10 de junio de 2026

Indio Solari: “No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana”

Acaba de fallecer un verdadero pionero de la escena contracultural del rock argentino, autor de algunas de las letras más apreciadas y discutidas de la música nacional: Carlos Alberto Solari (1949-2026). Conocido artísticamente como el Indio Solari, el mítico músico considerado como uno de los más importantes de la historia de la música del país, nació en la ciudad de Paraná en la provincia de Entre Ríos y al poco tiempo de su nacimiento su familia se mudó a la ciudad de La Plata donde pasó su infancia y adolescencia. Allí cursó algunas materias en el Instituto de Bellas Artes, comenzó a pintar y a leer libros de política, historia y geografía. Luego se trasladó a Valeria del Mar, en la costa atlántica, donde instaló un pequeño taller de estampado de telas junto al hermano de Eduardo “Skay” Beilinson (1952), el guitarrista con quien fundaría en 1976 el grupo de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Por esa época estaba instalado en City Bell, una pequeña localidad ubicada al oeste de La Plata. Se vivían por entonces los comienzos de la cruel dictadura cívico-militar y la banda, tras numerosos ensayos en el Teatro Lozano de La Plata, hizo sus primeros recitales en pequeños locales y recién en 1978 realizó su primera presentación en la ciudad de Buenos Aires, manteniéndose siempre en las orillas del circuito de la cultura oficial e independiente de la industria musical, componiendo e interpretando canciones caracterizadas por un sonido oscuro y contracultural, la crítica política y social, y la afinidad con las clases sociales marginales. Con el paso de los años, la banda se convirtió en uno de los fenómenos socio-culturales más importantes que dio forma al rock nacional. Hasta su disolución en 2001 editó nueve álbumes de estudio: “Gulp!”, “Oktubre”, “Un baión para el ojo idiota”, “¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado”, “La mosca y la sopa”, “Lobo suelto, cordero atado”, “Luzbelito”, “Último bondi a Finisterre” y “Momo sampler”.
Luego siguió su carrera solista de vocalista y compositor con una agrupación a la que denominó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con la cual editó “El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)”, “Porco Rex”, “El perfume de la tempestad”, “Pajaritos, bravos muchachitos” y “El ruiseñor, el amor y la muerte”. La banda realizó recitales en ciudades argentinas como Baradero, Comodoro Rivadavia, Gualeguaychú, Jesús María, Junín, La Plata, Libertador General San Martín, Salta, San Luis y Tandil entre otras, y también lo hizo en Barcelona, Bilbao, Madrid y Palma de Mallorca (España), Londres (Inglaterra) y
Montevideo (Uruguay).


En junio de 2015, el Indio Solari contó en una entrevista que padecía Parkinson y reveló que su salud se debilitaba al punto de alejarlo definitivamente de los escenarios. No obstante ello, en marzo de 2017 dio un recital en la ciudad bonaerense de Olavarría, un show al que asistieron cerca de cuatrocientas mil personas batiendo un récord en toda la historia del rock argentino tanto para shows pagos como gratuitos. Dicho recital fue el último en su carrera. Ese mismo año publicó su libro “Escenas del delito americano”, una novela distópica con ilustraciones del historietista argentino Guillermo Serafín (1976), y en 2019 lanzó su libro de memorias “Recuerdos que mienten un poco”. Desde entonces realizó muy pocas apariciones en algunas notas periodísticas y en las redes sociales. Falleció el pasado 5 de junio en su casa de Parque Leloir a raíz de un ACV hemorrágico. Durante ese fin de semana, miles de fanáticos lo despidieron en distintas plazas del país y aproximadamente un millón de personas participaron de la despedida pública realizada en el Polideportivo José María Gatica ubicado en el Parque Domínico de Avellaneda, formando una fila que se extendió hasta ocho kilómetros. Todo esto en medio del estricto silencio del gobierno nacional que decidió no habilitar edificios gubernamentales como el Congreso para la despedida del músico y no declaró día de duelo nacional.
Casi cuarenta años atrás, en diciembre de 1986, el Indio Solari concedió una entrevista al periodista y escritor Enrique Symns (1945-2023) en la cual, de manera luminosa habló sobre la condición de los seres humanos y de alguna manera predijo la actualidad. La conversación apareció publicada en el n° 7 de la revista “Cerdos & Peces” y es la que se reproduce a continuación.
 
