Un día como hoy, 11 de
octubre, en 1885, nacía en Londres la mujer que sería reconocida como la gran
pionera del feminismo y de la lucha por el voto femenino en la Argentina: Alicia
Moreau de Justo. Su padre, el francés Armand Moreau (1848-1939), fue un activo
participante de la sublevación popular propulsada por obreros urbanos,
comerciantes, artesanos, profesionales y activistas de distintas tendencias
políticas conocida como la Comuna de París, un gobierno comunal revolucionario que
se sostuvo entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871 en la capital francesa
enfrentada al gobierno nacional ejercido por Adolphe Thiers (1797-1877) desde Versalles,
ciudad en la cual se había instalado tras la derrota en la guerra
franco-prusiana y la firma de un tratado de paz con el Canciller del Imperio
alemán Otto von Bismarck (1815-1898)
el 26 de febrero de 1871. Tras la derrota del movimiento insurreccional por las
tropas del ejército enviado desde Versalles, huyendo de las persecuciones y la represión
militar, Moreau se exilió en Bélgica y más tarde se trasladó a Londres. Allí
conoció a una joven francesa, la bretona Marie Louise de Nanpont (1849-1940), con
quien se casó y tuvo tres hijos, entre ellos Alice.
Fue ella quien en 1983
relató que su padre “tenía la vana, loca o justa esperanza de encontrar un país
donde el tiempo pasado no hubiera establecido barreras”, haciendo referencia a
la emigración que hizo la familia hacia la Argentina partiendo del puerto de
Havre en el buque “Belgrano”, y arribando al puerto de Buenos Aires el 11 de
septiembre de 1887. En la oficina de migraciones, el padre se inscribió como
cocinero y la madre como costurera. Tras residir un breve tiempo en Sansinena,
un pequeño pueblo en el noroeste de la provincia bonaerense, la familia volvió
a Buenos Aires y se instaló transitoriamente en una modesta casa en el barrio
de San Telmo para luego mudarse al barrio de Floresta. “Mi nacimiento es un
poco difícil de explicar, por supuesto. Pero yo llegué aquí en brazos de mi
madre... Todavía no sabía caminar. De manera que, si la frase no es demasiado
literaria, aprendí a caminar sobre la tierra argentina”, recordaría años
después.
Pronto su padre se vinculó con el grupo socialista francés Les Égaux (Los Iguales), una de las organizaciones que en 1896 se habían unido para fundar el Partido Socialista (PS). También instaló con un amigo encuadernador una librería y, gracias a ese negocio familiar, ella tuvo acceso desde temprana edad al mundo de los libros. Por su parte, su padre concurría asiduamente a llevarle libros a los enfermos del Hospital Francés. Por entonces, la futura figura clave de los derechos para las mujeres había castellanizado su nombre como Alicia, y acompañaba a su padre a las reuniones que realizaban los círculos socialistas y del movimiento obrero argentino.
En 1901 comenzó sus
estudios secundarios en la Escuela Normal nº 1, donde tuvo como docente en las
materias Moral e Instrucción Cívica a Hipólito Yrigoyen (1852-1933), el caudillo
de la Unión Cívica Radical (UCR) quien sería Presidente de la Nación entre octubre
de 1916 y octubre de 1922, y entre octubre de 1928 y el 6 de septiembre de 1930,
día en que fue derrocado por un golpe de Estado liderado por el general José
Félix Uriburu (1868-1932). Por entonces era una ferviente lectora de las obras
de los científicos británicos Charles Darwin (1809-1882) y Herbert Spencer
(1820-1903), y del francés Jean Finot (1856-1922), de las cuales se interesó especialmente
en los conceptos de raza y las potencialidades del desenvolvimiento de los
seres humanos en un medio adecuado y con las herramientas educacionales pertinentes,
ideas que la llevaron a impugnar la prejuiciosa doctrina de la pureza, la
desigualdad y la supremacía raciales, y a priorizar los aspectos culturales por
sobre los biológicos.
