11 de octubre de 2026

Alicia Moreau de Justo, la emblemática luchadora por los derechos de la mujer (1/4)

Un día como hoy, 11 de octubre, en 1885, nacía en Londres la mujer que sería reconocida como la gran pionera del feminismo y de la lucha por el voto femenino en la Argentina: Alicia Moreau de Justo. Su padre, el francés Armand Moreau (1848-1939), fue un activo participante de la sublevación popular propulsada por obreros urbanos, comerciantes, artesanos, profesionales y activistas de distintas tendencias políticas conocida como la Comuna de París, un gobierno comunal revolucionario que se sostuvo entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871 en la capital francesa enfrentada al gobierno nacional ejercido por Adolphe Thiers (1797-1877) desde Versalles, ciudad en la cual se había instalado tras la derrota en la guerra franco-prusiana y la firma de un tratado de paz con el Canciller del Imperio alemán Otto von Bismarck
(1815-1898) el 26 de febrero de 1871. Tras la derrota del movimiento insurreccional por las tropas del ejército enviado desde Versalles, huyendo de las persecuciones y la represión militar, Moreau se exilió en Bélgica y más tarde se trasladó a Londres. Allí conoció a una joven francesa, la bretona Marie Louise de Nanpont (1849-1940), con quien se casó y tuvo tres hijos, entre ellos Alice.
Fue ella quien en 1983 relató que su padre “tenía la vana, loca o justa esperanza de encontrar un país donde el tiempo pasado no hubiera establecido barreras”, haciendo referencia a la emigración que hizo la familia hacia la Argentina partiendo del puerto de Havre en el buque “Belgrano”, y arribando al puerto de Buenos Aires el 11 de septiembre de 1887. En la oficina de migraciones, el padre se inscribió como cocinero y la madre como costurera. Tras residir un breve tiempo en Sansinena, un pequeño pueblo en el noroeste de la provincia bonaerense, la familia volvió a Buenos Aires y se instaló transitoriamente en una modesta casa en el barrio de San Telmo para luego mudarse al barrio de Floresta. “Mi nacimiento es un poco difícil de explicar, por supuesto. Pero yo llegué aquí en brazos de mi madre... Todavía no sabía caminar. De manera que, si la frase no es demasiado literaria, aprendí a caminar sobre la tierra argentina”, recordaría años después.
Pronto su padre se vinculó con el grupo socialista francés Les Égaux (Los Iguales), una de las organizaciones que en 1896 se habían unido para fundar el Partido Socialista (PS). También instaló con un amigo encuadernador una librería y, gracias a ese negocio familiar, ella tuvo acceso desde temprana edad al mundo de los libros. Por su parte, su padre concurría asiduamente a llevarle libros a los enfermos del Hospital Francés. Por entonces, la futura figura clave de los derechos para las mujeres había castellanizado su nombre como Alicia, y acompañaba a su padre a las reuniones que realizaban los círculos socialistas y del movimiento obrero argentino.
En 1901 comenzó sus estudios secundarios en la Escuela Normal nº 1, donde tuvo como docente en las materias Moral e Instrucción Cívica a Hipólito Yrigoyen (1852-1933), el caudillo de la Unión Cívica Radical (UCR) quien sería Presidente de la Nación entre octubre de 1916 y octubre de 1922, y entre octubre de 1928 y el 6 de septiembre de 1930, día en que fue derrocado por un golpe de Estado liderado por el general José Félix Uriburu (1868-1932). Por entonces era una ferviente lectora de las obras de los científicos británicos Charles Darwin (1809-1882) y Herbert Spencer (1820-1903), y del francés Jean Finot (1856-1922), de las cuales se interesó especialmente en los conceptos de raza y las potencialidades del desenvolvimiento de los seres humanos en un medio adecuado y con las herramientas educacionales pertinentes, ideas que la llevaron a impugnar la prejuiciosa doctrina de la pureza, la desigualdad y la supremacía raciales, y a priorizar los aspectos culturales por sobre los biológicos.
Tras recibirse de maestra se relacionó con la activista política de origen ruso nacionalizada argentina Fenia Demirov (1869-1928), una de las fundadoras del Centro Socialista Femenino, una agrupación que promovía campañas a favor del sufragio femenino, la igualdad de derechos civiles y jurídicos entre el hombre y la mujer, el divorcio y la educación laica. A partir de allí comenzó su militancia feminista y, en septiembre de 1906, participó en el Congreso Internacional de Libre Pensamiento de Buenos Aires en el que se fascinó con las ideas expuestas por la activista feminista española Belén de Sárraga (1872-1950). En ese evento presentó un ensayo titulado “Evolución y educación” en el cual reflejó su concepción de la educación no como una simple herramienta para reducir el analfabetismo, sino como un motor de emancipación intelectual y progreso colectivo. Vinculando el desarrollo biológico y social con la necesidad de democratizar el saber y basándose en las ideas propuestas por el filósofo italiano Andrea Angiulli (1837-1890) en su obra “La filosofia e la scuola” (La filosofía y la escuela), propuso abandonar el espíritu dogmático de la Iglesia cristiana en el sistema educativo ya que, para ella, constituía un problema pedagógico que debía ser sustituido por una educación pública y laica que era indispensable para elevar las condiciones de las clases trabajadoras y de las mujeres, permitiéndoles ejercer un rol activo, crítico y transformador en la sociedad. La enseñanza debía impartirse con métodos científicos, basados en los conocimientos de la ciencia experimental. Este ensayo le valió el reconocimiento de importantes escritores, filósofos y sociólogos como Juan B. Justo (1865-1928), Enrique Dickmann (1874-1955), Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) y José Ingenieros (1877-1925).


Tal como narró el historiador argentino Felipe Pigna (1959) en un artículo publicado en su página web “elhistoriador.com.ar”, “tras el éxito en el congreso, Alicia no tardó en ser convocada para dar cursos en la Sociedad Luz, una institución que fue creada en 1899 para promover la educación obrera. Allí Alicia enseñaba desde filosofía, astronomía o las teorías científicas hasta los efectos del consumo de alcohol, la trasmisión de enfermedades venéreas y la prevención y el tratamiento de la tuberculosis”. Fue en ese espacio donde se acercó cada vez más a las problemáticas de la clase obrera. A dicha asociación, ubicada en el barrio de Barracas, fue convocada por su director el médico higienista y dirigente político socialista Ángel M. Giménez (1878-1941). La misma establecía en sus estatutos la necesidad de “difundir en el pueblo las nociones y los métodos de la ciencia y educarlo en la expresión hablada, escrita y artística, así como perfeccionar la educación técnica”.
El programa de la sociedad incluía el sufragio universal para hombres y mujeres, el divorcio, una educación laica, gratuita y obligatoria, escuelas nocturnas para adultos, igualdad civil para ambos sexos y para los hijos ilegítimos y la abolición de la pena de muerte, entre otros puntos. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en la difusión de la higiene social y de la prevención sanitaria acudiendo a numerosas charlas en los centros obreros, donde debatió sobre temas como la tuberculosis, el alcoholismo, la sífilis, la higiene social y la prevención sanitaria. Ese mismo año fundó junto a las docentes y luchadoras feministas argentinas Elvira Rawson (1867-1954), Sara Justo (1870-1941) y Raquel Camaña (1882-1915), y la médica y militante feminista ítalo-argentina Julieta Lanteri (1873 -1932) el Comité Pro Sufragio Femenino, una entidad que surgió en el ámbito del Partido Socialista para luchar por los derechos políticos y civiles de las mujeres.
En 1907, en una época en que la sociedad veía con rechazo que las mujeres estudiasen una carrera universitaria, después de estudiar durante un año Psicología y Lógica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), siguiendo los pasos de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera médica del país, ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA. Ese mismo año, mientras estudiaba la especialidad de ginecología, apoyó en septiembre la llamada “Huelga de los inquilinos”, un movimiento popular masivo contra el alza abrupta de los alquileres e impuestos que cobraban los propietarios de los conventillos frente las pésimas condiciones de vida en esas viviendas colectivas. El paro comenzó en un conventillo del barrio de Barracas y se extendió a Bahía Blanca, La Plata y Rosario, conjuntamente con el reclamo por el precio del pan y de la carne. En simultáneo se generó lo que se conoció como la “Marcha de las escobas”, una manifestación de amas de casa que marcharon en defensa de sus derechos a través de los barrios pobres de la ciudad de Buenos Aires, la que también fue respaldada por ella.
Al año siguiente, sumamente preocupada por los temas educativos, fundó junto al dirigente del Partido Socialista Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) la “Revista Socialista Internacional”, en la cual colaboraron revolucionarias como la alemana Clara Zetkin (1857-1933) y la polaco-alemana Rosa Luxemburgo (1871-1919), políticos socialistas como el belga Raymond Wilmart (1850-1937) y el francés Jean Jaurès (1859-1914), e incluso escritores como el francés Anatole France (1844-1924) y el español Rafael Barrett (1876-1910). En 1910 la revista adoptó el nombre de “Humanidad Nueva”. En dicha publicación periódica enfocada en la sociología, el arte y la educación con la propuesta de elevar intelectualmente a la clase obrera -en la cual se desempeñó como secretaria de redacción y directora- publicó, entre otros, artículos trascendentes como “Feminismo e intelectualismo”, “La escuela laica”, “La moral de la naturaleza” y “El feminismo en la evolución social”. Poniendo el enfoque en la defensa de la capacidad intelectual de las mujeres, difundió ideas sobre el socialismo y la educación popular, acusó a la religión cristiana de atentar contra la maternidad al idealizar la virginidad, atacó la división sexual del trabajo, propuso reducir el tiempo de las actividades laborales de las mujeres para que tuvieran más tiempo para dedicarse a la educación de los hijos -algo que consideraba que también debían asumir los varones, y cuestionó los prejuicios de la época sobre los derechos de las mujeres.
