2 de marzo de 2008

Modos de producción (III). Despotismo

En 1858, Karl Marx habló de otro modo de producción (que no puede ubicarse ni en el esclavismo ni en el feudalismo) en el Prólogo de "Grundrisse der kritik der politischen ökonomie" (Contribución a la crítica de la economía política): el modo de producción asiático.
Este modo de producción, denominado también despotismo oriental o tributario, aparece sobre todo en la China, India, Egipto, la Mesopotamia y también en América (por ejemplo en los imperios Inca, Maya y Azteca).
Surgió con una gran revolución en las fuerzas productivas: el descubrimiento del riego, lo que permitió un crecimiento de la producción y la creación de excedentes. En este modo de producción, el florecimiento de la agricultura dependía del uso del agua. Por eso este sistema económico se desarrolló cerca de ríos y lagos.



La irrigación y la distribución del agua exigía canales y obras hidráulicas, que solo una administración central como el Estado podía lograr, acopiando tributos y trabajos de las comunidades. Así, por primera vez se produjo una diferenciación entre los que trabajaban y producían, y los que administraban el trabajo y la producción ajena. No existían las clases sociales, ya que la propiedad seguía siendo comunal, pero se originó una casta privilegiada (sacerdotal o militar) que administraba el Estado.
Apareció hace unos 5000 años en los valles del río Nilo en Egipto, en el de los ríos Tigris y Eufrates de la antigua Sumeria y en el del río Indo en la India, provocando la mayor revolución en las fuerzas productivas previa al capitalismo.



Fue un despotismo económico surgido en pueblos que -para enfrentar a la naturaleza, por ejemplo, las inundaciones-, estuvieron forzados a una gran cooperación y disciplina regidas por el Estado. Surgió una protoclase dominante que controlaba al Estado pero no poseía la propiedad privada de los medios de producción y de cambio. Por un lado, explotaba el trabajo de las comunidades, en el seno de las cuales no había mayores desigualdades porque la propiedad privada apenas existía; y por otro lado, aseguraba la coordinación y la dirección de los trabajos públicos (como los canales de irrigación) y otros aspectos necesarios al funcionamiento de la economía agrícola (el calendario, por ejemplo).
Con la separación del trabajo físico o manual y el intelectual, se originaron las castas sacerdotales y las militares que actuaron como explotadoras. El producto excedente quedaba en manos del Faraón o del Inca y del templo del dios, vale decir, de los sacerdotes y los altos funcionarios.
Se trató de una formación de tránsito entre la fase patriarcal dominante hacia finales del neolítico y las sociedades de clases posteriores, aunque todavía existió durante parte del siglo XX en la Unión Soviética bajo el régimen estalinista.



Para Marx, la comunidad misma representó la primera gran fuerza productiva. Las condiciones objetivas impusieron la unidad de las comunidades para empresas comunes como las canalizaciones de agua, las vías de comunicación e intercambio o la guerra para asegurar un territorio para la subsistencia. Esta unidad, en la medida que se perpetuó y se hizo indispensable, apareció distinta y por encima de las muchas comunidades, convirtiéndose como tal en la verdadera propietaria de todo. La unidad suprema terminó encarnada en el déspota (faraón, emperador, zar, inca, rey) como gran padre de numerosas comunidades, al que se lo ligaba de una u otra manera a la divinidad. De este modo, esa unidad suprema sistematizó la apropiación del pluspruducto, que tomó la forma de tributo o de trabajos colectivos para el déspota y la élite.
Este sistema llegó a su perfección y expansión instaurado por centros soberanos tras sucesivas guerras y conquistas, tanto en Asia, como en el antiguo Egipto, en México y en Perú.



El antropólogo ucraniano John V. Murra (1916-2006) en su obra "The economic organization of the Inca State" (La organización económica del Estado Inca, 1956) estudió la organización económica de los incas, como un caso desarrollado y eficiente de despotismo comunal, anotando no solamente la relación con las formas asiáticas, sino con las economías y estructuras de poder africanas ashanti, ruanda, dahomey, yoruba y aun con las hawaianas.
Para referirse a este modo de producción, el teórico alemán Karl A. Wittfogel (1896-1988) en su obra "Oriental despotism: a comparative study of total power" (Despotismo oriental: un estudio del totalitarismo, 1957), habló de despotismo hidráulico, definiéndolo como un sistema mantenido a través del control de un recurso único y necesario: el agua. Lo ubicó, naturalmente, en el antiguo Egipto y en Babilonia, y por extensión Wittfogel agregó a la Unión Soviética y a la República Popular China, en donde los gobiernos controlaban los canales de irrigación.



