14 de abril de 2009

Conversaciones (XXVII). Alfred Hitchcock - Francois Truffaut. Sobre el cine y sus menesteres (3/4)

Francois Truffaut fue hijo de madre soltera y padre desconocido. La ambigua relación con su madre lo marcó para siempre y se convirtió en una de sus obsesiones. Huyó de casa muy joven refugiándose, literalmente, en los cines, y tras un fallido intento de fundar un cineclub, su padrastro lo encerró en un correccional. André Bazin (1918-1958), crítico cinematográfico y fundador de la revista “Cahiers du Cinéma”, le ofreció amparo y trabajo. En 1950 se alistó en el ejército, pero poco tiempo después desertó, por lo que terminó de nuevo encerrado, esta vez en prisión. Tras un nuevo rescate de Bazin, en 1953 comenzó a ejercer la crítica en la famosa revista. En 1954 rodó su primer corto y en 1959 su primer largometraje. Dirigió en total veintiún largometrajes, tres cortos y publicó los libros “Les films de ma vie” (Las películas de mi vida) y “Le cinema selon Hitchcock” (El cine según Hitchcock). Este último se basa en el famoso e histórico reportaje que durante seis días le hizo al maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, y en otro segmento del prólogo Truffaut escribió: “Durante el invierno de 1955, Hitchcock vino a trabajar a Joinville, en el Studio Saint Maurice, para la post-sincronización de ‘Para atrapar al ladrón’, cuyos exteriores había rodado en la Costa Azul. Mi amigo Claude Chabrol y yo decidimos entrevistarle para ‘Cahiers du cinemá’. Hitchcock tuvo la bondad de proponernos una cita en el hotel Plaza Athénée para aquella misma noche. Al año siguiente, cuando volvió de París, nos reconoció inmediatamente a Chabrol y a mí en medio de un grupo de periodistas parisinos. Si diez años después de este primer contacto me ha venido el imperioso deseo de interrogar a Hitchcock, de la misma manera que Edipo consultaba al Oráculo, es porque en este tiempo mis propias experiencias como realizador de films me han hecho apreciar cada vez más la importancia de su contribución al ejercicio de la puesta en escena. Cuando se observa atentamente la carrera de Hitchcock, desde sus películas mudas inglesas hasta sus películas en color de Hollywood, se encuentra la respuesta a algunas de las preguntas que todo cineasta debe plantearse; la primera y principal: ¿Cómo expresarse de una forma puramente visual?”. Lo que sigue es la tercera parte de la charla que mantuvieron Truffaut y Hitchcock en agosto de 1962, en el estudio cinematográfico Universal City de Hollywood.


F.T.: En el género de películas que usted suele hacer hay algo particularmente ingrato, porque el público acostumbra a sentir placer viéndolas, pero tiene tendencia a demostrar que no es un ingenuo y esto le obliga, a veces, a hacer ascos a su placer.
 
A.H.: Sí, en efecto. Van al cine, se sientan y dicen: “Muéstreme”. Luego, sienten deseo de anticipar: “Adivino lo que va a suceder”. Y yo me veo obligado a recoger su desafío: “¡Ah, sí! ¿Conque eso cree? Bueno, vamos a ver”. En “Los pájaros” he procedido siempre de tal manera que el público no pueda adivinar cuál será la escena siguiente.
 
F.T.: Yo no creo que se intente anticipar tanto en “Los pájaros”. Lo único que se adivina es que los ataques de los pájaros van a hacerse cada vez más graves. En la primera parte se contempla un film normal, psicológico, y sólo el último plano de cada escena evoca la amenaza de los pájaros.
 
A.H.: Debía hacerlo de esta manera porque el público se siente influido por la publicidad, los artículos, las críticas... El público oye hablar de la película por los rumores que se pasan unos a otros. No quiero que se impaciente esperando a los pájaros, pues entonces no prestaría bastante atención a la historia de los personajes. Esas alusiones al final de cada escena, es como si dijera al público: “Tenga paciencia, tenga paciencia. Ya vienen”. Ahora bien, seguramente hay matices que permanecerán inadvertidos, pero son totalmente necesarios pues enriquecen el conjunto y le dan más fuerza. Al comienzo del film, tenemos a Rod Taylor en la tienda en que se venden los pájaros. Atrapa el canario que se había escapado, lo devuelve a su jaula y, sonriente, le dice a Tippi: “Te devuelvo a tu jaula dorada, Melanie Daniel”. Añadí esta frase durante el rodaje, porque pensé que servía para definir al personaje de la muchacha rica y mimada. De esta manera, luego, durante el ataque de las gaviotas al pueblo, cuando Melanie Daniel se refugia en la cabina telefónica, mi intención es mostrar que es como un pájaro en una jaula. No se trata de una jaula dorada, sino de una jaula de desdicha, y esto señala también el comienzo de su prueba de fuego. Asistimos a la inversión del viejo conflicto entre los hombres y los pájaros y esta vez los pájaros están fuera y el ser humano está en la jaula. Ahora bien, cuando ruedo cosas como ésta, no espero que el público lo comprenda todo.
 
