Alejandro Horowicz ha
participado en numerosas antologías tanto como autor en varias ocasiones, y
como editor y compilador en otras. Entre estas obras pueden mencionarse
“¡Libertad, muera el tirano!”, “Posjudaísmo. Debates sobre lo judío en el siglo
XXI”, “La batalla por la renta”, “Conversaciones ante la máquina. Para salir
del consenso desarrollista”, “Qué queda de los cuatro peronismos” y “Plaza
Tomada. ¿Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de octubre?”, obras todas
ellas en las que participaron prestigiosos historiadores, sociólogos,
filósofos, escritores, antropólogos y críticos literarios. Entre ellos, por
citar sólo algunos de la extensa nómina, figuran León Rozitchner (1924-2011),
Norberto Galasso (1936), Daniel Muchnik (1941-2021), Silvia Bleichmar
(1944-2007), Horacio González (1944-2021), Tomás Abraham (1946), Eduardo Gruner
(1946), Gabriela Massuh (1951), Rita Segato (1951), Elsa Drucaroff (1957),
Ricardo Forster (1957), Luis Chitarroni (1958-2023), Felipe Pigna (1959), Dardo
Scavino (1964), María Pía López (1969) y Macarena Marey (1978).
22 de julio de 2026
Alejandro Horowicz: “Estamos en una sociedad en caída libre, no hay muchas sociedades en el mundo homologables a la sociedad argentina” (2/2)
Alejandro Horowicz: “Estamos en una sociedad en caída libre, no hay muchas sociedades en el mundo homologables a la sociedad argentina” (1/2)
El sociólogo, ensayista y periodista
argentino Alejandro Horowicz nació en Buenos Aires en 1949. Estudió Sociología en
la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales
con una tesis sobre la dinámica de los golpes de Estado en la Argentina. En los
años ‘70 fue un activo militante político e integró la Junta Ejecutiva de la
Federación Universitaria Argentina (FUA) como secretario de relaciones
internacionales. Por entonces se formó en el periodismo de la mano del
prestigioso periodista y fundador de varios medios de prensa Jacobo Timerman (1923-1999)
y, a lo largo de los años, publicó numerosas columnas en los diarios “Clarín”, “Infobae”,
“La Opinión”, “Perfil” y “Tiempo Argentino”, y colaboró en importantes revistas
de análisis político, cultural y económico entre las que se pueden mencionar “Anfibia”,
“Competencia”, “Consignas”, “Contraeditorial”, “Convicción”, “Crisis”, “Jacobin”,
“Primera Plana” y “Sur”.
En los años ‘90 ingresó en la docencia universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde fue profesor titular en la Carrera de Sociología. En esa época dirigió la colección “Espejo de la Argentina” de la editorial Planeta creada por el escritor, periodista y asesor literario Juan Forn (1959-2021), y también la colección “Historia Crítica de la Literatura Argentina” de la editorial Emecé a cargo del escritor, crítico literario y profesor universitario Noé Jitrik (1928-2022). Actualmente ejerce el mismo cargo en “Contracorrientes. Pensar la Historia” de Marea Editorial, una publicación que comprende una serie de títulos clave para abordar la política, la literatura y el pensamiento en el contexto de la Argentina actual.
Es autor de los ensayos “Los cuatro peronismos”, “El país que estalló. Antecedentes para una historia argentina (1806-1820)”, “Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional”, “El huracán rojo. De Francia a Rusia. 1789-1917”, “El kirchnerismo desarmado. La larga agonía del cuarto peronismo” y “Lenin y Trotsky. Los dragones de Marx”. También ha publicado, en coautoría con el filósofo italiano Toni Negri (1933-2023), “Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina”.
En los años ‘90 ingresó en la docencia universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde fue profesor titular en la Carrera de Sociología. En esa época dirigió la colección “Espejo de la Argentina” de la editorial Planeta creada por el escritor, periodista y asesor literario Juan Forn (1959-2021), y también la colección “Historia Crítica de la Literatura Argentina” de la editorial Emecé a cargo del escritor, crítico literario y profesor universitario Noé Jitrik (1928-2022). Actualmente ejerce el mismo cargo en “Contracorrientes. Pensar la Historia” de Marea Editorial, una publicación que comprende una serie de títulos clave para abordar la política, la literatura y el pensamiento en el contexto de la Argentina actual.
Es autor de los ensayos “Los cuatro peronismos”, “El país que estalló. Antecedentes para una historia argentina (1806-1820)”, “Las dictaduras argentinas. Historia de una frustración nacional”, “El huracán rojo. De Francia a Rusia. 1789-1917”, “El kirchnerismo desarmado. La larga agonía del cuarto peronismo” y “Lenin y Trotsky. Los dragones de Marx”. También ha publicado, en coautoría con el filósofo italiano Toni Negri (1933-2023), “Diálogo sobre la globalización, la multitud y la experiencia argentina”.
