30 de diciembre de 2025

Entremeses literarios (CCXXI)

UNA FAMILIA NORMAL
Paz Monserrat Revillo
España (1962)
 
En nuestra familia ha habido de todo. Suicidas, pederastas, psicópatas, cazadores, falangistas, ludópatas y adoradores del líder. Matrimonios concertados, herencias envenenadas, rebeldías con causa y algunas malas elecciones legendarias. Gente de fiar y arteros embaucadores. Sentimiento de pertenencia y profundo extrañamiento. Vehemencia y abulia. Astucia y bondad. Grandes sacrificios, desarraigos de novela y otra vez la misma piedra. Los muertos prematuros -uno de ellos contagiado de SIDA- asoman desdibujados como ramas livianas y desconocidas del árbol genealógico, junto a otros personajes muy longevos calificados como decentes o como inaguantables. O como ambas cosas a la vez.
No consigo entender por qué siempre se nos ha inculcado que somos una familia especial, impoluta y ejemplar, cuando simplemente somos una familia corriente, normal, incluso vulgar.
 
 
LA CASA
José Paulo Paes
Brasil (1926-1998)
 
Vendan esta casa: está llena de fantasmas. En la biblioteca está un abuelo que hace tarjetas navideñas con corazones de purpurina. En la tipografía, un tío que imprime avisos funerarios y programa de circo. En la sala, un padre que lee novelas policíacas hasta el fin de los tiempos. En la alcoba, una madre que está siempre pariendo la última hija. En el comedor, una tía que barniza cuidadosamente su propio ataúd. En la despensa, una prima que plancha todas las mortajas de la familia. En la cocina, una abuela que cuenta noche y día historias del otro mundo. En el patio, un negro viejo que murió en la guerra del Paraguay rajando leña. Y en el tejado, un niño miedoso que los espía a todos; sólo que está vivo: ha sido traído por el pájaro de los sueños.
Dejen dormir al niño, pero vendan la casa, véndanla de prisa, antes de que él despierte y se descubra también muerto.
 
 
EXPEDITIVO
Luisa Valenzuela
Argentina (1938)
 
Estábamos cenando plácidamente en casa de los López Famesi, tan agradables ellos, tan buenos anfitriones, cuando el desconocido empezó a contar su historia:
- Era un atardecer ventoso y no había alma alguna por la costa del lago. Yo avanzaba atento al vuelo de Tos patos y de golpe lo vi, al hombre ahí arriba tan al borde del acantilado. Era un lugar peligroso, una pared a pico como de cuarenta metros de alto. Yo lo miraba a él, sorprendido, y él me miraba a mí. Pensé que era un guardia costero o algo parecido. De golpe la fina saliente de roca sobre la que estaba parado cedió y el hombre se habría precipitado al vacío de no ser por unas ramas salientes a las que logró aferrarse en su caída. Quedó así bamboleándose sobre el vacío sin poder hacer pie en ninguna parte.
- ¡Ay, qué espanto! - exclamaron las señoras.
- Entonces yo, ni corto ni perezoso, lo bajé- nos tranquilizó el desconocido.
- Menos mal -suspiramos aliviados- usted es un héroe, cuéntenos como lo logró.
- Muy fácil. Lo bajé de un balazo.
 
 
EN LA SIERRA
Arturo Barea
España (1897-1957)
 
Esto fue en el primer otoño de la guerra.
El muchacho -veinte años- era teniente; el padre, soldado, por no abandonar al hijo. En la Sierra dieron al hijo un balazo, y el padre le cogió a hombros. Le dieron un balazo de muerte. El padre ya no podía correr y se sentó con su carga al lado.
- Me muero, padre, me muero.
El padre le miró tranquilamente la herida mientras el enemigo se acercaba. Sacó la pistola y le mató.
A la mañana siguiente, fue a la cabeza de una descubierta y recobró el cadáver del hijo abandonado en mitad de las peñas. Lo condujo a la posición. Le envolvieron en una bandera tricolor y le enterraron. Asistió el padre al entierro. Tenía la cabeza descubierta mientras tapaban al hijo con la tierra aterronada, dura de hielo.
La cabeza era calva, brillante, con un cerquillo de pelos canos alrededor. Con la misma pistola hizo saltar la tapadera brillante de la calva. Quedó el cerquillo de pelo gris rodeando un agujero horrible de sangre y de sesos. Le enterraron al lado del hijo.
El frío de la Sierra hacía llorar a los hombres.
 
 
ESTE TEATRO PODRÍA LLAMARSE “LA MUERTE MUTUA”  
Alphonse Allais
Francia (1854-1905)
 
Como en todos los teatros, en el del señor Bigfun (gran empresario australiano) se representan dramas humanos y melodramas sobrehumanos. Pero hay un detalle que añade interés al espectáculo: las víctimas son verdaderas víctimas, y no transcurre una sola representación sin que haya al menos un crimen real o un suicidio de verdad.
Lo más extraño de esta extraña empresa es que, desde la apertura de su teatro, el señor Bigfun nunca tuvo inconvenientes para encontrar víctimas voluntarias. Al principio se trató de pobres diablos que, para dejar un dinero a su familia indigente, no dudaban en sacrificar sus vidas. Después vinieron los desesperados de ambos sexos; amantes infelices, muchachas abandonadas, todos desempeñaron una mala actuación en la puesta en escena de sus muertes.
Finalmente, llegó el turno del esnobismo y mucha gente, sin una profunda razón, se ofreció para el papel de víctima por el mero placer de impactar al público. Pronto aparecieron los apostadores y hoy no resulta extraño ver en los bares de Melbourne o de Sydney a unos borrachos haciendo apuestas en las que está en juego su muerte violenta, pero estética, en el escenario del querido Bigfun.
Pese a los enormes gastos (algunos de los macabros protagonistas cobran hasta un millón de libras), nuestro empresario ha amasado una fortuna considerable. Cuando la víctima voluntaria posee algo de talento y, sobre todo, una bella voz, el precio de las entradas no tiene límites.
 
 
NADA NOS CONMOVIÓ TANTO
Alfredo Armas Alfonzo
Venezuela (1921-1990)
 
Nada nos conmovió tanto a los catorce años como la muerte de María, la niña pura del libro de Jorge Isaacs. Este tomito, encuadernado en cuero rojo, con cantos y tafiletes dorados había pertenecido a la biblioteca del abuelo Ricardo Alfonso, y lo hallé en uno de sus baúles en la habitación frente al tanque. Solamente esas paredes saben cómo lloré durante el proceso de enfermedad, muerte y entierro de María.
Entonces cuando iba al cementerio de arriba a visitar la tumba de Edda Eligia, la hermanita muerta, me parecía ver la misma siniestra ave negra posada en el brazo de hierro de la cruz. Al yo acercarme, el pajarraco levantaba el vuelo graznando lúgubremente.
Mi mayor felicidad entonces hubiera consistido en que la tuberculosis acabara con la hija de Narciso Blanco, pero los Blanco eran tradicionalmente una familia de gente sana.
 
 
PLACERES CULINARIOS
Elena Casero
España (1954)
 
La convivencia en vecindad siempre es difícil y yo, según afirman todos, soy muy rara. Se quejan de todo lo que hago: que si la ropa chorrea, que si el gato maúlla, que si el niño se desliza por la barandilla de la escalera, que si, que si…
La última protesta ha sido porque mis comidas huelen de manera diferente y humean en exceso. Puede que sea rara, no lo niego, pero también soy de las que encuentra una solución para los problemas.
Si la ropa chorrea, coloco un plástico debajo; si el gato maúlla, le pongo una mascarilla con efecto de sordina; si el niño quiere bajar aprisa, lo descuelgo con una cesta por el balcón hasta la calle. Con el asunto de las comidas, no iba a ser diferente. La solución que encontré ha sido efectiva, porque cada vez se quejan menos. En estos momentos sólo me quedan cinco vecinos: el matrimonio del primero, las dos viejecitas del segundo y la renegona del tercero.
El que menos humeó fue el portero. A la del tercero la guardo para el final. Después de eso tenderé la ropa sin plástico y el gato podrá maullar a su antojo.
 
 
LA DICHA DE VIVIR
Leopoldo Lugones
Argentina (1874-1938)
 
Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.
- Yo soy el resucitado de Naim -dijo el hombre-. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan solo. Ahora nada de eso puedo; mi vida es un páramo. ¿A qué debo atribuirlo?
- Es que cuando el Maestro resucita a alguno, asume todos sus pecados -respondió el Apóstol-. Es como si aquél volviera a nacer en la pureza del párvulo…
- Así lo creía y por eso vengo.
- ¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?
- Que me devuelva mis pecados -suspiró el hombre.
 
