14 de enero de 2026

Exabruptos, confidencias y revelaciones (XXXVII)

LUDWIG VON MISES
Economista austríaco (1951)
 
“El capitalismo no puede sobrevivir a la abolición del beneficio. Son el beneficio y la pérdida los que obligan a los capitalistas a emplear su capital para prestar el mejor servicio posible a los consumidores. Son la ganancia y la pérdida las que hacen que las personas supremas en la conducción de los negocios sean las más aptas para satisfacer al público. Si se suprime el beneficio, se produce el caos. (…) Los enormes beneficios del capitalismo son la prueba del buen servicio prestado al abastecer a los consumidores. Las pérdidas son la prueba de los errores cometidos, de la incapacidad de realizar satisfactoriamente las tareas que incumben a un empresario. La riqueza de los empresarios de éxito no es la causa de la pobreza de nadie; es la consecuencia del hecho de que los consumidores están mejor abastecidos de lo que habrían estado en ausencia del esfuerzo del empresario. La penuria de millones de personas en los países atrasados no es causada por la opulencia de nadie; es el correlato del hecho de que su país carece de empresarios que hayan adquirido riquezas. El nivel de vida del hombre común es más alto en los países que cuentan con el mayor número de empresarios ricos. Es del mayor interés material de todos que el control de los factores de producción se concentre en manos de quienes saben utilizarlos de la manera más eficiente”.



AYN RAND
Filósofa y escritora estadounidense (1974)
 
“Supongamos que los nativos americanos eran salvajes inocentes, cosa que desde luego no eran. ¿Por qué luchaban y se oponían a la presencia del hombre blanco en este continente? ¿Por el derecho a continuar una existencia primitiva? ¿Por su derecho a dejar una parte de la tierra intacta, sin usar, sin siquiera tener propiedad, pero mantener a todo el mundo fuera para que puedan vivir prácticamente como animales, o tal vez un par de niveles más arriba? (…) Los aborígenes americanos no tenían el concepto de propiedad ni derechos de propiedad y deseaban continuar con una existencia primitiva. Las tribus indígenas no tenían derecho a la tierra en la que vivían porque no tenían una sociedad sedentaria y tenían 'culturas' tribales predominantemente nómadas. Cualquier hombre blanco que trajera el elemento de la civilización tenía el derecho de dominar este país”.
 
 
 
WALTER BLOCK
Economista estadounidense (1976)
 
“Quien contrata niños es tan amable y benevolente como cualquier otra persona, y está tan lleno de las virtudes de la bondad humana como los demás. Es más, la institución del trabajo infantil es honorable y poseedora de una espectacular trayectoria de buenas obras, y los malos de la película no son los que contratan niños, sino los que prohíben el mercado libre de trabajo infantil. (…) Prohibir las actividades de los vendedores de heroína daña no sólo a las partes potenciales del intercambio, sino que puede perjudicar seriamente a terceros. Un ejemplo evidente es la prohibición de las actividades del vendedor de heroína. Además de perjudicar al vendedor y al cliente, la prohibición de la venta de heroína es responsable de una alta proporción del crimen cometido en nuestra sociedad, de la corrupción policial y, en muchas áreas, del colapso general del orden público. Deberíamos considerar heroica la figura del narcotraficante. Sólo el vendedor de heroína, al actuar para bajar los precios, incluso con un riesgo personal considerable, salva vidas y alivia en cierta medida la tragedia”.
 
 
 
FRIEDRICH VON HAYEK
Economista austríaco (1978)
 
“Mi preferencia personal se inclina hacia una dictadura liberal y no hacia un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente. En los tiempos modernos ha habido numerosas instancias de gobiernos autoritarios bajo los cuales las libertades democráticas estaban más seguras que bajo las democracias. (…) Una democracia nunca puede crearse, sino debe ser el producto de la decisión autoritaria de unos pocos. Después de todo, algunas democracias han sido posibles sólo por el poder militar de algunos militares. (…) La democracia necesita de una buena limpieza por un gobierno fuerte. (…) Todo acto de gobierno tiene que hacerse sagrado y quedar exento de toda crítica. No es difícil privar de independencia de pensamiento a la gran mayoría. Pero también hay que silenciar a la minoría que conservará una inclinación hacia la crítica”.
 
 
 
JAVIER MILEI
Presidente de Argentina (2025)
 
“La mejor política pública es achicar el Estado. El Estado del bienestar es la peor forma de gastar dinero. (…) La justicia social es una cosa de ladrones. Implica un trato desigual frente a la ley precedido por un robo. (…) El capitalismo es el único sistema que es justo. El mercado es un proceso de cooperación social. (…) Una idea no necesita ser verdadera para llegar lejos, necesita ser atractiva. Nuestras armas son ni más ni menos que nuestras ideas. (…) Quiero dejar en claro una de las grandes falacias y mentiras de la política, cuando dicen esa mentira de que la obra pública genera trabajo. Eso es falso, porque hay que financiarla con impuestos o emisión monetaria que deriva en inflación. El empleo que se crea es empleo que se destruyó en otras áreas de la economía. La obra pública no genera puestos de trabajo sino impuestos. (…) A veces a los seres humanos nos gusta que nos mientan y nos prometan prosperidad a costo cero”.
 
