29 de junio de 2023

Cuentos selectos (XXX). Carmen Medrano: “Palabra de varón”

La escritora argentina Carmen Medrano (1958) ha desarrollado una incansable labor docente tanto a nivel secundario como universitario además de numerosas participaciones en eventos culturales. Profesora de Literatura, ha dado clases en el Campus Nuestra Señora del Pilar de la Universidad del Salvador, en el Colegio Bernardino Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires, institución en la cual también ha sido vicerrectora y en el Colegio Nacional Bartolomé Mitre de San Miguel de Tucumán, del que ha sido directora. Conductora de su propio taller literario en la ciudad de Buenos Aires, centrado en el cuento y la poesía, también ha coordinado numerosos talleres literarios, entre ellos el “Los imagineros” de La Rioja, el “Café Literario” de Tucumán, el “Café Literario del Club del Progreso” y el “Taller El Libro de Arena”, estos últimos en Buenos Aires. Ha ejercido el periodismo cultural colaborando en medios como el diario “La Prensa”, las revistas “Todo es Historia” e “Idea Viva” y en numerosas antologías. Es autora de tres libros de cuentos: “La buena gente”, “Historias de la mujer marrón” y “Algo está por pasar”.
Con respecto a este último, la escritora nacida en Italia y nacionalizada argentina Syria Poletti (1919-1991), autora entre muchas otras obras de las galardonadas “Historias en rojo” y “Botella al mar”, escribió: “En los cuentos de Carmen Medrano hay una constante unidad que no sólo responde a esa fidelidad a las obsesiones primitivas y más dolorosas sino que nace de una unidad de cosmovisión: una unidad en la manera de fijar la mirada, siempre solícita sobre la desdicha humana. Mirada ya compasiva, ya impiadosa, mirada lúcida, que es a veces ironía y que busca la salida hacia el humor como una descarga para poder avanzar en la observación. La sensibilidad, la visión, la cultura, la manera de ser después de una acumulación de culturas, todo ese sentir tan acendradamente argentino está en este libro. No es una cuestión de estilo, es una cuestión de respiro. Aun cuando sean dolorosas o patéticas, siempre las historias son misteriosamente bellas porque su autora posee el don de contar”.


Otro tanto hizo la historiadora y escritora argentina María Sáenz Quesada (1940), autora, entre muchos otros ensayos, de “La Argentina. Historia del país y de su gente”, “El camino de la democracia” y “Mujeres, el largo camino” Ella opinó: “Con la publicación de sus cuentos, Carmen Medrano asume plenamente su oficio de escritora y lo hace con la seriedad, profundidad y el toque entusiasta: en resumen, con su capacidad para entregarse a una vocación a la que, sin duda, viene dedicando su vida. La decisión última de no admitir trampas, clara en varios protagonistas, forma parte de la vocación de la autora que no se desprende, aun en las instancias trágicas, de la lucidez y del humor. ¿Qué es para ella el oficio de escribir? Algunos personajes parecen señalarnos que es empezar una historia que siempre es insuficiente, inacabada... Una pesada carga y al mismo tiempo, una posibilidad de liberación”.
Justamente a “Algo está por pasar”, libro que Carmen Medrano publicó en 1990, pertenece el cuento “Palabra de varón”, el cual se reproduce a continuación.
 
PALABRA DE VARÓN

Un espacio, el suyo, para flotar siempre. En eso creyó. Pero un día su recinto empezó a convulsionarse y él tuvo que rodar, arrastrado por una fuerza desconocida, a lo largo de un pasadizo oscuro. Iba a los tumbos. Cuando no se resistió, se deslizó más fácil, con la cabeza hacia adelante. De nuevo el pánico. Quiso volverse. No pudo. La luz al final del conducto lo encegueció. Con todo, alcanzó a percibir los dedos alargados, movedizos, que le dieron caza cuando hizo su último intento por escapar. Lombrices gordas lo sacaban al mundo.
Nació. Lloró y confió en que el griterío sería recurso infalible para que lo devolvieran adentro. Inútil. Todos los recién llegados lloraban como él, después lo supo.
Conocía, al fin, la Tierra. Qué otro remedio le quedaba. Extrañó y, a veces, en el sueño, todavía lo extraña, su mundo de aguas tibias.
Debió de dormir un tiempo prolongado. Despertó en una  semipenumbra silenciosa.  Aire acumulado le oprimía el pecho. Decidió lanzarlo por la boca para serenarse. Le salió un chillido inarmónico que lo asustó, como que al principio  creyó que no le  pertenecía. Lo habían puesto en un canasto que le impedía ver el entorno. Por eso se aterrorizó ante la cantidad de chillidos-llantos similares al suyo, brotados por contagio en la habitación entera. Los gritos que él dio fueron los más impresionantes. La única cuidadora lo levantó en brazos y “no llore, no llore, chiquitito” le decía. Semejantes palabras eran sí, no saber qué decir o, por lo menos, así le pareció a él.
Desde el aire conoció a sus contemporáneos agitándose, llorando, suspirando, durmiendo. ¿Habrá más que hacer en el mundo?
Fue durante la primera noche cuando la vio. La traían en brazos, llena de cintas rosas. La acomodaron en un canasto vecino. La oyó moverse y emitir el primer lamento. Le recordó el sonido de las sirenas de ambulancia que había oído desde su mamá. Era la de la recién llegada una sirenita tenue, con breves intervalos.
Trató de copiarla. Le brotó una sirena ronca. El ser diminuto de las cintas rosas insistió con su versión. Por unas hendijas de los canastos se miraron. Creo que es muy linda, pensó él. Ella, la sirenita, lanzó estridencias nuevas. Se durmió contento, tranquilo por primera vez.
Despertó y la buscó con la vista. No le vio la cara sino una cabeza redonda y pelada. Batió pies y manos para que ella de nuevo lo mirara. Desde el otro costado del canasto de la sirenita surgió la explicación al misterio; una voz de varón profería sus alardes inaugurales. Con furia, fue elevando el propio llanto, para batir al rival recién aparecido. La cuidadora (¿por qué siempre lo interrumpía a él?), lo sacó del canasto. “¿Por qué llora, por qué llora, chiquitito?”, repetía en tanto lo alejaba del lugar. Ahora no. No me mueva ahora. No haga tan fácil las cosas para el enemigo. Luchó en los brazos de la mujer pero ella lo llevó, imperturbable, a lo largo de pálidos pasillos hasta una puerta con un moño celeste enorme.
Una multitud lo rodeó, Casi lo asfixió. Le hundían dedos en las mejillas. Lo pellizcaban al grito de “Qué gordito es. Dan ganas de comérselo”. Deseó, rabioso, ser comido por la mamá, así retornaba al escondite de donde no debió salir nunca. Algunos se empeñaban en desenroscarle los dedos de las manos. Tal vez el ritual fuera ser partido en pedacitos, uno para cada uno de esos seres enormes. ¿Estarían también descuartizando a la sirenita de la nursery?
Una figura, parentela cariñosa, empezó a balancearlo. “Arriba, abajo, babor, estribor, para un lado, para el otro”, recitaba y él se mareaba. Quiso vomitar, pero no tenía qué.
Cuando reconoció la voz que demandaba por él, en oleada de sensaciones le volvió la paz. De nuevo, al fin, la voz y el olor. Madre, mother, mere, mamma, mater, matera (sus genes no le prestaron más voces), lo puso sobre ella y él comprendió que allí estaba su salvación. Desde ese momento supo que su existencia entera iba a ser una lucha entre la sirenita de la nursery y esa suerte de ángel protector que lo besaba.
Por Dios, ¿quién ganaría la batalla? Qué bueno sería quedarse con las dos. Si su mamá entendiera que él necesitaba para ser totalmente feliz estar junto a la sirenita de la nursery. Por favor, mamá, róbala para mí. Roba..., ¡cuidado! Casi me ahoga con su pecho.
Cuando lo devolvieron a la nursery, la sirenita ya no estaba.         
A la salida del sanatorio espió para todos lados. Sigue espiando por las calles, cuando lo sacan a pasear. Día a día renace la esperanza en la plaza adonde acostumbran llevarlo. Está seguro de que alguna vez se encontrarán con la sirenita. Entonces hará lo posible para no perderla más.