F.T.: Aunque la metáfora no se haga consciente, la escena está ahí, con toda su potencia. La construcción de la obra es perfecta porque respeta las tres unidades de la tragedia clásica: unidad de lugar, de tiempo y de acción. Toda la acción transcurre en Bodega Bay en dos días, los pájaros son cada vez más numerosos y más violentos. El principio del relato era excelente desde el mismo punto de partida, aunque supongo que debió de resultar muy difícil escribir el guion.
 
A.H.: Me gustaría exponerle las emociones que sentí... Siempre me he vanagloriado de no leer nunca el guion mientras ruedo una película. Me sé completamente de memoria el filme. Siempre he tenido miedo de improvisar en el plató, porque en ese momento, aunque hay tiempo para tener nuevas ideas, no lo hay para examinar la calidad de estas ideas. Hay demasiados obreros, electricistas y tramoyistas, y soy muy escrupuloso en lo que se refiere a gastos inútiles. Realmente, me siento incapaz de hacer como esos directores que hacen esperar a todo un equipo mientras ellos permanecen sentados pensando, no podría jamás hacer una cosa parecida. Pero durante el rodaje de “Los pájaros” me sentí muy agitado, lo que resulta raro, pues normalmente bromeo mucho durante el rodaje y suelo tener un humor excelente. Por la noche, cuando volvía a casa y me reunía con mi mujer, continuaba estando emocionado, nervioso. Sucedió algo que era totalmente nuevo para mí: me puse a estudiar el guion durante el rodaje, y lo encontré lleno de imperfecciones. La crisis por la que pasé despertó algo nuevo desde el punto de vista creador. Llevé a cabo algunas improvisaciones. Por ejemplo, toda la escena del ataque exterior a la casa, del cerco de la casa por los pájaros que no se ven, fue improvisada en el estudio. Nunca me había ocurrido esto, pero no tardé en decidirme y dibujé rápidamente los distintos movimientos de los personajes en la habitación. Decidí hacer que la madre y la niña se movieran en busca de un refugio. Ahora bien, no había refugio ninguno para ellas. Pero les ordené que hicieran varios movimientos contradictorios para que se movieran como animales, como ratas que huyen en todas direcciones. En cuanto a Melanie Daniel, la filmé deliberadamente a distancia, pues quise demostrar que se apartaba... de nada. ¿De qué iba a apartarse? Está cada vez más acorralada contra la pared. Retrocede, se aleja, pero ni siquiera sabe de qué se aleja. Todo esto se me ocurrió enseguida, de una manera fácil, llevado por el estado emocional en que me encontraba. Empecé entonces a reconsiderar otros momentos de la película. Después del primer ataque en la habitación, cuando los gorriones caen por la chimenea, el comisario llega a la casa y discute con Mitch; el comisario es un hombre escéptico que no cree más que en lo que ven sus ojos. “Ah, sí. ¿Estos gorriones han penetrado por la chimenea? ¿Dicen que les atacaron? ¿Ustedes creen?”. Estudié la escena y me dije: “Es estúpida, es una escena pasada de moda, y no conviene que la hagamos así”, y la transformé. Tomé la decisión de presentar a la madre a través de los ojos de Melanie. La escena arranca con todo el grupo de personajes, el comisario, Mitch, la madre y Melanie al fondo. Toda la escena consistirá, por lo tanto, en el paso del punto de vista objetivo al punto de vista subjetivo. El comisario dice, poco más o menos: “Sí, sí, es un gorrión”. Y de un grupo de rostros estáticos, aislamos el de la madre, que se destaca y que se convierte en una forma móvil; se pone de rodillas para limpiar el suelo y este movimiento hacia abajo hace que todo el interés se centre en el personaje de la madre. Y ahora es cuando volvemos a Melanie y la puesta en escena va a adoptar el punto de vista de Melanie. Melanie contempla a la madre. La cámara muestra ahora a la madre que circula por la habitación en distintas posiciones para recoger los objetos rotos y las tazas de té; se pone de pie para nivelar el cuadro y un pájaro muerto cae de detrás del cuadro. Los planos de reacción de Melanie, que observa cada gesto de la madre, la recogen evolucionando de manera sutil, comenzando aquí, yendo un poco más allá y subiendo hasta allá. Los movimientos de Melanie y su expresión, indican la creciente inquietud que siente por la madre, por la conducta extraña de la madre. Toda esta visión de la realidad es algo que sólo pertenece a Melanie y por eso se reúne con Mitch y le dice: “Creo que voy a quedarme aquí esta noche”. Para reunirse con Mitch, debe atravesar la estancia, pero la recojo siempre en primer plano durante ese trayecto, pues la inquietud y el interés que siente en esos momentos exigen que conservemos la misma dimensión de la imagen en la pantalla. Si cortara situándome más lejos de ella, en una forma menos concreta, cuanto más me alejara de ella, más disminuiría la preocupación de Melanie. Emocionalmente, la dimensión de la imagen es muy importante, sobre todo cuando uno utiliza esta imagen para crear una identificación con el público. Y Melanie representa al público en la escena, cuyo significado es el siguiente: “Mira, la madre de Mitch se está trastornando un poco”. Otro momento de improvisación es cuando la madre llega a la granja, entra en la casa y llama al granjero. Cuando lo rodaba, me dije: “Todo esto es ilógico; llama al granjero que no contesta, y una mujer en esta situación no insistiría más y saldría de la casa”. Ahora bien, yo necesitaba que permaneciera dentro de la casa. Por eso, imaginé que la mujer viese en la pared cinco tazas de té rotas, que cuelgan de unos garfios sostenidos únicamente por sus asas.
 
