3 de julio de 2013

Marie Monique Robin: "Si existe un país en el que Monsanto haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina"

Reconocida por sus investigaciones sobre el accionar de las multinacionales agrícolas, la periodista francesa Marie Monique Robin (1960) fue quien ha revelado los entretelones del agronegocio y denunciado a la corporación Monsanto, líder del mercado mundial de semillas transgénicas y agroquímicos, por ocultar y falsificar información relativa a los productos que comercializa. Robin es autora de numerosas investigaciones. Quizás, la más famosa de ellas sea "Le monde selon Monsanto" (El mundo según Monsanto), publicada en 2008 como libro y documental cinematográfico, traducida a dieciséis idiomas y difundida hasta en las regiones más recónditas de Africa. En ese trabajo, la periodista francesa dedicó un capítulo entero al caso de la Argentina, lo que la llevó a conocer diferentes provincias inundadas por el "oro verde" y constantemente fumigadas. La soja transgénica desembarcó en la Argentina en 1996. Fue el segundo país, después de los Estados Unidos, en autorizar su llegada, en un proceso plagado de irregularidades ya que se violaron procedimientos administrativos, se dejaron sin respuesta los cuestionamientos de instancias técnicas y no se realizaron los análisis especificados por distintos organismos. Ya durante la autorización se vio la mano de las multinacionales: el expediente administrativo estaba escrito en inglés y nunca se tradujo al castellano. Además, de sus ciento treinta y seis folios, ciento ocho pertenecían a informes presentados por Monsanto. "Si existe un país en el que la multinacional haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina", sostuvo Marie Monique Robin en "El mundo según Monsanto". Por entonces, dos medios periodísticos de circulación masiva fueron los principales impulsores mediáticos para conseguir el ingreso de la soja transgénica y el glifosato a la Argentina. En ellos se hablaba de la soja transgénica como "uno de los alimentos más completos" y propiciaban su "ingreso en nuestra cultura". Tiempo después se conocieron los vínculos comerciales que existen entre esos diarios y Monsanto. Los casos de cáncer denunciados por investigadores independientes no tuvieron lugar en sus páginas y simultáneamente encararon una campaña para deslegitimar los estudios que advertían sobre los efectos del herbicida. Sucede que ambas empresas están asociadas en la organización de la feria anual Expoagro, donde se realizan jugosos negocios vinculados con el comercio de agroquímicos con la participación de las principales compañías del rubro. Hoy por hoy, y a pesar de los ingentes esfuerzos que hace el actual gobierno para diferenciarse del gobierno "neoliberal" de los años '90, nada ha cambiado. Es más, el modelo se ha profundizado. Con la anuencia y venal complicidad del gobierno "nacional y popular", Monsanto ha puesto en marcha proyectos tales como Max Solidario, Semillero de Futuro, Agricultura Certificada y Compromiso de Rendimiento Sustentable, programas de "responsabilidad social corporativa" mediante los cuales supuestamente promueve el desarrollo de "proyectos productivos que contribuyan a la sustentabilidad de comunidades rurales postergadas" a la vez que introdujo la tecnología RoundUp Ready -un herbicida a base de glifosato para el cultivo de maíz- y la tecnología BG/RR -para ser aplicada en el cultivo de algodón- entre otros. Marie Monique Robin también ha incursionado en otros temas igual de urticantes que también involucran a la Argentina. En "Voleurs d'yeux" (Ladrones de ojos) trató el problema del tráfico de órganos; y en "Escadrons de la mort. L'école française" (Escuadrones de la muerte. La escuela francesa) muestra los vínculos entre los servicios secretos franceses con sus homólogos de Argentina y Chile. Recientemente ha publicado una nueva investigación sobre la problemática de los transgénicos: "Notre poison quotidien" (El veneno nuestro de cada día), donde se ocupa de los químicos que contaminan la cadena alimentaria. Sobre esta nueva obra se explayó en la entrevista realizada por Manuel Alfieri para la edición el 4 de septiembre de 2012 del diario "Tiempo Argentino".


¿Cuándo y cómo comenzó su interés por este tema?

