20 de mayo de 2008

Goethe y la leyenda de Fausto

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) fue el iniciador de ese gran movimiento que bajo el nombre de Romanticismo revolucionó el arte mundial. La importancia de su obra puede ser juzgada por la influencia que sus escritos críticos, su vasta correspondencia, su poesía, sus dramas y sus novelas ejercieron sobre los escritores de su época y sobre los movimientos literarios que él inauguró y de los que fue la figura principal; pero también hizo substanciales contribuciones a la biología, la historia y la filosofía de la ciencia.Muchas fueron sus obras importantes: "Versuch die metamorphose der pflanzen zu erklären"
(La metamorfosis de las plantas, 1790) y "Zur farbenlehre" (Teoría de los colores, 1810) dentro de sus trabajos científicos, y "Die leiden des jungen Werther" (Las desventuras del joven Werther, 1774) y "Die wahlverwandtschaften" (Las afinidades electivas, 1809) dentro de los literarios. Pero se destacó particularmente por su poema dramático "Faust. Eine tragödie"
(Fausto. Una tragedia).
Hacia 1773, Goethe comenzó a escri­bir esta historia que sólo daría por termi­nada 59 años después. Si bien su personaje fue creado en base al legen­dario mago que presumiblemente vivió en el siglo XVI, el poeta lo concibió ade­más como un resúmen de la sabiduría anti­gua y un símbolo del hombre moderno acosado por los hallazgos de la ciencia y las verdades de la razón.
El drama (que consta de dos partes, la segunda dividida en cuatro actos) co­mienza cuando el viejo doctor Fausto, insatisfecho por lo limitado del saber hu­mano, celebra su famoso pacto con Mefistófeles: éste se compromete a descu­brirle todos los secretos de la vida, pero a cambio exige que después de muerto Fausto sea su sirviente eterno.
La primera parte de la historia narra las alucinantes experiencias terrenas que vive el rejuvenecido Fausto, guiado por el Maligno. La segunda ya se sitúa en un plano más abstracto, donde el científico crea un hombre artificial (el Humunculus) y posee al espíritu del clasisismo griego, representado por Elena. De esta unión nace Euforión, emblema de la Poesía en su permanente anhelo de experiencias sublimes. Esta figura, que para Goethe encarnó su propio deseo de fundir la antigüedad con el hombre mo­derno, muere en la insensata búsqueda de valores absolutos y eternos.
Posteriormente, Fausto regresa a la Tierra y decide poner en práctica un proyecto para facilitar la dicha de sus se­mejantes. Es entonces cuando Mefistófeles resuelve cobrar su parte del pacto: Fausto envejece hasta los cien años de edad, queda ciego y está a punto de mo­rir. Un ejército celestial viene en su ayu­da, derrota al Maligno y salva al ator­mentado científico.
De manera muy escueta, éste es el argumento de la obra de Goethe, que no despeja el interrogante acerca de si existió el doctor Fausto y si realmente vendió su alma al diablo para alcanzar la sabiduría negada a los otros hombres. Con­forme a las investiga­ciones que tratan de dilucidar si se trata de una invención popu­lar o de un mito convertido en leyenda, se pueden conjetu­rar algunas respuestas.
En efecto, ya hacia 1507 el monje alemán Johannes Trithemius (1462-1516) mencionó la existencia de un maestro Georgius Sabellicus, llamado Fausto el joven, amigo de los alquimistas Cornelio Agrippa (1486-1535) y de Teofrasto Paracelso (1493-1541), "origen de los nigromantes, astrónomo y astrólogo, se­gundo en la hidromancia, conocido también bajo el nombre de Fausto, philosophus philosophorum, semidiós de Heidelberg".
En los registros de la Facultad de Medicina de esa ciudad, por otro lado, existe con fecha de 1509 el acta de inscripción de un tal Johann Faustus, primero en ser admitido en la especialidad de las cien­cias ocultas. Cuarenta años después, el re­formador luterano Philipp Melanchton (1497-1560)afirmó que "He co­nocido una persona llamada Faustus, de Knittlingen. Estudió magia en Cracovia, se dedicó mucho tiempo a las ciencias ocultas e hizo largos viajes. Hace pocos años estaba sentado muy triste a la mesa de una hostería de Württemberg y dijo al hostelero: 'No os asustéis esta noche'. Como viera que Fausto no se levantaba por la mañana, el hostelero, casi al mediodía, entró a su habitación y lo encontró junto al lecho con la cabeza doblada: el diablo le había matado. En vida, llevaba consigo a un perro que era el diablo".
En la actualidad se cree que Fausto vivió entre 1480 y 1540. Se ignora cuál fue su verdadero nombre, y todavía están en estu­dio las afirmaciones de que sus posibilidades no tenían límites. Según relatos de aquellas épocas, el llamado doctor Fausto era capaz de hacer que un carro tirado por cuatro caballos pasara por una callejuela que sólo admitía a dos, que tenía la facultad de en­contrar o desvanecer tesoros, de transfor­mar la materia de las cosas, de recorrer enormes distancias encerrado en un tonel lleno de vino, de curar todas las enferme­dades.
Por otro lado, se sabe que un ayudante de Martin Lutero (1483-1546) le confió la educación de sus hijos, y que el humanista y filólogo Joachim Carnerario (1534-1598), le solicitó que profetizara sobre el final que tendría la guerra entre Carlos V de España y Francisco I de Francia. Además, es indudable que Fausto viajó por muchas partes de Europa y en todas ellas expandió su fama como mago.
Sólo un libro sobre sus andanzas y "mi­lagros" se publicó en vida del doctor en 1530. Luego, en 1575, se editó una biografía que él mismo había re­dactado en latín. A partir de entonces, se sucedieron ininterrumpidamente libros popu­lares que mantuvieron vigente su recuerdo entre el pueblo y alentaron la idea de que toda su sabiduría se originó en un pacto con el demonio. En 1587 apareció un "Volksbuch Doktor Faust" (Libro popular del doctor Fausto) y en 1588 el célebre dramaturgo inglés Christopher Marlowe (1564-1593) es­cribió la primera obra teatral sobre la vida del enigmático personaje, titulada "The tragical history of Doctor Faustus" (La trágica historia del doctor Fausto). Todavía en 1601 se hizo una nueva impresión en prosa basada en los datos manejados por Marlowe. Hacia fines del siglo XVII, la figura y el mito de Fausto se conservaba sólo en las ferias populares y en los espectáculos para niños, que Goethe debe haber visto en su infancia.
Fue con la aparición del movimiento posterior al romanticismo, el "sturm und drang" (tormenta e impulso) y su búsqueda de las raíces populares de la poesía, que Fausto se convirtió en un personaje universalmente conocido.