 
 
SCOTT BESSENT
Secretario del Tesoro de Estados Unidos (2025)
 
“Argentina merece el apoyo del FMI porque el país está logrando avances reales en el cumplimiento de los índices financieros. Estados Unidos apoya los esfuerzos del FMI para ayudar al país a restablecerse financieramente. (…) Usamos nuestro balance financiero para estabilizar el gobierno de Argentina, uno de nuestros grandes aliados en América Latina, en su momento de crisis con una presión de iliquidez aguda, a corto plazo y urgente sobre la estabilidad cambiaria y financiera. No transferimos, pusimos a disposición mucho crédito, una pequeña parte fue activada e hicimos una ganancia. No se trató de un salvataje, porque en un salvataje no se gana dinero y nosotros ganamos dinero. (…) Estabilizar a un fuerte aliado estadounidense, y generar decenas de millones en ganancias para los estadounidenses, es un gran logro de la iniciativa ‘América Primero’. Marcar el rumbo para América Latina, una Argentina fuerte y estable que contribuya a consolidar un hemisferio occidental próspero, es sin duda lo mejor para nosotros”.



JOSÉ ANTONIO KAST
Presidente electo de Chile (2025)
 
“Soy una persona demócrata, soy un hombre que siempre tiene esperanza y siempre digo que la naturaleza del ser humano está de parte nuestra y que también es de sentido común. (…) El Congreso es importante, pero no tan importante como muchos creen. Tiene que iniciarse un nuevo ciclo en la política, donde se deje de lado lo políticamente correcto. (…) Nuestras ideas ya ganaron: ganaron en Estados Unidos, en Italia, en Argentina. (…) Si Pinochet estuviera vivo votaría por mí. El régimen militar fue un mal necesario para salvar a Chile del comunismo. El pinochetismo dejó a Chile un progreso económico después de cuarenta años”.



MARCO RUBIO  
Secretario de Estado de Estados Unidos (2026)
 
“Este es nuestro hemisferio. Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos y no vamos a permitir que el hemisferio occidental se convierta en una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos, no me importa lo que diga la ONU. (…) Lo que más nos importa es la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Estados Unidos, y eso es en lo que ante todo nos vamos a centrar. (…) Una de mis prioridades es asegurarme que la política extranjera de Estados Unidos sea una política en la cual es mejor ser amigo que enemigo, es garantizar que tengamos una política exterior en la que seamos fuertes y prestemos apoyo a nuestros aliados. (…) Creo que el mundo es un lugar más seguro y mejor cuando Estados Unidos es la potencia militar más fuerte del mundo”.



DONALD TRUMP
Presidente de Estados Unidos (2026)
 
“La Doctrina Monroe es algo importante, la superamos por un montón. Nos olvidamos de eso, pero ya no nos olvidaremos. La prevalencia en el hemisferio occidental ya no será dejada de lado. Bajo nuestra administración vamos a restablecer el poder de Estados Unidos en la región. Están volviendo a nosotros. Los países nos llaman, me besan el culo, están muriéndose por llegar a un acuerdo. (…) La Corte Suprema sólo tiene poder para restringir mi agenda de política interna -desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles- en determinadas circunstancias. (…) Mi único límite es mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el derecho internacional”.



ALEJANDRA MONTEOLIVA
Ministra de Seguridad Nacional de Argentina (2026)
 
“Lo que está ocurriendo en Chubut es lamentable. Estos incendios están destruyendo bosques, infraestructura y poniendo en riesgo a la población. Puede tratarse de una fogata mal apagada o de una colilla de cigarrillo, pero también de acciones deliberadas. Prender fuego no es un error: es un delito grave. En la zona se investigan hechos deliberados e intencionales para iniciar el fuego con posible vinculación a grupos terroristas autoproclamados mapuches, con antecedentes probados de atentados contra la seguridad pública y la propiedad privada, bajo la modalidad de terrorismo ambiental. (…) El Ministerio de Seguridad Nacional identificará, detendrá y llevará a la Justicia a los responsables. Cualquiera que provoque un incendio, la va a pagar, no habrá excepciones. A quienes provocaron los focos ígneos que devastan amplias zonas del sur argentino los vamos a buscar y los vamos a encontrar. Porque en Argentina, el que las hace las paga”