Llevo más de veinticinco años trabajando como periodista, con un interés particular por la cuestión agrícola, porque mis padres son agricultores en Francia. Así fue que comencé a hacer un trabajo de investigación sobre la pérdida de biodiversidad en el mundo. Cuando fui a México me encontré con un escándalo tremendo: multinacionales que consiguen patentes de semillas. Dentro de esas empresas estaba Monsanto, que en aquella época ya tenía más de seiscientas patentes en plantas. Allí empecé a investigar a Monsanto y a ver el tema de las patentes, que para mí es central. La única razón por la que Monsanto hace transgénicos es porque hay patentes, y eso permite que pida regalías y tenga un monopolio del sistema. Controla toda la cadena alimentaria a través de este sistema, obligando a los agricultores a comprar cada año sus semillas.

En "El mundo según Monsanto" usted denunció el accionar de una de las empresas más poderosas del mundo. ¿Recibió presiones o amenazas?

Esa era mi preocupación. Pero pasó una cosa que para mí fue una protección tremenda: el increíble impacto del material publicado. Si no me pasó nada es porque todo está justificado con entrevistas y con documentos. Yo estaba en Canadá cuando salió el documental y una de las periodistas que me entrevistó me dijo que su mejor amiga era la directora de comunicación de Monsanto Canadá. "La empresa buscó en cada página cómo te podía hacer un juicio y no encontró nada", me confesó. Por eso yo digo abiertamente que Monsanto es una empresa criminal.

¿Cuáles son los principales argumentos para sostener su denuncia?

Cuando una empresa sabe que un producto es muy tóxico, es decir, que va a contaminar el medio ambiente o va a enfermar a la gente, y de todas formas hace lo posible para mantenerlo en el mercado, entonces se trata de un comportamiento criminal. Por ejemplo, en el tema del Policloruro de bifenilo (PCB), prohibido en casi todo el mundo, Monsanto acumuló las pruebas y las escondió, sabiendo cuán altamente tóxicos eran los PCB. Por eso fueron condenados a pagar 700 millones de dólares de multa en los Estados Unidos. Fue por la tragedia de Anniston, en 2002, cuando la justicia comprobó que de tres mil quinientos demandantes de ese pueblo, el 15% presentaba niveles superiores a 20 ppm (partes por millón) de PCB en sangre, cuando lo aceptable es de 2 ppm.

Este tema forma parte también de su nuevo libro, "Nuestro veneno de cada día".

Claro. Allí cuento la historia de campesinos que se reunieron para hacer una asociación de más de doscientos miembros. Muchos tienen enfermedades como Parkinson y cáncer. Son campesinos que manipulan tóxicos a diario. El presidente de esta asociación manipuló Lasso, un herbicida para el maíz de Monsanto, prohibido en la Unión Europea, y esto le provocó una intoxicación aguda. Cayó en coma y, después de recuperarse, se enfermó de Parkinson. La enfermedad se desarrolló muy rápidamente, el hombre sólo tiene cuarenta y ocho años. Fue a juicio y ganó. Monsanto fue reconocido como culpable de la enfermedad y se pudo demostrar que la empresa disimuló estudios y datos sobre el Lasso. Por eso hablo de comportamiento criminal: si no saben que tal tóxico contamina, está bien. Ahora, que lo sepan y lo oculten conscientemente es terrible.

¿Por qué los controles sobre este tipo de multinacionales resultan insuficientes?

Hay un problema central, que es el sistema de reglamentación de los productos tóxicos. Las empresas dicen que son productos probados y reglamentados. Todo eso es mentira: los estudios en que las instituciones gubernamentales se basan son hechos, entregados y pagados por las propias multinacionales. En general, los expertos de las agencias de reglamentación, que se supone que van a estudiar esos datos, tienen conflictos de intereses muy grandes, porque al mismo tiempo trabajan con multinacionales. Es lo que yo llamo "puertas giratorias": funcionarios estatales que trabajan en organismos de control y luego lo hacen en las empresas, o al revés. Por otro lado, es un problema fundamental en la reglamentación de los agroquímicos la falta de transparencia y democracia. Los expertos se reúnen a puertas cerradas y ningún observador está autorizado a asistir a los debates. Los datos que van a estudiar son protegidos bajo el secreto comercial. Es una cosa increíble, porque es información toxicológica que tendría que ser pública porque afecta a millones de personas.