 
EL BUEN PADRE
Juan M. Ramírez Paredes
España (1982)
 
Decidí que la última bala no estaría dirigida a nadie, ni siquiera para mí, porque de lo que fui no quedaba nada. Esta era una idea muy meditada, como lo son todos los suicidios. Mi familia tenía razón, nunca he sido un buen padre. La confirmación de esa certeza hizo que se desmoronara aún más mi mundo. Descubrí que la pistola que sujetaba entre mis manos era de juguete. Mi revólver cargado con una única bala iba de camino al colegio en la mochila de mi hijo.
 
 
MUJER CON GATO
Liliana Heker
Argentina (1943)
 
El hombre que está asomado a la ventana envidia a la mujer que, en el jardín de la planta baja, canturrea ante la mirada atenta del gato. Qué feliz es, piensa el hombre. Ignora que la mujer no es feliz: con excepción del gato, acaba de perder todo lo que amaba, y sospecha (alguna vez lo ha leído) que los gatos se apartan de la desdicha. Moriría si el gato también la abandonara. Por eso, ante la persistencia de la mirada de él, no para de cantar y se ríe de cualquier cosa. El hombre de la ventana le envidia la alegría porque no advierte el simulacro. El gato sí lo advierte. Recela de esta actitud incongruente de la mujer, ¿por qué no se largará a llorar de una buena vez como desea? La observa un momento más, a la expectativa: ha vivido momentos muy lindos con ella. La mujer, consciente de la mirada del gato, hace una divertida pirueta de baile. Sin duda le ocurrió algo extraordinario, piensa el hombre de la ventana. No hay nada que hacer, concluye el gato, ya no es confiable. Alarga infinitamente su cuerpo gozoso, se da vuelta y, sin volver la vista atrás, salta la medianera y se va para siempre.

26 de diciembre de 2025

Fines de 2025 en Argentina. ¿Es razonable defender lo indefendible?

El pasado domingo 26 de octubre se llevaron a cabo en la Argentina las elecciones legislativas con el objetivo de renovar ciento veintisiete bancas en la Cámara de Diputados y veinticuatro escaños en el Senado. Entre los candidatos que incluyó La Libertad Avanza en las listas, había impresentables figuras ajenas a la política pero conocidas por el público por sus actividades como actrices, conductoras de programas de televisión, deportistas, periodistas, empresarios e “influencers” de redes sociales. Dando por sentado que dichas personas desconocían por completo el funcionamiento del Congreso y el contenido de la Carta Magna que rige la ley en la República Argentina, unos días después la Secretaria General de la Presidencia los convocó a la Casa Rosada y allí les obsequió una bolsita con el color y el logo de La Libertad Avanza, que contenía el reglamento de la Legislatura y una copia de la Constitución Nacional. Una suerte de “instructivo” para que los nuevos parlamentarios supiesen qué significa ser legislador y cómo actuar en el Congreso. Tras el encuentro, en diálogo con la prensa en las inmediaciones de la Casa Rosada, algunos declararon que los habían mandado a estudiar para defender los proyectos del presidente.
Si esto resultó por lo menos llamativo, mucho más lo fue el regalo que el propio presidente les hizo a sus ministros y funcionarios durante una cena a modo de celebración de fin de año en la Quinta de Olivos. El mandatario agradeció uno por uno a sus funcionarios y los motivó para encarar el segundo tramo de su gestión. Luego de felicitarlos, le entregó a cada uno de ellos un ejemplar del libro “Defendiendo lo indefendible”, cuyo autor es un economista estadounidense fanático promotor de la Escuela Austríaca de Economía y un importante teórico del anarcocapitalismo. Se trata de Walter Block (1941), acérrimo defensor del “libre mercado” y de la “libertad individual”, cuyas ideas son utilizadas por el presidente como referencia para su “batalla cultural”.
Discípulo del economista Murray Rothbard (1926-1995) -figura central del movimiento libertario estadounidense del siglo XX, en particular de sus vertientes de derecha, y fundador y principal teórico del anarcocapitalismo-, Walter Block presenta en “Defending the undefendable” una defensa económica y filosófica de personajes generalmente considerados “villanos sociales”: prostitutas, proxenetas, chantajistas, usureros, especuladores, prestamistas, explotadores del trabajo infantil y traficantes de drogas, entre otros, a los que considera “héroes económicos”. También justifica el derecho a discriminar por razones raciales, religiosas o ideológicas, y defiende la venta libre de órganos humanos, la posibilidad de comercializar bebés mediante contratos, la privatización total de la justicia donde jueces y castigos respondan a las reglas del mercado y la eliminación de las regulaciones laborales, sanitarias y de seguridad.


Entre sus polémicas tesis figura la defensa de la esclavitud voluntaria. Block sostiene que, si una persona acepta libremente convertirse en esclava a cambio de dinero, comida o seguridad, el Estado no debería impedirlo. Prohibir ese contrato, según el autor, sería una violación a la libertad individual. También defiende el trabajo infantil sin regulaciones, argumentando que impedir que los niños trabajen constituye una intromisión estatal injustificada y sostiene que, en determinados contextos, el trabajo sería preferible a la educación obligatoria o a la asistencia social. En el prólogo del libro (publicado originalmente en 1976 y reeditado en 2018) señaló que no se trataba de aprobar moralmente dichas conductas, sino de ver que no hacían daño a nadie y en muchas ocasiones eran beneficiosas. En consecuencia, convendría dejar de ilegalizar actuaciones que deberían ser libres porque cada uno es dueño de sí mismo para hacer lo que quiera. “Este libro es un intento de entender el libertarismo”, escribió.
La idea central de la obra es que estas figuras no cometen actos de violencia contra terceros y que, en realidad, sus actividades benefician a la sociedad a través del libre comercio. Para él, el mercado es “amoral” -ni moral ni inmoral- y funciona como un medio eficiente para satisfacer las preferencias de los consumidores, sean estas virtuosas o deplorables. Hace una distinción entre acciones inmorales y acciones que justifican el uso de la fuerza estatal argumentando que, mientras una actividad no implique el uso de violencia física, no debe ser prohibida por el Estado aunque pueda ser moralmente cuestionable. A lo largo de la obra, repudia las prohibiciones del Estado a las personas, actividades o conductas que suelen ser condenadas socialmente, aunque no violen la libertad ni la propiedad de terceros.
Después de las elecciones presidenciales de 2023, el grupo editorial que publicó el libro en Argentina obsequió al presidente una biblioteca completa de su catálogo para la Quinta de Olivos. Su director acaba de declarar que desde 2013 el mandatario compra todos los libros libertarios en su librería y que, después de la publicación de la foto en la que aparece junto a sus funcionarios con ejemplares del libro en sus manos, ha recibido varios pedidos de librerías y lectores. Sabido es que el presidente Javier Milei (1970) le recomendó el libro a su ministro de Desregulación y Transformación del Estado Federico Sturzenegger (1966), quien fue el que le sugirió que se lo regalara a todos los miembros del Gabinete ya que el ensayo representa un desafío para abrir el pensamiento al libre mercado. Pocos días atrás, el propio Block agradeció en las redes sociales a Milei por el interés en su trabajo: “Juntos, y junto con muchísimos otros defensores de la libertad, la libertad individual, la libre empresa y el movimiento libertario, estamos haciendo lo posible para promover la prosperidad y la justicia”.
Vale la pena recordar que, durante su campaña electoral, Milei se declaró a favor de la libre portación de armas, de la legalización de la venta de órganos y de la venta de niños ya que en una sociedad anarcocapitalista había que “darle lugar a las “necesidades de mercado”, a los “usos y costumbres” y a lo que “decida la sociedad”. Y también recordar que ya siendo presidente definió como “héroes” a quienes fugaron dólares porque “lograron escapar de las garras del Estado”, y declaró que “entre la mafia y el Estado prefiero a la mafia. La mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente, la mafia compite”. Asimismo, hay que recordar que antes de ser presidente, cuando era diputado, propuso crear un “mercado libre de adopción de niños” y se opuso a asistir a bebés con cardiopatías congénitas porque que era “un gasto para el Estado”. E incluso antes de ser diputado, en su época de panelista televisivo declaró en reiteradas oportunidades que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”.


