9 de julio de 2012

John Saxe Fernández. La globalización, el poder y la educación superior (3)


Dentro del contexto de la privatización y desnacionalización de la infraestructura y las arcas públicas del Sur en beneficio de algunas bien identificables multinacionales del Norte, cabe señalar -afirma John Saxe Fernández- "que al fomentar el espíritu empresarial en la Universidad, el BM está de fondo proponiendo la reducción del escaso poder que le queda a la academia y a los científicos en la definición de los planes de estudios y la agenda de desarrollo científico y tecnológico. Ahora es el 'mercado' el que decide sin importar si hay un divorcio entre los problemas que afectan a nuestros pueblos y las agendas nacionales de desarrollo científico-tecnológico". "En este panorama -agrega- conviene puntualizar que la sabiduría convencional, como la del BM, está constantemente usando un código lingüístico para encubrir los actores que están detrás de las denominadas 'fuerzas del mercado' y el negocio que ésas están haciendo. Como lo ha indicado James Petras, el 'mercado' no demanda ni exige, son las cúpulas de los organismos financieros como el BM, los capitalistas, los ejecutivos empresariales, los que lo hacen". Según el BM, "una gran confianza en las señales del mercado proporciona un cambio en la operatividad del poder de toma de decisiones no sólo desde el gobierno, pero también desde las instituciones de educación superior -y especialmente en la academia- hacia el consumidor o cliente, sea estudiante, empresa o el público en general". Esto debe ser visto como la campaña del BM contra la Universidad tradicional y el supuesto "exceso de poder del profesorado" con la meta final de mercantilizar la educación superior bajo la argumentación de "la búsqueda de la calidad y la eficiencia". Para lograr la mencionada calidad y eficiencia de la educación superior, el BM asegura que se requiere "una gran productividad", puntualizando que "el principal problema de productividad en la educación superior se debe no tanto a los costos excesivos (sic) sino al insuficiente aprendizaje". "Por lo tanto -afirma Saxe Fernández- el siguiente paso, según el BM, es comprometer el presupuesto de las universidades a la evaluación, comercialmente verificable, de su rendimiento. Ello supone mediciones en base indicadores estandarizados que se enfoquen en criterios de interés para el 'mercado', es decir, primordialmente de los requerimientos del empresariado nacional y extranjero". Irónicamente, mientras la crisis económica se recrudece y los salarios disminuyen hasta un punto insostenible, la tendencia de privatizar la educación superior está reduciendo dramáticamente la matrícula porque las opciones públicas se están convirtiendo en opciones limitadas. Al colocar a las instituciones privadas como la alternativa restante, la educación superior está trocando en mercancía que sólo puede ser adquirida por la clase alta y parcialmente por la clase media. Es un escenario en el que el sistema de evaluación estandarizado puede ser comprendido mejor porque claramente responde a la necesidad capitalista de clasificar jerárquicamente a la fuerza de trabajo en relación al monto que el cliente (el estudiante) estuvo "dispuesto" a pagar. En una formulación que retrata su esquizofrenia, si no es que cinismo, el BM admite que en América Latina "las estadísticas indican que la proporción de estudiantes atendiendo instituciones privadas se ha duplicado en los últimos quince años. Pero, al mismo tiempo la proporción de gente que está siendo educada a nivel nacional viene cayendo a un ritmo preocupante". A lo anterior se suman otros mecanismos para vincular las universidades -e incluso a algunas instituciones de educación media y básica- con el empresariado. Muchos son los casos en los que el sector privado ya presta algunos servicios y/o financia centros informáticos, bibliotecas u otro tipo de infraestructura. La privatización del desarrollo de la ciencia y la tecnología es un factor que rebasa el ámbito previamente señalado ya que implica un cambio profundo al impulsarlas hacia el cumplimiento de las "exigencias del mercado". El resultado ha sido no sólo la privatización de la ciencia y la tecnología desarrollada en universidades públicas a través de la venta o cesión de derechos de patentes, sino también la desnacionalización de cualquier avance científico-tecnológico que el Sur logre.

