23 de enero de 2026

Stravinski: innovación, mordacidad, escándalos y el elevado costo de sus obras

Ígor Fiódorovich Stravinski (1882-1971) fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso, considerado como uno de los más importantes y trascendentales del siglo XX. Se distinguió por su innovador enfoque de la armonía, el ritmo y la orquestación, y compuso obras sinfónicas, óperas, conciertos, ballets, misas y composiciones vocales. Hijo de Fiódor Stravinski (1843-1902), un reconocido cantante de ópera que actuaba en el
Mariinskiy Teatr (Teatro Mariinski) de San Petersburgo, un establecimiento artístico del cual absorbió su gran atmósfera cultural, desde los nueve años comenzó a estudiar piano. En 1903 conoció al compositor ruso Nikolái Rimski Kórsakov (1844-1908), padre de uno de sus compañeros del colegio y poseedor de un amplio conocimiento enciclopédico de la música folclórica rusa, con quien tomó clases particulares. Mientras tanto había comenzado a estudiar Derecho en la Sankt Peterburgskiy Gosudárstvenny Universitet (Universidad Estatal de San Petersburgo), pero abandonó la carrera en 1905.
Poco después del fallecimiento de Rimski Kórsakov, conoció al empresario Serguéi Diáguilev (1872-1929), una de las personalidades más influyentes de la danza escénica del siglo XX quien fundó en París Les Ballets Russes (Los Ballets Rusos), la compañía más vanguardista de la época de la que surgieron talentosos bailarines, coreógrafos y compositores. Fue él quien le encargó a Stravinski que compusiera un ballet para exhibirlo en la capital francesa. El resultado fue “L'oiseau de feu” (El pájaro de fuego), el cual se estrenó en 1910 con un gran éxito. Luego compuso la ópera “Le rossignol” (El ruiseñor) y otros dos ballets: “Petrushka” y “Le sacre du printemps” (La consagración de la primavera), obras todas ellas que contribuyeron a que obtuviese la fama internacional.
Para la crítica especializada, la obra más reconocida de Stravinski es precisamente “La consagración de la primavera”. Con la coreografía del bailarín de ballet y coreógrafo ruso de origen polaco Vaslav Niyinski (1889-1950), se estrenó el 29 de mayo de 1913 en el Théâtre des Champs Élysées (Teatro de los Campos Elíseos), al cual asistió un numeroso público. Frente a una composición que rompía abiertamente con los conceptos de la música clásica por el uso de disonancias y la ruptura del ritmo y la melodía, y una temática centrada en el sacrificio ritual de una joven virgen elegida para celebrar la primavera bailando hasta su muerte, dicho estreno causó polémica: desde el comienzo de la obra se escucharon gritos, abucheos, se generaron disturbios y discusiones.
Entre quienes presenciaron este evento estaban personalidades como el compositor y director de orquesta Camille Saint Saëns (1835-1921), la novelista y dramaturga Gertrude Stein (1874-1946), el pintor Pablo Picasso (1881-1973), la diseñadora de moda Coco Chanel (1883-1971), los compositores Claude Debussy (1862-1918) y Maurice Ravel (1875-1937), la pintora, dibujante e ilustradora Valentine Gross (1887-1968) y el escritor y crítico de arte Jean Cocteau (1889-1963). “El teatro parecía sacudido por un terremoto -recordaría tiempo después Valentine Gross- la gente gritaba insultos, chillaba, silbaba. Hubo puñetazos. Las palabras son inadecuadas para describir una escena como esa”. Y según narró Jean Cocteau en uno de los artículos que publicó en el periódico parisino “Paris-Midi” -los cuales serían reunidos y publicados en un libro con el nombre “Carte blanche” (Carta blanca)-: “La sala se sublevó inmediatamente. La gente reía, hacía burlas, pitaba, hacía sonidos de animales y quizá se hubieran cansado a la larga si no fuera porque la multitud de estetas y músicos, en su exagerado celo, se puso a ofender al público de los palcos y a atacarlo físicamente”.


Por su parte, el musicólogo británico especializado en la música de los siglos XX y XXI Jonathan Cross (1961) en su ensayo biográfico “Ígor Stravinski” aseguró que el escándalo había sido hábilmente provocado por el mismísimo empresario de los Ballets Rusos, el citado Diáguilev, quien había repartido entradas gratuitas entre los alborotadores. Y agregó que “apenas hubo prensa aquel 29 de mayo de 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées, pues los periodistas, junto a Debussy o Ravel, habían asistido a un pase el día anterior en que la obra de Stravinski fue recibida con entusiasmo”.
En su ensayo “Stravinski. A creative spring: Russia and France, 1882-1934” (Stravinski. Una primavera creativa: Rusia y Francia, 1882-1934), el musicólogo y biógrafo de música clásica británico Stephen Walsh (1942) narró lo extrañísimas que resultaron para el público tanto la música como la coreografía. Según cuenta el autor, ese estreno dio lugar a uno de los mayores escándalos de la historia de la música. “Parte del auditorio se sintió ofendida por lo que le parecía un intento blasfematorio encaminado a destruir la música como una de las bellas artes y, movida por su furor, al poco rato de levantarse el telón, empezó a lanzar maullidos y a vociferar para que se suspendiera el espectáculo. La orquesta, entre tanto barullo, no se podía escuchar más que de vez en cuando, en alguno de los raros sosiegos que se producían… El escándalo iba en aumento. Una señora se levantó de la silla de su palco para pegar un bofetón a un caballero que silbaba. Saint Saëns denunciaba al compositor por farsante, y lo mismo André Capu, el conocido crítico. Ravel, en el lado opuesto, proclamaba a gritos que el ballet era obra de un genio. El embajador de Austria se reía de una manera ostensible, y Florent Schmitt lo insultaba llamándole estúpido. La princesa de Portualés se puso de pie exclamando: ‘tengo sesenta años, pero es la primera vez que alguien se ha atrevido a burlarse de mí’. En medio del barullo, Claude Debussy suplicaba vehementemente al auditorio que guardase silencio para que se pudiese oír aquella música maravillosa”.
En actuaciones posteriores, sin embargo, el público lo aplaudió y sus admiradores no dejaron de aumentar. En Berlín, Londres, New York, París y Venecia era recibido con los mayores respetos como un exitoso pianista y director. No fue necesario que pasase mucho tiempo para que la partitura de Stravinski se convirtiera en uno de los ballets más populares junto a “Shchelkuntchik” (El cascanueces) que Piotr Tchaikovski (1840-1893) había compuesto en 1892 y a “Romeo i Dzhulyetta” (Romeo y Julieta) que Serguéi Prokófiev (1891-1953) compuso en 1936.
En el momento en que se produjo la Revolución Rusa, Stravinski se encontraba de gira y residía en Suiza, donde compuso “Histoire du soldat” (Historia de un soldado), una ópera con claro contenido antibélico que estrenó en Weimar. Años después, cuando se instaló el régimen estalinista, fue calificado como un “modernista burgués y degenerado” y fue incluido en listas negras junto a otros grandes compositores como Johann Sebastian Bach (1685-1750), Ludwig van Beethoven (1770-1827), Frédéric Chopin (1810-1849), Franz Liszt (1811-1886) y el antes citado Piotr Ilich Tchaikovski. Recién en la época conocida como el “deshielo en la Unión Soviética” propiciado por el Dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas Nikita Jrushchov (1894-1971), quien invitó a Stravinski a dar conciertos en Moscú y Leningrado para celebrar su octogésimo cumpleaños. Incluso fue invitado a quedarse en Rusia, algo a lo que el compositor de “Zhar ptitsa” (El pájaro de fuego) -otra de sus grandes obras la cual se basó en cuentos del folclore ruso- se negó. En 1972, un año después de su muerte, la ministra soviética de Cultura Ekaterina Alekséievna Fúrtseva (1910-1974) ordenó a los músicos soviéticos “estudiar y admirar” la música de Stravinski.
Según narró el mencionado Cross, Stravinski “fue un monárquico convencido a lo largo de su vida y odió a los bolcheviques desde el principio. En 1930 comentó: ‘No creo que nadie venere a Mussolini más que yo’. Más tarde, después de una audiencia privada con Mussolini, añadió: ‘A menos que mis oídos me engañen, la voz de Roma es la voz del Duce. Le dije que me sentía fascista. A pesar de estar muy ocupado, Mussolini me hizo el gran honor de conversar conmigo durante tres cuartos de hora, hablamos de música, arte y política’”.
Cuando los nazis colocaron las obras de Stravinski en la lista de “Entartete musik” (Música degenerada) -agregó Cross-, “presentó un llamamiento formal para establecer su genealogía rusa y declaró: ‘Detesto todo el comunismo, el marxismo, el execrable monstruo soviético y también todo el liberalismo, la democratización, el ateísmo, etc.’”. El compositor canadiense Harry Somers (1925-1999) dijo alguna vez que su “música era para la gente que prefiere el vino seco y el whisky solo”. Y en su ensayo “Philosophie der neuen musik” (Filosofía de la nueva música) el filósofo alemán Theodor Adorno (1903-1969) -uno de los máximos representantes de la Frankfurter Schule (Escuela de Fráncfort)- describió a Stravinski como un “acróbata” y habló de “rasgos de esquizofrenia desorganizada y psicótica” en varias de sus obras.