Tras dos años de gobierno, está claro que este pensamiento es el eje conceptual de su gestión y, ¿casualidad?, es lo mismo que sostiene Block a lo largo de su libro. Es evidente que dicha obra es el faro académico de Milei, es su obra de cabecera. Por algo el escritor subió un mensaje en las redes sociales refiriéndose al mandatario argentino: “Milei es lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo para el movimiento de la libertad y la libertad económica. Todos los libertarios deberían sacarse el sombrero, saludarlo y desearle éxitos. No, corrijo: todo el mundo debería hacerlo”. La pregunta que surge tras leer este mensaje es si todo el mundo debería sacarse el sombrero ante las medidas socio-económicas que viene instrumentando por decreto desde que asumió, las cuales han tenido un alto impacto en la vida cotidiana de los argentinos. Por todos es sabido, aunque muchos lo nieguen, que la economía real cruje: han cerrado miles de empresas, miles de trabajadores han perdido su empleo, ha caído la industria nacional, se han paralizado las obras públicas, el consumo masivo está por el piso, la morosidad en las tarjetas de crédito ha alcanzado niveles récord, la canasta básica alimentaria se ha tornado inalcanzable para muchas familias ya que los salarios quedaron totalmente atrasados, y ni hablar de los paupérrimos haberes que cobran más de la mitad de los jubilados.
En medio de esta situación, marcada además por escandalosos casos de corrupción, estafas y negociados espurios en los que están involucrados muchos funcionarios (con el presidente incluido), este egomaníaco personaje que tiene una opinión exaltada de sí mismo, que carece de autocrítica y de empatía, y que se siente un genio todopoderoso, así como hace un par de meses declaró que entendía que muchos argentinos “no perciban en su realidad material” las “mejoras” que logró y sostuvo que “lo peor ya pasó”, ahora no tuvo mejor idea que jactarse de un éxito económico que la calle no percibe y, mientras muchas familias se reunían para una de las Navidades más austeras que se recuerden, subió un mensaje en las redes sociales en el cual expresó: “Feliz Navidad en libertad y abróchense los cinturones porque van a haber muchas más reformas”.
Se refirió a los proyectos de reformas laborales, impositivas, previsionales, penales y educativas que envió al Congreso de la Nación con el objetivo de “dinamizar la actividad” y “cambiar al país de forma definitiva”. Reformas casi todas regresivas que, en el caso de ser aprobadas, no harán más que macerar las condiciones de vida de buena parte de los argentinos ya que les impedirá reclamar derechos sociales. En síntesis, muchos serán los perdedores y pocos los ganadores, y la sociedad se volverá cada vez más desigual. Sin embargo, para quien suele utilizar frases rimbombantes como “soy el político más popular del mundo”, “soy el más importante defensor de la libertad a escala planetaria”, “estamos haciendo el mejor gobierno de la historia”, “nosotros podemos hacer alarde, sin lugar a dudas, de que nuestro programa económico es el más exitoso hasta la fecha”, es evidente que le resulta complejo advertir la verdad, es decir, la concordancia que existe entre lo que se dice, se piensa o se cree y la realidad. Tal vez tenía rezón el escritor británico Oscar Wilde (1854-1900) cuando puso en boca de Lord Henry Wotton, el aristócrata personaje de su novela “The picture of Dorian Gray” (El retrato de Dorian Gray): “La verdad nunca es simple y rara vez es pura”.


Tras ganar las elecciones primarias de 2023, en una de sus primeras entrevistas le respondió a quienes lo tildaban de “loco” por sus propuestas y su manera de expresarse: “Yo ratifico mis posiciones. La diferencia entre un loco y un genio es el éxito en sus resultados”. Hoy en día cabe preguntarse cuáles son los éxitos de su gestión y cuál de los dos adjetivos es el que mejor caracteriza su personalidad. Al respecto, es interesante recordar que Milei atribuye las características de su personalidad, como señaló en entrevistas televisivas, a las golpizas a las que lo sometió su padre, aclarando que “no eran palizas normales” y calificando a sus progenitores como “tóxicos”. Ya siendo presidente, en marzo de 2024 en ocasión de inaugurar el ciclo lectivo en el que fuera su colegio, el Cardenal Copello, les contó a los niños y jóvenes sobre la época en que cursaba allí sus estudios respecto de las costumbres de su familia: “Mi papá estaba presto a agarrarme por los pelos y dejarme una zapatería en el traste y mi mamá a bajarme los dientes a sopapos, para que estudiara”.
En el libro que el periodista argentino Juan Luis González (1992) tituló “El loco”, en referencia a cómo lo llamaban sus compañeros de colegio, cuenta algunos episodios de la vida del presidente tales como las tres veces que vio la resurrección de Cristo, la muerte de su hijo de cuatro patas -el perro Conan- y los clones del can que mandó a hacer, sus charlas con el animal muerto a través de una médium y de su hermana telépata y las conversaciones con seres muertos y con el número “uno”, como llama a Dios, quien le encargó la misión de ser presidente. Para la escritura de esta biografía, el autor se basó en las declaraciones sobre esos hechos que el propio Milei hizo en una decena de entrevistas. “La infancia de Milei es muy compleja. Explica bastante lo que es la vida de él y ahí nace el apodo de ‘loco’ que lo persigue toda su vida”, dijo el autor.
Existe un registro ininterrumpido de actos de violencia colmados de arrebatos, hostilidades, descalificaciones, mentiras y exabruptos por parte del presidente que ponen en evidencia su alto grado de agresividad, lo que lleva a preguntarse si semejantes actitudes no son producto del maltrato psicológico que sufrió durante años. Además, cabe preguntarse si, no sólo la dirigencia política sino también gran parte de la ciudadanía, no tomó nota del riesgo que significa un individuo de estas características en el poder. Su aberrante miseria moral sin límites éticos se pone de manifiesto al negar principios básicos como la justicia social o la igualdad de oportunidades, al definir a las personas con discapacidad con términos como “idiotas”, “imbéciles” y “débiles mentales”, al decir que los profesores universitarios “ha hecho muchísimo daño lavando el cerebro de la gente”, al acusar a los médicos de un hospital pediátrico de “usar una causa noble para hacer política”, al sostener que muchos periodistas son “basuras” y “delincuentes”, al calificar de “mandriles”, “econochantas” y “ensobrados” a sus opositores políticos, al opinar que los sindicalistas “no saben lo que es trabajar”, al llamar “héroes” a los contrabandistas, etc. etc.


La consecuencia natural de estos razonamientos es la naturalización del odio, de la violencia urbana, de la desigualdad social, de la precariedad, de las mentiras… Entonces es lícito preguntarse si esta situación es defendible por parte de la ciudadanía. Como defensor de la Escuela Austríaca, Milei ha citado en diversas oportunidades a Walter Block, una figura incómoda incluso para muchos liberales que lo critican por la radicalidad de sus conclusiones que encarnan el costado más extremo del pensamiento libertario. En las redes sociales, la recomendación que Milei hizo de “Defendiendo lo indefendible” ocasionó algunas duras críticas. Entre ellas pueden mencionarse la del periodista y escritor argentino Martín Caparrós (1957), autor de novelas como “La noche anterior” y de crónicas como “La guerra moderna”, quien posteó: “Muy muy muy muy impresionante: el gobierno del señor Milei reivindica el trabajo infantil. Léanlo y después vótenlo, si todavía se animan”. También lo hizo el periodista y editor Pablo Avelluto (1966), exministro de Cultura durante el gobierno de la coalición política neoliberal Cambiemos, quien posteó: “Ningún otro libro explica con tanta honestidad a este gobierno. Defender usureros, explotadores, evasores y extorsionadores no es una metáfora: es el programa. El Estado como enemigo, la desigualdad como libertad y la crueldad como virtud”. 
Con gran acierto el periodista argentino Roberto Caballero (1970) sostuvo en un artículo publicado en el diario “Página/12”: “El libro de Block revela qué cosas tiene de verdad Milei en la cabeza. La crueldad de su modelo evidencia una determinación por normalizar, a cara descubierta, lo moralmente inaceptable, pero prácticamente indispensable para desmontar lo que del Estado protectivo todavía queda en nuestro país. Que encuentre adeptos en una sociedad donde las nociones de igualdad se han fragilizado tanto es una invitación a repensar de modo urgente de qué modo esta realidad con formato de pesadilla podría ser conjurada”. En un país donde las encuestas revelan la existencia de una sociedad ansiosa, aunque todavía dispuesta a esperar resultados, y con una oposición incapaz de construir un frente que pueda consolidar el descontento de la gente, cabe preguntarse: ¿seguirá buena parte de la ciudadanía argentina defendiendo lo indefendible?

23 de diciembre de 2025

Rita Segato: “Argentina tiene más que ningún otro país un problema: su política es pendular”

La antrop
óloga, escritora y activista feminista argentina Rita Segato (1951) nació en Buenos Aires y actualmente está afincada en Brasil. Particularmente es conocida por sus investigaciones orientadas a las cuestiones de violencia de género, racismo y colonialidad en los pueblos originarios y comunidades latinoamericanas. Cursó la licenciatura en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires y obtuvo su doctorado en antropología social en la Queen's University de Belfast, Irlanda del Norte. Fue profesora de Antropología y Bioética en la Universidade de Brasília, Brasil, ha sido investigadora visitante posdoctoral en varias universidades de Estados Unidos y Francia, y ha dictado seminarios de posgrado en universidades de Argentina, Bélgica, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Estados Unidos, Italia, México, Perú, Puerto Rico y Venezuela. Entre sus obras pueden mencionarse “Las estructuras elementales de la violencia”, “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, “La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda”, “La guerra contra las mujeres”, “Contra-pedagogías de la crueldad”, “Escenas de un pensamiento incómodo. Género, violencia y cultura en una óptica decolonial”, “La nación y sus otros. Raza, etnicidad y diversidad religiosa en tiempos de políticas de la identidad” y “Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”.