LAS CORPORACIONES MULTINACIONALES, EL PODER Y LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Es en un contexto de poder derivado de la colaboración estrecha entre el Estado y la corporación y no en medio de discursos fáciles y eufóricos sobre la "globalización" o de frases como "reformas de mercado", que es posible proceder a una evaluación seria y objetiva en torno a los intentos del aparato corporativo, especialmente el de Estados Unidos, para incidir, por medio de instrumentos como el Banco Mundial, en el proceso de toma de decisiones en la educación superior, ciertamente un sector estratégico para el presente y el futuro de nuestros países. Los organismos financieros (BM y FMI), en los hechos, fungen como instrumentos de proyección de poder del Ejecutivo estadounidense en América Latina, promoviendo programas de ajuste estructural y de privatizaciones a ultranza del sector público, incluida la educación pública media superior y de la docencia e investigación de la educación superior, todo en nombre de la mano invisible del "mercado global", por lo visto, una expresión secularizada de Dios. Esta "proyección de poder" se materializa en el campo de la educación e investigación universitaria en nuestros países en un masivo esfuerzo por introducir y colocar como factor hegemónico los valores, los intereses y las prácticas de la clase empresarial y del mundo de los negocios por encima de los ideales genuinos de la educación superior, como la curiosidad científica, la investigación básica y la docencia desinteresada realizados en función de los intereses mayores de la Nación. 
Por ejemplo, el Banco Mundial en un documento intitulado "Financiamiento y administración de la educación superior. Reporte sobre el estatus de las reformas en el mundo", explica que la agenda para la reforma educativa (un eufemismo, porque estamos en presencia de una regresión histórica de enorme magnitud), "está orientada por el mercado más que por la propiedad pública o por el planeamiento y la regulación gubernamentales". Luego agrega que "la dominación, en casi todo el mundo, del capitalismo de mercado y los principios de la economía neoliberal se encuentran en la base de la orientación por el mercado de la educación media y superior". Los conceptos fundamentales de la agenda del BM para la docencia y la investigación universitarias son, entonces, la privatización, la desregulación y la orientación por el mercado. Esta última frase, debe traducirse como "orientación por parte de los intereses empresariales, foráneos y domésticos, institucionalmente articulados por la corporación multinacional y los instrumentos de proyección de poder del Estado imperial". En la ruta de instrumentación de esta agenda de "reforma" se ha puesto en claro que los problemas que hay que resolver son la Universidad tradicional, en general, y los miembros del personal académico, en particular. Se trata de una verdadera declaración de guerra a la Universidad y al cuerpo docente y de investigación que aleja las funciones universitarias del interés público nacional, dirigiéndolas al servicio del aparato corporativo, fundamentalmente extranjero.
El propósito al hacer de la educación superior algo completamente autofinanciable, es en los hechos, despojar a la población latinoamericana de la educación pública, gratuita y obligatoria, aumentando, por la vía de la privatización de la enseñanza y la investigación, la carga a la sociedad, liberando por así decirlo, al gasto público, que como sabemos es desviado de manera creciente al gasto no productivo, es decir, para acrecentar el papel tributario de nuestras economías, ya sea por medio del servicio de la deuda externa o del subsidio a sectores parasitarios como el de la especulación bancaria. Estos son los criterios adoptados por las agencias que promueven y financian la investigación universitaria en América Latina, transformándose en mecanismos normativos por medio de los que, el Banco Mundial y esas agencias inciden de manera significativa si no determinante, en la agenda de la investigación universitaria en el campo tanto de las ciencias naturales como de las sociales, reduciendo, pedazo a pedazo, área tras área, la autonomía universitaria. Pero el problema no se limita a que el Banco Mundial debilite la capacidad de definir la agenda de investigación por parte de los cuerpos académicos y científicos de América Latina que operan desde las universidades públicas sino que, más grave aún, una porción significativa de esa agenda es apartada de los temas o de problemas que afectan a nuestras sociedades, de tal suerte que, por la vía del financiamiento y la imposición de las políticas "de mercado" sea incautada por las fuerzas empresariales que articulan y definen los parámetros de acción de las "fuerzas del mercado". El encubrimiento linguísitico sobre este fenómeno es amplio porque el Banco Mundial presenta todo este esquema como resultado de las exigencias de la globalización, del "mercado global" ante las que no hay opción.
