14 de abril de 2019

John Lennon: “Los revolucionarios deben acercarse a los trabajadores, porque los trabajadores no se acercarán a ellos” (2)


El reportaje que le realizaran Tariq Alí y Robin Blackburn, que devino en discusión e intercambio de ideas, es considerado el más político que se conozca de John Lennon. Se dice que el mismo fue inspirador del tema "Power to the peoble" (Todo el poder al pueblo) que el músico publicaría como sencillo el 12 de marzo de 1971 y luego formaría parte del álbum recopilatorio del mismo nombre lanzado en 2010 cuando se cumplían treinta años de su asesinato delante del edificio Dakota en el Central Park West de la ciudad de Nueva York. Junto a su esposa Yoko Ono, el cantante y guitarrista había encabezado una firme campaña contra la guerra de Vietnam que tuvo un gran impacto en la opinión pública norteamericana. “Give peace a chance” (Dale una oportunidad a la paz), su canción aparecida el 4 de julio de 1969 en Inglaterra y tres día más tarde en Estados Unidos, era entonada como un himno por cada uno de los innumerables manifestantes que se oponían a la guerra, la mayoría de ellos jóvenes. La entrevista, que fue reproducida por la revista semestral norteamericana “CounterPunch”, más los conocidos contactos que Lennon había sostenido con el ministro religioso y activista Malcolm Little (1925-1965), más conocido como Malcolm X, tenaz defensor de los derechos de los afroestadounidenses, y con el poeta y activista John Sinclair (1941), miembro fundador del partido político White Panthers (Panteras Blancas), incomodó sobremanera al gobierno norteamericano encabezado por Richard Nixon (1913-1994), quien movilizó a la CIA y el FBI para que lo investigaran con el fin de lograr su deportación. Su tema “Happy Xmas (War is over)” (Feliz Navidad [La guerra ha terminado]), grabado en Nueva York a fines de octubre de 1971 y publicado como sencillo, y sus recientes relaciones con los activistas Abbie Hoffman (1936-1989), escritor y político cofundador del Youth International Party (Partido Internacional de la Juventud), con Jerry Rubin (1938-1994), líder de las primeras protestas contra la guerra en Vietnam, y con Bobby Seale (1936), cofundador del Black Panther Party (Panteras Negras) que luchaba contra la segregación racial, no hicieron más que agravar su situación. Así, mientras sus canciones eran adoptadas como himnos por el movimiento contra la guerra y la contracultura, la oficina de inmigración le hizo llegar una comunicación mediante la cual se le negaba la residencia permanente en Estados Unidos y se lo obligaba a abandonar el país (una situación que se resolvería favorablemente para los Lennon en 1976). Mientras tanto aparecieron sus discos “Imagine”, “Some time in New York City”, “Mind games”, “Walls and bridges”, “Rock 'n' Roll” y “Double fantasy”, pero esa es otra historia. A renglón seguido, la segunda y última parte de la famosa entrevista.


Dices que la música de country & western derivó del folk europeo. ¿No trata a veces de temas bastante horribles, como perder y ser derrotado?

Cuando niños, todos nos oponíamos al folk porque era tan de clase media. Era cosa de estudiantes universitarios con grandes pañuelos y medio litro de cerveza en la mano, cantando folk en lo que llamamos voces la-di-da. “Trabajé en una mina en Newcastle” y toda esa porquería. Hay muy pocos auténticos cantantes de folk, sabes, aunque me gustaba un poco Dominic Behan, y hay algún material bueno que se escucha en Liverpool. Pero ocasionalmente escuchas discos muy viejos en la radio o en la televisión de verdaderos trabajadores en Irlanda u otra parte que cantan esas canciones y el poder que tienen es fantástico. Pero la mayor parte de la música folk es de gente con voces resonantes que tratan de mantener vivo algo viejo y muerto. Es todo un poco aburrido, como el ballet: un asunto para minorías, mantenido por un grupo minoritario. En la actualidad la canción folk es el rock & roll. Aunque sucede que surgió de Estados Unidos, no es realmente importante que así sea a fin de cuentas, porque escribimos nuestra propia música, y eso lo cambió todo. Yoko dice que hay básicamente dos tipos de personas en el mundo: las que tienen confianza porque saben que tienen la capacidad de crear, y luego las personas que han sido desmoralizadas , que no tienen confianza en sí mismas, porque les han dicho que no tienen capacidad creativa, sino que deben cumplir órdenes. Las instituciones dominantes quieren tener gente que no tome responsabilidades y que no se respete.

Supongo que el control obrero se refiere a eso...

¿No trataron de hacer algo así en Yugoslavia?; se han liberado de los rusos. Me gustaría ir allá y ver cómo funciona.

Bueno, así es; trataron de romper con el modelo estalinista. Pero en lugar de permitir un control obrero desenvuelto, agregaron una fuerte dosis de burocracia política. Tendía a asfixiar la iniciativa de los trabajadores, y también regularon todo el sistema mediante un mecanismo de mercado que causó nuevas desigualdades entre una región y otra.

Parece que todas las revoluciones terminan en un culto a la personalidad, incluso los chinos parecen necesitar una figura paterna. Supongo que esto también ocurre en Cuba, con el Che y Fidel. En el comunismo de estilo occidental tendríamos que crear una imagen casi imaginaria de los propios trabajadores para que la vean como la figura paterna.

Es una idea bastante buena. La clase trabajadora se convierte en su propio héroe. Mientras no se convierta en una nueva ilusión reconfortante, mientras haya un auténtico poder de los trabajadores. Si un capitalista o un burócrata manejan tu vida, necesitas compensarlo con ilusiones. Es el punto crucial. Hay que instilar en la clase trabajadora un sentimiento de confianza en sí misma. No se puede hacer sólo mediante la propaganda, los trabajadores deben actuar, apoderarse de sus propias fábricas y decir a los capitalistas que se vayan al diablo. Es lo que comenzó a suceder en mayo de 1968 en Francia... los trabajadores comenzaron a sentir su propia fuerza.

Pero el Partido Comunista no estuvo a la altura, ¿verdad?

No, no estuvo. Con diez millones de trabajadores en huelga, podrían haber dirigido una de esas inmensas manifestaciones que ocurrieron en el centro de París a una ocupación masiva de todos los edificios e instalaciones gubernamentales, reemplazando a de Gaulle por una nueva institución de poder popular como la Comuna o los soviets originales, que podrían haber iniciado una auténtica revolución, pero el Partido Comunista Francés tuvo miedo. Prefirieron manejarse por arriba en lugar de alentar a los trabajadores a tomar la iniciativa ellos mismos...

Formidable, pero hay un problema al respecto. Todas las revoluciones han ocurrido cuando un Fidel o un Marx o un Lenin o quien sea, que eran intelectuales, pudieron comunicarse con los trabajadores. Juntaron un buen grupo de gente y los trabajadores parecieron comprender que vivían en un estado reprimido. No han despertado todavía en este país, siguen creyendo que los coches y los televisores son la respuesta. Hay que sacar a esos estudiantes izquierdistas a que hablen con los trabajadores, hay que involucrar a los chicos de las escuelas con “The Red Mole”.

Tienes toda la razón. Hemos estado tratando de hacerlo y deberíamos hacer más. Esta nueva Ley de Relaciones Industriales que el gobierno está tratando de introducir lleva a más y más trabajadores a comprender lo que sucede.

No creo que esa ley pueda funcionar. No creo que puedan imponerla. No creo que los trabajadores cooperarán con ella. Pensé que el gobierno de Wilson fue una gran desilusión pero estos de Heath son peores. Están acosando al “underground”, los militantes negros ya ni siquiera pueden vivir en sus propias casas, y están vendiendo más armas a los sudafricanos. Como dijera Richard Neville, puede que haya sólo una pulgada de diferencia entre Wilson y Heath, pero vivimos en esa pulgada.

No estoy seguro. Los laboristas introdujeron políticas racistas de inmigración, apoyaron la guerra de Vietnam y esperaban proponer nuevas leyes contra los sindicatos. Podrá ser verdad que vivimos en la pulgada de diferencia entre los laboristas y los conservadores, pero mientras lo hagamos seremos impotentes e incapaces de cambiar algo. Tal vez Heath nos está haciendo un favor al obligarnos a salir de esa pulgada, sin tener la intención de hacerlo...

