3 de octubre de 2007

Los récords del general Roca

En 1904, Julio Argentino Roca (1843-1914) fue el primer presidente argentino que estuvo presente en un partido de fútbol al concurrir al encuentro que disputaron Alumni y el Southampton de Inglaterra. Roca era célebre por la ofensiva final que llevó adelante contra el indio al frente de un poderoso ejército equipado con los últimos adelantos de la industria militar, en el que no se usaron los sables y las lanzas sino modernos fusiles a repetición Remington.
La campaña fue un verdadero genocidio que dejó un saldo de miles de muertos y más de 14 mil prisioneros. Lo importante para Roca y su campaña política no fueron las víctimas -las que ni siquiera eran consideradas como tales por la sociedad de la época-, sino los millones de hectáreas "recuperadas" a los indios y su consecuente prestigio político militar.
Pero no fue éste el único récord que tuvo aquel general -famoso por su sangre fría y su escasa compasión para con los derrotados-, también fue el primero en tener una copa de fútbol propia: la "Copa Roca" que siempre enfrentó a los seleccionados de la Argentina y el Brasil. De la misma manera los futbolistas argentinos disputaron contra los uruguayos las copas Newton y Lipton, y contra los paraguayos la copa Chevallier Boutell. Pero tuvo otro récord mucho más tristemente célebre: el de ser el primero en instigar a falsificar el resultado, hoy reconocido como soborno.
En oportunidad de celebrarse en Brasil un partido entre el dueño de casa y el equipo argentino, el presidente Roca estaba en las tribunas presenciando el partido. Al término del primer tiempo el general se acercó al vestuario argentino y le pidió al jugador Jorge Brown que perdieran el partido. Este encuentro no figura en las estadísticas del fútbol argentino.
Según el periodista Dante Panzeri (1921-1978) el partido terminó 3 a 3; en cambio su colega Diego Lucero (1901-1995) afirma que el resultado fue 4 a 0 en favor de los argentinos, aunque remarca que el presidente le pidió a Brown que se dejaran ganar. En 1931, en la revista "Caras y Caretas", Maximiliano Susán, jugador de aquel equipo argentino, declaró que Roca les dijo en aquella oportunidad : "Muchachos, hay que ser diplomáticos. Brasil está celebrando el aniversario del Grito de Ipiranga. No es justo que pierdan el partido: hay que dejarlos ganar. ¡Háganlo por la paz de América muchachos!".

Borges y el tango de Buenos Aires

Tempranamente en su poesía y en su pro­sa, Jorge Luis Borges trató de desentrañar la naturaleza de Buenos Aires, una ciudad que había redescubierto cuando regresó de su estancia en Europa, y esta inquietud lo llevó a ocuparse repetidamente del tango. En "Inquisiciones" (1925), se destacan en ese sentido los escritos "Después de las imágenes" y "Buenos Aires"; en "El tamaño de mi esperanza" (1926), se lo puede apreciar en "Carriego y el sentido del arrabal", "La pampa y el suburbio son dioses", "Las coplas acriolladas" e "Invectiva contra el arrabale­ro"; finalmente, en "El idioma de los argentinos" (1928), lo hace en "Ascenden­cias del tango", "Apunte férvido sobre las tres vidas de la milonga" y los capítulos de "Dos esquinas": "Sentirse en muerte" y "Hombres pelearon", este último, anticipo de lo que sería "Hombre de la esquina rosada".


En 1965, ya consagrado y reconocido, escribió estos versos transparentes y admirables:

Tango que he visto bailar
contra un ocaso amarillo
por quienes eran capaces
de otro baile, el del cuchillo.

Tango de aquel Maldonado
con menos agua que barro;
tango silbado al pasar
desde el pescante del carro.

Despreocupado y zafado
siempre mirabas de frente;
tango que fuiste la dicha
de ser hombre y ser valiente.

Tango que fuiste feliz
como yo también lo he sido,
según me cuenta el recuerdo,
el recuerdo o el olvido.

Estos versos recibieron el don mágico de la música de Astor Piazzolla y la voz de Edmundo Rivero.