22 de julio de 2026

Alejandro Horowicz: “Estamos en una sociedad en caída libre, no hay muchas sociedades en el mundo homologables a la sociedad argentina” (2/2)

Alejandro Horowicz ha participado en numerosas antologías tanto como autor en varias ocasiones, y como editor y compilador en otras. Entre estas obras pueden mencionarse “¡Libertad, muera el tirano!”, “Posjudaísmo. Debates sobre lo judío en el siglo XXI”, “La batalla por la renta”, “Conversaciones ante la máquina. Para salir del consenso desarrollista”, “Qué queda de los cuatro peronismos” y “Plaza Tomada. ¿Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de octubre?”, obras todas ellas en las que participaron prestigiosos historiadores, sociólogos, filósofos, escritores, antropólogos y críticos literarios. Entre ellos, por citar sólo algunos de la extensa nómina, figuran León Rozitchner (1924-2011), Norberto Galasso (1936), Daniel Muchnik (1941-2021), Silvia Bleichmar (1944-2007), Horacio González (1944-2021), Tomás Abraham (1946), Eduardo Gruner (1946), Gabriela Massuh (1951), Rita Segato (1951), Elsa Drucaroff (1957), Ricardo Forster (1957), Luis Chitarroni (1958-2023), Felipe Pigna (1959), Dardo Scavino (1964), María Pía López (1969) y Macarena Marey (1978).


Quien alguna vez expresó que “las ganancias son privadas, las pérdidas son de todos, hay un socialismo al revés”, recalca en la segunda parte del compendio de entrevistas la mutación de la Argentina desde un país productivo y con mercado interno a una nación signada por la reprimarización, el endeudamiento externo cíclico y la fuga de capitales, un proceso de reorganización económica estructural que sigue operando bajo la piel de la democracia actual.
 
¿Qué lectura hace de la Argentina de hoy?
 
El gobierno de Milei tiene una lógica manifiesta que ya era clara cuando era candidato. Lo que en un candidato podía festejarse, en un presidente empieza a sufrirse. Y cuando se vuelve evidente que el camino elegido conduce exactamente al lugar al que era obvio que iba a conducir, empieza a aparecer el fenómeno de la desesperanza entre quienes creyeron en ese camino y en ese presidente. Milei reúne a los peores elementos de la casta. Su gobierno marcha hacia una catástrofe obvia y anunciada. No hay ninguna sorpresa en el comportamiento de alguien que siempre tuvo el mismo comportamiento. Hay una obviedad en cualquier análisis histórico-político: nada de lo que sucede puede separarse de lo que sucedió. Sin embargo, esta obviedad no es asumida políticamente por nadie.
 
¿Qué quiere decir con eso?
 
Milei es la puesta en valor de toda la casta. Cuando uno dice lo que vale Milei, lo que está diciendo es que la casta vale menos que eso. ¿Cómo explicar, si no, que alguien sin trayectoria política, que hasta hace pocos años era un oscuro panelista, haya derrotado a las fuerzas que gobernaron la Argentina durante décadas? Y no hablo sólo de las limitaciones léxicas de un discurso que difícilmente supere las quinientas palabras articuladas, sino de una manifiesta incapacidad para comprender los problemas de la política internacional. Esa es, precisamente, la dimensión del problema.
 
¿Por qué pone el foco en la esfera internacional?
 
La proximidad de un presidente argentino con Israel resulta llamativa, más allá del gobierno israelí de turno. Esa no es la cuestión. Israel tiene importancia en Medio Oriente, pero la Argentina no juega allí el eje de su política exterior. Eso no significa que no deba mantener relaciones con los países de esa región, sino que, difícilmente, Medio Oriente forme parte de las cinco prioridades de una cancillería con un programa de política exterior.
 
¿Qué indica el gobierno con ello?
 
Que no tiene ningún programa. Cuando alguien disputa en esa cancha, queda claro en qué canchas no disputa. Ese es el primer punto. Y es un punto del que la política argentina no se termina de anoticiar. Una sociedad que hace cinco décadas no discute absolutamente nada hace mucho tiempo que no vale gran cosa.
 
¿En qué momento la sociedad dejó de discutir y por qué?
 
Cuando se observan los debates de la sociedad argentina desde 1976 en adelante, uno advierte que pueden dividirse en dos términos. El primero: la idea de que la dictadura burguesa y terrorista iba a resolver las cuestiones del desorden de la sociedad argentina. Eso no lo pensaban cuatro gatos locos: lo pensaba la mayoría de la sociedad argentina y el conjunto de los partidos parlamentarios. Conviene recordar cuando, en 1977, 1978, 1979, los dirigentes de esas fuerzas políticas explicaban que no querían que los militares fracasaran. Pues bien, cuando alguien quiere que una política semejante no fracase, está diciendo qué política respalda. La continuidad del peronismo y del radicalismo desde 1975 en adelante es absolutamente clara, y se ve en los candidatos de 1983.
 
¿Qué políticas marcan esa continuidad?
 
Luder es el hombre que firmó, en octubre de 1975, el decreto por el cual había que exterminar a la subversión. Lo hizo como presidente provisional del Senado, a cargo del Poder Ejecutivo. En 1983, en su condición de profesor de Derecho Constitucional, nos explicó que, como los militares habían pergeñado una ley -que, por cierto, el Congreso podía derogar-, desde el punto de vista del derecho, habiendo dos leyes en conflicto, la que corresponde aplicar es la que beneficia al reo. Nos informó en 1983 que iba a ser la impunidad absoluta. De modo que, cuando uno mira el comportamiento del peronismo hasta el estallido de 2001, ve claramente una línea que no es una opinión de un candidato, es una política en ejercicio. Cuando uno mira a Alfonsín, ve exactamente lo mismo.
 
¿A qué se refiere, puntualmente?
 
Alfonsín explicó que había que distinguir entre los que impartieron las órdenes, los que las cumplieron y los que se excedieron. ¿Cómo alguien se excede en una orden de destrucción “ad nihilum”? Voy a dejarlo a cargo de la imaginación de cada uno. Esta diferenciación requiere que la orden sea legal. Si la orden no es legal, la responsabilidad de cada uno de los que ejecuta una orden ilegal -y, obviamente, inconstitucional, por no decir anticonstitucional-, es completa. Cualquiera que lea el Artículo 67 de la Constitución Nacional ve que no es atribución del Poder Ejecutivo intervenir militarmente una provincia, y que es una atribución específica del Congreso. Ahora bien, el Congreso funcionaba cuando funcionaba la escuelita de Famaillá, y una delegación parlamentaria la visitó y dijo que era magnífica la tarea que estaban realizando. De modo que la continuidad resulta evidente. El estallido de 2001 no deja dudas.
 
¿Qué reveló ese momento bisagra de 2001?
 
El estallido de 2001 demuestra la inviabilidad del modelo establecido. Ahora bien, ese estallido estuvo precedido por dos hiperinflaciones y, entre 1975 y 1991, por un período en el que la inflación nunca fue inferior al 100% anual durante dieciséis años consecutivos. Esto nos lleva a un primer punto, de carácter contable. Cualquier empresa que deba elaborar un balance sabe que, si acumula más de un 100% de inflación en tres años, se encuentra en un proceso hiperinflacionario. En la Argentina, ese nivel de inflación se registraba en apenas un año. Lo que estamos diciendo, entonces, es que durante dieciséis años el experimento económico consistió en una hiperinflación permanente, con una clara intencionalidad.
 
¿Cuál?
 
Una hiperinflación sirve para reasignar la distribución del ingreso. Si uno observa la participación de los asalariados en el ingreso nacional entre mediados de la década de 1940 y el Rodrigazo de 1975, durante aproximadamente treinta años representó entre el 42% y el 48% del producto. A partir de entonces, el producto per cápita dejó de crecer y comenzó a disminuir, mientras que la participación de los asalariados se redujo prácticamente a la mitad. Esa es la operación que inaugura el Rodrigazo y que José Alfredo Martínez de Hoz, terror mediante, consolida hasta 1991. Por eso sostengo que la continuidad es una evidencia manifiesta, no una cuestión sujeta a debate ideológico. La política argentina no ha hecho más que reproducir, y amplificar, esa misma crisis.
 