En ese contexto, ¿cree que puede existir la independencia científica para evaluar a los agroquímicos?

Es muy difícil. Los científicos tienen mucha presión y a veces pierden su empleo. Sé lo que pasó en la Argentina con el doctor Carrasco, los problemas que ha tenido a raíz de sus estudios sobre los terribles efectos en la salud humana del herbicida glifosato usado en los cultivos de soja transgénica o genéticamente modificada. Siempre es la misma historia. En mi último libro dedico tres capítulos a lo que se llama la "fábrica de la duda". ¿Qué implica? Si, por ejemplo, un científico independiente publica un estudio enseñando la relación entre una exposición a un plaguicida y una enfermedad, la multinacional paga a un laboratorio que saca otro estudio diciendo lo contrario. Al final, llegan los dos estudios a la agencia de reglamentación y eso se demora años y años. Mientras tanto, el producto se sigue utilizando. Es algo perverso, criminal, porque hablamos de productos que en muchos casos dan cáncer.

Algunas empresas aseguran que los transgénicos son indispensables porque el crecimiento poblacional demanda mayor producción de alimentos.

Es mentira. Si en el mundo hay 1.000 millones de personas que sufren hambre es justamente a causa de este modelo que llevó a la concentración de la tierra, como se ve bien en la Argentina, donde miles de hectáreas están en manos de algunos grandes productores. Por otro lado, este sistema de producción de alto rendimiento es, en un 90%, para alimentar animales de países industriales y no para alimentar a la gente. Lo que vi en el mundo entero es que ahí donde existe este modelo de agricultura, hay pueblos acabados, porque saca del país a los pequeños campesinos, los despoja de la tierra. Con todo esto, están hambreando al mundo.

¿Y cuál considera que podría ser la alternativa?

Tenemos que volver a una agricultura familiar, sin dependencia del petróleo, con biodiversidad de cultivos, que dé la posibilidad a las familias de alimentarse primero y luego vender en los mercados locales. Sacar a la agricultura de los grandes mercados internacionales.

En esta coyuntura, ¿qué fue lo que más le impactó cuando visitó la Argentina?

Estuve en 2005 y recorrí Santiago del Estero, La Pampa, Formosa, entre otros lugares. En Santiago estaban desmontando de manera brutal, provocando inundaciones en Santa Fe. También vimos los problemas en la salud: fuimos a escuelas donde los chicos se habían enfermado porque fumigaban frente al establecimiento. Un desastre. Pero lo que más me sorprendió fue que nadie sabía nada. Nadie sabía qué era un transgénico. Nadie se había dado cuenta de que la sojización era un desastre planificado. Porque el día que no haya más mercado para la soja transgénica, ¿cómo recuperás el suelo?, ¿cómo recuperás a las familias de campesinos que fueron despojados de sus tierras? La soja lleva a la Argentina al hambre y a la dependencia total.

Muchos defensores del glifosato dicen que este agroquímico es tan dañino como "una aspirina". ¿Qué les diría?

Que si dicen eso, hacen propaganda de Monsanto. Se sabe que el glifosato es un perturbador endócrino, ataca el sistema de reproducción de las mujeres y los hombres. Da cáncer, los científicos lo explican. Es un veneno muy poderoso. En Europa acaba de salir una queja contra Monsanto para revisar la autorización del glifosato RoundUp, porque se escondieron algunos productos muy tóxicos que están dentro del formulado y que nunca fueron informados ni publicados. Estoy segura de que dentro de algunos años el glifosato va a ser prohibido. ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria.

