24 de marzo de 2026

La situación argentina al cumplirse el quincuagésimo aniversario del comienzo de la dictadura más sangrienta de la historia del país

El 24 de marzo de 1976 -con el apoyo de la burguesía y el clero- estalló un golpe militar que derrocó al gobierno constitucional que encabezaba María E. Martínez de Perón (1931). Para la ocasión, los bandidos que asaltaron el poder eligieron el pomposo nombre de “Proceso de Reorganización Nacional”. Algunos años antes se habían llamado “Revolución Libertadora” o “Revolución Argentina”; distintos nombres, distintas épocas, distintas circunstancias, pero un mismo hilo conductor en las sombras: el Departamento de Estado norteamericano.
En esta oportunidad, más que una interrupción al orden constitucional lo que se hizo fue blanquear la situación imperante en el país desde que un decrépito y senil general Juan D. Perón (18951974) delegara gran parte del poder a manos de sus adláteres más sanguinarios: José López Rega (1916-1989), José Ignacio Rucci (1924-1973) y Alberto Villar (1917-1974), entre otros, quienes al mando de siniestras bandas de asesinos, comenzaron la brutal represión de las mismas organizaciones revolucionarias que el propio líder había propiciado y alentado desde su exilio dorado en Madrid. Las fuerzas armadas, que ya habían militarizado el país mucho antes de aquel día, escudándose en el desgobierno que imperaba por entonces, perfeccionaron y extendieron las acciones represivas que culminarían con miles de desaparecidos. El saldo de los casi ocho años de gobierno militar fue desastroso: la deuda externa creció de manera exponencial, la economía quedó en bancarrota, se violaron todos los derechos humanos imaginables y se entró en una desproporcionada guerra contra Inglaterra y la Alianza Atlántica. Si los objetivos del Proceso eran los de preservar el modo de vida occidental y cristiano equivocaron el camino, ya que el Estado provee las herramientas legales y legítimas para conseguirlo sin necesidad de secuestrar, torturar y hacer desaparecer a sus adversarios. Tampoco era necesario robar bebés para luego privarlos de su identidad ni hurtar los bienes de los detenidos para luego venderlos en provecho propio. Para justificarse ante la sociedad por semejantes atrocidades, dijeron que la Nación estaba en guerra -lo que es opinable- y que se habían cometido algunos excesos. Si convalidamos la suposición de que hubo una guerra, entonces ¿por qué los ocultos Centros Clandestinos de Detención en lugar de los reglamentarios Lugares de Reunión de Prisioneros?, ¿por qué las torturas y tormentos seguidos de desapariciones en cambio de interrogatorios, partes de combate y listas de bajas y prisioneros?, ¿por qué meses antes de entregar el gobierno dictaron una ley de autoamnistía e incineraron toda la documentación que registraba los pormenores de la guerra sucia? Por otra parte, si los objetivos eran los de poner orden en la economía del país, también fallaron: hubo emisión descontrolada de moneda, derroches inadmisibles, enriquecimientos ilícitos, corrupción escandalosa, evasión fiscal, inflación, en fin, nada de lo que un argentino medio -occidental y cristiano- pueda sorprenderse. Medio siglo después, los resultados están a la vista: una sociedad totalmente fragmentada y casi sumisa, una juventud que oscila entre la indiferencia y la necedad, una cultura desbastada y estupidizada y la pérdida de cualquier indicio de soberanía que aún quedase en el país, ya que en ese entonces se sentaron las bases del nefasto plan económico que hoy otra vez está en vigencia. En ese sentido, el triunfo del Proceso fue evidente y, en muchos casos, su obra fue continuada por los sucesivos gobiernos civiles que le siguieron, ya fuesen liberales o populistas, los que poco y nada hicieron para modificar la miserable condición de nación subyugada al imperialismo transnacional. Mientras se pregona que desde hace algo más de cuarenta y dos años la Argentina vive bajo un sistema democrático, lo que realmente se está viviendo es un régimen autocrático respaldado por una plutocracia cada día más ambiciosa, un grupo de oligarcas que busca concentrar y aumentar sus riquezas en desmedro de las clases trabajadoras. Su líder es un presidente que desdeña la Constitución Nacional apelando a los decretos y a los vetos como herramientas para gobernar, burlándose así del sistema republicano, representativo y federal de gobierno al llevar adelante un régimen hiperpresidencialista que acumula todos los poderes.