20 de junio de 2023

Entremeses literarios (CCXII)

CRIANZAS
Cristina Peri Rossi
Uruguay (1941)
 
Siempre imagino que mi madre tiene nada más que veinticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser, pensar como una vieja. No entiendo por qué a los veinticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.
Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que en seguida recupera sus veinticinco años.
Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente. No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de veinticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.
 
 
ASALTANTES
Lucía Pena Giudice
Chile (1933)
 
Los tres niños estaban decididos: asaltarían a la vieja del kiosko. Bastaba llevar las mascarillas bien puestas y así no los reconocerían. Salieron de la escuela sin que los vieran y el más alto se asomó a la ventanilla del kiosko: amenazó a la mujer con una pistola de juguete, exigiendo chocolates. La mujer le entregó un puñado y dijo: “Ten cuidado, Jorgito, recuerda que estás a dieta”.
 
 
PÉRDIDAS
Ángeles Mastretta
México (1949)
 
A  veces el rumor de la nostalgia le subía desde los pies hasta la frente. Y desde las orejas hasta el ombligo algo ardiente le iba corriendo bajo la piel hasta que le brotaba un sudor tibio que en lugar de  aliviarla la ponía al borde de un ataque de llanto. Todo eso empezó a pasarle cuando un hombre que era dos al mismo tiempo desapareció de su vera como de pronto amaina un temporal.
- Eso es la menopausia -le dijo su hermana tras oírla describir aquella sensación  de angustia repentina-. No tiene nada que ver con la pérdida del animal esquizofrénico que se te fue. Por drástica que te parezca la pérdida de un marido, nunca devasta como la pérdida del estradiol.
 
 
INICIO
Luisa Valenzuela
Argentina (1938)
 
En el silencio absoluto tronó la voz estremecedora:
- ¡Hágase la luz!
Las partículas de oscuridad, flotando en el infinito espacio, percibieron una vibración y se miraron entre sí, azoradas. Aún no existía la palabra luz, ni la palabra hágase, ni siquiera el concepto palabra. Y la noche perduró inconmovida.
- ¡Hágase la luz! -volvió a ordenar la voz, perentoria.
Sin resultado alguno.
Entonces, en la opacidad reinante. Aquel de las palabras recién estrenadas hubo de concentrar su esencia hasta producir algo como un punto protuberante que al ser oprimido hizo clic. Y cundió la claridad como un destello. Y se pudo oír la queja de ese Alguien:
- ¡Ufa! ¡Tengo que hacerlo todo Yo!
 
 
PELO DE PERRO
Lydia Davis
Estados Unidos (1947)
 
El perro se ha ido. Lo echamos de menos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde a casa, no hay nadie esperándonos. Seguimos encontrándonos pelos blancos aquí y allí por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos la esperanza de que si recogemos suficiente pelo, seremos capaces de recomponer al perro.
 
 
LOS SUEÑOS DE ESTEBAN
Yenitza Anseume
Venezuela (1978)
 
Esteban tenía la facultad de soñar cosas que al día siguiente sucedían. Esta vez soñó que andaba sobre la cabeza de un hombre elegante pero sencillo. A su paso las mujeres miraban y de inmediato sentían esa química que les atraía de aquel caballero. En las calles se escuchaban rumores y susurros de las féminas que le miraban caminar de lejos. “¡Qué elegante! ¡Qué bien le luce su sombrero! ¡Creo que sin el sombrero no se vería tan interesante!” comentaban. El caballero elegante se paró frente a una vitrina de sombreros y en ese momento Esteban se vio reflejado en el cristal, posado en la cabeza canosa de aquel hombre. Era un sombrero de copa negro, realmente hermoso. Así pasó la noche. Al despertar no podía creerlo. Su sueño una vez más sería un milagro. Estaba en la sombrerería de Albiñana, justo para ser comprado por un caballero sencillo pero elegante.
 
 
PUESTA A PUNTO
María Carvajal
España (1977)
 
Todos estábamos nerviosos aquel día. Había tres personas con ella. Le dieron un baño de agua de rosas. Le pusieron el vestido de novia y los zapatos blancos de tacón. Adornaron su cuello con la gargantilla de perlas engarzadas que había heredado de su madre. Tras secar sus cabellos, los rizos dorados y perfectos caían bailando sobre sus hombros. Pintaron sus ojos de miel con tonos ocres y peinaron sus pestañas con rimel. Maquillaron sus mejillas con colorete y pusieron un poco de gloss rosado sobre sus labios carnosos.
Estaba preciosa. Nunca había visto a una mujer tan bella el día de su entierro.
 
 
ESTADOS  
Susana Sánchez Bravo
Chile (1944)
 
Cinco mujeres, en el vestidor de la piscina municipal, constatan que todas tienen cicatrices en sus cuerpos.
- Mi padre -dice la del vientre quemado- por demorar con el agua para el té.
Nadie dijo nada.
La del pecho mutilado agrega:
- Marido maltratador. Libre.
Avergonzada, la del meñique faltante, cuenta:
- Hijo drogadicto, vive conmigo.
- Mi supervisor me partió la rodilla con un fierro por sumarme a la huelga de la fábrica. Ni siquiera lo encarcelaron -agrega la de la pierna tiesa.
La última se gira y muestra la espalda quemada del cuello a los tobillos, en un patrón de rayas:
- Ejército de Chile -dice-. Parrilla eléctrica, cinco años presa, golpeada y violada. Ellos siguen donde mismo.
 
 
CIERTOS PESCADORES SACARON DEL FONDO UNA BOTELLA
Wislawa Szymborska
Polonia (1923-2012)
 
Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella. Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: “¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!”
- No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La botella pudo haber flotado mucho tiempo -dijo el pescador primero.
- Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano -dijo el pescador segundo.
- Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla “Aquí” está en todos lados -dijo el pescador tercero.
El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema.
 
 
TRABAJO INFANTIL
Paula Mandiola
Chile (1974)
 
- El viejo del último auto me ofreció un billete -dijo a su hermano menor, quien todavía tenía en sus manos las pelotas que alzaba al aire todas las tardes en ese semáforo.
- Espérame aquí, ya vuelvo -y se perdió en la esquina donde una camioneta doble cabina, aún en marcha esperaba por ella.
Al atardecer, luego de varios semáforos en rojo y en vista de que su hermana no volvía, el pequeño regresó a su casa.
Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando vio el pollo asado sobre la mesa, su hermana sonriendo, la madre también. Una arcada le llenó la boca de saliva al comerlo; pese a esto, apenas conteniendo las lágrimas, continuó. El asco todavía no lograba quitarle el hambre.