2 de julio de 2013

Gilles Eric Séralini: "La agricultura ecológica es el futuro, es la clave para alimentar el mundo"

El biólogo francés Gilles Eric Séralini (1961) es catedrático de Biología Molecular en la Universidad de Caen y director del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética, un grupo de científicos que investiga la toxicidad de las variedades transgénicas y los herbicidas. Acaba de publicar un estudio sobre el herbicida Roundup de Monsanto -el más vendido en el mundo- en el que demuestra que aplicándolo en dosis infinitesimales (tal como ocurre en los alimentos que se encuentran en el mercado) penetra y mata a las células humanas. Los nuevos hallazgos intensifican un debate sobre los llamados "ingredientes inertes", esto es, solventes, conservantes y otras sustancias químicas que los fabricantes añaden a los plaguicidas. La etiqueta de Roundup tiene como requisito llevar una advertencia sobre la conveniencia de no utilizar el producto en o cerca de agua dulce para proteger los anfibios y otros animales salvajes. Pero se ha descubierto que algunos de los ingredientes inertes que contiene el producto afectan potencialmente a la salud humana ya que amplifican los efectos de los ingredientes activos, llevándolos a penetrar en la ropa, los equipos de protección y las membranas celulares. Las conclusiones de las investigaciones llevadas a cabo por el Dr. Séralini están volcadas en su nuevo libro "Tous cobayes" (Todos somos conejillos de indias). En él cuenta como las ratas alimentadas con maíz transgénico de la multinacional Monsanto sufrieron tumores mamarios que alcanzan hasta 25% de su peso y daños severos en hígados y riñones con una frecuencia de dos a cinco veces mayor que para los roedores alimentados con maíz no transgénico. Monsanto, la mayor productora de semillas transgénicas del mundo, todavía no ha hecho comentarios respecto a la publicación. No obstante, en el pasado ha reiterado que sus productos son seguros y que no suponen ningún riesgo para la salud de los seres humanos ni de los animales. Esto ha generado un gran debate, tanto en ámbitos científicos como políticos, sobre todo a partir de la exhibición en septiembre de 2012 del documental realizado por el director francés Jean Paul Jaud (1946) basado en el libro escrito por Séralini, film en el que pueden verse terribles imágenes de las ratas con sus tumores. Lo que sigue es una entrevista a Séralini aparecida en la revista "Ae" nº 10 del 22 febrero de 2013, una publicación de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE).


Había una sospecha difusa de opinión sobre el impacto de los OGM (organismo genéticamente modificado) en la salud humana. Con su estudio, esta sospecha grave, ¿está confirmada?

Sí, hemos logrado el estudio más largo y más detallado en el mundo sobre la toxicidad del maíz transgénico y el Roundup, el herbicida más utilizado. Nuestro estudio concluye que existe un efecto tóxico en los animales y nos sugiere que puede tenerlo también sobre los seres humanos. Además, varias otras pruebas que hemos realizado sobre las células humanas van en la misma dirección. Nuestro estudio -que se llevó a cabo durante dos años en ratas- establece que, incluso en dosis muy bajas, a largo plazo la absorción del maíz actúa como un veneno poderoso y a menudo mortal. Y estos efectos son principalmente en los riñones, el hígado y las glándulas mamarias. Cuando se trata de productos químicos, plaguicidas o medicamentos, las pruebas en los pequeños mamíferos son comunes en el plano normativo. El gran escándalo es que ya no se puede confiar, porque las agencias de salud nunca han requerido un estudio a las industrias sobre la toxicidad a largo plazo. Sin embargo, cuatrocientos millones de europeos consumen alimentos que contienen organismos modificados genéticamente aunque no lo sepan, y lo hacen a lo largo de sus vidas. Peor aún, muchos de expertos, a pesar de nuestras advertencias, han multiplicado objeciones para oponerse a toda costa. ¿Qué es esto? ¿Inconsciencia, negligencia, cobardía, confabulación criminal con el mundo industrial o todo ello a la vez?

¿Qué problemas ha encontrado a la hora de investigar sobre los transgénicos?

Fueron tres grandes problemas. El primero, disponer de fondos independientes de las empresas porque es muy inusual conseguir recoger 3.2 millones de euros para investigar en un laboratorio independiente. El segundo, tener las semillas sobre las que ellos no quieren que se haga una investigación. Y el tercero, combatir las críticas. El estudio se desarrolla en productos que están en el mercado, lo que significa que todas las agencias que han desacreditado mi trabajo han hecho el ridículo porque no han tenido acceso en ese mismo tiempo a análisis de sangre de las ratas. Se comercializan productos OGM o pesticidas como el Roundup porque la base de la industria agroalimentaria son los pesticidas. El estudio ha sido publicado en la revista más prestigiosa del sector "Food and Chemichal Toxicology" y es el más extenso y detallado que se ha hecho hasta ahora. No es casual que algunas personas hayan reaccionado a las 24 horas de publicarse, porque son precisamente aquellas personas que han contribuido a la autorización de estos productos. Para mí, no es fácil aceptar que digan que el estudio ha sido un fraude, pero conozco muy bien a los que lo dicen y sé que hay muchos conflictos de intereses en esta industria en general.