Te escuché decir que no creés en la aventura del hombre.
 
Parto del hecho de que el hombre común tiene una noticia muy parcial de la vida, es un prejuicio que se comparte con otros. Esta convención informativa depende de la altura que se ocupe dentro de la escala de rangos de este modelo imperial-mafioso. La lectura de la realidad que tenés, entonces, depende de las terminales de información a las que tenés acceso. La gente termina brindando obediencia a la información que el modelo sistémico le ofrece.
 
Aclarame el concepto de “imperial-mafioso” y “modelo sistémico”.
 
Es un modelo que se ha ido alimentando de todas las interrelaciones. Fijate que el problema actual del estado de esclavitud del hombre depende exclusivamente de la ignorancia, el desconocimiento que se tiene sobre este orden internacional mafioso. Lo llamo así porque los capitales que sustentan el sistema son los que quedaron en pie después de la segunda guerra mundial. El dinero de la mafia en Estados Unidos reemplaza internacionalmente a las famosas bancas europeas...
 
¿El mundo está gobernado por una mafia, una sociedad ilícita y delictiva?
 
No si uno lo ve como esa historia italiana de Don Corleone y toda esa patraña hollywoodense. La mafia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan, y que gobiernan el mundo a través de la tecnocracia...
 
¿Cuál es tu concepto de la ciencia desde ese punto de vista?
 
La religión oficial, hoy día, son la tecnología y la ciencia. Los científicos son empleados de fundaciones manejadas por la mafia y sus inventos serán utilizados por el poder para sus propios fines. La apuesta religiosa más grande que propone este orden sistémico es la supuesta aventura del hombre en el espacio. Este no es un plan nuestro, de la humanidad. Es un plan de las corporaciones, el hombre no va al espacio, va la mafia. Te tiran siempre espejitos, como a los indios, este espejito es el del hombre montado en una nave espacial.
 
¿Espejito en el sentido de que cada hombre se proyecte en el cosmonauta?
 
No digo sólo eso. Creo que la propia tecnología va a rechazar al hombre del espacio. La tecnología se controla a sí misma, la tecnología ha creado un ámbito que rechaza al hombre, la tecnología se ha hecho a imagen y semejanza de sí misma, no es el hombre la imagen sino otra máquina. Una máquina que resiste mejor que el hombre los cambios de presión, de temperatura, el vacío, las radiaciones. Vivimos la ficción a través del comic y del cine, el hombre será el cowboy del espacio y la nave su caballo. Yo creo que el hombre no va a ir, va a mandar eso a explorar el universo, pero él no va a ir. Al menos de esa manera.
 
Sin aventuras que lo incluyan, con un futuro dominado por la tecnología, casi ya de más, ¿cómo va a sobrevivir el hombre?
 
De prosperar en el tiempo este orden sistémico en el que vivimos, la personalidad más apta para la supervivencia es el psicópata. Quizá los psicópatas sean la desgraciada vanguardia de un nuevo sistema nervioso, aquel que va a poder soportar las rígidas tensiones del orden sistémico...
 
¿Quiénes? ¿Cómo son los psicópatas?
 
Para mí son héroes urbanos potenciales que no han tenido mucho éxito en su relación con los demás. No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana. Hay que tener en cuenta la poderosa influencia que el estado psicopático ejerce sobre esta sociedad. No veo a los psicópatas como casos extremos, es más, creo que muchos de ellos ocupan importantes jerarquías sociales: son políticos, militares, periodistas, actores, artistas, músicos de rock, homosexuales prominentes, ejecutivos de la televisión y ahí ves que aumenta el poder del psicópata según el lugar que ocupe en la jerarquía social. Los psicópatas que bajan línea desde su cargo social ejercen más poder que el psicópata cotidiano porque se transforman en la lectura oficial de la realidad.
 
Desde ese punto de vista la salud social sufre un canceroma, esos psicópatas enferman el mundo...
 