17 de junio de 2023

Ángeles Mastretta, el mundo iluminado

La escritora y periodista mexicana Ángeles Mastretta (1949) nació en la ciudad de Puebla, dónde realizó todos sus estudios pre-universitarios hasta que en 1971 se mudó a la Ciudad de México. Allí estudió Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y luego lo hizo en el Taller Literario del Centro Mexicano de Escritores, publicando por aquellas fechas sus primeros poemas. Entre 1975 y 1977 se desempeñó como directora de Difusión Cultural de la ENEP (Escuela Nacional de Estudios Profesionales) de Acatlán y de 1979 a 1982 dirigió el Museo Universitario del Chopo, en la ciudad de México, dedicado a la promoción del arte contemporáneo. Colaboradora en los medios periodísticos “Ovaciones”, “Excélsior”, “La Jornada”, “Nexos”, “Proceso” y “Unomásuno”, todos ellos de su país natal, y en “Die Welt” de Alemania y “El País” de España, en el año 2003 fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Puebla.
Autora de poemas, relatos cortos y novelas, obras muchas de las cuales han sido traducidas al alemán, al francés, al italiano, al inglés y al neerlandés, su temática versa principalmente sobre la sociedad mexicana de su tiempo y en especial de la femenina, asumiendo una posición liberadora de la mujer oprimida en busca del control de su destino en una sociedad cuya cultura dominante durante siglos ha sido la misoginia. Así, mediante una actitud de compromiso social ante los problemas que enfrenta la mujer mexicana -el poder patriarcal, la violencia de género, la discriminación sexual y la falta de educación para las mujeres- los presentó y contextualizó en su obra narrativa.


Autora de los poemarios “La pájara pinta” y “Desvaríos”, los libros de cuentos “Mujeres de ojos grandes”, “Maridos” y “Puerto libre”, las novelas “Arráncame la vida”, “Mal de amores” y “Ninguna eternidad como la mía”, también ha publicado varias obras en las que mixturó el ensayo y las memorias, entre ellas “El mundo iluminado”, “El cielo de los leones”, “La emoción de las cosas” y “El viento de las horas”. Fue con “Arráncame la vida”, novela por la que fue galardonada con el Premio Mazatlán en 1985, que Ángeles Mastretta consiguió fama internacional entre un público mayoritariamente femenino. Doce años más tarde, esto es en 1997, resultó ganadora del Premio Rómulo Gallegos gracias a su novela “Mal de amores”, convirtiéndose de ese modo en la primera mujer en la historia a la que se le había otorgado esa distinción.


El Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos es un galardón creado en honor al novelista venezolano el 1 de agosto de 1964. Inicialmente restringido a Latinoamérica, en 1990 se tomó la decisión de ampliar la convocatoria a todas las obras en español. Considerado uno de los más importantes del ámbito hispano, grandes autores han recibido el premio, entre ellos Arturo Uslar Pietri (1906-2001), Gabriel García Márquez (1927-2014), Carlos Fuentes (1928-2012), Elena Poniatowska (1932), Abel Posse (1934-2023), Ricardo Piglia (1941-2017), Mempo Giardinelli (1947), Enrique Vila Matas (1948), Javier Marías (1951-2022) y Roberto Bolaño (1953-2003).


La ceremonia de entrega se realiza siempre el 2 de agosto, día del nacimiento de Rómulo Gallegos (1884-1969). En una entrevista que concedió poco después de ser distinguida con el premio, confesó que había llorado durante dos horas, “pero no era por la emoción, ojalá -dijo-. Era por la contradicción. Porque a mí me enseñaron a aceptar con más naturalidad las tristezas que las alegrías, a ponerle buena cara al mal tiempo, me dijeron que así era y lo aprendí como una ley. Y no necesariamente aprendí no sólo a esperar que me fuera bien, sino que no aprendí a sentir que me merezco lo que me pasa. Estaba Tomás Eloy Martínez entre los finalistas, y a mí me parecía que por lógica, por edad, porque él es un gran escritor, tenían que darle el premio a él. Luego yo entendí y he ido entendiendo con el tiempo que los premios son azarosos, y que dependen de que la mayoría de los jurados hayan estado de acuerdo en darte el premio a ti y no a otro. Eso no te hace mejor escritor que otro, solamente te hace un premiado, lo cual para mí finalmente fue una maravilla porque he aprendido, después de eso, a decir sí gracias, qué bueno que esto me pasó y a abrir las manos y cerrar los ojos y a aceptar lo que la vida me va dando. Porque lo viví primero como un ataque, te digo que lloré. Estaba muy desvelada, muy desvelada. Había dormido como tres horas y estaba yo en una contradicción, no lo supe manejar”.


El discurso que pronunció en ocasión de recibir la distinción fue publicado a fines de 1998 en “El mundo iluminado”, un libro conformado por relatos cortos, ensayos periodísticos, filosóficos y autobiográficos que van de la realidad a la ficción. En ellos ofreció a sus lectores una idea íntima y personal de sus recuerdos, reflexiones y su preocupación por su propio mundo y la concepción que tiene de él, temas todos ellos íntimamente relacionados con su país natal. El pasado, el presente, el futuro, la política del país, sus amigos, su familia y sus viajes nacionales e internacionales son relatados con la cordura, modestia y brillantez habituales en sus obras. En ocasión de la presentación del libro en España declaró que en el libro había hablado de sí misma con dosis de memoria y olvido. “Creo que escribo para tratar de entender el mundo”. En dicho discurso dijo lo siguiente:

