Un día como hoy, hace
exactamente ochenta y ocho años, fallecía el escritor peruano César Vallejo, en
quien convivieron por lo menos dos hombres: el artista genial, "creador de
la profundidad", y el ciudadano lleno de mundo, solidario y luchador,
enfrentado al destino de un modo trágico. Su "inquietud introspectiva y
personal" le inspiró los mejores poemas de su imponente obra lírica; su
"inquietud política y social", buena parte de su obra en prosa.
César Abraham Vallejo Mendoza, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, el 16 de marzo de 1892. Su numerosa familia (tuvo once hermanos) tenía raíces españolas e indígenas. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar. Estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, en donde recibió el estímulo de la bohemia local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó algunos poemas en la revista "Suramérica" antes de llegar a Lima a fines de 1917.
A principios de 1918 comienza a trabajar como maestro en el colegio Barros. Cuando en
septiembre muere su director y fundador, Vallejo consigue el cargo de director. Al año siguiente fue nombrado profesor en el Colegio Guadalupe. Por entonces, en la capital peruana publicó su primer libro, "Los heraldos negros", uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo.
En 1920 hizo una visita a su pueblo natal, donde se vio envuelto en unos disturbios producto de una revuelta popular. A Vallejo lo acusaron de incendiario, ladrón y homicida; por ello -y sin pruebas concluyentes- fue a la cárcel por algo más de tres meses. Ciro Alegría (1909-1967), su alumno en un colegio de Trujillo allá por el año 1915, contó cómo el maestro "fue asaltado por un grupo de forajidos que trataron de cortarle la melena" y cómo los vecinos de Trujillo se referían a Vallejo diciendo: "ése que se dice poeta", sosteniendo que "le faltaba un tornillo".
Esta experiencia generó una crítica y permanente influencia en su vida y su obra, y se reflejó de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, "Trilce" de 1922. Esta obra -recibida tibiamente por la crítica- mucho después fue considerada como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella Vallejo se apartó de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, e incorporó algunas novedades de la vanguardia. Como nunca antes, había realizado una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana.
Su cuna, su condición social y económica, sus fracasos amorosos, su deambular de aquí para allá ganándose la vida como maestro, su bohemia entre fumaderos de opio, lupanares y tabernas, su arresto, proceso y posterior reclusión en la cárcel de Trujillo, la humillación y el menosprecio de la crítica oficial, crearon en su ánimo un sentimiento de amargura.
César Abraham Vallejo Mendoza, poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, el 16 de marzo de 1892. Su numerosa familia (tuvo once hermanos) tenía raíces españolas e indígenas. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar. Estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, en donde recibió el estímulo de la bohemia local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó algunos poemas en la revista "Suramérica" antes de llegar a Lima a fines de 1917.
A principios de 1918 comienza a trabajar como maestro en el colegio Barros. Cuando en
septiembre muere su director y fundador, Vallejo consigue el cargo de director. Al año siguiente fue nombrado profesor en el Colegio Guadalupe. Por entonces, en la capital peruana publicó su primer libro, "Los heraldos negros", uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo.
En 1920 hizo una visita a su pueblo natal, donde se vio envuelto en unos disturbios producto de una revuelta popular. A Vallejo lo acusaron de incendiario, ladrón y homicida; por ello -y sin pruebas concluyentes- fue a la cárcel por algo más de tres meses. Ciro Alegría (1909-1967), su alumno en un colegio de Trujillo allá por el año 1915, contó cómo el maestro "fue asaltado por un grupo de forajidos que trataron de cortarle la melena" y cómo los vecinos de Trujillo se referían a Vallejo diciendo: "ése que se dice poeta", sosteniendo que "le faltaba un tornillo".
Esta experiencia generó una crítica y permanente influencia en su vida y su obra, y se reflejó de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, "Trilce" de 1922. Esta obra -recibida tibiamente por la crítica- mucho después fue considerada como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella Vallejo se apartó de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, e incorporó algunas novedades de la vanguardia. Como nunca antes, había realizado una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana.
