multitud congregada sintió escalofrió cuando Molay gritó al rey y al papa: “¡Os convoco al tribunal de los Cielos antes de que termine el año, para que recibáis vuestro justo castigo, malditos!”. Probablemente, todo fue una terrible coincidencia, pero Clemente V murió un mes después y Felipe IV lo siguió a la tumba en noviembre de ese mismo año.


A comienzos del siglo XX, la Orden de los Nuevos Templarios fundada por Lanz tenía varios enemigos, entre ellos el socialismo, la democracia y el feminismo. Entre sus seguidores más notorios estaban Adolf Hitler (1889-1945) y Johann Dietrich Eckart (1868-1923), futuros baluartes del nazismo. En 1913 Lanz publicó en su revista “Ostara” (de la cual Hitler era lector) el artículo “Der Heilige Gral des mysteriums der arisch-christlichen rassenreligion” (El Santo Grial del misterio de la religión racial ario-cristiana). En él afirmó que “la leyenda del Grial es una representación del culto a la pureza racial de los antiguos caballeros templarios” y que “el Grial es el Dios-hombre llevado y mantenido por la mujer casta de clase superior”. Hay versiones que indican que el mito del origen bestial de las razas habría sido incluido por Hitler en la primera edición de su libro “Mein kampf” (Mi lucha). La teoría de Lanz incluía también el tema del “tercer ojo”, divulgado por el naturalista y arqueólogo alemán Wilhelm Bölsche (1861-1939) en su obra “Vom bazillus zum affenmenschen” (Del bacilo a los hombres-mono, 1900) en donde hacía mención de los misteriosos rayos N, que supuestamente habían sido descubiertos en 1903 por el francés Prosper René Blondlot (1849-1930).
Los arios primitivos de Lanz poseían órganos sensoriales que les permitían emitir rayos N y recibir señales eléctricas. A raíz de la degeneración racial, estos órganos se habían atrofiado, reduciéndose a la pituitaria y la glándula pineal.
Proféticamente, Lanz anunció: “No pasará mucho tiempo antes que surja un nuevo sacerdocio en la tierra del electrón y el Santo Grial”. Para impulsarlo, en 1905 aportó algunas ideas: maternidades estatales para madres arias solteras, educación de mujeres elegidas y poligamia de las elites para asegurar la pureza de la raza aria. Además, propuso medidas a tomar con las “razas inferiores”: esterilización, esclavitud, uso como bestias de carga, deportación a Madagascar e incineración como sacrificio al dios pagano Wotan. Treinta años más tarde Heinrich Himmler (1900-1945), Comandante en Jefe de los Escuadrones de Protección Schutzstaffel (SS), tomó bastante al pie de la letra estas recomendaciones.


El nexo entre la Orden de los Nuevos Templarios y el nazismo fue Rudolf von Sebottendorf, el alias que utilizaba el alquimista, numerólogo y astrólogo Adam Alfred Glauer (1875-1945), fundador de la Thule Gesellschaft (Sociedad Thule), una organización político-esotérica precursora del NSDAP, Nationalsozialistischen Deutschen Arbeiterpartei (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores). Admirador de Lanz, von Sebottendorf se identificaba con la cruz esvástica y situaba el origen de la raza aria en un continente perdido, la escandinava isla de Thule. Sebottendorf y Eckhart participaron -junto con el cabo Hitler- en operaciones militares contra los espartaquistas en Munich y en el asesinato del dirigente socialista Kurt Eisner (1867-1919).
También fue templario el vienés Karl Maria Wiligut (1866-1946), mano derecha de Himmler y activo participante en los campos de exterminio nazis. En 1933, Wiligut cambió su apellido por el de Weisthor y creó para las SS un ritual disciplinario inspirado en las órdenes guerreras medievales y las leyendas del Grial y la Mesa Redonda. Asimismo, proyectó la construcción del castillo de Wewelsburg, con la idea de convertirlo en la Santa Sede de las SS y polo mágico para la conquista del mundo. Weisthor también se dedicó a reescribir toda la historia conocida, fraguando pruebas arqueológicas e intentando probar la superioridad de la raza aria mediante la utilización de una hipotética “ciencia racial” desarrollada por los antropólogos Lucian Scherman (1864-1946), Ludwig Woltmann (1871-1907) y Hans Günther (1891-1968).
Si bien la creencia en el esoterismo era frecuente en los círculos de poder nazis, el mismo Hitler -ya en el poder- limitó la actividad de los Nuevos Templarios al considerar que su intención era lograr el monopolio de las fuerzas ocultas. Para el Führer, “la ciencia pura y aplicada es un logro casi exclusivamente ario”. Sólo “cuando el conocimiento recobra el carácter de secreto, de conocimiento para iniciados, y deja de ser accesible para todos y para cualquiera, cumple de nuevo su función normal, que es proporcionar los medios y el poder de controlar la naturaleza humana y no humana”.
Cuarenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1985 el historiador británico Nicholas Goodrick Clarke (1953-2012) publicó “The occult roots of nazism” (Las oscuras raíces del nazismo), ensayo en el cual escribió sobre el ocultismo y detalló las conexiones entre el nazismo y el esoterismo en Alemania y Austria entre 1880 y 1945. Ya en 1960 los escritores franceses Jacques Bergier (1912-1978) y Louis Pauwels (1920-1997) habían escrito en colaboración “Le matin des magiciens” (El retorno de los brujos), obra en la que, además de tratar temas por entonces novedosos como los fenómenos parapsicológicos, hablaron del esoterismo y su conexión con el nazismo.
Uno de los ejemplos más elocuentes del nexo entre los neotemplarios -tal como se los conoce hoy en día- y el nacionalsocialismo (nazismo) ha sido el escritor chileno Miguel Serrano (1917-2009), un fervoroso defensor en los años ‘70 y ‘80 del siglo pasado del supremacismo blanco, promotor del neonazismo en Chile y negacionista tanto del Holocausto como de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1915-2006) que se inició en ese país el 11 de septiembre de 1973 tras el derrocamiento del presidente Salvador Allende (1908-1973), quien había sido elegido democráticamente en noviembre de 1970.


Gran exponente del hitlerismo esotérico, en obras como “El cordón dorado. Hitlerismo esotérico” y “Nacionalsocialismo, única solución para los Pueblos de América del Sur” sostuvo que Hitler era la encarnación de una divinidad, un salvador y guía de la raza aria, y agrupó a los templarios junto a otros grupos surgidos a fines del siglo pasado a los que adjudicó una superioridad espiritual y heroica. También afirmó que toda la civilización americana fue producto de la única “raza auténtica”, la del “hombre blanco”, ya que los negros, los amarillos y los rojos, sólo eran hombres animales y esclavos nacidos en la mítica isla Atlántida mencionada por el filósofo griego Platón de Atenas (427-347 a.C.) en algunos de sus famosos “Diálogos”. E incluso aseguró que “el hitlerismo resurge imparable y en el futuro será, más que un sistema político, una religión”.
En 1981 el Vaticano, por entonces gobernado por el Papa Juan Pablo II -Karol Wojtyła (1920-2005)-, confeccionó una lista de cerca de medio millar de organizaciones que se declaraban sucesoras de los templarios. Y en 2006 se publicó en el diario británico “Daily Telegraph” una solicitada en la que se le pedía al Papa Benedicto XVI -Joseph Ratzinger (1927-2022)- que “restaure la Orden con los deberes, derechos y privilegios para el siglo XXI y los venideros”. En la misma se alentaba a “los grupos templarios y los compañeros de armas de todo el mundo” a ponerse en contacto con la Orden para organizar “a su debido tiempo” una reunión con el fin de renovar esa sociedad esotérica.
Hoy en día aún existen diseminados por el mundo discípulos de la Orden de los Nuevos Templarios, los neotemplarios, organizados en diversas hermandades y organizaciones. Su tradicional racismo ha prevalecido menos que su afición por el esoterismo, pero sigue siendo amparada por la opulencia y la desinhibición del moderno capitalismo. No son pocos los historiadores que desde hace bastante tiempo vienen estudiando la fascinación que ejercen estas organizaciones sobre la extrema derecha contemporánea.

19 de mayo de 2026

Karpov-Korchnoi: guerra fría en Baguio

En la década de los ´70, el campeonato mundial de ajedrez era todavía un acontecimiento que se celebraba cada tres años, organizado por la FIDE (Fédération International Des Echecs), la Federación Mundial de Ajedrez. En 1972, Robert "Bobby" Fischer (1943-2008) apareció en los titulares de los diarios de todo el mundo cuando derrotó al entonces campeón, el ruso Boris Spassky (1937-2025). Fischer había logrado romper el monopolio soviético del mundo del ajedrez y al hacerlo, conquistó el interés de muchos millones de personas que, con anterioridad, no habían mostrado inclinación por el juego. Pero algo sucedió con Bobby Fischer y el Campeonato Mundial desde ese momento.
Según las reglas de la FIDE, Fischer tenía la obligación de defender su título tres años después, esto es, en 1975. Su contrincante iba a ser un aguerrido y emprendedor ruso llamado Anatoly Karpov (1951), quien, inesperadamente, había barrido toda oposición (incluyendo la de Spassky) en una reñida serie de torneos de calificación y de partidas, hasta convertirse en el contrincante oficial para el título. Pero, claro está, Fischer como norteamericano y Karpov como soviético -con lo que eso implicaba en los años de la Guerra Fría- empezaron a discutir sobre los términos y condiciones del próximo match. Los soviéticos negociaron hábilmente en nombre de Karpov, mientras que Fischer planteó sus exigencias -inaceptables para la reglamentación de entonces- de un modo mucho más terminante. La FIDE tuvo que arbitrar en el conflicto y decidió en contra de Fischer, despojándolo del título por incomparecencia. De este modo, Anatoly Karpov, un joven de aspecto delicado y modesto procedente de Zlatoust, una pequeña ciudad de los Urales, llegó a convertirse en campeón mundial con apenas veinticuatro años de edad y sin necesidad de tener que mover un sólo peón.
Suceder a Bobby Fischer, incuestionablemente uno de los jugadores más magnéticos de todos los tiempos, podría haber sido considerado como una perspectiva bastante desalentadora, pero Karpov demostró hallarse a la altura de la tarea. La historia había demostrado que los campeones mundiales raramente competían en grandes torneos durante sus reinados, prefiriendo descansar en sus laureles hasta que se les presentase el siguiente match por el Campeonato Mundial. Pero no fue así con Karpov. Decidido a demostrar que no era un simple campeón de papel, jugó con gran frecuencia en los grandes acontecimientos internacionales consiguiendo resultados fenomenales. Alcanzó el primer puesto prácticamente en todos los torneos donde jugó, y de sus centenares de partidas contra los mejores jugadores del mundo, sólo perdió unas pocas.
Los estudiosos del ajedrez que predijeron que Fischer podría aniquilar fácilmente a Karpov, empezaron a tragarse sus palabras. Los rusos se encontraban, una vez más, al frente del ajedrez mundial, con Karpov a la cabeza. 
Antes lo habían sido Mijaíl Botvínnik (1911-1995) entre 1948 y 1957, entre 1958 y 1960, y entre 1961 y 1963; Mijaíl Tal (1936-1992) entre 1960 y 1961; Tigrán Petrosián (1929-1984) entre 1963 y 1969; y el citado Boris Spassky entre 1969 y 1972.
En 1974, cuando Karpov estaba luchando por el derecho a ser el aspirante al Campeonato Mundial, le había ganado a Spassky con cierta facilidad y aún tenía que ganar un último match. Su contrincante era Viktor Korchnoi (1931-2016), otro ruso. Korchnoi no era ningún recién llegado al mundo del ajedrez. Había sido un importante gran maestro durante unos veinte años, pero nunca había llegado a las máximas alturas. A la edad de cuarenta y tres años, se consideraba que aquélla era su última oportunidad para ganar al Campeonato Mundial. Korchnoi quería jugar en su ciudad natal de Leningrado, pero el match se llevó a cabo en Moscú, a un total de veinticuatro partidas. Después de una durísima y prolongada contienda, Karpov se alzó victorioso con el margen más estrecho posible: 12,5 a 11,5.
Korchnoi no se sintió feliz con el resultado. Creía que las autoridades soviéticas habían favorecido injustamente a su rival. Por ejemplo, Karpov dispuso de una gran cantidad de grandes maestros para ayudarle en su preparación y análisis, mientras que Korchnoi experimentó grandes dificultades para encontrar a alguien dispuesto a hacerlo. Parece no haber dudas en cuanto a que los soviéticos deseaban que ganase Karpov, en quien depositaban sus esperanzas de recuperar el título mundial que estaba en manos del estadounidense Fischer. Karpov era por entonces una joven estrella en ascenso miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) quien desde temprana edad había formado parte de la organización juvenil del partido: la Komsomol (Unión Comunista de la Juventud).
Ante esta situación, Korchnoi expresó su desagrado en una entrevista concedida a un periodista yugoslavo. En desquite, la Federación Soviética de Ajedrez le impuso sanciones, suspendiendo sus apariciones en torneos y prohibiéndole desplazarse al extranjero para jugar. Más tarde, las restricciones fueron levantadas gradualmente y en el verano de 1976 se le permitió viajar a Amsterdam, Holanda, para jugar en el torneo internacional IBM. Ya no regresó. Una vez finalizado el torneo, en lugar de presentarse en la embajada soviética, se dirigió a una comisaría de policía y solicitó asilo político. Así pues, Korchnoi desertó, abandonando a su esposa e hijo, quienes quedaron en la Unión Soviética. La represalia impuesta por el gobierno soviético dirigido por entonces por Leonid Brézhnev (1906-1982) fue durísima; su hijo fue enviado con el ejército a Siberia y su mujer quedó incomunicada y le prohibieron la salida del país.
Allí, en la Unión Soviética, fue denunciado como traidor en una carta firmada por casi todos sus grandes maestros. Curiosamente, faltaron las firmas de Karpov y de Spassky. La Federación Soviética de Ajedrez también hizo esfuerzos para expulsar a Korchnoi del nuevo torneo de candidatos al Campeonato Mundial, pero fracasaron. Korchnoi permaneció en los Países Bajos un año, y después se trasladó a Alemania y a Suiza. Durante ese período (1977/78), ganó el derecho a ser el contrincante de Karpov con victorias alcanzadas en torneos contra Lev Polugaevsky (1934-1995) y los antes mencionados Petrosian y Spassky. Estos tres últimos, por el hecho de ser soviéticos, llevaron a que cada uno de esos torneos se caracterizase por una gran tensión política. Hubo disputas de poca monta, acusaciones y denuncias de todo tipo, desde espionaje hasta hipnotismo. Todos estos episodios hicieron recordar al match Fischer-Spassky de 1972, durante el cual los soviéticos se quejaron de que la silla de Fischer había sido "preparada" para perturbar la concentración de Spassky. La silla en cuestión fue desmontada por completo y se examinó al detalle cada tornillo y cada tuerca, hasta que la queja soviética de alguna manera quedó “comprobada”: se encontraron tres moscas muertas.
Así pues, y a pesar de todos los contratiempos, el escenario quedó montado. De un lado, Karpov, el brillante campeón; del otro, Korchnoi, el aspirante, el hombre que había desertado. Faltaba resolver el lugar en donde se iba a jugar, ya que había siete invitaciones, siete ofertas. Las cuatro sedes que ofrecieron premios más elevados -alrededor del millón de francos suizos- fueron Hamburgo (Alemania), Graz (Austria), Baguio (Filipinas) y Tilburg (Holanda). Se les pidió entonces a los jugadores que hicieran una lista con su orden de preferencia. Curiosamente, Karpov prefirió Hamburgo, aunque eso casi significaba encontrarse en el terreno de Korchnoi, que había estado jugando para un club alemán durante un corto período de tiempo. Korchnoi, por su parte, prefirió Graz, quizá porque estaba viviendo en Suiza.
Si Karpov hubiera colocado Graz en segundo lugar o Korchnoi Hamburgo, el match se habría jugado en Europa. Pero los dos prefirieron Baguio como segunda elección (en realidad, Karpov colocó Baguio en tercer lugar, dejando el segundo en blanco). A raíz de ello, el doctor Max Euwe (1901-1981), a la sazón presidente de la FIDE, adjudicó el match a las Filipinas, convirtiéndolo en el primero por el título que se jugaría fuera de Europa desde el famoso match de 1927 que enfrentó en Buenos Aires a José Raúl Capablanca (1888-1942) con Aleksandr Alekhine (1892-1946). Así pues, la organización del match recayó sobre Florencio Campomanes (1927-2010), el dinámico líder del ajedrez filipino durante más de dos décadas y representante de ese país ante la FIDE.
Baguio City se encuentra a 210 kilómetros al norte de Manila, a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar. La mayoría de los jugadores de ajedrez prefieren jugar sin verse molestados por problemas políticos. Pero la elección de Baguio hizo que surgieran algunos comentarios críticos sobre el gobierno autoritario y dictatorial de Ferdinand Marcos (1917-1989), un presidente sumamente corrupto de un país cuya deuda externa ascendía por entonces a 8.000 millones de dólares. Sonaba descabellado que se gastara tanto dinero en un acontecimiento ajedrecístico (350.000 dólares para el vencedor, 200.000 para el perdedor con todos los gastos pagos), mientras el país estaba sumido en abismales desigualdades entre pobres y ricos.
Para la realización del match se adecuaron las instalaciones del recientemente construido Centro de Congresos de Baguio y se nombró árbitro principal al gran maestro de Alemania Occidental, Lothar Schmid (1928-2013), quien ya había desempeñado esa función en Reykiavik, Islandia, durante el match Fischer-Spassky. Korchnoi constituyó su equipo de analistas con los ingleses Raymond Keene (1948) y Michael Stean (1953), el ruso Yakov Murei (1941) y el argentino Oscar Panno (1935); mientras que Karpov lo hizo con los rusos Victor Baturinsky (1914-2002), Alexander Zaitsev (1935-1971), Yuri Balashov (1949) y el citado Mijaíl Tal.


En su camino hacia Manila, antes de salir de Suiza, Korchnoi dio una conferencia de prensa donde leyó una carta abierta al Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Brezhnev, en la que solicitaba permiso para que su esposa y su hijo abandonaran el país. Esta petición fue negada en un principio y recién cuatro años más tarde, en 1982, cuando el país era gobernado por Yuri Andrópov (1914-1984), su hijo y su esposa fueron autorizados a abandonar la URSS.
Sin embargo, la verdadera batalla diplomática comenzó tras la llegada de Korchnoi a Manila, cuando se presentó el problema de la bandera. Korchnoi quería jugar bajo la enseña suiza, pero los soviéticos se atuvieron a las reglas de la FIDE e insistieron en que ésta no podía considerar a Korchnoi como representante de Suiza ya que aún no hacía doce meses que residía allí de modo permanente. Las diferencias se superaron cuando, procedente de Estados Unidos, llegó Edmund Edmondson (1920-1982), presidente de la United States Chess Federation (Federación de Ajedrez de Estados Unidos) quien propuso eliminar las banderas sobre la mesa de juego. De todos modos, Korchnoi llevó un pequeño distintivo con la bandera suiza, pero, en lugar del himno nacional, tuvo que conformarse con la “9. Sinfonie in d-mol” (Sinfonía nº 9 en re menor) del compositor alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827).
Desde la guerra psicológica entre Fischer y Spassky, ésta se había convertido en una característica regular del ajedrez al máximo nivel, en especial cuando había de por medio un conflicto Este-Oeste. Por ejemplo, antes del match por el Torneo Candidatura entre Korchnoi y Polugaevsky en Francia, hubo dos días de negociaciones con Moscú para decidir si al jugador soviético se le permitiría estrechar la mano de Korchnoi. También hubo incidentes durante el Torneo Candidatura celebrado en Serbia entre Korchnoi y Spassky, cuando éste dejó de aparecer ante el tablero e insistió en sentarse en una cabina situada a espaldas de Korchnoi, desde la que seguía el juego a través de una pantalla gigante. Korchnoi protestó acaloradamente, aunque sin resultado alguno y perdió las cuatro partidas siguientes, aunque después se recuperó y ganó el match.
Según las reglas pactadas para esa competencia, el ganador sería el primer jugador que ganase seis partidas sin contar las tablas, lo que tal vez -según los especialistas- favoreciese ligeramente al aspirante, puesto que, al ser el contrincante de más edad, tenía más experiencia y mayor resistencia para afrontar un encuentro prolongado. Dejando de lado las intrigas y los subterfugios y a pesar de todas las dificultades el match empezó. Cualquier otra cosa habría sido absurda. Los dos hombres querían jugar ese match, que iba a extenderse hasta las treinta y dos partidas. Las primeras siete terminaron entabladas y recién en la octava, Karpov pudo ganar necesitando apenas 28 movidas. Luego de otras dos tablas, fue Korchnoi quien logró el triunfo, y, como la siguiente terminó tablas, al término de las primeras doce partidas el tanteador quedó igualado.
En la décimo tercera y décimo cuarta partidas el campeón mundial logró sendos triunfos, seguidos de dos tablas, otro triunfo y tres tablas más. Así, tras veinte partidas, Karpov aventajaba a su rival por 4 a 1. A todo esto, seguían los incidentes entre las delegaciones y el clima estaba cada vez más enrarecido, lo que se agravó cuando el retador obtuvo la vigésimo primera partida acortando una ventaja que ya parecía irreversible. Siguieron cinco tablas hasta que, en la vigésimo séptima, Korchnoi cometió una serie de errores que lo llevaron a la derrota, para recuperarse rápidamente y vencer en las dos siguientes. Ahora el tanteador estaba 5-4 y la fatiga hacía estragos en ambos jugadores. Tras entablar la trigésima, el retador venció en la siguiente e increíblemente colocó el match 5-5. Por primera vez en toda su carrera, Karpov había perdido tres sobre cuatro partidas consecutivas.


Para jugar la trigésimo segunda partida, el campeón apareció serio, con signos evidentes de cansancio. En los respectivos entornos seguían las discusiones extra ajedrecísticas que en nada ayudaban al normal desarrollo del torneo. Tras un comienzo bastante incierto, Karpov -con las piezas blancas- fue obteniendo pequeñas ventajas en el desarrollo del juego, lo que llevó a Korchnoi a tener serios problemas de tiempo. La partida se suspendió al llegar a la movida 41 del campeón, dejando el retador la suya en un sobre lacrado. Nunca se presentó a la reanudación. Después de algo más de tres meses de una competición plagada de incidentes, Karpov había vencido.
Todos estos hechos extra ajedrecísticos dieron origen a la película “La diagonale du fou” (La diagonal del loco) de 1984 dirigida por el francés Richard Dembo (1948-2004), con la cual obtuvo el premio Oscar a la mejor película extranjera. Dos años más tarde, en 1986, también basada en los tintes políticos de aquel mach ambientado en la Guerra Fría, se estrenó en el Prince Edward Theatre de Londres la ópera rock “Chess” (Ajedrez) con música de los suecos Björn Ulvaeus (1945) y Benny Andersson (1946), y letras de Ulvaeus y del compositor inglés Timothy Rice (1944), la que fue un gran éxito de carteleras en Londres y Nueva York.
Durante los años ‘80, Korchnoi continuó jugando en Suiza, país en el que ganó varias veces el campeonato nacional. Falleció en la helvética ciudad de Wohlen el 6 de junio de 2016. Por su parte Karpov perdió el título en 1985 ante el ruso Garri Kaspárov (1963) y lo recuperó en 1993 ante el neerlandés Jan Timman (1951-2026). Finalmente, en 1999 se negó a defender su título de la FIDE por no aceptar el modelo de competición adoptado por dicha organización, pero siguió participando especialmente en torneos de ajedrez rápido hasta su retiro en 2010.

11 de mayo de 2026

Cuentos selectos (XL). Esther Cross: “Matosas”

La escritora y traductora argentina (1961) nació en Buenos Aires, estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó como Licenciada en Psicología en la Universidad Católica Argentina. Se formó como escritora en el taller literario de Félix della Paolera (1923-2011), el escritor con quien editó en colaboración “Bioy Casares a la hora de escribir” y “Jorge Luis Borges, sobre la escritura”, libros que incluyeron entrevistas a Adolfo Bioy Casares (1914-1999) y a Jorge Luis Borges (1899-1986) respectivamente. Su producción literaria está conformada por las novelas “La inundación”, “El banquete de la araña”, “Radiana”, “La señorita Porcel”, “La mujer que escribió Frankestein” y “Tres hermanos”; los libros de cuentos “Crónicas de alados y aprendices”, “La divina proporción y otros cuentos” y “Kavanagh”; y los tomos de ensayos “La Biblia según veinticinco escritores argentinos” en coautoría con Ángela Pradelli (1959) y “La aventura sobrenatural. Historias reales de apariciones, literatura y ocultismo” en coautoría con Betina González (1972). También participó en las antologías “La selección argentina”, “Cuentos eróticos de San Valentín”, “Cuentos de amor”, “Historias de guardarropa”, “Ciudades posibles. Arte y ficción en la constitución del espacio urbano”, “La piedra de la cordura. Historias sobre enfermedades mentales”, “Permiso para morir. Cuando el fin no encuentra su final”, “Las dueñas de la pelota”, “Gente mayor”, “Oír ese río” y “Perón vuelve”.
En 1998 obtuvo la Beca Fulbright Fondo Nacional de las Artes para estudiar cine en Nueva York, Estados Unidos, y en 2004 fue beneficiaria de la Beca otorgada por la Civitella Ranieri Foundation para realizar la residencia artística en Umbertide, Italia. Luego coparticipó en la escritura del guion, la producción y la dirección de la película documental “Humillados y ofendidos” en colaboración con Alicia Martínez Pardies (1961). Durante años ha colaborado en distintos medios de comunicación culturales, entre ellos las revistas “Lamujerdemivida” y “Ñ”, la sección “Cultura” del diario “Infobae” y el suplemento “Radar Libros” del diario “Página/12” publicando artículos y reseñas de libros.
Además, desde hace años viene realizando un importante el trabajo de traducción que incluye obras como “Nº 44. The mysterious stranger” (Nº 44. El forastero misterioso) de Mark Twain (1835-1910); “The faces of blood kindred and other stories” (La misma sangre y otros cuentos), “Ghost and flesh” (Ángeles y hombres) y “Collected stories” (Cuentos completos) de William Goyen (1915-1983) y “Eleven kinds of loneliness” (Once tipos de soledad) de Richard Yates (1926-1992), todos ellos escritores estadounidenses; “Self-portrait” (Autorretrato) y “Letters to Gwen John” (Cartas a Gwen John) de la escritora indo-británica Celia Paul (1959); y “The long dry” (Tiempo sin lluvia) del escritor galés Cynan Jones (1975).


El 10 de agosto de 2023 fue elegida miembro de número de la Academia Argentina de Letras para ocupar el sillón Fray Mamerto Esquiú. El 21 de agosto de 2025 ingresó en la corporación con el discurso de ingreso titulado “El peligro de contar una vida”, en el cual entre otros conceptos expresó: “Para escribir una vida se necesita un poco de audacia, igual que para vivir. Será por eso que en los cementerios hay tantas lápidas con un nombre, dos fechas y nada más. Las biografías y las memorias no sólo cuentan una vida. La cuentan y la transmiten. No sólo nos conectan con el pasado, el único lugar que por definición se queda siempre sin señal. Logran lo que quería Borges: un individuo despierta en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero. En eso se parecen a las traducciones, otra manera de hacer literatura que reconoce a un ausente y trata de escucharlo. No existirían sin esa colaboración. Así, estos libros tímidos, que en general pasan desapercibidos, son las más raros que hay”. 
El cuento que sigue a continuación formó parte de la mencionada antología “Las dueñas de la pelota”, la cual fue prologada por Claudia Piñeiro (1960), la reconocida escritora autora de recordadas novelas como “Las viudas de los jueves” y “Catedrales”.
 