A veces, la vida nos reta con el fin de saber si tendremos la fortaleza necesaria para recibir su generosidad con sencillez. A mí me cuesta siempre más trabajo entender la sorpresa de una dicha que la justicia inmanente de las penas. Me enseñaron que se necesita valor para enfrentar la desgracia y que es virtud ponerle buena cara al mal tiempo. En cambio, no hay receta para aceptar las grandes alegrías. Sé de qué tamaño es el privilegio que recibo con este premio, quiero agradecerlo con la misma fuerza con que sé y acepto la responsabilidad que entraña.
Quiero recibir este reconocimiento sin perder el deseo de confiar en mis dudas más que en mis dogmas, sin creer que traiciono a mi padre que murió mucho antes de que alguien comprendiera su pasión por las palabras, sin desertar de la paciencia con que tantos escritores han trabajado y trabajan desprovistos de la ambición de un premio y absteniéndose de maldecir a quienes los ganan. Quiero recibir este premio con el regocijo que produce un buen amor, no con la arrogancia de quien imagina una victoria.
Sé bien de la intensidad y la sabiduría de los escritores que me preceden en esta ventura y que antes me precedieron y aún me enseñan el valor y la tenacidad que se necesitan para entregarse a la febril aventura de hacer libros. Sé también, como lo saben ellos, que ha habido y hay otros cómplices de nuestras aventuras que merecen tanto o más la ventura de un premio.
Considero un privilegio el oficio de escribir como lo hicieron tantas mujeres y tantos hombres a quienes sólo rigió el deseo de contar una historia para consolar o hacer felices a quienes se reconocen en ella. De contar una historia para desentrañar y bendecir la complejidad de lo que parece fácil, la importancia de lo que se supone que no importa, de lo que no registran ni los periódicos ni los libros de economía, de lo que no explican los sociólogos, no curan los médicos, ni aparece como un peldaño en nuestro currículum de la hazaña diaria que es sobrevivir al desamor, al momento en que nos sentimos más amados que ningún otro, a la maravilla de andar como vivos eternos aun cuando la muerte golpea a nuestra puerta, al delirio de quienes nos abandonan y al delirio con que abandonamos, a la decisión que más duele y menos se pregona, a la vejez y a la adolescencia, al mar y a los atardeceres, a la luna inclemente y al sol tibio.
Aun menos certeros que los geólogos, más empeñados en la magia que los médicos, los escritores trabajamos para soñar con los otros, para mejorar nuestro destino, para vivir todas las vidas que no sería posible vivir siendo sólo nosotros. Siempre he pensado que es suficiente recompensa un lector que asume las cosas que uno cuenta como las cosas que pudieron pasar. Tal vez por eso el premio Rómulo Gallegos, entregado a “Mal de amores”, esta novela cuyo aire me hizo sentir a resguardo mientras lo respiraba, me conmovió y me sorprende tanto.
No sé si las estrellas sueñan o deciden nuestro destino, creo sí que nuestro destino es impredecible y azaroso como los sueños. Por eso las mujeres y los hombres de nuestro tiempo aún temblamos cada mañana cuando el mundo se ilumina y nos despierta.
Hace tres siglos, Sor Juana Inés de la Cruz escribió el más grande de sus poemas para invocar la noche en que soñó que de una vez quería comprender todas las cosas de que se compone el universo. En cientos de versos a veces herméticos y siempre de una sonoridad gozosa, la poeta se describe dormida, volando, una y otra vez aferrada al intento de dibujar los secretos del mundo, sin conseguirlo ni cuando lo divide en categorías, ni cuando lo busca en un solo individuo. Por fin la ingrata noche se acaba y la luz del amanecer la encuentra desengañada y despierta.
Menos audaces que Sor Juana, más lejos de su genio que de su empeño, quienes tenemos la fortuna de encontrar un destino en la voluntad de nombrar el mundo, compartimos con ella el diario desengaño de no comprenderlo. Por eso escribimos, regidos por ese desencanto y convocados por una ambición que imagina que al nombrar el fuego, los peces, la cordura, el viento, el estupor, la muerte, conseguimos por un instante comprender lo que son. De ahí que cada vez que abandonamos un libro creyendo que lo hemos acabado, despertemos a la zozobra de un universo milagroso cuya razón de ser no comprendemos. De semejante desamparo no nos libra sino la urgencia de inventar otro libro.
Nos dedicamos a escribir un día con miedo y otro con esperanza como quien camina con placer por el borde de un precipicio. Ayudados por la imaginación y la memoria, por nuestros deseos y nuestra urgencia de hacer creíble la quimera. No imagino un quehacer más pródigo que éste con el que di como si no me quedara otro remedio. Por eso recibo este premio más suspensa que ufana. Siempre he sabido que la fortuna fue generosa conmigo al concederme una profesión con la que me gano la vida, mejoro mi vida y sobrevivo cuando la vida se vuelve ardua. No me hubiera atrevido a pedirle al destino ninguna otra recompensa a cambio de mi trabajo.

13 de junio de 2023

Karl Pärsimägi. La serenidad, la armonía y la simpleza

El pintor Karl Pärsimägi nació el 11 de mayo de 1902 en Sika Oe (hoy Antsla), distrito de Vóru, Estonia. Era hijo de un próspero granjero que intentó dar a su hijo una sólida formación universitaria como forma de hacerse de un medio de subsistencia seguro. Sin embargo, el joven aspirante a pintor estaba interesado en las artes plásticas y gráficas y no concluyó su educación elemental. En cambio, prefirió estudiar pintura en Tartu, la segunda ciudad más grande de su país. Allí se formó en la Escuela de Arte Pallas, responsable del surgimiento de una nueva generación de creadores locales. Su aprendizaje académico sufrió numerosas interrupciones debido a las prolongadas estadías en la granja donde creció. Las tareas rurales le servirían como tema de inspiración en su obra futura.
Sus colegas de la Escuela de Arte Pallas lo recordarían mucho después como un joven cálido y tranquilo, de buen humor, aunque enigmático y cerrado, que vivía a través del arte y era infinitamente creativo. Incluso se lo consideraba un bicho raro, que solía utilizar muchas palabras en una jerga desconocida para el resto del grupo. La conexión con su lugar de nacimiento era muy fuerte, por lo que sus primeras pinturas se basaron en figuras, retratos, bodegones y paisajes relacionados con los paisajes de su ciudad natal. El caserío y su entorno inmediato se convirtieron en uno de los puntos de referencia de sus obras, todas ellas relacionadas con el sur de Estonia.
En el período previo a la revolución bolchevique, bajo la influencia del rígido dominio zarista, los pintores y escultores estonios tuvieron la versatilidad de asimilar todas las corrientes artísticas más importantes de la época, desde el Art Nouveau hasta el Futurismo, sin dejar de lado al Fauvismo, el movimiento pictórico surgido en Francia a principios del siglo XX y extendido luego a otros países, caracterizado por un uso provocativo de los colores y de pinceladas rápidas creado por Henri Matisse (1869-1954). Se produjo entonces un retorno a las formas tradicionales y una cierta focalización en el arte folclórico estonio. Un artista de gran influencia fue el pintor Konrad Mägi (1878-1925), quien luego se convirtió en el maestro de Pärsimägi.


Siendo aún un adolescente, en 1919 se alistó para participar en la guerra independentista contra las fuerzas soviéticas y, aunque ninguna de sus pinturas muestra algún indicio, la política mundial influyó poderosamente en su destino. Su período más creativo coincide precisamente con la independencia política de la República de Estonia en los años 1920/1930. Entre los críticos de la época -a medida que su nombre adquiría fama como pintor- se lo llamó “el Matisse estonio”; para muchos estudiosos del arte, no obstante, este apelativo era equivocado, ya que encontraron en él más afinidad estilística con el suizo Paul Klee (1879-1940) y con el ruso Marc Chagall (1887-1985). La consonancia entre estos pintores estaba dada por el tipo de coloración usado en los lienzos y también por los recurrentes contornos desdibujados.


Siendo ya un artista consagrado, completó su aprendizaje académico en Tartu en 1936; por entonces, era un creador prolífico que se jactaba de realizar veinte o treinta pinturas diarias. La escuela de Tartu ejerció una fuerte influencia en la historia del arte estonio hasta que fue cerrada en 1940. El clima intelectual reinante en la escuela es difícil de definir ya que un gran número de fuertes personalidades estudió y enseñó allí. Así, por ella pasaron los pintores Konrad Mägi (1878-1925), Ado Vabbe (1892-1961) y Nikolai Triik (1884-1940), el escultor Anton Starkopf (1889-1966) y el historiador de arte Voldemar Vaga (1899-1999).


En 1937, Pärsimägi se instaló en París -un ritual para los artistas plásticos- financiado por su padre y no por el gobierno, como era corriente en Estonia. En la capital francesa conoció a Pablo Picasso (1881-1973), estudió en la Academia Colarossi y pasó horas en el Museo del Louvre copiando los cuadros de Rembrandt van Rijn (1606-1669), Eugéne Delacroix (1798-1863) y Jean Francois Millet (1814-1875), aunque la influencia más profunda del arte moderno francés la recibió de la obra de Paul Cézanne (1839-1906). Tiempo después llegó a viajar a su país natal y exhibir sus pinturas en el Art Hall de Tallinn, la capital de Estonia.


Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Estonia volvió a estar bajo el control del Kremlin y se convirtió en parte del territorio soviético. Pärsimägi permaneció en París y, según narró el profesor de teología Evald Saag (1912-2004), a la sazón oficial del ejército estonio, se unió al movimiento de resistencia francés hasta que, en septiembre de 1941, fue arrestado por la policía secreta de la Alemania nazi, la tristemente célebre Gestapo. Hay quienes afirman que tenía pasaporte soviético y otros, que ayudó a una muchacha judía perseguida por los nazis. Lo cierto es que estuvo detenido durante nueve meses en el campo de concentración de Drancy en las cercanías de París. Luego fue deportado a Auschwitz, donde fue ejecutado el 27 de julio de 1942. Pasó así a ser parte de las poco más de un millón de personas que murieron en ese campo de concentración.