Stravinski falleció en su recién adquirido lujoso apartamento de diez habitaciones en la Quinta Avenida de Nueva York a las 5:20 del 6 de abril de 1971. El deceso fue producto de una insuficiencia cardíaca luego de haberse recuperado de un edema pulmonar. Tres días más tarde, el 9 de abril, se celebró un servicio mortuorio en una famosa funeraria ubicada en la Avenida Madison y la calle 81 de Manhattan, a pocos metros del domicilio del compositor, un evento que congregó a cientos de admiradores. El servicio comenzó a las 15:00 hs. con música del propio Stravinski: su versión coral de “Otche nash” (Padre nuestro), la cual había compuesto en 1926. Por decisión de su viuda, la pintora Vera de Bosset (1888-1982), fue enterrado en la isla de San Michele de Venecia, ciudad en la que en 1951 había estrenado su ópera “The rake’s progress” (El progreso del libertino). Una multitud llenó las calles alrededor de la Basílica de SS. Giovanni e Paolo el 15 de abril de 1971, mientras su ataúd salía en un cortejo fúnebre formado por veinticinco góndolas colmadas de flores con destino a la “isla de los muertos”, tal como se conoce al cementerio histórico de Venecia.
Uno de los principales testimonios del funeral lo hizo la pianista y compositora brasileña Jocy de Oliveira (1936) en una de las cartas que componen su libro “Diálogo com cartas” (Diálogo con cartas). La artista, que había conocido a Stravinski siendo muy joven, recordó que al compositor ruso no le gustaban los funerales y que no había ido a ninguno, ni siquiera al de su primera esposa Yekaterina Nosenko (1881-1939), y comentó que la ceremonia incluyó la interpretación de “Requiem canticles” (Cánticos de réquiem), una composición que Stravinski había escrito en 1966 pensando en su propio funeral. Otro obituario memorable fue el que publicó el 7 de noviembre el crítico musical Charles Acton (1914-1999) en el diario irlandés “The Irish Times”. Allí manifestó: “¿Qué puede escribir la gente corriente sobre los inmortales? ¿Qué se podría haber escrito frente a la muerte de Beethoven? Porque, cualquiera que sea el veredicto sobre la música de Stravinski dentro de cincuenta o doscientos años, él y la música de este siglo estarán relacionados, al igual que Beethoven y la del anterior. Y seguramente para la humanidad en su conjunto el nacimiento de Beethoven en 1770, y la muerte de Stravinski, casi dos siglos después, definen un período de nuestra historia”.
No fueron pocas sus apreciaciones sobre el arte de la música. En el libro “Poétique musicale” (Poética musical) que recopiló seis conferencias dictadas entre 1939 y 1940 en la Harvard University de Massachusetts, Estados Unidos, expresó: “Se me ha hecho revolucionario a pesar mío. Los arrebatos revolucionarios nunca son enteramente espontáneos. Hay gentes hábiles que fabrican revoluciones con premeditación. El arte es constructivo por esencia. La revolución implica una ruptura de equilibrio. Quien dice revolución dice caos. Y el arte es lo contrario del caos. La cualidad de revolucionario se atribuye generalmente a los artistas de nuestros días con una intención laudatoria, sin duda porque vivimos en un tiempo en el que la revolución goza de una especie de prestigio en medio de una sociedad anticuada. Admite el músico la audiencia que mueve a las grandes acciones, nunca la que se pone al servicio del desorden”.
En otras conferencias opinó que “el problema con respecto a la apreciación de la música reside en que las personas que enseñan música hacen tenerle demasiado respeto a ella, cuando deberían enseñar a amarla. La música nos es dada con el único propósito de establecer un orden en las cosas, incluida, en particular, la coordinación entre el hombre y el tiempo”. También expuso conceptos como “no basta con oír la música; además, hay que verla”, “la música es incapaz de expresar nada por sí misma”, “soy un inventor de la música”, “un buen compositor no imita, roba”, “mi música la entienden mejor los niños y los animales”, “principalmente he aprendido en toda mi vida como compositor a través de mis errores y persecuciones de falsas suposiciones, y no por mi exposición a las fuentes de sabiduría y conocimiento” y, ante las críticas que lo tildaban como músico del porvenir respondió: “Es algo absurdo. No vivo en el pasado ni en el futuro. Estoy en el presente. No puedo saber qué es lo que ha de traer consigo el día de mañana; puedo tan sólo atenerme a lo que hoy es para mí una certeza”.
También fue un crítico mordaz de otros músicos. Por ejemplo, sobre el violinista y compositor italiano Antonio Vivaldi (1678-1741) aseveró: “Vivaldi no escribió cuatrocientos conciertos, escribió el mismo concierto cuatrocientas veces”. Sobre el compositor y director de orquesta alemán Richard Wagner (1813-1883) consideró que era “un compositor problemático”, y agregó: “en esencia, lo que irrita en esos rebeldes del arte, de los que Wagner nos ofrece el tipo acabado, es el espíritu de sistema con que, bajo pretexto de desterrar las convenciones, establece otras tan arbitrarias y mucho más molestas”. E irónicamente se refirió al director de orquesta y compositor brasileño Heitor Villa Lobos (1887-1959): “¿Por qué es que cada vez que escucho una pieza de música que no me gusta, siempre es por Villa Lobos?”.
La mayoría de las personas que lo conocieron, a través de conversaciones personales o por sus actuaciones, lo recordaron como una persona cortés, atenta y preocupada por los demás. Por ejemplo, para algunos colegas, Stravinski era muy cooperativo y fácil de tratar, aunque tenía un menosprecio por las “clases sociales inferiores”. Para otros, en cambio, era vergonzoso como golpeaba insistentemente con un tenedor un vaso de vino para exigir ruidosamente la atención en los restaurantes. De todas maneras, Stravinski demostrando su aptitud para jugar el rol de “hombre de mundo”, adquirió un instinto perspicaz para las cuestiones de negocios, lo que le permitió aparecer relajado y cómodo en muchas de las grandes ciudades del mundo.
Una de las anécdotas más jugosas en ese sentido es la que refiere al episodio que sucedió en la primavera de 1938 cuando le encargaron la composición de una obra que luego sería conocida como el “Dumbarton Oaks Concerto” (Concierto de Dumbarton Oaks), haciendo referencia a la mansión del siglo XIX ubicada en el barrio de Georgetown de Washington, Estados Unidos. Su propietaria, Mildred Barnes Bliss (1879-1969), le pidió al compositor que el estreno fuera en dicha mansión. Momentos antes de comenzar la interpretación, Stravinski fue invitado a pasar a un escritorio donde escuchó excusas de la anfitriona y el pedido de una cifra para llenar el cheque correspondiente. “Cincrrrmmmil dólares”, murmuró el músico. “¿Cinco mil dólares?”, contestó esperanzada la señora. “No, cincuenta mil”. La dama, sin perder la compostura, solicitó una explicación. “Es que cada nota fue escrita a mano”, concluyó el maestro ruso.

20 de enero de 2026

Maristella Svampa: “El progresismo argentino hoy no tiene una narrativa prometedora ni una visión clara de país. La cooperación, la solidaridad y la interdependencia son los puntos de partida para pensar la sostenibilidad social y ambiental” (2/2)

Maristella Svampa es impulsora del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, una organización dedicada a la construcción de dinámicas sociales capaces de responder y contrarrestar las dinámicas de reacomodo capitalista, de la concentración de riqueza y de la destrucción de los ecosistemas. También es miembro del Colectivo de Acción por la Justicia Ecosocial (CAJE) y forma parte del Colectivo Mirá Socioambiental, una asociación cultural compuesta por escritoras, periodistas e investigadoras -entre ellas Claudia Aboaf (1959), Gabriela Cabezón Cámara (1968), Dolores Reyes (1978) y Soledad Barruti (1981)- con una perspectiva ecofeminista cuyo objetivo es contribuir a la instalación del debate sobre la emergencia climática y su relación con el modelo neoextractivista en la Argentina y la región latinoamericana. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Konex de Platino en Sociología otorgado por la Fundación Konex de Argentina, la Beca Guggenheim que otorga la John Simon Guggenheim Memorial Foundation de Estados Unidos, el Premio Georg Forster que entrega la Alexander von Humboldt Stiftung de Alemania, y el título de Profesora Visitante de la cátedra Simón Bolivar de la University of Cambridge de Inglaterra.
 

Entre los numerosos ensayos que ha publicado pueden mencionarse “El dilema argentino: civilización o barbarie. De Sarmiento al revisionismo peronista”, “Desde abajo. La transformación de las identidades sociales”, “La brecha urbana. Countries y barrios privados en Argentina”, “La sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo”, “Cambio de época. Movimientos sociales y poder político”, “Debates latinoamericanos: indianismo, desarrollo, dependencia, populismo”, “Del cambio de época al fin de ciclo”, “Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. Conflictos socioambientales, giro ecoterritorial y nuevas dependencias” y “Policrisis. Cómo enfrentar el vaciamiento de las izquierdas y la expansión de las derechas autoritarias”. Lo que sigue es la segunda parte del compilado de entrevistas publicadas en la revista digital “Límbica” el 20 de diciembre de 2025 y en la revista “Ñ” nº 1112 el 3 de enero de 2026.
 