Sostiene que “la caída de la calidad educativa va de la mano con la degradación del debate político” y que esa degradación en buena medida explica la llegada de Milei a la presidencia.
 
Cuando uno observa las condiciones con las que un chico sale de la primaria o la secundaria, se queda aterrado. Y entonces entiende por qué Milei tiene en esa masa de jóvenes una de sus principales bases de sustentación. En su mayoría, sus votantes son jóvenes y adultos jóvenes formados en un sistema educativo deteriorado desde hace décadas. Lo que tenemos a la vista es la destrucción del proceso educativo. Y sin una educación crítica no puede haber debate democrático. Esta situación no comenzó la semana pasada.
 
¿Cuándo empezó?
 
La reforma educativa de Menem marca el punto donde la catástrofe ya no tiene vuelta atrás. Pero digamos que cuando Alfonsín intenta hacer un congreso pedagógico y la Iglesia Católica vence en el congreso pedagógico, no nos está diciendo poco sobre el debate de la calidad educativa. La Iglesia Católica se ha opuesto sistemáticamente a la educación de las mujeres. Hay doscientos cincuenta capellanes militares cómplices de todo el proceso. ¿A Von Wernich lo expulsaron de la Iglesia? No. Esto es una política sistemática. Dicho con enorme sencillez, aquí lo que queda en pie es muy poquito y hay que ser casi un arqueólogo del conocimiento para ver qué sobrevive.
 
Si, como dice, queda muy poco en pie, ¿desde dónde puede reconstruirse la política?
 
Cuando uno mira el 2001, uno ve un estallido sistémico, no la resistencia popular. Esto no quiere decir que no exista resistencia popular, pero no es una resistencia política. Para que una resistencia sea política, tiene que saber que las palabras no se defienden sólo con palabras. Y cuando detrás de las palabras sólo hay otro montoncito de palabras, tenemos un abogado liberal con el código en la mano. Aquí, en serio, habla muy poca gente; la mayor parte “blablea”. Y, a la hora de la verdad, ¿cómo nos damos cuenta de que “blablean”? En que son intercambiables. Vemos una profundización de la decadencia política; vemos que, crecientemente, un sector mayoritario de la sociedad no sólo descree de las posibilidades de la política, sino que la primera mayoría de la sociedad no vota.
 
¿Entonces?
 
Si esperamos que de este orden político salga un candidato, estamos entendiendo mal el problema. El secreto es que este orden político produce estos candidatos. Nunca digo que son iguales; digo que son intercambiables, que no es lo mismo. Intercambiables es una función; igualdad es una consistencia interna. Yo no tengo ninguna duda de que Kicillof no es Scioli. Y esto la sociedad argentina lo sabe perfectamente. El tema es cuando uno mira las propuestas y ve que sólo se diferencian en cómo ganar las elecciones. Cuando alguien dice que va a frenar a Milei en el Congreso, uno se tiene que preguntar si lo están tomando por un idiota genéticamente perfecto, porque cuando Milei tenía una minoría de la minoría parlamentaria, ¿qué fue lo que le impidió ese Congreso? Nada. Entonces está muy claro que la estructura electoral no corrige nada; simplemente premia a quienes son integrantes conspicuos de la casta. ¿Y cuál es el concepto que organiza todo esto desde el ‘76 hasta acá? Botín de guerra.
 
¿A qué se refiere con “botín de guerra”?
 
Cuando llegaba una patota a tu casa en el ‘76, en la puerta podía aparecer un camión de mudanza y se llevaban todo. Era público que todo eso se vendía. Sin embargo, en los juicios contra los responsables militares, este tema no fue parte de las causas: nadie tuvo que devolver una moneda. Cuando uno mira el patrimonio que declaran nuestros representantes, llega a una comprobación muy sencilla: o llegaron ahí dejando de ser pobres gracias al botín de guerra, o gracias al botín de guerra llegaron ahí. El botín de guerra es un trofeo que se exhibe. La descomposición personal no es un fenómeno de Adorni. No tengo la más mínima duda de que Adorni no puede explicar nada. Esto no es un caso; es un patrón.
 
Su último libro, “Plaza tomada”, reúne una serie de intervenciones que interrogan los episodios del ‘45 para traerlo al presente y volverlo campo de análisis. ¿Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de octubre? ¿Cómo abordar el texto en clave contemporánea?
 
Sabemos que los desiertos son una construcción. Miremos la Campaña del Desierto: no había ningún desierto. Simplemente nos estaban informando qué iba a pasar cuando terminara la Campaña. ¿Qué es lo que está pasando aquí? Este es el desierto que hemos sabido construir, y de este desierto sólo se sale de abajo para arriba. Necesitamos una nueva invención popular. El peronismo fue una invención popular. El 17 de octubre no lo inventa Perón; el 17 de octubre inventa a Perón. Mientras la sociedad argentina siga buscando un salvador, lo único que va a encontrar es una catástrofe. Tenemos una sociedad desarmada y despolitizada. Lo que tenemos hoy es un orden político en el que una mayoría de la sociedad obedece a rajatabla.
 
¿Qué revelan aquellos episodios sobre la capacidad ciudadana para empujar cambios políticos?
 
Como eso está documentado, es interesantísimo. “Plaza tomada” incluye las actas del Comité Central Confederal del 16 de octubre de 1945. ¿Qué nos permiten mirar esas actas? Una discusión política. Podemos ver entre los dirigentes obreros de ese momento una comprensión de qué está sucediendo. Sin embargo, es muy interesante que esa discusión se libra el 16 de octubre, es decir, los que discuten no deciden. El movimiento ya está en marcha y decidió solo, no esperó que el Comité Central Confederal determinara qué había que hacer. Le impuso al Comité Central sus propios términos. Más plebeyo no puede ser. El 17 de octubre es el día del estallido final. El asunto empezó el 14, el 13, depende en dónde. En Berisso empezaron a moverse bastante antes, y esto fue construyendo un fenómeno de contagio político, que era por abajo. Confiaban en sus propias posibilidades, en su aptitud directa, en su capacidad de transformación política. Inventaron otra cosa. Esa otra cosa que inventaron modificó el orden político, e hizo que entre 1946 y 1975 en la Argentina la cosa fuera bastante distinta, que a nosotros no nos satisfizo cómo era, sin duda.
 
Previamente se refirió al deterioro educativo. ¿Qué relación encuentra entre esa crisis y la dificultad para formar cuadros políticos?
 
Sin duda, hay relación. Un liberal cree que un cuadro político es alguien que tiene una biblioteca importante leída. No es que eso esté mal: esa persona está políticamente educada, tiene una formación política. Pero eso no quiere decir que sea un cuadro político. Un cuadro político es un cuadro de una política. Si vos no tenés una política, no tenés cuadros políticos.
 
El problema entonces no es sólo educativo sino también político…
 
Lo que vemos hoy, y por eso son intercambiables, es que la política no está en discusión. La política es un arte de ejecución; es decir, es básicamente la administración de lo dado. Y cualquiera que sirve para administrar lo dado sirve y punto. Aquí no estamos discutiendo la administración de lo dado. Aquí estamos discutiendo las condiciones en que se constituye un orden social vivible para nosotros. Y está muy claro a qué nos condena este orden social. El problema es el desarme de la voluntad de transformación, la derrota no asumida. No digo que no haya pasado nada ni que todo sea igual. Estoy diciendo que un montoncito de palabras no se defiende con otro montoncito de palabras. Para que exista una ley que permite a una mujer, en determinadas condiciones, abortar hubo que mover decenas de miles en la calle para una ley que, en un sentido liberal básico, no merece ser discutida.
 
¿Qué se necesita para rearmar esa voluntad de transformación de la que habla?
 
Deseo. Si algo nos enseña el psicoanálisis es que los seres humanos tenemos una relación muy complicada con nuestro propio deseo. Cuando uno observa el comportamiento social colectivo de la sociedad argentina, ve un derrumbe del deseo. Pero el deseo también es una decisión política. No hay una decisión de vivir en serio. Cuando uno mira las películas de los zombis, si tuviera que hacer una analogía, siempre se me ocurre que un zombi se parece a un hombre políticamente desarmado: está vivo, pero está muerto.