Según lo que establece la Constitución Nacional, el sistema político debe dividirse en tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El primero de ellos tiene como misión tomar decisiones sobre la economía, la salud, la educación y la seguridad, administrar los recursos del Estado, nombrar ministros y otras autoridades, enviar proyectos de ley al Congreso y representar al país en el ámbito internacional. El segundo tiene a su cargo la deliberación, el debate y la sanción de leyes que defiendan los intereses generales de la sociedad, la fiscalización del gasto público y la supervisión de las acciones del gobierno. Por su parte el tercero tiene el deber de interpretar, aplicar y hacer cumplir las leyes, resolver conflictos jurídicos y garantizar los derechos de la ciudadanía.
Pues bien, en la actual Argentina, poco y nada de esas tareas se están cumpliendo en los tres poderes. Sabido es que la corrupción ha existido en el país, en mayor o menor medida, ya desde la época colonial. Pero hoy en día es descomunal. Las ciencias sociales aseveran que la corrupción política no sólo es ilegal sino también inmoral, dado que atenta contra el bien común y la justicia social. Sin embargo, el actual presidente afirma que la moral es el cimiento de su administración ya que ésta implica el respeto irrestricto a la libertad individual, a la propiedad privada y a el cumplimiento de las leyes. Suele destacar que, dada su “virtud ética y moral”, entre sus ideales está “la defensa del sistema capitalista de libre empresa”. Lo que no dice es que lo él denomina sus "ideales", no son más que las herramientas que utiliza para ejercer el poder como una posibilidad de aumentar y consolidar los intereses económicos propios y los de toda la camarilla que lo rodea, lo apoya y lo sostiene.


Discurso 1: “Se abre un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante en la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas”. Discurso 2: “Argentina está dejando atrás décadas de decadencia y se encamina hacia un modelo fundamentado en el respeto irrestricto por la propiedad privada, el equilibrio fiscal permanente y la apertura al comercio y la inversión”.
¿Son análogas estas prédicas? Pues sí, lo son. Lo único que las diferencia es la época en la que fueron anunciadas. La primera de ellas pertenece al ministro de Economía del Proceso de Reorganización Nacional José Alfredo Martínez de Hoz (1925-2013)durante su primer discurso del 2 de abril de 1976. La segunda fue proclamada por el presidente de Argentina y líder de La Libertada Avanza Javier Milei (1970) durante una reunión que mantuvo el 13 de junio de 2025 con una decena de empresarios de alto nivel en España.
Pero hay más afinidades entre ellos: los resultados. Con el plan económico de Martínez de Hoz se congelaron las jubilaciones, los salarios perdieron su poder adquisitivo, se liberalizaron las importaciones con la excusa de bajar los precios, aumentaron enormemente las tarifas de los servicios públicos, se desfinanció la salud pública recortándole el presupuesto, quebraron miles de pequeñas y medianas empresas, se destruyeron sectores enteros de la industria, se generaron miles de trabajadores desocupados y se contrajo una enorme deuda externa con el FMI, entidad que financió al régimen, apoyó el modelo de apertura financiera y de desindustrialización, algo que generó un aumento de la especulación y de la fuga de capitales. ¿Hay alguna diferencia con lo que ocurre hoy en día en la Argentina con el plan económico llevado adelante por el gobierno libertario de la mano del ministro de Economía Luis Caputo (1965)? Pues parece ser que no.
También se puede recurrir a la famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” que el periodista y escritor Rodolfo Walsh (1927-1977) envió por correo a los medios de comunicación el 24 de marzo de 1977 al cumplirse el primer año de la dictadura militar, y por la cual al día siguiente fue emboscado y secuestrado en la esquina de Humberto 1º y la avenida Entre Ríos por un grupo de tareas de la dictadura, y finalmente fue desaparecido. Entre otros conceptos, en el texto que fue prohibido por la Junta Militar, Walsh manifestó: “En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores, disminuido su participación en el ingreso nacional, aumentado la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitaron formas de trabajo forzado, congelaron los salarios, prohibieron las asambleas de reclamación colectiva, elevaron la desocupación y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos”.