Dentro de tu frondosa obra en la que te dedicaste a radiografiar la sociedad, a identificar nuevos actores sociales y a, en definitiva, interpretar la transformación permanente de la sociedad, ahora sacás conclusiones del panorama local, especialmente mutado con el afianzamiento del gobierno de Javier Milei.
 
Me parecía necesario marcar el momento actual porque, después de la pandemia, entramos en un escenario que ya no es sólo de crisis aisladas, sino de policrisis sistémica o civilizatoria. Durante la pandemia se hizo más visible la desigualdad, los orígenes zoonóticos y ambientales del virus, y surgieron múltiples propuestas de transición ecosocial. Sin embargo, no salimos mejores: salimos peores. Se acentuó la crisis climática, se enturbió la discusión sobre la transición energética, se aceleraron las desigualdades sociales y apareció algo relativamente inédito: el protagonismo político de los superricos, la expansión de las extremas derechas y la erosión de las democracias”.
 
¿Cómo se entrelazan todos estos condimentos tan dañinos?
 
Todos estos procesos no son fenómenos separados, sino dimensiones entrelazadas de una misma crisis. Pueden escalar -y de hecho están escalando- y generan un escenario de incertidumbre permanente, una suerte de “tormenta perfecta” en la que no está claro por dónde empezar ni cómo enfrentarla. A esto se suman otros elementos, como el desarrollo incontrolado de la inteligencia artificial, todavía poco comprendido socialmente, y la amenaza de nuevas pandemias, que nunca puede descartarse y que también forma parte de esta crisis sistémica donde todo está conectado.
 
Muchos comparan este momento con el menemismo. Hay intelectuales y militantes que dicen: “contra el menemismo estábamos mejor”. ¿Ves paralelismos?
 
Hay algunos puntos de contacto, pero también diferencias muy importantes. En los inicios del menemismo tampoco hubo una respuesta creíble e inmediata por parte de la oposición, que tuvo que reconstruirse. Incluso mantuvo puntos ciegos, como la imposibilidad de cuestionar el plan de convertibilidad. Sin embargo, en los ‘90 hubo dimensiones que no entraron en juego y que hoy son centrales. Una de ellas es la llamada “batalla cultural”, que es muy propia de las extremas derechas contemporáneas. Una cosa fue el neoliberalismo clásico, en el marco de la globalización triunfante que afirmaba que no había alternativa; otra muy distinta es esta narrativa pancapitalista del fin, que le da una vuelta de tuerca al neoliberalismo y lo refuerza. Hoy vemos supresión de derechos, expansión del extractivismo fósil, una presión creciente sobre los territorios y, al mismo tiempo, una ofensiva sistemática contra todo tipo de derechos. Eso no estaba tan claramente presente en los años noventa. Lo nuevo es que las extremas derechas se han convertido en una alternativa política global. Antes eran marginales o rápidamente descartadas; hoy asistimos a su desmarginalización y naturalización. Esto incluye la crítica a toda demanda de derechos, descalificada bajo el rótulo de “cultura woke”. En parte, estas derechas reaccionan frente a la crisis ecológica, que pone límites al progreso y al crecimiento indefinido. Como ya chocamos contra las fronteras planetarias, se vuelve inevitable cambiar el modelo de desarrollo. Frente a eso, la extrema derecha propone una utopía reaccionaria: volver a un pasado que ya no existe y negar la crisis del progreso.
 
¿Qué lugar ocupan hoy en la sociedad temas como la ecología, el fracking o el cambio climático?
 
Estamos en un momento muy sombrío. Por un lado, hay una aceleración de las políticas extractivistas; por otro, un negacionismo climático que no es solo discursivo, sino que se expresa en políticas concretas de desmantelamiento. Se atacan normas ambientales, organismos públicos, instituciones vinculadas a la protección de los bienes comunes, a la prevención de incendios, a la adaptación al cambio climático. El caso de la Ley Nacional de Glaciares es muy ilustrativo: hoy está directamente en la mira del gobierno. Desde abajo, la situación es más compleja. Hay una mayor sensibilidad social frente a temas como la defensa del agua o del territorio, pero las urgencias cotidianas -la supresión de derechos sociales, el acceso a la salud, la asistencia a personas con discapacidad- absorben la agenda y vuelven menos visibles estas problemáticas, que sin embargo también son centrales porque tienen que ver con la defensa de la vida.
 
Escribiste con Enrique Viale el libro “El colapso ecológico ya llegó”. ¿En qué punto del colapso estamos hoy?
 
Hay un consenso extractivista muy fuerte en la sociedad, que se basa en no discutir ciertos temas: la expansión hidrocarburífera, el fracking, la explotación offshore. La minería genera más resistencias, pero aun así el consenso existe y hoy está exacerbado por la política del gobierno. El colapso es parte del antropoceno y se manifiesta en puntos de inflexión. Lo que observamos es la multiplicación de colapsos climáticos localizados, asociados a eventos extremos: incendios, inundaciones, sequías, olas de calor, tornados. En pocas horas, una ciudad puede convertirse en zona de desastre, como ocurrió en Bahía Blanca. Allí confluyeron la crisis climática y las deficiencias estructurales, agravadas por la ausencia de políticas públicas: días antes de la inundación se había disuelto la Dirección Nacional de Emergencias. Estos eventos no son excepcionales, sino cada vez más frecuentes. Sin embargo, no están incorporados en la planificación económica ni política. En Argentina se celebra Vaca Muerta como si los combustibles fósiles no fueran la causa principal de la crisis climática.
 
En el libro hablás de metabolismo social. ¿Qué es y porqué es clave para pensar la transición?
 
El metabolismo social refiere a la cantidad de materia y energía que una sociedad necesita extraer, producir, consumir y desechar para sostener su forma de vida. El metabolismo social del capitalismo es insostenible porque requiere cada vez más recursos y energía de manera exponencial. No se trata solo del consumo, sino de todo el proceso: extracción, producción, circulación y residuos. Hoy la pregunta central es cómo construir un metabolismo social sostenible, que no atente contra la regeneración de la vida. Sin cambiar el modelo de consumo y producción, no hay transición posible.
 
¿Hay casos de falsas soluciones a esta crisis como parte de la transición energética como, por ejemplo, el caso de los autos eléctricos que no serían tan ecológicos como se sostiene?
 
La transición energética corporativa tiene muchos problemas. No cuestiona el sistema social ni el modelo de consumo, y reproduce las desigualdades del régimen fósil. Pensar la transición como el reemplazo de un auto a combustión por uno eléctrico para cada familia es una trampa. Eso no replantea el sistema de transporte ni reduce el consumo; al contrario, lo exacerba. Esta transición implica una enorme expansión de la minería, que genera nuevas zonas de sacrificio, como en las Salinas Grandes o en Jujuy, consume agua, destruye ecosistemas frágiles y desplaza comunidades. A esto se suma que no hablamos solo de una transición energética, sino también digital y militar. En un mundo con crecientes tensiones geopolíticas, hay una carrera por el control de las materias primas críticas: litio, cobalto, tierras raras, muchas de ellas altamente contaminantes. El problema de fondo es que, sin cambiar este modelo de consumo, no hay litio ni mineral que alcance.
 
¿Cómo ves el panorama argentino en esto que estás señalando?
 
En Argentina se da una convergencia especialmente perversa. Por un lado, avanza una transición verde corporativa que impulsa minería y extractivismo en nombre de lo “sustentable”; por otro, hay un negacionismo climático que desmantela toda la normativa ambiental. El resultado es devastador. Hay empresas que vienen del petróleo y se diversifican hacia el litio y otros minerales, avanzando sobre territorios que las comunidades defienden desde hace años.
 
Y desde esta visión, en este contexto: ¿Qué estado necesitamos?
 
Para empezar, te digo que no necesitamos menos estado, sino más estado. Pero no cualquier estado, porque este que existe es deficiente, tiene graves problemas, necesitamos construir un estado ecosocial, que reorganice la sociedad desde otro eje, que implique incorporar las demandas de justicia social con las de justicia ambiental, que no pueden ser separadas, además, este es el gran desafío en el marco de la policrisis. Con Rubén Lovuolo pensamos en un estado ecosocial no implica la acentuación de una matriz estadocéntrica, si no el reconocimiento de la comunidad a la que debe obligar y, sobre todo, debe cuestionar la idea de que el mercado lo organiza todo. Todo lo contrario, una transición ecosocial bajo el mercado que lleva a la destrucción y al acentuamiento de las desigualdades, en una palabra, al capitalismo del caos, sin duda un estado ecosocial implica varios estímulos o promover varias herramientas, entre ellas una reforma tributaria, que implica una redistribución económico-social que hoy no está siendo pensada. Una reforma tributaria fundamental, así como un ingreso universal ciudadano, se concibe como la base desde la que actuar. También estamos pensando en un sistema nacional e integral de cuidado. Los cuidados tienen que ser la clave de la construcción del estado ecosocial y no solo entendidos como el cuidado del otro, de los más vulnerables, sino también los cuidados en relación al trabajo, la salud, los cuidados en relación a la crisis climática. Los cuidados se van a multiplicar en términos de fuentes de trabajo en ese contexto. Creo que hay que apostar a la creación de un nuevo estado que debe articular la dimensión social con la ambiental.
 