Ha afirmado: “La pedagogía de la crueldad es todo lo que modifica nuestro umbral de empatía, lo cual nos lleva a normalizar formas de causar sufrimiento y mirarlas como algo aceptable, tolerable. Hoy la humanidad tiene alta tolerancia al dolor y gran enajenación del sufrimiento ajeno. Quizás se parezca a la etapa teorizada por Michel Foucault en “Vigilar y castigar”: las hogueras y los ajusticiamientos crueles y públicos que la humanidad fue obligada a presenciar, pues aquellas eran praxis ejemplarizantes. Estamos ante un retorno a ese período del pasado”. Lo que sigue es una selección de fragmentos de las entrevistas publicadas en la “Agencia Presentes” el 27 de mayo de 2024, en “La Voz del Interior” el 22 de septiembre de 2025 y en “La Jornada” el 28 de septiembre de 2025, realizadas por Marianela Mayer, Virginia Digón y Mario Bravo respectivamente.
 
¿Cómo calificaría la situación de las mujeres y diversidades en América Latina?
 
Una de las cosas que causan perplejidad, desde hace tiempo ya, es que en América Latina tenemos una legislación amplia y políticas públicas bastante numerosas que se dirigen a la protección de la mujer y de la acción de femicidio. Pero evidentemente no hay una respuesta proporcional de la sociedad. Habría que reflexionar para entender por qué. Cuál es el impedimento de que las leyes toquen en el fenómeno de la vulneración de las mujeres, que está siempre en crecimiento. Esta situación es rara y tiene que ver con mis comentarios sobre la crisis de la fe estatal. Porque algo pasa con las medidas de Estado que, de alguna manera, tienen inmensa dificultad en llegar a la población. No quiero decir que no debería existir un Estado cuidador de las personas, pero debería haber una reflexión profunda sobre los bloqueos del Estado para llegar a las personas y pueblos de la nación.
 
¿Y por qué los movimientos antigénero y los discursos de odio, que no son algo nuevo, parecerían tener mayor eco hoy en día?
 
Eso es otro tema. En todos los gobiernos de derecha, en todos los gobiernos que apoyan los cinco grandes preceptos del capital (productividad, competitividad, cálculo de costo-beneficio, acumulación, concentración) hubo una convergencia en la diabolización de la mujer. O sea, en un ataque a todas las reivindicaciones y propuestas del movimiento de mujeres, llamémosle feminista o de otra forma. El movimiento de las mujeres en la sociedad de repente fue intervenido por todos los sectores políticos que se oponen al campo crítico, que son del campo conservador.
 
Justamente esta situación se potenció de la mano de líderes como Trump, Bolsonaro o Bukele y ahora Milei.
 
El multiculturalismo, una propuesta que vino del Norte liberal y capitalista con la caída del Muro de Berlín era una forma de distribución de la riqueza. Contemplaba lo que en ese momento se llamó las identidades políticas, que hoy llamo formas de minoritización. Tuvo su colesterol bueno y malo. Nombraba los intereses de las minorías que fueron perjudicadas por la historia (negros, indios, mujeres, sexualidades divergentes) e intentaba protegerlas con las acciones afirmativas. Tenía ese efecto benigno, pero siempre como un distribucionismo. Es decir, nunca hubo en él una reflexión sobre la riqueza. En realidad, a este distribucionismo multiculturalista se lo pensó desde el Norte como una forma más de apoyo al capital. Porque es un apoyo al consumo por parte de las diferentes “minorías”. En un momento más reciente, que se muestra claramente con la emergencia de Trump y el retorno cada vez más fuerte de los neofascismos en Europa, el multiculturalismo cae. No es más la agenda del presente. Los extraordinarios e inteligentísimos “think tanks” de la derecha se dieron cuenta de que las reivindicaciones antipatriarcales causarían realmente un daño letal en el casco del barco. Para mí, el poder no es observable, es secreto, y los poderes tienen secretos. Pero podemos apostar adónde se dirigen por los epifenómenos, por lo que sí se muestra. Evidentemente, hubo un cambio de rumbo en algún momento. En el proyecto del multiculturalismo se pensó que mujeres y minorías consumidoras no eran confiables. Se percibió que, por detrás del movimiento, que erosionaba las bases del patriarcado, ocasionarían averías al casco del capitalismo. Entonces, desmoronando el patriarcado se desmorona el edificio que tiene en él sus cimientos y se aprende que es posible modificar la historia, que se la puede orientar hacia otro horizonte.
 
¿Qué hace que esta diabolización sea efectiva?
 
Esos partidos políticos colocan sus discursos en los medios más poderosos que existen: en los medios masivos, en las redes, con los trolls. Tienen cantidad de estratos mediáticos y en todos ellos colocan el discurso de una manera muy potente. “Defendamos la vida”, por ejemplo. Es muy fácil de contestar, pero nos han tapado la boca por el gran acceso que tienen a los medios de máximo poder y sus estratos. En todos esos lugares se colocó una imagen de las reivindicaciones feministas como daño, es una contrapropaganda.
 
¿Los medios críticos a ese discurso entran sin quererlo en ese juego?
 
¡Porque no entienden lo que les está pasando! Uno de los peores problemas que hay es que el campo crítico todavía está aferrado a las ideas -pero mal eh- de izquierda y derecha. Como dice mi hija: la izquierda está en la primera mitad del siglo XX. No son capaces de leer Nicaragua ni Rusia o de darse cuenta de que la guerra en Ucrania no es una guerra ideológica, sino puramente territorial y por poder. Por eso, me digo una pensadora de campo crítico y no de izquierda, porque la manera en que la izquierda y derecha están construidas es por gente estúpida. Cuando hice mi crítica a Evo Morales, por la que me insultaron, hoy se ve que tenía razón. Él rompió el MAS por poder. Claro que hubo grandes proyectos en el primer momento de Evo, pero se decayeron y lo que los vació fue que por detrás había una búsqueda por poder, que es peligrosísima y es inclusive algo que no debemos buscar en el feminismo. Nosotras no buscamos las mismas metas que el patriarcado. No es poder lo que buscamos, sino el desmoronamiento de todos los poderes. Estoy convencida.
 
Al escucharla pienso en la Argentina, que había avanzado en derechos y políticas igualitarias y, sin embargo, eligió a un antigénero declarado como presidente.
 
Claro y es lo que tenemos que entender con urgencia: en qué nos equivocamos. Porque si no, no vamos a salir de dar vueltas en círculo. Argentina tiene más que ningún otro país un problema: su política es pendular. No sabemos hacer una de las cosas buenas que la militancia comunista en los ‘60 nos había enseñado, que es la autocrítica. No hay autocrítica, ni ellos mismos la hicieron. El significado de esta palabra fue tergiversado completamente. Nosotros tenemos que autocriticarnos porque algo se hizo muy mal.
 
A su juicio, una de las salidas al patriarcado sería “domesticar la política” y suele referirse a las sociedades indígenas. ¿Son un ejemplo de que es posible?
 
Todas las sociedades indígenas del presente tienen el impacto de la criollización, pero unas realmente están en un gran proceso. Muchas están en un proceso de reemergencia y otras están en un proceso de lo que Aníbal Quijano -que es mi autor de cabecera- llama el regreso del pasado. No se trata de volver al pasado, sino de que aquel pasado nos encuentre en el presente. Si miramos alrededor, de repente, están surgiendo una gran cantidad de liderazgos muy importantes que vienen de mundos tanto afrodescendientes -como Francia Márquez-, como de mundos indígenas -como Berta Cáceres y muchas en el Brasil en este momento-. Pero hay muchas y muy jóvenes que vienen de estructuras comunales, donde está la domesticidad que llamo de cuño femenino, estructurada de otra forma y con otras metas que la politicidad masculina. Son personajes importantísimos de la política, es decir, de aquello que impacta la vida colectiva. Mujeres que van a impactar la vida colectiva, pero viniendo de otra forma de politicidad, de mundos comunales, donde lo doméstico no es ni privado ni íntimo.
 
¿Cómo ve el futuro?
 
Yo soy una persona, en fin, bastante optimista. Es un momento difícil, muy doloroso. Pero no te olvides que el poder no sólo se desintegra y perece por los ataques que sufre desde afuera, en realidad se agusana desde adentro. Como dicen los ingleses: “Either it breaks or it makes you”. Lo que no te destruye, te construye, y es así.
 
Hay gran cantidad de videos sobre el genocidio en Palestina. ¿Por qué esa desmesurada exposición no hace más sensible al mundo?
 
