30 de mayo de 2008

Hemingway, la guerra, la muerte y esas otras cosas tristes

Ernest Hemingway, uno de los más famosos escritores de la literatura norteamericana contemporánea, nació en Oak Park, Illinois, en 1899 y murió en Ketchum, Idaho, en 1961. En 1921 se instaló en París como corresponsal de prensa, y en los años siguientes viajó por Europa y frecuentó los círculos literarios de la "generación perdida". En 1926 apareció su primera novela, "The torrents of spring" (Aguas primaverales), y en ese mismo año publicó "The sun also rises" (Fiesta). De regreso a los Estados Unidos, escribió otra novela de gran éxito, "A farewell to arms" (Adiós a las armas, 1929), y el tratado taurino "Death in the afternoon" (Muerte en la tarde, 1932). Otras obras suyas son "Green hills of Africa" (Las verdes colinas de Africa, 1935), "The snows of Kilimanjaro" (Las nieves del Kilimanjaro, 1936), "To have and have not" (Tener y no tener, 1937), "For whom the bell tolls" (Por quién doblan las campanas, 1940) y "Across the river and into the trees" (Al otro lado del río y entre los árboles, 1950). "The old man and the sea" (El viejo y el mar, 1952) fue una de sus últimas obras y una de las más admiradas universalmente. Obtuvo el Premio Pulitzer en 1953 y el Premio Nobel en 1954. A su muerte dejó varios libros inéditos. En 1964 apareció "A moveable feast" (París era una fiesta), en 1967 se recogieron en el volumen "By line" (Enviado especial) sus principales artículos periodísticos y en 1970 se dio a conocer otra novela, "Islands in the stream" (Islas a la deriva). Después han aparecido sucesivamente "The Nick Adams stories" (Nick Adams, 1972), "88 poems" (88 poemas, 1979), "The dangerous summer" (El verano peligroso, 1985), "Dateline: Toronto" (Publicado en Toronto, 1985) y "The garden of Eden" (El jardín del Edén, 1986).
De su extensa producción, a veces escéptica, a veces nostalgiosa, pero siempre lacónica y emotiva, son los siguientes fragmentos:

"Imagínense lo que ocurriría si un hombre tuviese que intentar matar a la luna todos los días. La luna corre rápido. Pero imagínense ahora lo que ocurriría si un hombre tuviese que intentar matar al sol. Nacimos con suerte".

"Es una estupidez no tener esperanza. Creo que además es un pecado perder la esperanza. Pero no debo pensar en pecados. Ya tengo demasiados problemas como para ponerme a pensar en peca­dos. La verdad es que no comprendo bien qué son los pecados".

"Todos los que son buenos y firmes son alegres. Ser alegre es mucho mejor y es señal de una cosa: de que se es inmortal mien­tras se está vivo. Es algo difícil y ya no quedan muchos así. La mayoría de los luchadores joviales desapareció. Quedan poquísimos".

"Uno sabía que en el otoño se iba a poner triste. Una parte de nos­otros muere cada año, cuando las hojas caen de los árboles y sus ramas quedan desnudas, golpeadas por el viento y la luz fría e in­vernal. Pero también sabíamos que habría siempre otra primavera, así como sabíamos que el río fluiría nuevamente después de haber estado congelado. Cuando las lluvias frías continuaban durante largo tiempo y terminaban matando la primavera, era como si una criatura joven hubiese muerto sin ninguna razón".

"Cuando me siento deprimido me gusta pensar en la muerte y en las diversas maneras de morir. Y pienso que el medio más efectivo sea, probablemente, saltar de un transatlántico en la noche, a menos que se pueda encontrar un modo de morir durante el sueño. No hay duda de que, así, la cosa resultaría y, en última instancia, no parece ser una muerte muy desagradable. Habría, apenas, el instante de dar el salto, y, para mí, es muy fácil dar cualquier tipo de salto. Además, nunca terminarían de saber lo que pasó realmente; no habría autop­sia ni nadie tendría que cargar con los gastos y siempre quedaría la posibilidad de que nos concedan que fue un lamentable accidente".

"Los muertos en la guerra son, generalmente, machos de la especie humana, aun cuando eso no sea enteramente cierto en lo que atañe a los animales; así, entre los caballos, vi también, frecuentemente, yeguas. En cuanto al sexo de los muertos, el hecho es que nos habituamos tanto a que los muertos sean siempre de sexo masculino que la visión de una mujer muerta es extremadamente chocante".

"Era sorprendente que el cuerpo humano no se fragmentase a lo largo de las líneas anatómicas, sino que se dividiese tan caprichosa­mente como una bomba altamente explosiva al estallar. Además, claro, estaba la presencia de los muertos. Ellos cambian un poco de apariencia cada día, hasta que son enterrados. En las razas caucásicas se producen los siguientes cambios de color: del blanco al amarillo, después amarillo verdoso y finalmente, negro. Los muertos aumentan de volumen todos los días hasta que se vuelven demasiado grandes para sus uniformes. Luego, el pormenor que más sorprende es la cantidad de papel que suele estar desparramado en torno a los muertos. La posición en que se los deja, incluso antes de pensar en enterrarlos, depende, en suma, del lugar donde están ubicados los bolsillos del uniforme. En el ejército austríaco esos bolsillos están en la parte trasera de los pantalones. Por lo tanto, al cabo de un corto espacio de tiempo, todos los cadáveres terminan boca abajo, con el forro de los bolsi­llos hacia afuera".

"La guerra moderna es siempre planeada y desencadenada por demagogos y dictadores que juegan con el patriotismo de su pueblo, engañándolo y empujándolo a la falsa convicción de la necesidad de la guerra, esa gran falacia, cuando sus pregonadas reformas fraca­san y dejan descontento a la gente que ellos desgobiernan. Y nos­otros, en los Estados Unidos, teníamos la obligación de comprender que a ningún hombre le fue concedido, por muy noble y mejor que él sea o por más que pretenda obtener esa concesión gradualmente, el poder de llevar este país a una guerra que está siendo urdida en este momento y que se halla cada vez más cerca, premeditada como un asesinato largamente planeado. Cuando concedemos poderes a un gobernante, investido de responsabilidades ejecutivas, no sabe­mos quién va a ocupar tal cargo o quién lo va a ejercer en una época de grave crisis".