¿Vos pensás que en la Argentina rompimos la relación con la naturaleza? ¿Es posible la reparación?
 
Nosotros tenemos un vínculo con la naturaleza que es muy perverso, que implica desarrollar una visión muy instrumental de ella como lugar de conquista y de utilización como si fuera ilimitada en términos de bienes y recursos. Tenemos que incorporar una visión, primero relacional de la naturaleza y, segundo, promover una valoración de ella porque el cuidado de ella significa la preservación de la vida. En Argentina, hay una multiplicidad de experiencias que plantean otro vínculo con la naturaleza, que buscan producir con energía renovable, cuidar el territorio, el agua, producir alimentos sanos. Tenemos todo tipo de extractivismo: expansión de la frontera hidrocarburífera con el fracking, con proyectos offshore, todo energía extrema. Hay expansión de la megaminería en todos sus formatos: metálica a cielo abierto, de litio, de tierras raras. Tenemos impacto de los agroquímicos, que es otro punto ciego. Nadie quiere hablar de ello. También se están destruyendo los humedales y ni siquiera pudimos sancionar la ley que quedó ahí varada en su tercer intento en 2020. Todo eso requiere repensar el modelo productivo argentino de un modo tal que implique respeto de la naturaleza en todo el desarrollo de actividades económicas, que no atenten contra ella, sino que aseguren al menos la continuidad y regeneración del tejido de la vida.
 
¿Qué pasa con el progresismo en este escenario? ¿Cómo se conectan o desconectan del descontento?
 
El progresismo argentino atraviesa una crisis profunda. El problema central es que hoy no tiene una narrativa prometedora ni una visión clara de país. El progresismo peronista aparece absorbido por disputas internas y consignas que interpelan a pocos, sin una verdadera disputa de agenda con el gobierno ni una autocrítica sobre los errores que condujeron a este escenario. No venimos del “mundo feliz peronista”. Se crearon las condiciones para que Milei capitalizara un descontento social profundo, visible durante la pandemia en protestas muy heterogéneas: desde antivacunas hasta trabajadores que no podían dejar de salir a ganarse la vida. Allí hubo una desconexión del progresismo con la ira y la frustración de los sectores populares, que encontraron proyección en lo desconocido. Reconectar con esa “estructura de sentimiento” es uno de los grandes desafíos. Problemas como la inseguridad –que golpea sobre todo a los sectores más pobres–, la corrupción o el extractivismo fueron puntos ciegos. ¿Cómo articular todo eso en una nueva narrativa esperanzadora? Hoy no lo sabemos. Desde arriba, claramente, no está ocurriendo. Desde abajo, la Argentina sigue mostrando una gran capacidad de movilización y de construcción de lazo colectivo. Pero hay una parte de la sociedad profundamente rota, que el progresismo no ha sabido comprender ni interpelar. Milei tampoco les ofrece una reconstrucción real: su proyecto favorece a los sectores más ricos. Aun así, el golpe político fue muy duro, especialmente para las organizaciones sociales movilizadas -trabajadores de la salud, jubilados, familias de personas con discapacidad- que recibieron un mensaje muy desalentador tras las elecciones.
 
¿Hay alternativa a este modelo, se la está pensando?
 
Las sociedades contemporáneas se caracterizan por la aceleración y la volatilidad. Puede haber cambios, pero exigen una narrativa política integradora que hoy no existe. Milei recibió un voto de confianza acotado, no una carta blanca. Resta ver si ese amplio sector social que hoy no encuentra representación logra reconocerse en una alternativa futura.

19 de enero de 2026

Maristella Svampa: “El progresismo argentino hoy no tiene una narrativa prometedora ni una visión clara de país. La cooperación, la solidaridad y la interdependencia son los puntos de partida para pensar la sostenibilidad social y ambiental” (1/2)

Maristella Svampa (1961) es una socióloga, investigadora y escritora argentina reconocida por su trayectoria en el abordaje de temáticas como la crisis socioecológica, la intersección entre salud, género y medio ambiente, los movimientos sociales y la acción colectiva para abrir debates teóricos y políticos desde una perspectiva crítica. En 1984 obtuvo su licenciatura en Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba. Luego, en 1988, obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía en la Université Paris I Panthéon-Sorbonne (Universidad París 1 Panteón-Sorbona) y el Diploma de Estudios Avanzados en Historia en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales). En esta última también obtuvo en 1992 el doctorado en Sociología. Se ha desempeñado como coordinadora del Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de General Sarmiento -ubicada en la ciudad de Los Polvorines al noroeste del Gran Buenos Aires- y del Observatorio Social de América Latina (OSAL), una asociación civil sin fines de lucro integrante del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Trabaja como Investigadora Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con sede en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CeDInCI), y es Profesora Titular de Teoría Social Latinoamericana en la Universidad Nacional de La Plata. Ha publicado numerosos artículos tanto en medios periodísticos tradicionales como digitales entre los que se pueden mencionar “Voces en el fénix”, “Nueva Sociedad”, “Cuestiones de Sociología”, “Ensambles”, “Acción”, “Anfibia” y 
“Topía” de Argentina; “Encartes” de México; “Utopía y praxis latinoamericana” de Venezuela; “América Latina en Movimiento” de Uruguay; “Journal für Entwicklungspolitik” de Austria, e internacionales como “Le Monde Diplomatique” y “OneWorld Perspectives”.


Por ejemplo, en la revista “Nueva Sociedad” nº 319 de septiembre/octubre de 2025 publicó uno titulado “Extremas derechas: entre el negacionismo y el ecofascismo”, en el cual, entre otros conceptos expresó: “Las extremas derechas han sido un elemento fundamental del crecimiento del negacionismo climático. Con la llegada al poder de Donald Trump en 2017 arrancó una segunda ola negacionista, que ya no se limita a ‘think tanks’ sino que se sostiene en los gobiernos. Pero en las derechas radicales se encuentran también estrategias ‘retardistas’ -que no niegan el cambio climático pero buscan frenar las acciones en su contra-, e incluso diversas expresiones de ‘ecofascismo’. Estas manifestaciones ecofascistas retoman la teoría complotista del reemplazo poblacional, tan en boga en Europa, y suponen una adaptación de la problemática ambiental en términos de nacionalización, negando sus rasgos globales y su conexión con la dinámica capitalista”. Lo que sigue a continuación es la primera parte del compilado de entrevistas publicadas en la revista digital “Límbica” el 20 de diciembre de 2025 y en la revista “Ñ” nº 1112 el 3 de enero de 2026.
 
Para empezar, ¿cómo querés presentarte?
 
Soy patagónica, argentina y latinoamericana. Estudié filosofía, sociología, trabajo interdisciplinariamente y con distintos tipos de escritura. Escribí muchos libros de investigación, pero también novelas que mayormente se sitúan en la Patagonia. Tengo una vocación anfibia, es decir, creo que la academia debe potenciarse y articularse con otros saberes, otras realidades, otros mundos. Trabajo colectivamente en diferentes instancias como el Pacto Ecosocial del Sur a nivel latinoamericano, el Equipo Transiciones a nivel nacional, también con abogados ambientalistas y con el colectivo Mira Socioambiental. Mi último libro es “Policrisis, Cómo afrontar o cómo enfrentar el vaciamiento de las izquierdas y el avance de las extremas derechas”.
 
Referís en distintos textos y entrevistas, que estamos ante un escenario de crisis múltiple, o “policrisis civilizatoria”. ¿Cuáles serían los aspectos que la caracterizan?
 
Desde mi perspectiva, hemos pasado de la extraordinaria crisis marcada por el COVID-19 en 2020 a una policrisis civilizatoria que abarca numerosas crisis entrelazadas. Hablamos así de la aceleración de la crisis climática y la crisis energética, el incremento de las desigualdades sociales -que aumentaron aún más después de la pandemia, mostrando hasta qué punto este es un mundo de superricos-. También el incremento de los conflictos bélicos e inclusive el peligro de una guerra nuclear, el peligro de nuevas pandemias en el marco de una globalización descontrolada, también el peligro de otra de las peores distopías que es el avance descontrolado de la inteligencia artificial, y por supuesto, la expansión de las extremas derechas y la erosión de los marcos democráticos. Entonces, no es que estas crisis se den de manera aislada, y esta articulación o entrelazamiento explica o puede conducir a una escalada que genere realmente escenarios de mucha incertidumbre. Ese es el concepto de policrisis civilizatoria que yo tomo en un sentido más radical y que le da el título a mi último libro publicado recientemente por siglo XXI. En este marco, es importante subrayar que uno puede hacer un abordaje de la policrisis siempre y cuando tenga en cuenta también que lo social y lo ambiental no pueden ser considerados de manera separada. Y que ante este escenario de colapso generalizado es necesario pensar en términos de régimen socioecológico, de cambio de régimen socioecológico en un marco de transición.
 
En particular en Argentina, ¿cuáles son los conflictos más urgentes que enfrentamos a nivel ambiental ante el avance de la derecha radical?
 