El problema de la enfermedad es complejo. El viejo chamán, que tenía el poder de comerse tu dolor, de absorber tus pecados a través de la semejanza, de ponerse tan loco como vos para saber sobre qué cosas tenía que efectuar su cura. El chamán ha sido reemplazado por el psiquiatra o por el psicoanalista y ellos se encuentran con su propia incapacidad para manejar a los psicópatas actuales que son pacientes muy complejos, mucho más complejos que el curador. Son más experimentados en la locura que el terapeuta, que sólo tiene informaciones. El paciente es un tipo mucho más aventurero, más avanzado que el terapeuta. Desde ahí, yo veo al psicoanálisis como una especie de sangría psíquica. El resultado es que el paciente es domesticado en sus vicios más interesantes. No se lo modifica sino que se lo desgasta y se lo transforma en un espécimen menos malo pero también menos de todo. Menos agresivo, pero menos brillante. Menos destructivo, pero menos voluntarioso. Menos reactivo, y también menos creativo. La terapia apunta sólo a la mera reinserción social del espécimen. Lo readaptan a la condición que, casualmente, lo enfermó y el paciente se adecúa a aquello que aborrece.
 
¿Hay que convertirse en un psicópata?
 
La vida personal de uno se dirige en varias líneas hacia el porvenir, nadie está vivo en una linealidad, comprendiendo esto es posible integrar las informaciones que vas recibiendo y que, al mismo tiempo, sabés que te están moldeando. No me gustaría convertirme en un psicópata, yo preferiría que este sistema no prosperase. Hay que ir leyendo entre líneas las informaciones que el orden nos propone y desconfiar. Porque la ciencia, por ejemplo, no es presentada como un punto de vista más, o como un prejuicio compartido o una convención arbitraria que se comparte. No, la ciencia se instaura como un modelo tiránico de la verdad. Pero no hay que admitirlo. La ciencia es sólo una óptica, un punto de vista, una lectura parcial de toda la estructura.
 
¿La alternativa contracultural de la década del ‘60/‘70 se presentó como una actitud de rechazo a ese orden sistémico?
 
Hubo un tiempo en que las ideas que se nucleaban alrededor del rock eran una comprensión ideológica del mundo y daba para mandar brasa unos a otros. Cuando la lectura primitiva fue modificada por lecturas más complejas y afinadas, como por ejemplo la creencia de que se pierde la espontaneidad cuando algo se institucionaliza, cuando algo se transforma en ideología, entonces el fenómeno pareció entrar en decadencia. Pero cuando se produjo la diáspora, la explosión de la individualidad, los jóvenes rechazaron la villanía acumulada por el orden sistémico y esto hizo que fueran a escarbar en las informaciones desechadas por el sistema, ya sea por pecaminosas o por erradas. Cuando se dieron cuenta de que el sistema de vida no les gustaba, fueron a escarbar en el tacho de basura de ese mismo sistema para ver si en lo desechado y prohibido encontraban la posibilidad de reencauzar el mundo. A partir de ahí surgió todo el tema del reencuentro con los poetas malditos, con las religiones universalistas...
 
El modernismo actualmente rechaza aquel fenómeno, se dice “70” y parece que se dijera fracaso.
 
A pesar de que “Oktubre”, el disco que grabamos con los Redondos, es sólo un disco, tiene como planteo básico alinearse en cualquier otra dinámica que escape de la lectura postmodernista. Porque la postmodernidad es una lectura pseudo filosófica nacida en la misma usina de la industria del disco y difundida, casualmente, en todo el mundo por los embajadores itinerantes cuya función es trasladar esa información. El postmodernismo es un punto de vista neoliberal, pretende que ya no hay un sistema de objetos y como consecuencia todo queda como está, a mí me parece descabellado. Allá ellos con su miseria, a mí me nefrega la modernidad. Entiendo sí que hay modas internacionales que salen de usinas en donde los creadores son los expertos en marketing. Son estéticas superelaboradas pero consumistas. Como ese avance de la estética efectista llena de máquinas, chispas e impactos audiovisuales.
 
Parece que siempre estuviéramos hablando de “ellos”. Se asemeja a una paranoia descomprometedora de nosotros, ¿no hay complicidad de nuestra parte con ese sistema?
 