La misma suerte correrían otros artistas como los pintores Jan Rubczak (1884-1942), Charlotte Salomon (1917-1943), Samuel Jessurun de Mesquita (1868-1944), Friedl Dicker Brandeis (1896-1944) y Felix Nussbaum (1904-1944); escritores como Irène Némirovsky (1903-1942), Etty Hillesum (1914-1943), Yitzhak Katzenelson (1886-1944), David Vogel (1891-1944), Karel Poláček (1892-1944) y Benjamin Fondane (1898-1944); y los compositores Ziga Hirschler (1894-1941), Marcel Tyberg (1893-1944), Viktor Ullmann (1898-1944), Pavel Haas (1899-1944), Hans Krása (1899-1944), Ilse Weber (1903-1944), Alma Rosé (1906-1944), Richard Fall (1882-1945) y Gideon Klein (1919-1945), por mencionar sólo algunos de los miles de artistas asesinados en Auschwitz, la mayoría de los cuales serían lamentablemente olvidados por la posteridad.


Pärsimägi es recordado como un muy modesto joven. En las escasas fotografías que se conservan puede verse al artista enfrentando tímidamente a la cámara. Existen también cuatro pinturas: dos realizadas por Eduard Wiiralt (1898-1954) en 1925, y dos autorretratos fechados uno en 1921 y el otro en la primera mitad de la década de 1930. Versátil en distintos géneros y muy impulsivo, fue un intimista atraído por la simpleza de un estudio, una habitación o un parque, esforzándose siempre por captar la esencia de la cosas. La mayoría de sus óleos se conservan actualmente en la Academia de las Artes de Tartu y algunas también se exhiben en el Museo de Arte de Kumu, ambos lugares en Estonia.


La historiadora de arte estonia Heie Treier (1963) diría en su ensayo “Pärsimägi. Võrumaa-Tartu-París” publicado en 2003 que “Pärsimägi era un artista hasta la punta de su dedo meñique. Mezclaba los colores durante mucho tiempo para obtener un fondo suave. No tenía dinero para comprar un lienzo. Quería lograr una experiencia con medios relativamente mínimos. Su naturaleza tímida y misteriosa le aseguró el estatus de extravagante a los ojos de sus contemporáneos. Sus coloridas creaciones, que eran independientes de las costumbres locales, lo ubicaron entre los genios artísticos del período del modernismo, algo bastante raro en el contexto de la historia del arte de Estonia”.


La obra de Karl Pärsimägi se compone en gran parte de personajes. Es notable el predominio de los ambientes domésticos femeninos, rara vez se encuentra una figura masculina en su mundo de imágenes. En sus pinturas, las formas a menudo se fusionan en colores abstractos y brillantes, que a veces están limitados por líneas de contorno oscuras. Una de las características de sus creaciones fueron las sorprendentes combinaciones de colores: tonos de piel mostaza sobre un fondo azul cobalto brillante, un tono rojo púrpura crudo junto a un plano cálido de color ladrillo o amarillo que brilla con una superficie rosa púrpura. 


Muchas veces, los bordes de sus pinturas cortan el techo o la mitad de la figura de las personas retratadas. En algunas de ellas dejaba un espacio vacío en el medio de la imagen, mientras que los bordes de los edificios se dividen arbitrariamente o forman parte de las ventanas abiertas. Así como los bordes de sus cuadros a menudo cortan gran parte de los objetos pintados y las figuras humanas, también prefirió cortar su relación con el vasto mundo exterior, y así como una muerte trágica cortó su vida, su personalidad estuvo durante mucho tiempo fuera de la historia del arte.

10 de junio de 2023

Las fábulas de Bertolt Brecht

Bertolt Brecht fue un escritor alemán, nacido en Augsburg en 1898 y muerto en Berlín oriental en 1956. Fue uno de los dramaturgos más destacados e innovadores y también se cuenta entre los más importantes e influyentes poetas del siglo XX. Aparte de estas dos facetas, cabe destacar también su prosa breve de carácter didáctico y dialéctico.
La atmósfera de enrarecimiento político y las convulsiones provocadas por las guerras fueron determinantes para la producción literaria alemana en las primeras décadas del siglo XX. En este escenario, las preocupaciones de Brecht se centraron en el hombre y su destino, el desamparo y la maldad imperantes en la sociedad, la alienación y la ausencia de moral, males que debieran ser superados con el advenimiento de una comunidad solidaria que proyectase al ser humano hacia su verdadera realización. La base de toda su producción fue una posición antiburguesa, una crítica a las formas de vida, la ideología y la concepción artística de la burguesía, poniendo de relieve al mismo tiempo la necesidad humana de felicidad como base para la vida.
Con excepción de "Kalendergeschichten" (Cuentos de almanaque) y "Geschichten vom Herrn K." (Historias del señor Keuner) publicados por el autor en vida, el resto de sus cuentos breves fue publicado en diarios y revistas de las décadas del ‘20 y del ‘30. El propio Brecht no había previsto editar esas narraciones. A continuación, algunas de ellas:
 
GUERRA BALCANICA
Un hombre viejo y enfermo iba andando por el campo, cuando cuatro granujas lo asaltaron y lo despojaron de sus bienes. El anciano prosiguió tristemente su camino. Pero al llegar al primer cruce de carreteras vio con sorpresa que tres de los ladrones atacaban al cuarto para quitarle el producto de su robo. En la lucha, el botín cayó al suelo. Lleno de alegría, el anciano lo recogió y se alejó de prisa, pero en la próxima ciudad fue detenido y llevado ante el juez. Allí estaban los cuatro granujas, ahora otra vez en armonía y lo acusaban.
La decisión del juez fue la siguiente:
El anciano debía entregar a los ladrones los bienes que acababa de recuperar. Porque de no ser así -dijo aquel sabio y justo magistrado- los cuatro bribones podrían quebrantar la paz de la comarca.
 
EL VIAJE EN EL COMPARTIMIENTO
Trepó al tren repleto, en el que los viajeros se amontonaban como arenques y abrió la puerta de un compartimiento. Alguien cerró la puerta desde adentro. El hombre la volvió a abrir y vio a un individuo gordo y a dos mujeres sentadas, acunando unos niños sobre sus faldas.
- Cierre -dijo el gordo, con acritud-. Compartimiento para heridos de guerra.
El viajero permaneció un tiempo como un arenque más en el pasillo, con la perspectiva de pasar así dos horas; de pronto extendió una mano tensa hacia la puerta, la abrió y dijo:
- ¿Tiene usted credenciales? Aquí hay lugares libres. ¡Permítame!
El gordo se ponía de pie cada vez que la puerta se abría, quién sabe por qué.
- No puede entrar aquí -dijo.
El viajero, que era un hombre joven, lo miró de frente, con expresión grave y dijo:
- ¿No se da cuenta que es una desconsideración?
El gordo quiso cerrar la puerta, pero el joven interpuso un pie. El hecho de entrar para sentarse carecía de importancia; pero la gente que estaba allí dentro estaba abusando de sus derechos y no iban a salirse con la suya. El sentido de la justicia del joven lo exigía.
- Me sentaré aquí -dijo-. ¡Quite esa caja!
El gordo se había puesto nuevamente de pie. Su frente estaba perlada de sudor.
- Apiádese de las mujeres -dijo-. En el compartimiento viajan niños a los que es preciso acunar.
- ¿Quiere que permanezca de pie? -preguntó el joven-. Puedo hacerlo, pero no quiero. No hay derecho. El gordo hizo un último intento.
- No le gustará mucho. Los niños lloran continuamente.
El joven se sentó. No estaba mucho más cómodo. El compartimiento estaba en penumbra, las mujeres acunaban a sus críos, que chillaban como si los estuvieran martirizando. Pero él estaba satisfecho en su fuero interno, porque había triunfado la justicia. Permaneció sentado hasta la estación terminal. Tres días más tarde cayó enfermo para no levantarse más. La gente del compartimiento llevaba niños con escarlatina.
 