La Argentina es claramente un laboratorio en este escenario de policrisis civilizatoria, donde las extremas derechas avanzan con una política de desregulación, de supresión de derechos y de colonización de los territorios. El impacto del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) supone una mayor explotación y desprotección de nuestros bienes públicos naturales. No es que no hubiera extractivismo en la Argentina, todos sabemos que sí. Hay una suerte de consenso extractivo exportador. Pero el RIGI ha venido a acelerar y multiplicar a gran escala los proyectos de minería, las inversiones en Vaca Muerta -cuando hablo de minería, hablo no sólo de la minería metálica a cielo abierto, sino también de la minería de litio-, además de proyectos de privatización de grandes represas como la concesión, aunque fallida por el momento, del río Paraná como hidrovía. La verdad es que son muchos los conflictos que se abren en la Argentina, e insisto, el RIGI es la llave mayor de este gobierno. Realizamos un informe analizando el primer año y medio del gobierno de Milei con la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y el Colectivo de Acción por la Justicia Ecosocial (CAJE). Y realmente el detalle de esta regresión, de este retroceso, implica el desmantelamiento, la modificación, la derogación de normativas ligadas al cambio climático, la protección ambiental, la reducción de las desigualdades y la participación democrática. Todo eso se ve muy afectado, sobre todo en las provincias. Los gobernadores se han subido al discurso libertario, se han envalentonado y muchos de ellos que se sentían impedidos -como en Mendoza o en Río Negro debido a la solidez y potencia de las resistencias ambientales- hoy avanzan en los territorios, criminalizan a las organizaciones y activistas socioambientales. Porque además de contar con el RIGI, cuentan con un dispositivo represivo que conlleva una militarización de los territorios y una criminalización mayor de la protesta. Entonces, es un conjunto; no podría decir que hay una dimensión u otra más amenazada. El informe que hemos realizado tiene más de sesenta páginas, es absolutamente contundente, muestra con seriedad cómo lo que está en juego es la democracia y la sostenibilidad socioambiental del país.
 
¿Cuál sería el impacto en la salud de las personas?
 
Tengamos en cuenta que, como producto de la aceleración del cambio climático, se producen cada vez más eventos extremos como pueden ser olas de calor, incendios, tornados, inundaciones. Yo los llamo colapsos climáticos localizados, para los cuales una sociedad tiene que prepararse en términos de adaptación porque impactan no sólo en los territorios, convirtiéndolos en una zona de desastre como ocurrió en Bahía Blanca -en un par de horas- sino también sobre la salud de las personas humanas y no humanas. En ese sentido, el gobierno de Milei ha estado desmantelando organismos públicos que apuntaban a la protección ambiental y a la intervención en el marco de estas emergencias, como la Dirección Nacional de Emergencia, donde sus cuatrocientos ochenta y cinco empleados fueron cesanteados tres días antes de que ocurriera la inundación ahí en Bahía Blanca. Al mismo tiempo, el gobierno vetó la ley de ayuda a Bahía Blanca a raíz de lo que sucedió con las inundaciones. Entonces, efectivamente todo lo que tiene que ver con el desmantelamiento de normativas, leyes, vaciamiento de organismos públicos direccionados a mitigar o adaptarse al cambio climático y sus derivaciones todo eso impacta fuertemente en la salud. Ni que hablar de que efectivamente la salud pública está siendo desmantelada a través de la reforma ultra neoliberal que se propone el gobierno.
 
Desde tu mirada, ¿Cómo impacta este contexto en los movimientos sociales feministas y eco territoriales del Sur?
 
La Ley de Bases, que otorgó Facultades Extraordinarias a Milei hasta julio de este año, viene acompañada por un protocolo antiprotesta que aplica el Ministerio de Seguridad de la mano de Patricia Bullrich, que apunta al disciplinamiento de la sociedad, a generar miedo y a disuadir a potenciales manifestantes. No sólo por la fuerte represión sobre ellos, sino por los procesos de criminalización que se generan. De hecho, en el marco del protocolo antiprotesta ha habido en las provincias, con el avance del extractivismo en todos sus formatos, numerosos casos de criminalización. Hubo una detención arbitraria de defensores ambientales que protestaban contra la explotación hidrocarburífera en el mar, alejado de la costa, en Camet Norte en la Provincia de Buenos Aires. Hubo detenciones y allanamientos en Mendoza, continúa la persecución al pueblo Mapuche Tehuelche en Chubut, también encontramos la criminalización en El Bolsón, en Río Negro, en el marco de los grandes incendios, o juicios a ambientalistas en Chubut que fueron condenados. No olvidemos que hay un plan de inteligencia al cual accedió la revista “Crisis”, que ha sido difundido y denunciado. El plan de inteligencia nacional 2025, describe como objetivo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) al movimiento socioambiental. El objetivo del plan alcanza incluso a aquellos que propicien un cambio de matriz energética, algo que en realidad es una obligación nacional e internacional establecida por el Acuerdo de París. Por supuesto, tiene como objeto de inteligencia las comunidades indígenas e incluye a la totalidad del espacio socioambiental en donde hay organizaciones, colectivos, activistas, referentes académicos, periodistas, científicos, que son el blanco del servicio de inteligencia sólo por promover mínimas acciones que se realizan pacíficamente en el marco de la defensa de nuestros bienes comunes. Entonces, realmente es muy peligroso el dispositivo de espionaje puesto en marcha, lo que pone de manifiesto la importancia de la continuidad del modelo extractivo exportador que busca violentar cualquier proceso de organización ciudadana que cuestione la viabilidad social y ambiental de esos megaproyectos.
 
Desde el Pacto Ecosocial Intercultural del Sur hablan de Estado ecosocial, ¿podrías explicar un poco esta idea?
 
Bueno, a ver, desde el Pacto Ecosocial Intercultural del Sur nos proponemos elaborar una hoja de ruta integral en términos de transición ecosocial. Esto quiere decir que esto abarca no sólo la transición energética sino también una transición productiva, cultural, una transición urbana. En esa línea consideramos que la base misma de una transición ecosocial tiene que ser el reconocimiento de la interdependencia, de la complementariedad, podríamos decir, la consolidación de una sociedad del cuidado, que viene asociada también a un Estado ecosocial. Proponemos la idea de que en el marco de la policrisis civilizatoria no necesitamos menos Estado sino más Estado. Pero no cualquier Estado, sino un Estado ecosocial que incorpore los riesgos sociales y ambientales que atraviesan nuestras sociedades y el planeta todo. En esa línea hemos venido trabajando desde el equipo Transiciones de Argentina la noción de Estado ecosocial que viene propuesta sobre todo por Rubén Novol, que es uno de los economistas que forma parte de este equipo. Para decirlo de manera más sencilla, consideramos que la creación de un Estado ecosocial es fundamental para asumir los grandes desafíos que plantea una transición ecosocial. El mercado no va a hacerla, evidentemente todo lo que vemos en función del mercado apunta a una mayor mercantilización y destrucción de nuestros bienes comunes, pero tampoco la sociedad autoorganizada puede llevarla a cabo por sí sola. Entonces es en ese espacio de articulación entre un Estado ecosocial y lo público no estatal, a través de la sociedad autoorganizada que se gestan nuevos horizontes de transición ecosocial. Al hablar de Estado ecosocial estamos hablando de darle un lugar fundamental a los cuidados, y por supuesto de llevar a cabo una reforma tributaria integral que resuelva los problemas de las desigualdades que viene arrastrando nuestro continente, el sur global y nuestro país en particular. Las asimetrías, también cuando hablamos de cuestiones ambientales, son también de índole social, no solamente geopolítica. Lo que vemos es que son los sectores súper ricos de las sociedades, sea del norte, sea del sur, los que efectivamente consumen más y destruyen el planeta. Entonces, claramente una reforma tributaria que apunte a la redistribución de la riqueza y que, por otro lado, desde un Estado ecosocial, apunte a la reducción de los consumos de los sectores más ricos, nos parece absolutamente fundamental. No hay posibilidad de pensar la transición ecosocial si no articulamos justicia social con justicia ambiental, y sin duda el rol del Estado ecosocial es fundamental para ello.
 
Quienes hacemos “Límbica” creemos que es posible una praxis del cuidado que desafíe las lógicas del capital. ¿Cómo sostenemos la apuesta por la igualdad en un mundo donde parece legitimarse la desigualdad y la ausencia del Estado como garante de derechos? ¿Emergen en estos momentos nuevas prácticas de cuidado?
 
