2 de marzo de 2026

Exabruptos, confidencias y revelaciones (XXXVIII)

ÁLVARO ASOGARAY
Ministro de Economía de Argentina (1959)
 
"Lamentablemente, nuestro punto de partida es muy bajo. Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública. Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendiente que recorremos desde hace ya más de diez años. (…) Se ha cometido un error en definir a este programa como un programa de austeridad, dejando que cada uno de los habitantes del país viva como pueda y como quiera. Las medidas en curso permiten que podamos hoy lanzar una nueva fórmula: ‘Hay que pasar el invierno’".

 
 
JOSÉ A. MARTÍNEZ DE HOZ
Ministro de Economía de Argentina (1976)
 
"El presente programa es un conjunto coherente e inseparable. En el pasado, muchos de los intentos de saneamiento y recuperación económico-financiero del país han fracasado por haberse encarado únicamente aspectos parciales del problema. (…) No es factible pensar que puedan tener vigencia las condiciones ideales de libre contratación entre la parte obrera y la empresarial para la fijación del nivel de los salarios; debe, pues, suspenderse toda actividad de negociación salarial entre los sindicatos y los empresarios, así como todo proceso de reajuste automático de salarios de acuerdo con índices preestablecidos. Será el Estado el que establecerá periódicamente el aumento que deberán tener los salarios”.

 
 
DOMINGO CAVALLO
Ministro de Economía de Argentina (1991)
 
“El peso, que a partir del primero de enero valdrá igual que el dólar, es una ment…  moneda destinada a perdurar con ese valor por muchos años. Me atrevo a decir, por décadas. Con la convertibilidad, habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina. (…) El valor de nuestra moneda está sin dudas perfectamente asegurada y nadie tiene que temer por la evolución futura de la paridad cambiaria. La Argentina es un país donde no se puede evadir. No hay que temer a pedir prestado en dólares”.

 
 
FERNANDO DE LA RÚA
Presidente de Argentina (2000)
 
"Aquí no hay crisis ni problemas. La Argentina es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. Yo voy a terminar con esta fiesta para unos pocos. Viene una Argentina distinta, la Argentina del respeto, la Argentina de las reglas claras, la de la dignidad, la del trabajo, que va a educar a nuestros hijos, que va a proteger a la familia, que va a encarcelar a los delincuentes y corruptos. Y al que le aburra, que se vaya. No quiero un pueblo sufriendo mientras algunos pocos se divierten, quiero un país alegre, quiero un pueblo feliz. (…) El 2001 será un gran año para todos. ¡Qué lindo es dar buenas noticias!".

 
 
JAVIER MILEI
Presidente de Argentina (2026)
 
“El gobierno de Donald Trump acudió en ayuda de nuestro país. Esa ayuda no fue por cuestiones económicas, sino para defendernos del embate desestabilizador. Nuestra ambición reformista no busca acumular poder, nunca será un ‘vamos por todo’. La receta que precisa la Argentina es la reducción del tamaño del Estado. (…) Se habla de apertura indiscriminada, cuando Argentina es el país más cerrado para su nivel de PBI. Cuando uno abre la economía, ingresan bienes de mejor calidad a mejor precio. Si la empresa local, quiebra y despide, el consumidor ahorra dinero que usará para comprar otros bienes de otro sector. (…) La verdadera batalla es filosófica y cultural, para dejar de ser una nación inmadura y planificar reglas para el presente y el futuro. Tenemos la fuerza para empezar un nuevo capítulo de la historia argentina. Este es el año de la grandeza”.

 
 
PATRICIA BULLRICH
Senadora Nacional de Argentina (2026)
 
“La ley de reforma laboral es una ley muy importante, muy buena, que genera un equilibrio que hasta el día de hoy no lo teníamos entre las empresas y los trabajadores. Es una ley que nos va a dar una oportunidad de acompañar con otras cosas, porque las normas laborales no crean empleo por sí; lo que hace esta ley es facilitar que el empleador no piense que contratar un trabajador es ganarse un problema. (…) Queremos que los derechos de los trabajadores no sean propiedad de una casta, de un grupo. En los gobiernos anteriores, en nombre de los trabajadores se mandó a la informalidad a miles y miles. Eso es una estafa moral que nosotros vamos a corregir con esta ley, para darle previsibilidad a las empresas y a los trabajadores. (…) Esta reforma envía señales claras. Argentina quiere volver a crecer. Hoy los trabajadores quieren trabajar con más libertad”.