¿Qué lo motivó para comenzar a investigar sobre los efectos de los transgénicos en la salud?

La agricultura transgénica esta 100% basada en químicos pesticidas, lo que significa que las plantas están diseñadas por la ingeniería genética para contener pesticidas y ese es mi mayor interés. Mi proyecto de investigación son los efectos a largo plazo de los nuevos productos químicos en la salud. Mi objetivo es entender los efectos combinados de la contaminación y por ello es por lo que he estudiado los OGM y el Roundup. Los efectos a largo plazo, los efectos que se deben a la ruptura de comunicación entre células y a la acumulación de efectos.

¿Nos puede resumir cuales son los resultados novedosos de sus últimas investigaciones sobre la salud y los transgénicos?

Los resultados han mostrado grandes impactos en hígados y riñones. Nosotros hicimos estudios estadísticos muy precisos de los marcadores químicos porque teníamos suficientes datos: de cincuenta a cien variables aplicadas a doscientas ratas. Las dosis utilizadas fueron las ambientales. Los estadísticos y especialistas en anatomía patológica, mirando los órganos una vez muertos -observados a un nivel microscópico y sin saber la naturaleza del tratamiento que se había llevado a cabo-, afirmaron que había muchos tumores en hígados, riñones y glándulas mamarias de las ratas. Hicimos análisis profundos sobre cada rata y al comparar los datos, vimos que las que habían consumido estos productos, murieron por estas patologías y las controladas no. Las diferencias bioquímicas de las ratas están relacionadas con las patologías que les han llevado directamente a la muerte. Los resultados revelan una mortalidad más alta y frecuente cuando se consumen estos productos, con efectos hormonales no lineales y relativos al sexo. El estudio permite comprender el modo de acción tóxico de un OGM así como su carácter transgénico y la toxicidad del pesticida más utilizado, incluso a niveles extremadamente bajos que encontramos en las aguas superficiales o en el agua potable.

La publicación del resultado de este estudio ha generado mayor controversia que en ocasiones anteriores. ¿Por qué cree que ha ocurrido esto?

Porque los resultados tienen un impacto económico muy importante. Significa que si tenemos razón, la mayor parte de los organismos reguladores están equivocados y eso sería la muerte de la industria agrícola a base de pesticidas. Piense que nosotros hemos sido el primer grupo que ha analizado el efecto en la salud de este herbicida en la totalidad de sus componentes. Esto atañe no solo a los OGM sino también a la rentabilidad de los pesticidas y ellos tendrían que admitir que han subestimado los efectos colaterales y que por ello, la agroecología es mejor.

Entonces, ¿contaba esta polémica?
Sí. Yo escribí un libro en Francia, llamado “Todos somos cobayas” e incluso se hizo una película con el mismo nombre. Ahí ya hablo de todas estas personas, de los conflictos de interés de las agencias de
evaluación. Yo esperaba algunas reacciones, pero honestamente no esperaba este nivel de violencia.

Y el apoyo recibido, ¿lo esperaba?

Afortunadamente, cuento con más de dos mil quinientos científicos en todo el mundo apoyando mi proyecto y mi investigación. Mi editor científico me ha felicitado de nuevo, después de todas las críticas recibidas. Vamos a responder muy pronto a todas esas críticas con un nuevo artículo en la misma revista. Ya hemos publicado muchas cosas en la web, que tienen versión en castellano. Hemos recibido mucho apoyo de los medios y ministros que han defendido nuestro trabajo y piden una mayor transparencia en los tests relacionados con la comercialización de estos productos. Sí, es una gran polémica internacional la que ha provocado. Como sabe, Rusia ha prohibido el maíz transgénico y la India también ha hecho lo propio con algunos OGM.

Tras tantos años estudiando los orígenes del cáncer y las enfermedades hormonales, ¿se puede afirmar con rotundidad ahora que están relacionados con los OGM?

Sí, al menos en ratas, que es el modelo universal para estudiar enfermedades humanas antes de que el mercado saque a la venta estos productos. Nosotros tenemos la explicación molecular en células humanas porque hemos producido muchos artículos sobre el efecto del Roundup en células humanas… y sí, podemos decir que hay un alto riesgo de destrucción de células porque el 80% de los OGM están llenos de Roundup.

¿Qué tiene que ver con los transgénicos el cáncer de mama, la infertilidad y las alergias, que usted atribuye también a los productos químicos contenidos en la comida que ingerimos?

Tiene mucho que ver. En España, especialmente, hay mucho maíz contaminado con OGM, que aunque no es un maíz dulce sí va destinado al pienso, a la alimentación animal. Además, se importa mucho Roundup a través de la importación de productos OGM, incluyendo soja y maíz.

¿Por qué las empresas se centran en modificar genéticamente las semillas, en particular la soja y maíz?

Porque uno de los principales objetivos económicos mundiales es tener patentes en la industria de la alimentación. Tenemos treinta mil plantas conocidas y comestibles en el mundo y sólo con cuatro semillas (soja, maíz, trigo y arroz) se cubre el 60% de la energía alimentaria. El efecto de industrializar la agricultura es el monocultivo en lugar de cultivar biodiversidad. Si usted tiene patentes en esas cuatro plantas es el rey del mundo, porque cobra royalties cada vez que alguien come en algún lugar del mundo. Por el momento tienen dos: soja y maíz; los otros dos OGM son el algodón (usado principalmente en textiles y ropa) y la colza (usada en su mayoría para aceite). Ya están tramitando patentes para comercializar arroz y trigo transgénico. Además, como usted sabe, esas compañías fabrican también pesticidas y fármacos, y son ocho de las mayores del mundo. Las semillas llevan incorporado veneno para los insectos. Las empresas farmacéuticas han mostrado su interés en las semillas porque, gracias a los transgénicos, existe la posibilidad de patentarlas y además les permitía vender Roundup, el herbicida de mayor distribución en el mundo. En todos los países la gente necesita comer antes que comprar medicinas o fármacos, ropa o aparatos de comunicación. Lo primero es comer, por eso es que se han centrado en las semillas.

¿Por qué considera que los transgénicos no podrán acabar con el hambre en el mundo?

El mundo ha sido alimentado durante cuatro billones de años sin OGM. La humanidad lleva cincuenta mil años con una muy intensiva industria agroalimentaria y quince con OGM. El 98% de los OGM en los últimos quince años han sido usados para alimentar cerdos, vacas y pollos en los países ricos, no a la gente pobre como pretende exponerse desde la industria agroalimentaria, porque ellos comercian con plátanos o café para los países ricos. Y todo ello, lo que crea es más hambre en el mundo, porque los OGM se usan para alimentar cerdos para los ricos en lugar de alimentar a niños pobres.

¿Confía en que en el futuro cercano habrá más investigación sobre transgénicos y salud?

Esa es una petición de las agencias que han valorado mi estudio. Eso espero. Yo haré otras investigaciones si es necesario en esa dirección.

¿Cree que la agricultura ecológica es la alternativa a la agricultura transgénica?

No es una alternativa, es el modelo fundamental para nuestro futuro. Nos permite tener policultivos sin pesticida porque estos químicos están envenenando nuestra salud, nuestros animales y nuestro medio ambiente. La agroecología es la alternativa para reducir el uso de pesticidas e ir hacia una agricultura ecológica, pero una agricultura ecológica no de una manera intensiva. Evitar los monocultivos e ir hacia los policultivos ecológicos es la clave para alimentar el mundo.

¿Qué beneficios aportan los alimentos ecológicos a la salud humana?