Alejandro Horowicz: “Estamos en una sociedad en caída libre, no hay muchas sociedades en el mundo homologables a la sociedad argentina” (1/2)

El sociólogo, ensayista y periodista argentino Alejandro Horowicz nació en Buenos Aires en 1949. Estudió Sociología en la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales con una tesis sobre la dinámica de los golpes de Estado en la Argentina. En los años ‘70 fue un activo militante político e integró la Junta Ejecutiva de la Federación Universitaria Argentina (FUA) como secretario de relaciones internacionales. Por entonces se formó en el periodismo de la mano del prestigioso periodista y fundador de varios medios de prensa Jacobo Timerman (1923-1999) y, a lo largo de los años, publicó numerosas columnas en los diarios “Clarín”, “Infobae”, “La Opinión”, “Perfil” y “Tiempo Argentino”, y colaboró en importantes revistas de análisis político, cultural y económico entre las que se pueden mencionar “Anfibia”, “Competencia”, “Consignas”, “Contraeditorial”, “Convicción”, “Crisis”, “Jacobin”, “Primera Plana” y “Sur”.
En los años ‘90 ingresó en la docencia universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde fue profesor titular en la Carrera de Sociología. En esa época dirigió la colección “Espejo de la Argentina” de la editorial Planeta creada por el escritor, periodista y asesor literario Juan Forn (1959-2021), y también la colección “Historia Crítica de la Literatura Argentina” de la editorial Emecé a cargo del escritor, crítico literario y profesor universitario Noé Jitrik (1928-2022). Actualmente ejerce el mismo cargo en “Contracorrientes. Pensar la Historia” de Marea Editorial, una publicación que comprende una serie de títulos clave para abordar la política, la literatura y el pensamiento en el contexto de la Argentina actual.
Es autor de los ensayos “Los cuatro peronismos”, “El país que estalló. Antecedentes para una historia argentina (1806-1820)”, “Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional”, “El huracán rojo. De Francia a Rusia. 1789-1917”, “El kirchnerismo desarmado. La larga agonía del cuarto peronismo” y “Lenin y Trotsky. Los dragones de Marx”. También ha publicado, en coautoría con el filósofo italiano Toni Negri (1933-2023), “Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina”.


Lo que sigue a continuación es la primera parte de fragmentos de las entrevistas publicadas en los sitios web “4Palabras.com” y “Globalter.com” el 22 de marzo y el 21 de julio de 2026 a cargo de Manuel Barrientos y Cecilia Valdez respectivamente, y el texto completo de la publicada el 13 de julio de 2026 en el diario “Página/12” a cargo de Bárbara Schijman.
 
Una de las tesis centrales de “Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional” plantea que el verdadero objetivo (y el resultado) de la última dictadura fue implantar un proceso de concentración económica muy fuerte. ¿Cómo podría ilustrar eso?
 
En 1986 salió un trabajo de Miguel Khavisse, Eduardo Basualdo y Daniel Aspiazu llamado “El nuevo poder económico en la Argentina de los años ‘80”, donde quedaba claro que treinta grupos transnacionalizados gobernaban el 70% del producto del país. Pero estamos ante un país que, no sólo con este nivel de concentración, sino que tiene además un sistema de exportación continua de capitales al que denominamos “fuga”. Cuando uno quiere entender por qué la Argentina tiene una sociedad empobrecida es porque el bloque de clases dominantes transfiere al sistema financiero internacional una parte muy importante del excedente que obtiene el país.
 
Uno de los personajes fundamentales que analiza es Martínez de Hoz. Incluso hay una cita suya que habla de que la dictadura, principalmente, impulsó un “cambio de mentalidad”. ¿Cuáles son las ideas que vino a erradicar?
 
Lo que a mí me resulta muy claro es qué se hizo con el ‘76 y qué no se hizo. Entre las muchas cosas que no se hicieron, en un país tan preocupado por la corrupción, es que el botín de guerra de aquellos que se beneficiaron con el saqueo militar directo no fue confiscado una sola vez. Jamás nadie se ocupó de semejante cosa. La noción de “botín de guerra” es la que transformó la sociedad argentina, porque las sociedades no son los valores que se proclaman de modo abstracto sino los valores que se practican. Eso representa que puedo chorear todo lo que puedo chorear y que no tengo ningún obstáculo en hacerlo. Esta es la noción central que se derramó desde el bloque de clases dominantes. Y se ve todo el tiempo en las cosas más pequeñas y en las más grandes también. El botín de guerra es tomar todo aquello que yo pueda quedarme, no importa el modo, ya sea a través de un método como $Libra o con un control monopólico de un negocio.
 
El 19 y 20 de diciembre de 2001 muchos pensaron que era el fin de la post dictadura. ¿Qué pasó con eso? ¿Seguimos en la post dictadura?
 
El 19 y 20 de diciembre la consigna fue “que se vayan todos”. No sólo no se fueron sino que hoy gobiernan los peores de la casta que en ese momento la explosión hizo irse a su casa por un rato. Y a quienes se les impedía caminar por la calle. Fue la comprensión -que la sociedad argentina tuvo durante un rato- que todo esto era un continuo que había comenzado ni más ni menos que con Martínez de Hoz y con el Rodrigazo un rato antes. Porque la dictadura burguesa terrorista de 1976 lo que hace es estabilizar las condiciones del Rodrigazo y modificar la estructura financiera argentina de manera definitiva a través de la nueva ley de entidades financieras que se dicta en 1977 y que sigue vigente. De modo que el hilo de continuidad es estructural. El problema es que la productividad social del trabajo en la Argentina es muchísimo más baja que en todas las ramas del mercado mundial salvo contadísimas excepciones. Es decir, como no podemos porque no invertimos; y no invertimos porque no tenemos la escala suficiente. El resultado está a la vista de todos y lo que se hace hoy no es más que una repetición con un discurso mucho más explícito y cruel de lo que antes se llamaba sencillamente “el ajuste”. Ahora bien, este ajuste gozó hasta este momento de consenso político, que empieza a diluirse. Pero hay que tener en cuenta que el resultado de esta democracia es Milei. En consecuencia, lo que se está viendo es cómo se produce una ampliación del espacio político de la derecha, simplemente porque la que se supone que no es la derecha no hace nada demasiado distinto que la que se supone que sí es la derecha. Cuando le decís “vienen por tus derechos” a un pibe que trabaja en un Rappi, te mira y te responde: “De qué estás hablando, cretino, yo no tengo derechos hace un rato muy largo”. Entonces, la nueva ley laboral blanquea la práctica realmente existente. Dicho de otro modo: hay una ruptura entre las palabras y las cosas. En estas condiciones, un mamerto como Milei es el que habla en serio; los otros hablan en serie para un auditorio cada vez más pequeño. Ya no se trata de lo que dicen, se trata de que nadie les cree, digan lo que digan.
 
¿Cómo se logran revertir esos legados de la dictadura, cómo se logra salir de esta etapa de post dictadura permanente?
 
Con el optimismo de la voluntad podemos decir que lo que no tenemos es un balance de la derrota. Y como no tenemos un balance de la derrota compartido, no tenemos de ninguna manera una respuesta posible. A cincuenta años de 1976, ninguna corriente de las denominadas “izquierdas” sostiene que esta fue una dictadura burguesa terrorista. Hablan del “golpe de 1976”, de la “dictadura del ‘76”, de la “dictadura cívico militar”. Es decir: los beneficiarios reales de esa dictadura desaparecen, nadie los nombra. Cuando ni siquiera ese balance tiene estatuto público, la posibilidad de hablar en serio no existe. Y un balance sobre lo que pasó incluye al arco de partidos políticos parlamentarios en su conjunto.
 
¿Cómo fue que alguien como Milei pudo hacerse con la presidencia de Argentina?
 
Cuando alguien tan particularmente mediocre, logra ganar la presidencia, lo que nos hace saber es lo que existe del otro lado. Es decir, cuál es la valoración que tiene la sociedad argentina de su dirigencia política. Milei derrotó al sistema político en su conjunto. Por un lado, tienes a un outsider, y por el otro, a los partidos políticos históricos de la Argentina -que tienen entre setenta años y más de un siglo de historia-, abatidos. Entonces, está muy claro que Milei es el resultado de cuarenta años de práctica parlamentaria y un balance compartido. Además, si miras los índices de pobreza de la historia argentina te das cuenta que eso tiene una razonabilidad absoluta.
 