Tras recibirse de maestra se relacionó con la activista política de origen ruso nacionalizada argentina Fenia Demirov (1869-1928), una de las fundadoras del Centro Socialista Femenino, una agrupación que promovía campañas a favor del sufragio femenino, la igualdad de derechos civiles y jurídicos entre el hombre y la mujer, el divorcio y la educación laica. A partir de allí comenzó su militancia feminista y, en septiembre de 1906, participó en el Congreso Internacional de Libre Pensamiento de Buenos Aires en el que se fascinó con las ideas expuestas por la activista feminista española Belén de Sárraga (1872-1950). En ese evento presentó un ensayo titulado “Evolución y educación” en el cual reflejó su concepción de la educación no como una simple herramienta para reducir el analfabetismo, sino como un motor de emancipación intelectual y progreso colectivo. Vinculando el desarrollo biológico y social con la necesidad de democratizar el saber y basándose en las ideas propuestas por el filósofo italiano Andrea Angiulli (1837-1890) en su obra “La filosofia e la scuola” (La filosofía y la escuela), propuso abandonar el espíritu dogmático de la Iglesia cristiana en el sistema educativo ya que, para ella, constituía un problema pedagógico que debía ser sustituido por una educación pública y laica que era indispensable para elevar las condiciones de las clases trabajadoras y de las mujeres, permitiéndoles ejercer un rol activo, crítico y transformador en la sociedad. La enseñanza debía impartirse con métodos científicos, basados en los conocimientos de la ciencia experimental. Este ensayo le valió el reconocimiento de importantes escritores, filósofos y sociólogos como Juan B. Justo (1865-1928), Enrique Dickmann (1874-1955), Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) y José Ingenieros (1877-1925).
Pronto su padre se vinculó con el grupo socialista francés Les Égaux (Los Iguales), una de las organizaciones que en 1896 se habían unido para fundar el Partido Socialista (PS). También instaló con un amigo encuadernador una librería y, gracias a ese negocio familiar, ella tuvo acceso desde temprana edad al mundo de los libros. Por su parte, su padre concurría asiduamente a llevarle libros a los enfermos del Hospital Francés. Por entonces, la futura figura clave de los derechos para las mujeres había castellanizado su nombre como Alicia, y acompañaba a su padre a las reuniones que realizaban los círculos socialistas y del movimiento obrero argentino.
Tras recibirse de maestra se relacionó con la activista política de origen ruso nacionalizada argentina Fenia Demirov (1869-1928), una de las fundadoras del Centro Socialista Femenino, una agrupación que promovía campañas a favor del sufragio femenino, la igualdad de derechos civiles y jurídicos entre el hombre y la mujer, el divorcio y la educación laica. A partir de allí comenzó su militancia feminista y, en septiembre de 1906, participó en el Congreso Internacional de Libre Pensamiento de Buenos Aires en el que se fascinó con las ideas expuestas por la activista feminista española Belén de Sárraga (1872-1950). En ese evento presentó un ensayo titulado “Evolución y educación” en el cual reflejó su concepción de la educación no como una simple herramienta para reducir el analfabetismo, sino como un motor de emancipación intelectual y progreso colectivo. Vinculando el desarrollo biológico y social con la necesidad de democratizar el saber y basándose en las ideas propuestas por el filósofo italiano Andrea Angiulli (1837-1890) en su obra “La filosofia e la scuola” (La filosofía y la escuela), propuso abandonar el espíritu dogmático de la Iglesia cristiana en el sistema educativo ya que, para ella, constituía un problema pedagógico que debía ser sustituido por una educación pública y laica que era indispensable para elevar las condiciones de las clases trabajadoras y de las mujeres, permitiéndoles ejercer un rol activo, crítico y transformador en la sociedad. La enseñanza debía impartirse con métodos científicos, basados en los conocimientos de la ciencia experimental. Este ensayo le valió el reconocimiento de importantes escritores, filósofos y sociólogos como Juan B. Justo (1865-1928), Enrique Dickmann (1874-1955), Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) y José Ingenieros (1877-1925).
El programa de la sociedad
incluía el sufragio universal para hombres y mujeres, el divorcio, una
educación laica, gratuita y obligatoria, escuelas nocturnas para adultos,
igualdad civil para ambos sexos y para los hijos ilegítimos y la abolición de
la pena de muerte, entre otros puntos. Fue entonces cuando comenzó a trabajar
en la difusión de la higiene social y de la prevención sanitaria acudiendo a numerosas
charlas en los centros obreros, donde debatió sobre temas como la tuberculosis,
el alcoholismo, la sífilis, la higiene social y la prevención sanitaria. Ese
mismo año fundó junto a las docentes y luchadoras feministas argentinas Elvira
Rawson (1867-1954), Sara Justo (1870-1941) y Raquel Camaña (1882-1915), y la
médica y militante feminista ítalo-argentina Julieta Lanteri (1873 -1932) el
Comité Pro Sufragio Femenino, una entidad que surgió en el ámbito del Partido
Socialista para luchar por los derechos políticos y civiles de las mujeres.