Su cuna, su condición social y económica, sus fracasos amorosos, su deambular de aquí para allá ganándose la vida como maestro, su bohemia entre fumaderos de opio, lupanares y tabernas, su arresto, proceso y posterior reclusión en la cárcel de Trujillo, la humillación y el menosprecio de la crítica oficial, crearon en su ánimo un sentimiento de amargura.
Un tiempo antes, Vallejo
le había enviado unos versos al escritor y periodista Clemente Palma
(1872-1946), un renombrado escritor que pasaba por ser uno de los personajes
más importantes de la escena literaria peruana de inicios del siglo XX. Cuando
éste leyó "Amada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos
maderos curvados de mi beso; / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y
que hay un viernes santo más dulce que ese beso", le respondió al desolado
poeta: "¿Usted cree señor Vallejo que colocar una imbecilidad encima de
otra es hacer poesía?... Mejor olvide la poesía".
Pobre y desamparado -más
desamparado aún tras la muerte de su madre- Vallejo partió voluntariamente al
exilio en un viaje que sería definitivo. A su patria no regresaría jamás. Una
década después escribiría: "...le pegaban / todos sin que él les haga
nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga; son testigos /
los días jueves y los huesos húmeros, / la soledad, la lluvia, los
caminos...". En 1923, con treinta y un años de edad, abandonó el Perú y se
dirigió a Francia en el vapor Oroya, con una moneda de quinientos soles por
todo capital, dejando publicados antes de partir el libro de cuentos
"Escalas melografiadas" y la novela corta "Fabla salvaje".
En París, vivió sus primeros
años entre la miseria y el hambre, hasta que pudo encontrar su primer trabajo
estable en una nueva agencia de prensa llamada "Les Grands Journaux
Ibéro-Américains" al tiempo que enviaba con regularidad artículos para las
revistas "Variedades" y "Mundial" de Lima. Por entonces
vivía en el atelier del pintor y escultor costarricense Max Jiménez
(1900-1947), en donde se entera por los periódicos de la muerte de su padre.
Tiempo después conoce al pintor español Juan Gris (1887-1927) con quien establece
una gran amistad. También frecuenta al novelista norteamericano Waldo Franck
(1889-1967), al escultor lituano Jacques Lipchitz (1891-1973), al poeta chileno
Vicente Huidobro (1893-1948), al filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1936)
y al pintor brasileño Cándido Portinari (1903-1962) entre otros.
Con el poeta español Juan
Larrea (1895-1980), una de las figuras mayores de la poesía vanguardista
española, funda en 1926 la revista "Favorables París Poema" y
comienza a colaborar con la revista "Amauta" (del quechua
"hamawt'a", "maestro") del teórico socialista peruano José
Carlos Mariátegui (1894-1930), al tiempo que profundiza sus estudios sobre el
marxismo. También ese año obtuvo una beca menor de la universidad de Madrid, en
donde continuó brevemente sus estudios de leyes.
En una crónica publicada
en la revista "Variedades" del 7 de mayo de 1927, Vallejo expresó:
"La actual generación de América no anda menos extraviada que las
anteriores. La actual generación en América es tan retórica y falta de
honestidad espiritual, como las anteriores generaciones de las que ella
reniega. Levanto mi voz y acuso a mi generación de impotente para crear o
realizar un espíritu propio, hecho de verdad y de vida, en fin, de sana y
auténtica inspiración humana. Presiento desde hoy un balance desastroso de mi
generación, de aquí a unos quince o veinte años".
En 1928 viaja por primera
vez a la Unión Soviética mientras trabaja como corresponsal oficial para el
diario "El comercio" de Perú. Cuando un año después regresa a la
Unión Soviética, define su ideología revolucionaria profundizando sus estudios
sobre el marxismo, al cual adhiere de forma definitiva, aunque por fuera del
"comunismo" estalinista. Cuando vuelve a París es expulsado debido a
su militancia comunista por el gobierno conservador y nacionalista de André
Tardieu (1876-1945); entonces decide trasladarse a España nuevamente cuando
declinaba el año 1930.
Testigo excepcional, la
obra de Vallejo registra elementos claves de la vida política de España, en
cuya capital escribió y publicó, en 1931, la novela "El tungsteno".