No se puede cargar al pobre humano esclavizado con la complicidad. Encima uno, por pertenecer a esa clase de paranoia social, por tener ese rol de ser indicador social. Toda esa sospecha que uno puede ejercer sobre uno es la misma que ejerce tu vecino porque, cuando te ve, lo que ve es un testimonio real del manipuleo. Los paranoicos, de cualquier tipo y rol, siempre tienen algún tipo de popularidad en el barrio porque terminan comportándose de acuerdo con su creencia. Ese hombre, ese pobre paranoico que se dedica full time a la emoción, está recibiendo todo el tiempo una noticia ingrata sobre el estado de las cosas. Ese paranoico no es cómplice y mucho menos el otro, el que ni se entera, a ese no se le puede adjudicar ninguna clase de complicidad sistémica...
 
¿Es posible que este orden sistémico, como vos lo llamás, sea derrotado?
 
No estamos solos, no nos olvidemos de que en este cascote conviven con nosotros otros coetáneos que participan de una lectura similar a la nuestra. No me veo solo en esta pulsión, tengo la impresión de que es una pulsión internacional aun cuando nos refiramos en términos de una minoría internacional. Eso, por un lado. Por otra parte, ni bien la humanidad entre a desconfiar de la bonanza de este sistema, toda esta información que ha sido considerada marginal o alternativa, todo aquello que ha sido dejado de lado tomará importancia, se convertirá en central. Por ahora nada podemos decidir, ni vos, ni yo, ni nadie de nosotros. Ni siquiera lo puede decidir una cámara de diputados porque la independencia de un país es una ficción. La única que comanda el viaje es la mafia. Y sus brazos armados son los científicos. Los genetistas, por ejemplo, están convencidos también de que el hombre tal como lo conocemos hasta hoy no podrá sobrevivir mañana. La información extra genética, como suelen llamar ellos a la cultura, no le servirá al hombre para el futuro. Ellos proponen entonces intervenir directamente en la genética, hacer modificaciones en esa estructura para producir una mutación real, producir otro tránsito de procónsul al homo sapiens de un día para otro. Y ahí surge otro problema: alguien va a arrogarse el derecho a elegir el modelo de ese experimento. Por ahora todo está mal. Los pueblos no se comunican con los pueblos, la comunicación es de Estado a Estado. Hay un filtro burocrático que separa a los hombres. La cuenta de la muerte se va engrosando. La vida es considerada un instrumento. Nada es un fin en sí mismo. Nadie puede cobrar su vida al contado, siempre hay que proyectar la vida dentro de un orden, nos obligan a firmar todo el tiempo cheques a favor de la muerte.

7 de junio de 2026

La Orden de los Nuevos Templarios: el huevo de la serpiente

La ambición por el poder tiene a sus mayores representantes en el mundo de la política, donde muchos individuos se han sometido a las leyes de diversas sociedades secretas con el objeto de alcanzar sus objetivos. Es una vieja historia que se repite con cierta continuidad e involucra a ciertos cultos que ofrecen a sus miembros el sentimiento gratificante de superioridad sobre los demás. En este plano se inscribe la sociedad secreta Ordo Novi Templi (Los Nuevos Templarios), fundada en Austria el 25 de diciembre de 1907 por el ex monje cisterciense Adolf Lanz (1874-1954).
Lanz fue muy religioso durante su juventud cuando tuvo su experiencia como monje cristiano en la Ordo Cisterciensis (Orden del Císter), una orden religiosa fundada en 1098 por Robert de Molesme (1029-1111) en la abadía francesa de Cíteaux (la antigua ciudad romana de Cistercium, próxima a Dijón). Durante ese tiempo, Jörg Lanz Von Liebenfels -como se hacía llamar- realizó investigaciones sobre textos gnósticos y apócrifos. Cuando renunció a sus votos en 1899, continuó con la elaboración de una teoría teológica en la cual el mal era atribuido a las razas no arias y el bien a la pureza de los rasgos raciales arios. Según esta teoría, en el origen de la humanidad existieron dos razas absolutamente diferenciadas y ajenas la una de la otra. Por una parte, los “hijos de los dioses” y por otra los “hijos de los hombres”. A la primera pertenecían los arios, dotados de una espiritualidad pura; en cambio, las otras razas procedían de la evolución biológica de los animales.
Así, Lanz intentó explicar la expulsión del “paraíso terrenal” como producto de la unión sexual de unos (Adán) con otros (Eva). A raíz de esto, la raza aria habría degenerado en el mestizaje, perdiendo sus facultades divinas, el orden superior y ciertas capacidades paranormales como la clarividencia y la telepatía, entre otras. Ese proceso de mezcla racial limitó esas cualidades a unos pocos descendientes de arios, de modo que recuperar la pureza racial aria equivalía a recuperar el carácter espiritual de los primeros arios. Cuando Lanz se abocó a la creación de la Orden de los Nuevos Templarios impuso requisitos muy severos para quienes quisieran ingresar. Estos debían pertenecer a la raza aria, ser rubios, de piel clara y ojos grises o azules. Si además su nariz era aguileña y estrecha, y sus miembros delicados, mucho mejor para los fines de la sociedad.