BREVE VISITA A UN MUSEO ALEMÁN
- Buenos días.
- ¿Hum?
- Quisiera visitar el Departamento de Astronomía.
- ¡Ah! ¿No sabe leer?
- Cómo no.
-¿Y no ve que el Departamento de Astronomía está cerrado hoy?
- Sí... pero, sabe lo que pasa... sólo permaneceré este día en la ciudad.
- Y se le ocurre visitar precisamente el Departamento de Astronomía.
- Sí.
- ¡Justamente hoy que está cerrado!
- Está bien. Quisiera hablar con el director.
- ¿Con el director? ¿Y qué quiere decirle al director?
- Quiero ver si el director puede hacer algo para solucionar mi problema.
- Más vale que se ahorre la visita. Yo le puedo decir desde ya que el director no puede hacer nada.
 
- Buenos días.
- ¡Hum!
- ¿Tengo el gusto de hablar con el señor director?
- Sí, ¿qué pasa?
- Tengo interés en visitar el Departamento de Astronomía.
- ¡Ah! ¿Y para qué?
- Tengo que hacer un trabajo. Soy escritor.
- Aja. Así que escritor. ¿Y cómo se llama?
- Brecht.
- Aja.
- Sólo puedo permanecer un día aquí.
- ¿Y de dónde viene?
- De Berlín.
- Aja. Y quiere visitar el Departamento de Astronomía.
- Sí, si usted me lo permite.
- Precisamente hoy, el día en que está cerrado.
- Sí. ¿Y por qué no puedo visitarlo? En realidad lo único que necesito es un ordenanza que me acompañe. Supongo que alguna vez se harán excepciones. Sobre todo cuando no se trata de turistas, sino de gente que necesita visitar el museo por algún trabajo.
- ¿Y por qué no busca datos en Berlín?
- Tengo entendido que este departamento de su museo es muy bueno.
- Es tan bueno como cualquier otro. Hay otros mucho mejores.
- ¿De veras?
- Se lo estoy diciendo.
 
- ¿Esta es la salida?
- ¿No sabe leer?
- Cómo no.
- ¿Y no ve que ahí dice Salida?
- ¿Es usted el portero?
- Sí. ¿Qué pasa?
 
MUERTE DE UNA MUJER PIADOSA
La hermana de mi abuela era muy piadosa. Tenía una renta anual de cuatrocientas coronas y una habitación en casa de su hermana, mi abuela. Entregaba a ésta todo su dinero y de ese dinero se compraba lo que ella necesitaba. Además ganaba una suma adicional tejiendo medias, a 25 ores el par. Esa ganancia la destinaba a los pobres. Nunca usaba joyas, ni siquiera un broche. Usó el mismo vestido durante treinta años. En la segunda mitad de su vida aprendió, sin profesores, griego y latín; pero aun así continuó viviendo con sólo dos libros: una biblia y un pequeño catecismo. Llegó a los 85 años; pero su lucha contra la muerte duró tres días enteros. En su delirio hablaba mucho de Napoleón, a quien había admirado en su juventud. Además, continuamente intentaba rezar, pero había olvidado las palabras del Padrenuestro. Eso la hacía sufrir mucho. Aquella muerte terminó con el resto de mi fe en Dios.
 
PARA LA SOPA
En la aldea Mija, los fascistas habían incendiado una de cada cinco casas y habían detenido con ametralladoras a los aldeanos que intentaban combatir el fuego. Cuando atravesó el pueblo el primer regimiento proletario, de un establo salió una aldeana con tres niñitos. No le quedaba otra cosa que un ternero y lo entregó a los guerrilleros. Cuando el regimiento se puso nuevamente en marcha, la mujer los siguió un trecho y, procurando que los niños no la vieran, sacó del corpiño un puñado de harina atado en un pañuelo y se lo entregó a los guerrilleros.
- Consérvalo -dijeron los hombres-. Tus hijos también tienen hambre.
- Tómenlo -insistió ella-. Les servirá para espesar la sopa. Tienen que derrotar al enemigo.
 
LA PIADOSA CRUZ ROJA
Cuando comenzó la guerra se necesitó mucho personal sanitario de sexo femenino. Las voluntarias eran sometidas a una única prueba. Se les preguntaba si preferían ser personal de jerarquía o enfermeras comunes. A aquellas que preferían ser personal de jerarquía se las llevaba a una habitación y allí se les informaba que no se las necesitaría, porque no se necesitaba personal de jerarquía. Todas las demás voluntarias ingresaban. Entre ellas había muchas muchachas de la calle; su comercio dejaba poca ganancia en esos días. Las enfermeras no eran buenas desde el comienzo; durante mucho tiempo, las supervisoras debían levantarse varias veces por noche para cerciorarse de que el personal nuevo no se había dormido.
Cuando la guerra terminó, ya no se necesitaron los servicios de esas mujeres y se las devolvió a la calle. Para eso no se las sometió a ninguna prueba.
 
ORIGINALIDAD
“Hoy -se quejó el señor K.- hay innumerables personas que se jactan públicamente de poder escribir grandes libros por sí mismas, y esto es generalmente aprobado. Cuando aún era un hombre, el filósofo chino Dschuang Tsi escribió un libro de cien mil palabras, nueve décimas partes de las cuales eran citas. Tales libros ya no se pueden escribir aquí porque falta el espíritu. Como resultado, los pensamientos solo se producen en el propio taller, mientras que aquellos que no producen suficientes se sienten perezosos. Por supuesto, no hay entonces ningún pensamiento que pueda adoptarse, y tampoco ninguna formulación de un pensamiento que pueda citarse. ¡Qué poco necesitan todos para su actividad! ¡Un bolígrafo y un poco de papel es todo lo que tienen para mostrar! Y sin ninguna ayuda, solo con el magro material, que un solo hombre puede traer en sus armas, levantan sus chozas! ¡No conocen edificios más grandes que los que un hombre puede construir!"
 
MEDIDA CONTRA LA VIOLENCIA
En los tiempos de la ilegalidad, un día llegó a casa del señor Egge un agente que le mostró un documento expedido en nombre de quienes dominaban la ciudad y en el cual se decía que toda vivienda en la que él pusiera el pie pasaría a pertenecerle; también le pertenecería cualquier comida que pidiera, y todo hombre que se cruzara en su camino debería asimismo servirle.
Y el agente se sentó en una silla, pidió comida, se lavó, se acostó y, con la cara vuelta hacia la pared, poco antes de dormirse preguntó:
- ¿Estás dispuesto a servirme?
El señor Egge lo cubrió con una manta, ahuyentó las moscas, veló su sueño y, al igual que aquel día, lo siguió obedeciendo por espacio de siete años. No obstante, hiciera lo que hiciera por él, hubo una cosa de la que siempre se abstuvo: decir aunque solo fuera una palabra.
Transcurridos los siete años murió el agente, que había engordado de tanto comer, dormir y dar órdenes. El señor Egge lo envolvió entonces en la manta ya podrida, lo arrastró fuera de la casa, lavó el camastro, enjalbegó las paredes, lanzó un suspiro de alivio y respondió:
- No.
 
