En la década de los ´70,
el campeonato mundial de ajedrez era todavía un acontecimiento que se celebraba
cada tres años, organizado por la FIDE (Fédération International Des Echecs),
la Federación Mundial de Ajedrez. En 1972, Robert "Bobby" Fischer
(1943-2008) apareció en los titulares de los diarios de todo el mundo cuando
derrotó al entonces campeón, el ruso Boris Spassky (1937-2025). Fischer había
logrado romper el monopolio soviético del mundo del ajedrez y al
hacerlo, conquistó el interés de muchos millones de personas que, con
anterioridad, no habían mostrado inclinación por el juego. Pero algo sucedió
con Bobby Fischer y el Campeonato Mundial desde ese momento.
Según las reglas de la FIDE, Fischer tenía la obligación de defender su título tres años después, esto es, en 1975. Su contrincante iba a ser un aguerrido y emprendedor ruso llamado Anatoly Karpov (1951), quien, inesperadamente, había barrido toda oposición (incluyendo la de Spassky) en una reñida serie de torneos de calificación y de partidas, hasta convertirse en el contrincante oficial para el título. Pero, claro está, Fischer como norteamericano y Karpov como soviético -con lo que eso implicaba en los años de la Guerra Fría- empezaron a discutir sobre los términos y condiciones del próximo match. Los soviéticos negociaron hábilmente en nombre de Karpov, mientras que Fischer planteó sus exigencias -inaceptables para la reglamentación de entonces- de un modo mucho más terminante. La FIDE tuvo que arbitrar en el conflicto y decidió en contra de Fischer, despojándolo del título por incomparecencia. De este modo, Anatoly Karpov, un joven de aspecto delicado y modesto procedente de Zlatoust, una pequeña ciudad de los Urales, llegó a convertirse en campeón mundial con apenas veinticuatro años de edad y sin necesidad de tener que mover un sólo peón.
Suceder a Bobby Fischer, incuestionablemente uno de los jugadores más magnéticos de todos los tiempos, podría haber sido considerado como una perspectiva bastante desalentadora, pero Karpov demostró hallarse a la altura de la tarea. La historia había demostrado que los campeones mundiales raramente competían en grandes torneos durante sus reinados, prefiriendo descansar en sus laureles hasta que se les presentase el siguiente match por el Campeonato Mundial. Pero no fue así con Karpov. Decidido a demostrar que no era un simple campeón de papel, jugó con gran frecuencia en los grandes acontecimientos internacionales consiguiendo resultados fenomenales. Alcanzó el primer puesto prácticamente en todos los torneos donde jugó, y de sus centenares de partidas contra los mejores jugadores del mundo, sólo perdió unas pocas.
Los estudiosos del ajedrez que predijeron que Fischer podría aniquilar fácilmente a Karpov, empezaron a tragarse sus palabras. Los rusos se encontraban, una vez más, al frente del ajedrez mundial, con Karpov a la cabeza. Antes lo habían sido Mijaíl Botvínnik (1911-1995) entre 1948 y 1957, entre 1958 y 1960, y entre 1961 y 1963; Mijaíl Tal (1936-1992) entre 1960 y 1961; Tigrán Petrosián (1929-1984) entre 1963 y 1969; y el citado Boris Spassky entre 1969 y 1972.
En 1974, cuando Karpov
estaba luchando por el derecho a ser el aspirante al Campeonato Mundial, le
había ganado a Spassky con cierta facilidad y aún tenía que ganar un último
match. Su contrincante era Viktor Korchnoi (1931-2016), otro ruso. Korchnoi no
era ningún recién llegado al mundo del ajedrez. Había sido un importante gran
maestro durante unos veinte años, pero nunca había llegado a las máximas
alturas. A la edad de cuarenta y tres años, se consideraba que aquélla era su
última oportunidad para ganar al Campeonato Mundial. Korchnoi quería jugar en
su ciudad natal de Leningrado, pero el match se llevó a cabo en Moscú, a un
total de veinticuatro partidas. Después de una durísima y prolongada contienda,
Karpov se alzó victorioso con el margen más estrecho posible: 12,5 a 11,5.