19 de julio de 2026
23º Campeonato Mundial de Fútbol. México/Estados Unidos/Canadá 2026
México 2 - Sudáfrica 0
Corea del Sur 2 - Rep. Checa 1
Rep. Checa 1 - Sudáfrica 1
México 1 - Corea del Sur 0
Rep. Checa 0 - México 3
Sudáfrica 1 - Corea del Sur 0
GRUPO B
Canadá 1 - Bosnia y Herzegovina 1
Qatar 1 - Suiza 1
Suiza 4 - Bosnia y Herzegovina 1
Canadá 6 - Qatar 0
Suiza 2 - Canadá 1
Bosnia y Herzegovina 3 - Qatar 1
GRUPO C
Brasil 1 - Marruecos 1
Haití 0 - Escocia 1
Escocia 0 - Marruecos 1
Brasil 3 - Haití 0
Marruecos 4 - Haití 2
Escocia 0 - Brasil 3
GRUPO D
Estados Unidos 4 - Paraguay 1
Australia 2 - Turquía 0
Estados Unidos 2 - Australia 0
Turquía 0 - Paraguay 1
Turquía 3 - Estados Unidos 2
Paraguay 0 - Australia 0
GRUPO E
Alemania 7 - Curazao 1
Costa de Marfil 1 - Ecuador 0
Alemania 2 - Costa de Marfil 1
Ecuador 0 - Curazao 0
Ecuador 2 - Alemania 1
Curazao 0 - Costa de Marfil 2
GRUPO F
Países Bajos 2 - Japón 2
Suecia 5 - Túnez 1
Países Bajos 5 - Suecia 1
Túnez 0 - Japón 4
Japón 1 - Suecia 1
Túnez 1 - Países Bajos 3
Corea del Sur 2 - Rep. Checa 1
Rep. Checa 1 - Sudáfrica 1
México 1 - Corea del Sur 0
Rep. Checa 0 - México 3
Sudáfrica 1 - Corea del Sur 0
GRUPO B
Canadá 1 - Bosnia y Herzegovina 1
Qatar 1 - Suiza 1
Suiza 4 - Bosnia y Herzegovina 1
Canadá 6 - Qatar 0
Suiza 2 - Canadá 1
Bosnia y Herzegovina 3 - Qatar 1
GRUPO C
Brasil 1 - Marruecos 1
Haití 0 - Escocia 1
Escocia 0 - Marruecos 1
Brasil 3 - Haití 0
Marruecos 4 - Haití 2
Escocia 0 - Brasil 3
GRUPO D
Estados Unidos 4 - Paraguay 1
Australia 2 - Turquía 0
Estados Unidos 2 - Australia 0
Turquía 0 - Paraguay 1
Turquía 3 - Estados Unidos 2
Paraguay 0 - Australia 0
GRUPO E
Alemania 7 - Curazao 1
Costa de Marfil 1 - Ecuador 0
Alemania 2 - Costa de Marfil 1
Ecuador 0 - Curazao 0
Ecuador 2 - Alemania 1
Curazao 0 - Costa de Marfil 2
GRUPO F
Países Bajos 2 - Japón 2
Suecia 5 - Túnez 1
Países Bajos 5 - Suecia 1
Túnez 0 - Japón 4
Japón 1 - Suecia 1
Túnez 1 - Países Bajos 3
GRUPO G
Bélgica 1 - Egipto 1
Irán 2 - Nueva Zelanda 2
Bélgica 0 - Irán 0
Nueva Zelanda 1 - Egipto 3
Egipto 1 - Irán 1
Nueva Zelanda 1 - Bélgica 5
GRUPO H
España 0 - Cabo Verde 0
Arabia Saudita 1 - Uruguay 1
España 4 - Arabia Saudita 0
Uruguay 2 - Cabo Verde 2
Uruguay 0 - España 1
Cabo Verde 0 - Arabia Saudita 0
GRUPO I
Francia 3 - Senegal 1
Irak 1 - Noruega 4
Francia 3 - Irak 0
Noruega 3 - Senegal 2
Noruega 1 - Francia 4
Senegal 5 - Irak 0
GRUPO J
Argentina 3 - Argelia 0
Austria 3 - Jordania 1
Argentina 2 - Austria 0
Jordania 1 - Argelia 2
Jordania 1 - Argentina 3
Argelia 3 - Austria 3
GRUPO K
Portugal 1 - Rep. Del Congo 1
Uzbekistán 1 - Colombia 3
Portugal 5 - Uzbekistán 0
Colombia 1 - Rep. Del Congo 0
Colombia 0 - Portugal 0
Rep. Del Congo 3 - Uzbekistán 1
GRUPO L
Inglaterra 4 - Croacia 2
Ghana 1 - Panamá 0
Inglaterra 0 - Ghana 0
Panamá 0 - Croacia 1
Panamá 0 - Inglaterra 2
Croacia 2 - Ghana 1
DIECISEISAVOS DE FINAL
Sudáfrica 0 - Canadá 1
Brasil 2 - Japón 1
Alemania 1 (3) - Paraguay 1 (4)
Países Bajos 1 (2) - Marruecos 1 (3)
Costa de Marfil 1 - Noruega 2
Francia 3 - Suecia 0
México 2 - Ecuador 0
Inglaterra 2 - Rep. Del Congo 1
Bélgica 3 - Senegal 2
Estados Unidos 2 - Bosnia y Herzegovina 0
España 3 - Austria 0
Portugal 2 - Croacia 1
Suiza 2 - Argelia 0
Australia 1 (2) - Egipto1 (4)
Argentina 3 - Cabo Verde 2
Colombia 1 - Ghana 0
OCTAVOS DE FINAL
Canadá 0 - Marruecos 3
Paraguay 0 - Francia 1
Brasil 1 - Noruega 2
México 2 - Inglaterra 3
Portugal 0 - España 1
Estados Unidos 1 - Bélgica 4
Argentina 3 - Egipto 2
Suiza 0 (4) - Colombia 0 (3)
CUARTOS DE FINAL
Francia 2 - Marruecos 0
España 2 - Bélgica 1
Noruega 1 - Inglaterra 2
Argentina 3 - Suiza 1
SEMIFINALES
Francia 0 - España 2
Inglaterra 1 - Argentina 2
TERCER PUESTO
Francia 4 - Inglaterra 6
FINAL
España 1 - Argentina 0