Por supuesto que hay numerosas expresiones desde abajo que apuntan a otras narrativas, narrativas relacionales contrahegemónicas que expresan otras formas de habitar el territorio, otros lenguajes de valoración que dan cuenta además de otros vínculos de interdependencia, de complementariedad en el marco de una acción colectiva. Y en esa línea uno podría destacar, por un lado, los movimientos ecofeministas que se están expandiendo en todo el sur global y muy particularmente en América Latina. Lo que yo llamo los feminismos ecoterritoriales del sur, que se expresan no solamente en la lucha contra los neoextractivismos sino también desarrollando experiencias de agroecología. Por ejemplo, pienso en el caso de La Verdecita en Santa Fe, también están aquellas que desarrollan viejos oficios en el marco de la crisis ecológica, como las mujeres que se convierten en brigadistas forestales. En Córdoba existe un colectivo de mujeres en las Sierras Chicas, Las Fuegas, que son mujeres que combaten los incendios, que entran y salen del fuego construyendo comunidad. No es solamente el combate contra el fuego en sí mismo, sino que también recogen semillas, cuentan historias, hacen un trabajo con la comunidad luego de los incendios. Han elaborado, por ejemplo, un nuevo protocolo de intervención que apunta a despatriarcalizar el lenguaje de los brigadistas forestales. Hay numerosas experiencias ligadas a la transición energética. En Colombia, de hecho, el gobierno impulsa los proyectos comunitarios ligados a la transición energética que, desde abajo y con un carácter muy local, implican una mayor autonomía y participación de la comunidad. Bueno, esto para dar cuenta de que efectivamente existen muchas experiencias faro en América Latina. Pero por supuesto también somos conscientes de la dificultad de escalar estos ejemplos que son absolutamente necesarios para pensar una transición, podríamos decir, a gran escala. Desde mi punto de vista es fundamental tener en cuenta, y esto lo desarrollo bastante en mi nuevo libro “Policrisis”, que estas experiencias desde abajo muestran también que es posible construir un régimen de afectividad diferente al que está planteando la extrema derecha. Un régimen que está basado no sólo en la indiferencia, sino en la crueldad, en el sufrimiento de los más vulnerables, y que plantea además un distanciamiento mayor entre los seres humanos y, por supuesto, entre humanos y no humanos. Entonces claramente ese régimen de afectividad que plantea la extrema derecha es un régimen de destrucción y de separación, mientras que los nuevos lenguajes de valoración y las prácticas que ponen en movimiento los movimientos sociales, los feminismos ecoterritoriales y también los pueblos originarios, incluyen otra afectividad, una afectividad ambiental que apunta a la cooperación, a la solidaridad y la interdependencia. Estos son los puntos de partida para pensar la sostenibilidad social y ambiental.

14 de enero de 2026

Exabruptos, confidencias y revelaciones (XXXVII)

LUDWIG VON MISES
Economista austríaco (1951)
 
“El capitalismo no puede sobrevivir a la abolición del beneficio. Son el beneficio y la pérdida los que obligan a los capitalistas a emplear su capital para prestar el mejor servicio posible a los consumidores. Son la ganancia y la pérdida las que hacen que las personas supremas en la conducción de los negocios sean las más aptas para satisfacer al público. Si se suprime el beneficio, se produce el caos. (…) Los enormes beneficios del capitalismo son la prueba del buen servicio prestado al abastecer a los consumidores. Las pérdidas son la prueba de los errores cometidos, de la incapacidad de realizar satisfactoriamente las tareas que incumben a un empresario. La riqueza de los empresarios de éxito no es la causa de la pobreza de nadie; es la consecuencia del hecho de que los consumidores están mejor abastecidos de lo que habrían estado en ausencia del esfuerzo del empresario. La penuria de millones de personas en los países atrasados no es causada por la opulencia de nadie; es el correlato del hecho de que su país carece de empresarios que hayan adquirido riquezas. El nivel de vida del hombre común es más alto en los países que cuentan con el mayor número de empresarios ricos. Es del mayor interés material de todos que el control de los factores de producción se concentre en manos de quienes saben utilizarlos de la manera más eficiente”.



AYN RAND
Filósofa y escritora estadounidense (1974)
 
“Supongamos que los nativos americanos eran salvajes inocentes, cosa que desde luego no eran. ¿Por qué luchaban y se oponían a la presencia del hombre blanco en este continente? ¿Por el derecho a continuar una existencia primitiva? ¿Por su derecho a dejar una parte de la tierra intacta, sin usar, sin siquiera tener propiedad, pero mantener a todo el mundo fuera para que puedan vivir prácticamente como animales, o tal vez un par de niveles más arriba? (…) Los aborígenes americanos no tenían el concepto de propiedad ni derechos de propiedad y deseaban continuar con una existencia primitiva. Las tribus indígenas no tenían derecho a la tierra en la que vivían porque no tenían una sociedad sedentaria y tenían 'culturas' tribales predominantemente nómadas. Cualquier hombre blanco que trajera el elemento de la civilización tenía el derecho de dominar este país”.
 
 
 
WALTER BLOCK
Economista estadounidense (1976)
 
“Quien contrata niños es tan amable y benevolente como cualquier otra persona, y está tan lleno de las virtudes de la bondad humana como los demás. Es más, la institución del trabajo infantil es honorable y poseedora de una espectacular trayectoria de buenas obras, y los malos de la película no son los que contratan niños, sino los que prohíben el mercado libre de trabajo infantil. (…) Prohibir las actividades de los vendedores de heroína daña no sólo a las partes potenciales del intercambio, sino que puede perjudicar seriamente a terceros. Un ejemplo evidente es la prohibición de las actividades del vendedor de heroína. Además de perjudicar al vendedor y al cliente, la prohibición de la venta de heroína es responsable de una alta proporción del crimen cometido en nuestra sociedad, de la corrupción policial y, en muchas áreas, del colapso general del orden público. Deberíamos considerar heroica la figura del narcotraficante. Sólo el vendedor de heroína, al actuar para bajar los precios, incluso con un riesgo personal considerable, salva vidas y alivia en cierta medida la tragedia”.
 
 
 
FRIEDRICH VON HAYEK
Economista austríaco (1978)
 
“Mi preferencia personal se inclina hacia una dictadura liberal y no hacia un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente. En los tiempos modernos ha habido numerosas instancias de gobiernos autoritarios bajo los cuales las libertades democráticas estaban más seguras que bajo las democracias. (…) Una democracia nunca puede crearse, sino debe ser el producto de la decisión autoritaria de unos pocos. Después de todo, algunas democracias han sido posibles sólo por el poder militar de algunos militares. (…) La democracia necesita de una buena limpieza por un gobierno fuerte. (…) Todo acto de gobierno tiene que hacerse sagrado y quedar exento de toda crítica. No es difícil privar de independencia de pensamiento a la gran mayoría. Pero también hay que silenciar a la minoría que conservará una inclinación hacia la crítica”.
 
 
 
JAVIER MILEI
Presidente de Argentina (2025)
 
“La mejor política pública es achicar el Estado. El Estado del bienestar es la peor forma de gastar dinero. (…) La justicia social es una cosa de ladrones. Implica un trato desigual frente a la ley precedido por un robo. (…) El capitalismo es el único sistema que es justo. El mercado es un proceso de cooperación social. (…) Una idea no necesita ser verdadera para llegar lejos, necesita ser atractiva. Nuestras armas son ni más ni menos que nuestras ideas. (…) Quiero dejar en claro una de las grandes falacias y mentiras de la política, cuando dicen esa mentira de que la obra pública genera trabajo. Eso es falso, porque hay que financiarla con impuestos o emisión monetaria que deriva en inflación. El empleo que se crea es empleo que se destruyó en otras áreas de la economía. La obra pública no genera puestos de trabajo sino impuestos. (…) A veces a los seres humanos nos gusta que nos mientan y nos prometan prosperidad a costo cero”.
 
 
 
SCOTT BESSENT
Secretario del Tesoro de Estados Unidos (2025)
 
“Argentina merece el apoyo del FMI porque el país está logrando avances reales en el cumplimiento de los índices financieros. Estados Unidos apoya los esfuerzos del FMI para ayudar al país a restablecerse financieramente. (…) Usamos nuestro balance financiero para estabilizar el gobierno de Argentina, uno de nuestros grandes aliados en América Latina, en su momento de crisis con una presión de iliquidez aguda, a corto plazo y urgente sobre la estabilidad cambiaria y financiera. No transferimos, pusimos a disposición mucho crédito, una pequeña parte fue activada e hicimos una ganancia. No se trató de un salvataje, porque en un salvataje no se gana dinero y nosotros ganamos dinero. (…) Estabilizar a un fuerte aliado estadounidense, y generar decenas de millones en ganancias para los estadounidenses, es un gran logro de la iniciativa ‘América Primero’. Marcar el rumbo para América Latina, una Argentina fuerte y estable que contribuya a consolidar un hemisferio occidental próspero, es sin duda lo mejor para nosotros”.



JOSÉ ANTONIO KAST
Presidente electo de Chile (2025)
 
“Soy una persona demócrata, soy un hombre que siempre tiene esperanza y siempre digo que la naturaleza del ser humano está de parte nuestra y que también es de sentido común. (…) El Congreso es importante, pero no tan importante como muchos creen. Tiene que iniciarse un nuevo ciclo en la política, donde se deje de lado lo políticamente correcto. (…) Nuestras ideas ya ganaron: ganaron en Estados Unidos, en Italia, en Argentina. (…) Si Pinochet estuviera vivo votaría por mí. El régimen militar fue un mal necesario para salvar a Chile del comunismo. El pinochetismo dejó a Chile un progreso económico después de cuarenta años”.