La peculiaridad de Gaza es el espectáculo, la exhibición de crueldad y de impunidad. Eso me lleva a encontrarme con Ciudad Juárez. Al platicar con mujeres que hablaban de ese tema, les dije que no existía un problema de impunidad sino un espectáculo de impunidad para demostrar que el territorio tiene dueños no oficiales, los cuales no son gobernantes ni alcaldes. Me refiero a dueños ocultos, de una dueñidad innombrable.
 
¿Qué pasa con nosotros como testigos de ese espectáculo?
 
No sólo somos testigos, sino también víctimas, pues se nos señala que dicha capacidad de victimización también podría caer sobre nosotros. Es una amenaza al mundo y, en específico, a quienes no son convenientes para los intereses de los ya referidos dueños del planeta.
 
Usted afirma que en Gaza se derrumbó la ficción jurídica del Estado de derecho. Si colapsa ese bastión de la modernidad, ¿qué frenará entonces los próximos genocidios?
 
Ese es el problema. El derecho siempre tuvo un valor esencialmente discursivo: señalaba qué se puede hacer y qué no se puede, aquello que está bien y lo que está mal. Las personas consideraban ese discurso como aceptable, lógico y racional: así se volvía vigente. El derecho existió siempre como una pedagogía discursiva, así como deben ser pedagógicos el papel de un juez o de un tribunal, pero ha caído lo poco de eso que aún era vigente.
 
Usted reivindica el enojo ante los desastres actuales. ¿Esa emoción es fecunda?
 
No sé, pero en mí es inevitable. Pienso en conversación: el desafío, el límite y la pregunta me hacen pensar más y mejor. Hago una diferencia entre inocencia e ingenuidad. Hay quien no toma conocimiento de lo que ocurre cuando no le resulta conveniente; en cambio, la persona inocente no percibe ciertos proyectos ni amenazas, pero se enoja cuando los reconoce. Y se enoja, aunque no le convenga y aunque coloque en riesgo su vida. El ingenuo, no. La ingenuidad es conveniente. Me considero inocente; pero conozco a mucha gente ingenua. Y los detesto.
 
En sus intervenciones evita hablar de “izquierda” y “derecha” y prefiere otra clasificación. ¿Por qué?
 
Porque esas categorías se volvieron insuficientes. Prefiero hablar del campo crítico como opuesto al frente que promueve la acumulación-concentración. Todas las revoluciones fracasaron en algo crucial: consideraron los abusos contra las mujeres como un “crimen menor”. Y no lo es. El crimen contra las mujeres es político, no moral ni íntimo. Mientras no entendamos eso, ninguna revolución llegará a destino.
 
Estamos en un contexto nacional de negación y deslegitimación de los derechos de las mujeres. ¿Por qué cree que desde el poder se centran en esto?
 
Porque cuando las reivindicaciones de las mujeres lleguen a destino demostrarán que es posible cambiar la historia. Si se rompe esa primera jerarquía en la que la voz del varón vale más que la de la mujer, tiembla todo el edificio de poder y quedará demostrado que el mundo entero puede cambiar de rumbo.
 
¿Cómo analiza la política mundial y la sociedad en este momento histórico?
 
Estamos en una era de profunda infelicidad, donde se codicia la felicidad ajena y colapsan los valores que conocíamos. Lo que pasa en Gaza muestra el fin de la ficción jurídica. Genocidios hubo muchos a lo largo de la historia, como la conquista, el holocausto, pero el de Palestina es único, porque el genocidio se exhibe como tal. En el holocausto hay registro del asombro y espanto de las fuerzas aliadas al entrar a los campos de concentración, sus caras de horror y sorpresa porque ahí se enteraban de lo que había sucedido. Con Gaza el genocidio está expuesto y el poder de muerte se exhibe como ley. Lo mismo opera en la violencia de género: hay una exhibición de ese poder. Entonces no hay ley eficaz sin un cambio profundo de la sociedad.
 
Dice que la ley por sí sola no basta. ¿Cuál es el rol de la Justicia?
 
La ley no llega a destino si cada persona no se convierte en juez en su vida cotidiana y si los jueces no entienden su función pedagógica. Necesitamos que la Justicia enseñe, no sólo castigue.
 
También es crítica del punitivismo como única respuesta. ¿Qué hace falta para transformar?
 
Creo que tiene que haber una conciencia de género y quienes llegan al poder no deben ser “secuestradas” por la lógica patriarcal de los cargos. Los cargos tienen género y raza. Cuando una mujer llega a un cargo tiene dos opciones: o modifica el cargo desde una conciencia de género y genera un cambio, o queda “secuestrada” por el cargo y se vuelve “blanca y masculina”. No alcanza con la presencia: hay que cambiar la forma de gestionar la vida. Por eso hablo de una politicidad en clave femenina, que viene de la historia misma de las mujeres y sus prácticas de gestión y decisión.
 
¿Cuál cree que es hoy el desafío mayor del feminismo?
 
Pensar el poder. El género y la racialización son las estructuras con las que el poder se apoya para dominar. Es una torsión histórica: desarmar la “argamasa jerárquica” que no vemos, ese pegamento que mantiene el edificio de las jerarquías. Sin conciencia, no hay giro de rumbo.

18 de diciembre de 2025

Eva Giberti: "Los adolescentes están siendo informados, educados y dirigidos por los medios"

El pasado 14 de diciembre falleció Eva Giberti (1929-2025), la reconocida psicóloga y psicoanalista especializada en estudios de género y la defensa de los derechos de mujeres, niños y adolescentes. Fue profesora universitaria graduada en la Universidad de Buenos Aires. Creadora en 1957 de la Escuela para Padres -una institución internacional asesora de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desarrolló a lo largo de su vida profesional innumerables actividades institucionales y universitarias. Entre ellas, fue jefa del Servicio Social de la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud Pública; profesora adjunta de Niñez y Adolescencia de la Cátedra de Psicología Evolutiva de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Buenos Aires; docente invitada de la Facultad de Medicina dictando cursos para alumnos de Pediatría y seminarios para residentes sobre desarrollo psicosexual de la niñez; consultora para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) de Argentina; asesora de la Dirección Nacional de Registro único de Aspirantes a Guarda con fines adoptivos del Ministerio de Justicia de la Nación y creadora de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Víctimas de Trata. En 2006 fue nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario, y otro tanto ocurrió en 2010 por la Universidad Autónoma de Entre Ríos.
 

Fue autora de numerosos ensayos sobre su disciplina, entre los que se destacan “Adolescencia y educación sexual”, “Adopción y silencios”, “Madres excluidas”, “Filiación e identidad”, “La mujer y la violencia invisible”, “La familia a pesar de todo”, “Hijos del rock”, “El divorcio y la familia” y “El complejo de Edipo en la literatura”. Lo que sigue es una compilación de las entrevistas publicadas en el nº 162 de la revista “La Maga” del 22 de febrero de 1995 a cargo de Liliana Cheren, y en el diario “La Nación” el 4 de junio de 2020 a cargo de María Ayuso.
 
¿Los jóvenes coquetean con la muerte?
 
La experiencia enseña que, en general, los jóvenes fantasean con la muerte, pero la muerte como dato, como hecho en sí, no forma parte de su paisaje mental ni lo piensan como algo que les puede suceder. Los chicos no coquetean con la muerte porque no está prevista en el imaginario de los jóvenes, no es una invitada en su mundo; es una colada, una infiltrada.
 
Entonces, ¿son inducidos a jugar con el peligro y ellos, ingenuamente, se prestan al juego?
 
Nuestra sociedad está demostrando ser en extremo filicida. El filicidio es una práctica argentina: es mandar a los chicos a Malvinas y es gestar una sociedad absolutamente incapaz, de preservar la vida de sus jóvenes y de ayudarlos a pensar cómo sobrevivir. Pero hay responsabilidades que los chicos pueden asumir y no lo hacen...
 
De hecho, muchos no asumen la posibilidad de la muerte. El chico que estuvo en coma por tomar una cantidad casi fatal de vodka para ganar un torneo preguntó, apenas recobró la conciencia, si había ganado. Ni pensó en que pudo morir.
 
Ese es otro punto interesante: esta es una sociedad de la imagen y los adolescentes aprendieron que deben estar en el escenario de lo público, ser protagonistas, y para eso tienen que hacer algún tipo de mérito. Saben que el reconocimiento se obtiene apareciendo en los medios. Para lograrlo generaron una estética del hacer, hacer cualquier cosa pero hacer. Ven que los que triunfan son los que ganan; cualquiera sea el torneo, cualquiera sea la disputa. La heroicidad está dada por protagonizar estupideces o situaciones de riesgo carentes de grandeza, de trascendencia, como puede ser beber hasta quedar exhaustos.
 
O sea que el modelo que se vende es en gran parte culpable...
 