12 de enero de 2026

Mozart, el incansable viajero

El genial músico austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) vivió algo menos de treinta y seis años, esto es exactamente trece mil noventa y siete días, de los cuales tres mil setecientos veinte los pasó viajando, es decir, algo más de diez años. Este cálculo se basa en las estimaciones cimentadas en las numerosas cartas escritas por el propio Mozart y otros documentos auténticos que se conservan en la Internationale Stiftung Mozarteum (Fundación Mozarteum Internacional) ubicada en Salzburgo, Austria, la cual se encarga de salvaguardar el legado cultural del compositor más prolífico de la historia, autor de obras maestras como “Die hochzeit des Figaro” (Las bodas de Fígaro), “Die entführung aus dem serail” (El rapto del serrallo), “Der bestrafte wüstling oder Don Giovanni” (Don Giovanni, el libertino castigado) o “Die zauberflöte” (La flauta mágica).
Su primer viaje lo llevó a Munich y se efectuó entre el 12 de enero y el 5 de febrero de 1762, cuando Mozart tenía apenas seis años de edad. Lo hizo acompañado por su padre Leopold Mozart (1719-1787), un compositor, violinista y profesor de música que formó a su hijo en el dominio de instrumentos como el piano y el violín, su madre Anna Maria Pertl (1720-1778) y su hermana Nannerl Mozart (1751-1829), también tecladista. Allí, junto a su padre y su hermana, dio un concierto en la corte del príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico Maximilian Joseph von Bayern (1727-1777), quien gobernaría bajo el nombre de Maximiliano III a partir de 1745. Luego, acompañado por su familia, entre el 18 de septiembre de ese mismo año y el 5 de enero de 1763 viajó a Viena. También junto a su padre -por entonces violinista y compositor de la corte del arzobispo de Salzburgo Sigismund von Schrattenbach (1698-1771)- y su hermana, allí asombró a la aristocracia y la realeza al mostrar su prodigioso dominio de dichos instrumentos en un concierto dado en la corte imperial del archiduque Joseph von Österreich-Lothringen (1740-1790) quien, bajo el nombre de José II sería sucesivamente emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría y rey de Bohemia.
Apenas cinco meses más tarde emprendió el que sería su más extenso periplo. Así, el 9 de junio partió hacia París, Londres, La Haya y Munich, ciudades todas ellas en las que interpretó sonatas para violín y clavicordio. En la capital francesa la familia fue recibida en el Palacio de Versalles, donde el pequeño Mozart tuvo la oportunidad de besar la mano de la reina consorte María Leszczyńska (1703-1768). Luego, en la capital inglesa, él y su hermana tocaron para el rey George William de Hannover (1738-1820) -quien reinó a Gran Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge III- y también ofrecieron conciertos periódicos en la famosa taberna Swan and Harp Tavern ubicada en el barrio de Cornhill. Durante su estadía en Londres, con tan sólo ocho años de vida, compuso la “Sinfonie Nr. 1 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 1 en Mi bemol mayor). Poco después, en la capital de los Países Bajos deslumbró tocando el órgano y compuso su primer oratorio: “Die schuldigkeit des ersten gebotes” (La obligación del primer mandamiento).
Tras pasar otra vez por París y luego por Zúrich, el mayor núcleo urbano suizo, y por las ciudades alemanas de Donaueschingen y Múnich cosechando grandes éxitos, la familia regresó a Salzburgo el 29 de noviembre de 1766. Después de casi un año en la ciudad, padre e hijos viajaron entre el 11 de septiembre de 1767 y el 5 de enero de 1769 a Viena, a Olmütz y finalmente a Brno, donde junto a su hermana dio un concierto en el renombrado Divadlo Reduta (Teatro Reduta). Luego, entre el 13 de diciembre de este último año y el 28 de marzo de 1771, lo hicieron a Milán, Roma, Nápoles, Venecia y Bolonia. En esta última ciudad conoció al célebre músico y teórico Giovanni Battista Martini (1706-1784) y fue aceptado como miembro de la Accademia Filarmonica di Bologna (Academia Filarmónica de Bolonia), la que por entonces era considerada el centro de la erudición musical. Lo más llamativo de este nombramiento fue que a Mozart todavía le faltaban seis años para cumplir los veinte años, la edad mínima que exigía el reglamento de la institución cultural boloñesa fundada en 1666.