Sí, he pensado también en eso. Esto de colocarnos en un rincón para que tengamos que descubrir cómo tratan a otra gente. Siempre leo el “Morning Star” para ver si hay alguna esperanza, pero parece estar en el siglo XIX; parece que lo escribiesen liberales fracasados de mediana edad. Deberíamos tratar de alcanzar a los jóvenes trabajadores porque es la edad en la que se es más idealista y se tiene menos miedo. De alguna manera, los revolucionarios deben acercarse a los trabajadores, porque los trabajadores no se acercarán a ellos. Pero cuesta saber por dónde comenzar; todos estamos metidos en la represa. Pienso que mi problema es que tengo que volverme más realista. Me he apartado de la mayoría de la gente de clase trabajadora que lo que más les gusta es Engelbert Humperdinck. Ahora son los estudiantes los que nos compran, y ése es el problema. Ahora los Beatles son cuatro personas separadas, no tenemos el impacto que tuvimos cuando estábamos juntos.

Ahora tratas de nadar contra la corriente de la sociedad burguesa, lo que es mucho más difícil.

Sí, poseen todos los periódicos y controlan toda la distribución y la promoción. Cuando llegamos sólo Decca, Philips y EMI podían realmente producirte un disco. Tenías que pasar por toda la burocracia para llegar al estudio de grabación. Te encontrabas en una posición tan humilde, no tenías más de doce horas para hacer todo un álbum, que es lo que hicimos en los primeros tiempos. Incluso ahora es lo mismo; si eres un artista desconocido, tienes suerte si consigues una hora en un estudio. Es una jerarquía y si no tienes éxitos, no te graban de nuevo. Y controlan la distribución. Tratamos de cambiar eso con Apple, pero terminaron por derrotarnos. Todavía lo controlan todo. EMI liquidó nuestro álbum “Two virgins” porque no les gustó. En el último disco censuraron las letras de las canciones impresas en la funda del disco. Una porquería ridícula e hipócrita. Tienen que dejarme cantar pero no se atreven a permitir que lo leas. Demencial.

Aunque ahora llegas a menos gente, tal vez el efecto puede ser más concentrado.

Sí, creo que puede ser verdad. Al principio, la gente de clase trabajadora reaccionó contra nuestra franqueza sobre el sexo. Le tenían miedo a la desnudez, están representados de ese modo, al igual que otros. Tal vez pensaron “Paul es un muchacho bueno, no provoca líos”. También cuando Yoko y yo nos casamos, recibimos terribles cartas racistas, advirtiéndome de que me iban a degollar. Llegaron sobre todo de gente del ejército que vive en Aldershot, oficiales. Ahora los trabajadores se muestran más amistosos hacia nosotros, tal vez las cosas están cambiando. Me parece que los estudiantes están ahora suficientemente despiertos a medias para tratar y despertar a sus hermanos trabajadores. Si no transmites tu propia conciencia, ésta vuelve a cerrarse. De ahí la necesidad básica de que los estudiantes se mezclen con los trabajadores y los convenzan de que no están hablando mamarrachadas. Y desde luego es difícil saber lo que piensan realmente los trabajadores porque en todo caso la prensa capitalista siempre se limita a citar a portavoces como Vic Feather, el Secretario General de la Unión de los Sindicatos Británicos. Así que la única posibilidad es hablarles directamente, sobre todo a los trabajadores jóvenes. Tenemos que comenzar con ellos porque saben que están en contra. Por eso hablo de la escuela en el álbum. Quisiera incitar a la gente a romper el marco, a ser desobediente en la escuela, a sacarles la lengua, a insultar permanentemente a la autoridad. Mientras más realidad enfrentamos, más nos damos cuenta de que la irrealidad es el programa principal del día. Mientras más reales nos volvemos, mientras más abuso recibimos, más nos radicalizamos de cierto modo, como que nos colocan en un rincón. Pero sería mejor si fuéramos más.

La comunicación es vital para edificar un movimiento, pero a fin de cuentas es impotente, a menos que pueda desarrollar fuerza popular. Ninguna clase dominante en toda la historia ha renunciado voluntariamente al poder y no creo que eso cambie. La gente que lucha contra la opresión se ve atacada por los que tienen un interés creado en que nada cambie, los que quieren proteger su poder y su riqueza. Mira a la gente en Bogside y Falls Road en Irlanda del Norte; fueron implacablemente atacados por la policía especial porque comenzaron a manifestarse por sus derechos. Una noche en agosto de 1969, siete personas murieron y a miles las expulsaron de sus hogares. ¿No tenían derecho a defenderse? La violencia popular contra sus opresores es siempre justificada. No se puede evitar.

No puedes tomar el poder sin una lucha...

Ése es el aspecto crucial.

Porque, cuando se llega al meollo de la cuestión, no dejarán que el pueblo tenga poder alguno, concederán todos los derechos para actuar y bailar para ellos, pero no un poder real. Después de la revolución tienes el problema de lograr que las cosas sigan adelante, de concertar todos los diferentes puntos de vista. Es muy natural que los revolucionarios tengan diferentes soluciones, que se dividan en diferentes grupos y luego se reformen, eso es la dialéctica, ¿no es cierto? Pero al mismo tiempo tienen que unirse contra el enemigo, solidificar un nuevo orden. No sé cuál es la respuesta; obviamente Mao tiene conciencia del problema y mantiene las cosas en marcha.

El peligro es que una vez que se ha creado un estado revolucionario, tiende a formarse una nueva burocracia conservadora a su alrededor. Este peligro tiende a aumentar si el imperialismo aísla a la revolución y hay escasez material.

Una vez que el nuevo poder llega al mando tiene que establecer un nuevo statu quo sólo para mantener en funcionamiento las fábricas y los trenes en circulación.

Sí, pero una burocracia represiva no dirige necesariamente las fábricas o los trenes mejor de lo que lo harían los trabajadores bajo un sistema de democracia revolucionaria.

Sí, pero todos tenemos instintos burgueses en nuestro interior, todos nos cansamos y sentimos la necesidad de descansar un poco. ¿Cómo mantienes todo en funcionamiento y el fervor revolucionario después de lograr lo que te habías propuesto? Por supuesto, Mao los ha mantenido en China, pero ¿qué pasará cuando muera Mao? También utiliza un culto a la personalidad. Tal vez sea necesario; como dije, todos parecen necesitar una figura paterna. Pero he estado leyendo “Khrushchev recuerda”. Sé que es un tipo especial, pero parece pensar que fue malo que se convirtiera a un individuo en una religión; que no parece formar parte de la idea comunista básica. Pero la gente es la gente, ésa es la dificultad. Si tomáramos el poder en Gran Bretaña, tendríamos la tarea de limpiarla de la burguesía y de mantener a la gente en un estado mental revolucionario.

En Gran Bretaña, a menos que podamos crear un nuevo poder popular -y quiero decir básicamente un poder de los trabajadores- controlado por las masas y que responda ante las masas, no podríamos hacer la revolución para comenzar. Sólo un poder de los trabajadores que esté profundamente arraigado podría destruir el estado burgués.

Creo que no sería tan difícil que la juventud se ponga realmente en movimiento. Tendrías que darle rienda suelta para atacar los ayuntamientos o para destruir a las autoridades escolares, como los estudiantes que rompen la represión en las universidades. Ya está sucediendo, aunque la gente tiene que unirse más. Y las mujeres también son muy importantes, no podemos tener una revolución que no involucre y libere a las mujeres. La manera como te enseñan la superioridad masculina es tan sutil. Me costó bastante tiempo darme cuenta de que mi masculinidad estaba limitando ciertas áreas para Yoko. Es una liberacionista al rojo vivo y me mostró rápidamente los errores que cometía, aunque a mí me parecía que me portaba normalmente. Por eso siempre me interesa saber cómo trata a las mujeres la gente que afirma que es radical.

Siempre ha habido por lo menos tanto chauvinismo macho en la izquierda como en cualquier otra parte, aunque el ascenso de la liberación de la mujer está ayudando a eliminarlo.

