9 de septiembre de 2026

Estados Unidos y Cuba. Crónica de una relación depravada y fatídica (5/6)

Retomando el tema de la campaña terrorista ejercida por Estados Unidos contra Cuba, cabe mencionar que los atentados citados anteriormente no fueron los únicos que se cometieron por entonces. También se pueden citar los intentos de asesinato de Fidel Castro perpetrados por el activista y agente de la CIA de origen cubano, el antes mencionado Luis Posada Carriles quien, acompañado por sus cómplices, en noviembre de 1994 intentó hacerlo en Cartagena, Colombia, durante la celebración de la IV Cumbre Iberoamericana, y en noviembre de 2000 durante la celebración de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en Panamá. En ambos casos fue detenido y luego, con la presión ejercida desde la Casa Blanca, fue indultado y volvió a refugiarse en Miami. Además, fueron varias las veces que embarcaciones tripuladas por agitadores opositores cargadas de ametralladoras pesadas fueron detenidas cuando se dirigían hacia las costas cubanas. En todos los casos fueron puestos en libertad por el FBI, la Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos, lo que demuestra que todas estas ofensivas terroristas tuvieron el aval de las autoridades del gobierno y la inteligencia de Estados Unidos.
A Clinton lo sucedió George Walker Bush (1946), hijo de quien había gobernado Estados Unidos entre 1989 y 1993. Durante su mandato endureció aún más el embargo comercial y en octubre de 2003 creó la ‘Commission for Assistance to a Free Cuba’ (Comisión de Asistencia a una Cuba Libre), la que elaboró un plan para lograr ciertos objetivos en Cuba entre los que se indicaban “lograr una solución pacífica y en el corto plazo para el fin de la dictadura”, “restablecer las instituciones democráticas, el respeto hacia los derechos humanos y el imperio de la ley”, “sentar las bases y las instituciones elementales para una economía libre”, “modernizar la infraestructura” y “satisfacer con calidad las necesidades básicas en las áreas de salud, educación, vivienda y servicios humanos”.
Sin embargo, durante su gobierno se aprobaron restricciones severas a las remesas familiares que los cubanoamericanos enviaban a la isla, se limitaron drásticamente los viajes de familiares y de intercambio educativo, se aumentaron los fondos destinados a grupos opositores dentro de Cuba y se mantuvieron activas las transmisiones de Radio Martí, el medio de información guiado por el Congreso de los Estados Unidos al cual se había agregado TV Martí en marzo de 1990. En ambos medios aparecían frecuentemente políticos opositores, activistas exiliados y antiguos presos políticos declarando constantemente que, a pesar de que la constitución cubana reconocía la libertad de prensa, estaba prohibida la propiedad privada de los medios de comunicación. Frente a esto, los defensores del gobierno cubano arguyeron que ambos medios eran tan sólo una herramienta de propaganda de los intereses estadounidenses sobre la isla. Tal vez por esa razón, las seis emisoras ​​de radiodifusión (una de ellas internacional) y las cuatro cadenas de televisión son nacionales.
Tras los atentados suicidas cometidos por la organización paramilitar de origen árabe Al Qaeda la mañana del 11 de septiembre de 2001, los que produjeron el derrumbe de dos de las torres del complejo World Trade Center en Nueva York y el de la sede del Departamento de Defensa en el condado de Arlington, Virginia, George W. Bush incluyó a Corea del Norte, Irak, Irán como integrantes de un “axis of evil” (eje del mal) en un discurso dado ante el Senado y la Cámara de Representantes el 29 de enero de 2002. El poco apoyo internacional no impidió que, unos meses más tarde, el Subsecretario de Estado John Bolton (1948) incluyera en el “eje del mal” a Cuba, Libia y Siria. Esta acusación generó en el gobierno cubano una fuerte condena y un rechazo categórico, calificándola como una mentira destinada a justificar la política de hostilidad y el embargo económico contra la isla. Y, desde los medios oficiales, señalaron que el verdadero promotor de la inestabilidad y la violencia global era el gobierno estadounidense.
Por entonces el gobierno de G. W. Bush emprendió la ‘Global War on Terrorism’ (Guerra Global contra el Terrorismo) contra Afganistán e Irak, guerras que recibieron el apoyo mundial de otros gobiernos, pero también hubo críticos y estados como Alemania que no participaron activamente en esos conflictos armados. Pese al incremento significativo del gasto militar y el déficit nacional, logró ser reelegido en las elecciones presidenciales de 2004 y gobernó al país hasta 2009. Durante su segundo mandato, Estados Unidos atravesó la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1929. Aumentó la inflación, el desempleo, la pobreza, la deuda pública, cayeron los salarios y se devaluó el dólar.