La universidad pública es una institución de Estado, la única dedicada a la compleja acción civilizadora que comprende la formación de profesionales e intelectuales especializados en la creación, la actualización y la expansión de todas las ramas del conocimiento y del arte. Está formada en la tradición de los gremios del trabajo intelectual originados en la universitas medieval, y tiene sus propias historias locales como corporaciones del saber integradas en su interior como federaciones de corporaciones más limitadas y singularizadas conforme a sus campos, sus tareas y sus propias jerarquías académicas y burocráticas. Al respecto cabe recordar la advertencia hecha por Thorstein Veblen en 1908, iniciado apenas el siglo XX, al advertir que la incorporación de los principios de mercado transformarían a la docencia y la investigación en "mera mercancía, a ser producida, evaluada, comprada y vendida". Aquí las implicaciones son graves. Porque no sólo se coloca a la empresa multinacional como el agente que define qué se investiga, sino también cómo se investiga y qué no debe investigarse. Esto se hace por medio de los entes usados para promover y financiar la investigación universitaria ahora dominada por los conceptos neoliberales del "mercado", de tal suerte que el investigador que desee hacer investigación debe ajustarse a los parámetros sentados por el aparato corporativo. Se trata de la injerencia de entes extranjeros dada la comprobada falta de iniciativa e interés mostrada históricamente por el empresariado latinoamericano en el fomento de una base nacional de investigación y desarrollo.
Aunque la adopción de los valores empresariales ha sido algo endémico en el sistema universitario de Estados Unidos, algo señalado y criticado por Veblen y Mills, el hecho es que actualmente la Universidad pública de la potencia norteña está siendo sometida a mayores presiones que están minando los propósitos de aprendizaje, desde dentro de las mismas instituciones. Ya Veblen había notado que la Universidad estadounidense había fracasado en su deber moral no sólo ante sí misma sino también ante la misma civilización que la había concebido y nutrido, y C. Wright Mills y posteriormente autores como Seymour Melman advirtieron sobre el impacto negativo que conllevaba para el requerido impulso de la investigación básica y desinteresada el reciente peso del sector bélico-industrial estadounidense en el financiamiento de la investigación universitaria. Hoy en día cerca del 50% de toda la investigación que se realiza en Estados Unidos tiene algún tipo de vinculación al aparato de seguridad nacional. Entiéndase bien que, tal y como se refleja en las observaciones de C. Wright Mills, la simbiosis entre la gran corporación privada y el aparato bélico y de seguridad es profunda. Tanto en los contratos entre las universidades con el Departamento de Defensa como en los que se formalizan con las grandes firmas -farmaceúticas, industriales, etc-, prevalece la norma del sigilo; en el primer caso por razones de "seguridad militar" y en el segundo, como un requisito de la empresa que financia la investigación para mantener cualquier descubrimiento bajo su estricto control hasta que se posesione de la respectiva patente y ello, desde luego, de cara a la competencia. En ambos casos es puesto en entredicho el principio de uso universal y público del conocimiento generado por la investigación científica.
"En una era en la que las ideas son fundamentales para la economía", dicen los analistas estadounidenses Eyal Press y Jennifer Washburn, las universidades inevitablemente jugarán un papel en el desarrollo. Pero, ¿debemos permitir que las fuerzas comerciales determinen la misión y los ideales académicos? En la educación superior hoy en día las corporaciones no sólo financian una creciente porción de la investigación sino que frecuentemente dictan los términos en los que la investigación debe ser dirigida. Muchas universidades con presupuestos limitados invierten sus recursos en campos de investigación con orientación comercial mientras disminuyen los recursos a los departamentos de humanidades y a la docencia". Los planteamientos, eufemismos y gimnasia lingüística de la tecnocracia del Banco Mundial -adoptada como propios por nuestros presidentes y ministerios de educación- tratan de colocar los intereses del alto capital en definiciones fundamentales en torno a la docencia y la investigación en nuestros países -cuyo destino es planteado por estos altos círculos- en un contexto de dominio de corte colonial, impulsándose así la explotación global de la fuerza de trabajo por medio de la máquina de los procesos productivos y la cooptación, orientación y explotación de nuestro cuerpo de investigación y desarrollo. También por medio de maquilladoras que acentuarían la postración colonial y desplazarían la conciencia, la función social de impulso a la equidad y la guía que nuestros pueblos esperan y exigen de la Universidad pública latinoamericana.