5 de julio de 2020

El supremo Augusto Roa Bastos


Augusto Roa Bastos, uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo XX, cuya narrativa ha recreado momentos y personajes de la vida de su país, y revelado los estragos producidos por el poder y las dictaduras militares en la región, nació en Asunción, Paraguay, el 13 de junio de 1917.
Pasó su niñez en el pueblo de Iturbe, en el Departamento de Guairá, al sureste del país, lugar que le sirvió de inspiración para muchas de sus creaciones. Cuando tenía unos trece años escribió su primer cuento, "Lucha hasta el alba", perdido y olvidado durante muchos años y recién aparecería publicado en la revista "Texto Crítico" del Centro de Investigaciones Lingüísticas Literarias de la Universidad Veracruzana en 1979. En 1932 se escapó de su casa para alistarse en el ejército, en donde trabajó como voluntario en el servicio de enfermería durante la etapa final de la guerra del Chaco (1932/1935) contra Bolivia. Esos años, durante los que permaneció en la retaguardia, le proporcionaron anécdotas y vivencias que luego alimentaron su literatura.
En 1936 trabajó en Asunción como periodista para el diario "El País", del que luego fue director. Por entonces, junto a Josefina Pla (1909-1999) y Hérib Campos Cervera (1905-1953), inició la que sería la renovación poética paraguaya de la década del ‘40. Por entonces leía vorazmente a Rainer M. Rilke (1875-1926), Paul Valéry (1871-1945), Jean Cocteau (1889-1963), André Bretón (1896-1966) y, también, a algunos escritores estadounidenses. "Especialmente Faulkner, -recordó Roa Bastos- diría que ejerció una profunda influencia sobre todos los escritores latinoamericanos de mi generación, como Onetti y García Márquez. También hubo otros, como Hemingway, Hawthorne y Melville, que nos ayudaron a liberarnos de la pesadez del estilo español".
Hacia 1944 integró el grupo literario "Vy’a raity" (Nido de la alegría) junto a los escritores Josefina Pla (1903-1999), Hérib Campos Cervera (1905-1953), Hugo Rodríguez Alcalá (1917-2007), Óscar Ferreiro (1921-2004) y Elvio Romero (1926-2004), núcleo que jugará un rol fundamental en la renovación del lenguaje poético en el país. Por esa época lee mucho a los poetas Juan Ramón Jiménez (1881-1958), Federico García Lorca (1898-1936) y Pablo Neruda (1904-1973), pero además se interesa por las obras de Karl Marx​​ (1818-1883) y de Sigmund Freud (1856-1939). También asume como Secretario de Redacción en el diario "El País", de corte opositor.


A fines de ese mismo año viajó a Inglaterra, invitado por el Consejo Británico, y trabajó allí como corresponsal para su periódico y también en la BBC de Londres, donde fue el primer locutor paraguayo. De regreso en Paraguay, sin afiliarse a partido político alguno, fue poniéndose del lado de las clases oprimidas de su país. Por entonces, ya había estrenado cuatro obras teatrales: "La carcajada" (1930), "La residenta" (1942), "El niño del rocío" (1942) y "Mientras llegue el día" (1946), y había publicado dos libros de poesía: "El ruiseñor de la aurora y otros poemas" (1942) y "El naranjal ardiente. Nocturno paraguayo" (1949). También reunió parte de sus artículos periodísticos en "La Inglaterra que yo vi " (1946), fruto de su primer viaje a Europa al tiempo que trabajaba en un banco de Asunción como empleado administrativo.
Cuando se produjo la revolución de 1947 el diario fue atacado y, cuando se ordenó su arresto, se ve obligado a refugiarse en la Embajada de Brasil donde permanece en calidad de asilado cerca de tres meses. Amenazado por la represión que el gobierno desató contra los derrotados en el intento de golpe de Estado, pudo abandonar Asunción cuando obtuvo un salvoconducto que le permitió viajar a la Argentina. Fue entonces que, establecido en Buenos Aires, sobrevivió con trabajos muy diversos y dio a conocer buena parte de su obra.
"El exilio fue una escuela permanente que me enseñó a ver las cosas con más seriedad. También significó dolor, como una muerte, un estado de duelo -explicó el autor años más tarde-. Me tomó de cuatro a cinco años salir de la depresión, recobrar mi dignidad como ser humano, que se había refugiado en las sombras. Me dediqué a escribir como un vehículo para recuperar mi condición humana, mi dignidad como persona".