Korchnoi no se sintió feliz con el resultado. Creía que las autoridades soviéticas habían favorecido injustamente a su rival. Por ejemplo, Karpov dispuso de una gran cantidad de grandes maestros para ayudarle en su preparación y análisis, mientras que Korchnoi experimentó grandes dificultades para encontrar a alguien dispuesto a hacerlo. Parece no haber dudas en cuanto a que los soviéticos deseaban que ganase Karpov, en quien depositaban sus esperanzas de recuperar el título mundial que estaba en manos del estadounidense Fischer. Karpov era por entonces una joven estrella en ascenso miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) quien desde temprana edad había formado parte de la organización juvenil del partido: la Komsomol (Unión Comunista de la Juventud).
Ante esta situación, Korchnoi expresó su desagrado en una entrevista concedida a un periodista yugoslavo. En desquite, la Federación Soviética de Ajedrez le impuso sanciones, suspendiendo sus apariciones en torneos y prohibiéndole desplazarse al extranjero para jugar. Más tarde, las restricciones fueron levantadas gradualmente y en el verano de 1976 se le permitió viajar a Amsterdam, Holanda, para jugar en el torneo internacional IBM. Ya no regresó. Una vez finalizado el torneo, en lugar de presentarse en la embajada soviética, se dirigió a una comisaría de policía y solicitó asilo político. Así pues, Korchnoi desertó, abandonando a su esposa e hijo, quienes quedaron en la Unión Soviética. La represalia impuesta por el gobierno soviético dirigido por entonces por Leonid Brézhnev (1906-1982) fue durísima; su hijo fue enviado con el ejército a Siberia y su mujer quedó incomunicada y le prohibieron la salida del país.
Allí, en la Unión Soviética, fue denunciado como traidor en una carta firmada por casi todos sus grandes maestros. Curiosamente, faltaron las firmas de Karpov y de Spassky. La Federación Soviética de Ajedrez también hizo esfuerzos para expulsar a Korchnoi del nuevo torneo de candidatos al Campeonato Mundial, pero fracasaron. Korchnoi permaneció en los Países Bajos un año, y después se trasladó a Alemania y a Suiza. Durante ese período (1977/78), ganó el derecho a ser el contrincante de Karpov con victorias alcanzadas en torneos contra Lev Polugaevsky (1934-1995) y los antes mencionados Petrosian y Spassky. Estos tres últimos, por el hecho de ser soviéticos, llevaron a que cada uno de esos torneos se caracterizase por una gran tensión política. Hubo disputas de poca monta, acusaciones y denuncias de todo tipo, desde espionaje hasta hipnotismo. Todos estos episodios hicieron recordar al match Fischer-Spassky de 1972, durante el cual los soviéticos se quejaron de que la silla de Fischer había sido "preparada" para perturbar la concentración de Spassky. La silla en cuestión fue desmontada por completo y se examinó al detalle cada tornillo y cada tuerca, hasta que la queja soviética de alguna manera quedó “comprobada”: se encontraron tres moscas muertas.
Así pues, y a pesar de todos los contratiempos, el escenario quedó montado. De un lado, Karpov, el brillante campeón; del otro, Korchnoi, el aspirante, el hombre que había desertado. Faltaba resolver el lugar en donde se iba a jugar, ya que había siete invitaciones, siete ofertas. Las cuatro sedes que ofrecieron premios más elevados -alrededor del millón de francos suizos- fueron Hamburgo (Alemania), Graz (Austria), Baguio (Filipinas) y Tilburg (Holanda). Se les pidió entonces a los jugadores que hicieran una lista con su orden de preferencia. Curiosamente, Karpov prefirió Hamburgo, aunque eso casi significaba encontrarse en el terreno de Korchnoi, que había estado jugando para un club alemán durante un corto período de tiempo. Korchnoi, por su parte, prefirió Graz, quizá porque estaba viviendo en Suiza.