En 1907, en una época en que la sociedad veía con rechazo que las mujeres estudiasen una carrera universitaria, después de estudiar durante un año Psicología y Lógica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), siguiendo los pasos de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera médica del país, ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA. Ese mismo año, mientras estudiaba la especialidad de ginecología, apoyó en septiembre la llamada “Huelga de los inquilinos”, un movimiento popular masivo contra el alza abrupta de los alquileres e impuestos que cobraban los propietarios de los conventillos frente las pésimas condiciones de vida en esas viviendas colectivas. El paro comenzó en un conventillo del barrio de Barracas y se extendió a Bahía Blanca, La Plata y Rosario, conjuntamente con el reclamo por el precio del pan y de la carne. En simultáneo se generó lo que se conoció como la “Marcha de las escobas”, una manifestación de amas de casa que marcharon en defensa de sus derechos a través de los barrios pobres de la ciudad de Buenos Aires, la que también fue respaldada por ella.
Al año siguiente, sumamente preocupada por los temas educativos, fundó junto al dirigente del Partido Socialista Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) la “Revista Socialista Internacional”, en la cual colaboraron revolucionarias como la alemana Clara Zetkin (1857-1933) y la polaco-alemana Rosa Luxemburgo (1871-1919), políticos socialistas como el belga Raymond Wilmart (1850-1937) y el francés Jean Jaurès (1859-1914), e incluso escritores como el francés Anatole France (1844-1924) y el español Rafael Barrett (1876-1910). En 1910 la revista adoptó el nombre de “Humanidad Nueva”. En dicha publicación periódica enfocada en la sociología, el arte y la educación con la propuesta de elevar intelectualmente a la clase obrera -en la cual se desempeñó como secretaria de redacción y directora- publicó, entre otros, artículos trascendentes como “Feminismo e intelectualismo”, “La escuela laica”, “La moral de la naturaleza” y “El feminismo en la evolución social”. Poniendo el enfoque en la defensa de la capacidad intelectual de las mujeres, difundió ideas sobre el socialismo y la educación popular, acusó a la religión cristiana de atentar contra la maternidad al idealizar la virginidad, atacó la división sexual del trabajo, propuso reducir el tiempo de las actividades laborales de las mujeres para que tuvieran más tiempo para dedicarse a la educación de los hijos -algo que consideraba que también debían asumir los varones, y cuestionó los prejuicios de la época sobre los derechos de las mujeres.
En 1911 fue una de las
principales fundadoras de la Liga de los Derechos del Niño, una institución
pionera en la protección de la infancia en la Argentina que impulsó importantes
avances estructurales en defensa de los derechos civiles y sociales de los
menores de edad, en una época donde carecían de un amparo legal específico.
Gracias a las actividades de esta entidad se lograron conquistas legislativas
fundamentales vinculadas a la concientización higiénica, la salud
materno-infantil y la educación popular que transformaron la realidad laboral y
familiar como, por ejemplo, la reglamentación del trabajo de las mujeres, la
prohibición del trabajo nocturno para menores de edad, el establecimiento de una
licencia para amamantar y la obligatoriedad de contar con guarderías en los
espacios de trabajo.
En 1907, en una época en que la sociedad veía con rechazo que las mujeres estudiasen una carrera universitaria, después de estudiar durante un año Psicología y Lógica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), siguiendo los pasos de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera médica del país, ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA. Ese mismo año, mientras estudiaba la especialidad de ginecología, apoyó en septiembre la llamada “Huelga de los inquilinos”, un movimiento popular masivo contra el alza abrupta de los alquileres e impuestos que cobraban los propietarios de los conventillos frente las pésimas condiciones de vida en esas viviendas colectivas. El paro comenzó en un conventillo del barrio de Barracas y se extendió a Bahía Blanca, La Plata y Rosario, conjuntamente con el reclamo por el precio del pan y de la carne. En simultáneo se generó lo que se conoció como la “Marcha de las escobas”, una manifestación de amas de casa que marcharon en defensa de sus derechos a través de los barrios pobres de la ciudad de Buenos Aires, la que también fue respaldada por ella.