Por supuesto. Esta es una sociedad competitiva que promueve ganar. Y esto tiene que ver no sólo con los medios sino también con las políticas familiares triunfalistas. Los hijos deben competir en el mundo con proyectos triunfalistas a cualquier precio. Así, para ser aceptados los jóvenes quedan entrampados.
 
Las autoridades, ¿no son en parte responsables de que queden entrampados? Porque este no es el primer caso en que se los incita a beber sin importar los riesgos.
 
Sí, son responsables y vuelvo a mi afirmación de que esta sociedad es filicida. No hay autoridades con capacidad de decisión que puedan discernir entre represión y sensatez. No se puede autorizar la promoción simbólica del uso de drogas a través de equivalentes en jeringazos de bebidas alcohólicas ni propiciar, bajo el absurdo rótulo de competencia, la embriaguez como meta. Esto es inercia, ineptitud y falta de decisión política. Es ridículo que las autoridades exijan que los padres pongan límites cuando esa responsabilidad es netamente institucional. Yo tengo muy poca estima y escasísimo respeto por la calidad personal de los que temen tomar decisiones no represivas sino tutelares, y hacerse responsables por ellas.
 
¿Qué temen?
 
Temen que se hable mal de ellos, rehuyen la posibilidad de toda crítica porque no tienen argumentos válidos para replicar; también saben que muchos padres se opondrían a que se les prohiba algo a sus hijos y no se animan a responderles que sus nenes son ciudadanos. Es necesario instalar una discusión mayúscula entre la intervención legal estatal y las funciones familiares. Hay que discutir qué tejido hay que armar entre la responsabilidad de las autoridades respecto de los ciudadanos y los derechos de los padres respecto de la filiación, porque un hijo es un ciudadano que debe ser protegido y allí le corresponde al Estado ejercer su responsabilidad tutelar. La característica de la democracia es la posibilidad de crear poderes que permitan balancear lo que se le opone como destructivo sin tener la ilusión ni la intención de hacerlo desaparecer, o sería peligrosísimo. Hay que forjar una trama que limite a los que sólo buscan enriquecer su bolsa. Traigamos a los jóvenes a este bando de la construcción del poder creativo y no los dejemos quedar copados por lo peligroso y por la adhesión a los principios de quienes lucran a costa de ellos. La “piolada” de los chicos radica en apropiarse de la noche; son incitados a hacerlo y eso les da una sensación de autonomía. Se equivocan ellos y quienes filicidamente los autorizan. No se trata de plantear políticas represivas, pero sí ordenadoras. Los jóvenes quedan a merced de una modalidad tilinga de vivir la noche, que no es creativa, y que puede dañar el propio equilibrio psíquico y físico.
 
¿Cómo viven los adultos el copamiento de la noche por los adolescentes?
 
Los adultos se sorprenden porque parece que pensaban completar el esquema del mundo sin los jóvenes. Pero la cultura adolescente ha decidido mostrar claramente que el mundo se completa con su intervención. Los textos de los Redonditos de Ricota o de Charly García, a quienes los chicos adoran, tendrían que haber advertido que la familia y la educación iban por un lado y lo que los chicos tenían en la cabeza iba por otro. El rock, en sus textos, siempre advirtió sobre los reclamos de estas generaciones por la paz, contra la corrupción, por la búsqueda de amor. No los tomamos en serio. Pero los padres no son los únicos que educan a sus hijos, ni tampoco la escuela o la universidad. Los adolescentes están siendo informados, educados y dirigidos por los medios, así como también por las multinacionales y las transnacionales que -a través de los medios- les sugieren qué comer, qué beber, cómo vestirse...
 
¿Son los adultos responsables de estas conductas?
 
Los jóvenes comienzan a ser púberes mucho antes, pero no por razones de madurez sino de precocidad: los adultos no tienen tiempo para seguir los tiempos de infancia de los chicos y entonces los “crecen” -los “malcrecen”- mucho antes de que transcurra la etapa de disfrute de la niñez y de la adolescencia, como una necesidad de que se pongan rápido a la par, que no demanden cosas. A partir de allí aparecen mensajes como “tomen cerveza, compitan, sean modelos así se ganan unos mangos y ya son otros grandes más: ya no tenemos que ocuparnos de ustedes”. Esta actitud no es excluyente de los padres, sino que es compartida por todo el universo adulto.
 
¿Cómo reaccionan los jóvenes frente a la realidad que viven?
 
Por mi profesión yo los escucho mucho, los veo muy desencantados, pero buscando dónde encontrar el encanto. Saben que el encanto existe, lo que les cuesta es construirlo sin destruir otra cosa.
 
¿A qué denomina encanto?
 
El encantamiento es una forma de la fascinación inteligente porque uno no queda copado, subsumido o entrampado. Es una vivencia en la que -a diferencia del enamoramiento que te puede volver tonto- uno no pierde su lucidez. Los jóvenes se encantan en un recital, son capaces de encantarse en un vínculo amoroso, que no es el enamoramiento ni la excitación sexual, o sea que pueden llegar a encantarse si se bancan amar, que es una dimensión compleja porque debe ser generosa. Se encantan si forman una banda de música, si practican alguna actividad artística, si tienen un trabajo productivo que dé cabida a su creatividad. El encanto existe, está, sólo deben tener la posibilidad de llegar a él, armarlo, construirlo, generarlo.
 
Desde hace mucho tiempo usted señala al Poder Judicial, salvo lo que considera “honrosas excepciones”, como una de las estructuras más machistas que subsisten en nuestra sociedad. ¿Por qué es tan difícil modificarlo?

Es una estructura patriarcal, verticalista, machista, segregacionista y prejuiciosa. Tiene todas las idiosincrasias habidas y por haber que marcan a quienes tienen en sus manos la administración de la Justicia como personas peligrosas. Cuando caen en su órbita mujeres que son víctimas de delitos sexuales, corren serios peligros, porque son personas en las que se pueden mezclar el sadismo, el odio hacia la mujer y sus propios problemas personales en una especie de caduceo donde distintas perversiones los lleven a tener conclusiones que son a su vez perversas.

En los últimos años, ¿considera que hubo cambios? ¿Es optimista con respecto a que esas estructuras puedan transformarse?

Ha habido cambios en la Justicia con gente joven, fiscales, jueces y juezas que desde la perspectiva de género introdujeron nuevas miradas para la lectura de los delitos de integridad sexual. Soy optimista porque soy psicoterapeuta y tengo que serlo, porque creo en las posibilidades de reparación de la víctima y modificación de las conductas violentas. Pero al mismo tiempo tengo muy claro que a la gente perversa no se la puede modificar y goza haciendo perversidades, diciéndolas y comprometiéndose con ellas, porque forman parte de su vida. Todas esas perversidades han sido inoculadas a lo largo de los años en al cabeza de quienes administran Justicia. Lo doloroso es pensar en las víctimas y lo esperanzador en la lucha permanente que llevamos las mujeres adelante y en la que las jóvenes están tomando el partido con mucha energía y ganas. Hemos aprendido a denunciar, a no callarnos la boca y a empoderarnos.

Más allá de los avances, aún escasea la toma de conciencia en muchos sectores acerca del impacto y alcance del abuso sexual.

Nos falta más conciencia y más denuncia. Debemos recordar que, en la inmensa mayoría de los casos, en un 85% los abusos sexuales ocurren dentro de la familia y en general es el padre el abusador. Muchas veces, hay silencios cómplices de la familia que no quiere denunciar, por ejemplo, al padre o al abuelo. En el Programa Las víctimas contra las violencias, nos especializamos en abuso sexual porque tenemos infinidad de denuncias. Necesitamos tomar más conciencia y que los medios de comunicación nos llamen y se comprometan en difundir esta realidad. Tenemos que llevar este tema a las universidades, a todas las facultades, no solo de humanidades sino también, por ejemplo, de agronomía, porque el abuso sexual atraviesa universal y tangencialmente todas las formas de convivencia.

¿Cómo se explican esos silencios cómplices en muchas familias antes casos de abuso sexual?

Todavía los padres y las madres se sorprenden cuando aparece una situación de abuso intrafamiliar. Les cuesta darse cuenta que esto que es horroroso, es sin embargo posible. Admitir que el varón con el que se convive es el responsable del abuso es una de las situaciones más amargas y complejas, que determinan que haya una zona de silencio y distracción, y que se pasen por alto síntomas que sin embargo están advirtiendo que algo raro le pasa al chico o la chica.

Usted ha señalado en varias oportunidades prácticas aberrantes en la Justicia como el intento de revincular a los niños, niñas y adolescentes que sufren abuso sexual con sus agresores. ¿Cómo es posible que esas prácticas continúen?