Y agregó: “Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno ha disminuido el consumo de alimentos, el de ropa y el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Dictada por el Fondo Monetario Internacional, la política económica de la Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales al que están ligados personalmente todos los miembros de su gabinete. El espectáculo de una Bolsa de Comercio en donde la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".
De nuevo, ¿hay alguna diferencia entre aquella gestión económica y la actual? Tal vez podría decirse que, en vez de proponerse acabar con el “festín de los corruptos”, el actual gobierno prometió desde el primer día de su gestión acabar con “la casta política chorra, parasitaria e inútil”. Sin embargo, siete de cada diez funcionarios de su gobierno son “casta”, un grupo que comparte, según su propia definición, el objetivo de “mantener y fortalecer sus propios privilegios a expensas de la sociedad en general”. Y ni que hablar de los escandalosos actos de corrupción en los que están implicados tanto el presidente como su hermana, la Secretaria General de la Presidencia Karina Milei (1973), como numerosos funcionarios del gabinete, diputados, senadores y jueces.
También puede recordarse que la dictadura se propuso desarticular el intervencionismo económico y establecer la libertad de mercado. Su proyecto iba más allá de la economía y buscaba la reestructuración general de la sociedad, de la política y de la cultura. Y, en coincidencia con sus objetivos, las principales entidades empresarias le brindaron su adhesión mientras que la mayoría de los dirigentes de los partidos políticos no se opuso a la instauración del gobierno autoritario y hasta no faltaron los que asumieron cargos públicos. ¿Otra coincidencia con el gobierno “anarco-capitalista”?


Podría decirse que la única diferencia que existe entre la gestión de la dictadura cívico-clerical-militar que gobernó durante siete años y ocho meses y medio, y el gobierno libertario que lleva poco más de dos años y tres meses de gestión es que este último no ha recurrido al terrorismo de Estado que incluyó asesinatos, secuestros, torturas, desapariciones forzadas y robo de bebés, pero los vestigios de violencia y represión de este gobierno son imposibles de ocultar y todos ellos se consolidan con cifras concretas en los relevamientos que realiza la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI). Según esos estudios, el gobierno de Milei ya es el más represor desde el regreso de la democracia. Durante el tiempo que lleva gobernando, ya registra más del 10% del total de muertes en manos de las fuerzas de seguridad desde que se reinstauró la democracia, superando a todas las gestiones anteriores.
Amparándose en el “protocolo antipiquetes”, implementado en enero de 2024 por el Ministerio de Seguridad de la Nación por entonces a cargo de la ex montonera y ex funcionaria de gobiernos peronistas, radicales y liberales Patricia Bullrich (1956), las fuerzas de la Policía Federal, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Policía de la Ciudad de Buenos Aires reprimen violentamente las protestas callejeras que están amparadas por la Constitución Nacional argentina como parte de la libertad de expresión, acusando a los manifestantes de cometer “actos terroristas” y delitos como “intimidación pública”, “incitación a la violencia colectiva en contra de las instituciones”, “resistencia a la autoridad” o “atentado contra el orden constitucional”.
Ante esta situación, es necesario recordar que, según la Sociología, la función principal del Estado es regular las interacciones sociales y políticas, promover la justicia, garantizar la seguridad de los ciudadanos en su territorio, administrar los recursos y llevar a cabo políticas públicas orientadas al bienestar común. Pero todo eso parece no importarle al presidente que en una de sus tantas declaraciones irracionales ha afirmado que su desprecio por el Estado es “infinito”. Neciamente (o convenientemente) parece que también ignora que en la medida que el Estado pierde su capacidad para cumplir debidamente con las funciones de legitimación, se hacen más notorias sus acciones favorables a la acumulación de capital en beneficio de los sectores sociales económicamente más poderosos. En esas situaciones, es usual que, junto con el debilitamiento de la integración social, las protestas de los perjudicados aumenten y en respuesta se incremente la represión estatal y se deteriore la legitimidad del orden social y
la del propio Estado.