Es ridículo. Cómo puedes hablar de poder para el pueblo a menos que te des cuenta de que el pueblo se compone de ambos sexos. Desde luego, Yoko estaba bien involucrada con el tema de la liberación antes de que yo la conociera. Tuvo que luchar en un mundo masculino -el mundo del arte está dominado por completo por hombres-, así que estaba saturada de celo revolucionario cuando nos encontramos. Nunca hubo discusión alguna al respecto: teníamos que tener una relación a partes iguales o no habría relación. Lo aprendí rápidamente. Hizo un artículo sobre las mujeres en “Nova” hace más de dos años, en el que dijo: “La mujer es el negro del mundo”.

Por cierto, todos vivimos en un país imperialista que explota al Tercer Mundo, e incluso nuestra cultura participa. Hubo un tiempo en el que la música de los Beatles era publicitada por la “Voz de América”...

Los rusos proclamaban que éramos robots capitalistas, y supongo que lo éramos...

Fue bastante estúpido por su parte que no se dieran cuenta de que era algo diferente. Yo trabajaba en Cuba cuando apareció “Sergeant Pepper” y es cuando comenzaron por primera vez a tocar música de rock en la radio.

Bueno, esperemos que vean que rock & roll no es lo mismo que Coca-Coca. A medida que vamos más allá del sueño, debería ser más fácil; por eso hago declaraciones más fuertes en la actualidad y trato de librarme de la imagen del quinceañero. Quiero llegar a la gente apropiada, y quiero hacer que lo que tengo que decir sea muy simple y directo.

Tu último álbum suena muy simple al comienzo, pero los textos, el ritmo y la melodía se elevan a una complejidad de la que uno se da cuenta sólo poco a poco. Como el tema “My mummy’s dead” recuerda la canción de cuna “Three blind mice” y trata de un trauma infantil.

Así es, era esa clase de sentimiento, casi como un poema Haiku. Recientemente, me inicié en Haiku en Japón y creo que es simplemente fantástico. Obviamente, cuando te liberas de toda un segmento de ilusiones en tu mente, te queda una gran precisión.

¿Cómo piensas que podemos destruir el sistema capitalista aquí en Gran Bretaña, John?

Pienso que sólo si logramos que los trabajadores sean conscientes de la posición realmente infeliz en la que se encuentran, destruyendo el sueño que los rodea. Creen que viven en un país maravilloso, con libertad de expresión. Tienen coches y televisores, y no quieren pensar en que pueda haber algo más en la vida. Están dispuestos a que los mandamases los dirijan, a ver que a sus hijos los arruinan en la escuela. Sueñan el sueño de un ser ajeno, no es el de ellos mismos. Deberían darse cuenta de que los negros y los irlandeses son acosados y reprimidos y que ellos mismos vendrán después. En cuanto empiecen a darse cuenta de todo eso, podremos comenzar realmente a hacer algo. Los trabajadores pueden comenzar a hacerse cargo. Como dijera Marx: “A cada cual según su necesidad”. Pienso que funcionaría bien en este país. Pero también tendríamos que infiltrar al ejército, porque están bien entrenados para matarnos a todos. Tenemos que comenzar todo esto desde el hecho de que nosotros mismos somos los oprimidos. Pienso que es falso, frívolo, dar a otros cuando tu propia necesidad es grande. La idea no es reconfortar a la gente, no es hacer que se sienta mejor, sino que se sienta peor, que se le muestren constantemente las degradaciones y humillaciones que sufre para conseguir lo que llaman un salario vital.

13 de abril de 2019

John Lennon: “Los revolucionarios deben acercarse a los trabajadores, porque los trabajadores no se acercarán a ellos” (1)


Indudablemente la década del ’60 del siglo pasado fue una época tanto de convulsión política como de procesos de ebullición creativa. Al recrudecimiento de la confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética disputándose el predominio mundial en el marco de lo que se conoció como “Guerra fría”, se le sumaron las luchas anticolonialistas en África y Asia, la guerra de Vietnam, la revolución cubana, los movimientos guerrilleros en Latinoamérica, las revueltas de los estudiantes en México y Francia, la rebelión de los negros en Estados Unidos, las dictaduras militares en buena parte de los países centro y sudamericanos, por citar sólo algunos acontecimientos. Pero, por otro lado, fue un tiempo en el que se generalizó la rebeldía mundial en prácticamente todos los rubros de la vida cotidiana, un fenómeno en el cual los jóvenes adquirieron un protagonismo fundamental al rebelarse contra la moral establecida y el orden instituido. Esa rebelión juvenil se manifestó tanto en la música y la literatura como en el cine y la moda. El surgimiento del movimiento hippie, la música psicodélica, la revolución sexual, el amor libre, la creación de la minifalda, el consumo recreativo de drogas, la preocupación por el medio ambiente y el rechazo al consumismo y el materialismo capitalistas fueron algunos de los aspectos sobresalientes de esa manifestación contracultural. Fue en ese ámbito que la ciudad de Liverpool, Inglaterra, una ciudad fundada en 1207, se convirtió en un centro cultural juvenil con la banda de rock The Beatles como máximos representantes. Fueron ellos la mayor de las expresiones musicales que marcaron una generación y canalizaron a su manera el descontento social y juvenil de la posguerra. Sobre todo, tras su disolución en 1970, fue John Lennon (1940-1980) quien tomó las posturas más radicales con respecto a temas políticos y sociales candentes en la época, desde el rechazo a la intervención británica en la guerra civil de Nigeria y el apoyo a la lucha de liberación del pueblo de Irlanda, hasta una crítica profunda de la religión, la familia y la opresión a las mujeres. Tras contraer matrimonio con la artista japonesa Yoko Ono (1933) en 1969, dos años más tarde la pareja se radicó en Nueva York, en donde Lennon se vinculó con activistas contra la guerra de Vietnam como Abbie Hoffman (1936-1989) y Jerry Rubin (1938-1994). Cuando todavía vivía en Inglaterra, ya se había relacionado con dirigentes de izquierda, entre ellos el escritor e historiador de origen pakistaní Tariq Ali (1943), colaborador habitual de medios de prensa como “New Left Review”, “The Guardian”, “CounterPunch”, “London Review of Books”, “Monthly Review” y “Z Magazine”. Ali fue, además, autor de medio centenar de libros entre los que pueden mencionarse "Pirates of the Caribbean. Axis of hope” (Piratas del Caribe. El eje de la esperanza), “Clash of fundamentalisms” (El choque de los fundamentalismos), “The dilemmas of Lenin” (Los dilemas de Lenin), “The stalinist legacy”. Its impact on 20th. century world politics” (El legado estalinista. Su impacto en la política mundial del siglo XX), "Trotsky for beginners” (Trotsky para principiantes) y “Street fighting years. An autobiography of the sixties” (Años de lucha en la calle. Una autobiografía de los sesenta). Lennon también conoció al editor de la “New Left Review” Robin Blackburn (1940), un historiador británico reconocido por sus obras sobre el pensamiento de Karl Marx (1818-1883), sus estudios sobre el capitalismo y el socialismo, y sobre historia de la esclavitud. Formado en la Universidad de Oxford, es autor entre otras obras de los ensayos "The american crucible. Slavery, emancipation and human rights” (El origen Americano. Esclavitud, emancipación y derechos humanos), “The overthrow of colonial slavery. 1776-1848” (El derrocamiento de la esclavitud colonial. 1776-1848), “Ideology in social science. Readings in critical social theory” (Ideología en ciencias sociales. Lecturas en teoría social crítica) y “Revolution and class struggle” (Revolución y lucha de clases). Y fueron precisamente ellos, Ali y Blackburn, quienes realizaron una entrevista a John Lennon que aparecería publicada en enero de 1971 en “Red Mole”, el periódico de la organización International Marxist Group, un apéndice británico de la IV Internacional. La primera parte de ese histórico reportaje es lo que sigue a continuación.


Tu último disco y tus recientes declaraciones, especialmente las entrevistas en la revista “Rolling Stone”, sugieren que tus puntos de vista se radicalizan cada vez más y se vuelven más políticos. ¿En qué momento dirías que comenzó a ocurrir?