Muchos jueces no quieren entender que la familia no es la institución sacrosanta que nos quieren hacer comprar, sino que es un lugar peligroso para muchos niños y niñas. He visto de forma patética intentos por revincular a chicos y chicas con sus agresores. Desde que yo tenía treinta años, cuando trabajaba en el Hospital de Niños (hoy Pedro Elizalde), nos peleábamos con los fiscales por estos temas. Recuerdo una época cuando se intentaba hacer estas revinculaciones en el Jardín Japonés y los chicos salían corriendo gritando: “no quiero estar con él”, “no quiero verlo”, mientras una asistente social intentaba sujetarlos.

Y aún persiste…

Así es. Es un padecimiento y una revictimización que aún hoy persiste. Y atrás está la idea de que la familia no se puede deshacer, que la madre le mete ideas al chico o la chica en la cabeza, cuando ningún niño o niña es un títere que va a repetir lo que dice la madre y basta mirar los dibujos que hacen o escuchar sus declaraciones para darse cuenta que no inventan. Los jueces tienen una cabeza atravesada por los prejuicios acerca de lo que es la vida sexual en la familia y no quieren aceptar que puede estar absolutamente corrompida y los chicos absolutamente dañados. El intento de revincular a los niños y niñas con sus victimarios es para que la familia siga entera: les interesa más que se mantenga de modo artificial que exponer a un padre violador, que no es un padre, es un monstruo.

No sólo se pone infinidad de veces en duda el testimonio de los chicos y las chicas, sino también de las mujeres. Eso hace que, muchas veces, elijan no denunciar o den marcha atrás, para no continuar siendo revictimizadas. ¿Por qué ocurre esto?
 
Si leemos la historia de la violación, que viene desde tiempos inmemoriales, siempre se acusó a la mujer de mentir cuando se señalaba al varón. Esto fue así en la sociedad arcaica primero; industrial, después y de consumo, ahora. Siempre los varones fueron los que llevaron la delantera y no quieren ser acusados por las mujeres. Los varones con poder, que son los jueces, ponen en marcha la denigración de la mujer diciendo que miente y exagera. Hay una tendencia a denigrar la vida intelectual de la mujer. Esto es algo que tenemos que ir deshaciendo y desarticulando poco a poco, mostrando que somos capaces de defendernos, pero, sobre todo, de acusar con verdades. Las mujeres deben ir siempre acompañadas de un buen abogado o abogada que esté dispuesto a pelear, a no retroceder, a sostener la denuncias, buscando el acompañamiento en organizaciones de mujeres. Hay que denunciar y dejar de lado el miedo.

14 de diciembre de 2025

Los jóvenes de hoy y el futuro del país

Hace medio siglo atrás, allá por 1976, el director cinematográfico italiano Franco Zeffirelli (1923-2019), quien dirigió grandes películas como “Romeo e Giulietta” (Romeo y Julieta) y “Fratello sole, sorella luna” (Hermano sol, hermana luna), declaraba compungido: “El mundo entero está en crisis. No hablo de la crisis económica sino de una enfermedad de las ideas, de una crisis de identificación con la cultura. Estamos a punto de perder la visión humana de la vida”. Años más tarde, en 1994, el filósofo argentino nacionalizado canadiense Mario Bunge (1919-2020), autor entre otros ensayos de “The sociology-philosophy connection” (La relación entre la sociología y la filosofía) y “Finding philosophy in social science” (Buscar la filosofía en las ciencias sociales), decía atribulado que “de las tres ciencias sociales centrales -la sociología, la politología y la economía- esta última es la más contaminada, como lo ha sido siempre, por intereses creados”. Y, por otro lado, aseveraba que “nuestros gobernantes no tienen la menor idea del valor de la ciencia para la cultura”.
Un par de años después, el escritor alemán Günter Grass (1927-2015), autor de reconocidas novelas como “Die blechtrommel” (El tambor de hojalata) y “Unkenrufe” (Malos presagios), manifestaba afligido en una entrevista: “Me doy cuenta de que, a veces, la risa se me queda atravesada y no logra salir. Lo que ocurre actualmente en el mundo es totalmente ridículo. Pero sus consecuencias son tan terribles que me preocupa seriamente lo que dejaremos a nuestros hijos y nietos cuando nuestra generación ya no esté. Les dejamos un desastre, desde el punto de vista económico, ecológico y social. Y eso a pesar de todos los esfuerzos realizados, de tantas esperanzas y anhelos. Este balance, sinceramente, no da pie para reírse de nada”.
¿Ellos eran videntes, precognitivos, adivinos? ¿O simplemente eran personas cultas e instruidas? Porque no hace falta ser un intelectual erudito para advertir cuánta razón tenía el filósofo alemán Georg W.F. Hegel (1770-1831) cuando en las conferencias que dio en la Universität zu Berlin (Universidad de Berlín) en los años ’20 del siglo XIX -las que fueron reunidas y publicadas en “Vorlesungen über die philosophie der weltgeschichte” (Conferencias sobre la filosofía de la historia universal) seis años después de su fallecimiento- aseguraba que los grandes hechos y personajes históricos aparecían dos veces, que la historia tendía a repetirse. Quince años después, el filósofo, economista y sociólogo alemán Karl Marx (1818-1883), complementó esta idea en “Der achtzehnte brumaire des Louis Napoleon” (El 18 de brumario de Luis Bonaparte) añadiendo que, efectivamente, la historia se repetía y lo hacía una vez como tragedia y la otra como farsa. “Los hombres hacen su propia historia -escribió-, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”.
Viendo lo que ocurre actualmente en buena parte del mundo en general y en la Argentina en particular, parece evidente que se está viviendo una coyuntura a la cual se le pueden aplicar en simultáneo las dos adjetivaciones: la situación no sólo es trágica sino también farsesca. Al cumplirse dos años de gestión del gobierno libertario, el balance que puede hacerse exhibe una doble lectura. Mientras por un lado el gobierno celebra la desaceleración inflacionaria, la reducción del Estado y la supuesta caída de la pobreza, por otro lado, la indigencia continúa en niveles altos y la recomposición salarial sigue muy lejos de recuperar lo perdido en los últimos años. En la mayoría de los barrios, ya sean de la capital, del conurbano o de las ciudades del interior del país, el impacto del ajuste es visible a simple vista: comedores comunitarios desbordados, familias que no logran cubrir la canasta básica y trabajadores formales que cayeron en la pobreza pese a conservar sus empleos, lo cual ha generado un entramado social sumamente frágil.


El pasado 6 de diciembre, el periodista y psicólogo y argentino Ernesto Tenembaum (1963) publicó un artículo en el diario “Infobae” en el que expresó que “el programa económico de Milei ha sido atravesado desde el comienzo por dos preguntas. Una atañe a su sustentabilidad. ¿Es posible mantener la estabilidad con este esquema cambiario o con este ritmo de acumulación de reservas? La mayoría de los economistas sostuvieron que no. Y tuvieron razón, salvo por un detalle extraño al programa, que fue la intervención de Trump. La segunda pregunta refiere a sus costos en términos de entramado productivo y social: ¿no se trata de un esquema que tiene efectos durísimos sobre las familias, y por ende sobre la sociedad? ¿No repite pecados tantas veces repetidos de la historia argentina? Si se mira la combinación de caída del consumo con la avalancha de bienes importados, todo parece indicar que sí. Pero el presidente sostiene que es sólo un paso hacia una reconversión positiva. Un error de percepción en este caso se puede pagar muy caro, en todos los aspectos”.
Esta última afirmación lleva a preguntarse si existen sectores de la sociedad que perciben erróneamente la situación actual. La respuesta es: sí. Dejando de lado a los grandes empresarios ligados al establishment financiero que ostentan patrimonios que ascienden a miles de millones de dólares y que son beneficiados por las políticas de Estado aplicadas por el gobierno libertario -quienes obviamente lo apoyan-, lo llamativo es que el oficialismo mantenga una fuerte adhesión entre los votantes más jóvenes (sobre todo los varones). Ellos constituyen el único sector de la sociedad que aún registra más apoyo que rechazo al presidente de la Nación y que cree que está llevando al país por el rumbo correcto y que el esfuerzo que están realizando vale la pena.
Recientes estudios realizados por diversas consultoras describen una escena política juvenil muy compleja: ante el desencanto y las percepciones negativas que tienen los jóvenes sobre estructuras históricas del sistema democrático como los partidos políticos, los sindicatos y los medios de comunicación, ven con buenos ojos la “rebeldía” del presidente a quien califican como un líder “disruptivo” y “anti casta” que representa un cambio respecto al sistema político tradicional. ¿Será nomás que ese segmento de la sociedad no escribe la historia a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado? Parecería ser que sí.
Durante la juventud, naturalmente las experiencias vividas no son iguales en aquellos que nacieron en el seno de una familia acomodada a los que lo hicieron en las barriadas más pobres. Para los primeros, todo parece estar colmado de entusiasmos, de ilusiones, de excitaciones; mientras que para los segundos lo que predomina son las angustias, las soledades, las desdichas. Para los primeros, es un momento de la vida que se presenta como una gran oportunidad ya que su origen social es un factor decisivo para la obtención de mejores empleos y mayores ingresos. Para los segundos, en cambio, esa etapa no es más que un tiempo perdido y lo que les queda es sumergirse en alguna de las posibilidades que ofrece la sociedad y que, en el fondo, no son más que una condena al sufrimiento.
Hacia fines de 2023, buena parte de la juventud argentina -proviniese del sector social que fuese- se sentía profundamente indignada con los políticos por su desconexión con la realidad de su generación. Lo notable es que, en tiempos preelectorales creyeran que el presidente libertario sabría canalizar muy bien ese rechazo. Lo consideraron un “apasionado”, una figura disruptiva del sistema y encontraron en su “plan de acción” la esperanza de un cambio sustancial en el país. Esa juventud expresaba una derecha que estaba orgullosa de ser de derecha.  Se trata, en definitiva, de un inédito paradigma en el que la derecha se amplió geométricamente entre los jóvenes hasta asumirse revolucionaria, contestataria e irreverente.