Como si todo esto no fuera suficiente, el presidente es un obcecado negacionista de la última dictadura militar. Desde el inicio de su gestión ha pretendido instalar una versión falsa de la historia, relativizar los crímenes de lesa humanidad e indultar a represores de la dictadura. También ha atacado a los organismos de derechos humanos como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, y ha intentado imponer la idea de que no fueron treinta mil las y los desaparecidos. Descaradamente ignora que existe un informe del National Security Archive, una institución no gubernamental ubicada en Washington, Estados Unidos, que publicó a mediados de 1978 un documento que le envió desde Buenos Aires un agente de la Dirección de Inteligencia Nacional de la dictadura militar chilena y un memorándum interno del Batallón 601, la unidad de inteligencia del Ejército Argentino, en los cuales ya se registraban veintidós mil desapariciones cuando aún faltaban los años más sangrientos del terrorismo de Estado.
En definitiva, ¿qué herramientas utiliza Milei para persuadir a los argentinos? La respuesta es evidente: las redes sociales. Actualmente, las plataformas digitales cumplen un papel similar al de los textos sagrados en la antigüedad, los que, tras la invención de la imprenta, fueron reemplazados por la prensa escrita. Luego, hacia fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la radio y la televisión se convirtieron en medios masivos de información. Hoy ese lugar es ocupado por las redes sociales. Allá por 1887, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) en “Zur genealogie der moral” (La genealogía de la moral), concibió a los ciudadanos como sujetos condicionados por las estrategias discursivas de los gobernantes. Casi cien años después, el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) decía en “Le sujet et le pouvoir” (El sujeto y el poder) que los sujetos eran influenciados por los discursos que circulaban por los modernos medios de comunicación, a los que consideraban sólidos y verdaderos. Se puede concluir entonces que el presidente argentino es un experto en esta materia.

21 de marzo de 2026

La Argentina entre las contradicciones, las incoherencias y las mentiras de un presidente cipayo

Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), una contradicción es un “conjunto de proposiciones que al oponerse recíprocamente se invalidan”, y pone como sinónimos los sustantivos “incoherencia” y “necedad”. Al primero lo define como “cosa que carece de la debida relación lógica con otra”, y al segundo como un “dicho o hecho necio”. Se refiere a incongruencias, absurdos, desatinos, locuras, barbaridades y tonterías como sinónimos de incoherencia, y a estupideces, imbecilidades, idioteces y tonterías como sinónimos de necedad. Psicológicamente, la incoherencia implica una falta total de relación lógica entre varias ideas, acciones o cosas. Es un fenómeno complejo que se manifiesta en múltiples dimensiones de la vida humana, desde el pensamiento individual hasta las interacciones sociales. Y en cuanto a su sinónimo “contradicción”, se dice que simboliza la coexistencia de pensamientos, creencias, deseos o comportamientos lógicamente incompatibles entre sí. Decir una cosa hoy y lo contrario mañana, conlleva la idea tanto de incoherencia como de contradicción. Supone una falta de fiabilidad o una falsedad que, forzosamente, refleja la ausencia de principios sólidos, la inmadurez emocional o incluso un intento deliberado de manipular a otros para obtener un beneficio personal.
Allá por 1781, el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) decía en “Kritik der reinen vernunft” (Crítica de la razón pura), un ensayo en el que exploró los límites y las capacidades de la razón humana, que no era posible que se afirmara y se negara algo de un mismo sujeto, lo cual constituía una contradicción irresoluble. Años después, en 1886, otro filósofo alemán, en este caso Friedrich Nietzsche (1844-1900), afirmaba en “Jenseits von gut und böse” (Más allá del bien y del mal) que las contradicciones no eran errores, sino que formaban parte de la esencia misma de los seres humanos.
¿Será así? Pareciera que hoy en día se da por sentado que las contradicciones son tomadas como algo natural y ante ellas predomina la indiferencia y no causan ningún escándalo. En “Philosophiske smuler eller en smule philosophi” (Migajas filosóficas o un poco de filosofía), el filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) aducía que los escándalos se producían a partir del choque entre las contradicciones y la inteligencia. Entonces, ante la situación actual de una Argentina atravesada por un complejo entramado de inestabilidad política, económica y social, ¿es justo preguntarse si lo que predomina en buena parte de su población es la falta de concientización? ¿O será que tenía razón el escritor francés André Breton (1896-1966) cuando le dijo poco antes de morir a su amigo el director de cine hispano-mexicano Luis Buñuel (1900-1983) que “es triste tener que reconocerlo, pero ya nadie se escandaliza”, tal como este último recordó en su libro de memorias “Mi último suspiro”?
