29 de diciembre de 2007

Panait Istrati, un vagabundo atormentado

En apenas 12 años (entre 1923 y 1935), Panait Istrati consiguió una repentina y fulgurante celebridad, tanto como escritor autodidacta como sindicalista y activista político en favor de las clases proletarias. El vagabundo atormentado, el errante incansable, el rebelde que tomó el camino de los perdedores había nacido el 10 de agosto de 1884 en Bráila, Rumania y vivió su infancia como un muchachito educado, tímido, cuidadosamente vestido. Su aspecto contrastaba con el de los chicos con quienes se codeaba en los subur­bios miserables de su pueblo, a orillas del Danubio, donde vivía con su madre.
Prefería la lectura y el trato con los adultos a la compañía de esos muchachos; sin embargo se hizo amigo particularmente de uno de ellos: un gigante brutal llamado Codine cuyos puños acudían siempre en ayuda de los más débiles. El fue quien salvó a Panait y a su madre del cólera, lleván­dolos a una zona campestre y construyéndoles una choza de ramas y cañas. Tiempo después, Codine mató a un amigo que se había convertido en aman­te de su querida y luego murió de una manera espantosa: su madre le echó dos litros de aceite hirviente en la boca, mientras dormía. En 1925, Istrati publicó un libro que lleva su nom­bre y el director francés Henri Colpi (1921-2006) realizó una película del mismo nombre en 1963.
La madre de Istrati era lavandera y su padre un griego contrabandista muerto por los guardias costeros a quien jamás conoció. A los trece años, provisto del certificado de estudios primarios, dejó la escuela y por algunos centavos redactaba cartas para los enamorados despechados para ayudar a su madre. Después consiguió un empleo como mozo en la taberna de un griego en la que durante un año y medio observó con pasión a los clientes, una humani­dad marginada. Luego se empleó un tiempo en una pastelería y más tarde aprendió el oficio de pintor de paredes, oficio que ejerció a menudo, en el curso de sus viajes.
Un día conoció a un hombre joven vestido con harapos que, sentado en un banco, leía un libro del cuentista francés Alphonse Daudet (1840-1897). Fue un encuentro decisivo y pronto se hicieron amigos. Mikhail (a quien retrató en el libro que lleva ese título en 1927), era hijo de una rica y noble fa­milia rusa y con él viajó a Bucarest, en donde vagabundeó hasta que el amigo partió hacia Manchu­ria.
Por entonces empezó a interesarse de manera activa por los problemas sociales, participando en la lucha que sostenían los obreros de su ciudad natal y colaborando en el diario local, por lo que fue arrestado varias veces. Viajó nuevamente a Bucarest en donde se encontró con su amigo Mikhail que había vuelto de Manchuria y tra­bajó algún tiempo como gestor en una oficina de colocaciones bastante sospecho­sa, experiencia que utilizaría para su libro "Biroul de plasare" (La agencia de empleos, 1933). En el transcurso de una manifestación socialista fue golpeado por la poli­cía y al poco tiempo la junta de revisión lo declaró no apto para el servicio militar por causa de su miopía y del estado de sus pulmones. Viajó entonces con su amigo a Constanza, el puerto más importante de Rumania, en donde encontraron sendos puestos de trabajo como porteros en el hotel Regina. Después de ahorrar un poco, emprendieron viaje hacia Egipto en donde Mikhail trabajó como portero nuevamente mientras él lo hizo como vendedor ambulante y pin­tor. Tampoco se quedaron allí mucho tiempo: su amigo viajó a Grecia y él se embarcó clandestinamente en un barco francés que iba hacia Marsella. Rápidamente fue descubierto y desembarcado en Nápoles desde donde volvió a Bráila, pasando por Alejandría y Constanza.
Durante los siguientes seis años -entre 1906 y 1912-, viajó constantemente entre Rumania y Egipto. A veces solo, otras con Mi­khail; a veces en condiciones financieras precarias, otras con relativa abundancia. Sin embargo, la salud de su amigo se alteró gravemente y antes de morir, quizo volver a Kazan con su familia. Dejó a Pa­nait con la promesa de que si la travesía era demasiado penosa y sufría demasiado se arrojaría al mar, pero, si todo salía bien, le escribiría desde Odessa. Panait nunca recibió esa carta.