MARCO RUBIO  
Secretario de Estado de Estados Unidos (2026)
 
“Este es nuestro hemisferio. Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos y no vamos a permitir que el hemisferio occidental se convierta en una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos, no me importa lo que diga la ONU. (…) Lo que más nos importa es la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Estados Unidos, y eso es en lo que ante todo nos vamos a centrar. (…) Una de mis prioridades es asegurarme que la política extranjera de Estados Unidos sea una política en la cual es mejor ser amigo que enemigo, es garantizar que tengamos una política exterior en la que seamos fuertes y prestemos apoyo a nuestros aliados. (…) Creo que el mundo es un lugar más seguro y mejor cuando Estados Unidos es la potencia militar más fuerte del mundo”.



DONALD TRUMP
Presidente de Estados Unidos (2026)
 
“La Doctrina Monroe es algo importante, la superamos por un montón. Nos olvidamos de eso, pero ya no nos olvidaremos. La prevalencia en el hemisferio occidental ya no será dejada de lado. Bajo nuestra administración vamos a restablecer el poder de Estados Unidos en la región. Están volviendo a nosotros. Los países nos llaman, me besan el culo, están muriéndose por llegar a un acuerdo. (…) La Corte Suprema sólo tiene poder para restringir mi agenda de política interna -desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles- en determinadas circunstancias. (…) Mi único límite es mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el derecho internacional”.



ALEJANDRA MONTEOLIVA
Ministra de Seguridad Nacional de Argentina (2026)
 
“Lo que está ocurriendo en Chubut es lamentable. Estos incendios están destruyendo bosques, infraestructura y poniendo en riesgo a la población. Puede tratarse de una fogata mal apagada o de una colilla de cigarrillo, pero también de acciones deliberadas. Prender fuego no es un error: es un delito grave. En la zona se investigan hechos deliberados e intencionales para iniciar el fuego con posible vinculación a grupos terroristas autoproclamados mapuches, con antecedentes probados de atentados contra la seguridad pública y la propiedad privada, bajo la modalidad de terrorismo ambiental. (…) El Ministerio de Seguridad Nacional identificará, detendrá y llevará a la Justicia a los responsables. Cualquiera que provoque un incendio, la va a pagar, no habrá excepciones. A quienes provocaron los focos ígneos que devastan amplias zonas del sur argentino los vamos a buscar y los vamos a encontrar. Porque en Argentina, el que las hace las paga”

12 de enero de 2026

Mozart, el incansable viajero

El genial músico austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) vivió algo menos de treinta y seis años, esto es exactamente trece mil noventa y siete días, de los cuales tres mil setecientos veinte los pasó viajando, es decir, algo más de diez años. Este cálculo se basa en las estimaciones cimentadas en las numerosas cartas escritas por el propio Mozart y otros documentos auténticos que se conservan en la Internationale Stiftung Mozarteum (Fundación Mozarteum Internacional) ubicada en Salzburgo, Austria, la cual se encarga de salvaguardar el legado cultural del compositor más prolífico de la historia, autor de obras maestras como “Die hochzeit des Figaro” (Las bodas de Fígaro), “Die entführung aus dem serail” (El rapto del serrallo), “Der bestrafte wüstling oder Don Giovanni” (Don Giovanni, el libertino castigado) o “Die zauberflöte” (La flauta mágica).
Su primer viaje lo llevó a Munich y se efectuó entre el 12 de enero y el 5 de febrero de 1762, cuando Mozart tenía apenas seis años de edad. Lo hizo acompañado por su padre Leopold Mozart (1719-1787), un compositor, violinista y profesor de música que formó a su hijo en el dominio de instrumentos como el piano y el violín, su madre Anna Maria Pertl (1720-1778) y su hermana Nannerl Mozart (1751-1829), también tecladista. Allí, junto a su padre y su hermana, dio un concierto en la corte del príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico Maximilian Joseph von Bayern (1727-1777), quien gobernaría bajo el nombre de Maximiliano III a partir de 1745. Luego, acompañado por su familia, entre el 18 de septiembre de ese mismo año y el 5 de enero de 1763 viajó a Viena. También junto a su padre -por entonces violinista y compositor de la corte del arzobispo de Salzburgo Sigismund von Schrattenbach (1698-1771)- y su hermana, allí asombró a la aristocracia y la realeza al mostrar su prodigioso dominio de dichos instrumentos en un concierto dado en la corte imperial del archiduque Joseph von Österreich-Lothringen (1740-1790) quien, bajo el nombre de José II sería sucesivamente emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría y rey de Bohemia.
Apenas cinco meses más tarde emprendió el que sería su más extenso periplo. Así, el 9 de junio partió hacia París, Londres, La Haya y Munich, ciudades todas ellas en las que interpretó sonatas para violín y clavicordio. En la capital francesa la familia fue recibida en el Palacio de Versalles, donde el pequeño Mozart tuvo la oportunidad de besar la mano de la reina consorte María Leszczyńska (1703-1768). Luego, en la capital inglesa, él y su hermana tocaron para el rey George William de Hannover (1738-1820) -quien reinó a Gran Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge III- y también ofrecieron conciertos periódicos en la famosa taberna Swan and Harp Tavern ubicada en el barrio de Cornhill. Durante su estadía en Londres, con tan sólo ocho años de vida, compuso la “Sinfonie Nr. 1 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 1 en Mi bemol mayor). Poco después, en la capital de los Países Bajos deslumbró tocando el órgano y compuso su primer oratorio: “Die schuldigkeit des ersten gebotes” (La obligación del primer mandamiento).
Tras pasar otra vez por París y luego por Zúrich, el mayor núcleo urbano suizo, y por las ciudades alemanas de Donaueschingen y Múnich cosechando grandes éxitos, la familia regresó a Salzburgo el 29 de noviembre de 1766. Después de casi un año en la ciudad, padre e hijos viajaron entre el 11 de septiembre de 1767 y el 5 de enero de 1769 a Viena, a Olmütz y finalmente a Brno, donde junto a su hermana dio un concierto en el renombrado Divadlo Reduta (Teatro Reduta). Luego, entre el 13 de diciembre de este último año y el 28 de marzo de 1771, lo hicieron a Milán, Roma, Nápoles, Venecia y Bolonia. En esta última ciudad conoció al célebre músico y teórico Giovanni Battista Martini (1706-1784) y fue aceptado como miembro de la Accademia Filarmonica di Bologna (Academia Filarmónica de Bolonia), la que por entonces era considerada el centro de la erudición musical. Lo más llamativo de este nombramiento fue que a Mozart todavía le faltaban seis años para cumplir los veinte años, la edad mínima que exigía el reglamento de la institución cultural boloñesa fundada en 1666.


A Milán volvió en dos oportunidades, entre el 13 de agosto y el 15 de diciembre de 1771, y entre el 24 de octubre de 1772 y el 13 de marzo de 1773. Allí escribió la ópera “Mitridate, Re di Ponto” (Mitrídates, Rey de Ponto). Luego actuó en Viena, donde residió desde el 14 de julio hasta el 26 de septiembre de 1773. Allí, en la capital austríaca, dio un concierto en el Spiegelsaal (Salón de los Espejos) del Schloss Schönbrunn (Palacio de Schönbrunn), la residencia veraniega de la realeza, y después, entre el 6 de diciembre de 1774 y el 7 de marzo del año siguiente actuó en Munich, ciudad en la que estrenó su ópera “La finta giardiniera” (La falsa jardinera). Luego, de regreso a su ciudad natal, trabajó hasta mediados de 1777 como Konzertmeister (Maestro de conciertos) de la corte del príncipe arzobispo Hieronymus Colloredo (1732-1812) y compuso sus únicos cinco conciertos para violín y la “Symphonie Nr. 51 in D-Dur” (Sinfonía n.º 51 en Re mayor).
Viajó nuevamente a París el 14 de marzo de 1778 en compañía de su padre, quien buscó la posibilidad de establecerlo como organista y primer violinista en Versalles. Pero Mozart no estaba demasiado interesado con ese nombramiento a pesar de que la situación económica de la familia era delicada. En el mes de junio se estrenaron en París su “Sonate Nr. 8 in A-moll” (Sonata para piano n.º 8 en La menor) y su “Sinfonie Nr. 31 in D-Dur” (Sinfonía n.º 31 en Re mayor). Poco después, el 3 de julio, fallecía su madre y tras su descontento con el ofrecimiento laboral, el 26 de septiembre partió hacia Mannheim, donde se relacionó con miembros de la orquesta de la Mannheimer Schule, el círculo de músicos de la corte del conde Karl Theodor (1724-1799). Luego fue a Múnich y finalmente regresó a París el 15 de enero de 1779, donde aceptó el puesto de organista y primer violinista de la corte que le habían ofrecido.
El 5 de noviembre de 1780 partió hacia Munich, donde el 29 de enero de 1781 estrenó en el teatro Cuvilliés de la Residenz su ópera “Idomeneo, re di Creta” (Idomeneo, rey de Creta), y luego siguió viaje hacia Viena adonde llegaría el 16 de marzo de 1781 y fijaría su residencia durante dos años. Allí conoció al compositor austríaco Joseph Haydn (1732-1809), quien era considerado el “padre de la sinfonía” y el “padre del cuarteto de cuerda” gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. Con el autor de la célebre trilogía sinfónica conformada por la “Sinfonie Nr. 6 in D-Dur. Der Morgen” (Sinfonía n.º 6 en Re mayor. La mañana), la “Sinfonie Nr. 7 in C-Dur. Der Mittag” (Sinfonía n.º 7 en Do mayor. El mediodía) y la “Sinfonie Nr. 8 in G-Dur. Der Abend” (Sinfonía n.º 8 en Sol mayor. La tarde), Mozart interpretó varios cuartetos de cuerdas improvisados. En los años siguientes le dedicó seis cuartetos de cuerda conocidos actualmente como los “Haydn Quartette” (Cuartetos de Haydn).
Durante esos dos años se interiorizó en las obras de los compositores Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Georg Friedrich Händel (1685-1761) gracias al barón Gottfried Van Swieten (1733-1803), un aristócrata neerlandés que poseía una amplia biblioteca de partituras de los dos maestros. Entre las obras que Mozart estudió se encontraban los oratorios “Der triumph der zeit und der ernüchterung” (El triunfo del tiempo y del desengaño), “Die auferstehung” (La resurrección) y “Die wahl des Herkules” (La elección de Hércules) de Händel y “Das wohltemperierte klavier” (El clavecín bien temperado) de Bach. De ellos asimiló los modos de composición y los fusionó con el suyo.