Porque basta con hacer un repaso sobre las contradictorias declaraciones del actual presidente para preguntarse si no son escandalosas y merecen el repudio de los argentinos. Si cualquier ciudadano se respaldara en el viejo refrán “para muestra basta un botón”, podría encontrar decenas de contradicciones en las aserciones del libertario y anarco-capitalista Javier Milei (1970), el “Javo”, el “León”, el “enviado de Dios”, tal como lo llaman sus seguidores. Polémicas declaraciones que incluso internacionalmente son calificadas como “sin fundamento y cargadas de contradicciones”, y en general -salvo en aquellos espacios privilegiados por sus políticas económicas- se resalta que su extravagancia grotesca, entre violenta y desequilibrada, llama la atención como una caricatura de la ultraderecha.


Como muestra de sus incesantes declaraciones contradictorias podría mencionarse la que hizo sobre el Papa Francisco en 2023 cuando aseveró que 
“el papa Francisco es un imbécil, es el representante del maligno en la Tierra. Siempre está parado del lado del mal porque apoya los impuestos. Tiene afinidad por los comunistas asesinos y viola los Diez Mandamientos al defender la justicia social”, para dos años más tarde declarar que “con profundo dolor me entero esta triste mañana que el Papa Francisco, Jorge Bergoglio, falleció hoy y ya se encuentra descansando en paz. A pesar de diferencias que hoy resultan menores, haber podido conocerlo en su bondad y sabiduría fue un verdadero honor para mí. Como presidente, como argentino y, fundamentalmente, como un hombre de fe, despido al Santo Padre y acompaño a todos los que hoy nos encontramos con esta triste noticia. Fue incansable su lucha para proteger la vida desde la concepción, promover el diálogo interreligioso y acercar la vida espiritual y virtuosa a los más jóvenes. Concédele, oh Señor, el descanso eterno y que la luz perpetua le brille. Que descanse en paz”.
En una entrevista televisiva en el año 2021 se refirió elogiosamente hacia quien fuera ministro de Economía entre marzo de 1991 y julio de 1996, y entre marzo y diciembre de 2001: Domingo Cavallo. “Cavallo hizo la Convertibilidad y Argentina tuvo un incremento de la producción como nunca en la historia. Yo hablo con Cavallo, mantengo frecuentes diálogos con él. Discutimos de economía, hablamos de economía, recibo sus consejos. Para mí es un honor hablar con Cavallo. Fue el mejor ministro de Economía de toda la historia”. Pero en 2025, cuando Cavallo cuestionó el sostenimiento del atraso cambiario como política anti inflacionaria, Milei lo calificó como un “impresentable”. “No vamos a devaluar de ninguna manera” -declaró-, y recordó que “cuando él era ministro de Economía insultaba a todo el mundo cuando hablaban de devaluación y defendía el tipo de cambio de la convertibilidad. Nosotros tenemos equilibrio fiscal, él no tenía. Este programa económico es mucho más exitoso que la convertibilidad porque no tuvimos que tener una hiperinflación para hacerlo”.
Otro ejemplo es lo que dijo sobre Luis Caputo en 2017 cuando era ministro de Finanzas de la Nación en el gobierno de Propuesta Republicana (PRO): “Caputo se fumó más de US$ 15.000 millones de reservas irresponsablemente, ineficientemente. Lo que quería hacer era utilizar las reservas para tener más grado de libertad en hacer la política monetaria. Se terminó en el Fondo Monetario Internacional, y qué le dijo el FMI: ‘No te voy a poner guita adentro del Banco Central para patinarte una aventura electoral’”. En 2025, siendo su ministro de Economía, aseguró que “Caputo, por lejos, es el mejor ministro de Economía de toda la historia argentina. Había sólo una forma de cortar el nudo gordiano que significaba el desastre heredado y era estabilizando la economía, el aspecto más urgente era el descalabro inflacionario que nos tenía a las puertas de una hiperinflación, y la raíz de la inflación era una emisión monetaria que derivaba del déficit fiscal. Lo hizo Caputo, el mejor ministro de Economía del mundo”.