En 1913, en plena Guerra de los Balcanes, el di­rector de un semanario socialista con quien había participado en las luchas políti­cas, le dio dinero y una carta de recomen­dación para uno de sus amigos instalado en París en donde tenía un negocio de za­patería. Allí fue albergado y trabajó durante algún tiempo. Cuando regresó a Rumania se enamoró de una militante socialista judía, Zoitra, con quien se casó. Comenzó a trabajar con re­gularidad, pero el oficio de pintor era ne­fasto para su salud. Entonces compró una casa bastante deteriorada de los alrededo­res de Bráila y se dedicó a la cría de cerdos. El criadero daba buenos re­sultados, pero su matrimonio comenzó a agrietarse: su mujer se aburría en el cam­po y las peleas -que incluían golpes- se hicieron frecuentes. Agotado y con mala salud, vendió sus cua­renta cerdos, abandonó a su mujer y atravesó la frontera suiza el 30 de marzo de 1916. Allí debió internarse en un sanato­rio de la comuna de Leysin, donde otro enfer­mo le enseñó fran­cés y le hizo leer las obras y los artículos en la prensa suiza de Romain Rolland (1866-1944). El pensamiento del autor francés entusiasmó a Istrati, quien decidió en ese momento convertirse en escritor, relatando sus experiencias. Como pensó hacerlo en lengua francesa, duplicó su atención para aprender el idioma y copió el diccionario francés-rumano en fichas con las que empapeló las paredes de su cuarto. Después le escribió una carta a Rolland contándole su proyecto, pero su envío le fue devuelto. A cambio, recibió una tarjeta que le anunciaba la muerte de su madre.
A comienzos de 1920 se instaló en una pequeña aldea suiza de habla francesa donde ejerció su oficio de pintor. Allí se ena­moró de una mujer joven, Yvonne, que estaba casada. Esa relación provocó un es­cándalo y las autoridades administrati­vas lo expulsaron del cantón. Huyó con la mujer a París en donde alquiló dos piezas en Montmartre, pero la armonía de la pareja rápidamente se desvaneció. Entonces viajó a Niza, en donde trabajó como vendedor ambulante y empleado en una librería. Pronto se quedó sin recursos y sin te­cho, duermiendo a la intemperie. Deprimido, el 3 de enero de 1921 se cortó la garganta con una navaja. Enterado por un diario de Niza de esa tentativa de suicidio, su antiguo compañero de habitación en el sanatorio de Leysin fue a visitarlo al hospital y allí descu­brió la carta destinada a Romain Ro­lland -devuelta por el correo- de la que Istrati no se separaba nunca y le prometió hacerla llegar a destino. Ni bien salió del hospital, trabajando en una mudanza, una piedra le aplastó los dedos, un accidente que derivó en la amputación de una falange.
Entre tantas desdichas, finalmente, recibió la respuesta de Ro­main Rolland que lo alentaba para que escriba, "para que haga una obra densa". Se estableció entonces una correspondencia entre ambos que duró un año, tiempo en el que para vivir, Istrati se convirtió en fotógrafo ambulante. Para comienzos de 1922 volvió a París, a casa de su amigo el zapatero. Este le propuso alo­jarlo y alimentarlo mientras escribía su obra. Así, se instaló en los alrededores de París, cerca de Thiel, en donde una joven costurera alsaciana, Ana, que conoció en el tren París-Niza, lo visitaba a menudo. De todas maneras, la re­lación fue tormentosa, atravesada por violen­tas peleas.