EL MUCHACHO INDEFENSO
Un transeúnte preguntó a un muchacho que lloraba amargamente cuál era la causa de su congoja.
- Había reunido dos monedas para ir al cine -dijo el interrogado-, pero se me ha acercado un chico y me quitó una. Y señaló a un chiquillo que estaba a cierta distancia.
- ¿Y no pediste ayuda? -preguntó el hombre.
- Claro que sí -replicó el muchacho, sollozando con más fuerza.
- ¿Y nadie te oyó? -siguió preguntando el hombre, al tiempo que lo acariciaba tiernamente.
- No -gimió el chico.
- ¿Y no puedes gritar más fuerte? -preguntó el hombre.
- No -replicó el chico, mirándolo con ojos esperanzados, pues el hombre sonrió.
- Entonces, dame la que te queda -dijo el hombre, y quitándole la última moneda de la mano, prosiguió despreocupadamente su camino.

El editor alemán Siegfried Unseld (1924-2002), quien durante muchos años fue director de la prestigiosa editorial alemana Suhrkamp Verlag, publicó en 1984 el ensayo “Der verleger und seine autoren” (El editor y sus autores). En él comentó la relación con sus editores de renombrados escritores en lengua alemana como Johann W. von Goethe (1749-1832), Rainer María Rilke (1875-1926), Herman Hesse (1877-1962), Robert Walser (1878-1956), Rudolf Schröder (1878-1962) y, por supuesto, Bertolt Brecht. Sobre este último escribió: “Un rasgo típico del método creativo de Brecht era su capacidad para reanudar una y otra vez, durante años incluso, el trabajo en una fábula, una idea dramática, un borrador. Ninguna versión impresa era la definitiva, y seguramente ni siquiera recordaba ya él mismo dónde había hecho los cambios”. Se refería principalmente a las pequeñas historias que el dramaturgo fue escribiendo, desde 1926 hasta su muerte, a las que se podría denominar “piezas didácticas”, textos ilustrativos de la filosofía brechtiana por excelencia.
El quizás más influyente dramaturgo alemán del siglo XX, conocido sobre todo por sus obras teatrales en las que denunció la opresión, la injusticia y las desigualdades sociales y económicas, siempre creyó que sus dramas podrían cambiar a la sociedad y hacer reflexionar y concientizar a las personas aniquiladas por el capitalismo, siempre manifestó su condolencia hacia los pobres y su sufrimiento, al tiempo que atacó la falsa respetabilidad de los burgueses. Por esa razón, siempre centralizó la temática de sus obras en los seres humanos desamparados, alienados y víctimas de la maldad imperantes en la sociedad, males que debían superarse hasta lograr una comunidad solidaria que los proyectara hacia su verdadera realización.

8 de junio de 2023

Algunos aspectos del carácter de Newton

En los primeros días del año 1642 moría Galileo Galilei en su reclusión de Florencia, totalmente ciego y amargado por la persecución a la que había sido sometido por parte de la Iglesia Católica. En los últimos días de ese mismo año, más precisamente el día de Navidad, a unos 1.800 kilómetros de allí, nacía en Woolsthorpe, Lincolnshire (Inglaterra) un niño prematuro, de apenas un kilogramo de peso, bautizado con el nombre de Isaac. Su padre, un pequeño agricultor de apellido Newton, había muerto de neumonía unos meses antes.
Criado básicamente por su abuela, no tuvo una infancia feliz. Por entonces, Inglaterra se debatía en una sangrienta guerra civil entre los parlamentaristas de Oliver Cromwell (1599-1658) y los realistas de Carlos I (1600-1649). Durante sus primeros años de educación en la Free Grammar School de Grantham, Isaac no dio signos de su futura grandeza. Era un muchacho enfermizo, tímido, más bien retrasado en sus estudios. Su madre pretendía que se dedicase a la agricultura; sin embargo, entró en el Trinity College de la Cambridge University a la edad de dieciocho años y se consagró al estudio de las matemáticas. En el año 1665, Newton consiguió su título de Bachiller en Artes sin ninguna distinción especial.
A mediados del verano de ese año, una epidemia de peste bubónica cayó sobre Londres (la Gran Peste de Londres) y a los pocos meses, uno de cada diez londinenses había muerto por su causa. En el otoño se cerró la universidad por su proximidad al centro de la plaga y todos los estudiantes fueron enviados a sus casas. Así, Newton volvió al hogar familiar y permaneció allí dieciocho meses hasta que se volvió a abrir la Universidad. Esos dieciocho meses fueron los más fecundos de su vida y puede decirse que durante este período concibió prácticamente todas las ideas que le debe la ciencia. El resto de su carrera científica se consagró al desarrollo de esas ideas concebidas en Lincolnshire.
El arqueólogo británico William Stukeley (1687-1765), gran amigo de Newton, fue testigo de sus reflexiones en torno a la teoría de la gravedad. Ambos solían sentarse bajo la sombra de los manzanos que el científico tenía en el jardín de su casa y pasar horas reflexionando y debatiendo sobre la actualidad científica del momento. Fue él quien escribió en 1752 “Memoirs of Sir Isaac Newton's life” (Memorias de la vida de Sir Isaac Newton) En un capítulo del libro Stukeley escribió: “Después de comer, como hacía buen tiempo, salimos al jardín a tomar el té a la sombra de unos manzanos. En la conversación me dijo que estaba en la misma situación que cuando le vino a la mente por primera vez la idea de la gravitación. La originó la caída de una manzana, mientras estaba sentado, reflexionando. Pensó para sí ¿por qué tiene que caer la manzana siempre perpendicularmente al suelo? ¿Por qué no cae hacia arriba o hacia un lado y no siempre hacia el centro de la Tierra? La razón tiene que ser que la Tierra la atrae. Debe haber una fuerza de atracción en la materia; y la suma de la fuerza de atracción de la materia de la Tierra debe estar en el centro de la Tierra y no en otro lado. Por esto la manzana cae perpendicularmente, hacia el centro. Por tanto, si la materia atrae a la materia, debe ser en proporción a su cantidad. La manzana atrae a la Tierra tanto como la Tierra atrae a la manzana. Hay una fuerza, la que aquí llamamos gravedad, que se extiende por todo el universo”.


