9 de diciembre de 2007

La contradicción entre individualismo y colectivismo en Jack London

Jack London, seudónimo de John Griffith London, na­ció en San Francisco el 12 de enero de 1876. Aunque su apellido lo tomó de John London, el hombre con que Flo­ra Wellman, su madre, se casó ocho meses después del na­cimiento, su padre -William Chaney- fue un oscuro charlatán y astrólogo ambulante, polígamo irresponsable, con el que su madre convivió antes de ser abandonada.
Su padre adoptivo tampoco lo sacó de la pobreza, y Jack, desde niño, tuvo que alternar la escuela con el reparto de periódicos y otros trabajos. Esta situación, a la vez que le hacía pasar hambre, for­talecía su carácter. Pronto conoció la vida del muelle, don­de paliaba las estrecheces de su casa. Aprendió a defen­derse, a pescar, a vagabundear. A los diez años visitó la biblioteca pública de Oakland y se convirtió en un asiduo lector de libros de viaje y aventuras.
Tras acabar los estudios primarios, encontró un empleo en una fábrica de conservas. A los dieciséis años se embarcó en el "Sophia Southerland", un buque dedicado a la captu­ra de focas en el Pacífico y en octubre de 1894 ingresó en la universidad de California.

En julio de 1896 viajó a Alaska siguiendo los pasos de los ricos mineros procedentes del Klondike, una región del territorio del Yukón en el extremo noroeste del continente. No volvió rico, pero esta experiencia lo llevó a decidirse por la literatura. En 1902 aparecieron "The Kempton Wace letters" (Las cartas de Kempton Wace) y "The call of the wild" (El llamado de la selva), novela que lo lanzó a la fama. Cuatro años más tarde publicó "White fang" (Colmillo blanco). El concepto de supervivencia de los más fuertes y mejor dotados, del que la filosofía de Herbert Spencer (1820-1903) había hecho un au­téntico dogma socioeconómico, se convirtió en la piedra an­gular de la filosofía de Jack London, quien no era un seguidor fiel de ninguna teoría filosófica o crítica en particular, sino que fluctuaba de un punto de vista crítico a otro que en el momento le parecie­ra más conveniente. Prueba de ello es que, en "El llamado de la selva" mostró las teorías darwinianas de la supervivencia de los mejor dotados en la figura de Buck, un perro que es arrancado a la civilización en las soleadas tierras de Califor­nia y llevado a los gélidos ambientes del Polo Norte, en Alaska, donde tiene que aprender a hacer frente a todo tipo de adversidades para sobrevivir, y unos pocos años más tarde, escribió la antítesis de esta historia en "Colmillo blanco", donde mostró como un animal salvaje del norte se convertía en un animal civilizado en las tierras del sur.
Cuando London nació en 1876, las teorías de la evolu­ción de Charles Darwin (1809-1882) que se rastrean en sus escritos, dominaban el mundo científico y teológico. Esta teoría suponía una hipótesis de trabajo sobre las fuentes de la vida, en la que el hombre no sería más que el resultado de un largo período de evolución a partir de otros organismos. Durante este pro­ceso todos los seres vivos se encuentran sujetos a la deno­minada "selección natural", por la que sólo las especies que se adaptan al ambiente son capaces de sobrevivir, de don­de deriva el concepto de la "supervivencia de los mejor do­tados", un concepto dominante tanto en "El llamado de la selva" como en "Colmillo Blanco". En estas dos novelas y en otros muchos escri­tos de London, la idea de la lucha por sobrevivir en medio de fuerzas hostiles y desconocidas es un concepto domi­nante. La habilidad del animal o la persona para adaptarse a nuevos ambientes, por muy hostiles que puedan ser, cons­tituye una de las ideas motrices de estos escritos. También están claros en la obra de London los su­puestos del Naturalismo. Para el naturalista, el hombre está condicionado por instintos básicos, de tal forma que pue­de hacer muy poco para determinar su propio destino. El ambiente externo y la herencia biológica se combinan para controlar su vida. Esto coloca al hombre en una posición similar a la de los animales. Consecuentemente, según este planteamiento, el hombre puede, en cualquier momento, regresar al instinto o comportamiento animal. La idea de que el ser humano es un animal bajo una aparente capa de civilización es una constante en la obra del autor norteamericano. La bestia interior, ocultada por unos pocos siglos de barniz ci­vilizador, está dispuesta a aflorar a la menor provocación. Tan­to en el protagonista como en el personaje secundario, el animal atávico está ahí, tras la fachada supuestamente humana, dispuesto a hacer su aparición ante una situación lí­mite. Como también abrazó ideas socialistas, London fue militante comunista e incluso agitador político siempre del lado de los trabajadores. Pero, autodidacta como era, las lecturas del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) le llevaron a formular que el individuo debe alzarse frente a las masas y las adversidades. Esta contradicción entre el individualismo nietzscheano y el colectivismo socialista también está presente en su obra. En 1907 emprendió un crucero por los mares del Sur que, aunque como viaje fue un fracaso, supuso para él el hallazgo de un filón literario tan rico como Alaska: de allí surgieron, entre otros, "The mutiny of the Elsinore" (El motín del Elsinore, 1914), "The turtles of Tasman" (Las tortugas de Tasmania, 1916) y "Jerry of the Islands" (Jerry de las islas, 1917). Y en 1909 escribió la que probablemente sea su obra maestra, "Martin Eden". Publicó más de 50 libros que le supusieron grandes ingresos que dilapidó en viajes y alcohol. Entre sus novelas de crítica social están "The people of the abyss" (El pueblo del abismo, 1903), donde se describe la sórdida existencia del proletariado en un barrio de Londres y "The iron heel" (El talón de hierro, 1907), una ficción sobre un hipotético estado fascista en el año 1932.
Murió el 22 de noviembre de 1916. Se sabe que sufría un dolor extremo y es posible que una sobredosis de morfina, accidental o deliberada, pudo haber contribuido a su muerte después de una larga agonía de doce horas. El suicidio apareció varias veces en las historias de London. En su novela autobiográfica "Martin Eden", el protagonista se suicida muriendo ahogado. En su memoria autobiográfica "John Barleycorn" (1913), declara haber tropezado en estado de embriaguez, cayendo por la borda a la Bahía de San Francisco y quedando a la deriva por horas, intentando ahogarse a sí mismo, casi consiguiéndolo antes de que se le pasara la borrachera y fuera rescatado por un pescador. Un hecho paralelo ocurre en el desenlace de "The little lady of the big house" (1916), en el cual la heroína, enfrentada al dolor de una herida mortal e intratable causada por un disparo, experimenta un suicidio asistido por medio de la morfina. Estos hechos en sus historias probablemente contribuyeron al mito bibliográfico.Los restos mortales de Jack London están enterrados en Glen Ellen, California.
Jorge Luis Borges (1899-1986), dijo de él: "agotó hasta las heces la vida del cuerpo y la del espíritu. Ninguna lo satisfizo del todo y buscó en la muerte el tétrico esplendor de la nada".