 
 
LUIS CAPUTO
Ministro de Economía de Argentina (2026)
 
“Todo lo que está haciendo este gobierno son cambios de raíz, estructurales, de impacto y de largo plazo. La ley de reforma laboral es enorme. La baja del costo laboral será muy grande. Los lineamientos son conocidos. Desde Economía le incorporaremos algunos lineamientos que van a incentivar como bajar las cargas patronales y cambiarlos por un fondo de ceses, para que a los empleadores no les cueste más plata, pero que tengan mayor certidumbre en cuanto a que va a haber una disminución de sus costos y de la litigiosidad. (…) Cuanto más rápido convenzamos a los argentinos, a los empresarios más rápido va a llegar a la gente la mejora económica. Más inversión es más trabajo y mejores salarios. (…) Y una muy buena noticia: el gobierno sigue bajando la presión fiscal. Esto es casi lo más importante de la ley. Les bajamos las cargas patronales un 85% para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. ¡No salgo de mi asombro!”.

 
 
JULIO CORDERO
Secretario de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina (2026)
 
“La modernización laboral que presentamos en el Senado tiene como primer beneficio la creación de empleo. No hay pérdidas de derechos de los trabajadores, esta ley mantiene y refuerza las garantías esenciales del sector. Su objetivo central es ordenar elementos que han sido distorsionados con el tiempo para respetar y fortalecer los derechos esenciales de los trabajadores. La ley procura ordenar el sistema laboral para que todos -trabajadores, empleadores y organizaciones gremiales- se beneficien dentro de un esquema que busca el desarrollo colectivo de Argentina. El espíritu de esta norma es devolverle al trabajador la potestad de decidir sobre su propia vida, mediante acuerdos en el marco legal. (…) El que quiera trabajar más, trabajará más y ganará más porque trabaja más. El que quiere trabajar menos, trabajará menos. No se reducen las indemnizaciones por despidos, se ordenan. No hay un sólo lugar donde haya un detrimento de los derechos esenciales de los trabajadores. Por el contrario, se fortalecen”.

 
 
MAURICIO MACRI
Ex presidente de Argentina (2026)
 
“El mundo está cada día mejor y los pobres de hoy viven igual o mejor que un rey de hace cien años porque tiene cloacas, agua corriente, acceso al transporte público y a la educación pública, O sea, en los lugares donde las cosas funcionan. (…) La enorme insatisfacción social que existe está vinculada a las expectativas de consumo porque muchas personas corren detrás de lo que creen que deberían tener, y esa percepción influye en la evaluación negativa de la realidad económica contemporánea”.

 
 
DONALD TRUMP
Presidente de Estados Unidos (2026)
 
“El Ártico es clave para la seguridad económica y estratégica de Estados Unidos. Es muy estratégica en este momento. Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional, y Dinamarca no va a poder hacerlo. (…) Vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no. De una manera u otra, vamos a tener Groenlandia. (…) Después de muchos, muchos años, hemos tenido muchos años de lidiar con Cuba. Vengo escuchando hablar de Cuba desde que era pequeño. Están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen comida, no tienen nada. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma de control amistosa y controlada de Cuba”.

25 de febrero de 2026

Albert Camus: "La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa"