CAMPEON España
SELECCIONADOS
PARTICIPANTES
48
FECHA DE REALIZACION 11 de junio / 19 de julio
ESTADIOS UTILIZADOS 16
PARTIDOS JUGADOS 104
GOLES CONVERTIDOS 308
GOLES EN CONTRA 14
GOLES DE PENAL 16
GOLES DE TIRO LIBRE 3
PROMEDIO DE GOL POR
PARTIDO 2,96
DESEMPATE POR PENALES 4
GOLEADOR Kylian Mbappé 10
MAXIMA GOLEADA Alemania 7 - Curazao 1
PARTIDO CON MAS GOLES Inglaterra 6 - Francia 4
JUGADORES EXPULSADOS 15
CANTIDAD DE EXPECTADORES 6.810.966
10 de julio de 2026
Alice Munro: “Nunca sé la extensión que tendrá un relato. No me importa si lo que estoy escribiendo en ese momento es un cuento u otra cosa. Es ficción y punto”
Un día como hoy, hace
noventa y cinco años, venía al mundo la cuentista Alice Munro, una de las escritoras
contemporáneas en lengua inglesa más reconocidas por su maestría en el relato y
su visión personal de la condición humana. Nacida como Alice Ann Laidlaw en
Wingham, un pueblo de la provincia de Ontario, Canadá, en donde se asentaron
sus antepasados migrantes de Escocia, sobrellevó una infancia y una
adolescencia enrevesadas debido a una compleja relación con sus padres, una situación
para la cual encontró en la lectura una vía de escape. Mientras recibía la
educación primaria en la Lower Town School y la secundaria en la F.E. Madill
Secondary School, ambas escuelas públicas de su ciudad natal, ya se había
convertido en una ávida lectora de los cuentos de hadas del danés Hans
Christian Andersen (1805-1875), de los relatos de misterio y suspenso para
niños del inglés Charles Dickens (1812-1870), de los cuentos infantiles del estadounidense
Thornton Burgess (1874-1965), de las leyendas mitológicas y medievales del inglés Alfred
Tennyson (1809-1892), de los cuentos realistas del ruso Anton Chéjov (1860-1904)
y de los relatos sutiles e irónicos de la canadiense Lucy Maud Montgomery (1874-1942).
En 1949, gracias a obtener la calificación más alta en inglés de todos los
estudiantes que la solicitaron, consiguió una beca de dos años en la University
of Western Ontario ubicada en London, una ciudad ubicada en el suroeste de esa
provincia. Inicialmente estudió periodismo, pero en su segundo año se cambió a
Literatura Inglesa, aunque abandonó la carrera antes de graduarse para contraer
matrimonio. Durante su período universitario ya dedicaba buena parte de su
tiempo a escribir, y en la primavera de 1950 publicó sus primeros relatos en “Folio”,
la revista literaria para estudiantes de esa universidad.
Ya casada, se instaló en Vancouver con su esposo. Mientras éste trabajaba en una de las tiendas de la empresa Eaton's, ella se ocupaba de las tareas de la casa al tiempo que leía y escribía. Durante los años siguientes publicó varios textos en periódicos canadienses como “Chatelaine”, “Mayfair”, “Montrealer”, “Queen's Quarterly”, “Tamarack Review” y “The Canadian Forum”. Recién en septiembre de 1968 apareció su primer libro: “Dance of the Happy Shades” (Danza de las sombras). En 1972 se divorció y regresó a su provincia natal donde se convirtió en una fecunda escritora como residente en su antigua universidad. Volvió a casarse en 1976 y a partir de entonces consolidó su carrera literaria.
En los años siguientes publicó “Who do you think you are?” (¿Quién te crees que eres?), “The moons of Jupiter” (Las lunas de Júpiter), “The love of a good woman” (El amor de una mujer generosa), “Hateship, friendship, courtship, loveship, marriage” (Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio) y “Too much happiness” (Demasiada felicidad), por citar sólo algunas de sus obras. En simultáneo, muchos de sus relatos aparecieron en prestigiosas revistas como “The New Yorker”, “Toronto Life”, “Granta” y “Paris Review”, y varios de ellos fueron adaptados para el cine.
