29 de julio de 2022

Entremeses literarios (CCX)

LITERATURA
Julio Torri
México (1889-1970)
 
El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores. La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales y, a pesar de todo, fascinante, mágica, sobrenatural.
 
 
REPERCUSIÓN
Roberto Perinelli
Argentina (1940)
 
Soy un adicto lector de diarios, obligado a consumir la droga todas las mañanas, mientras desayuno. Por eso estoy enterado de las noticias del mundo, de, por ejemplo, que la NASA festejó su cincuenta aniversario enviando al espacio “Across the universe”, de los Beatles.
También es por eso que no me sorprendí para nada cuando un ET (pariente, me dijo), verde, petisito, tres orejas, siete dedos, uno, el del medio, mucho más largo que los otros seis, me paró en la esquina de Diagonal Norte y Maipú para preguntarme dónde quedaba Liverpool.
 
 
SUPLICIO
Carlos Alberto Agudelo Arcila
Colombia (1956)
 
“Ambos debemos morir a la vez”, le dijo él a ella. “Recuerda que fue nuestro sagrado compromiso ayudarnos el uno al otro, el otro al uno”, repitió. “Sí, pero amo a otro y mi compromiso ahora es con él”, respondió, agregando, “Debes morir solo. Sin embargo, por fidelidad a cuanto nos dijimos, mi deber es ayudarte”. El ingenuo hombre la escuchó sorprendido. Ella caminó hasta la gaveta del nochero, extrajo el revólver, lo miró y con un poco de compasión apuntó bien. Ambos sonrieron.
 
 
ESE ES TU NOMBRE
Ornella Barraza
Argentina (1984)
 
Se inclina para ver más de cerca. En el rectángulo verde se ven unos signos. Le piden que los imite en un papel, que use su puño y trace unas líneas.
- Vamos, Pablo -dice una voz femenina, amable pero imperativa.
Toma el lápiz negriamarillo con la goma de borrar en la punta. Acomoda la posición de los dedos, hasta que encuentra la forma exacta. Hace presión, se esfuerza por copiar los signos del rectángulo verde. Le salen un poco chuecos, algo temblorosos, exagerados en las curvas. Mira el resultado ¿Qué es esto?
- Ese es tu nombre -vuelve a decir la voz femenina.
Pablo se encuentra con “Pablo”. Esos signos son instrumentos de sentido para declarar su existencia. Pablo siempre llenó con sonidos lo que no pudo entender por escrito, anhelando la suerte de su hermano, que fue a la capital con una tía y terminó el secundario. Él tuvo que dejar la escuela y quedarse a trabajar en el aserradero con su padre. Pero ahora era su turno. Siempre le molestó la frase “Nunca es tarde”, prefiere pensar que “Tarde es nunca” y que él lo logró. A sus sesenta años, está aprendiendo a leer y a escribir.
 
 
CINCO MINUTOS
Soledad Castro
Uruguay (1981)
 
Lía tiene amores de cinco minutos que comienzan con descubrir ese rostro en la masa anónima de algún subterráneo o en un café. Le lleva dos minutos enteros enamorarse perdidamente de esa mirada que no la ve. Durante el minuto de la locura se corporizan en su cabeza mil formas de irrumpir en esa vida sin destrozarle la magia. La siguiente fracción de segundo pasa ignota, mientras las ideas de conquista se van desvaneciendo. A Lía le rompen el corazón en el último minuto, abandonando un café, bajándose del subterráneo, renunciando a la cola del banco, o simplemente al doblar la esquina.
 
 
INSTRUCCIONES PARA DEPONER UN IMPERIO
Ariel Magnus
Argentina (1975)
 
Retiraron las tropas estacionadas en el mundo y devolvieron la soberanía a los países invadidos, desarticularon sus redes de espionaje y clausuraron sus prisiones clandestinas, condonaron las deudas a los países pobres y cerraron los organismos de crédito. Así fue como su moneda perdió valor y sus políticas perdieron trascendencia, limitándose a los asuntos internos. Largamente se especuló sobre por qué habían renunciado a su liderazgo sin mediar una guerra. Algunos aseguran que fue por filantropía. Los más creen que fue por agotamiento, como un Dios que tras haber deshecho todo, se retira a descansar.
 
 
LA PLUMA
Antonio Fernández Molina
España (1927-2005)
 
Había escrito varias hojas de papel cuando advirtió que desde hacía un rato la pluma escribía con tinta roja. Siguió adelante y un poco después aquella tinta le pareció sangre. Y era sangre en efecto. Pero continuó porque tenía ideas felices y las palabras fluían con naturalidad. Así siguió hasta redondear lo escrito al tiempo de acabársele la sangre a la pluma y caer muerta entre sus dedos.
 
 
EL DILUVIO
Patricia Calvelo
Argentina (1970)
 
Luego de largos meses de durísima labor y un poco descanso, han concluido la magnífica arca. El anciano da cientos de instrucciones a todos acerca de cómo, cuando, por que, para que y con que hay que llenarla. Su boca no cesa de proferir advertencias y amenazas. Finalmente, el aprovisionamiento se ha llevado a cabo.
Entran dos en dos en la inmensa embarcación: “¡una pareja de cada especie!” grita incansable el patriarca. En el séptimo día, cuando hasta el último detalle ha sido cumplido al pie de la letra, cierran el arca con la sensación del deber cumplido. Han dejado al viejo en tierra y, con las primeras gotas, ven con satisfacción como se ahoga en su propio diluvio.
 
 
PELO DE PERRO
Lydia Davis
Estados Unidos (1947)
 
El perro se ha ido. Lo echamos de menos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde a casa, no hay nadie esperándonos. Seguimos encontrándonos pelos blancos aquí y allá por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos la esperanza de que si recogemos suficiente pelo, seremos capaces de recomponer al perro.
 
 
PASIÓN SECRETA
Antonio Toribios
España (1960)
 
“A la oportunidad la pintan calva”, decía siempre mi abuela. Nunca entendí el significado estricto de la frase, pero sí su sentido figurado. Y yo vi la brecha precisa para colarme en la felicidad el día que conocí a Fuencisla. Fue en la cafetería de Derecho, donde había entrado de casualidad. Me sumergí en sus ojos y aún no he emergido. Que mi pasión fuera la Ciencia y detestara las leyes y los códigos no fue un obstáculo. Ella soñaba con un abogado y no era cuestión de defraudarla. Así que cogí con ganas el derecho positivo y aprendí a discriminar pruebas, a escribir alegatos y a poner de relieve la desigualdad de mis clientes. A escondidas colaboraba con un laboratorio. Que descubriese  yo la vacuna fue pura suerte. Lo malo es que ahora me llaman de Estocolmo y no sé cómo decirle la verdad.