El escritor y filósofo Albert Camus (1913-1960) nació en Argelia cuando el país africano estaba bajo dominio francés. Su padre era un modesto agricultor galo que falleció durante la Primera Guerra Mundial en la batalla del Marne a los pocos meses de su nacimiento, y su madre era una mujer analfabeta de origen español. Su niñez transcurrió en uno de los barrios más pobres de Argel con ausencia absoluta de libros y revistas. Gracias a una beca que recibían los hijos de las víctimas de la guerra, pudo comenzar a estudiar y a tener los primeros contactos con los libros. En medio de dificultades económicas, cursó su primaria y culminó el bachillerato. Muy aplicado en los estudios, una vez terminada la educación secundaria -donde se interiorizó en la obra de filósofos como Arthur Schopenhauer (1788-1860) y Friedrich Nietzsche (1844-1900)- consiguió una beca para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Argel mientras trabajaba en diversos oficios. Allí se graduó con una tesis sobre la relación entre el pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino de Licópolis (204-270) y Agustín de Hipona (354-430).
Siendo muy joven contrajo tuberculosis, lo que no le impidió comenzar a escribir y ligarse a movimientos políticos de izquierda. Sus primeros textos fueron publicados en la revista “Sud” en 1932. Dos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, trabajó como corresponsal en el periódico “Alger Républicain” -órgano de la coalición de partidos políticos de izquierda franceses llamado Frente Popular- viajando por diversos países de Europa. Las impresiones recogidas durante esos viajes las plasmó en “L'envers at l'endroit” (El revés y el derecho) y “Noces” (Bodas). Allí también publicó artículos en los que denunció los crímenes cometidos por las tropas enviadas por el presidente francés Albert Lebrun (1871-1950) contra los musulmanes en Cabilia, la región ubicada en el norte de Argelia en la costa del Mar Mediterráneo, los cuales recogió en “Misére de la Kabylie” (La miseria de la Cabilia). En 1939 se presentó al ejército como voluntario, pero no lo aceptaron por su delicada salud. Al año siguiente, debido a las presiones políticas que comenzó a sufrir cuando el gobierno argelino prohibió la publicación del diario, viajó a París donde trabajó primero como redactor y luego como secretario de redacción del diario “Paris Soir”. Gran amante del teatro, creó, dirigió y actuó en una compañía llamada “Theatre du Travail”, la que luego pasó a llamarse “Theatre de l'Equipe”, una entidad formada por actores aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores.
Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Resistencia y dirigió el periódico “Combat”. Vinculado al denominado movimiento libertario y miembro de la Fédération Anarchiste, comenzó a escribir en publicaciones anarquistas como “Le Monde Libertaire” y “Le Révolution Proletarienne”. Su obra literaria comenzó ligada al existencialismo, como se aprecia en “L'étranger” (El extranjero), aunque luego fue alejándose tanto del marxismo como del existencialismo y se opuso también al cristianismo cultivando lo que llamó la “Filosofía del absurdo”. En los primeros años de la década del '40 escribió el ensayo “Le mythe de Sisyphe” (El mito de Sísifo)", y las obras teatrales “Le malentendu” (El malentendido) y “Caligula” (Calígula). La novela “La peste” (La peste), una alegoría sobre la ocupación nazi publicada en 1947, le valió el reconocimiento de la crítica y el público. Más tarde examinó la ideología y las formas revolucionarias en el ensayo “L'homme révolté” (El hombre rebelde).
En agosto de 1949, su editor le propuso que visitara la Argentina. En Buenos Aires tenía una admiradora que era también su traductora, Victoria Ocampo (1890-1979). La fundadora y editora de la revista “Sur” había traducido y publicado en esa revista el drama “Calígula” y lo invitó a dar algunas conferencias. Pero su salud, afectada por la tuberculosis, le impidió realizarlas. Por esa razón pasó sólo dos días en Buenos Aires, más precisamente en la residencial mansión que la familia Ocampo tenía en la localidad de Beccar, en el partido de San Isidro situado en la zona norte del Gran Buenos Aires. Allí, junto a su anfitriona escuchó óperas del compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) y leyó poemas del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867). Tiempo después escribió en su diario de viaje: “Hay paz, provisional, en esta casa”. Fue su único comentario sobre su experiencia en la Argentina.
Ya en plena década del '50, mientras trabajaba como periodista en el periódico “L'Express” escribió “La chute” (La caída), un largo monólogo en el que ejerció tanto la autocrítica como la crítica de la sociedad de su tiempo, y “Réflexions sur la guillotine” (Reflexiones sobre la guillotina), ensayo en el que denunció la pena de muerte. También publicó sus crónicas periodísticas bajo el título “Chroniques alegeriennes” (Crónicas argelinas) y tradujo al francés las obras teatrales “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1562-1635) y “La devoción de la cruz” de Pedro Calderón de la Barca. Otras obras importantes de Camus a partir de entonces fueron “L'été” (El verano) y “L'exil et le royaume” (El exilio y el reino), dejando al momento de su prematura muerte dos novelas inconclusas que serían publicadas póstumamente: “Le premier homme” (El primer hombre) y “La mort heureuse” (Una muerte feliz).
A Albert Camus la Academia Sueca le concedió en 1957 el máximo galardón de las letras, el Premio Nobel de Literatura, “por el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de la actualidad”. En su discurso de aceptación del premio recalcó: “Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que se corre el riesgo de que nuestros grandes inquisidores establezcan para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la Alianza”.
Esta condecoración se produjo apenas tres años antes de que muriera en un accidente en la Route Nationale 5 a la altura de la pequeña localidad de Villeblevin ubicada en Sens, el distrito localizado en el departamento de Yonne de la región de Borgoña. Camus había celebrado el año nuevo de 1960 en su casa de Lourmarin en la región de Provenza en compañía de su editor y amigo Michel Gallimard (1917-1960). En la mañana del 4 de enero ambos se dirigían a París y en el trayecto, cerca de las 14 hs. poco después de atravesar la comuna de Pont-sur-Yonne, el coche conducido por Gallimard chocó contra un árbol. Camus, que iba en el asiento del copiloto, murió en el acto, mientras que el director de la casa editorial Éditions Gallimard quedó gravemente herido y falleció cinco días después. Así, prematuramente, el mundo se despidió del gran filósofo que alguna vez había dicho que “juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida es responder la pregunta fundamental de la filosofía”. Para él, la vida debía ser transitada a pesar o en convivencia con el absurdo existencial que impone.