A Milán volvió en dos oportunidades, entre el 13 de agosto y el 15 de diciembre de 1771, y entre el 24 de octubre de 1772 y el 13 de marzo de 1773. Allí escribió la ópera “Mitridate, Re di Ponto” (Mitrídates, Rey de Ponto). Luego actuó en Viena, donde residió desde el 14 de julio hasta el 26 de septiembre de 1773. Allí, en la capital austríaca, dio un concierto en el Spiegelsaal (Salón de los Espejos) del Schloss Schönbrunn (Palacio de Schönbrunn), la residencia veraniega de la realeza, y después, entre el 6 de diciembre de 1774 y el 7 de marzo del año siguiente actuó en Munich, ciudad en la que estrenó su ópera “La finta giardiniera” (La falsa jardinera). Luego, de regreso a su ciudad natal, trabajó hasta mediados de 1777 como Konzertmeister (Maestro de conciertos) de la corte del príncipe arzobispo Hieronymus Colloredo (1732-1812) y compuso sus únicos cinco conciertos para violín y la “Symphonie Nr. 51 in D-Dur” (Sinfonía n.º 51 en Re mayor).
Viajó nuevamente a París el 14 de marzo de 1778 en compañía de su padre, quien buscó la posibilidad de establecerlo como organista y primer violinista en Versalles. Pero Mozart no estaba demasiado interesado con ese nombramiento a pesar de que la situación económica de la familia era delicada. En el mes de junio se estrenaron en París su “Sonate Nr. 8 in A-moll” (Sonata para piano n.º 8 en La menor) y su “Sinfonie Nr. 31 in D-Dur” (Sinfonía n.º 31 en Re mayor). Poco después, el 3 de julio, fallecía su madre y tras su descontento con el ofrecimiento laboral, el 26 de septiembre partió hacia Mannheim, donde se relacionó con miembros de la orquesta de la Mannheimer Schule, el círculo de músicos de la corte del conde Karl Theodor (1724-1799). Luego fue a Múnich y finalmente regresó a París el 15 de enero de 1779, donde aceptó el puesto de organista y primer violinista de la corte que le habían ofrecido.
El 5 de noviembre de 1780 partió hacia Munich, donde el 29 de enero de 1781 estrenó en el teatro Cuvilliés de la Residenz su ópera “Idomeneo, re di Creta” (Idomeneo, rey de Creta), y luego siguió viaje hacia Viena adonde llegaría el 16 de marzo de 1781 y fijaría su residencia durante dos años. Allí conoció al compositor austríaco Joseph Haydn (1732-1809), quien era considerado el “padre de la sinfonía” y el “padre del cuarteto de cuerda” gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. Con el autor de la célebre trilogía sinfónica conformada por la “Sinfonie Nr. 6 in D-Dur. Der Morgen” (Sinfonía n.º 6 en Re mayor. La mañana), la “Sinfonie Nr. 7 in C-Dur. Der Mittag” (Sinfonía n.º 7 en Do mayor. El mediodía) y la “Sinfonie Nr. 8 in G-Dur. Der Abend” (Sinfonía n.º 8 en Sol mayor. La tarde), Mozart interpretó varios cuartetos de cuerdas improvisados. En los años siguientes le dedicó seis cuartetos de cuerda conocidos actualmente como los “Haydn Quartette” (Cuartetos de Haydn).
Durante esos dos años se interiorizó en las obras de los compositores Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Georg Friedrich Händel (1685-1761) gracias al barón Gottfried Van Swieten (1733-1803), un aristócrata neerlandés que poseía una amplia biblioteca de partituras de los dos maestros. Entre las obras que Mozart estudió se encontraban los oratorios “Der triumph der zeit und der ernüchterung” (El triunfo del tiempo y del desengaño), “Die auferstehung” (La resurrección) y “Die wahl des Herkules” (La elección de Hércules) de Händel y “Das wohltemperierte klavier” (El clavecín bien temperado) de Bach. De ellos asimiló los modos de composición y los fusionó con el suyo.


Estando en Viena también contrajo matrimonio con la soprano Constanze Weber (1762-1842) con la que tendría seis hijos y quien se convertiría en una figura clave en la preservación del legado musical de su esposo. Desde Viena partió para actuar en su ciudad natal durante julio y noviembre de 1783, y allí compuso “Grosse messe in C-Moll” (Gran misa en do menor) la que, aunque inconclusa, fue estrenada en Salzburgo con su esposa como primera soprano solista. Luego pasó por Linz donde, a pedido del archiduque Johann Anton von Thun und Hohenstein (1711 - 1788), compuso en seis días la “Sinfonie Nr. 36 in C-Dur” (Sinfonía n.º 36 en Do mayor), la cual se estrenó el 4 de noviembre en la insigne sala Ballhaus dirigida por el propio compositor.
Cuatro años después viajó a Praga en dos ocasiones, entre el 9 de enero y el 8 de febrero de 1787, y entre el 1 de octubre y el 12 de noviembre del mismo año. Allí compuso la “Sinfonie Nr. 38 in D-Dur” (Sinfonía n.º 38 en Re mayor), y el 29 de octubre de 1787 estrenó con un enorme éxito la citada ópera “Don Giovanni” en el “Stavovské divadlo” (Teatro Estatal). Su padre no pudo asistir al estreno ya que había fallecido el 28 de mayo de 1787. Luego, en diciembre de ese año, fue designado a tiempo parcial -para que compusiera obras para los bailes anuales en el palacio imperial- con unos ingresos modestos por el antes mencionado emperador José II como “kammermusicus” (compositor de cámara), un puesto que había quedado vacante el mes anterior tras la muerte del compositor Christoph Willibald Gluck (1714-1787) quien fuera un gran reformista de la ópera realizando cambios muy influyentes en la música del siglo XVIII, algo notable en sus óperas “Orfeo ed Euridice” (Orfeo y Eurídice), “Iphigénie en Tauride” (Ifigenia en Táuride) y “Alceste” (Alcestes).
En esa época la guerra ruso-turca generó la reducción de las remuneraciones de todos los músicos ya que el estatus económico de la aristocracia, que los financiaba, se había reducido. Por esa razón Mozart se trasladó a mediados de 1788 junto a su esposa y sus cuatro hijos desde el centro de Viena a un alojamiento más económico en el barrio periférico de Alsergrund. Por entonces no sólo compuso la “Sinfonie Nr. 39 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 39 en Mi bemol mayor), la “Sinfonie Nr. 40 in G-Moll” (Sinfonía n.º 40 en Sol menor) y la “Sinfonie Nr. 41 in C-Dur” (Sinfonía n.º 41 en do mayor), sino que también cada vez más frecuentemente comenzó a pedirle prestado dinero a su amigo el comerciante Johann Michael von Puchberg (1741-1822) debido a su endeble situación económica, una situación que lo sumió en una profunda depresión.
Aproximadamente en ese período, Mozart realizó una serie de largos viajes con la esperanza de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y a Fráncfort, Mannheim y otras ciudades alemanas en 1790. Estos viajes solo produjeron éxitos aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia. En Leipzig ofreció un concierto en la sala Gewandhaus, un lugar que se haría famoso en el siglo siguiente gracias a la actuación de célebres compositores como Carl Maria von Weber (1786-1826), Hector Berlioz (1803-1869), Franz Liszt (1811-1886) y Johannes Brahms (1833-1897), entre otros. En Dresde dio algunos conciertos acompañado por el organista Anton Teyber (1756-1822) y el violonchelista Anton Kraft (1749-1820), y en Berlín, según algunas versiones no fue bien recibido por el rey Friedrich Wilhelm II (1744-1797) por lo que no pudo actuar, y según otras fue invitado a componer sonatas para piano para la princesa Friederike von Preußen (1767-1820), entre las que se le adjudica la “Sonate Nr. 18 in D-Dur” (Sonata n.º 18 en Re mayor), algo que se ha puesto en duda, así como el hecho de que recibiera algún pago por ella.