El título de su libro “El kirchnerismo desarmado. La larga agonía del cuarto peronismo”. ¿Por qué?
 
El término desarmado tiene que ver con un concepto de Clausewitz, que dice que el objetivo de la guerra es desarmar al enemigo. Eso puede entenderse de muchos modos, el más simple y obvio, consiste en quitarle el arma. Clausewitz es bastante más sutil y nos hace saber que, si un combatiente pierde el arma, no necesariamente está desarmado. Esto quiere decir que, si conserva la voluntad de seguir combatiendo, va a reponer el arma y, por lo tanto, no es un vencido. Vencer a alguien y desarmarlo, es quitarle su voluntad de acción política independiente. Esto tiene que ver, por cierto, con las condiciones del cuarto peronismo, porque mi trabajo: “El kirchnerismo desarmado” es, de algún modo, la continuación de un trabajo mío muy anterior en el que yo identifico al peronismo que arranca con Carlos Saúl Menem. Ese es el momento en el que el peronismo está completamente entregado y ya no es más que un partido sometido a la lógica general de la política nacional y, por lo tanto, no es más que un partido sin tarea histórica. El cuarto peronismo, del que el kirchnerismo no es más que una de sus manifestaciones, es eso, simplemente el modo de adecuación al orden global tal cual el orden global lo impone. Porque uno puede participar del orden global de muchos modos…
 
Pero el kirchnerismo arrastra características, o ciertos ingredientes, del peronismo, y no sólo del menemismo, ¿no?
 
Sin ninguna duda, arrastran los ingredientes del peronismo con varias particularidades, la primera, es que deja de contener al movimiento obrero, y la segunda, es que el movimiento obrero deja de ser un sujeto político. Esto es, existen ciudadanos obreros, que, en tanto ciudadanos, votan, pero no actúan como clase de ninguna manera y en ninguna dirección; cuando el peronismo, en sus versiones anteriores, significaba otra cosa. Entonces, el primer ingrediente, es la ausencia del movimiento obrero. En este momento, los dirigentes sindicales se reclaman ellos peronistas, pero los trabajadores no. Esa es la primera cuestión, y eso significa, sobre todo, una seña de pertenencia a un segmento diferenciado, porque la Argentina es un país con trabajadores pobres y dirigentes sindicales ricos. Entonces, ahí lo que estás viendo es el fenómeno de la descomposición política. Es decir, puesto que no vamos a cambiar ni el mundo ni la Argentina, cambiamos de automóvil. Lo que ves, es, básicamente, desinterés. Cuando miras la actividad de los políticos y ves no lo que tienen como patrimonio, sino lo que reconocen que tienen, te das cuenta que, en primer lugar, no hay pobres entre las dirigencias políticas, y segundo, que, justificar lo que sí admiten que tienen, en la mayor parte de los casos, resulta bastante problemático. En consecuencia, esto del argumento de la casta política que enuncia Milei, tiene una enorme eficacia simbólica porque no cabe la más mínima duda de que constituyen una casta política.
 
Leí una entrevista en la que decía que “la sociedad argentina tiene una opinión catastrófica de su dirección política y que, básicamente, hay un vaciamiento de las prácticas democráticas sustituidas por conceptos vacíos”. ¿A qué se refiere exactamente con eso?
 
A la idea de que la política es puro discurso. Foucault tiene una fórmula que a mí me gusta utilizar que dice más o menos así, cito de memoria: “Los revolucionarios creen que, cambiando la estructura, cambia el discurso, y los reformistas creen que, cambiando el discurso, cambia la estructura”. Nosotros sabemos que un discurso es una estructura, el punto aquí es el siguiente: la idea de que puedes utilizar un conjunto de fórmulas marketineras que, en determinadas circunstancias, construyen empáticamente una relación con un electorado sin resolver ninguno de los problemas de fondo que aquejan a una sociedad, y que eso se puede sostener indefinidamente, es una idea muy estúpida. El 2001 puso fin, con el estallido, a esa posibilidad, y la recomposición kirchnerista, no fue nada más que una recomposición de circunstancias. En fin, estamos hablando de una sociedad en caída libre, no hay muchas sociedades en el mundo homologables a la sociedad argentina.
 
Hay quienes señalan que lo que sucede también tiene sus orígenes en una crisis de la democracia como forma de representación. ¿Coincide con esta apreciación?
 
Yo creo que las formas de representación están estrechamente vinculadas a la capacidad de resolver problemas reales. Cuando uno mira 1970, uno descubre la mejor distribución del ingreso que existía en el orden planetario. Entonces, si nosotros, con la productividad del trabajo de 1970, muy inferior a la actual, sin chips ni computadoras, podíamos tener una redistribución del ingreso muchísimo más equitativa, queda muy claro que se produjo una regresión, y que la última pandemia no fue ninguna otra cosa más que un instrumento utilizado para un ajuste global. Quiero decir, con la pandemia no sólo no salimos mejores, sino que hay un enorme aumento de la precarización del trabajo, una disminución del salario real y una redistribución regresiva del ingreso. En esas condiciones, el vaciamiento de la democracia en general, y la crisis de representación, van de suyo. Y esto muestra, entre otras cosas, la tensión formidable que tiene la Unión Europea, en la cual, Gran Bretaña no sólo se va, y produce una catástrofe, sino que amenaza sistémicamente a la Unión. Entonces, esto no es una característica sólo de Argentina, en la Argentina se da en términos patológicos y mucho más intensos, pero no es más que una tendencia general del mercado mundial respecto al orden político imperante. Tenemos un gobierno mundial que es el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y un conjunto de sistemas financieros como el Banco Central Europeo o la Reserva Federal de los Estados Unidos, que no vota nadie, pero que deciden, básicamente, lo que se hace en el mundo entero, simplemente con el artilugio de la emisión monetaria y la tasa de interés.
 
¿Qué salida le ve a toda esta situación?
 
La salida es muy catastrófica, porque no estamos discutiendo simplemente cuáles son las condiciones generales de existencia de tal o cual segmento de una sociedad, sino la viabilidad misma de la existencia. El capitalismo ha destruido el hábitat, y las condiciones de producción de alimentos son atroces. Este orden de existencia, tal cual está pensado, es inviable. La idea de que se puede seguir utilizando petróleo o carbón, como se lo utiliza, o de que se pueden no respetar los acuerdos más básicos y elementales, y que se retrocede y se vuelve a discutir si existe o no existe el calentamiento global, mientras en Europa las temperaturas arrasan, habla de una sociedad global suicida. Por eso, la distopía más terrible, ver a qué mundo nos vamos después de destruir este, empieza a sonar simplemente como naturalismo base.

19 de julio de 2026

23º Campeonato Mundial de Fútbol. México/Estados Unidos/Canadá 2026

RESULTADOS

GRUPO A
México 2 - Sudáfrica 0
Corea del Sur 2 - Rep. Checa 1
Rep. Checa 1 - Sudáfrica 1
México 1 - Corea del Sur 0
Rep. Checa 0 - México 3
Sudáfrica 1 - Corea del Sur 0
 
GRUPO B
Canadá 1 - Bosnia y Herzegovina 1
Qatar 1 - Suiza 1
Suiza 4 - Bosnia y Herzegovina 1
Canadá 6 - Qatar 0
Suiza 2 - Canadá 1
Bosnia y Herzegovina 3 - Qatar 1
 
GRUPO C
Brasil 1 - Marruecos 1
Haití 0 - Escocia 1
Escocia 0 - Marruecos 1
Brasil 3 - Haití 0
Marruecos 4 - Haití 2
Escocia 0 - Brasil 3
 
GRUPO D
Estados Unidos 4 - Paraguay 1
Australia 2 - Turquía 0
Estados Unidos 2 - Australia 0
Turquía 0 - Paraguay 1
Turquía 3 - Estados Unidos 2
Paraguay 0 - Australia 0
 