Ya casada, se instaló en Vancouver con su esposo. Mientras éste trabajaba en una de las tiendas de la empresa Eaton's, ella se ocupaba de las tareas de la casa al tiempo que leía y escribía. Durante los años siguientes publicó varios textos en periódicos canadienses como “Chatelaine”, “Mayfair”, “Montrealer”, “Queen's Quarterly”, “Tamarack Review” y “The Canadian Forum”. Recién en septiembre de 1968 apareció su primer libro: “Dance of the Happy Shades” (Danza de las sombras). En 1972 se divorció y regresó a su provincia natal donde se convirtió en una fecunda escritora como residente en su antigua universidad. Volvió a casarse en 1976 y a partir de entonces consolidó su carrera literaria.
En los años siguientes publicó “Who do you think you are?” (¿Quién te crees que eres?), “The moons of Jupiter” (Las lunas de Júpiter), “The love of a good woman” (El amor de una mujer generosa), “Hateship, friendship, courtship, loveship, marriage” (Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio) y “Too much happiness” (Demasiada felicidad), por citar sólo algunas de sus obras. En simultáneo, muchos de sus relatos aparecieron en prestigiosas revistas como “The New Yorker”, “Toronto Life”, “Granta” y “Paris Review”, y varios de ellos fueron adaptados para el cine.
Alice Munro fue premiada en
1968 con el galardón literario más importante de su país, el Governor's General
Award, y en 2009 con el International Booker Prize, un premio literario bienal
otorgado en el Reino Unido a escritores con obras de ficción publicadas en
inglés. Luego, en 2013, recibió el Premio Nobel de Literatura como “maestra del
relato corto contemporáneo”, el cual no pudo recoger en persona ya que por
entonces había comenzado a padecer una demencia senil, la enfermedad que la
llevaría a la muerte en una residencia para ancianos en Port Hope, Ontario, la
noche del 13 de mayo de 2024 a los noventa y dos años.
Lo que sigue es una
compilación de fragmentos de la entrevista que le hizo la periodista estadounidense
Lisa Dickler Awano pocos días después de que se anunciara que era la ganadora
del Nobel y que fue publicada el 18 de octubre de 2013 en la revista literaria
estadounidense “Virginia Quarterly Review”, y de la conversación en video que
mantuvo con el periodista sueco Stefan Åsberg que sirvió como discurso de
recepción del Nobel, la cual fue proyectada en la Academia Sueca el 7 de
diciembre de 2013.
6 de julio de 2026
Gabriel García Márquez y los platillos voladores
Nacido en Los Ángeles,
California, tras graduarse en la universidad privada Dartmouth College ubicada
en Hanover, Nuevo Hampshire, John Skirius (1948-2010), obtuvo su doctorado en
la Harvard University para luego desempeñarse como Profesor de tiempo completo
de Literatura Hispanoamericana en la University of California, Los Angeles,
durante más de treinta años. Siendo director del Departamento de Literatura
Española y Portuguesa de dicha universidad, organizó conferencias y simposios
dedicados a la cultura de América Latina, pero sobre todo a la de México. En
ese sentido, en 1978 publicó el ensayo “José Vasconcelos y la cruzada de 1929”,
obra en la que documentó y analizó la histórica y fallida campaña presidencial
en 1929 del abogado, pedagogo y filósofo mexicano José Vasconcelos (1882-1959).
Tiempo después publicó en la “Revista de la Universidad de México” el artículo
“Vasconcelos: de la revolución a la educación”, en el cual hizo un rescate de
la faceta educativa y destacó la gran labor que como Secretario de Educación
Pública desarrolló el autor de obras que dejaron un profunda marca en la vida
cultural mexicana como, por ejemplo, “Breve historia de México”, “Tratado de
metafísica”, “Historia del pensamiento filosófico” y “Divagaciones literarias”.
En la misma revista también publicó un artículo sobre la escritora mexicana Carmen Boullosa (1954), e hizo lo propio escribiendo columnas dedicadas a los escritores también mexicanos José Fernández de Lizardi (1776-1827) en la “Nueva Revista de Filología Hispánica”, y a Agustín Yáñez (1904-1980), Enrique Krauze (1947) y Eloy Urroz (1967) en la “Revista de Literatura Mexicana Contemporánea”.
En 1982, compiló en un libro algunos de los que -según su criterio- eran los mejores ensayos escritos por autores hispanoamericanos hasta ese momento. La obra en cuestión, publicada por la editorial del Fondo de Cultura Económica, se llamó “El ensayo hispanoamericano del siglo XX”. En ella reprodujo un centenar de textos fundamentalmente literarios de talentosos escritores entre los que se pueden mencionar al citado José Vasconcelos, al nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), a los cubanos José Martí (1853-1895) y Alejo Carpentier (1904-1980), al uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), al guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), a los chilenos Gabriela Mistral (1889-1957) y Pablo Neruda (1904-1973), a los argentinos Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), Jorge Luis Borges (1899-1986), Enrique Anderson Imbert (1910-2000), Ernesto Sabato (1911-2011) y Julio Cortázar (1914-1984), al venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001), a los peruanos José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Mario Vargas Llosa (1936-2025), a los mexicanos Alfonso Reyes (1889-1959), Octavio Paz (1914-1998), Carlos Fuentes (1928-2012), Elena Poniatowska (1932) y Carlos Monsiváis (1938-2010), y a los colombianos Germán Arciniegas (1900-1999) y Gabriel García Márquez (1927-2014).