Evitan los pesticidas que rompen la comunicación entre células y crean efectos a largo plazo como cáncer, enfermedades inmunitarias, hormonales, nerviosas, etc. Evitan todos esos pesticidas que vienen ahora en la fruta. Hay que evitar fiscalizar el trabajo manual necesario para la agricultura ecológica y gravar más plásticos y pesticidas que, al día de hoy, no lo están porque cada vez que estas grandes compañías desarrollan un nuevo pesticida eliminan las tasas para investigación. La industria química agroalimentaria ha sido muy ayudada financieramente desde la Segunda Guerra Mundial y la agricultura ecológica no; por eso el
balance no es bueno para la agricultura ecológica y la agroecología.

¿Qué poder tiene la sociedad civil para exigir transparencia en los efectos de los transgénicos?

Es el único poder. Si hoy tenemos los productos etiquetados en Europa es gracias a la sociedad civil. El etiquetado ha hecho que los OGM prácticamente no se cultiven en Europa, excepto en España. En Europa, el total de cultivos transgénicos es menos del 0,5% de la área cultivada. En España, es del 20%. Cuando visité Lleida, donde hay grandes granjas de cerdos alimentados con OGM, un cocinero que venía conmigo probó el cerdo y no estaba realmente bueno. No creemos que sea un buen futuro para España. Hace falta más transparencia en el etiquetado de los animales alimentados con transgénicos, como se hizo en Francia y en Alemania: etiquetar los productos derivados como queso, huevos, jamón, etc. La sociedad puede pedirlo porque necesita más transparencia. Mi pelea es disponer de los análisis de sangre de animales que han comido transgénicos que se venden en el mercado, porque así todas esas agencias no podrían mentir nunca más. No podrían decir que todo va bien
cuando ellos han analizado los OGM durante quince días como se hizo con el maíz BT176 o solo tres meses o nada como pasó con algunos OGM. La transparencia es la clave y la sociedad civil tiene el poder. Hacen falta dos años de análisis en animales de laboratorio, tal como se hace con los medicamentos, pero entonces los OGM dejarían de ser rentables.

¿Por qué España es diferente?

No tiene suficientes científicos que estén trabajando en estudios públicos en esta área y ese es el mayor problema, porque si quisieran entrevistar a un experto en España no lo podrían hacer porque no existe. Creo que la investigación pública ha sido el hermano pequeño de vuestra economía, demasiado pequeño para trabajar de forma independiente en este campo. La sociedad civil no tiene científicos hablando en castellano en televisión sobre estos temas y diciendo "sí, necesitamos más pruebas, etc". He conocido varios profesores en España pero nunca a un científico que realmente esté trabajando en los efectos a largo plazo de los OGM. Bueno, solo hay cinco o algo así en el mundo, entre cinco y diez, porque no hay voluntad de querer estudiarlos desde un punto de vista científico.

¿Qué estudios sobre transgénicos y salud conoce en España?

Hay algunos sobre abejas, sobre ecología, sobre diseminación del polen… pero no demasiados sobre salud humana o mamífera.

¿Quiere dirigir algún mensaje particular a nuestros lectores, operadores y técnicos que trabajan en la agricultura ecológica?

Que la agricultura ecológica es el futuro. La mayoría de los economistas dicen que no podremos importar nunca más fresas de Argentina a bajo costo, porque el petróleo, el gas, cuestan cada vez más y más. Que las fresas o la soja cultivadas en otro lugar del mundo sean más baratas que las vendidas por los agricultores españoles es prueba de la estupidez del sistema. Además, estos productos están llenos de pesticidas y siguen costando menos que los productos ecológicos, lo que es bastante estúpido. Lo que significa que en Argentina, el gobierno paga para hacer estos pesticidas gravando menos a las grandes compañías y más a las de agricultura ecológica que utilizan más mano de obra. Por la crisis, no se puede continuar de esta forma. La agricultura ecológica junto con otros métodos agroecológicos es la clave para alimentar el mundo. En Grecia y en otros países afectados por la crisis económica, la gente está recuperando la agricultura local y, si puede, a la ecológica. Una relación real entre el productor y el consumidor es la clave para comer bien en un sistema equilibrado, con menos carne, porque gastamos muchísima superficie en el mundo para alimentar animales. Comemos demasiada carne con grasa y poca cantidad de vegetales y frutas para estar
saludables. Si podemos dar la vuelta al sistema será bueno no sólo para la economía o la tierra, sino también para la salud humana.