En una nota aparecida el 5
de enero de este año en el medio de comunicación digital español “elDiario.es” Ana María Shua, con respecto a “El cuerpo roto” (publicado en noviembre de 2025), explicó que su obsesión por la enfermedad venía de muy lejos: “Desde chica
siempre me gustaron los libros de aventuras, y hay dos aventuras que son
comunes a todos los seres humanos. No cualquiera puede organizar hoy una
expedición al Amazonas, pero el amor y la enfermedad son aventuras que nos
tocan a todos. Y yo me decanté por la enfermedad, vete a saber por qué. Estaba
recordando ahora que una de mis primeras lecturas es el libro ‘Mujercitas’ de
Louisa May Alcott, que han leído todas las niñas, por lo menos las de mi edad,
y que ya tiene la historia de la enfermedad y la muerte de la menor de las
cuatro hermanas. El tema de la enfermedad, del dolor, de la pena y del duelo es
uno de los grandes temas de la literatura”.
“El cuerpo roto” comienza y termina con dos relatos basados en su propia experiencia, mientras que el resto es ficción. En especial el último cuento tiene una historia especial tal como ella lo explicó: “El último relato, que se llama ‘Después de la muerte’, es una crónica del velorio de mi padre y yo lo escribí no mucho después de que él hubiera muerto, quizás en el ‘76 o ‘77. En su momento me daba pudor publicarlo porque lo sentía como un relato muy íntimo, muy personal y además allí estaba mi madre, mi hermana... Por lo íntimo del cuento me daba pudor publicarlo, pero pasaron muchos años, el dolor se transformó en recuerdo y al cuento le llegó su hora de ser publicado”.
Y en relación al vínculo que se genera entre los médicos y los enfermos en cuanto al diagnóstico y el tratamiento de una enfermedad, apuntó: “A mí me parece una relación fascinante que tiene además muchos elementos sadomasoquistas, porque el cuerpo humano es reiteradamente violado por esos artistas que practican el arte de curar. Así que la relación entre el médico y el paciente es muy interesante, como también es muy interesante la relación entre el médico y la familia y los que acompañan. Los médicos suelen decir: ‘Ah, no, yo con el paciente todo bien, el problema es la familia’. Y es que suele ser así, porque el paciente se entrega y en cambio la familia desconfía, siempre piensan que puede haber un médico mejor o que quizás esa droga no es la más adecuada. Me parece un tipo de relación humana muy interesante”.
En cuanto a la condición de quien acompaña a un enfermo expresó: “Es un tema interesantísimo porque el cuidador, el que está cerca del enfermo, cerca del doliente, muchas veces sufre tanto como él. Sufre de otra manera, pero lo sufre. Hasta a mí me ha pasado, a veces uno dice: ‘Bueno, que deje de sufrir de una vez este hombre, que se muera para dejar de sufrir’. Es lo que puede llegar a pasarle a los cuidadores, porque a veces ver sufrir a alguien que uno quiere es tan doloroso como sentir el sufrimiento uno mismo. Cada enfermo es diferente y por algo dicen los médicos a veces que no hay enfermedades sino enfermos. Lo mismo pasa con los cuidadores, con la gente que está alrededor, con la gente que ama a esa persona o la odia, porque a veces ser cuidador no significa necesariamente que uno esté allí por amor sino a veces es por obligación. Todo ese juego de relaciones que se da entre las distintas personas que rodean al paciente también es interesantísimo”.
A lo largo de su trayectoria la multigenérica escritora Ana María Shua ha sido condecorada con numerosos galardones. A los antes mencionados otorgados por Fondo Nacional de las Artes y la Sociedad Argentina de Escritores por su libro de poemas “El sol y yo”, pueden agregarse -entre otros- el premio “Concurso Internacional de Narrativa” de la Editorial Losada por “Soy paciente” en 1980; los premios “Los mejores” por “La fábrica del terror” en 1991 y el “Destacado” por “Miedo en el sur” en 1996 y por “Los devoradores” en 2005 otorgados por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA), una sección de la Organización Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Board on Books for Young People - IBBY) con sede Suiza; el premio “White Ravens” por “La puerta para salir del mundo” en 1994 y por “Cuentos judíos con fantasmas y demonios” en 1995 dados por la Biblioteca Internacional Juvenil de Munich (Internationale Jugendbibliothek - JIB); el “Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires” por “Miedo en el sur” en 1995 y por “La muerte como efecto secundario” en 1997 concedidos por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; el “Premio Nacional de Literatura” por “Fenómenos de circo” entregado por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina en 2014; y el “Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola” por “Hija” otorgado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en 2016.