GRUPO E
Alemania 7 - Curazao 1
Costa de Marfil 1 - Ecuador 0
Alemania 2 - Costa de Marfil 1
Ecuador 0 - Curazao 0
Ecuador 2 - Alemania 1
Curazao 0 - Costa de Marfil 2
 
GRUPO F
Países Bajos 2 - Japón 2
Suecia 5 - Túnez 1
Países Bajos 5 - Suecia 1
Túnez 0 - Japón 4
Japón 1 - Suecia 1
Túnez 1 - Países Bajos 3

GRUPO G
Bélgica 1 - Egipto 1
Irán 2 - Nueva Zelanda 2
Bélgica 0 - Irán 0
Nueva Zelanda 1 - Egipto 3
Egipto 1 - Irán 1
Nueva Zelanda 1 - Bélgica 5
 
GRUPO H
España 0 - Cabo Verde 0
Arabia Saudita 1 - Uruguay 1
España 4 - Arabia Saudita 0
Uruguay 2 - Cabo Verde 2
Uruguay 0 - España 1
Cabo Verde 0 - Arabia Saudita 0
 
GRUPO I
Francia 3 - Senegal 1
Irak 1 - Noruega 4
Francia 3 - Irak 0
Noruega 3 - Senegal 2
Noruega 1 - Francia 4
Senegal 5 - Irak 0
 
GRUPO J
Argentina 3 - Argelia 0
Austria 3 - Jordania 1
Argentina 2 - Austria 0
Jordania 1 - Argelia 2
Jordania 1 - Argentina 3
Argelia 3 - Austria 3
 
GRUPO K
Portugal 1 - Rep. Del Congo 1
Uzbekistán 1 - Colombia 3
Portugal 5 - Uzbekistán 0
Colombia 1 - Rep. Del Congo 0
Colombia 0 - Portugal 0
Rep. Del Congo 3 - Uzbekistán 1
 
GRUPO L
Inglaterra 4 - Croacia 2
Ghana 1 - Panamá 0
Inglaterra 0 - Ghana 0
Panamá 0 - Croacia 1
Panamá 0 - Inglaterra 2
Croacia 2 - Ghana 1
 
DIECISEISAVOS DE FINAL
Sudáfrica 0 - Canadá 1
Brasil 2 - Japón 1
Alemania 1 (3) - Paraguay 1 (4)
Países Bajos 1 (2) - Marruecos 1 (3)
Costa de Marfil 1 - Noruega 2
Francia 3 - Suecia 0
México 2 - Ecuador 0
Inglaterra 2 - Rep. Del Congo 1
Bélgica 3 - Senegal 2
Estados Unidos 2 - Bosnia y Herzegovina 0
España 3 - Austria 0
Portugal 2 - Croacia 1
Suiza 2 - Argelia 0
Australia 1 (2) - Egipto1 (4)
Argentina 3 - Cabo Verde 2
Colombia 1 - Ghana 0
 
OCTAVOS DE FINAL
Canadá 0 - Marruecos 3
Paraguay 0 - Francia 1
Brasil 1 - Noruega 2
México 2 - Inglaterra 3
Portugal 0 - España 1
Estados Unidos 1 - Bélgica 4
Argentina 3 - Egipto 2
Suiza 0 (4) - Colombia 0 (3)
 
CUARTOS DE FINAL               
Francia 2 - Marruecos 0
España 2 - Bélgica 1
Noruega 1 - Inglaterra 2
Argentina 3 - Suiza 1
 
SEMIFINALES
Francia 0 - España 2
Inglaterra 1 - Argentina 2         
 
TERCER PUESTO
Francia 4 - Inglaterra 6
 
FINAL
España 1 - Argentina 0

CAMPEON España

SELECCIONADOS PARTICIPANTES 48
FECHA DE REALIZACION 11 de junio / 19 de julio
ESTADIOS UTILIZADOS 16
PARTIDOS JUGADOS 104
GOLES CONVERTIDOS 308
GOLES EN CONTRA 14
GOLES DE PENAL 16
GOLES DE TIRO LIBRE 3
PROMEDIO DE GOL POR PARTIDO 2,96
DESEMPATE POR PENALES 4
GOLEADOR Kylian Mbappé 10
MAXIMA GOLEADA Alemania 7 - Curazao 1
PARTIDO CON MAS GOLES Inglaterra 6 - Francia 4
JUGADORES EXPULSADOS 15
CANTIDAD DE EXPECTADORES 6.810.966

10 de julio de 2026

Alice Munro: “Nunca sé la extensión que tendrá un relato. No me importa si lo que estoy escribiendo en ese momento es un cuento u otra cosa. Es ficción y punto”

Un día como hoy, hace noventa y cinco años, venía al mundo la cuentista Alice Munro,
una de las escritoras contemporáneas en lengua inglesa más reconocidas por su maestría en el relato y su visión personal de la condición humana. Nacida como Alice Ann Laidlaw en Wingham, un pueblo de la provincia de Ontario, Canadá, en donde se asentaron sus antepasados migrantes de Escocia, sobrellevó una infancia y una adolescencia enrevesadas debido a una compleja relación con sus padres, una situación para la cual encontró en la lectura una vía de escape. Mientras recibía la educación primaria en la Lower Town School y la secundaria en la F.E. Madill Secondary School, ambas escuelas públicas de su ciudad natal, ya se había convertido en una ávida lectora de los cuentos de hadas del danés Hans Christian Andersen (1805-1875), de los relatos de misterio y suspenso para niños del inglés Charles Dickens (1812-1870), de los cuentos infantiles del estadounidense Thornton Burgess (1874-1965), de las leyendas mitológicas y medievales del inglés Alfred Tennyson (1809-1892), de los cuentos realistas del ruso Anton Chéjov (1860-1904) y de los relatos sutiles e irónicos de la canadiense Lucy Maud Montgomery (1874-1942). En 1949, gracias a obtener la calificación más alta en inglés de todos los estudiantes que la solicitaron, consiguió una beca de dos años en la University of Western Ontario ubicada en London, una ciudad ubicada en el suroeste de esa provincia. Inicialmente estudió periodismo, pero en su segundo año se cambió a Literatura Inglesa, aunque abandonó la carrera antes de graduarse para contraer matrimonio. Durante su período universitario ya dedicaba buena parte de su tiempo a escribir, y en la primavera de 1950 publicó sus primeros relatos en “Folio”, la revista literaria para estudiantes de esa universidad.
Ya casada, se instaló en Vancouver con su esposo. Mientras éste trabajaba en una de las tiendas de la empresa Eaton's, ella se ocupaba de las tareas de la casa al tiempo que leía y escribía. Durante los años siguientes publicó varios textos en periódicos canadienses como “Chatelaine”, “Mayfair”, “Montrealer”, “Queen's Quarterly”, “Tamarack Review” y “The Canadian Forum”. Recién en septiembre de 1968 apareció su primer libro: “Dance of the Happy Shades” (Danza de las sombras). En 1972 se divorció y regresó a su provincia natal donde se convirtió en una fecunda escritora como residente en su antigua universidad. Volvió a casarse en 1976 y a partir de entonces consolidó su carrera literaria.
En los años siguientes publicó “Who do you think you are?” (¿Quién te crees que eres?), “The moons of Jupiter” (Las lunas de Júpiter), “The love of a good woman” (El amor de una mujer generosa), “Hateship, friendship, courtship, loveship, marriage” (Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio) y “Too much happiness” (Demasiada felicidad), por citar sólo algunas de sus obras. En simultáneo, muchos de sus relatos aparecieron en prestigiosas revistas como “The New Yorker”, “Toronto Life”, “Granta” y “Paris Review”, y varios de ellos fueron adaptados para el cine.
Alice Munro fue premiada en 1968 con el galardón literario más importante de su país, el Governor's General Award, y en 2009 con el International Booker Prize, un premio literario bienal otorgado en el Reino Unido a escritores con obras de ficción publicadas en inglés. Luego, en 2013, recibió el Premio Nobel de Literatura como “maestra del relato corto contemporáneo”, el cual no pudo recoger en persona ya que por entonces había comenzado a padecer una demencia senil, la enfermedad que la llevaría a la muerte en una residencia para ancianos en Port Hope, Ontario, la noche del 13 de mayo de 2024 a los noventa y dos años.
 