Luego en Frankfurt asistió a la coronación de Leopold II von Habsburg-Lothringen (1747-1792) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y los dos conciertos para piano que dio tuvieron poca asistencia y fueron un fracaso financiero. El 24 de octubre de 1790 asistió al estreno de su ópera “Las bodas de Fígaro”. Desde el 8 de abril hasta el 4 de junio de 1789 le duró su viaje a Berlín, y desde el 23 de septiembre hasta el 10 de noviembre de 1790 su paso por Frankfurt. De todas maneras, tras su regreso a Viena, aparecieron patrocinadores que le ofrecieron pagos por sus composiciones. Por entonces compuso el “Konzert in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) y el “Requiem in d-Moll” (Réquiem en Re menor), lo que mejoró su situación económica y ya no tuvo que pedir préstamos. Fueron exitosas las presentaciones de “La flauta mágica”, de la “Kleine freimaurer kantate in C-Dur” (Pequeña cantata masónica en Do mayor) y del “Klavierkonzert Nr. 27 in B-Dur” (Concierto para piano n.º 27 en Si bemol mayor).
El 25 de agosto de 1791 partió hacia Praga, en el que sería su último viaje, que le llevó hasta el 15 de septiembre de ese año. Allí estrenó su ópera “Die milde des Titus” (La clemencia de Tito) en el Národní Divadlo (Teatro Nacional) el 6 de septiembre, unos pocos días antes de su regreso a Viena. Durante su estadía en Praga empezó a declinar su salud. No obstante ello, al regresar a Viena todavía tuvo tiempo de componer el “Konzert für klarinette in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) antes de que, en octubre, su salud empeorara y tuviese que quedarse postrado en cama, sufriendo hinchazón, dolores y vómitos. Dos meses después, pasados apenas cincuenta y cinco minutos de la medianoche del 5 de diciembre de 1791 fallecería prematuramente.
Lo más notable es que, durante el ajetreo impuesto por sus numerosos viajes, todavía le quedó tiempo para escribir seiscientas veintiséis composiciones, dejando otras inconclusas. Hay que tener en cuenta que, por entonces, las condiciones del viaje eran muy distintas a las actuales: los carruajes apenas cubrían una distancia de unos seis kilómetros por hora y tenían que hacer paradas cada veinticinco kilómetros en las postas del camino para cambiar los caballos, lo que duraba aproximadamente dos horas. Además, había que hacer frente a los malos caminos, los bandidos, los pésimos alojamientos, húmedos y sucios, aunque -como rezaba un dicho de la época- los mayores riesgos del viaje eran “el vino, las mujeres y el juego”.
A pesar de su fama y del reconocimiento de sus contemporáneos, Mozart murió a consecuencia de una dolencia renal crónica en la más absoluta miseria. Tras un funeral en la Domkirche St. Stephan (Catedral de San Esteban) su cadáver fue enterrado en una fosa común sin lápida en el Sankt Marxer Friedhof (Cementerio de San Marx) de Viena. Un biógrafo de Mozart, el historiador holandés Henrik Villen van Loon (1882-1944) en su libro “Arts” (Las artes) publicado en 1921 relató que, a causa de una lluvia torrencial durante el entierro, sus amigos no siguieron la comitiva fúnebre hasta el cementerio. Sólo un perro, “lleno de barro, sucio, se animó a seguir el cortejo hasta el cementerio, y fue, en consecuencia, el único caballero que presenció el día en que Mozart fue enterrado como un perro”.
Su amigo Joseph Haydn afirmaría tiempo después: “La posteridad no verá otra vez un talento como el de Mozart en cien años”. El 4 de septiembre de 1842 se inauguró en Salzburgo, su ciudad natal, una estatua conmemorativa realizada por el prestigioso escultor alemán Ludwig von Schwanthaler (1802-1848). La misma se encuentra ubicada en la Mozartplatz, una plaza así llamada en su honor que se encuentra ubicada en el casco antiguo de la ciudad, la cual hoy en día es una de las atracciones turísticas más famosas de Salzburgo.