MATOSAS
 
Estábamos en la sala de espera. Las chicas de limpieza nos habían echado del lado de nuestros seres queridos, como si fuéramos la suciedad, y nos quedamos en la sala, haciendo tiempo; todos teníamos a alguien internado. La enfermera Silvia pasó camino al ascensor y nos preguntó qué hacíamos. A mí me dijo que tenía cara de cansada.
Nunca la habíamos visto con ropa de calle. Su pelo suelto y ralo dejaba traspasar la luz. Se tomaba el franco de fin de semana. Tendría que haber salido por atrás. Quizás había mucho tráfico en los ascensores de ese lado. Silvia apoyó su bolsa de nylon en el piso para abrocharse la campera. Salió rodando un paquete de Porteñitas. Dijo que tenía que ir a la modista, a buscar el vestido de quince de su sobrina.
- Bueno, gente, que les sea leve -dijo.
Daba un poco de miedo y pena ver a los que se iban. Le deseamos buen fin de semana. El ascensor no venía, se había parado en el tercer piso. Un chico de suéter celeste entró y se sentó. Era nuevo, tenía los formularios de la administración en la mano, recién había hecho los trámites, a quién habría traído. Llevaba un libro de Química. Le di la bienvenida, con la contradicción que eso implicaba.
Oímos una puteada proveniente del fondo del pasillo.
- Es la Gorda Matosas -dijo Silvia-. Está en el cuarto del fondo. No me digan que no sabían.
Fabio, el remisero que tenía al padre internado, se puso muy contento porque era de River. Estaba con el amigo que lo acompañaba siempre y también celebró la información. Decían “no te puedo creer”. El triunfo de River en la Libertadores era el tema fijo del remisero y su amigo. En la sala y a veces en el patio, cada vez que los encontraba, hablaban de lo mismo. Un día se dieron cuenta de que estaba preocupada y me hicieron la concesión. El remisero me dijo “quedate tranquila”, y su amigo asintió, garantizándome la calma. Mataban el tiempo hablando de Burgos, de Francescoli y el lucimiento de Crespo. Ahora miraban a la enfermera Silvia, fascinados por la noticia.
Había un jubilado que cuidaba a su mujer, operada del intestino. Preguntó quién era la Gorda Matosas, pero afectaba la ignorancia, obviamente, para llevar la contra, un poco por carácter y sobre todo porque era de Boca.
- Hace tres meses, con los pulmones a la miseria, la Gorda se fue a Chile a ver a River. Volvió destruida, la internaron, se escapó para ver el desempate en el Monumental. Tiene los pulmones a la miseria -nos contó la enfermera.
El jubilado dijo:
- La pasión por River reventó a la pobre.
- No crea. La hubiera visto el otro día cuando River ganó la Libertadores. Revivió. No podíamos tenerla quieta en la cama. Y ahora la mantiene viva la obsesión de volver al Monumental -le contestó Silvia al viejo.
- Es lo que te decía -porfió el hombre-. River es dañino.
No sabíamos que ese hospital pudiera hospedar a un famoso de la magnitud de Matositas. El verdadero nombre de la diosa espiritual y física de la hinchada millonaria había quedado oculto, todo ese tiempo, por su alias, Gorda Matosas, que con los años se había convertido en su auténtica identidad. La Gorda había absorbido el nombre de un famoso jugador de los sesenta, que le había regalado su casaca para darle el gusto. De tanto verla con el 6 y el nombre Matosas en la espalda, terminaron por llamarla Gorda Matosas. Estaba ingresada en el hospital como Haydée Martínez, su nombre en los documentos, pero respondía al nombre de Gorda Matosas.
- Ella inmortalizó el apellido Matosas. Roberto Matosas le dio el apellido, pero lo glorificó ella y terminó siendo más famosa que él -dijo Silvia-. Igual, Matosas es un genio, se la banca. Ahora le preguntan si es algo de la Gorda y no le molesta, al contrario -dijo la enfermera.
Hacía días que yo sospechaba que había algún capo del deporte en nuestro piso y lo dije en ese momento. Desde el cuarto de mi madre a veces oíamos las voces de Locos por el Fútbol y a nosotras no nos dejaban ni subir la radio. Una vez me pareció ver a Fillol. A lo mejor había ido a visitarla.
- Fillol no era, seguro -me dijo Silvia-. La Gorda dice que le vendió un billete de lotería ganador y que Fillol no se lo pagó.
- Mirá si Fillol le va a deber plata a una persona de esa ralea -dijo el jubilado.
- Ella está convencida y lo persigue. Fillol no va a venir a meterse en la boca del lobo -dijo Silvia.
- Más lobo que Boca, en realidad -dijo el chico nuevo.
- Lobo tampoco -dijo Silvia.
El fútbol minaba la conversación. Tomabas un camino y enseguida pisabas terreno sensible. Pasamos las Porteñitas de la enfermera. La tarde venía bien. Si no había una desgracia mayor, ya nos parecía un buen día.
Silvia me dijo que en todo caso me habría parecido que era Fillol. Dijo que ahora íbamos a empezar a ver jugadores de River por todo el hospital. Se lo dijo al chico nuevo. Le dijo “viste cómo es la gente”, refiriéndose a nosotros, como si no estuviéramos delante.
El remisero aprovechó un silencio para hablar. Dijo que la Gorda Matosas era una gran mujer.
- Ama a River con locura. Dio todo por River -dijo-. Me acuerdo de la primera vez que la vi. Fue en el hall del Monumental. Vendía billetes de lotería. Hablaba con Mostaza Merlo. Tenía un olor a pucho impresionante.
Su amigo también ubicaba perfectamente bien a la Gorda Matosas:
- Es un ícono de la deformidad, tanto que para insultar dicen estás como la Gorda Matosas, y en realidad no es tan gorda.
Su comentario dio pie a una discusión sobre el concepto de gordura, que conmutamos por el de fortaleza cuando el remisero recordó el día en que la Gorda Matosas se robó la bandera de Boca. Había salido en revistas y diarios, emperrada, tirando de un extremo de la insignia xeneize.
El amigo del remisero contó que una vez retiraron a la Gorda de la Bombonera en una camilla. Nos reímos. El chico nuevo no se reía tanto.
Silvia sacó de la bolsa una foto de revista que le había dado su hermano. En el centro estaba la Gorda Matosas. Posaba de mocasines, medias tres cuartos, casaca, gorrito de pescador. La acompañaban dos hombres de frac.
 - Voy a pedirle a la Gorda que me firme la foto para dársela a mi hermano, él se sabe toda su historia -dijo.
Entonces conté que una vez vi a la Raulito caminando por Constitución. Sentía la bajeza de mi lugar común y había tratado de resistirlo, hubiera querido aportar algo mejor al grupo, sobre todo al remisero, a quien no iba a gustarle la mención de la contra boquense, pero era lo que había y fue más fuerte que yo.
Había sido una noche de invierno. Yo había ido a la Capital y giraba por la zona. La Raulito caminaba apurada por Martín García. Tenía una campera polar y saludaba a la gente por la calle, todos la conocían. Era la época en que vivía en el Moyano, en Brandsen y Vieytes. La vi por Martín García y más tarde la vi, más lenta, por Plaza Constitución. Alguien iba a nombrar a la Raulito y lo hice. Decías Matosas y Raulito era la masa del iceberg. Decías Raulito y avanzaba la imagen de la Gorda.
- La Raulito tiene su película, con Marilina Ross -dijo el jubilado para darle supremacía a la boquense.
- Y sí, tiene una vida más de película -le contestó el remisero-, más policial, con todas esas entradas en la cárcel.
Por suerte el remisero frenó ahí, no se dejó llevar por las provocaciones venenosas del jubilado.
Recordamos cuando las dos fanáticas fueron al programa de Susana Giménez. Terminaron a los insultos. La Gorda quería pegarle a la Raulito con ese paraguas rojo y blanco que tenía.
- Es su arma intimidatoria. Hace justicia con el paraguas. A Nimo lo atacó en el césped -contó, emocionado, el remisero.
- Yo me quedo con las chicas de los equipos de fútbol americano. El lomo que tienen esas pibas -dijo su amigo-. Le suben el ánimo a su equipo.
- Y la gordita se lo baja al rival. Les hace señas de pito corto -dijo el remisero, haciendo la mímica-. Cuando le cantaban “La Gorda, la Gorda, la Gorda adónde está / la busca San Lorenzo para cogérsela”, no llamaba a la policía ni a Defensa de la Víctima, como harían esas huecas, se paraba en el borde de la tribuna, y se cacheteaba las nalgas, desafiante. Qué maestra. Durante años fue la encargada de largar los chanchos en el césped, cuando jugábamos con los ídem. Es una gran tipa, una gran hincha y una gran gorda.
- Ahora no está gorda -dijo Silvia.
Se me puso la piel de River.
Pero el remisero había evolucionado en la conversación y estaba en su propio canal matosístico. Cuando nos dejaran pasar a los cuartos iba a contarle al padre que la Gorda estaba ahí. Pensar que el padre empezó a llevarlo a la cancha de chico, se sentaban cerca de la Gorda, decía.
- Nos protegió de la escoria hostil a River -dijo.
La Gorda se había bancado diecisiete años malos con River, levantando la moral de hinchas y plantel. En los peores momentos, estaba, siempre. Ahora, se había bancado la epopeya de la Copa de América, alentando en persona o desde su cama. Eso era lealtad. Su fidelidad había llegado al extremo de hacer un sacrificio de lenguaje. Jamás decía la palabra “boca”, en ninguna variedad, ni con b larga o corta.
- Dice “yeta” en vez de “boca” -contaba el remisero-. Dice que en su yetabulario, cruza la yetacalle y que a ella nadie la proyeta.
El chico nuevo dijo que volvía más tarde, agarró su libro de Química y se fue.
Silvia dijo:
- Ahora me doy cuenta de todas las veces que decimos boca. Piénsenlo.
- La yeta se te haga a un lado -dijo el remisero.
- Al final se va a dar el gusto -dijo Silvia-. Esta mañana el doctor Leiva me dijo: “Silvia, desgraciadamente, Matosas no va a volver al Monumental”. Pero la Gorda pidió que tiren sus cenizas en el estadio, así que va a volver.
Después Silvia guardó sus cosas en la bolsa. Mientras hablamos había sacado galletitas, caramelos, pañuelos de papel. La modista quedaba en la 44, entre 8 y 9, y se le había hecho tarde. A lo mejor le hacía el favor y le abría la puerta igual.
- Podemos comprar esmaltes rojo y blanco y el lunes le pinto las uñas de River, como le gusta -nos dijo Silvia y empezó a recolectar los fondos-. Me dijeron que, cuando entró, tenía hasta la bombacha con el escudo del equipo.
Salieron las chicas de limpieza con sus lampazos y sus baldes. Nos levantamos para entrar, pero nos mandaron de nuevo a la sala, estábamos en posición adelantada. Silvia agarró sus cosas y se fue. El jubilado bajó al kiosco, de paso recibía al hijo, que estaba por llegar. En la sala de espera quedamos el remisero, su amigo y yo haciendo tiempo tranquilos, hablando de la Gorda Matosas.
Dios la tenga en la cancha.