Este último, sin dudas, junto a los citados Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, fue uno de los máximos exponentes del llamado Boom Latinoamericano, un fenómeno literario y editorial que tuvo lugar en las décadas del ‘60 y ’70 del siglo pasado, el cual contribuyó notablemente a que las obras de estos autores -a los que se sumaron luego el cubano José Lezama Lima (1910-1976), el mexicano Juan Rulfo (México, 1917-1986), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005), el uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), el chileno José Donoso (1924-1996) y el argentino Manuel Puig (1932-1990) entre varios otros- fueran ampliamente distribuidas y alcanzasen una proyección internacional sin precedentes.
Entre los muchos textos que el profesor Skirius incluyó en “El ensayo hispanoamericano del siglo XX” se destacan “Los habitantes de la ciudad”, “Sobre el fin del mundo”, “Nuestra música en Bogotá”, “La Marquesita de la Sierpe”, “La sociedad de América Latina” y “Los pobres platillos voladores” del autor de novelas inolvidables como “El coronel no tiene quien le escriba”, “El otoño del patriarca”, “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Cien años de soledad”. De los seis textos del colombiano, tal vez el más sugestivo sea “Los pobres platillos voladores”, el cual fue escrito en 1950 y seleccionado años después en la revista mexicana “La Gaceta” como uno de los mejores cuentos sobre ese tema.
Cualquiera que haya leído “Cien años de soledad”, publicada en 1967, recordará que en ella se narra la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo. En esta emblemática obra se hizo presente en varias ocasiones la fascinación que García Márquez sentía por los ovnis y la vida extraterrestre, un embeleso que le nació en 1938 tras ver en el cine-teatro “Colombia” de Barranquilla “La invasión de Mongo”, la primera parte de la versión cinematográfica dirigida por el alemán Frederick Stephani (1903-1962) de la historieta de ciencia ficción creada por el dibujante estadounidense Alex Raymond (1909-1956).
En dicha novela, los platos voladores aparecen surcando el cielo para presagiar la muerte o anunciar que algo terminaba. La primera en observarlos fue Úrsula Iguarán, esposa de José Arcadio Buendía, una noche en que el Coronel Aureliano Buendía se disparó en el pecho después de haber firmado su rendición ante el Gobierno: “‘Lo han matado a traición -precisó Úrsula- y nadie le hizo la caridad de cerrarle los ojos’. Al anochecer vio a través de las lágrimas los raudos y luminosos discos anaranjados que cruzaron el cielo como una exhalación, y pensó que era una señal de la muerte”, escribió García Márquez.
Más adelante, otra noche los vio Santa Sofía de la Piedad, pareja de José Arcadio Buendía, a pocas horas de la muerte de su madre Úrsula: “Santa Sofía de la Piedad tuvo la certeza de que la encontraría muerta de un momento a otro, porque observaba por esos días un cierto aturdimiento de la naturaleza: que las rosas olían a quenopodio, que se le cayó una totuma de garbanzos y los granos quedaron en el suelo en un orden geométrico perfecto y en forma de estrella de mar, y que una noche vio pasar por el cielo una fila de luminosos discos anaranjados”.
El último personaje de la novela que los vio fue Amaranta Úrsula, la hija de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio, estando en la cama batallando desnuda contra el ímpetu sexual de Aureliano Babilonia, su sobrino, con quien finalmente consuma el incesto: “Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte”, narró García Márquez.
En la misma revista también publicó un artículo sobre la escritora mexicana Carmen Boullosa (1954), e hizo lo propio escribiendo columnas dedicadas a los escritores también mexicanos José Fernández de Lizardi (1776-1827) en la “Nueva Revista de Filología Hispánica”, y a Agustín Yáñez (1904-1980), Enrique Krauze (1947) y Eloy Urroz (1967) en la “Revista de Literatura Mexicana Contemporánea”.
En 1982, compiló en un libro algunos de los que -según su criterio- eran los mejores ensayos escritos por autores hispanoamericanos hasta ese momento. La obra en cuestión, publicada por la editorial del Fondo de Cultura Económica, se llamó “El ensayo hispanoamericano del siglo XX”. En ella reprodujo un centenar de textos fundamentalmente literarios de talentosos escritores entre los que se pueden mencionar al citado José Vasconcelos, al nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), a los cubanos José Martí (1853-1895) y Alejo Carpentier (1904-1980), al uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), al guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), a los chilenos Gabriela Mistral (1889-1957) y Pablo Neruda (1904-1973), a los argentinos Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), Jorge Luis Borges (1899-1986), Enrique Anderson Imbert (1910-2000), Ernesto Sabato (1911-2011) y Julio Cortázar (1914-1984), al venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001), a los peruanos José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Mario Vargas Llosa (1936-2025), a los mexicanos Alfonso Reyes (1889-1959), Octavio Paz (1914-1998), Carlos Fuentes (1928-2012), Elena Poniatowska (1932) y Carlos Monsiváis (1938-2010), y a los colombianos Germán Arciniegas (1900-1999) y Gabriel García Márquez (1927-2014).
Este último, sin dudas, junto a los citados Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, fue uno de los máximos exponentes del llamado Boom Latinoamericano, un fenómeno literario y editorial que tuvo lugar en las décadas del ‘60 y ’70 del siglo pasado, el cual contribuyó notablemente a que las obras de estos autores -a los que se sumaron luego el cubano José Lezama Lima (1910-1976), el mexicano Juan Rulfo (México, 1917-1986), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005), el uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), el chileno José Donoso (1924-1996) y el argentino Manuel Puig (1932-1990) entre varios otros- fueran ampliamente distribuidas y alcanzasen una proyección internacional sin precedentes.