Siempre he tenido conciencia política y he estado contra el “statu quo”. Es bastante básico, cuando has aprendido desde chico, como yo, a odiar y a temer a la policía como tu enemigo natural y a despreciar al ejército como algo que se lleva a todos y los abandona muertos en alguna parte. Es simplemente un asunto básico de la clase trabajadora; aunque comienza a desteñirse cuando vas envejeciendo, tienes una familia y te traga el sistema. En mi caso nunca he dejado de ser una persona política, aunque la religión tendía a eclipsarlo en mis días de ácido, allá por el ’65 o el ‘66. Y esa religión fue el resultado directo de toda esa porquería de la superestrella: la religión fue una válvula de escape para mi represión. Pensé: “Bueno, hay algo más allá de la vida, ¿no es cierto? Seguro que no puede ser esto”. Pero de cierto modo siempre fui político. En los dos libros que escribí, aunque los hice en una especie de jerga joyceana, hay muchos palos a la religión y hay un drama sobre un trabajador y un capitalista. He estado satirizando al sistema desde mi infancia. Solía escribir revistas en la escuela y las distribuía. Tenía mucha conciencia de clase, solían decir que era un resentido, porque sabía lo que me había sucedido y sabía de la represión de clase que nos afectaba. Era un maldito hecho, pero en el huracán del mundo de los Beatles, se quedó afuera, cada vez me apartaba más de la realidad, durante un cierto tiempo.

¿Cuál piensas que fue el motivo para el éxito de tu tipo de música?

Bueno, en esa época se pensaba que los trabajadores se habían impuesto, pero me doy cuenta en retrospectiva de que es el mismo trato engañoso como el que les dieron a los negros; fue sólo que permitieron que los negros fueran corredores, boxeadores o artistas. Es la alternativa que te permiten, ahora la salida es ser estrella pop, que es en realidad lo que digo en el álbum en “Working class hero”. Como dije en “Rolling Stone”, los que tienen el poder son los mismos, el sistema de clases no cambió ni una pizca. Desde luego, hay mucha gente que anda por ahí ahora con pelo largo y algunos chicos a la moda de clase media andan en ropas hermosas. Pero nada cambió con la excepción de que todos nos vestimos un poco mejor y dejamos que los mismos hijos de puta dirijan todo.

Por cierto, la clase es algo que los grupos de rock norteamericanos no han tocado todavía.

Porque todos son de clase media y burgueses y no quieren mostrarlo. Tienen miedo a los trabajadores, en realidad, porque los trabajadores parecen fundamentalmente de derecha en Estados Unidos, aferrados a sus bienes. Pero si esos grupos de clase media se dan cuenta de lo que sucede y lo que ha hecho el sistema de clases, es cosa de ellos que repatríen a la gente y que se salgan de toda esa mierda burguesa.

¿Cuándo comenzaste a salirte del papel que se te impuso como Beatle?

Incluso durante el apogeo de los Beatles traté de oponerme, igual que George. Fuimos unas pocas veces a Estados Unidos y Epstein siempre trató de llenarnos de palabras vacías sobre Vietnam. Así llegó el momento en el que George y yo dijimos: “Escucha, cuando pregunten la próxima vez, vamos a decir que no nos gusta esa guerra”. Fue la primera oportunidad en la que saqué a relucir un poco la bandera. Pero tienes que recordar que siempre me sentí reprimido. Estábamos todos tan presionados que apenas había alguna oportunidad de expresarnos, especialmente cuando trabajábamos a ese ritmo, viajando continuamente y mantenidos todo el tiempo en un capullo de mitos y sueños. Es bastante duro cuando eres César y todos dicen lo maravilloso que eres y te dan todos los bienes y las muchachas; es bastante duro escapar de eso, decir: “Bueno, no quiero ser rey, quiero ser real”. Así que el segundo acto político que hice fue decir “los Beatles son más grandes que Jesucristo”. Eso realmente hizo estallar la escena. Casi me fusilan por eso en Estados Unidos. Fue un trauma inmenso para todos los chicos que nos seguían. Hasta entonces se mantuvo esa política tácita de no responder a preguntas delicadas, aunque yo siempre leía en los periódicos las secciones de política. La conciencia continua de lo que estaba sucediendo me hacía sentir avergonzado de no decir nada. Estallé porque ya no podía seguir jugando el juego, simplemente ya era demasiado. Desde luego, Estados Unidos aumentó la presión, especialmente porque la guerra ocurría allí. De cierto modo resultamos ser un caballo de Troya. Los “Fabulosos Cuatro” llegamos directamente a la cumbre y cantamos sobre drogas y sexo, y entonces me metí en más y más cosas pesadas. Y ahí fue cuando comenzaron a abandonarnos.

¿No hubo siempre una doble carga en lo que hacían desde el comienzo?

Sí, bueno, lo primero que hice fue proclamar nuestra idiosincrasia propia de Liverpool al mundo, y decir “está bien provenir de Liverpool y hablar así”. Antes, cualquiera de Liverpool que tenía éxito, como Ted Ray, Tommy Handley, Arthur Askey, tenía que perder su acento para presentarse en la BBC. Sólo eran comediantes, pero es lo que Liverpool producía antes de nosotros. Nos negamos a seguir ese juego. Después de que salieron a la escena los Beatles, todos comenzaron a hablar con acento de Liverpool.

De cierto modo, ¿pensabas en política incluso cuando parecías estar hablando mal de la revolución?

Ah, seguro. “Revolution”. Hubo dos versiones de esa canción, pero la izquierda del “underground” sólo escogió la que decía “no cuenten conmigo”. La versión original que apareció en el LP decía también “cuenten conmigo”; puse las dos cosas porque no estaba seguro. Hubo una tercera versión que fue sólo abstracta, música concreta, una especie de bucles y cosas así, gente gritando. Pensé que estaba pintando con sonidos un cuadro de la revolución; pero cometí un error. El error fue que era contrarrevolucionario. En la versión publicada como single decía “cuando hables de destrucción no cuentes conmigo”. No quería que me mataran. Realmente no sabía mucho de los maoístas, pero sólo sabía que parecían ser tan pocos y a pesar de ello se pintaban de verde y se paraban frente a la policía esperando que los detuvieran. Sólo pensé que era poco sutil. Pensé que los revolucionarios comunistas originales se coordinaban un poco mejor y que no andaban gritando al respecto. Es lo que sentía; realmente formulaba una pregunta. Siendo de clase trabajadora, siempre me interesaron Rusia y China y todo lo que se relacionaba con la clase trabajadora, aunque estaba metido en el juego capitalista. En una época estuve tan metido en la mierda religiosa que andaba por ahí llamándome comunista cristiano, pero como dice Janov, la religión es la locura legalizada. La terapia alejó todo eso y me hizo sentir mi propio dolor.

Ese analista al que fuiste, cómo se llama...

Janov.

¿Sus ideas parecen tener algo en común con Laing en el sentido de que no quiere reconciliar a la gente con su miseria, ajustarlos al mundo, sino más bien hacer que enfrenten sus causas?

Bueno, se basa en sentir el dolor que se ha acumulado en tu interior desde la infancia. Tuve que hacerlo para liquidar realmente todos los mitos religiosos. En la terapia sientes realmente cada momento doloroso de tu vida, es penosísimo. Te obligan a comprender que tu dolor, del tipo que te hace despertar con miedo, con tu corazón latiendo fuerte, es realmente tuyo y no el resultado de alguien que está arriba en los cielos. Es el resultado de tus padres y de tu entorno. Al darme cuenta de esto comencé a encontrar mi sitio. Esa terapia me obligó de decir adiós a toda esa porquería de Dios. Todos los que crecemos tenemos que aceptar demasiado dolor. Aunque lo reprimimos, sigue estando ahí. El peor dolor es el de no ser deseado, de darte cuenta de que tus padres no te necesitan del mismo modo como tú los necesitas a ellos. Cuando era niño viví momentos en los que no quería ver la fealdad, no quería ver que no era deseado. Esa falta de amor llegó a mis ojos y a mi mente. Janov no sólo te habla de esto, sino que te hace sentirlo; una vez que te has permitido volver a sentir, haces la mayor parte del trabajo tú mismo. Cuando despiertas y tu corazón resuena como una bomba o tu espalda se siente tensa o desarrollas algún otro trauma, tienes que dejar que tu mente vaya hacia el dolor y el dolor mismo reproducirá maquinalmente la memoria que originalmente te llevó a suprimirla en tu cuerpo. Así, el dolor se va por el canal correcto en lugar de ser reprimido nuevamente, como ocurre cuando tomas una píldora o un baño, diciendo “bueno, ya se pasará”. La mayoría de la gente canaliza su dolor hacia Dios o la masturbación, o hacia algún sueño de tener éxito. La terapia es un viaje ácido muy lento que ocurre naturalmente en tu cuerpo. Es difícil hablar del tema porque sientes “yo soy dolor” y suena algo arbitrario, pero el dolor para mí tiene ahora un significado diferente porque he sentido físicamente todas estas extraordinarias represiones. Fue como hablar sin guantes y sentir por primera vez tu propia piel. Es algo aburrido decirlo, pero no creo que puedas comprender esto a menos que hayas pasado por ello, aunque trato de colocar algo al respecto en el álbum. Pero en todo caso para mí todo formó parte de la disolución del viaje de Dios o del viaje del personaje del padre. Encarar la realidad en lugar de andar buscando siempre algún tipo de cielo.