El nombre de esta sociedad tuvo su antecedente en otra secta de características diferentes, esta sí muy poderosa, que surgió en durante el siglo XI en plena época de las Cruzadas. La sociedad de los Templarios nació con el fin de proteger a los peregrinos hacia Tierra Santa, pero con el tiempo se transformó en una orden de caballeros que bajo el mando de su primer Gran Maestre Hugues de Payns (1070-1136), combatió a los sarracenos. Tras el éxito inicial, el número de templarios aumentó y De Payns decidió constituir una orden religiosa. El primer donativo importante fue realizado por el rey de Jerusalén Balduino II (1079-1131), quien les permitió utilizar una parte del palacio real.
Más tarde, Bernando de Claraval (1090-1153) de la orden Cisterciense, le escribió a De Payns: “Ruego la cooperación de los Templarios con objeto de rehabilitar a los hombres impíos y empedernidos, ladrones y sacrílegos, asesinos, perjuros y adúlteros”. Esto bastó para que la secta buscase su reconocimiento en el Concilio de Troyes (1128), convocado por el papa Honorio II cuyo nombre secular era Lamberto Scannabecchi (1060-1130). Bajo la vigilancia de Claraval se estableció un ritual muy complejo que distinguía a la orden de cualquier otra sociedad secreta. Protegidos por los poderosos de la época, los templarios prosperaron económicamente, recibiendo tierras, granjas, pueblos y castillos. La máxima distinción les fue conferida por el papado, que los autorizó a mantener sus propios templos y su propio clero. Si alguien se atrevía a perseguir a un templario, podía ser excomulgado, de manera que el poder de la secta aumentó amparado por la religión católica.


Las actividades de los Templarios fueron celebradas en toda Europa, al combatir en numerosas batallas que fueron decisivas para la victoria de la segunda Cruzada (1146-1150). Los templarios -inmersos en la política de su tiempo- provocaron ellos mismos algunas guerras con el fin de sostener su estrategia. Su lema era: “Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam” (No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Ti sea dada toda la gloria). No obstante, aunque muchos lo creyeran así, el éxito de la Orden no se debió a su genio político, sino más bien a las habilidades financieras de sus integrantes. Estos se habían hecho inmensamente ricos con los donativos y utilizaban sus fondos en la concesión de préstamos usurarios y la práctica de diversos negocios.
Todo ello terminó el viernes 13 de octubre de 1307, cuando el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (1268-1314) -uno de sus enemigos más encarnizados- mandó apresar a los templarios. Esa noche cayeron más de quince mil caballeros en el continente europeo, acusados de perversiones sexuales, cultos satánicos y blasfemias. La Inquisición no perdió el tiempo e hizo “confesar” a muchos de ellos sus supuestos delitos. Tres años después se inició el proceso público en Vienne, Francia, y sesenta y siete templarios fueron quemados por herejes, luego de negar sus anteriores declaraciones. El resultado final fue que el papa Clemente V, cuyo nombre secular era Bertrand de Got (1264-1314), expidió una bula ordenando la disolución de la orden en 1312.
Los que habían confesado quedaron en libertad; los que no lo hicieron fueron castigados con prisión perpetua. El último Gran Maestre, Jacques Bernard de Molay (1240-1314) declaró en París: “Confieso que en verdad soy culpable de la mayor infamia. Pero la infamia es que he mentido... admitiendo los cargos repugnantes presentados contra mi orden. Por tanto, declaro que la Orden es inocente. Su pureza y santidad nunca han sido mancilladas. En el tribunal, yo había declarado de otra manera; pero lo hice por temor a las terribles torturas... Se me ofreció la vida, pero a cambio de la perfidia. A este precio la vida no merece vivirse”. El 19 de marzo de 1314 Molay y su camarada, el Preceptor de Normandía, Geoffroy de Charnay (1251-1314) fueron enviados a la hoguera. La multitud congregada sintió escalofrió cuando Molay gritó al rey y al papa: “¡Os convoco al tribunal de los Cielos antes de que termine el año, para que recibáis vuestro justo castigo, malditos!”. Probablemente, todo fue una terrible coincidencia, pero Clemente V murió un mes después y Felipe IV lo siguió a la tumba en noviembre de ese mismo año.