Si Karpov hubiera colocado Graz en segundo lugar o Korchnoi Hamburgo, el match se habría jugado en Europa. Pero los dos prefirieron Baguio como segunda elección (en realidad, Karpov colocó Baguio en tercer lugar, dejando el segundo en blanco). A raíz de ello, el doctor Max Euwe (1901-1981), a la sazón presidente de la FIDE, adjudicó el match a las Filipinas, convirtiéndolo en el primero por el título que se jugaría fuera de Europa desde el famoso match de 1927 que enfrentó en Buenos Aires a José Raúl Capablanca (1888-1942) con Aleksandr Alekhine (1892-1946). Así pues, la organización del match recayó sobre Florencio Campomanes (1927-2010), el dinámico líder del ajedrez filipino durante más de dos décadas y representante de ese país ante la FIDE.
Baguio City se encuentra a 210 kilómetros al norte de Manila, a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar. La mayoría de los jugadores de ajedrez prefieren jugar sin verse molestados por problemas políticos. Pero la elección de Baguio hizo que surgieran algunos comentarios críticos sobre el gobierno autoritario y dictatorial de Ferdinand Marcos (1917-1989), un presidente sumamente corrupto de un país cuya deuda externa ascendía por entonces a 8.000 millones de dólares. Sonaba descabellado que se gastara tanto dinero en un acontecimiento ajedrecístico (350.000 dólares para el vencedor, 200.000 para el perdedor con todos los gastos pagos), mientras el país estaba sumido en abismales desigualdades entre pobres y ricos.
Para la realización del match se adecuaron las instalaciones del recientemente construido Centro de Congresos de Baguio y se nombró árbitro principal al gran maestro de Alemania Occidental, Lothar Schmid (1928-2013), quien ya había desempeñado esa función en Reykiavik, Islandia, durante el match Fischer-Spassky. Korchnoi constituyó su equipo de analistas con los ingleses Raymond Keene (1948) y Michael Stean (1953), el ruso Yakov Murei (1941) y el argentino Oscar Panno (1935); mientras que Karpov lo hizo con los rusos Victor Baturinsky (1914-2002), Alexander Zaitsev (1935-1971), Yuri Balashov (1949) y el citado Mijaíl Tal.
Según las reglas de la FIDE, Fischer tenía la obligación de defender su título tres años después, esto es, en 1975. Su contrincante iba a ser un aguerrido y emprendedor ruso llamado Anatoly Karpov (1951), quien, inesperadamente, había barrido toda oposición (incluyendo la de Spassky) en una reñida serie de torneos de calificación y de partidas, hasta convertirse en el contrincante oficial para el título. Pero, claro está, Fischer como norteamericano y Karpov como soviético -con lo que eso implicaba en los años de la Guerra Fría- empezaron a discutir sobre los términos y condiciones del próximo match. Los soviéticos negociaron hábilmente en nombre de Karpov, mientras que Fischer planteó sus exigencias -inaceptables para la reglamentación de entonces- de un modo mucho más terminante. La FIDE tuvo que arbitrar en el conflicto y decidió en contra de Fischer, despojándolo del título por incomparecencia. De este modo, Anatoly Karpov, un joven de aspecto delicado y modesto procedente de Zlatoust, una pequeña ciudad de los Urales, llegó a convertirse en campeón mundial con apenas veinticuatro años de edad y sin necesidad de tener que mover un sólo peón.
Suceder a Bobby Fischer, incuestionablemente uno de los jugadores más magnéticos de todos los tiempos, podría haber sido considerado como una perspectiva bastante desalentadora, pero Karpov demostró hallarse a la altura de la tarea. La historia había demostrado que los campeones mundiales raramente competían en grandes torneos durante sus reinados, prefiriendo descansar en sus laureles hasta que se les presentase el siguiente match por el Campeonato Mundial. Pero no fue así con Karpov. Decidido a demostrar que no era un simple campeón de papel, jugó con gran frecuencia en los grandes acontecimientos internacionales consiguiendo resultados fenomenales. Alcanzó el primer puesto prácticamente en todos los torneos donde jugó, y de sus centenares de partidas contra los mejores jugadores del mundo, sólo perdió unas pocas.