6 de mayo de 2026

María O’Donnell: “Los Montoneros eran jóvenes de veintipico de años, católicos, de clase media. Era una guerrilla muy rara porque no eran de izquierda”

La periodista y escritora argentina María O’Donnell (1970) nació en New Haven, Estados Unidos, donde su familia argentina vivió un par de años. Ya en Buenos Aires, en 1992 obtuvo la licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego cursó la maestría en Relaciones Internacionales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y tomó cursos de posgrado en la School of Advanced International Studies (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins, en Washington, Estados Unidos. Lleva más de treinta años trabajando en distintos medios de comunicación, entre ellos los diarios “Página/12” y “La Nación”, en numerosos programas radiales en las radios “
Rock & Pop”, “América”, “Mitre”, “Continental”, “La 100”, “Metro”, “Urbana Play” y “Con Vos”, y en programas televisivos en los canales “CNN Argentina”, “NetTV”, “TN”, “América TV”, “La Nación Más” y “Canal 26”.
Ha publicado seis libros de investigación política: “El aparato. Los intendentes del conurbano y las cajas negras de la política”, “Propaganda K. Una maquinaria de promoción con el dinero del Estado”, “Born. 9 meses en las entrañas de Montoneros. 60 millones que corrompieron la política. 40 años del secuestro más caro de la historia”, “Aramburu. El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros”, “Born y Quieto. La negociación secreta entre el magnate y el montonero. Los archivos inéditos del secuestro más caro de la historia” y el reciente “Montoneros, una historia visual”, libro este último sobre el que habló en la entrevista que le realizó Pablo Javier Blanco que apareció publicada en el diario “Clarín” el pasado 25 de abril.


¿Te parece que hay una suerte de romantización del fenómeno Montoneros? Sobre todo, después del kirchnerismo.
 
Hay muchas etapas, ¿no? De la democracia para acá siempre fue una discusión muy grande las organizaciones armadas. Alfonsín también juzgó a Firmenich y compañía, no es que sólo juzgó a los militares, por eso a veces se olvida. Después hubo, bueno, todo el momento del perdón de Menem y creo que el kirchnerismo hizo simultáneamente dos cosas: por un lado, un trabajo muy importante en materia de memoria, juzgar, reabrir juicios que estaban obturados y demás, pero sí también acompañado por una especie de visión muy edulcorada respecto de lo que había sido este Montoneros y la juventud maravillosa representada en Montoneros.
 
Montoneros arranca con el asesinato de Aramburu, el expresidente de facto. Es como que se hacen conocidos a partir de eso, digo, con un asesinato.
 