Istrati trabajó con ardor luchando con el idioma francés pero el frío invernal lo echó de su habitación de Thiel. Regresó a la zapatería parisina en donde le arreglaron el subsuelo del negocio para que pudiera tra­bajar y dormir. Allí terminó "Onde Anghel" y empezó "Kyra Kyralina". En ene­ro de 1923 envió a Romain Rolland el manuscrito de "Kyra Kyralina", que había es­crito en tres meses. Rolland se entusiasmó con la obra y le escribió: "Pocos escritores pueden igualarlo". Sin embargo, el libro debió ser corregido y de hacerlo se encargó el escritor Jean Richard Bloch (1884-1947). El 15 de agosto de 1923 apareció en la revista "Europe" la primera parte de "Kyra Kyralina". Rolland que lo había llamado "el nuevo Gorki de los países balcánicos", lo invitó a pasar quince días en su casa de Villeneuve. En la primavera de 1924 ya era un escritor francés. Apenas le quedaban once años para escribir todo lo que tenía que decir. En lo sucesivo, se dedicó únicamente a su nuevo oficio, a su profunda vocación. Así aparecieron "Oncle An­ghel" (Tío Angel, 1924), "Les Haïdoucs (Los bandidos, 1926), "Les récits d'Adrien Zograffi" (La vida de Adrián Zograffi, 1927), "Les chardons de Baragan" (Los cardos de Baragan, 1928), "Le pécheur d'eponges" (El pescador de esponjas, 1930) y "La maison Türinger" (La casa de Turingia, 1933). La acogida de la crítica fue muy calurosa.
Mientras escribe sin parar, se casa con la costurera para vivir en París y luego en Niza, pero al poco tiempo ella lo abandonó. En 1927, Panait Istrati fue uno de los pocos escritores europeos invitados a la Unión Soviética para los festejos del décimo aniversario de la Re­volución. La invitación provino del revolucionario búlgaro Christian Rakovsky (1873-1941), a la sazón diplomático y considerado como la mano derecha de León Trotsky (1879-1940), el líder de la oposición de izquierda. Lleno de entusiasmo, viajó el 15 de octubre y se quedó durante dieciséis meses, visitando el Cáucaso, Georgia, Ucrania, Crimea y la República Moldava. En Moscú, conoció a Nikos Kazantzakis (1883-1957), y con él hizo una cor­ta estancia en Atenas en donde, en una conferencia de prensa, denunció la situación política y social de Grecia, lo que provocó que lo expulsaran del país.
De regreso a Moscú, se en­teró de que el historiador Victor Serge (1890-1947), de quien era amigo, estaba en la cárcel desde hacía un mes sin que se conociera el motivo. Obtuvo una audiencia del secretario de la policía secreta soviética y pidió por su liberación. Inclusive llegó a ser recibido por Mikhail Kalinin (1875-1946), presidente del Comité Central, pero la terrible maquinaria estalinista ya estaba en marcha y el proceso continuó.
Istrati fue un adelantado en la denuncia de la "revolución traicionada" y en su momento no fue comprendido. El 15 de febrero de 1929, salió de la Unión Soviética profundamente descorazonado. Nueve meses después publicó el relato de su viaje en tres volúmenes titulados "Vers l'autre flamme" (Hacia la otra llama). De hecho, sólo el primer volumen fue escrito por él, el se­gundo fue redactado por Victor Serge y el tercero por Boris Suvarin (1893-1984) dos notables opositores de izquierda. Aceptó que los tres libros apareciesen con su nombre para asegurar su mejor difu­sión. Por supuesto, la aparición de este libro significó su rup­tura con el comunismo oficial. Sus ideas se orientaban claramente en el esquema de la oposición trotskista: había que recuperar las conquistas de la revolución frente a los burócra­tas que la traicionaban. Su publicación hizo que la prensa co­munista oficial lo conviertiera en uno de sus blancos favoritos. Panait fue tratado de renegado, resentido, mal escritor y traidor. Incluso el propio Romain Rolland -ferviente estalinista- se separó definitivamente de él.
En 1929 y 1930 fue varias veces a Rumania y en una de esas estadías co­noció a una estudiante de química, Marguerite, y se casó por tercera vez. Su salud estaba cada vez peor. Volvió a Niza para pasar allí el invierno y comenzó a escribir la que sería su últi­ma obra "Mediterranée", en la que contó su vida, desde el primer viaje a Egipto hasta su partida para Francia. A princi­pios de la primavera de 1935, volvió a Rumania con la intención de pasar algún tiempo en su casa de Bráila, debatiéndose entre la enfer­medad y las dificultades financieras. A cambio del derecho de propiedad absoluta de su obra literaria, pidió ayuda a la Fun­dación Real Carol II, pero ya no quedaba más tiempo: murió el 16 de abril de ese mismo año en Bucarest.