Los estudiosos del ajedrez que predijeron que Fischer podría aniquilar fácilmente a Karpov, empezaron a tragarse sus palabras. Los rusos se encontraban, una vez más, al frente del ajedrez mundial, con Karpov a la cabeza. Antes lo habían sido Mijaíl Botvínnik (1911-1995) entre 1948 y 1957, entre 1958 y 1960, y entre 1961 y 1963; Mijaíl Tal (1936-1992) entre 1960 y 1961; Tigrán Petrosián (1929-1984) entre 1963 y 1969; y el citado Boris Spassky entre 1969 y 1972.
Korchnoi no se sintió feliz con el resultado. Creía que las autoridades soviéticas habían favorecido injustamente a su rival. Por ejemplo, Karpov dispuso de una gran cantidad de grandes maestros para ayudarle en su preparación y análisis, mientras que Korchnoi experimentó grandes dificultades para encontrar a alguien dispuesto a hacerlo. Parece no haber dudas en cuanto a que los soviéticos deseaban que ganase Karpov, en quien depositaban sus esperanzas de recuperar el título mundial que estaba en manos del estadounidense Fischer. Karpov era por entonces una joven estrella en ascenso miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) quien desde temprana edad había formado parte de la organización juvenil del partido: la Komsomol (Unión Comunista de la Juventud).
Ante esta situación, Korchnoi expresó su desagrado en una entrevista concedida a un periodista yugoslavo. En desquite, la Federación Soviética de Ajedrez le impuso sanciones, suspendiendo sus apariciones en torneos y prohibiéndole desplazarse al extranjero para jugar. Más tarde, las restricciones fueron levantadas gradualmente y en el verano de 1976 se le permitió viajar a Amsterdam, Holanda, para jugar en el torneo internacional IBM. Ya no regresó. Una vez finalizado el torneo, en lugar de presentarse en la embajada soviética, se dirigió a una comisaría de policía y solicitó asilo político. Así pues, Korchnoi desertó, abandonando a su esposa e hijo, quienes quedaron en la Unión Soviética. La represalia impuesta por el gobierno soviético dirigido por entonces por Leonid Brézhnev (1906-1982) fue durísima; su hijo fue enviado con el ejército a Siberia y su mujer quedó incomunicada y le prohibieron la salida del país.
Allí, en la Unión Soviética, fue denunciado como traidor en una carta firmada por casi todos sus grandes maestros. Curiosamente, faltaron las firmas de Karpov y de Spassky. La Federación Soviética de Ajedrez también hizo esfuerzos para expulsar a Korchnoi del nuevo torneo de candidatos al Campeonato Mundial, pero fracasaron. Korchnoi permaneció en los Países Bajos un año, y después se trasladó a Alemania y a Suiza. Durante ese período (1977/78), ganó el derecho a ser el contrincante de Karpov con victorias alcanzadas en torneos contra Lev Polugaevsky (1934-1995) y los antes mencionados Petrosian y Spassky. Estos tres últimos, por el hecho de ser soviéticos, llevaron a que cada uno de esos torneos se caracterizase por una gran tensión política. Hubo disputas de poca monta, acusaciones y denuncias de todo tipo, desde espionaje hasta hipnotismo. Todos estos episodios hicieron recordar al match Fischer-Spassky de 1972, durante el cual los soviéticos se quejaron de que la silla de Fischer había sido "preparada" para perturbar la concentración de Spassky. La silla en cuestión fue desmontada por completo y se examinó al detalle cada tornillo y cada tuerca, hasta que la queja soviética de alguna manera quedó “comprobada”: se encontraron tres moscas muertas.
Así pues, y a pesar de todos los contratiempos, el escenario quedó montado. De un lado, Karpov, el brillante campeón; del otro, Korchnoi, el aspirante, el hombre que había desertado. Faltaba resolver el lugar en donde se iba a jugar, ya que había siete invitaciones, siete ofertas. Las cuatro sedes que ofrecieron premios más elevados -alrededor del millón de francos suizos- fueron Hamburgo (Alemania), Graz (Austria), Baguio (Filipinas) y Tilburg (Holanda). Se les pidió entonces a los jugadores que hicieran una lista con su orden de preferencia. Curiosamente, Karpov prefirió Hamburgo, aunque eso casi significaba encontrarse en el terreno de Korchnoi, que había estado jugando para un club alemán durante un corto período de tiempo. Korchnoi, por su parte, prefirió Graz, quizá porque estaba viviendo en Suiza.