Lo que sigue es una compilación de fragmentos de la entrevista que le hizo la periodista estadounidense Lisa Dickler Awano pocos días después de que se anunciara que era la ganadora del Nobel y que fue publicada el 18 de octubre de 2013 en la revista literaria estadounidense “Virginia Quarterly Review”, y de la conversación en video que mantuvo con el periodista sueco Stefan Åsberg que sirvió como discurso de recepción del Nobel, la cual fue proyectada en la Academia Sueca el 7 de diciembre de 2013.
 
¿Cuál es su proceso de escritura?
 
Trabajo con lentitud. Siempre es difícil… Casi siempre es difícil. La realidad es que vengo trabajando sin parar desde que tenía veinte años, y ahora tengo ochenta y uno. Ahora mi rutina es así: me levanto a la mañana, me tomo un café y me siento a escribir. Y después, un poco más tarde, puede ser que haga una pausa y coma algo, para seguir escribiendo. La escritura de verdad sale a la mañana. Al principio de lo que sea que estoy escribiendo no puedo dedicarle mucho tiempo, apenas unas tres horas. Reescribo mucho, así que reescribo y cuando pienso que está listo, lo envío. Y después quiero reescribirlo un poco más. Lo que me pasa a veces es que hay una o dos palabras que me parecen tan importantes que pido que me manden el libro de vuelta para poder agregarlas. Mi idea era escribir novelas, pero empecé a escribir cuentos porque era para lo único que podía hacerme tiempo. Entre las tareas de la casa y el cuidado de los chicos, nunca habría tenido tiempo de escribir una novela. Y después fue como si el formato del cuento -en realidad, una forma más bien inusual de cuento, por lo general una forma de relato bastante largo- fuese lo que quería hacer. Ese espacio alcanzaba para decir lo que quería decir. Y al principio fue difícil, porque la gente esperaba que el relato breve tuviera cierta extensión y no otra. Querían que fuese una historia corta, y mis historias eran bastante inusuales, ya que de alguna manera cuentan más y más cosas diferentes y no paran. Nunca sé -o al menos no suelo saber- la extensión que tendrá un relato. Pero no me asusto: le doy todo el espacio que necesite. De todos modos, no me importa si lo que estoy escribiendo en ese momento es un cuento -algo clasificado como cuento- u otra cosa. Es ficción y punto.
 
Justamente me pregunto si esta podría ser una pista de por qué eligió la forma del relato breve… ¿O el relato breve la eligió a usted?
 
Podría ser. Me encanta trabajar con gente, con las conversaciones de la gente y también con las cosas inesperadas que le ocurren a la gente. Lo inesperado es muy importante para mí. En uno de mis cuentos (“Escapada”), una mujer que tiene un matrimonio complicado decide dejar a su marido, alentada por una mujer muy sensata mayor que ella. Y entonces, cuando intenta irse, advierte que no puede hacerlo. Lo más razonable es irse, sus motivos son muchos, pero no puede. ¿Cómo puede ser? Yo escribo ese tipo de cosas, porque soy yo la que no sabe “cómo puede ser”. Por eso tengo que prestarle atención: allí hay algo que merece mi atención.
 
En el relato “Mi vida querida”, usted conecta la idea de la remodelación de una casa con el trabajo de la memoria. ¿Puede contarnos lo que piensa sobre la naturaleza de la memoria?
 
Es interesante lo que sucede al envejecer, porque los recuerdos se vuelven más vívidos, en especial los recuerdos lejanos. Pero yo no hago ningún esfuerzo de memoria, simplemente está ahí todo el tiempo, y no sé si escribo más sobre eso de lo que solía hacerlo antes. Ciertamente, si una quiere escribir en serio sobre sus padres, su infancia, una tiene que ser tan honesta como pueda, pensar lo que realmente pasó, y no en la historia que te sirve en un plato tu memoria. Pero por supuesto que eso no es posible, así que al menos una puede decir: “Bueno, ésta es mi versión de la historia… Esto es lo que yo recuerdo”.
 
Usted me ha dicho algunas veces que nos pasamos repitiendo las cosas que son difíciles hasta que logramos superarlas.
 
Creo que eso es particularmente cierto respecto de los recuerdos de la primera infancia. Y siempre hay un trabajo sobre eso para intentar superarlo. ¿Pero qué significa “superarlo”? ¿Que ya no duela más? ¿Que lo hemos pensado hasta hacernos una idea más o menos clara de lo que realmente pasó? Pero nunca escribimos sobre eso. Tenemos hijos. Cuando ellos escriban la historia de su infancia, seguirá siendo sólo la historia de ellos, y el “tú” de esas historias será un “tú” en el que tal vez no nos reconozcamos. Y es por eso que hay que reconocer que incluso el relato que haga el esfuerzo más honesto seguirá sin contemplar la verdad de todos. Pero ese esfuerzo es valioso.
 
Cuando uno es escritor, de alguna manera se pasa la vida tratando de entender las cosas, y uno pone lo que ha entendido en papel y la gente lo lee. En realidad, es algo de lo más extraño.
 
Una se dedica toda su vida a esto, por más que sepa que fracasa. No se fracasa todo el tiempo, ni en todo, y yo pienso que vale la pena, al menos pienso que lo vale. Pero es como llegar a un acuerdo con cosas con las que una puede lidiar sólo parcialmente. Esto suena de lo más desesperanzado. Pero yo no me siento en absoluto desesperanzada.
 
¿Cómo aprendió a contar una historia y a escribirla?
 
Yo inventaba historias constantemente; el camino de casa a la escuela era largo, y por regla general durante ese trayecto inventaba historias. Conforme fui creciendo los cuentos versaban cada vez más sobre mí misma, era como una heroína en una u otra situación; no me molestaba que los cuentos no se publicaran enseguida y no sé si pensaba siquiera en que otras personas los conocieran o los leyeran. Lo importante era la propia historia, generalmente una historia muy satisfactoria desde mi punto de vista, teniendo en mente la valentía de la sirenita, que ella era inteligente, que era capaz de hacer un mundo mejor, porque actuaba y tenía poderes mágicos y habilidades por el estilo.
 
¿Era importante que la historia se contara desde la perspectiva de una mujer?
 
No creía que eso fuera importante, pero tampoco pensaba nunca en mí misma como en algo que no fuera una mujer, y hubo muchas buenas historias sobre niñas y mujeres. Quizá al llegar a la adolescencia el asunto tenía más que ver con ayudar al hombre a satisfacer sus necesidades, etcétera, pero de niña yo no tenía absolutamente ningún sentimiento de inferioridad por ser mujer. Y es posible que eso se debiera al hecho de haber vivido en una parte de Ontario donde eran sobre todo las mujeres las que leían, las que contaban la mayoría de las historias, mientras los hombres estaban fuera haciendo cosas importantes; ellos no se dedicaban a las historias. De modo que me sentía como en casa.
 
¿Qué es lo importante para usted cuando cuenta una historia?
 
Bueno, en aquellos primeros días lo importante era, sin duda, el final feliz, pues yo no toleraba finales infelices para mis heroínas. Más adelante empecé a leer obras como Cumbres borrascosas, y había finales muy, muy infelices, de modo que cambié mis ideas por completo y opté por lo trágico, y me gustó.
 
¿Qué puede haber tan interesante en la descripción de la vida provinciana canadiense?
 
Hay que estar allí. Pienso que cualquier vida puede ser interesante, cualquier entorno puede ser interesante. Creo que no habría sido tan osada si hubiera vivido en una ciudad, compitiendo con personas con lo que puede denominarse un nivel cultural, en general, más alto. Yo no tuve que enfrentarme a eso. Era la única persona que conocía que escribía cuentos, aunque no se los contara a nadie, y hasta donde sabía, al menos durante un tiempo, la única persona capaz de hacerlo en el mundo.
 
¿Siempre ha tenido esa seguridad en su escritura?
 
La tuve durante mucho tiempo, pero me volví muy insegura cuando crecí y conocí a otras personas que también escribían. Entonces me di cuenta de que el trabajo era un poco más difícil de lo que creía. Pero nunca me rendí, aquello era mi vida.
 