El cuento "Paco Yunque", también escrito en Madrid, fue editado en
fecha muy posterior. La novela fue editada por la editorial Cénit; el cuento,
no. El editor lo rechazó por "demasiado triste". Juzgadas con los
preceptos de la retórica vanguardista de la época, "El tungsteno" y
"Paco Yunque" vendrían a ser obras fallidas, mediocres y ancladas en
la estética del realismo decimonónico. Sin embargo, el tiempo demostró que
ambas narraciones fueron ejemplares, paradigmáticas, en el sentido de que
constituyeron el prototipo de novelas y cuentos que, años después,
proliferarían en la frondosa literatura hispanoamericana.
También en Madrid publicó
su ensayo "Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin", una
ampliación del artículo "Un reportaje en Rusia", publicado en 1930
por la revista madrileña "Bolívar". Por estas fechas trabajó
febrilmente acumulando notas, pergeñando ensayos y escribiendo artículos sobre
literatura, arte y política. Vallejo tuvo el mérito de haber sido uno de los
primeros escritores en lengua española que reflexionó críticamente acerca de
una posible "literatura proletaria" y de un posible "arte
revolucionario". En el ensayo "El arte revolucionario, arte de masas
y forma específica de la lucha de clases" (publicado recién en 1973) dijo:
"La forma del arte revolucionario debe ser lo más directa, simple y
descarnada posible. Un realismo implacable. Elaboración mínima. La emoción ha
de buscarse por el camino más corto y a quemarropa. Arte de primer plano. Fobia
a la media tinta y al matiz. Todo crudo, ángulos y no curvas, pero pesado,
bárbaro, brutal, como en las trincheras".
Estas afirmaciones lo llevaron a polemizar con el insigne escritor surrealista francés André Breton (1896-1966) y con el pintor cubista mexicano Diego Rivera (1886-1957), sobre quienes opinó que ocupaban y usufructuaban una posición de privilegio sin ser verdaderos trabajadores por una cultura revolucionaria.
Estas afirmaciones lo llevaron a polemizar con el insigne escritor surrealista francés André Breton (1896-1966) y con el pintor cubista mexicano Diego Rivera (1886-1957), sobre quienes opinó que ocupaban y usufructuaban una posición de privilegio sin ser verdaderos trabajadores por una cultura revolucionaria.
Vallejo amaba el cine y
admiraba a Sergei Eisenstein (1898-1948). Por eso su prosa narrativa tuvo mucho
de guión cinematográfico. Su descripción de ambientes, personajes y situaciones
fue un constante movimiento de cámara, "arte de primer plano", puesto
que "la emoción ha de buscarse por el camino más corto y a
quemarropa", tal como él mismo aseguró. Pese a la recomendación de
su amigo Federico García Lorca (1898-1936), la obra dramatúrgica de Vallejo fue
rechazada una y otra vez. Allí quedaron "Lock out", sobre un
conflicto obrero en una fábrica metalúrgica; "Entre las dos orillas corre
el río", ambientada en la Moscú soviética; "Colacho hermanos"
una sátira que exponía a la democracia peruana como una farsa burguesa bajo
presiones diplomáticas y de empresas transnacionales, y "La piedra
cansada", obra de tono poético ambientada en la época incaica e influida
por las tragedias griegas.
En 1932 regresó a París y contrajo matrimonio con Georgette Phillipart (1908-1984), la mujer que desarrollaría una gran labor de difusión de su obra tras su muerte, y poco tiempo después volvió a España, donde estalló la guerra civil. Este hecho le inspiró el poemario "España aparta de mí este cáliz". En 1937 asistió al Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Madrid y escribió "Poemas humanos" que se editaría de manera póstuma en 1939. También publicó "Nómina de huesos", una selección de poemas y prosas escritos durante los años 1923 y 1936, y el libro de poemas "Sermón de la barbarie". Durante la Guerra Civil, se comprometió con la causa de los republicanos y colaboró con fervor en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española, el régimen democrático que existía en el país hispano y que fue sustituido en 1939 por la dictadura liderada por el general Francisco Franco (1892-1975).