Los antropólogos franceses Maurice Godelier ("Economía, fetichismo y religión en las sociedades primitivas", 1974) y Jean Chesneaux ("El modo de producción asiático", 1975) y el mexicano Roger Bartra ("El modo de producción asiático : problemas de la historia de los países coloniales", 1978), se han encargado de sistematizar la teoría al respecto, dentro del concepto de modo de producción asiático, que para universalizar algunos han llamado despotismo comunal. También el profesor colombiano Hermes Tovar en "Notas sobre el modo de producción precolombino"
(1974), a partir del estudio de la sociedad muisca desarrolló para determinadas formaciones sociales indígenas americanas el concepto de modo de producción precolombino.



Sistematizadamente, este sistema económico, contemporáneo del esclavismo europeo, consistía en que un pueblo tenía que entregar un pago o tributo a su soberano o a un pueblo conquistador, tributo que consistía comúnmente en bienes agrícolas, y en algunos casos, materiales de construcción.

1 de marzo de 2008

Modos de producción (II). Esclavismo

Al inicio de esta etapa, la producción se limitaba a los requerimien­tos de las familias más poderosas y a producciones domésticas en un marco de economía natural, des­tinada al propio consumo. El excedente y el inter­cambio jugaron un rol clave en el desarrollo de la producción de bienes. Dados los escasos adelan­tos tecnológicos aumentó el número de productores directos. La mano de obra escaseó y las guerras suministraron los esclavos, que eran la principal fuerza productiva.
El aumento de la productividad que generaba ex­cedentes estimuló el intercambio y la producción de bienes a tal fin: las mercancías. Se originaron entonces los asentamientos y luego las ciudades, donde se fa­bricaban y cambiaban las mercancías. Al comienzo existía el trueque. Al ampliarse el intercambio, no era práctico transportar las mercancías y fueron re­emplazadas por equivalentes de sus valores. Nació así el dinero. La propiedad privada se extendió a la tierra y surgieron los Estados esclavistas.
"Cuando aparecieron las clases, siempre y en todas partes, a medida que la división crecía y se conso­lidaba, aparecía también una institución especial: el Estado -dijo Vladimir I. Lenin (1870-1924) en 'Sobre el Estado', una conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov el 11 de julio de 1919-. Las formas de Estado eran en extremo variadas. Ya durante el período de la esclavitud en­contramos diversas formas de Estado en los paí­ses más adelantados, más cultos y civilizados de la época, por ejemplo en la antigua Grecia y en la antigua Roma, que se basaban íntegramente en la esclavitud. Ya había surgido en aquel tiempo una diferencia entre monarquía y república, entre aristo­cracia y democracia. A pesar de estas diferencias, el Estado de la época esclavista era un Estado es­clavista, ya se tratara de una monarquía o de una república, aristocrática o democrática".
Las guerras inicialmente fueron de apropiación de bienes; posteriormente, tuvieron como objetivo la captura de prisioneros para convertirlos en esclavos. La esclavitud comenzó como una forma externa, pero después se generalizó a nivel interno; la usura y la acumulación de deudas, arruinaban a las personas y las convertían en esclavos. En definitiva, la simple circunstancia de la pobreza convirtió al campesino, al pastor y al artesano en esclavos.
Mediante las guerras se constituyeron los grandes imperios antiguos, los que, además de conseguir esclavos, saqueaban las riquezas y sometían a una gran cantidad de pueblos para mantenerlos como tributarios. Los estados mantenían una poderosa máquina militar conformada principalmente por campesinos. Con el tiempo aparecieron una gran cantidad de desocupados que realizaban trabajos ocasionales bajo la dependencia de algún pudiente. Los artesanos dependían de la nobleza, los comerciantes y los usureros, de los cuales recibían una escasa remuneración, hecho que muchas veces los convertió en desocupados y posteriormente en esclavos.
Para regular las relaciones entre las personas y las poblaciones aparecieron los códigos, también con el objeto de realizar el comercio. Se conocieron así, por ejemplo, leyes religiosas como las Védicas y las Brahamánicas (alrededor del 1500 a.C.), el Código de Hamurabi (1760 a.C.), la Ley Mosaica (alrededor del 1270 a.C.) y las Leyes Romanas (a partir del año 305 de nuestra era). Las formas estatales se fortalecieron, los monarcas adquirieron categoría de dioses o de enviados de dios, dando forma a las teocracias; se consolidaron y sucedieron, unos a otros, los grandes imperios de la antigüedad (Japón, China, India, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma).El conocimiento era exclusivamente reservado