A comienzos del siglo XX, la Orden de los Nuevos Templarios fundada por Lanz tenía varios enemigos, entre ellos el socialismo, la democracia y el feminismo. Entre sus seguidores más notorios estaban Adolf Hitler (1889-1945) y Johann Dietrich Eckart (1868-1923), futuros baluartes del nazismo. En 1913 Lanz publicó en su revista “Ostara” (de la cual Hitler era lector) el artículo “Der Heilige Gral des mysteriums der arisch-christlichen rassenreligion” (El Santo Grial del misterio de la religión racial ario-cristiana). En él afirmó que “la leyenda del Grial es una representación del culto a la pureza racial de los antiguos caballeros templarios” y que “el Grial es el Dios-hombre llevado y mantenido por la mujer casta de clase superior”. Hay versiones que indican que el mito del origen bestial de las razas habría sido incluido por Hitler en la primera edición de su libro “Mein kampf” (Mi lucha). La teoría de Lanz incluía también el tema del “tercer ojo”, divulgado por el naturalista y arqueólogo alemán Wilhelm Bölsche (1861-1939) en su obra “Vom bazillus zum affenmenschen” (Del bacilo a los hombres-mono, 1900) en donde hacía mención de los misteriosos rayos N, que supuestamente habían sido descubiertos en 1903 por el francés Prosper René Blondlot (1849-1930).
Los arios primitivos de Lanz poseían órganos sensoriales que les permitían emitir rayos N y recibir señales eléctricas. A raíz de la degeneración racial, estos órganos se habían atrofiado, reduciéndose a la pituitaria y la glándula pineal.
Proféticamente, Lanz anunció: “No pasará mucho tiempo antes que surja un nuevo sacerdocio en la tierra del electrón y el Santo Grial”. Para impulsarlo, en 1905 aportó algunas ideas: maternidades estatales para madres arias solteras, educación de mujeres elegidas y poligamia de las elites para asegurar la pureza de la raza aria. Además, propuso medidas a tomar con las “razas inferiores”: esterilización, esclavitud, uso como bestias de carga, deportación a Madagascar e incineración como sacrificio al dios pagano Wotan. Treinta años más tarde Heinrich Himmler (1900-1945), Comandante en Jefe de los Escuadrones de Protección Schutzstaffel (SS), tomó bastante al pie de la letra estas recomendaciones.