Entre los muchos textos que el profesor Skirius incluyó en “El ensayo hispanoamericano del siglo XX” se destacan “Los habitantes de la ciudad”, “Sobre el fin del mundo”, “Nuestra música en Bogotá”, “La Marquesita de la Sierpe”, “La sociedad de América Latina” y “Los pobres platillos voladores” del autor de novelas inolvidables como “El coronel no tiene quien le escriba”, “El otoño del patriarca”, “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera” y “Cien años de soledad”. De los seis textos del colombiano, tal vez el más sugestivo sea “Los pobres platillos voladores”, el cual fue escrito en 1950 y seleccionado años después en la revista mexicana “La Gaceta” como uno de los mejores cuentos sobre ese tema.
Cualquiera que haya leído “Cien años de soledad”, publicada en 1967, recordará que en ella se narra la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo. En esta emblemática obra se hizo presente en varias ocasiones la fascinación que García Márquez sentía por los ovnis y la vida extraterrestre, un embeleso que le nació en 1938 tras ver en el cine-teatro “Colombia” de Barranquilla “La invasión de Mongo”, la primera parte de la versión cinematográfica dirigida por el alemán Frederick Stephani (1903-1962) de la historieta de ciencia ficción creada por el dibujante estadounidense Alex Raymond (1909-1956).
En dicha novela, los platos voladores aparecen surcando el cielo para presagiar la muerte o anunciar que algo terminaba. La primera en observarlos fue Úrsula Iguarán, esposa de José Arcadio Buendía, una noche en que el Coronel Aureliano Buendía se disparó en el pecho después de haber firmado su rendición ante el Gobierno: “‘Lo han matado a traición -precisó Úrsula- y nadie le hizo la caridad de cerrarle los ojos’. Al anochecer vio a través de las lágrimas los raudos y luminosos discos anaranjados que cruzaron el cielo como una exhalación, y pensó que era una señal de la muerte”, escribió García Márquez.
Más adelante, otra noche los vio Santa Sofía de la Piedad, pareja de José Arcadio Buendía, a pocas horas de la muerte de su madre Úrsula: “Santa Sofía de la Piedad tuvo la certeza de que la encontraría muerta de un momento a otro, porque observaba por esos días un cierto aturdimiento de la naturaleza: que las rosas olían a quenopodio, que se le cayó una totuma de garbanzos y los granos quedaron en el suelo en un orden geométrico perfecto y en forma de estrella de mar, y que una noche vio pasar por el cielo una fila de luminosos discos anaranjados”.
El último personaje de la novela que los vio fue Amaranta Úrsula, la hija de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio, estando en la cama batallando desnuda contra el ímpetu sexual de Aureliano Babilonia, su sobrino, con quien finalmente consuma el incesto: “Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte”, narró García Márquez.
En “Los pobres platillos
voladores” relató: “La humanidad resolvió -al fin- faltarle al respeto a los
platillos voladores. Aquellos que un día fueron lejanos y misteriosos huéspedes
de los más extraños cielos, han entrado en una lamentable decadencia,
precisamente por haber perdido su primitivo carácter de eventualidad y lejanía.
En un principio, algún modesto granjero de Arkansas vio cruzar, por su estrellato
campesino ‘una estrella más grande que ninguna’, sólo que a diferencia de la
del inspirado poeta, la que vio el granjero no era, técnicamente, la luna, sino
una estrella móvil y esférica que se precipitó a una velocidad indecorosamente
supersónica, hacia un horizonte que, por la mala noche que debió pasar el
granjero, era un auténtico y nada lorquiano horizonte de perros”.
“A la mañana siguiente, cuando el asombrado campesino de Arkansas llegó al poblado y dijo en la farmacia que la noche anterior vio un extraño cuerpo circular volando no propiamente hacia Río de Janeiro, como aconteció en alguna película, sino hacia ‘el infinito abismo donde nuestra voz no alcanza’, como aconteció en un poema, el farmacéutico debió prescribirle un purgante eficaz para regularizar el alucinado aparato digestivo del granjero. Sin embargo, los misteriosos huéspedes siguieron realizando sus luminosas incursiones nocturnas, hasta el extremo de que no sólo perturbaron también la tranquilidad de los cielos europeos, seguidos desde abajo por millares de pupilas asombradas, sino que se arriesgaron a jugar un celeste escondite con algunos aviadores norteamericanos, de cuya sobriedad en sustancias destiladas no cabe la menor duda”.
“Es así como la humanidad, en cierta manera, ha empezado a sufrir las consecuencias de la purga que en mala hora se administró al granjero de Arkansas. Los platicos voladores, antes discretos e inofensivos, empezaron a perder la vergüenza. Se familiarizaron con los halagos de la publicidad y volaron cada vez a menor altura sobre los tejados, hasta el límite de que un ciudadano de Texas se viera en la necesidad de asegurar sus propiedades contra sus incursiones y de que una modesta empleada boliviana declarara, el último domingo, que ha formalizado compromiso matrimonial, de acuerdo con las leyes de Bolivia, con el copiloto de un platillo volador que una romántica noche de febrero sufrió un accidente junto a su ventana, de ella”.