Cuando empieza un cuento, ¿tiene siempre desarrollado el argumento?
 
Sí, pero luego a menudo cambia. Empiezo con un argumento y trabajo en él, y luego veo que sigue otro camino y que pasan cosas mientras escribo, pero tengo que empezar con una idea bastante clara de por dónde va la historia.
 
¿Hasta qué punto le absorbe la historia cuando está escribiendo?
 
¡Ah, por completo! Pero siempre daba de comer yo a mis hijos, ¿eh? Yo era un ama de casa, de modo que aprendí a escribir en los ratos libres, y creo que nunca lo dejé, aunque hubo momentos en que me sentí muy desalentada, porque empecé a ver que los cuentos que escribía no eran muy buenos, que tenía mucho que aprender y que era un trabajo muchísimo más difícil de lo que yo esperaba. Pero no me detuve, no creo que lo haya hecho nunca.
 
¿Qué parte es la más difícil cuando quiere contar una historia?
 
Creo que probablemente cuando terminas la historia y te das cuenta de lo mala que es. Ya sabe: la primera parte, entusiasmo; la segunda, ¡bastante bueno!; pero luego te levantas una mañana y piensas “Qué disparate”, y es entonces cuando realmente tienes que ponerte a trabajar en ello. A mí siempre me parecía que eso era lo que tenía que hacer: si la historia no funcionaba era culpa mía, no de la historia.
 
Pero, ¿cómo le da la vuelta a la historia si no se siente satisfecha?
 
Trabajando duro. Intento pensar en un modo mejor de contarla. Tienes personajes a los que no has dado una oportunidad, y tienes que pensar en ellos o hacer algo completamente distinto con ellos. En mis primeros días era propensa a utilizar una prosa muy florida, y poco a poco aprendí a eliminar muchas cosas. Solo hay que seguir pensando en ello y averiguar cada vez más de qué iba la historia, al principio creías que la habías entendido, pero en realidad tenías mucho más que aprender de ella.
 
¿Alguna vez dudó, alguna vez pensó que no era lo suficientemente buena?
 
¡Todo el tiempo, todo el tiempo! Tiré más cosas de las que envié o terminé, y eso continuó durante mis veintitantos años. Pero todavía estaba aprendiendo a escribir como quería escribir. No, no fue algo fácil.
 
Leí en alguna parte que quiere que las cosas se expliquen de forma fácil.
 
Sí. Pero nunca pienso que quiero explicar las cosas más fácilmente, así es como escribo. Creo que escribo con naturalidad y de forma fácil, sin pensar que esto iba a ser más fácil.
 
¿Alguna vez se ha encontrado con períodos en los que no ha podido escribir?
 
Sí. Dejé de escribir, tal vez hace un año, pero eso fue una decisión que fue no querer escribir y no poder, una decisión porque quería comportarme como el resto del mundo. Porque cuando escribes estás haciendo algo que otras personas no saben que estás haciendo, y realmente no puedes hablar de ello. Siempre estás encontrando tu camino en este mundo secreto, y luego estás haciendo otra cosa en el mundo normal. Y ya me estoy cansando de eso, lo he hecho toda mi vida, absolutamente toda mi vida. Cuando me encontraba con escritores que eran, en cierto modo, más académicos, me ponía un poco nerviosa, porque sabía que no podía escribir de esa manera, que no tenía ese don.

6 de julio de 2026

Gabriel García Márquez y los platillos voladores

Nacido en Los Ángeles, California, tras graduarse en la universidad privada Dartmouth College ubicada en Hanover, Nuevo Hampshire, John Skirius (1948-2010), obtuvo su doctorado en la Harvard University para luego desempeñarse como Profesor de tiempo completo de Literatura Hispanoamericana en la University of California, Los Angeles, durante más de treinta años. Siendo director del Departamento de Literatura Española y Portuguesa de dicha universidad, organizó conferencias y simposios dedicados a la cultura de América Latina, pero sobre todo a la de México. En ese sentido, en 1978 publicó el ensayo “José Vasconcelos y la cruzada de 1929”, obra en la que documentó y analizó la histórica y fallida campaña presidencial en 1929 del abogado, pedagogo y filósofo mexicano José Vasconcelos (1882-1959). Tiempo después publicó en la “Revista de la Universidad de México” el artículo “Vasconcelos: de la revolución a la educación”, en el cual hizo un rescate de la faceta educativa y destacó la gran labor que como Secretario de Educación Pública desarrolló el autor de obras que dejaron un profunda marca en la vida cultural mexicana como, por ejemplo, “Breve historia de México”, “Tratado de metafísica”, “Historia del pensamiento filosófico” y “Divagaciones literarias”.
En la misma revista también publicó un artículo sobre la escritora mexicana Carmen Boullosa (1954), e hizo lo propio escribiendo columnas dedicadas a los escritores también mexicanos José Fernández de Lizardi (1776-1827) en la “Nueva Revista de Filología Hispánica”, y a Agustín Yáñez (1904-1980), Enrique Krauze (1947) y Eloy Urroz (1967) en la “Revista de Literatura Mexicana Contemporánea”.
En 1982, compiló en un libro algunos de los que -según su criterio- eran los mejores ensayos escritos por autores hispanoamericanos hasta ese momento. La obra en cuestión, publicada por la editorial del Fondo de Cultura Económica, se llamó “El ensayo hispanoamericano del siglo XX”. En ella reprodujo un centenar de textos fundamentalmente literarios de talentosos escritores entre los que se pueden mencionar al citado José Vasconcelos, al nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), a los cubanos José Martí (1853-1895) y Alejo Carpentier (1904-1980), al uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), al guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), a los chilenos Gabriela Mistral (1889-1957) y Pablo Neruda (1904-1973), a los argentinos Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), Jorge Luis Borges (1899-1986), Enrique Anderson Imbert (1910-2000), Ernesto Sabato (1911-2011) y Julio Cortázar (1914-1984), al venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001), a los peruanos José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Mario Vargas Llosa (1936-2025), a los mexicanos Alfonso Reyes (1889-1959), Octavio Paz (1914-1998), Carlos Fuentes (1928-2012), Elena Poniatowska (1932) y Carlos Monsiváis (1938-2010), y a los colombianos Germán Arciniegas (1900-1999) y Gabriel García Márquez (1927-2014).
Este último, sin dudas, junto a los citados Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, fue uno de los máximos exponentes del llamado Boom Latinoamericano, un fenómeno literario y editorial que tuvo lugar en las décadas del ‘60 y ’70 del siglo pasado, el cual contribuyó notablemente a que las obras de estos autores -a los que se sumaron luego el cubano José Lezama Lima (1910-1976), el mexicano Juan Rulfo (México, 1917-1986), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005), el uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), el chileno José Donoso (1924-1996) y el argentino Manuel Puig (1932-1990) entre varios otros- fueran ampliamente distribuidas y alcanzasen una proyección internacional sin precedentes.
Entre los muchos textos que el profesor Skirius incluyó en “El ensayo hispanoamericano del siglo XX” se destacan “Los habitantes de la ciudad”, “Sobre el fin del mundo”, “Nuestra música en Bogotá”, “La Marquesita de la Sierpe”, “La sociedad de América Latina” y “Los pobres platillos voladores” del autor de novelas inolvidables como “El coronel no tiene quien le escriba”, “El otoño del patriarca”, “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Cien años de soledad”. De los seis textos del colombiano, tal vez el más sugestivo sea “Los pobres platillos voladores”, el cual fue escrito en 1950 y seleccionado años después en la revista mexicana “La Gaceta” como uno de los mejores cuentos sobre ese tema.
 