En 1911 fue una de las principales fundadoras de la Liga de los Derechos del Niño, una institución pionera en la protección de la infancia en la Argentina que impulsó importantes avances estructurales en defensa de los derechos civiles y sociales de los menores de edad, en una época donde carecían de un amparo legal específico. Gracias a las actividades de esta entidad se lograron conquistas legislativas fundamentales vinculadas a la concientización higiénica, la salud materno-infantil y la educación popular que transformaron la realidad laboral y familiar como, por ejemplo, la reglamentación del trabajo de las mujeres, la prohibición del trabajo nocturno para menores de edad, el establecimiento de una licencia para amamantar y la obligatoriedad de contar con guarderías en los espacios de trabajo.


En 1914, con diploma de honor, se recibió de médica ginecóloga con una tesis doctoral enfocada en demostrar la existencia de la secreción ovárica y la función endócrina -la liberación de hormonas en el torrente sanguíneo- sobre los órganos genitales. Luego realizó su residencia en el Hospital de Clínicas ubicado en el barrio porteño de Recoleta donde, en concordancia con sus principios de priorizar siempre a los sectores más débiles y olvidados, atendió a prostitutas casi en estado de abandono y a mujeres de bajos recursos, y comprobó que muchas de las enfermedades de los trabajadores eran producto de la miseria que sufrían por los injustos regímenes laborales a los que eran sometidos. En simultáneo instaló un consultorio ginecológico cercano al hospital donde atendió de forma gratuita a las mujeres que vivían en esas condiciones. También, poco después de recibirse, ejerció como docente de Fisiología, Anatomía y Psicología en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) que por entonces era dirigida por el filósofo e historiador Joaquín V. González (1863-1923). Allí llevó adelante un nuevo método educativo basado en la didáctica de la pedagoga y filósofa italiana María Montessori (1870-1952) que colocaba al educando como centro del proceso de aprendizaje y al educador como coordinador y observador del mismo.
Cuando ese año estalló la Primera Guerra Mundial mantuvo una actitud anti armamentista y de lucha por la paz. Criticó duramente los conflictos bélicos y sólo rescató que, a raíz de esa contienda, se habían abierto muchos espacios tradicionalmente masculinos permitiendo la participación laboral de las mujeres en la retaguardia. En esa época desplegó una intensa actividad para que la mujer alcanzase protagonismo en la sociedad. En ese sentido fundó en 1918 la Unión Feminista Nacional (UFN) junto a algunas de las figuras más influyentes del feminismo de entonces como lo eran Elvira Rawson (1867-1954) -la segunda mujer en graduarse de médica en la Argentina en 1892-, la docente ucraniana radicada en Rosario Berta Wainstein (1885-1974) y las escritoras argentinas Alfonsina Storni (1892-1938) y Julia García Games (1899-1964). La organización tenía como principales objetivos la sanción de una ley del sufragio femenino, los derechos educativos y laborales de las mujeres y la reforma del Código Civil que liberara a las mujeres casadas de la tutela legal de sus esposos. Para difundir estas ideas publicó mensualmente artículos en la revista “Nuestra Causa”, la que era dirigida por la médica argentina Petrona Eyle (1866-1945).
En octubre de 1919 viajó a Estados Unidos para participar como representante argentina en el Congreso Internacional de Obreras en Washington, donde defendió todo lo referente al trabajo de las mujeres y los menores de edad. Polemizó duramente con una delegada norteamericana acerca del rol de la mujer frente al trabajo y la maternidad: “La mujer puede trabajar en la industria, pero nadie puede obligarla a dejar de ser madre para ser carne de fábrica. Debemos lograr madres inteligentes y no esclavas ignorantes sometidas a la voluntad del hombre”.
Además tomó contacto con sufragistas norteamericanas, algo que la llevó a declarar que “la mujer argentina votará algún día y esto marcará una nueva e importantísima etapa en su evolución y será para bien del país y de la mujer misma”. También participó en el Congreso Internacional de Médicas en Estados Unidos, donde planteó enfáticamente el tema de la prostitución, la salud femenina infantil, la educación sexual y sanitaria, la protección laboral y el papel que debía jugar el Estado. Al regreso de ese viaje creó el Comité Femenino de Higiene Social cuyo objetivo fue denunciar y eliminar distintas formas del comercio de mujeres con fines de prostitución.