¿Ves a la familia en general como la fuente de estas represiones?

El mío es un caso extremo. Mi padre y mi madre se separaron y nunca vi a mi padre hasta llegar a los veinte años, ni vi mucho más a mi madre.

¿Qué relación con tu música tiene todo esto?

El arte es sólo una manera de expresar dolor.

Muchas de las canciones de los Beatles solían ser sobre la infancia...

Sí, sería sobre todo yo.

Aunque eran muy buenas, siempre faltaba un elemento...

Habrá sido la realidad, ése habrá sido el elemento faltante. Porque en realidad nunca me quisieron. Porque nunca me quisieron realmente. El único motivo por el que soy una estrella es por mi represión. Nada me habría impulsado a todo eso si hubiese sido “normal”. El único motivo por el que me fijé ese objetivo es porque quería decir: “Ahora, mamita-papito, ¿me quieren ahora?”.

Pero tuviste éxito más allá de los sueños más fantásticos de la mayoría de la gente.

¡Oh, Jesucristo!, fue una opresión total. Quiero decir que tuve que pasar de una humillación tras otra de parte de las clases medias, del negocio del espectáculo y de los alcaldes y todo eso. Eran tan condescendientes y estúpidos. Todos trataban de aprovecharse de nosotros. Fue una humillación especial para mí porque nunca pude callarme la boca y siempre tenía que estar borracho o con píldoras para contrarrestar esa presión. De verdad fue el infierno... Fue muy miserable. Es decir, fuera de la primera euforia de tener éxito, de la emoción del primer número, del primer disco, del primer viaje a Estados Unidos. Al comienzo tuvimos una especie de objetivo como el de ser igual de grandes que Elvis; avanzar fue algo tremendo, pero el logro fue la gran decepción. Descubrí que tenía que complacer permanentemente al tipo de gente que siempre había odiado cuando era niño. Eso comenzó a devolverme a la realidad. Comencé a comprender que todos somos oprimidos, por lo que quisiera hacer algo respecto a eso, aunque no estoy seguro de cuál es mi lugar.

Bueno, en todo caso, la política y la cultura están vinculadas, ¿no es cierto? Quiero decir, los trabajadores son reprimidos por la cultura, no por los fusiles, en la actualidad...

Están dopados...

Y la cultura que los está dopando, el artista puede hacerla o romperla...
Es lo que estoy tratando de hacer con mis álbumes y en estas entrevistas. Lo que estoy tratando de hacer es influenciar a todos los que puedo, a todos los que siguen soñando, y sólo provocar un gran signo de interrogación en sus mentes. Ya pasó el sueño ácido, es lo que trato de decirles.

Incluso en el pasado la gente usaba canciones de los Beatles y les cambiaba las palabras. “Yellow submarine”, por ejemplo, tuvo una serie de versiones. Una que cantaban los huelguistas comenzaba “Todos vivimos de pan y margarina”; en la Escuela de Economía de Londres (LSE) teníamos una versión que comenzaba con “Todos vivimos en una LSE roja”.

Eso me gusta. Y me alegré cuando las multitudes del fútbol cantaban en los primeros días “All together now”, ésa fue otra. Y también me gustó cuando el movimiento en Estados Unidos usó “Give peace a chance”, porque en realidad lo que quise hacer al escribirla fue eso. Esperaba que en lugar de cantar “venceremos” de 1800 o algo así, tendrían algo contemporáneo. Sentí una obligación incluso de escribir una canción que la gente cantaría en el pub o en una manifestación. Por eso quisiera escribir ahora canciones para la revolución...

Sólo tenemos unas pocas canciones revolucionarias y fueron compuestas en el Siglo XIX. ¿Encuentras algo en nuestras tradiciones musicales que podría utilizarse para canciones revolucionarias?

Cuando comencé, el propio rock & roll fue la revolución básica para la gente de mi edad y situación. Necesitábamos algo fuerte y claro para irrumpir a través de toda la falta de sentimiento y la represión que nos habían caído encima como niños. Al comienzo nos sentíamos un poco conscientes de ser norteamericanos de imitación. Pero nos lanzamos a la música y encontramos que era mitad country & western blanco y mitad rhythm & blues negro. La mayor parte de las canciones provenían de Europa y de África y ahora vuelven a nosotros. Muchas de las mejores canciones de Dylan vinieron de Escocia, Irlanda o Inglaterra. Fue una especie de intercambio cultural. Aunque debo decir que para mí las canciones más interesantes fueron las negras, porque eran más simples. Como que te sacuden el culo, o tu polla, lo cual realmente fue una innovación. Y luego existían las canciones del campo que expresaban sobre todo el dolor que sufrían. No podían expresarse intelectualmente, así que tenían que decir en unas pocas palabras lo que les estaba ocurriendo. Y luego estaban los blues de la ciudad y gran parte trataba de sexo y peleas. Mucho de esto fue autoexpresión, pero sólo en los últimos años se han expresado por completo con Black Power, como Edwin Starr cuando hace discos sobre la guerra. Antes de eso, muchos cantantes negros todavía trabajaban bajo ese problema de Dios; a menudo era cosa de que “Dios nos salvará”. Pero todo el tiempo los negros cantaron directa e inmediatamente sobre su dolor y también sobre sexo, lo que hizo que me gustara.

2 de abril de 2019

De qué hablamos cuando hablamos de religión


En un artículo aparecido en diciembre de 2007 en el semanario italiano "L'espresso", con el título de "Un mundo sin religiones", Umberto Eco (1932-2016), partiendo de la idea de -entre otros- Niccoló Maquiavelo (1469-1527) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778) acerca de una "religión civil" de los romanos entendida como un conjunto de creencias y deberes capaces de mantener unida a la sociedad, señaló que a partir de esa concepción, en sí misma virtuosa, se llegaba fácilmente a la idea de la religión como un instrumento que es usado por un poder político para tener controlados a sus propios súbditos.
"La idea ya estaba presente en autores que conocieron la religión civil de los romanos" -dice Eco, y cita al historiador griego Polibio de Megalópolis (200 a.C.-118 a.C.): "En una nación formada sólo por gente sabia sería inútil recurrir a medios como estos, pero como la multitud, por su naturaleza voluble y sometida, tiene pasiones de todo género, deseos irrefrenables, ira violenta, no queda más alternativa que contenerla con aparatos diversos y con temores misteriosos".
Varios siglos después, el filósofo holandés Baruch Spinoza (1632-1677) opinó sobre este instrumento en su "Tractatus theologico politicus" (Tratado teológico político, 1670): "Es cierto que el secreto más grande y el máximo interés del régimen monárquico consiste en mantener a los hombres en el engaño y en esconder bajo el especioso nombre de religión el miedo con el que deben tenerse sometidos, para que combatan por su esclavitud como si fuese su salvación. Por otro lado se verá que en una comunidad libre, no se podría ni pensar ni intentar nada más funesto".
Karl Marx (1818-1883) en "Zur kritik der Hegelschen rechtsphilosophie" (Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, 1844) lanzó su celebérrima definición: "la religión es el opio de los pueblos", y sesenta y cinco años más tarde, en el periódico "Iskra" n° 16 del 14 de febrero de 1909, Vladimir Lenin (1870-1924) publicó un artículo titulado "Para qué sirve la religión", en el que, entre otras cosas, puede leerse: "Gracias a la religión, tememos y evitamos el pecado y cumplimos nuestras obligaciones sin quejarnos, por severas que puedan ser, porque hallamos la fuerza y el valor para conllevar las penas y las privaciones y no caer en la tentación del orgullo en tiempos de triunfo y prosperidad".
Más adelante, Lenin ironiza: "Así que de eso se trata, ¿no? ¡La fe ortodoxa les es cara porque les enseña a soportar la desdicha con estoicismo! ¡Que fe provechosa, en realidad… para las clases gobernantes! En una sociedad organizada de forma que una insignificante minoría goza de la riqueza y del poder, en tanto que las masas sufren constantemente privaciones y soportan severas obligaciones, es completamente natural para los explotadores el que simpaticen con la religión que nos enseña a conllevar estoicamente las penas del infierno de la tierra, en la esperanza de ganar un pretendido paraíso en el cielo. Escuchad, ¿no comprenden que, gracias a esta ilusión, ellos comen bien, duermen apaciblemente y viven felices y contentos. ¡Esta es la sagrada verdad! Así es, en efecto. Es gracias a la vasta propagación de las ilusiones religiosas entre las masas del pueblo como todos nuestros capitalistas que viven del trabajo de estas masas, pueden dormir tranquilos".