Durante la campaña electoral en 2024, aseguró que la candidata a presidenta Patricia Bullrich “en los ‘70 participó en una organización terrorista. Fue una montonera tira bombas que tiene las manos manchadas de sangre. Puso un artefacto explosivo en el jardín de una casa del intendente de San Isidro que provocó heridas a la esposa y a una criatura”. Pero a pesar de ello, al ganar las elecciones, la designó como ministra de Seguridad Nacional y en 2025 declaró que “cuando nosotros asumimos había cerca de ocho mil piquetes por año, y decían que era imposible terminar con los piquetes. Nosotros terminamos con los piquetes de la mano del trabajo enorme de la doctora Bullrich. Hay que elogiar el accionar implacable de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, la formidable y maravillosa ministra Patricia Bullrich”.
También se refirió a la ex presidenta y por entonces vicepresidenta Cristina Kirchner en 2022: “En términos históricos, Cristina Fernández de Kirchner es la mujer más importante de la historia argentina en la política. Fue dos veces presidente y ahora es vicepresidente. Si es corrupta que lo determine la Justicia, yo no voy a caer en esa trampa”; para luego, en 2024, bramar: “Cristina es una chorra, una delincuente. No hay mayor estafadora en la historia argentina que ella. Me encantaría meterle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro”. Un cambio de opinión similar al que se produjo con su actual vicepresidenta y presidenta del Senado de la Nación Victoria Villarruel, cuando en 2023, durante la campaña electoral, aseguró: “La mujer brillante que me acompaña en la fórmula es la señora Victoria Villarruel porque es una persona íntegra, brillante, honesta, y trabajamos de manera en que nos complementamos muy bien”; para pasar a opinar en 2025, cuando ella propuso una actualización de las partidas presupuestarias para el Senado, que era “una bruta traidora que dijo que lo iba a financiar con treinta millones. Sugiero que antes de hacer chicanas aprenda a sumar dos más dos”.
También se contradijo en su opinión sobre el expresidente Mauricio Macri, sobre el que, durante la campaña electoral de 2023, dijo: “La gente subestima el rol patriótico de Macri. No fue candidato por una cuestión patriótica. Él tuvo un gesto de grandeza, porque al correrse sacó de la cancha a Cristina Kirchner. Al hacerlo, terminó con la grieta entre el macrismo y el kirchnerismo. Se corrió y dejó sin sentido a Cristina, que tuvo que salir a buscar un heredero. Durante su mandato tenía las ideas y la dirección correctas, sólo hubo un problema con la velocidad. Él también quiere una Argentina mejor, yo lo que pondero mucho de Mauricio Macri”. Pero, dos años después, en 2025, declaró: “Yo entiendo que para algunas cosas está grande y no las entiende y su espacio parece que tampoco las entiende. Macri no entiende nada de economía, quizás deba entender que su momento pasó. Es un llorón y parece un chico de cristal”.
Asimismo, fueron contradictorias sus opiniones sobre los miembros de la Asamblea Legislativa, a los que ya despreció cuando dirigió su mensaje de asunción de espaldas al Congreso Nacional en diciembre de 2023. Poco después diría que “el Congreso es un nido de ratas y ladrones. Sus integrantes son cucarachas, delincuentes, traidores, corruptos, símbolos de casta. Se aumentan el sueldo y no pierden nunca. Tienen que decidir si están del lado de la libertad o de los privilegios. No necesito del Congreso para salvar la economía”. Sin embargo, recientemente, durante la inauguración de las sesiones ordinarias, después de que tanto los diputados como los senadores le aprobaran la retrógrada ley de “modernización” laboral, declaró que: “tenemos el Congreso más reformista de la historia y la fuerza suficiente para hacerle frente a cualquier golpe político que quieran llevar adelante. Nunca el Congreso tuvo una composición tan reformista como esta. Le pusieron un freno a los degenerados fiscales que intentaron destruir el superávit fiscal que los argentinos con tanto esfuerzo logramos construir”, e invitó a los diputados y senadores a un asado en la Quinta Presidencial de Olivos para “agradecerles el trabajo realizado”.