Total. Ese nacimiento está marcado por eso, como decís, o sea, en el ‘70, una pequeña organización asesina a Aramburu. Eran jóvenes de veintipico de años, católicos, de clase media, eh, era una guerrilla muy rara porque no eran de izquierda. Algunos habían pasado por Cuba, sí, pero no eran comunistas, ni de izquierda, eran peronistas católicos, muchos de familia con formación nacionalista, o sea, siempre fue una guerrilla... Además, la izquierda siempre había mirado con desconfianza al peronismo, estaba la idea que el peronismo era más un obstáculo que un camino a la revolución porque contentaba a los obreros con ciertos beneficios.
 
No les permitía tomar conciencia.
 
Claro. Entonces cuando aparece Montoneros en ese acto condensa quince años de la resistencia peronista, ¿no? Cuando aparece eso, Perón lleva quince años en el exilio. Había estado la dictadura de Onganía, el Cordobazo. Era un momento que el país también era una olla a presión. Ya funcionaban otras organizaciones guerrilleras. Cuba era un factor de agitación en todo el continente, el movimiento dentro de la Iglesia, los curas de la opción por los pobres. Entonces nace con un asesinato que, bueno, un poco lo dice Beatriz Sarlo: se entiende como un acto de venganza hacia el pasado, pero que tuvo la característica también de poner en marcha la dinámica que iba a traer a Perón de vuelta a la Argentina. Fue muy particular como hecho fundante, también porque condensaba todo lo otro. Y después tuvieron un momento muy político de inserción electoral en el proceso de Héctor Cámpora, ¿no? Que eso también fue nuevo.
 
Fueron parte del Gobierno...
 
Yo digo, y muchos me critican por eso, que fue la guerrilla más importante de América del Sur. Otros me dicen, "Bueno, Sendero Luminoso, las FARC en Colombia", pero esas tenían mucho más control territorial por mucho más tiempo, pero a lo que me refiero yo es la cercanía que tuvo a llegar al poder.
 
En el ‘73 estuvieron ahí.
 
De alguna manera también, digo, en ese estilo que tenía Perón de la rama femenina, la cuota sindical, la parte para la juventud y demás, tuvieron su parte de poder, quizás no todas las que creían que merecían en el gobierno de Cámpora, pero la tuvieron.
 
Ellos idealizaron un Perón que después no conocieron o al que luego desconocieron, mejor dicho. Por eso termina como termina...
 
Yo creo que el equívoco estuvo desde el inicio, o sea cuando ellos matan a Aramburu, Perón dice “encomio lo actuado”. Lo primero que hace Perón es avalar y se da cuenta de que ahí hay una fuerza que lo puede traer de vuelta a la Argentina. Les dice: “Bueno, ustedes van a funcionar como formaciones especiales”. O sea, les da un estatus dentro de un movimiento muy verticalista, a pesar de esa tensión que había con el sindicalismo. El sindicalismo que, mientras Perón estaba fuera del país, estaba siempre a tres minutos de traicionarlo. Entonces le da a Montoneros la posibilidad de tener cierto margen de maniobra como formaciones especiales, pero a medida que se acerca la vuelta de Perón, él pretende que se encuadren y, sobre todo, que dejen las armas. Y el objetivo de Montoneros no era la vuelta de Perón y de la democracia, punto.
 
No es que el regreso de Perón era el objetivo final.
 
Hubo un movimiento que era la Tendencia, que era mucho más grande, que abarcaba todo, que movilizó a toda una generación de jóvenes, que no todos formaban parte de lo que iba a ser después la organización militar de Montoneros. De hecho, Montoneros después se rompe con Lealtad, con los que decían “no, che, nosotros no estamos para confrontar con Perón”. También es cierto que vuelve un Perón con Isabel y López Rega.
 
Era otro Perón...
 
Fue un vínculo que... Perón dice algo muy premonitorio en “Actualización doctrinaria”. Él dice “la tragedia es que yo ya estoy muy grande y ustedes son muy jóvenes” cuando habla del trasvasamiento generacional, ¿no? Montoneros se inserta dentro del peronismo hablando del socialismo nacional. En un primer objetivo coincidieron: la vuelta de Perón. Que volviera Perón al país. Pero a partir de la vuelta de Perón no querían que volviera cualquier Perón.
 
Querían al Perón de ellos, del que se habían enamorado al decir “la vida por Perón”...
 
Querían que se diera la posibilidad del encuentro con la clase obrera. El Cordobazo: estudiantes y movimiento obrero juntos. Si la identidad obrera era una identidad peronista, ¿cómo se podía ir contra el peronismo si quería generar ese encuentro? Yo tiendo a pensar siempre el 1º de mayo como la escenificación increíble de eso.
 
Cuando Perón los echa de la plaza...
 
En Plaza de Mayo, cruzándose insultos, la plaza quedando mitad vacía, la atención previa, los cantos que intercambiaban con los sindicatos, después cuando se empiezan a gritar con Perón. Todo eso es el resultado de una expresión de algo que ya estaba jugado a esa altura, no es algo que pasó en la Plaza el1º de mayo.
 
¿Cómo transitaba la gente de a pie el fenómeno montonero? Lo veía como como algo peligroso o tenía cierto consenso social...
 
Yo creo que hubo dos momentos bastante claros, ¿no? Que lo que ellos llamaban el engorde, también ese crecimiento exponencial que tuvieron en la previa del triunfo de Cámpora...
 
¿Llegaron a ser más de cincuenta mil?
 
Sí. Es un momento de incorporación masiva a las universidades, era un momento de extensión en muchos campos, de crecimiento, de sacar a la juventud a la calle, tuvieron un momento de mucho crecimiento político de superficie, como lo llamaban ellos. Después, cuando empiezan las peleas con Perón y sobre todo con la vuelta a la clandestinidad, se vuelve una organización mucho más militar que del componente político. Siempre la discusión era si habían nacido como una organización político-militar. ¿Cuál era el componente que prevalecía? Bueno, sobre todo en el ‘75, la militarización de Montoneros y el enfrentamiento con Perón genera, por un lado, la salida de Lealtad y también una organización mucho más pequeña y mucho más alejada de una sociedad. Sí, a partir del ‘75, sobre todo con alguno de los atentados de Montoneros que generaron una enorme conmoción en la sociedad. El asesinato de Cesáreo Cardozo, el jefe de la Policía Federal, que era un tipo muy importante de la Dictadura y muy cercano a Videla, que lo mata una compañera de estudio de la hija, que estudiaban juntas para ser maestras. Era una chica de clase media alta, criada en zona norte, y ahí Neustadt decía: “¿ustedes saben qué están haciendo sus hijos en este momento?”. Aparece la idea del miedo.
 
Había un debate interno por el Golpe, ¿algunos querían que llegase?
 
Sí, hay mucho debate interno, porque es el momento en el cual Rodolfo Walsh y todos ponían reparos. Había una discusión fuerte dentro de la conducción sobre si convenía el Golpe. O sea, si el escenario del Golpe era deseable o no, si la dictadura que venía era igual a otras o los iba a masacrar en poco tiempo, que es lo que finalmente pasó.
 