Cualquiera que haya leído “Cien años de soledad”, publicada en 1967, recordará que en ella se narra la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo. En esta emblemática obra se hizo presente en varias ocasiones la fascinación que García Márquez sentía por los ovnis y la vida extraterrestre, un embeleso que le nació en 1938 tras ver en el cine-teatro “Colombia” de Barranquilla “La invasión de Mongo”, la primera parte de la versión cinematográfica dirigida por el alemán Frederick Stephani (1903-1962) de la historieta de ciencia ficción creada por el dibujante estadounidense Alex Raymond (1909-1956).
En dicha novela, los platos voladores aparecen surcando el cielo para presagiar la muerte o anunciar que algo terminaba. La primera en observarlos fue Úrsula Iguarán, esposa de José Arcadio Buendía, una noche en que el Coronel Aureliano Buendía se disparó en el pecho después de haber firmado su rendición ante el Gobierno: “‘Lo han matado a traición -precisó Úrsula- y nadie le hizo la caridad de cerrarle los ojos’. Al anochecer vio a través de las lágrimas los raudos y luminosos discos anaranjados que cruzaron el cielo como una exhalación, y pensó que era una señal de la muerte”, escribió García Márquez.
Más adelante, otra noche los vio Santa Sofía de la Piedad, pareja de José Arcadio Buendía, a pocas horas de la muerte de su madre Úrsula: “Santa Sofía de la Piedad tuvo la certeza de que la encontraría muerta de un momento a otro, porque observaba por esos días un cierto aturdimiento de la naturaleza: que las rosas olían a quenopodio, que se le cayó una totuma de garbanzos y los granos quedaron en el suelo en un orden geométrico perfecto y en forma de estrella de mar, y que una noche vio pasar por el cielo una fila de luminosos discos anaranjados”.
El último personaje de la novela que los vio fue Amaranta Úrsula, la hija de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio, estando en la cama batallando desnuda contra el ímpetu sexual de Aureliano Babilonia, su sobrino, con quien finalmente consuma el incesto: “Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte”, narró García Márquez.
En “Los pobres platillos voladores” relató: “La humanidad resolvió -al fin- faltarle al respeto a los platillos voladores. Aquellos que un día fueron lejanos y misteriosos huéspedes de los más extraños cielos, han entrado en una lamentable decadencia, precisamente por haber perdido su primitivo carácter de eventualidad y lejanía. En un principio, algún modesto granjero de Arkansas vio cruzar, por su estrellato campesino ‘una estrella más grande que ninguna’, sólo que a diferencia de la del inspirado poeta, la que vio el granjero no era, técnicamente, la luna, sino una estrella móvil y esférica que se precipitó a una velocidad indecorosamente supersónica, hacia un horizonte que, por la mala noche que debió pasar el granjero, era un auténtico y nada lorquiano horizonte de perros”.
“A la mañana siguiente, cuando el asombrado campesino de Arkansas llegó al poblado y dijo en la farmacia que la noche anterior vio un extraño cuerpo circular volando no propiamente hacia Río de Janeiro, como aconteció en alguna película, sino hacia ‘el infinito abismo donde nuestra voz no alcanza’, como aconteció en un poema, el farmacéutico debió prescribirle un purgante eficaz para regularizar el alucinado aparato digestivo del granjero. Sin embargo, los misteriosos huéspedes siguieron realizando sus luminosas incursiones nocturnas, hasta el extremo de que no sólo perturbaron también la tranquilidad de los cielos europeos, seguidos desde abajo por millares de pupilas asombradas, sino que se arriesgaron a jugar un celeste escondite con algunos aviadores norteamericanos, de cuya sobriedad en sustancias destiladas no cabe la menor duda”.
“Es así como la humanidad, en cierta manera, ha empezado a sufrir las consecuencias de la purga que en mala hora se administró al granjero de Arkansas. Los platicos voladores, antes discretos e inofensivos, empezaron a perder la vergüenza. Se familiarizaron con los halagos de la publicidad y volaron cada vez a menor altura sobre los tejados, hasta el límite de que un ciudadano de Texas se viera en la necesidad de asegurar sus propiedades contra sus incursiones y de que una modesta empleada boliviana declarara, el último domingo, que ha formalizado compromiso matrimonial, de acuerdo con las leyes de Bolivia, con el copiloto de un platillo volador que una romántica noche de febrero sufrió un accidente junto a su ventana, de ella”.
“Personalmente me conmueve esta dolorosa decadencia en que van hundiéndose los que en mejores tiempos fueron identificados como diminutos visitantes interplanetarios. Me conmueve, porque la humanidad se vengará ahora de todas esas noches de sobresalto que le hicieron vivir los platillos voladores. Ramona, la novelera esposa de mi buen amigo Pancho, amanecerá un día de éstos exigiendo a su paciente cónyuge que modernice la vajilla doméstica no sólo ya con platillos, sino con tazas, bandejas y cafeteras voladoras. Y llegará el día -doloroso día- en que tendremos ceniceros fabricados con el material sobrante de los que fueron dignos y serviciales exploradores celestes. Porque todo es capaz de hacerlo la humanidad, hasta de permitir que se les castigue al musical escarnio de complementar el instrumental de la banda de Gustavita, cuyo orgulloso platillero tendrá la satisfacción de acompañar dentro de algunos meses la misma pieza milenaria, con el sonoro y metálico compás de los platillos voladores”.
Este breve y divertido texto fue escrito por García Márquez en 1950 para “El Heraldo”, un diario de Barranquilla donde trabajaba como periodista luego de sus inicios en 1948 en “El Universal” de Cartagena. En abril de 1968 se estrenó “2001: A space odyssey” (2001: Odisea del espacio) dirigida por el estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999), una película que también impresionó al escritor colombiano. Poco más de un año después, se llevó a cabo la misión aeroespacial norteamericana que logró el primer alunizaje de seres humanos en la Luna mediante la nave espacial Apolo 11, un viaje propiciado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (National Aeronautics and Space Administration - NASA).
El mismo año del histórico alunizaje, la revista española “Cíclope” publicó en su nro. 16 una entrevista en la que el escritor habló sobre la vida extraterrestre y las naves espaciales. Cuando se le preguntó su opinión sobre los ovnis, respondió: “Mi opinión sobre los ovnis es de sentido común: creo que son naves procedentes de otros planetas, pero cuyo destino no es la Tierra”. “Es conmovedora la soberbia de quienes afirman que nuestro planeta es el único habitado -agregó-. Creo más bien que somos algo así como una aldea perdida en la provincia menos interesante del Universo, y que los discos luminosos que vemos pasar en la noche de los siglos nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas”. Ante la pregunta sobre de donde creía que procedían y quién los dirigía, contestó: “Los ovnis deben de estar tripulados por seres cuyo ciclo biológico es desmesuradamente más amplio y fructífero que el nuestro. No se ocupan de nosotros porque acabaron de estudiarnos hace miles de años, cuando se hicieron las últimas exploraciones del Universo, y no sólo saben de nosotros mucho más que nosotros mismos, sino que conocen inclusive nuestro destino. En realidad, la Tierra debe de ser para ellos una isla de emergencia en los azares de la navegación espacial”.
 

Y cuando se le preguntó su parecer sobre la persistencia de algunos científicos en negar, no ya la posibilidad de que existan naves extraterrestres, sino también el fenómeno en sí, manifestó: “Lo que pasa es que la humanidad no supo merecer la sabiduría de los alquimistas, que consideraban el laboratorio como una simple cocina de la clarividencia, y ahora estamos a merced de una ciencia reaccionaria cuyo dogmatismo ramplón no admite las evidencias mientras no las tenga dentro de un frasco. Son científicos regresivos que niegan la existencia de los marcianos porque no los pueden ver. Seguiremos viendo con la boca abierta esos discos luminosos que ya eran familiares en las noches de la Biblia, y seguiremos negando su existencia aunque sus tripulantes se sienten a almorzar con nosotros, como ocurrió tantas veces en el pasado, porque somos los habitantes del planeta más provinciano, reaccionario y atrasado del Universo”.
Años después, en marzo de 1977, en una entrevista concedida al periódico colombiano “El Espectador” comentó: “Mientras no encuentren otro ser humano en algún lugar del universo, la conquista del espacio será un fracaso. Es exactamente el problema de la literatura, el problema del arte. Mientras el arte y la literatura no le transmitan a los lectores, a los espectadores, un problema de la vida, un problema de los seres humanos, será un fracaso completo”. Con estas ideas, García Márquez mostró no sólo su oficio literario, su papel como periodista, su labor como defensor de los Derechos Humanos, sino que fue más allá y exhibió su propia carrera espacial, librada contra sí mismo y para sí mismo en favor de la literatura.