A comienzos de 1938 regresó a París y se alojó en el Hotel Richelieu situado en la rue Molière, muy cerca del Théâtre de la Comédie Française y del Palais Royal. Por entonces fue elegido secretario de la sección peruana de la Asociación Internacional de Escritores y comenzó a colaborar en el boletín hispanoamericano "Nuestra España" que dirigía el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) hasta que, en marzo sufrió un grave agotamiento físico y cayó en estado comatoso. Fue internado por una enfermedad desconocida que entró en crisis el 8 de abril. El lluvioso viernes 15 de abril, Vallejo murió sin que se estableciera ningún diagnóstico sobre su enfermedad. Sólo más tarde se supo que había sucumbido a un muy viejo paludismo que reapareció después de veinte o veinticinco años a consecuencia de su debilitado estado general.
La Embajada de Perú corrió con todos los gastos del entierro en el cementerio de Montrouge ubicado en los suburbios del sur de París, y la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, de la cual era secretario de la sección peruana desde 1937, organizó su funeral en la Maison de la Culture. Desde esta institución partió el cortejo fúnebre hacia el cementerio. Al entierro asistieron, entre otros, escritores, artistas y amigos como Ernest Bloch (1880-1959), Joan Miró (1893-1983), Juan Larrea Celayeta (1895-1980), Tristan Tzara (1896-1963), Rosa Chacel (1898-1994), Alfonso de Silva Santisteban (1902-1937), Nicolás Guillén (1902-1989) y Louis Aragon (1897-1982). Fue este último quien pronunció el discurso fúnebre ante la tumba. Los restos de César Vallejo permanecieron en el cementerio de Montrouge durante treinta y dos años hasta que, el 3 de abril de 1970, su viuda los trasladó al Cementerio de Montparnasse.
De entre la copiosa bibliografía sobre la importancia de su obra para la literatura del siglo XX se destaca el ensayo "El circo en llamas" del escritor y crítico literario chileno Enrique Lihn (1929-1988), en el cual escribió: "En otras palabras, César Vallejo cantó o escribió con los ojos puestos en un futuro mejor para la humanidad, pero lo hizo en estado casi agónico, desde el fondo de su desesperación individual, obsesionado por la enfermedad y por la muerte. Es el intérprete más impresionante y agresivo de la Guerra Civil Española, 'una epopeya -decía- única en la historia', pero no pudo soportar la violencia de España. Tampoco la violencia de su propio mundo emotivo, y murió de vida y no de muerte, en su decir, en los días mismos en que se perdía esa guerra, para entrar en la fase de la resurrección permanente de su verbo, quizá el más vivo de la poesía moderna de lengua española".
Por su parte el escritor peruano Bernardo Rafael Álvarez (1954) manifestó en 2021 en su artículo "Sobre César Vallejo: su poesía tal como yo la conozco": "En una crónica que escribí y publiqué en marzo del 2008, dije, respecto de César Vallejo, que es uno de los picos más elevados de la poesía en lengua española. Trece años después, afirmé que se trataba del 'más grande en lengua castellana'. Hoy -con absoluta convicción- me ratifico en lo dicho y, a diferencia de muchos, me atrevo a expresar que, verdaderamente, Vallejo es el pico más elevado, el poeta más completo (y creo que no sólo en nuestra lengua)". Y el escritor de relatos, novelista y poeta germano-estadounidense Charles Bukowski (1920-1994) le dedicó el poema titulado precisamente "Vallejo" que incluyó en su libro "What matters most is how well you walk through the fire" (Lo más importante es saber atravesar el fuego). En él expresó: "Es muy difícil encontrar un hombre / que escriba poemas que no te decepcionen. / Vallejo nunca me decepcionó de esa manera. /Algunos dicen que murió de tanto pasar hambre. / Como sea sus poemas sobre el terror a estar solo / son en cierto sentido amables y no gritan. / Estamos cansados de casi todo el arte. / Vallejo escribe como un hombre y no como un artista. / Está más allá de nuestro entendimiento. / Me gusta pensar que Vallejo todavía está vivo / y caminando por la habitación, / encuentro el sonido de sus pasos firmes. / Imponderable".