Sumamente categórico, el psicólogo estadounidense William James (1842-1910), aseveró en "The varieties of religious experience" (La diversidad de la experiencia religiosa, 1902) que: "la religión, en resumen, es un monumental capítulo del egoísmo humano". Un siglo después, el escritor portugués José Saramago (1922-2010), manifestó que "las religiones, todas sin excepción, lejos de servir para unir y reconciliar a los hombres, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de estragos, de monstruosa violencia física y espiritual, que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la mísera historia humana".
Umberto Eco señala que el papa Benedicto XVI en su encíclica "Spe salvi" de noviembre de 2007, en cierto modo le contesta al premio Nobel de Literatura en 1998, al decir que "el ateísmo de los siglos XIX y XX, aunque se presentaba como protesta contra las injusticias del mundo y de la historia universal, hizo que de tales premisas hayan resultado las más grandes crueldades y violaciones de la justicia".
"Tengo la sospecha -continúa el semiólogo italiano- de que Ratzinger pensaba en esos ateos de Lenin y Stalin, pero olvidaba que en las banderas nazis estaba escrito 'Gott mit uns' (Dios con nosotros), que falanges de capellanes militares bendecían a los gallardetes fascistas, que el masacrador Francisco Franco estaba inspirado en principios religiosos y era sostenido por los Guerreros de Cristo Rey, que católicos y protestantes se masacraron alegremente durante años y años, que tanto los cruzados como sus adversarios estaban motivados por razones religiosas, que por defender la religión romana se lanzó a los cristianos a los leones, que por razones religiosas se han quemado muchos en la hoguera, que son religiosísimos los fundamentalistas musulmanes, los que atentaron contra las Torres Gemelas, Osama y los talibanes que bombardearon el Buda, que por razones religiosas se enfrentan India y Paquistán y que, en fin, invocando 'God bless America', Bush invadió Irak".
La religión, evidentemente, no es un credo inofensivo, y puede pasar a ser una estupidez letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a los creyentes una confianza ciega en su propia rectitud, imprimiéndoles el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad hacia otras personas etiquetadas como diferentes -y hasta enemigas- únicamente por una diferencia en sus tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica común y corriente. En suma, podría decirse que, tal como opinaba el psicólogo estadounidense Arthur Janov (1924-2017) en su obra "Beyond belief: cults, healers, mystics and gurus. Why we believe" (Más allá de la creencia: cultos, curanderos, místicos y gurús. ¿Por qué creemos?), la religión no es otra cosa que una "locura legalizada".


Es común ver a la religión como una actividad inocente, un manojo de creencias que carecen de toda evidencia, pero completamente inofensivo. La idea más corriente es aceptar que mucha gente necesita una especie de consuelo, una clase de credo donde apoyarse en determinados momentos de su vida. Evidentemente hay muchas razones para la persistencia de las creencias religiosas; su función moral seguramente es de gran significancia. Porque incluso aunque la adoración a algún dios en cualquiera de sus versiones -cristiana, musulmana, judía, hinduísta, etc.- no haya sido derrotada por la modernidad, las instituciones religiosas tienen otra función principal, como lo es la de suministrar un sistema de reglas y normas de conducta por medio de los Diez Mandamientos, el Sermón de la Montaña, las Virtudes del Corán o las Cuatro Nobles Verdades Budistas.
Las religiones no son simplemente un sistema de creencias, también definen un modo de vida. En ellas están las normas de conducta que regulan las formas de comportamiento. Ellas pueden gobernar la relación entre los sexos y determinar qué conducta sexual es virtuosa o pecaminosa, lo que también se aplica a la estructura de la familia, delineando el rol apropiado del padre, la madre y los hijos. De la misma manera, operan sobre las instituciones sociales complejas, las cuales introducen tabúes y fobias.
Además, las ideas religiosas de salvación, cielo, resurrección, juicio final, etc., son profundamente problemáticas y la vida siguiendo estas ideas es absurda en términos de la definición ordinaria del diccionario (Absurdo: dicho o hecho contrario a la razón o al buen sentido; disparatado). Asimismo, si nos atenemos a los análisis filosóficos de lo absurdo realizados, por ejemplo, por el francés Albert Camus (1913-1960) en "Le mythe de Sisyphe" (El mito de Sísifo, 1942) y por el norteamericano Thomas Nagel (1937-1999) en "The Absurd" (Lo absurdo, 1971), parece estar demostrado que la religiosidad no es mejor que el ateísmo.
El biólogo británico Richard Dawkins (1941) afirma en "Viruses of the mind" (Los virus de la mente, 1991): "La conducta religiosa puede ser una falla, una manifestación desafortunada de una propensión sicológica subyacente que en otras circunstancias fue una vez útil. La selección darwiniana establece que el cerebro en la niñez tiene una tendencia a creer en sus ancianos, a imitar, por lo tanto, indirectamente, a extender rumores, leyendas urbanas y a creer en religiones. La selección natural construye los cerebros de los niños con una tendencia a creer lo que sus padres y ancianos de la tribu les digan. Y esta cualidad los hace automáticamente vulnerables a la infección. Por excelentes razones de supervivencia, los cerebros de los niños necesitan confiar en sus padres y en los ancianos a los cuales sus padres les dijeron que debían confiar".