3 de enero de 2026

Cuentos selectos (XXXVIII). Jerome K. Jerome: “El tío Podger cuelga un cuadro”

Jerome K. Jerome (1859-1927) fue un novelista y dramaturgo inglés que se destacó en el género humorístico. Nacido en Caldmore, un pequeño suburbio del municipio metropolitano de Walsall ubicado en el centro de Inglaterra, siendo pequeño se estableció con sus padres, sus dos hermanas y un hermano en Londres, donde su padre ferretero se dedicó con mala fortuna a la arquitectura, lo que llevó a la familia a vivir en la pobreza. Hasta los catorce años cursó sus estudios en la St. Marylebone Grammar School, pero la muerte de sus padres en 1872 lo obligó a abandonar la escuela secundaria y a encontrar un trabajo con que mantenerse. Su primer empleo fue en la compañía ferroviaria London and North Western Railway, donde trabajó durante cuatro años recogiendo los pedazos de carbón que caían en las vías. Luego, inspirado por una de sus hermanas, se unió a una pequeña compañía teatral que producía obras con un presupuesto mínimo que dependía de los exiguos recursos de sus propios actores. Durante los años siguientes fue empleado de un bufete de abogados e intentó ser periodista escribiendo artículos satíricos, pero no tuvo éxito en ninguna de estas ocupaciones.
Por entonces ya se había apasionado por la literatura y escribía sus primeros textos. En 1885 consiguió algo de éxito con “On the stage and off. The brief career of a would be actor” (En el escenario y fuera de él. La breve carrera de un aspirante a actor), sus memorias sobre el tiempo que pasó trabajando para la compañía de teatro, cuya difusión le abrió las puertas a la publicación de más obras. Comenzó publicando ensayos humorísticos en la revista “Home Chimes”, los cuales serían reunidos en 1886 en “Idle thoughts of an idle fellow (Los ociosos pensamientos de un ocioso). Dos años más tarde, tras contraer matrimonio comenzó a escribir “Three men in a boat (to say nothing of the dog)” (Tres hombres en una barca (sin contar el perro)), una novela en tono de comedia humorística que apareció en 1889 y lo convirtió en una persona famosa y acaudalada.
En 1892 fundó junto a los escritores británicos Robert Barr (1849-1912) y George Brown Burgin (1856-1944) la revista mensual ilustrada “The Idler”, en la cual colaboraron escritores como Mark Twain (1835-1910), Francis Bret Harte (1836-1902) y Eden Phillpotts (1862-1960) y tuvo un éxito notable. Y al año siguiente fundó y dirigió el semanario “To-Day”, una revista también muy exitosa en la que, centrado en la vida cotidiana y en la observación social, consolidó su reputación como humorista popular. Por entonces se incorporó a la élite literaria y trabó amistad con reconocidos escritores como James M. Barrie (1860-1937), Rudyard Kipling (1865-1936) y Herbert G. Wells (1866-1946).Posteriormente publicó, entre otras obras, novelas como The diary of a pilgrimage (Diario de una peregrinación) y “All roads lead to Calvary” (Todos los caminos conducen al Calvario); relatos cortos como “The philosopher's joke” (La broma del filósofo) y “The dancing partner” (La compañera de baile); obras teatrales como “The passing of the third floor back” (El huésped del tercer piso) y “The great gamble” (La gran apuesta); y ensayos como “The angel and the autor” (El ángel y el autor) y “American wives” (Esposas americanas).
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial se presentó como voluntario al servicio activo, pero fue rechazado debido a su avanzada edad. Posteriormente, se alistó en el ejército francés como conductor de una ambulancia en el frente occidental. Esa experiencia bélica lo llevó a escribir poco antes de fallecer su autobiografía bajo el título “My life and times” (Mi vida y mis tiempos). Tras su muerte fue incinerado en Golders Green, un barrio del municipio de Barnet al norte de Londres, y sus cenizas fueron depositadas en la iglesia Saint Mary de Ewelme, una aldea ubicada en el condado de Oxfordshire. Con el correr de los años, su obra ha sido traducida a numerosos idiomas, pero como él mismo dijo: “El público persiste en recordarme como el autor de ‘Tres hombres en una barca’”.
“Tres hombres en una barca (sin contar el perro)” fue la novela con la que alcanzó una gran popularidad y le valió el reconocimiento internacional. Sólo en los primeros veinte años desde su aparición, el libro vendió más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Para escribirla se basó en sus frecuentes navegaciones por el río Támesis junto a sus amigos George Wingrave (1862-1941) y Carl Hentschel (1864-1930). En la novela aparecieron como George y Harris, respectivamente y él mismo como J. El único personaje que no era real fue el perro Montmorency. A mediados la década de los ’70 del siglo XIX, en tiempos en que el Reino Unido era gobernado por la reina Alexandrina Victoria (1819-1901), el Támesis se había convertido en un lugar de recreo, un gran ambiente de esparcimiento, y navegar por sus aguas se volvió una moda para los londinenses hasta tal punto que el número de barcas registradas para navegarlo creció enormemente en aquellos años. “Al principio -recordaría Jerome años después- teníamos el río casi para nosotros solos, y a veces organizábamos un viaje de tres o cuatro días o una semana, disfrutando de la vida con estilo y acampando”.
Por esa razón se propuso escribir “La historia del Támesis”, centrándose en el paisaje y la historia del río con pasajes de humor. Tras escribir una docena de fragmentos de la historia, fue Frederick W. Robinson (1830-1901), el novelista y editor de la revista “Home Chimes” donde había publicado por entregas los capítulos de “Los ociosos pensamientos de un ocioso”, quien le propuso que buscara un título mejor. Tal como recordó en sus memorias, “a mitad de camino, me topé con ‘Tres hombres en una barca’, porque nada me parecía más adecuado”. La narrativa “Uncle Podger hangs a picture” (El tío Podger cuelga un cuadro), que apareció como cuento en numerosas antologías, es un extracto precisamente de esa novela. En el capítulo III, Jerome escribió: “A la noche siguiente, nos reunimos de nuevo para discutir y organizar nuestros planes. Harris dijo: ‘Ahora, lo primero que tenemos que decidir es qué llevarnos. J, ahora toma un papel y anota, y George, toma el catálogo de la compra y que alguien me dé un lápiz para hacer una lista’. Así es Harris en todo sentido: tan dispuesto a asumir todo el peso él mismo y ponerlo sobre las espaldas de otras personas. Siempre me recuerda a mi pobre tío Podger. Estoy convencido, y este convencimiento no dejo de expresarlo a menudo, de que cuando Harris envejezca pertenecerá a la misma clase de persona que mi tío”.
 