“El cuerpo roto” comienza y termina con dos relatos basados en su propia experiencia, mientras que el resto es ficción. En especial el último cuento tiene una historia especial tal como ella lo explicó: “El último relato, que se llama ‘Después de la muerte’, es una crónica del velorio de mi padre y yo lo escribí no mucho después de que él hubiera muerto, quizás en el ‘76 o ‘77. En su momento me daba pudor publicarlo porque lo sentía como un relato muy íntimo, muy personal y además allí estaba mi madre, mi hermana... Por lo íntimo del cuento me daba pudor publicarlo, pero pasaron muchos años, el dolor se transformó en recuerdo y al cuento le llegó su hora de ser publicado”.
Y en relación al vínculo que se genera entre los médicos y los enfermos en cuanto al diagnóstico y el tratamiento de una enfermedad, apuntó: “A mí me parece una relación fascinante que tiene además muchos elementos sadomasoquistas, porque el cuerpo humano es reiteradamente violado por esos artistas que practican el arte de curar. Así que la relación entre el médico y el paciente es muy interesante, como también es muy interesante la relación entre el médico y la familia y los que acompañan. Los médicos suelen decir: ‘Ah, no, yo con el paciente todo bien, el problema es la familia’. Y es que suele ser así, porque el paciente se entrega y en cambio la familia desconfía, siempre piensan que puede haber un médico mejor o que quizás esa droga no es la más adecuada. Me parece un tipo de relación humana muy interesante”.
En cuanto a la condición de quien acompaña a un enfermo expresó: “Es un tema interesantísimo porque el cuidador, el que está cerca del enfermo, cerca del doliente, muchas veces sufre tanto como él. Sufre de otra manera, pero lo sufre. Hasta a mí me ha pasado, a veces uno dice: ‘Bueno, que deje de sufrir de una vez este hombre, que se muera para dejar de sufrir’. Es lo que puede llegar a pasarle a los cuidadores, porque a veces ver sufrir a alguien que uno quiere es tan doloroso como sentir el sufrimiento uno mismo. Cada enfermo es diferente y por algo dicen los médicos a veces que no hay enfermedades sino enfermos. Lo mismo pasa con los cuidadores, con la gente que está alrededor, con la gente que ama a esa persona o la odia, porque a veces ser cuidador no significa necesariamente que uno esté allí por amor sino a veces es por obligación. Todo ese juego de relaciones que se da entre las distintas personas que rodean al paciente también es interesantísimo”.
A lo largo de su trayectoria la multigenérica escritora Ana María Shua ha sido condecorada con numerosos galardones. A los antes mencionados otorgados por Fondo Nacional de las Artes y la Sociedad Argentina de Escritores por su libro de poemas “El sol y yo”, pueden agregarse -entre otros- el premio “Concurso Internacional de Narrativa” de la Editorial Losada por “Soy paciente” en 1980; los premios “Los mejores” por “La fábrica del terror” en 1991 y el “Destacado” por “Miedo en el sur” en 1996 y por “Los devoradores” en 2005 otorgados por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA), una sección de la Organización Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Board on Books for Young People - IBBY) con sede Suiza; el premio “White Ravens” por “La puerta para salir del mundo” en 1994 y por “Cuentos judíos con fantasmas y demonios” en 1995 dados por la Biblioteca Internacional Juvenil de Munich (Internationale Jugendbibliothek - JIB); el “Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires” por “Miedo en el sur” en 1995 y por “La muerte como efecto secundario” en 1997 concedidos por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; el “Premio Nacional de Literatura” por “Fenómenos de circo” entregado por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina en 2014; y el “Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola” por “Hija” otorgado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en 2016.