Colaboró en las revistas literarias "El Escarabajo de Oro" y "El Grillo de Papel", que dirigían Abelardo Castillo (1935-2017) y Liliana Heker (1943), y en la más voluminosa aunque fugaz "Literatura y Sociedad" dirigida por Ricardo Piglia (1941-2017). Participó en debates, presentaciones de libros y escribió los guiones cinematográficos de las películas argentinas "Shunko", "Alias Gardelito" y "La sed" en 1960 y "Don Segundo Sombra" en 1970. Mientras tanto, consolidó su condición de narrador con las colecciones de relatos "El trueno entre las hojas" (1953), "El baldío" (1966), "Los pies sobre el agua" (1967), "Madera quemada" (1967), "Moriencia" (1969), "Cuerpo presente y otros cuentos" (1971), "El pollito de fuego" (1974), "Los congresos" (1974) y "El sonámbulo" (1976).
También abordó los problemas sociales y políticos de su país con sus novelas "Hijo de hombre" (1960) y "Yo el Supremo" (1974), en las que analizó episodios decisivos de la historia paraguaya. Esta última, una obra densa y multifacética, puede resultar abrumadora si no se tiene un sentido preliminar de su estructura. Esencialmente, Roa Bastos recopiló documentos a través de los cuales habla El Supremo: anotaciones privadas, partes de una circular perpetua que narra la historia de su país, un registro de sus orígenes familiares, transcripciones de textos dictados a su secretario privado, y un pasquín -en el que se exige que el dictador sea decapitado y sus seguidores ahorcados- que, supuestamente, está escrito por el propio Supremo, acto subversivo que persigue al dictador a lo largo de todo el libro.
Algunos comentaristas desconocidos también interrumpen la narración. En algunas notas se describe la condición de los documentos (incompletos, rotos, quemados) y se transcriben narraciones contemporáneas de la época, reales y apócrifas, que con frecuencia contradicen la versión de los hechos que narra El Supremo. El texto, de puntuación no convencional, no es fácil de leer, ya que con frecuencia los relatos combinan varias voces en una, desafiando la subjetividad en todo momento: Roa Bastos presenta varios narradores, mientras que el dictador juega con los tiempos de los verbos, hablando a veces en presente, en pasado e incluso en futuro cuando ocasionalmente habla desde la tumba.


"Esta novela es una reflexión de las tradiciones culturales del Paraguay, una expresión de la oralidad del guaraní. Porque en el guaraní la palabra es fundamental -contó Roa Bastos en 1996-. Toda creación en el cosmos guaraní se relaciona con la palabra. Mi necesidad, mi rebeldía como escritor, era levantarme contra los relatos establecidos. El escritor registra la palabra, pero no necesita entregarla como si ésta fuera la que tiene el mando. Lucho contra la palabra misma. Así, procuré inventar una forma trascendental de escritura, una metaescritura".
Otra dictadura, esta vez la del Proceso de Reorganización Nacional -que censuró y prohibió la difusión de la novela-, lo obligó en 1976 a abandonar la Argentina para trasladarse a Francia. Allí se integró al plantel de profesores de la Université de Toulouse donde enseñó literatura y guaraní hasta 1984. En esa ciudad tuvo oportunidad de participar del evento "Semana Latinoamericana" que organizó la universidad junto al escritor paraguayo Rubén Bareiro Saguier (1930-2014) y los argentinos Julio Cortázar (1914-1984) y Juan José Saer (1937-2005).
De sus años en Argentina diría más tarde: "Realmente nunca me sentí exiliado en Argentina, país en que me habría gustado nacer si el Paraguay no hubiera existido. Y Buenos Aires siempre fue para mí y lo seguirá siendo hasta el fin de mis días la ciudad más hermosa del mundo, intemporal, cosmopolita y mágica. Un puro espejismo sobre el vértigo horizontal de la llanura pampeana. No comprenderé nunca por qué Borges se alejó de ella para morir".
En 1982, tras un breve viaje a su país, se le confiscó el pasaporte, fue privado de la ciudadanía paraguaya y expulsado del país acusado por el régimen dictatorial del general Alfredo Stroessner (1912-2006) de adoctrinar a la gente joven con la ideología marxista: como única prueba se presentaron documentos que demostraban que había estado en Cuba. Un año después obtendría la ciudadanía española y publicaba los libros de cuentos "Lucha hasta el alba ", "Antología personal" y "Contar un cuento y otros relatos".