Al año siguiente, sumamente preocupada por los temas educativos, fundó junto al dirigente del Partido Socialista Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) la “Revista Socialista Internacional”, en la cual colaboraron revolucionarias como la alemana Clara Zetkin (1857-1933) y la polaco-alemana Rosa Luxemburgo (1871-1919), políticos socialistas como el belga Raymond Wilmart (1850-1937) y el francés Jean Jaurès (1859-1914), e incluso escritores como el francés Anatole France (1844-1924) y el español Rafael Barrett (1876-1910). En 1910 la revista adoptó el nombre de “Humanidad Nueva”. En dicha publicación periódica enfocada en la sociología, el arte y la educación con la propuesta de elevar intelectualmente a la clase obrera -en la cual se desempeñó como secretaria de redacción y directora- publicó, entre otros, artículos trascendentes como “Feminismo e intelectualismo”, “La escuela laica”, “La moral de la naturaleza” y “El feminismo en la evolución social”. Poniendo el enfoque en la defensa de la capacidad intelectual de las mujeres, difundió ideas sobre el socialismo y la educación popular, acusó a la religión cristiana de atentar contra la maternidad al idealizar la virginidad, atacó la división sexual del trabajo, propuso reducir el tiempo de las actividades laborales de las mujeres para que tuvieran más tiempo para dedicarse a la educación de los hijos -algo que consideraba que también debían asumir los varones, y cuestionó los prejuicios de la época sobre los derechos de las mujeres.
Cuando ese año estalló la
Primera Guerra Mundial mantuvo una actitud anti armamentista y de lucha por la
paz. Criticó duramente los conflictos bélicos y sólo rescató que, a raíz de esa
contienda, se habían abierto muchos espacios tradicionalmente masculinos
permitiendo la participación laboral de las mujeres en la retaguardia. En esa época
desplegó una intensa actividad para que la mujer alcanzase protagonismo en la
sociedad. En ese sentido fundó en 1918 la Unión Feminista Nacional (UFN) junto
a algunas de las figuras más influyentes del feminismo de entonces como lo eran
Elvira Rawson (1867-1954)
-la segunda mujer en graduarse de médica en la Argentina en 1892-, la docente
ucraniana radicada
en Rosario Berta Wainstein (1885-1974) y las escritoras argentinas Alfonsina
Storni (1892-1938) y Julia García Games (1899-1964). La organización tenía como
principales objetivos la sanción de una ley del sufragio femenino, los derechos
educativos y laborales de las mujeres y la reforma del Código Civil que
liberara a las mujeres casadas de la tutela legal de sus esposos. Para difundir
estas ideas publicó mensualmente artículos en la revista “Nuestra Causa”, la que
era dirigida por la médica argentina Petrona Eyle (1866-1945).
En octubre de 1919 viajó a
Estados Unidos para participar como representante argentina en el Congreso
Internacional de Obreras en Washington, donde defendió todo lo referente al
trabajo de las mujeres y los menores de edad. Polemizó duramente con una
delegada norteamericana acerca del rol de la mujer frente al trabajo y la
maternidad: “La mujer puede trabajar en la industria, pero nadie puede
obligarla a dejar de ser madre para ser carne de fábrica. Debemos lograr madres
inteligentes y no esclavas ignorantes sometidas a la voluntad del hombre”.
Además tomó contacto con sufragistas norteamericanas, algo que la llevó a declarar que “la mujer argentina votará algún día y esto marcará una nueva e importantísima etapa en su evolución y será para bien del país y de la mujer misma”. También participó en el Congreso Internacional de Médicas en Estados Unidos, donde planteó enfáticamente el tema de la prostitución, la salud femenina infantil, la educación sexual y sanitaria, la protección laboral y el papel que debía jugar el Estado. Al regreso de ese viaje creó el Comité Femenino de Higiene Social cuyo objetivo fue denunciar y eliminar distintas formas del comercio de mujeres con fines de prostitución.
Además tomó contacto con sufragistas norteamericanas, algo que la llevó a declarar que “la mujer argentina votará algún día y esto marcará una nueva e importantísima etapa en su evolución y será para bien del país y de la mujer misma”. También participó en el Congreso Internacional de Médicas en Estados Unidos, donde planteó enfáticamente el tema de la prostitución, la salud femenina infantil, la educación sexual y sanitaria, la protección laboral y el papel que debía jugar el Estado. Al regreso de ese viaje creó el Comité Femenino de Higiene Social cuyo objetivo fue denunciar y eliminar distintas formas del comercio de mujeres con fines de prostitución.