A la edad de veintiséis años fue nombrado profesor de Matemáticas en la Cambridge University y a los treinta, miembro de la Royal Society, una sociedad científica dedicada al estudio de las ciencias naturales, el más alto honor científico en Inglaterra. Según el historiador estadounidense Richard S. Westfall (1924-1996) en su biografía “The life of Isaac Newton” (La vida de Isaac Newton) publicada en 1993, Newton fue el ejemplo perfecto del profesor abstraído. “Nunca se tomó una diversión o un pasatiempo, montando a caballo para tomar el aire, paseando o jugando a los bolos o algún otro ejercicio, porque pensaba que todas las horas que no se dedicasen al estudio eran horas perdidas”. Frecuentemente trabajaba hasta las primeras horas de la mañana, se olvidaba de comer y solía aparecer en el comedor del colegio con “sus zapatos sucios, sus medias arrugadas y su cabello mal peinado”.
Como persona, Newton no era muy agradable y a menudo se vio envuelto en polémicas con sus colegas. Tuvo una áspera disputa con otro físico de Cambridge, Robert Hooke (1635-1703), el fundador de la teoría de la elasticidad, respecto a su teoría de los colores así como sobre la prioridad en el descubrimiento de la ley de la gravitación universal. Semejante controversia de prioridad mantuvo también con el matemático alemán Gottfried Leibniz (1646-1716) respecto a la invención del cálculo, y con el holandés Christiaan Huygens (1629-1695) sobre la teoría de la luz. El astrónomo inglés John Flamsteed (1646-1719) lo describió como “insidioso, ambicioso, excesivamente ávido de alabanzas, amigo de la contradicción..., un buen hombre en el fondo pero, por naturaleza, suspicaz”.
A lo largo de sus años en Cambridge, Newton trabajó en el desarrollo de las brillantes ideas que había concebido entre los veintitrés y los veinticinco años, pero mantuvo en secreto la mayoría de sus experimentos. Esto explica el hecho de que sus obras más importantes fueran publicadas mucho más tarde: “Philosophiae naturalis principia mathematica” (Principios matemáticos de la filosofía natural) sobre la mecánica y la gravedad, a la edad de cuarenta y cuatro años, y “Opticks or a treatise of the reflections, refractions, inflections and colours of light” (Optica o un tratado de las reflecciones, refracciones, inflecciones y colores de la luz) sobre la óptica, a la edad de sesenta y cinco.
Después de la muerte de Newton, el 20 de marzo de 1726 (31 de marzo de 1727 en el calendario gregoriano), el poeta Alexander Pope (1688-1744) escribió unos versos que se harían famosos: “Nature and nature's laws lay hid in night;/God said 'Let Newton be' and all was light” (La Naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la noche;/Dios dijo: "Que Newton sea", y todo se hizo luz). Pero mucho antes de que esto sucediera, Newton hizo algo muy distinto. Con cincuenta años de edad, resolvió abandonar la vida académica y comenzó a buscar una posición que le reportase mejores ingresos. Ya era hora de ganar algo de dinero.
Se le ofreció el cargo de director de la Charterhouse, una distinguida escuela para la aristocracia inglesa situada en Londres, pero la oferta no fue de su agrado. En su carta rechazando el cargo escribió: “Le agradezco mucho haber sido recordado en Charterhouse pero no veo en ello nada que valga la pena de hacer un esfuerzo: aparte de un coche, que no me importa, se trata de 200 libras por año con un confinamiento en el aire de Londres y con tal manera de vivir que no me gusta; ni pienso que sería conveniente entrar en tal competencia como sería por una plaza mejor”.


En 1696, a la edad de cincuenta y cuatro años fue nombrado celador y después director de la Royal Mint (Casa de la Moneda) de Londres y comenzó a hacer dinero, literal y efectivamente. En 1705 fue nombrado caballero, se convirtió en Sir Isaac y recibió otros muchos honores. Pero en los últimos veinticinco años de su vida (murió a los ochenta y cinco años) no hizo ningún descubrimiento importante como los que hizo durante su juventud. Algunos historiadores lo atribuyen a la ancianidad, otros a que había agotado todas las ideas posibles que podían haber surgido en su época.
Aspectos menos conocidos de las investigaciones llevadas a cabo por Newton son sus análisis sobre cuestiones religiosas, tanto del cristianismo como del judaísmo. Fue un estudioso de la Biblia, algo que lo llevó a escribir en 1704 “Observations on Daniel and the Apocalypse of St. John” (Observaciones sobre las profecías de Daniel y el Apocalipsis de San Juan), obra en la que, basándose en su interpretación de las predicciones expuestas en las denominadas Sagradas Escrituras, llegó a la conclusión de que la segunda venida de Jesucristo y la siguiente purificación del mundo con fuego, esto es el día  del Juicio Final, se daría en el año 2060. También estudió obras rabínicas tales como la “Mishné Torá”, el “Vayikra Rabbah”, el “Talmud Yerushalmi” y el “Talmud Bablí”, y numerosos textos interpretativos de estas obras escritos por rabinos, filósofos y exégetas judíos como Saadia HaGaón (882-942), Shlomo Yitzjaki (1040-1105), Abraham ben Meir ibn Ezra (1092-1167), Aharon Ibn Hayyim (1545-1632) y, sobre todo Moisés ben Maimón (1138-1204), más conocido como Maimónides, autor de “Moré nevujim” (Guía de los perplejos), una obra que influyó notablemente en los últimos años de su vida.
Todas sus apreciaciones sobre estos textos más algunos de los borradores de sus obras científicas, quedaron en unos manuscritos que permanecieron ocultos por casi doscientos años en la casa de los descendientes de Catherine Barton (1679-1739), su sobrina. Tras ser descubiertos, en 1936 fueron subastados en la casa Sotheby's de Londres y comprados por el inversor bursátil estadounidense Roger Ward Babson (1875-1967), el profesor israelí Abraham Shalom Yehuda (1877-1951) y el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) quienes, tiempo después, los donaron a diversas bibliotecas universitarias. La lectura de estos escritos llevó a algunos científicos a considerar que el método de estudio de Newton se había basado en el misticismo y la pseudociencia. Al respecto, la escritora, periodista e historiadora inglesa Sarah Dry (1974) señaló en su ensayo “The Newton papers” (Los manuscritos de Newton) que es muy posible que él ocultara sus borradores deliberadamente porque “Newton no quería que la gente supiera cómo había llegado a sus entendimientos. Yo creo que esto puede tener relación con sus creencias religiosas”.
Por su parte, el historiador de las ciencias estadounidense Bernard Cohen (1914-2003) narró en su ensayo “Franklin and Newton. An inquiry into speculative newtonian experimental science and Franklin's work in electricity as an example thereof” (Franklin y Newton. Una investigación sobre la ciencia experimental newtoniana especulativa y el trabajo de Franklin en electricidad como ejemplo de ello) lo que ocurrió cuando los científicos tuvieron acceso los manuscritos personales de Newton: “Luego de su fallecimiento, se descubrió en su habitación una gran caja de papeles poco comunes. Le pidieron al obispo Samuel Horsley (quien también era un científico) inspeccionar la caja con el objetivo de publicar su contenido. Él se horrorizó ante el contenido y cerró la caja”.


En 1942, el citado Keynes publicó un opúsculo titulado “Newton, the man” (Newton, el hombre) en el que manifestó su impresión acerca de la real personalidad de Newton: “¿Por qué lo considero un brujo? Porque consideraba todo el universo y todo lo que hay en él como un ‘acertijo’, como un secreto que podía ser revelado aplicando el pensamiento puro a ciertas evidencias, a ciertas claves místicas que Dios había puesto en el mundo para permitir que una hermandad esotérica se dedicara a una suerte de cacería de tesoros entre filósofos. Consideraba al universo como un criptograma puesto por el Omnipotente. Creía que el acertijo se le revelaría al iniciado por medio del pensamiento puro, de la concentración mental. Él descifró el acertijo de los cielos”.
Contradiciendo a alguno de sus biógrafos, los cuales lo motejaron de “alquimista”, “hereje oculto”, “plagiario”, etc., Newton se mostró bastante humilde hacia el final de sus días: “No sé cómo puedo ser visto por el mundo, pero en mi opinión, me he comportado como un niño que juega al borde del mar, y que se divierte buscando de vez en cuando una piedra más pulida y una concha más bonita de lo normal, mientras que el gran océano de la verdad se exponía ante mí completamente desconocido. Si he visto más lejos que los otros hombres es porque me he aupado a hombros de gigantes”. El 20 de marzo de 1727 del calendario juliano, 31 de marzo en el calendario gregoriano, entonces en vigor en Inglaterra, murió sir Isaac Newton, quien días más tarde fue enterrado en la abadía de Westminster.