Si Karpov hubiera colocado Graz en segundo lugar o Korchnoi Hamburgo, el match se habría jugado en Europa. Pero los dos prefirieron Baguio como segunda elección (en realidad, Karpov colocó Baguio en tercer lugar, dejando el segundo en blanco). A raíz de ello, el doctor Max Euwe (1901-1981), a la sazón presidente de la FIDE, adjudicó el match a las Filipinas, convirtiéndolo en el primero por el título que se jugaría fuera de Europa desde el famoso match de 1927 que enfrentó en Buenos Aires a José Raúl Capablanca (1888-1942) con Aleksandr Alekhine (1892-1946). Así pues, la organización del match recayó sobre Florencio Campomanes (1927-2010), el dinámico líder del ajedrez filipino durante más de dos décadas y representante de ese país ante la FIDE.
Baguio City se encuentra a 210 kilómetros al norte de Manila, a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar. La mayoría de los jugadores de ajedrez prefieren jugar sin verse molestados por problemas políticos. Pero la elección de Baguio hizo que surgieran algunos comentarios críticos sobre el gobierno autoritario y dictatorial de Ferdinand Marcos (1917-1989), un presidente sumamente corrupto de un país cuya deuda externa ascendía por entonces a 8.000 millones de dólares. Sonaba descabellado que se gastara tanto dinero en un acontecimiento ajedrecístico (350.000 dólares para el vencedor, 200.000 para el perdedor con todos los gastos pagos), mientras el país estaba sumido en abismales desigualdades entre pobres y ricos.
Para la realización del match se adecuaron las instalaciones del recientemente construido Centro de Congresos de Baguio y se nombró árbitro principal al gran maestro de Alemania Occidental, Lothar Schmid (1928-2013), quien ya había desempeñado esa función en Reykiavik, Islandia, durante el match Fischer-Spassky. Korchnoi constituyó su equipo de analistas con los ingleses Raymond Keene (1948) y Michael Stean (1953), el ruso Yakov Murei (1941) y el argentino Oscar Panno (1935); mientras que Karpov lo hizo con los rusos Victor Baturinsky (1914-2002), Alexander Zaitsev (1935-1971), Yuri Balashov (1949) y el citado Mijaíl Tal.
En su camino hacia Manila, antes de salir de Suiza, Korchnoi dio una conferencia de prensa donde leyó una carta abierta al Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Brezhnev, en la que solicitaba permiso para que su esposa y su hijo abandonaran el país. Esta petición fue negada en un principio y recién cuatro años más tarde, en 1982, cuando el país era gobernado por Yuri Andrópov (1914-1984), su hijo y su esposa fueron autorizados a abandonar la URSS.
Sin embargo, la verdadera batalla diplomática comenzó tras la llegada de Korchnoi a Manila, cuando se presentó el problema de la bandera. Korchnoi quería jugar bajo la enseña suiza, pero los soviéticos se atuvieron a las reglas de la FIDE e insistieron en que ésta no podía considerar a Korchnoi como representante de Suiza ya que aún no hacía doce meses que residía allí de modo permanente. Las diferencias se superaron cuando, procedente de Estados Unidos, llegó Edmund Edmondson (1920-1982), presidente de la United States Chess Federation (Federación de Ajedrez de Estados Unidos) quien propuso eliminar las banderas sobre la mesa de juego. De todos modos, Korchnoi llevó un pequeño distintivo con la bandera suiza, pero, en lugar del himno nacional, tuvo que conformarse con la “9. Sinfonie in d-mol” (Sinfonía nº 9 en re menor) del compositor alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827).
Desde la guerra psicológica entre Fischer y Spassky, ésta se había convertido en una característica regular del ajedrez al máximo nivel, en especial cuando había de por medio un conflicto Este-Oeste. Por ejemplo, antes del match por el Torneo Candidatura entre Korchnoi y Polugaevsky en Francia, hubo dos días de negociaciones con Moscú para decidir si al jugador soviético se le permitiría estrechar la mano de Korchnoi. También hubo incidentes durante el Torneo Candidatura celebrado en Serbia entre Korchnoi y Spassky, cuando éste dejó de aparecer ante el tablero e insistió en sentarse en una cabina situada a espaldas de Korchnoi, desde la que seguía el juego a través de una pantalla gigante. Korchnoi protestó acaloradamente, aunque sin resultado alguno y perdió las cuatro partidas siguientes, aunque después se recuperó y ganó el match.