Desde 1985 en adelante fue un opositor activo al gobierno de Stroessner y actuó como embajador no oficial del Acuerdo Nacional en Europa. En febrero de 1986 dio a conocer su "Carta abierta al pueblo paraguayo" donde preconizaba el fin de la dictadura y exigía el inicio de una transición a la vida democrática. Su labor de difusión de la realidad paraguaya fue intensa, recorriendo varios países y generando reacciones de apoyo a esa causa. En Buenos Aires participó del Primer Congreso Latinoamericano de Escritores junto a Juan Rulfo (1917-1986), Mario Benedetti (1920-2009) y Héctor Tizón (1929-2012) entre otros, y estableció junto a un equipo de colaboradores una agencia de noticias paraguayas para difundir a nivel internacional la labor de los sectores democráticos opuestos al régimen tiránico de su país.
En 1987 coordinó en Madrid las "Jornadas por la democracia en el Paraguay" junto a la periodista y escritora María Gloria Giménez Guanes (1948), un evento que contó con el apoyo del gobierno español, al que concurrieron más de cuarenta referentes del exilio interior y exterior paraguayos, así como personalidades políticas y culturales de Europa. Al año siguiente obtuvo el Premio de Letras del "Memorial de América Latina", otorgado en San Pablo, Brasil y, poco después de la caída de Stroessner, el 3 de febrero de 1989, regresó al Paraguay.
Ese mismo año obtuvo el Premio Cervantes, cuando ya despuntaba otro rico período en su literatura. En 1992 publicó la novela "Vigilia del Almirante" sobre Cristóbal Colón, seguida de "El fiscal" (1993), "Contravida" (1994) y "Madama Sui" (1996), uno de sus libros con mayor cantidad de paisaje paraguayo, que le valió la máxima distinción de su país: el Premio Nacional de Literatura. Evidentemente fue un escritor que nunca dejó de definirse como un campesino -"utilizo la palabra campesino con cierto orgullo, porque en mi obra he procurado recuperar la dignidad de ese término"-, que capturó el choque entre las culturas indígenas y extranjeras en su país y la rebelión y tenacidad del pueblo guaraní a través de sus obras.


Ya en su ocaso, publicaría "Los conjurados del quilombo del Gran Chaco" (2001) y "Un país detrás de la lluvia" (2002). Tras sufrir enfermedades coronarias durante largo tiempo, Augusto Roa Bastos murió en Asunción a los 87 años, el 26 de abril de 2005. "El tema del poder, en sus diferentes manifestaciones, aparece en toda mi obra, ya sea en forma política, religiosa o en un contexto familiar. El poder constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros", dijo en una oportunidad el escritor, sintetizando el mayor de los ejes de su literatura. "Como escritor que no puede trabajar la materia de lo imaginario sino a partir de la realidad, siempre creí que para escribir es necesario leer antes un texto no escrito, escuchar y oír antes los sonidos de un discurso oral informulado aún pero presente ya en los armónicos de la memoria".
En "La narrativa paraguaya en el contexto de la narrativa hispanoamericana actual", ensayo publicado en 1984, resumió su concepción de la literatura: "La literatura se me representó siempre como una forma de vivir, una forma de realizar el conocimiento de lo incierto a través de las mutaciones y transformaciones de los múltiples aspectos de la realidad. Si la obra es válida, sus logros se realizan en el interior de la práctica misma del arte de narrar. Es aquí donde la subjetividad individual amalgamada con la conciencia histórica y social, la imaginación con la pasión moral, pueden dar a la literatura sus plenos poderes de mediación, de cuestionamiento y de iluminación de la realidad en sus ángulos más diversos y desconocidos".
En el mes de junio de 2017, con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, Paraguay se volcó en la figura del escritor con una serie de conferencias, exposiciones y la reedición de "Yo el supremo". En esa oportunidad la poeta, novelista, dramaturga y Doctora en Historia por la Universidad de Asunción Renée Ferrer (1944), presidenta de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, destacó la "excelente prosa" de Roa Bastos, su permanente "compromiso con la condición humana" y su "defensa de la libertad" que le permitió tener una "clara conciencia de las injusticias infringidas por los poderosos".