¿La cúpula de Montoneros subestimó a la dictadura?
 
Bueno, es lo que les dice Walsh, ¿no? La idea de que ante una dictadura todos se iban a replegar sobre el montonerismo y que el peronismo ya no existía, porque el gobierno de Isabel había terminado en un desastre y hasta la CGT le había hecho un paro. Esa es la discusión grande que daba Walsh poco antes de morir. Él decía: “los pueblos se repliegan a lo conocido. Se están replegando al peronismo, nosotros no hablamos con nadie”. Él decía que en lugar de estar hablando con dirigentes opositores que estaban sufriendo la represión, los Montoneros se estaban aislando.
 
Se terminó convirtiendo en una organización medio paranoica, ¿no? Vos un poco lo contás: los juicios que hacían, el código de conducta, esto de no podés ser infiel si sos montonero.
 
Sí. Todas las organizaciones guerrilleras de lucha armada clandestina tenían códigos internos de conducta, dado que se movían en un ámbito donde tenían que cuidar su seguridad en términos de que todo contacto con personas no integrantes de la organización, incluso de parejas, podía suponer riesgos.
 
Eso es lo que le decían a Quieto, ¿no? Que su mujer no era montonera.
 
Claro, la mujer de Quieto no era montonera. Entonces, como además era una opción de vida que comprometía una cantidad de cosas, tendían a alentar vínculos dentro de la organización, pero a la vez con un sesgo especialmente montonero muy moralista, digamos, muy católico. Un determinado tipo de familia. Siempre fueron organizaciones muy poco tolerantes a la diversidad sexual y demás.
 
Hay un episodio con el Frente de Liberación Homosexual, que se pelean con ellos, ¿no? En la plaza diciéndole: “necesitamos hombres”.
 
Bueno, el famoso “no somos putos, no somos faloperos, somos soldados de las FAR y Montoneros”. Lo que pasa ahí también es que, en la medida en que la represión se vuelve más violenta, más sistemática y más ilegal, aparece el dilema de cómo enfrentar la tortura, que era un dilema muy complejo. Ellos primero establecen una regla que tenían otros que era aguantar 48 horas para que la organización pudiese ver cómo poner a resguardo a las personas o las casas operativas que pudiesen quedar al descubierto. Después empiezan con que la tortura se puede aguantar en cualquier momento y circunstancia. Y al final establecen repartir la pastilla de cianuro como método para que no cayeran vivos y eventualmente que no hablaran con la tortura.
 
Vos en varios pasajes del libro mencionás juicios revolucionarios, como el de Quieto.
 
Fue el más emblemático. Era el número 2 de la organización, es uno de los primeros desaparecidos en democracia. O sea, eso muestra también como ya estaba muy montado el aparato represivo. Es diciembre del ‘75 y lo secuestran y nunca más aparece. Pero así y todo ellos le hacen un juicio revolucionario y lo condenan a muerte. Y a partir de ahí empieza la decisión de repartir la pastilla de cianuro.
 
Había debates internos también por la plata de Montoneros.
 
Sí, ahí también empieza toda esa discusión, sobre todo después de ‘75. Montoneros tenía mucha plata vinculada al secuestro de los hermanos Born. Entonces Galimberti empieza a decir: “Bueno, hay que repartir plata porque la vuelta a la clandestinidad dejó a los obreros vinculados a la Juventud Trabajadora Peronista”, que eran los vinculados a Montoneros o a La Tendencia que eran conocidos en la fábrica, muy expuestos. Muchos de las listas de desaparecidos son trabajadores obreros y entonces también esa fue otra discusión, ¿no? La cúpula se va al exilio a fines de ‘76 y ya de entrada arranca una pelea fuerte con Galimberti planteando que hay que proteger a los que se quedaron en el país, que eran cada vez menos.
 
Juan Gelman habla de que había un “sectarismo maníaco” en la cúpula que dirigía Firmenich. ¿Había una cuota de locura dentro de Montoneros?
 
Hay un grado creciente de desconexión con la realidad de lo que estaba realmente pasando. O sea, creo que Walsh hace una advertencia. A él lo matan a comienzos del ‘77, pero ya a fines del ‘76 venía diciendo “nos están masacrando”. Y ahí Firmenich, en un famoso reportaje con García Márquez, dice: “Bueno, hicimos nuestros cálculos de guerra...”, como diciendo que la pérdida de mil y pico de combatientes estaba en el costo que estaban dispuestos a asumir. El costo fue mucho mayor y ni hablar después con la contraofensiva, con la idea de que alcanzaba con hacer algunos atentados para mostrar que la dictadura estaba frágil y que ellos seguían vigentes, como provocar un alzamiento popular en el ‘79 y el ‘80. Terminó con otra masacre.
 
La contraofensiva fue una crónica de un suicidio anunciado, ¿no?
 
Me parece que una cosa también fue Montoneros en tanto organización militar y ese devenir que tuvo cada vez más aislado de la realidad. Y otra cosa fue claramente el momento inicial, de masiva movilización de los años del camporismo hasta la vuelta de Perón.
 
Montoneros de repente quedó en la nada. Era la cúpula y nada.
 
Sí, porque era la cúpula insistiendo desde La Habana, en un momento donde ya la militarización había llegado al punto de exigir el uso de uniformes, en un contexto en Argentina en que un papel te incriminaba.
 
Sí, sí. Ponerse una boina y un brazalete...
 
Eran condiciones de absoluta clandestinidad acá en la Argentina. Habían salido las denuncias de las organizaciones internacionales de Derechos Humanos en el ‘78, los primeros sobrevivientes de los centros clandestinos empezaban a dar una dimensión de lo que era realmente el aparato represivo que habían montado las tres fuerzas armadas y que excedía mucho, digamos, lo que era el combate a las guerrillas, que rápidamente ya a comienzos del ‘77 el propio Videla dice: “Terminamos con la amenaza a la subversión”. En el ‘78, en el Mundial, seguía la ESMA funcionando, pero en el ‘79 y el ‘80, cuando deciden la contraofensiva, ahí ya había mucha evidencia de la fortaleza del aparato represivo. Hubo preparativos en México, en España, entrenaron algunos en el Líbano y todo, era muy expuesto también en términos de la difusión que eso tenía en los círculos del exilio.
 
¿Cómo explicás eso?

Firmenich dice que él ha sido demonizado y yo creo que uno de los problemas también para conversar sobre Montoneros es que tenga un jefe como Firmenich, que Firmenich haya tenido el grado de dificultad que tiene para conversar en términos democráticos. Él seguramente va a justificar en su contexto lo que pasó porque fue protagonista de eso, pero la forma en que lo plantea genera incluso mucho rechazo entre muchos ex montoneros, en términos de ser frío, calculador y poco empático con las muertes propias. Porque ahí hay mucho dolor, mucha muerte, mucho sacrificio, de gente que creyó en ese contexto que tomar las armas era el camino para una sociedad mejor.