Según las reglas pactadas para esa competencia, el ganador sería el primer jugador que ganase seis partidas sin contar las tablas, lo que tal vez -según los especialistas- favoreciese ligeramente al aspirante, puesto que, al ser el contrincante de más edad, tenía más experiencia y mayor resistencia para afrontar un encuentro prolongado. Dejando de lado las intrigas y los subterfugios y a pesar de todas las dificultades el match empezó. Cualquier otra cosa habría sido absurda. Los dos hombres querían jugar ese match, que iba a extenderse hasta las treinta y dos partidas. Las primeras siete terminaron entabladas y recién en la octava, Karpov pudo ganar necesitando apenas 28 movidas. Luego de otras dos tablas, fue Korchnoi quien logró el triunfo, y, como la siguiente terminó tablas, al término de las primeras doce partidas el tanteador quedó igualado.
En la décimo tercera y décimo cuarta partidas el campeón mundial logró sendos triunfos, seguidos de dos tablas, otro triunfo y tres tablas más. Así, tras veinte partidas, Karpov aventajaba a su rival por 4 a 1. A todo esto, seguían los incidentes entre las delegaciones y el clima estaba cada vez más enrarecido, lo que se agravó cuando el retador obtuvo la vigésimo primera partida acortando una ventaja que ya parecía irreversible. Siguieron cinco tablas hasta que, en la vigésimo séptima, Korchnoi cometió una serie de errores que lo llevaron a la derrota, para recuperarse rápidamente y vencer en las dos siguientes. Ahora el tanteador estaba 5-4 y la fatiga hacía estragos en ambos jugadores. Tras entablar la trigésima, el retador venció en la siguiente e increíblemente colocó el match 5-5. Por primera vez en toda su carrera, Karpov había perdido tres sobre cuatro partidas consecutivas.
Para jugar la trigésimo segunda partida, el campeón apareció serio, con signos evidentes de cansancio. En los respectivos entornos seguían las discusiones extra ajedrecísticas que en nada ayudaban al normal desarrollo del torneo. Tras un comienzo bastante incierto, Karpov -con las piezas blancas- fue obteniendo pequeñas ventajas en el desarrollo del juego, lo que llevó a Korchnoi a tener serios problemas de tiempo. La partida se suspendió al llegar a la movida 41 del campeón, dejando el retador la suya en un sobre lacrado. Nunca se presentó a la reanudación. Después de algo más de tres meses de una competición plagada de incidentes, Karpov había vencido.
Todos estos hechos extra ajedrecísticos dieron origen a la película “La diagonale du fou” (La diagonal del loco) de 1984 dirigida por el francés Richard Dembo (1948-2004), con la cual obtuvo el premio Oscar a la mejor película extranjera. Dos años más tarde, en 1986, también basada en los tintes políticos de aquel mach ambientado en la Guerra Fría, se estrenó en el Prince Edward Theatre de Londres la ópera rock “Chess” (Ajedrez) con música de los suecos Björn Ulvaeus (1945) y Benny Andersson (1946), y letras de Ulvaeus y del compositor inglés Timothy Rice (1944), la que fue un gran éxito de carteleras en Londres y Nueva York.
Durante los años ‘80, Korchnoi continuó jugando en Suiza, país en el que ganó varias veces el campeonato nacional. Falleció en la helvética ciudad de Wohlen el 6 de junio de 2016. Por su parte Karpov perdió el título en 1985 ante el ruso Garri Kaspárov (1963) y lo recuperó en 1993 ante el neerlandés Jan Timman (1951-2026). Finalmente, en 1999 se negó a defender su título de la FIDE por no aceptar el modelo de competición adoptado por dicha organización, pero siguió participando especialmente en torneos de ajedrez rápido hasta su retiro en 2010.