“Personalmente me conmueve esta dolorosa decadencia en que van hundiéndose los que en mejores tiempos fueron identificados como diminutos visitantes interplanetarios. Me conmueve, porque la humanidad se vengará ahora de todas esas noches de sobresalto que le hicieron vivir los platillos voladores. Ramona, la novelera esposa de mi buen amigo Pancho, amanecerá un día de éstos exigiendo a su paciente cónyuge que modernice la vajilla doméstica no sólo ya con platillos, sino con tazas, bandejas y cafeteras voladoras. Y llegará el día -doloroso día- en que tendremos ceniceros fabricados con el material sobrante de los que fueron dignos y serviciales exploradores celestes. Porque todo es capaz de hacerlo la humanidad, hasta de permitir que se les castigue al musical escarnio de complementar el instrumental de la banda de Gustavita, cuyo orgulloso platillero tendrá la satisfacción de acompañar dentro de algunos meses la misma pieza milenaria, con el sonoro y metálico compás de los platillos voladores”.
Este breve y divertido texto fue escrito por García Márquez en 1950 para “El Heraldo”, un diario de Barranquilla donde trabajaba como periodista luego de sus inicios en 1948 en “El Universal” de Cartagena. En abril de 1968 se estrenó “2001: A space odyssey” (2001: Odisea del espacio) dirigida por el estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999), una película que también impresionó al escritor colombiano. Poco más de un año después, se llevó a cabo la misión aeroespacial norteamericana que logró el primer alunizaje de seres humanos en la Luna mediante la nave espacial Apolo 11, un viaje propiciado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (National Aeronautics and Space Administration - NASA).
El mismo año del histórico alunizaje, la revista española “Cíclope” publicó en su nro. 16 una entrevista en la que el escritor habló sobre la vida extraterrestre y las naves espaciales. Cuando se le preguntó su opinión sobre los ovnis, respondió: “Mi opinión sobre los ovnis es de sentido común: creo que son naves procedentes de otros planetas, pero cuyo destino no es la Tierra”. “Es conmovedora la soberbia de quienes afirman que nuestro planeta es el único habitado -agregó-. Creo más bien que somos algo así como una aldea perdida en la provincia menos interesante del Universo, y que los discos luminosos que vemos pasar en la noche de los siglos nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas”. Ante la pregunta sobre de donde creía que procedían y quién los dirigía, contestó: “Los ovnis deben de estar tripulados por seres cuyo ciclo biológico es desmesuradamente más amplio y fructífero que el nuestro. No se ocupan de nosotros porque acabaron de estudiarnos hace miles de años, cuando se hicieron las últimas exploraciones del Universo, y no sólo saben de nosotros mucho más que nosotros mismos, sino que conocen inclusive nuestro destino. En realidad, la Tierra debe de ser para ellos una isla de emergencia en los azares de la navegación espacial”.
Y cuando se le preguntó su parecer sobre la persistencia de algunos científicos en negar, no ya la posibilidad de que existan naves extraterrestres, sino también el fenómeno en sí, manifestó: “Lo que pasa es que la humanidad no supo merecer la sabiduría de los alquimistas, que consideraban el laboratorio como una simple cocina de la clarividencia, y ahora estamos a merced de una ciencia reaccionaria cuyo dogmatismo ramplón no admite las evidencias mientras no las tenga dentro de un frasco. Son científicos regresivos que niegan la existencia de los marcianos porque no los pueden ver. Seguiremos viendo con la boca abierta esos discos luminosos que ya eran familiares en las noches de la Biblia, y seguiremos negando su existencia aunque sus tripulantes se sienten a almorzar con nosotros, como ocurrió tantas veces en el pasado, porque somos los habitantes del planeta más provinciano, reaccionario y atrasado del Universo”.
Años después, en marzo de 1977, en una entrevista concedida al periódico colombiano “El Espectador” comentó: “Mientras no encuentren otro ser humano en algún lugar del universo, la conquista del espacio será un fracaso. Es exactamente el problema de la literatura, el problema del arte. Mientras el arte y la literatura no le transmitan a los lectores, a los espectadores, un problema de la vida, un problema de los seres humanos, será un fracaso completo”. Con estas ideas, García Márquez mostró no sólo su oficio literario, su papel como periodista, su labor como defensor de los Derechos Humanos, sino que fue más allá y exhibió su propia carrera espacial, librada contra sí mismo y para sí mismo en favor de la literatura.
“A la mañana siguiente, cuando el asombrado campesino de Arkansas llegó al poblado y dijo en la farmacia que la noche anterior vio un extraño cuerpo circular volando no propiamente hacia Río de Janeiro, como aconteció en alguna película, sino hacia ‘el infinito abismo donde nuestra voz no alcanza’, como aconteció en un poema, el farmacéutico debió prescribirle un purgante eficaz para regularizar el alucinado aparato digestivo del granjero. Sin embargo, los misteriosos huéspedes siguieron realizando sus luminosas incursiones nocturnas, hasta el extremo de que no sólo perturbaron también la tranquilidad de los cielos europeos, seguidos desde abajo por millares de pupilas asombradas, sino que se arriesgaron a jugar un celeste escondite con algunos aviadores norteamericanos, de cuya sobriedad en sustancias destiladas no cabe la menor duda”.