El nexo entre la Orden de los Nuevos Templarios y el nazismo fue Rudolf von Sebottendorf, el alias que utilizaba el alquimista, numerólogo y astrólogo Adam Alfred Glauer (1875-1945), fundador de la Thule Gesellschaft (Sociedad Thule), una organización político-esotérica precursora del NSDAP, Nationalsozialistischen Deutschen Arbeiterpartei (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores). Admirador de Lanz, von Sebottendorf se identificaba con la cruz esvástica y situaba el origen de la raza aria en un continente perdido, la escandinava isla de Thule. Sebottendorf y Eckhart participaron -junto con el cabo Hitler- en operaciones militares contra los espartaquistas en Munich y en el asesinato del dirigente socialista Kurt Eisner (1867-1919).
También fue templario el vienés Karl Maria Wiligut (1866-1946), mano derecha de Himmler y activo participante en los campos de exterminio nazis. En 1933, Wiligut cambió su apellido por el de Weisthor y creó para las SS un ritual disciplinario inspirado en las órdenes guerreras medievales y las leyendas del Grial y la Mesa Redonda. Asimismo, proyectó la construcción del castillo de Wewelsburg, con la idea de convertirlo en la Santa Sede de las SS y polo mágico para la conquista del mundo. Weisthor también se dedicó a reescribir toda la historia conocida, fraguando pruebas arqueológicas e intentando probar la superioridad de la raza aria mediante la utilización de una hipotética “ciencia racial” desarrollada por los antropólogos Lucian Scherman (1864-1946), Ludwig Woltmann (1871-1907) y Hans Günther (1891-1968).
Si bien la creencia en el esoterismo era frecuente en los círculos de poder nazis, el mismo Hitler -ya en el poder- limitó la actividad de los Nuevos Templarios al considerar que su intención era lograr el monopolio de las fuerzas ocultas. Para el Führer, “la ciencia pura y aplicada es un logro casi exclusivamente ario”. Sólo “cuando el conocimiento recobra el carácter de secreto, de conocimiento para iniciados, y deja de ser accesible para todos y para cualquiera, cumple de nuevo su función normal, que es proporcionar los medios y el poder de controlar la naturaleza humana y no humana”.
Cuarenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1985 el historiador británico Nicholas Goodrick Clarke (1953-2012) publicó “The occult roots of nazism” (Las oscuras raíces del nazismo), ensayo en el cual escribió sobre el ocultismo y detalló las conexiones entre el nazismo y el esoterismo en Alemania y Austria entre 1880 y 1945. Ya en 1960 los escritores franceses Jacques Bergier (1912-1978) y Louis Pauwels (1920-1997) habían escrito en colaboración “Le matin des magiciens” (El retorno de los brujos), obra en la que, además de tratar temas por entonces novedosos como los fenómenos parapsicológicos, hablaron del esoterismo y su conexión con el nazismo.
Uno de los ejemplos más elocuentes del nexo entre los neotemplarios -tal como se los conoce hoy en día- y el nacionalsocialismo (nazismo) ha sido el escritor chileno Miguel Serrano (1917-2009), un fervoroso defensor en los años ‘70 y ‘80 del siglo pasado del supremacismo blanco, promotor del neonazismo en Chile y negacionista tanto del Holocausto como de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1915-2006) que se inició en ese país el 11 de septiembre de 1973 tras el derrocamiento del presidente Salvador Allende (1908-1973), quien había sido elegido democráticamente en noviembre de 1970.


Gran exponente del hitlerismo esotérico, en obras como “El cordón dorado. Hitlerismo esotérico” y “Nacionalsocialismo, única solución para los Pueblos de América del Sur” sostuvo que Hitler era la encarnación de una divinidad, un salvador y guía de la raza aria, y agrupó a los templarios junto a otros grupos surgidos a fines del siglo pasado a los que adjudicó una superioridad espiritual y heroica. También afirmó que toda la civilización americana fue producto de la única “raza auténtica”, la del “hombre blanco”, ya que los negros, los amarillos y los rojos, sólo eran hombres animales y esclavos nacidos en la mítica isla Atlántida mencionada por el filósofo griego Platón de Atenas (427-347 a.C.) en algunos de sus famosos “Diálogos”. E incluso aseguró que “el hitlerismo resurge imparable y en el futuro será, más que un sistema político, una religión”.
En 1981 el Vaticano, por entonces gobernado por el Papa Juan Pablo II -Karol Wojtyła (1920-2005)-, confeccionó una lista de cerca de medio millar de organizaciones que se declaraban sucesoras de los templarios. Y en 2006 se publicó en el diario británico “Daily Telegraph” una solicitada en la que se le pedía al Papa Benedicto XVI -Joseph Ratzinger (1927-2022)- que “restaure la Orden con los deberes, derechos y privilegios para el siglo XXI y los venideros”. En la misma se alentaba a “los grupos templarios y los compañeros de armas de todo el mundo” a ponerse en contacto con la Orden para organizar “a su debido tiempo” una reunión con el fin de renovar esa sociedad esotérica.
Hoy en día aún existen diseminados por el mundo discípulos de la Orden de los Nuevos Templarios, los neotemplarios, organizados en diversas hermandades y organizaciones. Su tradicional racismo ha prevalecido menos que su afición por el esoterismo, pero sigue siendo amparada por la opulencia y la desinhibición del moderno capitalismo. No son pocos los historiadores que desde hace bastante tiempo vienen estudiando la fascinación que ejercen estas organizaciones sobre la extrema derecha contemporánea.