A todo esto, tras el largo período de crisis económica que atravesó Cuba como resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991 y por el recrudecimiento del embargo estadounidense desde 1992, durante esos años registró altas tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) tal como informó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), una de las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas. Dicho crecimiento se debió a la recuperación parcial de la producción de níquel y de tabaco, y a la extracción de petróleo nacional, mientras que el turismo desplazó a la industria azucarera como la principal fuente de ingresos en divisas del país. En ese entorno, tras una maratónica sesión del Congreso cubano, el 24 de febrero de 2008 asumía la presidencia del Consejo de Estado Raúl Castro, hermano de quien había gobernado la isla entre 1959 y 1976 como Primer Ministro, y entre 1976 y 2008 como Presidente del Consejo de Estado.
Mientras tanto, cruzando el Mar Caribe por el Golfo de México, la desaprobación al gobierno de Bush había aumentado drásticamente tanto a nivel nacional como internacional. En las elecciones presidenciales del 4 de noviembre de 2008 fue elegido Barack Obama (1961), el primer afroamericano que ejerció el cargo presidencial. En 2012 fue reelegido y gobernó hasta 2017. Durante su mandato hubo varios acercamientos con el gobierno cubano. En diciembre de 2014, por ejemplo, junto a Raúl Castro informó el inicio de negociaciones para normalizar los vínculos bilaterales. Luego, en mayo de 2015, retiró a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, y en julio de ese mismo año se reabrieron oficialmente las embajadas en Washington y La Habana. Al año siguiente, entre el 20 y el 22 de marzo de 2016, Obama se convirtió en el segundo presidente estadounidense en funciones en visitar la isla, algo que no se había hecho desde 1928 cuando Calvin Coolidge (1872-1933) llegó a La Habana para participar en la VI Conferencia Panamericana invitado por el antes citado Gerardo Machado. Durante la administración de Obama se redujeron las restricciones a los viajes y al envío de remesas para fomentar el intercambio comercial y el sector privado.
Ocho meses después de la visita de Obama, el 25 de noviembre de 2016 falleció Fidel Castro a los 90 años de edad. En una nota titulada “Fidel Castro, el monarca heroico” publicada el 3 de diciembre de 2016 en la revista “Noticias”, el periodista, politólogo y analista internacional Claudio Fantini (1961) entre otras cosas expresó: “Se lo ame o se lo odie, Fidel Castro fue admirable. Un dictador, sí, pero no un dictador más. No es la razón sino la aversión lo que hace que muchos lo coloquen en el mismo estante de otros tiranos. La victoria de Fidel es la del hombre que se planta ante el poder, se atreve a desafiarlo y termina imponiéndose. Empezó a plantarse cuando era el joven abogado que escribía columnas denunciando la corrupción de un régimen miserable y entreguista. Siguió haciéndolo al organizar el asalto al Cuartel Moncada, la fortaleza militar de Santiago de Cuba”.
Agregó luego: “Todo lo que vino después mostró al hombre que no cede, que lucha y que vence. El exilio en México; el regreso a la isla navegando en el Granma; la lucha en la Sierra Maestra y la entrada triunfal en La Habana. La siguiente titánica rebelión fue contra el dictado norteamericano. Encabezar el contraataque a los invasores en Playa Girón y sobrevivir a más de seiscientos intentos de asesinato organizados por la CIA, sin que lograran domesticarlo ni neutralizarlo. El monumental funeral que lo despidió no revela lo que las masas verdaderamente sienten. Las multitudes pueden no significar mucho. Movilizarlas es una especialidad de la casa. Pero haber muerto con la isla aún en manos del régimen que creó, fue su última gran victoria”. El propio Obama lo despidió emitiendo un comunicado oficial en el que señaló: “La historia registrará y juzgará el enorme impacto de esta singular figura sobre la gente y el mundo a su alrededor. En los próximos días el pueblo cubano recordará el pasado y mirará al futuro. Mientras lo hace, debe saber que tiene un amigo y un socio en Estados Unidos. Durante mi presidencia, trabajamos duro para dejar el pasado detrás de nosotros, persiguiendo un futuro en el que la relación entre nuestros dos países está definida no por nuestras diferencias, sino por todas las cosas que compartimos como vecinos y amigos”.