“Es así como la humanidad, en cierta manera, ha empezado a sufrir las consecuencias de la purga que en mala hora se administró al granjero de Arkansas. Los platicos voladores, antes discretos e inofensivos, empezaron a perder la vergüenza. Se familiarizaron con los halagos de la publicidad y volaron cada vez a menor altura sobre los tejados, hasta el límite de que un ciudadano de Texas se viera en la necesidad de asegurar sus propiedades contra sus incursiones y de que una modesta empleada boliviana declarara, el último domingo, que ha formalizado compromiso matrimonial, de acuerdo con las leyes de Bolivia, con el copiloto de un platillo volador que una romántica noche de febrero sufrió un accidente junto a su ventana, de ella”.
“Personalmente me conmueve esta dolorosa decadencia en que van hundiéndose los que en mejores tiempos fueron identificados como diminutos visitantes interplanetarios. Me conmueve, porque la humanidad se vengará ahora de todas esas noches de sobresalto que le hicieron vivir los platillos voladores. Ramona, la novelera esposa de mi buen amigo Pancho, amanecerá un día de éstos exigiendo a su paciente cónyuge que modernice la vajilla doméstica no sólo ya con platillos, sino con tazas, bandejas y cafeteras voladoras. Y llegará el día -doloroso día- en que tendremos ceniceros fabricados con el material sobrante de los que fueron dignos y serviciales exploradores celestes. Porque todo es capaz de hacerlo la humanidad, hasta de permitir que se les castigue al musical escarnio de complementar el instrumental de la banda de Gustavita, cuyo orgulloso platillero tendrá la satisfacción de acompañar dentro de algunos meses la misma pieza milenaria, con el sonoro y metálico compás de los platillos voladores”.
Este breve y divertido texto fue escrito por García Márquez en 1950 para “El Heraldo”, un diario de Barranquilla donde trabajaba como periodista luego de sus inicios en 1948 en “El Universal” de Cartagena. En abril de 1968 se estrenó “2001: A space odyssey” (2001: Odisea del espacio) dirigida por el estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999), una película que también impresionó al escritor colombiano. Poco más de un año después, se llevó a cabo la misión aeroespacial norteamericana que logró el primer alunizaje de seres humanos en la Luna mediante la nave espacial Apolo 11, un viaje propiciado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (National Aeronautics and Space Administration - NASA).
El mismo año del histórico alunizaje, la revista española “Cíclope” publicó en su nro. 16 una entrevista en la que el escritor habló sobre la vida extraterrestre y las naves espaciales. Cuando se le preguntó su opinión sobre los ovnis, respondió: “Mi opinión sobre los ovnis es de sentido común: creo que son naves procedentes de otros planetas, pero cuyo destino no es la Tierra”. “Es conmovedora la soberbia de quienes afirman que nuestro planeta es el único habitado -agregó-. Creo más bien que somos algo así como una aldea perdida en la provincia menos interesante del Universo, y que los discos luminosos que vemos pasar en la noche de los siglos nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas”. Ante la pregunta sobre de donde creía que procedían y quién los dirigía, contestó: “Los ovnis deben de estar tripulados por seres cuyo ciclo biológico es desmesuradamente más amplio y fructífero que el nuestro. No se ocupan de nosotros porque acabaron de estudiarnos hace miles de años, cuando se hicieron las últimas exploraciones del Universo, y no sólo saben de nosotros mucho más que nosotros mismos, sino que conocen inclusive nuestro destino. En realidad, la Tierra debe de ser para ellos una isla de emergencia en los azares de la navegación espacial”.
Y cuando se le preguntó su parecer sobre la persistencia de algunos científicos en negar, no ya la posibilidad de que existan naves extraterrestres, sino también el fenómeno en sí, manifestó: “Lo que pasa es que la humanidad no supo merecer la sabiduría de los alquimistas, que consideraban el laboratorio como una simple cocina de la clarividencia, y ahora estamos a merced de una ciencia reaccionaria cuyo dogmatismo ramplón no admite las evidencias mientras no las tenga dentro de un frasco. Son científicos regresivos que niegan la existencia de los marcianos porque no los pueden ver. Seguiremos viendo con la boca abierta esos discos luminosos que ya eran familiares en las noches de la Biblia, y seguiremos negando su existencia aunque sus tripulantes se sienten a almorzar con nosotros, como ocurrió tantas veces en el pasado, porque somos los habitantes del planeta más provinciano, reaccionario y atrasado del Universo”.
Años después, en marzo de 1977, en una entrevista concedida al periódico colombiano “El Espectador” comentó: “Mientras no encuentren otro ser humano en algún lugar del universo, la conquista del espacio será un fracaso. Es exactamente el problema de la literatura, el problema del arte. Mientras el arte y la literatura no le transmitan a los lectores, a los espectadores, un problema de la vida, un problema de los seres humanos, será un fracaso completo”. Con estas ideas, García Márquez mostró no sólo su oficio literario, su papel como periodista, su labor como defensor de los Derechos Humanos, sino que fue más allá y exhibió su propia carrera espacial, librada contra sí mismo y para sí mismo en favor de la literatura.
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