Estando en Viena también contrajo matrimonio con la soprano Constanze Weber (1762-1842) con la que tendría seis hijos y quien se convertiría en una figura clave en la preservación del legado musical de su esposo. Desde Viena partió para actuar en su ciudad natal durante julio y noviembre de 1783, y allí compuso “Grosse messe in C-Moll” (Gran misa en do menor) la que, aunque inconclusa, fue estrenada en Salzburgo con su esposa como primera soprano solista. Luego pasó por Linz donde, a pedido del archiduque Johann Anton von Thun und Hohenstein (1711 - 1788), compuso en seis días la “Sinfonie Nr. 36 in C-Dur” (Sinfonía n.º 36 en Do mayor), la cual se estrenó el 4 de noviembre en la insigne sala Ballhaus dirigida por el propio compositor.
Cuatro años después viajó a Praga en dos ocasiones, entre el 9 de enero y el 8 de febrero de 1787, y entre el 1 de octubre y el 12 de noviembre del mismo año. Allí compuso la “Sinfonie Nr. 38 in D-Dur” (Sinfonía n.º 38 en Re mayor), y el 29 de octubre de 1787 estrenó con un enorme éxito la citada ópera “Don Giovanni” en el “Stavovské divadlo” (Teatro Estatal). Su padre no pudo asistir al estreno ya que había fallecido el 28 de mayo de 1787. Luego, en diciembre de ese año, fue designado a tiempo parcial -para que compusiera obras para los bailes anuales en el palacio imperial- con unos ingresos modestos por el antes mencionado emperador José II como “kammermusicus” (compositor de cámara), un puesto que había quedado vacante el mes anterior tras la muerte del compositor Christoph Willibald Gluck (1714-1787) quien fuera un gran reformista de la ópera realizando cambios muy influyentes en la música del siglo XVIII, algo notable en sus óperas “Orfeo ed Euridice” (Orfeo y Eurídice), “Iphigénie en Tauride” (Ifigenia en Táuride) y “Alceste” (Alcestes).
En esa época la guerra ruso-turca generó la reducción de las remuneraciones de todos los músicos ya que el estatus económico de la aristocracia, que los financiaba, se había reducido. Por esa razón Mozart se trasladó a mediados de 1788 junto a su esposa y sus cuatro hijos desde el centro de Viena a un alojamiento más económico en el barrio periférico de Alsergrund. Por entonces no sólo compuso la “Sinfonie Nr. 39 in Es-Dur” (Sinfonía n.º 39 en Mi bemol mayor), la “Sinfonie Nr. 40 in G-Moll” (Sinfonía n.º 40 en Sol menor) y la “Sinfonie Nr. 41 in C-Dur” (Sinfonía n.º 41 en do mayor), sino que también cada vez más frecuentemente comenzó a pedirle prestado dinero a su amigo el comerciante Johann Michael von Puchberg (1741-1822) debido a su endeble situación económica, una situación que lo sumió en una profunda depresión.
Aproximadamente en ese período, Mozart realizó una serie de largos viajes con la esperanza de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y a Fráncfort, Mannheim y otras ciudades alemanas en 1790. Estos viajes solo produjeron éxitos aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia. En Leipzig ofreció un concierto en la sala Gewandhaus, un lugar que se haría famoso en el siglo siguiente gracias a la actuación de célebres compositores como Carl Maria von Weber (1786-1826), Hector Berlioz (1803-1869), Franz Liszt (1811-1886) y Johannes Brahms (1833-1897), entre otros. En Dresde dio algunos conciertos acompañado por el organista Anton Teyber (1756-1822) y el violonchelista Anton Kraft (1749-1820), y en Berlín, según algunas versiones no fue bien recibido por el rey Friedrich Wilhelm II (1744-1797) por lo que no pudo actuar, y según otras fue invitado a componer sonatas para piano para la princesa Friederike von Preußen (1767-1820), entre las que se le adjudica la “Sonate Nr. 18 in D-Dur” (Sonata n.º 18 en Re mayor), algo que se ha puesto en duda, así como el hecho de que recibiera algún pago por ella.


Luego en Frankfurt asistió a la coronación de Leopold II von Habsburg-Lothringen (1747-1792) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y los dos conciertos para piano que dio tuvieron poca asistencia y fueron un fracaso financiero. El 24 de octubre de 1790 asistió al estreno de su ópera “Las bodas de Fígaro”. Desde el 8 de abril hasta el 4 de junio de 1789 le duró su viaje a Berlín, y desde el 23 de septiembre hasta el 10 de noviembre de 1790 su paso por Frankfurt. De todas maneras, tras su regreso a Viena, aparecieron patrocinadores que le ofrecieron pagos por sus composiciones. Por entonces compuso el “Konzert in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) y el “Requiem in d-Moll” (Réquiem en Re menor), lo que mejoró su situación económica y ya no tuvo que pedir préstamos. Fueron exitosas las presentaciones de “La flauta mágica”, de la “Kleine freimaurer kantate in C-Dur” (Pequeña cantata masónica en Do mayor) y del “Klavierkonzert Nr. 27 in B-Dur” (Concierto para piano n.º 27 en Si bemol mayor).
El 25 de agosto de 1791 partió hacia Praga, en el que sería su último viaje, que le llevó hasta el 15 de septiembre de ese año. Allí estrenó su ópera “Die milde des Titus” (La clemencia de Tito) en el Národní Divadlo (Teatro Nacional) el 6 de septiembre, unos pocos días antes de su regreso a Viena. Durante su estadía en Praga empezó a declinar su salud. No obstante ello, al regresar a Viena todavía tuvo tiempo de componer el “Konzert für klarinette in A-Dur” (Concierto para clarinete en La mayor) antes de que, en octubre, su salud empeorara y tuviese que quedarse postrado en cama, sufriendo hinchazón, dolores y vómitos. Dos meses después, pasados apenas cincuenta y cinco minutos de la medianoche del 5 de diciembre de 1791 fallecería prematuramente.
Lo más notable es que, durante el ajetreo impuesto por sus numerosos viajes, todavía le quedó tiempo para escribir seiscientas veintiséis composiciones, dejando otras inconclusas. Hay que tener en cuenta que, por entonces, las condiciones del viaje eran muy distintas a las actuales: los carruajes apenas cubrían una distancia de unos seis kilómetros por hora y tenían que hacer paradas cada veinticinco kilómetros en las postas del camino para cambiar los caballos, lo que duraba aproximadamente dos horas. Además, había que hacer frente a los malos caminos, los bandidos, los pésimos alojamientos, húmedos y sucios, aunque -como rezaba un dicho de la época- los mayores riesgos del viaje eran “el vino, las mujeres y el juego”.
A pesar de su fama y del reconocimiento de sus contemporáneos, Mozart murió a consecuencia de una dolencia renal crónica en la más absoluta miseria. Tras un funeral en la Domkirche St. Stephan (Catedral de San Esteban) su cadáver fue enterrado en una fosa común sin lápida en el Sankt Marxer Friedhof (Cementerio de San Marx) de Viena. Un biógrafo de Mozart, el historiador holandés Henrik Villen van Loon (1882-1944) en su libro “Arts” (Las artes) publicado en 1921 relató que, a causa de una lluvia torrencial durante el entierro, sus amigos no siguieron la comitiva fúnebre hasta el cementerio. Sólo un perro, “lleno de barro, sucio, se animó a seguir el cortejo hasta el cementerio, y fue, en consecuencia, el único caballero que presenció el día en que Mozart fue enterrado como un perro”.
Su amigo Joseph Haydn afirmaría tiempo después: “La posteridad no verá otra vez un talento como el de Mozart en cien años”. El 4 de septiembre de 1842 se inauguró en Salzburgo, su ciudad natal, una estatua conmemorativa realizada por el prestigioso escultor alemán Ludwig von Schwanthaler (1802-1848). La misma se encuentra ubicada en la Mozartplatz, una plaza así llamada en su honor que se encuentra ubicada en el casco antiguo de la ciudad, la cual hoy en día es una de las atracciones turísticas más famosas de Salzburgo.