En cuanto a las relaciones con China, conocida como el “gigante asiático” por su liderazgo comercial que supera incluso a los Estados Unidos en el volumen de exportaciones, y por su enorme innovación y desarrollo tecnológico llevado adelante por medio de una planificación estatal centralizada, en 2024 quien se autodefinió como un “topo” infiltrado para destruir el Estado desde adentro ya que el mismo es una “organización criminal”, opinó que “el comunismo chino es una amenaza para Occidente. No voy a hacer negocios con China, no voy a hacer negocios con ningún comunista. Yo soy un defensor de la libertad, de la paz y de la democracia. Los chinos no entran ahí”. Aun así, apenas un año y medio después flexibilizó significativamente las importaciones desde China ya que, según declaró: “China me ha sorprendido gratamente. El gigante asiático es un socio comercial muy interesante porque ellos no exigen nada. China es un gran socio comercial de la Argentina lo que implica un montón de oportunidades para expandir mercados”.


Vistos todos estos ejemplos cabe preguntarse ¿qué son estos testimonios? ¿Son contradicciones? ¿son incoherencias? ¿son necedades? ¿O simplemente son afirmaciones egocéntricas e interesadas, según el momento en que fueron dichas, para obtener algún beneficio? Dada la situación caótica que vive la Argentina hoy en día, con el cierre de más de veinte mil empresas, con la pérdida de más de trescientos mil puestos de trabajo registrados, con un nivel de empleo informal sin seguridad social ni aportes jubilatorios que alcanza al 43% de la fuerza laboral, con una pobreza que afecta al 40% de la población, con jubilaciones y pensiones que apenas cubren el 25% de la canasta básica, con el profundo desfinanciamiento de la ciencia, la salud, la educación y el arte, con los escandalosos casos de corrupción, etc. etc., no queda más que pensar que fueron expresiones de un sociópata que, en tan sólo dos años de gobierno, rodeado de un grupo de funcionarios “afortunados” y apoyado por una docena de empresarios “ilustres”, no hizo más que gobernar para favorecer a los sectores más ricos en desmedro de los trabajadores y los sectores más vulnerables.
Quien desde hace años critica a la “casta” política, es decir a aquellos que, según sus propias palabras, son los grupos políticos poderosos que promulgan políticas que causan perjuicio a la población y que, para mantener sus propios privilegios, alegan que no existen alternativas viables, parece olvidar que siete de cada diez personas que ocupan puestos de alto nivel en su gobierno tienen antecedentes en gestiones anteriores en las que han mantenido sus prebendas y usado las políticas económicas a su favor. Para defenderse ante quienes lo acusan de pertenecer a la “casta”, en una entrevista declaró: “No soy un político ‘casta’. Sólo fui asesor económico del diputado Bussi en 1994, quien llegó al Congreso mediante el voto popular. Había unos temas que afectaban a la provincia de Tucumán y necesitaban un economista que hiciera el análisis de las leyes que se querían sancionar. Tuve dos contratos con la gente de Bussi por un proyecto que tenía que ver con los cítricos y otro que tenía que ver con la caña de azúcar. Yo hice mi trabajo, se terminó y me fui”. Y recientemente manifestó que “el mandato que se me dio es por cuatro años, con opción a cuatro adicionales dentro de esa regla de juego. Yo juego dentro de esa regla. Para mí, en el 2031 -supongamos que fuera reelecto- me voy a vivir a un campo y voy a estar con mis hijitos de cuatro patas, leyendo, escribiendo y dando conferencias”. Es muy probable que eso ocurra con quien, según su declaración jurada, durante el primer año de su mandato aumentó casi un 500% su patrimonio.
Y a todo esto, ¿qué hacen los ciudadanos argentinos? La actitud de la mayoría de ellos se asemeja a la mujer que la escritora Poldy Bird (1941-2018) describía en uno de sus cuentos: “Una mujer casi nunca está entera. Fue haciéndose de a poquititos y también se morirá de a poquititos. No es una fruta que se desprende de pronto del árbol, es una flor que se va deshojando pétalo a pétalo, avergonzándose de su sufrimiento pero aceptándolo como un rito, como una obligación ineludible o una maldición ancestral”. Parece que así aceptan los argentinos su actual situación. O tal vez relacionan al presidente con el hombre que la misma escritora retrató en otro de sus cuentos: “Lo que un hombre quiere es que volemos cuando él mismo ha cortado nuestras alas. Y quiere que tengamos los colores del arco iris cuando se ha encargado de borrarlos y dejarnos en blanco y negro, como una vieja fotografía de la desolación. Y odia nuestra felicidad, porque la felicidad de los demás no lo hace feliz, como él pregona. Le provoca malestar”. En fin, la historia tendrá la última palabra.