En "The God delusion" (La ilusión de Dios, 2006), el mismo Dawkins profundiza: "La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición. El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si uno se inventa una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean". Es el caso, por ejemplo, del don de la Torá a Moisés en el monte Sinaí, del advenimiento de Cristo o de la aparición del arcángel Gabriel a Mahoma.
Resulta absolutamente comprensible que una persona crea en algo a raíz de las evidencias irrefutables que tenga a su favor aunque no lo comprenda claramente. Por ejemplo, muchísima gente desconoce que el aparato digestivo es un conjunto de órganos –entre ellos el estómago- que se encargan del proceso de la transformación de glúcidos, lípidos y proteínas a través de las enzimas, para que puedan ser absorbidos y utilizados por las células del organismo. Tampoco entiende el fenómeno que hace posible la transmisión y recepción de las ondas de radio, la difusión de pulsos eléctricos de audio y video que son convertidos en figuras y sonido televisados. Sin embargo, a nadie se le ocurriría negar la existencia del estómago porque no entiende su funcionamiento y hasta el mayor analfabeto cree en la realidad de la radio y la televisión. Estos ejemplos podrían considerarse misterios, pero no tiene sentido negar su existencia o ridiculizar a quienes creen en ellos ya que están basados y fundamentados en evidencias irrefutables.
Del mismo modo se acepta que pueda existir una actitud mucho más indulgente en relación con muchos misterios que existen en forma de dogmas religiosos. Un gran número de seres humanos creen en tales dogmas sin ser capaces de entenderlos o explicarlos. Heredan tales doctrinas a través de las sucesivas generaciones y aceptan sin más lo que contienen. Cuando en estos dogmas religiosos aparecen contradicciones, ninguna excusa es aceptable, con el argumento de que la creencia en los misterios sorprendentes también nos proporciona justificación para creer en las paradojas.
Se puede creer en algo que no se entiende, pero no se puede creer en algo que es contradictorio consigo mismo. Por ejemplo, se puede no entender cómo funciona una llave de luz, pero no se puede creer que cuando la luz está apagada simultáneamente está encendida. No se trataría de un dogma misterioso sino de una simple y manifiesta contradicción. Cuando existe alguna contradicción entre dos o más atributos de Dios, o cuando existe inconsistencia entre su supuesta palabra y sus pretendidos actos, se transgreden ampliamente los límites del misterio para pasar a los de la fantasía.
Hubo un principio y habrá un fin, dicen las diversas historias "sagradas". Esta concepción de la historia, que desemboca en un pretendido Juicio Final, genera una angustia personal y colectiva cuyas implicaciones políticas pueden ser temibles. Mientras que las ciencias modernas, la Historia, la Geología, la Biología y la Física no han conseguido convencer a los creyentes, bastan las palabras de imanes, califas, rabinos, obispos, papas, patriarcas, pastores, etc. para que miles de personas crean que un arcángel descendió a la tierra para traer mensajes celestiales; que otro dejó embarazada a una virgen que parió a un hombre que luego fue asesinado, resucitó y ascendió a los cielos; que el primer hombre fue creado con barro y la primera mujer con una costilla de aquél o que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas.


Invariablemente, el creyente de una religión considera a la suya como la más tolerante y cree que toda la población del planeta excepto aquellos con los que comparte creencias, sin contar a los de las sectas rivales, pasarán la eternidad en un infierno de sufrimiento infinito. "Si me pregunto qué es la religión -dijo Albert Einstein (1879-1955)- no logro encontrar una respuesta adecuada. Así, pues, en lugar de plantear qué es la religión, preferiría elucidar lo que caracteriza las aspiraciones de una persona que a mí me parece religiosa". Para el autor de la teoría de la relatividad, la religión se basaba en leyendas "bastante infantiles" y era un "producto de la debilidad humana".
Las aspiraciones de la Iglesia Católica, por ejemplo, son, entre otras, administrar las inversiones en los bancos Morgan, Chase Manhatann, Allianz, BNP Paribas, Royal Bank of Scotland, Lloyds, First National Bank of New York, Bankers Trust Company, Santander y Credit Suisse o en las poderosas corporaciones internacionales Gulf Oil, Shell, General Motors, Betlehem Steel, Telefónica, Repsol YPF, Pfizer, General Electric, IBM, TWA o Endesa. Y por supuesto, manejar las donaciones que llegan de todas partes del mundo para afrontar los gastos originados por el elevado costo de las indemnizaciones pagadas por abusos sexuales y el aumento de las relaciones diplomáticas de la Santa Sede.
Por otra parte, la afluencia de petrodólares, que debería significar un avance del progreso moderno en los dominios del Islam, no parece haber eliminado esta parálisis. Sólo un puñado de emires, sheiks y sultanes derrocha millones en lujos exhibicionistas, en general de mal gusto y frecuentemente inmorales, mientras la masa de la población -siguiendo las enseñanzas del profeta- vegeta a la sombra del festín de los millonarios.
En cuanto a la relación de la religión judía con el mundo del dinero, al repasar los últimos tres milenios de su historia económica, política y religiosa, se advierte la omnipresencia de príncipes, banqueros y mercaderes que financiaron el nacimiento del capitalismo, se convirtieron a través de algunos de sus hijos, en su principal agente y también en su primer banquero. Los libros del Antiguo Testamento se corresponden aproximadamente con el Tanaj judío. En uno de ellos puede leerse: "Y tu prestarás a muchas naciones y tu no pedirás prestado. Y tu reinaras sobre muchas naciones y ellas no reinarán sobre ti" (Deuteronomio 15.16). Allí, la usura es definida como un método para ganar poder sobre otra gente: "Tu prestarás a muchas naciones y el Señor te hará la cabeza y no la cola y solamente tu estarás arriba y tu no estarás debajo" (Deuteronomio 28.12).
Marx, en "Zur judenfrage" (La cuestión judía, 1843) argumenta: "¿Cuál es la mundana razón de ser del judaísmo? La necesidad práctica del judaísmo es el egoísmo. ¿Cuál es la religión mundana de los judíos? Es el regateo mezquino del vendedor ambulante. ¿Cuál es su Dios mundano? Es el dinero. Así que en el judaísmo reconocemos un fenómeno contemporáneo universal antisocial, que ha llegado a su presente estado a través de un proceso de desarrollo histórico con el cual los judíos han cooperado celosamente. Los judíos se han emancipado a la manera judía. No sólo han dominado el poder del dinero sino que el dinero se ha convertido en un poder mundial. El dinero es el más celoso Dios de Israel y ningún otro dios puede competir con él. El dinero degrada a todos los dioses humanos y los transforma en mercancías. El dinero es el valor universal de todo. El Dios de los Judíos se ha secularizado y se ha transformado en un Dios Mundial. La tasa de cambio es el Dios real de los judíos. El judaísmo llega a su clímax en la consumación de la sociedad burguesa y la sociedad burguesa ha llegado a su punto más alto en el mundo cristiano".
No hace falta ser tan tajante. Existe un axioma contemporáneo que expresa que si alguien dice que los cristianos tienen poder, dice sencillamente que los cristianos tienen poder. Lo mismo para los musulmanes, los budistas o los hindúes. Ahora bien, si alguien dice que los judíos tienen poder, automáticamente se convierte en un antisemita.
El poeta cubano Cintio Vitier (1921-2009), ganador del premio Juan Rulfo 2002 ha dicho: "Solo hay dos cosas: comercio y poesía". A la luz de los hechos, si nos atenemos a esta definición, muy lejos parecen estar las religiones de la poesía, así que lo más probable es que sólo sean un mero comercio.