F.T.: El espectador comprende la significación de las tazas rotas al mismo tiempo que ella, pues en la escena precedente hemos visto a la madre de Mitch recogiendo otras tazas de té rotas después del primer ataque. Es una idea extraordinaria desde un punto de vista visual. Me ha explicado las partes improvisadas en “Los pájaros”, pero quisiera preguntarle ahora si ha rodado escenas que ya estaban en el guion y que luego haya suprimido en el montaje.
 
A.H.: Sólo una cosa o dos después del descubrimiento por la madre del cadáver del granjero. En primer lugar, había una escena de amor entre la muchacha y el muchacho. Sucedía al mismo tiempo que la madre iba a llevar a la niña a la escuela. Melanie se pone el abrigo de pieles sobre los hombros y, a lo lejos, ve a Mitch que está quemando los cadáveres de los pájaros. Se acerca a él y gira a su alrededor. Cuando él ha terminado de quemar los pájaros se acerca y en su rostro puede verse que desea estar junto a ella. De pronto, da media vuelta y entra en la casa. ¿Qué es lo que no marcha? Melanie se siente decepcionada y yo filmo esa decepción para mostrar que Melanie se interesa de verdad por Mitch y para subrayar la importancia de que él no ha completado su trayecto hacia ella. Pero el muchacho vuelve a salir de la casa y dice: “Me he puesto una camisa limpia, porque la que llevaba olía a pájaros viejos”. Después, la escena continuaba dentro de un estilo de comedia sobre el tema: ¿por qué hacen los pájaros esto? Mientras bromeaban, daban toda clase de hipótesis y sugerían que los pájaros tenían un jefe que era un gorrión que, desde una plataforma, se dirigía a todos los pájaros, diciéndoles: “¡Pájaros del mundo entero, únanse! Nada tienen que perder sino sus plumas”.
 
F.T.: Era una buena idea...
 
A.H.: Y la escena proseguía, evolucionaba, cobraba un tono grave y se terminaba con un beso. Luego, volvíamos a la madre que llegaba a la granja, trastornada. Yo quería presentar a la pareja volviéndose a besar y, en ese momento, en el rostro de la madre un leve gesto de contrariedad. No se sabe si realmente ha visto el beso o no, pero su comportamiento posterior da la impresión de que sí. Por lo tanto, en el estado anterior del film, el diálogo de la escena siguiente en la habitación entre la madre y Melanie era ligeramente distinto de lo que es ahora, ya que suprimí la escena de amor. La idea que inspiró esta escena era que esta mujer, Jessica Tandy, incluso cuando más profunda era su convicción tras haber visto al granjero muerto con los ojos arrancados, era, antes que nada, una madre posesiva y el amor hacia su hijo dominaba en ella todo lo demás.
 
F.T.: Pero entonces, ¿qué razón tiene haber cortado todo ese pasaje?
 
A.H.: Porque me di cuenta de que esta escena de amor daba un ritmo lento a la historia. Temía que los comentarios del público sobre el film le hicieran sentirse impaciente y que se dijera: “Sí, está bien, que vengan los pájaros, pero ¿dónde están los pájaros?”. Por esta razón, después de que la gaviota hiere por primera vez a Melanie en la frente, tuve el cuidado de colocar una gaviota muerta que va a estrellarse contra la puerta de la maestra por la noche, luego algunas gaviotas que se colocan en los hilos telegráficos cuando la muchacha se marcha por la tarde a la casa, y todo esto era como si susurrara al público: “Los pájaros llegarán, van a llegar, no se preocupen”. Pensé que, si hubiera dejado esta larga escena de amor entre la chica y el chico, el público se hubiera impacientado e irritado.
 
F.T.: En este sentido, hay una escena que, la primera vez que vi la película, me pareció un poco larga, y cuya importancia no comprendía del todo; es la escena del café del pueblo después de los primeros ataques...
 
A.H.: En efecto, no es muy necesaria, pero pensé que después del ataque de las gaviotas contra los niños en la fiesta de cumpleaños, la caída de los gorriones por la chimenea, los ojos arrancados del granjero y el ataque de los cuervos a la salida de la escuela, el público debería descansar un momento antes de volver a marchar hacia el horror. En esta escena del café, hay tranquilidad, risas, el borracho que se inspira en los personajes de Sean O'Casey y, sobre todo, la anciana ornitóloga; soy de su opinión de que la escena resulta un poco larga, pero, después de todo, siempre he pensado que no tiene importancia que una escena sea larga con tal de que despierte el interés del público. Si el público está interesado, la escena será siempre muy corta, pero si se aburre, siempre será muy larga.