para la nobleza, los sacerdotes y los escribas. Apareció la Filosofía como madre de todas las ciencias (Confucio, Platón, Aristóteles, defendieron el esclavismo) y se desarrollaron las ciudades-estado. Por otra parte, se afianzó la monogamia y el monoteísmo, y los sistemas religiosos se entrecruzaron con las funciones estatales.Existía la propiedad privada de los medios de produc­ción y la fuerza de trabajo. El esclavista era dueño del esclavo, el que constituía una mercancía más para ser comprada o vendida en el mercado: "La fuerza de trabajo no ha sido siempre una mercan­cía -dice Karl Marx (1818-1883) en 'Lohnarbeit und kapital' (Trabajo asa­lariado y capital, 1849)-. El trabajo no ha sido siempre trabajo asalaria­do, es decir, trabajo libre. El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y para siempre, con su fuer­za de trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede pasar de manos de un dueño a manos de otro. El es una mercancía, pero su fuerza de trabajo no es una mercancía suya".
La esclavitud permitió avanzar grandemente en la productividad del trabajo y realizar obras colosales. Las pirámides de Egipto, fortificaciones, puentes y obras de riego que aún hoy asombran se deben al trabajo de cooperación simple que hacían los escla­vos.Pero el desarrollo tenía sus límites. La alimen­tación mínima mermaba en mucho las fuerzas de los esclavos y su reproducción natural era lenta y costosa para el esclavista.El trabajo esclavo en las tierras de sus amos permitía producir trigo y otras mercancías a menor costo que los trabajadores libres, los que finalmente perdían sus tierras y pasaban a la esclavitud o la indigencia urbana. Esto originó a la vez el lumpen-proletariado y los latifundios. El uso de trabajo esclavo en los oficios alentó la formación de talleres, con lo que creció la producción de mercancías y el comercio. Las clases sociales claramente diferenciadas, entre trabajadores directos y administradores, sentaron las bases para la oposición entre el trabajo físico y el intelectual, impulsando el desarrollo del arte y la ciencia. La Grecia antigua es un gran ejemplo de ello.
Durante el período de producción esclavista hubo grandes avances en lo económico, la ciencia y el arte. La mano de obra esclava sostenía todo y cada vez se requería más para financiar los lujos de los esclavistas y las guerras para conseguir más esclavos y tierras. La expansión de los imperios ten­só la capacidad de las fuerzas productivas y mos­tró los límites del sistema. Los esclavos no estaban interesados en el resultado de su trabajo, pues no les traía beneficio alguno. Esto trabó el desarrollo de las fuerzas productivas, generando la crisis del sistema. La demanda crecía por los continuos gas­tos, pero el trabajo esclavo no se desarrollaba más allá.
"La esclavitud se convirtió pronto en la forma do­minante de la producción en todos los pueblos que se habían desarrollado más allá del viejo tipo de comunidad -dice Engels en 'Anti Dühring' (1878)-; pero al final fue también una de las causas principales de su decadencia. La esclavitud posibilitó la división del trabajo en gran escala entre la agricultura y la industria, y con esa división del trabajo, posibilitó también el florecimiento del mun­do antiguo, la civilización griega. Sin esclavitud no hay Estado griego, ni arte griego, ni ciencia grie­ga; sin esclavitud no hay Imperio Romano. Y sin el fundamento del helenismo y del romanismo no hay tampoco Europa moderna"."Para que en tiempos de las Guerras Médicas el número de esclavos fuera en Corinto de 460.000, en Egina llegara a los 470.000, con lo que había diez esclavos para cada miembro de la población libre, hizo falta algo más que poder y violencia; a saber, una industria artesanal y suntuaria muy desarrollada y un amplísimo comercio. La esclavitud en los Estados Unidos se ha basado menos en la violencia que en la industria inglesa del algodón; en las regiones en que no crecía el algodón, o en las que no había Estados limítrofes que practicaran la cría de esclavos para los Estados algodoneros, la esclavitud se extinguió por sí misma sin aplicación de la violencia, simplemente porque no era rentable", concluye Engels en la obra citada.Los últimos siglos del esclavismo fueron de deca­dencia, las tierras se empobrecieron, la ciencia y el arte se estancaron. El Imperio Romano utilizó sus recursos en la defensa contra las invasiones. Los grandes terratenientes se vieron así en la necesidad de deshacerse de los esclavos. Dividieron sus haciendas en parcelas y las entregaron a los colonos para que las trabajaran a cambio de productos. Los colonos se transaban junto con la tierra. Surgieron entonces nuevas relaciones de producción que darían origen a un nuevo modo de producción: el feudalismo.