En una vereda completamente opuesta, su sucesor, el citado Trump, manifestó en un comunicado: “¡Fidel Castro ha muerto!” y lo calificó de “brutal dictador”, al tiempo que prometió hacer “todo lo posible” por la libertad del pueblo cubano. Y agregó: “Fidel oprimió a su propio pueblo y con su fallecimiento deja un legado de fusilamientos, robos, sufrimiento inimaginable, pobreza y negación de derechos humanos fundamentales. Si bien Cuba sigue siendo una isla totalitaria, mi esperanza es que hoy marque un alejamiento de los horrores soportados durante demasiado tiempo y hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano finalmente viva en la libertad que tanto merece y pueda iniciar finalmente su camino hacia la prosperidad”.
Durante su primer mandato (2017-2021), el gobierno de Donald Trump revirtió el proceso de normalización de relaciones conocido como el “deshielo” impulsado por la administración de Barack Obama. En junio de 2017 anunció desde Miami un endurecimiento de la política hacia Cuba, limitando los viajes de ciudadanos estadounidenses a la isla y prohibiendo transacciones financieras con empresas vinculadas a las fuerzas armadas cubanas. Retiró a la mayor parte del personal de la embajada en La Habana y expulsó a diplomáticos cubanos de Washington. También impuso límites estrictos al envío de remesas familiares a Cuba y sancionó a entidades financieras y de transporte para asfixiar las fuentes de ingresos del gobierno cubano que, desde octubre de 2019 era ejercido por Miguel Díaz Canel (1960). Éste, en su primer discurso como presidente declaró que “la política exterior cubana se mantendrá inalterable y Cuba no hará concesiones ni aceptará condicionamientos”.
El siguiente presidente, Joseph Biden (1942), quien gobernó a Estados Unidos entre 2021 y 2025, mantuvo la mayoría de las políticas de Trump intactas, alejándose también del apaciguamiento que existió durante el gobierno de Obama. Mantuvo a Cuba bajo sanciones económicas y financieras, y admitió legalmente a más de cien mil ciudadanos cubanos a través del programa de libertad condicional humanitaria conocido como “CHNV”, mediante el cual se permitió a personas no sólo de Cuba sino también de Haití, Nicaragua y Venezuela ingresar a Estados Unidos, permanecer durante dos años y solicitar la autorización para trabajar. Por otro lado, decidió retirar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, argumentando que la isla no apoyaba actos terroristas internacionales, una medida que coincidió con el anuncio del gobierno cubano de liberar a más de quinientos presos políticos y que dejó de tener vigencia en marzo de 2025 dos meses después de la reelección de Trump cuando el United States Department of Homeland Security (Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) anunció la terminación del Programa.


Ese año Trump llegó con mayor experiencia y conocimiento de la contextura del poder en Washington. Asumió con un músculo político más sólido que en su primer mandato apoyado por los multimillonarios de los gigantes tecnológicos y por los grandes conglomerados financieros mundiales. Desde su regreso a la Casa Blanca volvió a colocar a Cuba entre las prioridades de su política exterior hacia América Latina. En lo que va de su segundo mandato ha combinado sanciones económicas y financieras, restricciones migratorias y de viaje, imposición de aranceles adicionales a productos procedentes de países que suministren petróleo a Cuba directa o indirectamente, sanciones a personas y entidades vinculadas con sectores cubanos como energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad, fuertes medidas contra fuentes de financiación utilizadas por el gobierno cubano y una gran presión sobre el sector energético.
Tal como afirmó en una entrevista el Secretario de Guerra Pete Hegseth (1980), “todas las opciones de una intervención estadounidense en Cuba, incluida la militar, están sobre la mesa. El gobierno cubano debe prestar atención a la voluntad de Trump de hacer valer las prerrogativas estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio”. Por su parte el Secretario del Tesoro Scott Bessent (1962) aseguró que la estrategia de presión económica de Washington contra el régimen cubano “está funcionando ahora mismo. Tenemos el bloqueo y vamos a tener las sanciones más duras de la historia” y predijo un “cambio de régimen a cámara lenta en Cuba”. Lo concreto es que el bloqueo ha limitado enormemente el desarrollo de la isla ya que le impide acceder a los organismos internacionales de crédito, genera desabastecimiento y escasez de productos e impide la adquisición de insumos básicos para la producción, algo que ha provocado para la isla la pérdida de miles de millones de dólares.
A todo esto, la Office of the High Commissioner for Human Rights (Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos) de la ONU, cuya sede principal se encuentra en Ginebra, Suiza, y también cuenta con una oficina en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, acusó a Estados Unidos de provocar una grave crisis humanitaria en Cuba mediante su campaña de presión económica que incluye apagones persistentes, inseguridad alimentaria y una grave escasez de medicamentos. “La energía, el transporte, el riego y los servicios básicos están fallando simultáneamente, afectando de manera desproporcionada a las mujeres, los niños, las personas mayores y otros grupos vulnerables, incluidos los campesinos de la economía rural”, dijeron los expertos de dicha oficina en un comunicado emitido a principios del mes de agosto del corriente año. El embargo comercial hacia Cuba es el más prolongado que se conoce en la historia moderna. Ha sido condenado desde 1992 por la Asamblea General de Naciones Unidas con los únicos votos negativos de Estados Unidos e Israel en todas las ocasiones a los que se sumaron algunas veces otros tres o cuatro países, y también por la organización internacional no gubernamental Human Rights Watch que investiga e informa sobre abusos contra los derechos humanos.