Jerome K. Jerome, conocido como J en la novela, recordó en ese extracto convertido en cuento, un episodio humorístico basado en los intentos de su tío Podger de colgar un cuadro, una tarea sencilla para la cual se mostró completamente incapaz y responsabilizó a toda la familia. Lo que sigue es la versión literal de la historia tal cual apareció en la novela. En otras antologías fue publicado bajo el título “Colocar un cuadro es muy sencillo”, con algunas modificaciones en el texto en el que el personaje Podger es citado en tercera persona como “el señor Podger” y no en primera persona como “el tío Podger”.
 
EL TÍO PODGER CUELGA UN CUADRO
 
Jamás se ha visto en un hogar alguna conmoción semejante a la que sucedía en su casa cuando mi pobre tío Podger se disponía a hacer algo. Un día le trajeron un cuadro -de cuyo valor artístico prefiero no hablar- y en lugar de colocarlo en su sitio, como era de esperar, se limitaron a dejarlo en un rincón del comedor. La tía Podger, mujer eminentemente ordenada, preguntó que debía hacerse, y su marido respondió alegremente:
- No te preocupes querida, de eso voy a encargarme yo...
Inmediatamente procedió a despojarse de su chaqueta y comenzó sus actividades enviando a la criada a buscar dieciséis peniques de clavos y, al poco rato, apuró a uno de sus hijos para que la alcanzase y le recordase el tamaño específico de los clavos. Desde ese instante, la casa se convirtió en un pequeño manicomio.
- ¡Anda Willy, ve a buscarme el martillo! -gritaba el tío Podger- Tú, Tom, ¡tráeme la regla...! ¡Sí! ¡También necesitaré la escalera de mano!... ¡Y una silla de la cocina!... Jim, ve a la casa del señor Goggles y dile así: “Papá lo saluda cordialmente y desea que su pierna haya mejorado. De paso le pregunta si puede usted prestarle su nivel”. Tú, Mary, no te muevas, quédate aquí, necesito que alguien me sostenga la lámpara. Ah, cuando la criada regrese que vaya a comprar un cordel... Tom, ¿dónde está Tom? Tom, ven aquí, alcánzame el cuadro.
Tomó el cuadro, que se le resbaló de las manos, e intentando evitar la rotura del cristal sólo consiguió cortarse. Lleno de furor dio vueltas buscando su pañuelo, que no encontraba pues lo llevaba en el bolsillo de la chaqueta que se había quitado para trabajar y cuyo paradero ignoraba. Toda la familia se vio obligada a dedicarse a su búsqueda mientras el tío Podger, rezongando imprecaciones, no paraba de moverse en todas direcciones empujando a unos, tropezando con otros.
- ¿Es que en esta santa casa nadie sabe dónde está mi chaqueta? ¡En mi vida he visto gente más inútil! ¿Seis personas y no pueden encontrar una cosa que dejé hace menos de cinco minutos? No sé cuál es el más incapaz. ¡En nombre de...!
Al fin, cansado de andar, se sentó, levantándose en seguida de un salto:
- ¿Lo ven? ¡He tenido que ser yo quien la encontrara! -exclamó indignado-. ¡Y precisamente en esta silla donde acabo de sentarme...! ¡Cuando hay que buscar algo valdría más pedírselo al gato que a ustedes...!
Y después de perder media hora en vendarle la mano y encontrar otro cristal, y conseguir que las herramientas, la escalera y la silla estuviesen a mano, reanudaba su tarea. Todos,
incluyendo a la criada y a la asistenta, estábamos de pie, en semicírculo, dispuestos a ayudarle; dos personas sujetaban la silla, otra lo sostenía por las piernas, un cuarto ayudante le pasaba los clavos, y el que hacía el número cinco le daba el martillo. El tío Podger tomó el clavo por la punta -con el natural resultado de pincharse- y lo dejó caer.
- ¡Vaya...! -exclamó quejumbrosamente-. ¡Ya se me ha caído!
Nos pusimos de rodillas buscándolo afanosamente, mientras él seguía en la silla, gruñendo si es que pensábamos hacerle pasar toda la noche en semejante posición; finalmente apreció el clavo, más en ese instante el martillo desapareció misteriosamente.
- ¿Dónde está el martillo? ¿Qué he hecho con el martillo?... ¡Santo cielo! ¡Seis personas dando vueltas, con la boca abierta, y no saben lo que he hecho con el martillo! -decía indignado.
Encontramos el martillo y la situación pareció recobrar su anterior normalidad; empero entonces no distinguió la marca hecha en la pared, y tuvimos que subirnos a la silla, junto a él, a ver si la veíamos. Cada uno la descubría en un lugar diferente; nos llamó tontos, uno por uno, ordenándonos bajar; agarró la regla volvió a medir, lo que le dio como resultado que el lugar en cuestión debía ser a treinta y una y tres octavos de pulgada del rincón, e intentó hacer un cálculo mental. Por nuestra parte probamos calcular la distancia, más se obtuvieron tantos resultados como personas se encontraban en la habitación, lo que dio motivo para zaherirnos mutuamente. En la discusión que siguió, se olvidó el primer número y el tío Podger tuvo que medir de nuevo, utilizando en esta ocasión un trozo de cordel; y en el instante crítico, cuando el honorable anciano se balanceaba en la silla a un ángulo de cuarenta y cinco grados, queriendo llegar tres pulgadas más allá de lo posible, resbaló y cayó sobre el piano, lográndose un efecto maravillosamente musical, dada la exactitud con que todos los miembros de su cuerpo acariciaron el teclado. La tía Mary, avergonzada del vocabulario que su esposo reservó para semejante ocasión, protestó, añadiendo que espectáculos de esta clase eran contraproducentes para la pedagogía infantil.
Finalmente, el tío Podger, logró encontrar la famosa marca, apoyó encima un dedo de su mano izquierda, y asiendo el martillo con la derecha dio un golpe con todas sus fuerzas. Como era de esperar, el clavo no se hundió en la pared; en cambio, se oyó un grito de dolor y el ruido del martillo al caer sobre los pies de alguien.
- Querido Podger -dijo la tía Mary suavemente-, la próxima vez que tengas que colgar un cuadro, sería mejor que me lo avises con tiempo... Así lo tendré todo a punto para irme con los niños a casa de mamá mientras tú terminas de decorar nuestra casa...
- ¡Oh, ustedes las mujeres... lo complican todo! -repuso el tío Podger animándose- ¡Si yo disfruto haciendo cositas como éstas!
Volvió a probar suerte; al segundo golpe el clavo se hundió en el yeso arrastrando medio martillo, y tío Podger se precipitó contra la pared como si tuviese interés en aplastarse la nariz. Tuvimos que volver a buscar la regla y el cordel que, naturalmente, habían vuelto a extraviarse; se hizo un nuevo agujero y a eso de media noche el cuadro estaba colgado, aunque un poco torcido, mientras el aspecto de la pared era el de haber sufrido las constantes caricias de un gigantesco rastrillo, y todos nosotros, menos el tío Podger, teníamos el mismo aire de unos condenados a trabajos forzados.
- ¿Lo están viendo? -exclamó bajando pesadamente de la silla y pisarle los pies a la criada- ¡Si es facilísimo! Y pensar que mucha gente llamaría a un operario para una pequeñez como esta...