1 de abril de 2019

Max Weber. El soporte mítico del capitalismo


Heinrich Rickert (1863-1936), el filósofo alemán que junto a Wilhelm Windelband (1848-1915) encabezó la escuela neokantiana de Baden, escribió en 1899 “Kulturwissenschaft und naturwissenschaft” (Cultura y ciencias naturales). Allí intentó distinguir dos métodos científicos de idéntico nivel: el que se plantea la explicación de la realidad y el que se aboca a la comprensión de los valores. Rickert sostenía que el verdadero y principal objeto de la filosofía eran los grandes valores de la civilización. Sólo la comprensión de éstos ayudaba a la interpretación de la vida, tal como lo planteó en 1920 en su libro “Die philosophie des lebens” (Filosofía de la vida).
Influenciado por el pensamiento de Rickert y Windelband, Max Weber puede ser considerado como un liberal en su pensamiento y en su postura política, cuyo ideal se vio plasmado en la constitución democrática de Weimar, por la que él trabajó junto al jurista Hugo Preuss (1860-1925) y que, como una última y muy efímera ilusión de la burguesía liberal, se vino abajo para abrir paso a un proceso que desembocó en el fascismo. Quizá sea ésta la raíz del gran pesimismo que manifestó Max Weber acerca de las relaciones entre la ética y la política, porque, en definitiva, para Weber la política implicaba siempre “un gran empobrecimiento espiritual, la acentuada cosificación, la grave proletarización del mundo espiritual en beneficio de la disciplina”.
Para Weber, en el terreno de las ciencias sociales se hacía necesario entender los diversos contenidos culturales e interpretar los significados propios de los cambios sociales. En los hechos, entender el devenir histórico sólo sería posible teniendo como referencia algún modelo ideal al cual vincular todo momento histórico. Weber, al igual que Emile Durkheim (1858-1917), pretendía una sociología autónoma de cualquier interferencia ideológica o filosófica, sobre todo en el área que Karl Marx (1818-1883) ya había investigado con éxito: el de la economía política.
Maximilian Carl Emil Weber nació el 21 de abril de 1864 en Erfurt, Thuringia, Alemania, hijo de un importante político del partido nacional liberal. Estudió derecho, economía, historia, filosofía y teología en las universidades de Berlín, Estrasburgo, Gotinga y Heidelberg. Tras la presentación de su tesis “Zur geschichte der handelgesellschaften im Mittelalter” (Historia de las compañías comerciales en la Edad Media, 1889) y la posterior “Die römische agrargeschichte in ihrer bedeutung für das staats und privatrecht” (La historia agraria romana y su significación para la ley pública y privada, 1892), fue nombrado catedrático de Economía en la Universidad de Friburgo. Posteriormente, también ocupó cátedras en las universidades de Heidelberg en 1896 y de Munich en 1919.
Junto al economista y sociólogo Werner Sombart (1863-1941) y al economista Edgard Jaffé (1866-1921) editó a partir de 1904 la revista “Archiv für Sozialwissenschaften und Sozialpolitik” (Archivo de Ciencias Sociales y Política Social). Con los sociólogos Ferdinand Tönnies (1855-1936) y Georg Simmel (1858-1918) fundó en 1909 la Deutsche Gesellschaft für Soziologie (Sociedad Alemana de Sociología).
Economista, sociólogo, filósofo e historiador, trabajó con espíritu enciclopédico y profundidad innovadora. Amigo de autores idealistas como el teólogo protestante Ernst Troeltsch (1865-1923) y de los citados Sombart, Jaffé, Simmel y Tönnies, retuvo parte de sus terminologías, pero superó largamente sus planteamientos acuñando conceptos nuevos y proporcionando análisis fructíferos en todas aquellas áreas en las que participó.
Weber conquistó la atención y la consideración de la mayoría de los sociólogos y economistas occidentales contemporáneos. El Mass Communication Research (Funcionalismo) norteamericano, una corriente teórica surgida en Inglaterra en los años '30 en las ciencias sociales, especialmente en sociología y antropología social, le debe importantes inspiraciones; el propio sociólogo estadounidense Talcott Parsons (1902-1979) tradujo algunas de sus obras al inglés y llamó la atención sobre sus aportaciones.
El economista austríaco Joseph Schumpeter (1883-1950) en “History of economic analysis” (Historia del análisis económico, 1954), ha escrito de él que “ha sido una de las personalidades más robustas que jamás han aparecido en el escenario de la ciencia académica”. Por su parte, algunos autores de ideología conservadora han visto en él “el Marx de la burguesía” y consideraron que su pensamiento se ha desarrollado en continua contraposición con las tesis marxistas. Desde esta perspectiva se llegó a afirmar que “Die protestantische ethik und der geist des kapitalismus” (La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1904), su obra más relevante, proporcionó una refutación de las tesis materialistas de Marx.
Esa aventurada lectura ignora los numerosos préstamos conceptuales que Weber tomó de Marx para trabajar en una línea científica superadora de lo que, en su opinión, era una mezcla de ciencia genial y dogmatismo ideológico, característica de la obra del autor de “Das Kapital” (El Capital). Así lo expresó explícitamente en algunos textos, como por ejemplo en “Eine positive kritik des historischen materialismus” (Una crítica positiva del materialismo histórico, 1919).
Tanto Weber como Marx estuvieron enrolados en la tarea de desmitificar y racionalizar el conocimiento de la realidad social. Pero, mientras Marx creyó poder establecer leyes científicas del desarrollo histórico a partir de la propia naturaleza de la realidad, Weber consideró que “los campos de trabajo de las ciencias no están basados en las relaciones materiales de los objetos, sino en las relaciones conceptuales de los problemas”. Para Weber, el establecimiento de objetivos requería decisiones personales que exceden el marco de la ciencia. De ahí que se hable del “irracionalismo” weberiano.
En “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, publicada en 1905, Weber pretendió demostrar que los valores éticos y religiosos habían ejercido una importante influencia en el desarrollo del capitalismo, sobre todo a partir de Reforma Protestante que, habiendo desbaratado la vieja escala de valores feudal de la Iglesia Católica, había permitido tal desarrollo.
Las críticas más duras a las teorías weberianas parten de autores marxistas, ortodoxos y heterodoxos, como el filósofo húngaro Giorgy Lukacs (1885-1971) y el filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse (1898-1979), quienes lo acusan de elaborar una teoría de las ciencias sociales a partir de supuestos irracionalistas, culminando un proceso de racionalización desmitificadora que, en última instancia, se convierte en el soporte mítico de la razón capitalista.
Por otro lado, el sociólogo y filósofo franco-brasileño Michäel Löwy (1938) publicó en 2014 “Kapitalismus” (Capitalismo), un breve ensayo en el cual, si bien acepta que las posiciones políticas de Weber son diametralmente opuestas a las de Marx, reconoce sin embargo que, respecto a muchas cuestiones, sus análisis son tan similares que no es fácil distinguidos. “Por ejemplo -dice Löwy-: ¿quién ha escrito que el capitalismo ‘presupone la apropiación de todos los medios materiales de producción (tierra, equipamientos, máquinas, herramientas, etc.) por una empresa lucrativa, autónoma y privada, que dispone sobre ellos libremente’? ¿Quién ha definido a los ‘trabajadores libres’ como personas que ‘están en la necesidad económica de vender libremente su fuerza de trabajo en el mercado’? ¿Quién ha insistido sobre el hecho que ‘es contrario a la esencia del capitalismo, e impide su surgimiento, si falta ese estrato de no-propietarios, puesto en la obligación de vender su prestación de trabajo’? Pues bien, fue Max Weber, en su ‘Historia económica general’. Desde el punto de vista intelectual, en efecto, ambos tienen mucho en común. Para empezar, el interés por el análisis del capitalismo como sistema, según Weber: ‘el poder más determinante para el destino de nuestra vida moderna’. Entonces, ¿cuáles son los verdaderos desacuerdos entre los dos pensadores? Fundamentalmente, se trata de divergencias políticas y metodológicas”.
Con una visión completamente diferente, en un libro célebre, “The iron cage” (La jaula de hierro), el historiador estadounidense Arthur Mitzman (1931) hace una lectura de la obra de Weber a partir de sus conflictos personales: las difíciles relaciones con su padre, la peculiar convivencia con su esposa, su amistad íntima con otra mujer, la crisis depresiva después de la muerte de su padre, etcétera. Seguramente la obra de Weber no puede explicarse desde la perspectiva de sus vivencias sentimentales, pero éstas, de algún modo, ponen de relieve una realidad humana que rompe con el estereotipo del academicismo empecinado, obstinado, del trascendental sociólogo.
Max Weber murió en Munich el 14 de junio de 1920, víctima de una neumonía. Tenía entonces cincuenta y seis años. Entre sus obras más destacadas figuran “Politik als beruf” (La política como profesión) y “Wissenschaft als beruf” (La ciencia como profesión) ambas de 1919, y la póstuma “Wirtschaft und Gesellschaft” (Economía y Sociedad), en las que dejó establecido un modelo de análisis sociológico que clasifica las acciones humanas a partir de su relación con los fines o los valores. De ese modo planteó el conflicto que conlleva la conducción política al enfrentar la ética de las convicciones con la ética de las responsabilidades. Buscó también analizar los aspectos técnicos y burocráticos del capitalismo, para lo que, al igual que Marx, se remontó al pasado para intentar conocer el presente. Rescató los valores tradicionales de la ética calvinista que renunciaba a los placeres de la vida y reprimía el impulso sensual mediante el trabajo. Propuso también disminuir la presión del Estado sobre los ciudadanos y controlar la burocracia sometiéndola al control político, algo por demás contradictorio, como la propia historia se ha encargado de demostrar.
Es evidente que Weber escribía desde un punto de vista eurocentrista, pero desde las últimas décadas del siglo XX, ante el auge de la globalización, autores contemporáneos como André Gunder Frank (1929-2005), Christopher Alan Bayly (1945-2015) o Immanuel Wallerstein (1930) crearon una nueva perspectiva para analizar el problema de la modernidad y del sistema global. Así y todo, el mérito de Weber probablemente se debe a que fue un pionero a la hora de investigar las relaciones humanas entre la actividad económica y el marco cultural.