26 de marzo de 2008

Los pueblos originarios de América como sostén del "Primer Mundo"

El economista y estadístico alemán Adolf Soetbeer (1814-1892) se dedicó preferentemente al estudio de los problemas empíricos. Organizó un instituto de estadística en Hamburgo, cuyo boletín fue una de las primeras publicaciones periódicas dedicadas a las estadísticas, cotizaciones y mercados de Alemania. La reputación internacional de Soetbeer se debe a su profusa investigación estadística de la producción y utilización de metales preciosos después del descubrimiento de América, basada, en parte, en los datos que proporcionó Alexander von Humboldt (1769-1859). También Wilhelm Lexis (1837-1914), otro economista alemán que durante toda su vida mostró en sus trabajos una profunda desconfianza hacia la "economía pura" y la aplicación de modelos matemáticos supuestamente descriptivos sin relación con datos económicos reales, se ocupó del mismo tema.Según constancias documentadas en Sevilla y Madrid, alrededor de 200 toneladas de oro y 17 mil toneladas de plata salieron desde tierras americanas hacia España entre 1530 y 1660.
Según Soetbeer esto equivalió a 173 millones de ducados; según Lexis unos 150 millones. Valuados a precios actuales, estas cifras rondarían los 28 mil millones de dólares. Otras estimaciones mensuran en unas 90 mil toneladas de plata las extraídas de las entrañas americanas en el lapso comprendido entre 1500 y 1800 y su valuación se elevaría a unos 120 mil millones de dólares actuales.
Para contar con una aproximación del formidable impacto que generó este envío de riquezas a territorio europeo, basta con tomar como referencia que la totalidad del oro existente para esa época en el “viejo mundo” se estimó en unos mil millones de dólares y la plata en unos mil quinientos millones de dólares actuales. Las cifras del saqueo, con seguridad, deberían elevarse notablemente si se considerasen la cantidad de navíos hundidos, que son cuantiosos en las aguas del mar Caribe, en las costas chilenas y en la confluencia austral de los océanos Pacífico y Atlántico. Por otro lado, habría que considerar la carga secuestrada por piratas y corsarios que fueron a parar a otras potencias europeas.El pillaje obtenido por el capitán Francis Drake (1543-1596), por ejemplo, puede ser considerado como la fuente y el origen de la inversión externa británica. Con él, la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603), pagó la totalidad de su deuda externa e invirtió una parte del remanente en la Compañía de Indias Orientales, cuyos beneficios representaron, durante los siglos XVII y XVIII, la base principal de la riqueza del imperio inglés.
En España, por su parte, durante los reinados de Carlos V y Felipe II nos encontramos con un Imperio que no nació a raíz de las conquistas, del envío de soldados a otros territorios para ocuparlos, sino de la fuente continua de riquezas procedentes de las ricas minas de América. La mayor parte del oro y la plata que sustrajeron, sirvió para financiar las guerras de los monarcas, debidas a intereses dinásticos.A partir del siglo XVI, Latinoamérica, que subsidió a las grandes potencias por turnos con la complicidad de clases dirigentes dóciles y corrompidas, ha sido una vasta fábrica de pobreza y de hambre: entre 1600 y 1800 sólo un 2% de la población poseía la riqueza; en la actualidad hay 540 millones de habitantes, pero 222 millones son pobres, de los que 88 millones son indigentes. Cada año mueren 200.000 niños de hambre. Hay 80% de pobreza en los sectores indígenas. El 10% de la población total vive con menos de un dólar al día. La destrucción de América Latina, sin embargo, afectó también a los sectores culturales: la memoria histórica fue objeto de manipulación, fuego, robo y censura. El proceso fue lento y sistemático, feroz e implacable: hoy se conoce que el 60% de toda la memoria escrita de la región desapareció. Más de 500 lenguas se extinguieron para siempre.
Jamás hubo una oportunidad tan prolongada y tan rica para el hombre de negocios y el especulador. En esos años de conquista y saqueo, nació el capitalismo moderno.