Es notorio que el hartazgo predomina en muchos jóvenes argentinos cualquiera sea su nivel de instrucción. Decepcionados con la gestión de los distintos partidos políticos que gobernaron el país en los últimos años, vieron en el presidente a alguien que venía a confrontar con ese estado de las cosas, en particular en lo que respecta a cuestiones sociales o políticas. Vieron en el libertario a alguien que venía “a romper todo”. Después de dos años de gestión, es evidente que lo que ha roto es la industria nacional, la salud, la educación y las obras públicas, la ciencia, los organismos culturales, la seguridad social, el consumo masivo y el poder adquisitivo de las poblaciones más empobrecidas. Todo esto mientras, tanto él como sus funcionarios, siguen haciendo millonarios negocios relacionados con escandalosos casos de corrupción.
Allá por febrero de 1995, la recientemente fallecida psicóloga y profesora universitaria argentina Eva Giberti (1929-2025) decía en una entrevista publicada en la revista “La Maga”: “Esta es una sociedad de la imagen y los adolescentes aprendieron que deben estar en el escenario de lo público, ser protagonistas, y para eso tienen que hacer algún tipo de mérito. Saben que el reconocimiento se obtiene apareciendo en los medios. Para lograrlo generaron una estética del hacer, hacer cualquier cosa pero hacer. Ven que los que triunfan son los que ganan; cualquiera sea el torneo, cualquiera sea la disputa. La heroicidad está dada por protagonizar estupideces o situaciones de riesgo carentes de grandeza, de trascendencia. Esta es una sociedad competitiva que promueve ganar. Y esto tiene que ver no sólo con los medios sino también con las políticas familiares triunfalistas. Los hijos deben competir en el mundo con proyectos triunfalistas a cualquier precio. Así, para ser aceptados los jóvenes quedan entrampados. Los adolescentes están siendo informados, educados y dirigidos por los medios, así como también por las multinacionales y las transnacionales que -a través de los medios- les sugieren qué comer, qué beber, cómo vestirse”.
Y unos años después, en otra entrevista aparecida en noviembre de 2010 en el diario “Página/12”, quien fuera una figura central de la defensa de los derechos humanos y los estudios de género focalizando su trabajo en las violencias contra las mujeres, niños, niñas y adolescentes, y autora de ensayos como “Políticas y niñez” y “Mujeres y violencias” afirmaba -¿premonitoriamente?- que “como sabemos, los jóvenes actuales son un desastre: drogadictos (no todos, pero muchos), violentos (odiando y faltando el respeto), indiferentes ante los problemas serios de la vida (sólo se ocupan de esa cosa que llaman rap), cometiendo delitos (todos los días hay ejemplo de delincuencia juvenil), y podríamos enumerar varias otras características semejantes. Acerca de esta grave situación sólo podemos esperar que suceda lo inevitable, que crezcan y sean adultos y adultas como nosotros. Pero, ¿qué clase de adultos resultarán con esos antecedentes? No hay garantías para el futuro del país”.
Desde que asumió La Libertad Avanza se perdieron más de doscientos cincuenta mil puestos de trabajo registrados y cerraron casi treinta empresas por día. Los sectores más golpeados fueron la administración pública, la construcción, el transporte y la industria. Las importaciones de alimentos y productos de consumo masivo de la canasta básica afectan enormemente al sector de las pequeñas y medianas empresas. Ha crecido enormemente el trabajo informal sobre todo en los jóvenes. Este grupo se ha convertido en el más afectado por la precarización, superando incluso al nivel general. Sin embargo, ante esta realidad, según algunas encuestas seis de cada diez jóvenes de dieciocho a treinta años siguen apoyando al gobierno. Esto entre los varones. En cambio, entre las mujeres jóvenes, ese porcentaje cae a cuatro de cada diez.
La Doctora en Ciencias Políticas Ariadna Gallo (1975) en un artículo publicado recientemente en el diario digital “Diagonales” afirmó: “Milei se construyó como personaje antes que como dirigente: un panelista, forjado en los sets televisivos, donde el grito, la provocación y la exageración funcionaban como recursos propios de un show mediático. Pero lo que en televisión parecía comedia, en el Estado se transformó en tragedia. Efectivamente, el gobierno libertario actúa con un guion explícito, una escenografía de crueldad y una narrativa de batalla cultural que convierte el ajuste en espectáculo. Pero toda obra necesita algo más que un elenco: requiere un público. A dos años del inicio del experimento libertario, vale la pena preguntarse no sólo por la responsabilidad de quienes ejecutan el programa, sino también por la de aquellos que vitorean, aplauden, justifican o aceptan pasivamente desde la platea -o desde la tertulia- las consecuencias de un modelo anunciado y cumplido”.


Y agregó más adelante: “Una pregunta central de esta etapa ha sido cómo se podía sostener políticamente lo que, en términos materiales, se volvía cada vez más difícil de defender. La respuesta no está sólo en la economía, sino en el plano simbólico. La llamada ‘batalla cultural’ funcionó como el complemento indispensable del ajuste: a medida que los efectos del modelo se hicieron visibles -caída del consumo, deterioro social, conflicto- el oficialismo reforzó el embate hacia los enemigos previamente definidos e identificados. Esa narrativa se organizó a través de un ecosistema de operadores mediáticos, ‘trolls’ organizados y plataformas digitales que reprodujeron, simplificaron y radicalizaron el mensaje. Panelistas que banalizan la represión, cuentas anónimas que hostigan y deshumanizan, algoritmos que premian la provocación y el odio: la crueldad se volvió rentable en términos de visibilidad. Así, el ajuste material fue acompañado por un ajuste simbólico que naturaliza el daño y convierte a las víctimas en sospechosos”.
Si se tiene en cuenta que siete de cada diez argentinos utilizan redes sociales y que los jóvenes son los que más tiempo pasan en ellas, es inevitable relacionar esta usanza con la influencia que ejerció el presidente anarco-capitalista, ya que fueron precisamente estas plataformas digitales las que utilizó para darse a conocer ante la opinión pública. Y no sólo eso, también utiliza un equipo digital compuesto mayoritariamente por hombres jóvenes de veinte a treinta años, que emite decenas de tuits diarios destilando odio y violentas provocaciones. Y como si fuera poco, un informe de la consultora “Ad Hoc” reveló que Milei es el usuario no troll que más insultos y agresiones realizó en las redes en los últimos dos años.
Las necedades, las mentiras, las falsedades, las incoherencias son sustantivos que sobresalen en las alocuciones del presidente y, lamentablemente, son aceptados inconscientemente por buena parte de la juventud. El discurso libertario sedujo a buena parte del electorado joven con promesas de meritocracia, eficiencia y fin de los privilegios. Pero tras dos años de gobierno, los números hablan por sí solos: la desocupación en menores de treinta años se disparó y siete de cada diez trabajadores jóvenes trabajan en condiciones informales sin aportes jubilatorios, sin cobertura de salud, sin protección frente al despido, sin aguinaldo y sin vacaciones pagas. Los jóvenes registran niveles de informalidad laboral sensiblemente más altos que el resto de los grupos etarios.
En su novela “Ensaio sobre a cegueira” (Ensayo sobre la ceguera), el escritor portugués José Saramago (1922-2010) hizo una aguda reflexión sobre la naturaleza humana frente a las adversidades. Mediante el uso metafórico de la ceguera, analizó la fragilidad de la existencia y cuestionó las convicciones arraigadas. El propio autor la definió tiempo después como una “novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada”, adjetivos que bien podrían aplicarse a la Argentina de hoy. En un ámbito en el que no existen partidos políticos que ejerzan una oposición coherente y racional con propuestas verosímiles y asequibles, lo que ha promovido un electorado adulto desencantado y harto de las peleas internas entre los dirigentes de esos partidos, es inevitable recaer en el pronóstico de la citada psicóloga Eva Giberti: no hay garantías para el futuro del país.