En el ejemplar del día de Navidad de 1951, el periódico francés “Le Progrés de Lyon” publicó la siguiente entrevista a Camus en la que el escritor filosofó sobre el odio y la mentira, dos sustantivos que hoy en día bien podrían aplicarse a una buena parte de las sociedades que habitan el mundo globalizado. Viendo la situación actual de la humanidad, es muy probable que el filósofo alemán Georg W. F. Hegel (1770-1831) tuviese razón cuando, cien años atrás, decía en su “Vorlesungen über die philosophie der geschichte” (Lecciones sobre la filosofía de la historia) que “Lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos nada de la historia”.
 
¿Cree usted lógico relacionar las palabras “odio” y “mentira”?
 
El odio es en sí mismo una mentira. Se calla instintivamente con relación a toda una parte del hombre. Niega lo que "en cualquier hombre" merece compasión. Miente, pues, esencialmente, sobre el orden de las cosas. La mentira es más sutil. Sucede incluso que se miente sin odio, por simple amor a uno mismo. Todo hombre que odia, por el contrario, se detesta a sí mismo, en cierto modo. No hay, pues, un lazo lógico entre la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira.
 
En el mundo actual, presa de las exasperaciones internacionales, ¿no toma el odio frecuentemente la máscara de la mentira? ¿Y no es la mentira una de las mejores armas del odio, quizá la más pérfida y la más peligrosa?
 
El odio no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma. No se puede odiar sin mentir. E inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio por la compasión. De diez periódicos, en el mundo actual, nueve mienten más o menos (que no tiene nada que ver con la neutralidad). Es que en grados diferentes son portavoces del odio y de la ceguera. Cuanto mejor odian, más mienten. La prensa mundial, con algunas excepciones, no conoce hoy otra jerarquía. A falta de otra cosa, mi simpatía va hacia esos, escasos, que mienten menos porque odian mal.
 
Rostros actuales del odio en el mundo. ¿Los hay nuevos, propios de las doctrinas o de las circunstancias?
 
Por supuesto, el siglo XX no ha inventado el odio. Pero cultiva una variante particular que se llama el odio frío, en maridaje con las matemáticas y las grandes cifras. La diferencia entre la matanza de los Inocentes y nuestros ajustes de cuentas es una diferencia de escala. ¿Sabe usted que, en veinticinco años, desde 1922 a 1947, setenta millones de europeos, hombres, mujeres y niños, han sido privados de hogar, deportados o matados? He ahí en lo que se ha convertido la tierra del humanismo, que, a pesar de todas las protestas, es como debemos seguir llamando a esta vergonzosa Europa.
 
¿Importancia privilegiada de la mentira?
 
Su importancia proviene de que ninguna virtud puede aliarse con ella sin perecer. El privilegio de la mentira es que siempre vence al que pretende servirse de ella. Por ello los servidores de Dios y amantes del hombre traicionan a Dios y al hombre desde el momento que consienten en la mentira por razones que creen superiores. No, ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira. La mentira, a veces, hace vivir, pero nunca eleva. La verdadera aristocracia, por ejemplo, no consiste en primer lugar en batirse en duelo. Consiste, en primer lugar, en no mentir. La justicia, por su parte, no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.
 
¿Asistimos a una regresión del amor y de la verdad?
 
En apariencia, hoy todo el mundo ama a la humanidad (del mismo modo que uno puede amar que le sirvan un filete de ternera poco hecho) y todo el mundo posee una verdad. Pero es el extremo de una decadencia. La verdad pulula sobre sus hijos asesinados.
 
¿Dónde están los “justos” en el momento actual?
 
La mayor parte, en las prisiones y en los campos de concentración. Pero también están allí los hombres libres. Los verdaderos esclavos están en otra parte, dictando sus órdenes al mundo.
 
¿En las circunstancias actuales, no podría ser la fiesta de Navidad un motivo para reflexionar sobre la idea de una tregua?
 
¿Y por qué esperar a Navidad? La muerte y la resurrección son de todos los días. De todos los días son también la injusticia y la verdadera rebelión.
 
¿Cree usted en la posibilidad de una tregua? ¿De qué clase?
 
La que obtendremos al término de una resistencia sin tregua.
 
Usted ha escrito en “El mito de Sísifo”: “No hay más que una acción útil: la que rehiciese al hombre y a la tierra. Yo no reharé jamás a los hombres. Pero hay que hacer ‘como si’”. ¿Cómo desarrollaría usted hoy esta idea en el marco de nuestra entrevista?
 
Yo era entonces mucho más pesimista de lo que soy ahora. Es cierto que nosotros no reharemos a los hombres. Pero no los rebajaremos. Por el contrario, los levantaremos un poco a fuerza de obstinación, de lucha contra la injusticia, en nosotros mismos y en los demás. No nos ha sido prometida el alba de la verdad; no hay contrato, como dice Louis Guilloux. Pero está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. En efecto: nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán.