7 de junio de 2026

La Orden de los Nuevos Templarios: el huevo de la serpiente

La ambición por el poder tiene a sus mayores representantes en el mundo de la política, donde muchos individuos se han sometido a las leyes de diversas sociedades secretas con el objeto de alcanzar sus objetivos. Es una vieja historia que se repite con cierta continuidad e involucra a ciertos cultos que ofrecen a sus miembros el sentimiento gratificante de superioridad sobre los demás. En este plano se inscribe la sociedad secreta Ordo Novi Templi (Los Nuevos Templarios), fundada en Austria el 25 de diciembre de 1907 por el ex monje cisterciense Adolf Lanz (1874-1954).
Lanz fue muy religioso durante su juventud cuando tuvo su experiencia como monje cristiano en la Ordo Cisterciensis (Orden del Císter), una orden religiosa fundada en 1098 por Robert de Molesme (1029-1111) en la abadía francesa de Cíteaux (la antigua ciudad romana de Cistercium, próxima a Dijón). Durante ese tiempo, Jörg Lanz Von Liebenfels -como se hacía llamar- realizó investigaciones sobre textos gnósticos y apócrifos. Cuando renunció a sus votos en 1899, continuó con la elaboración de una teoría teológica en la cual el mal era atribuido a las razas no arias y el bien a la pureza de los rasgos raciales arios. Según esta teoría, en el origen de la humanidad existieron dos razas absolutamente diferenciadas y ajenas la una de la otra. Por una parte, los “hijos de los dioses” y por otra los “hijos de los hombres”. A la primera pertenecían los arios, dotados de una espiritualidad pura; en cambio, las otras razas procedían de la evolución biológica de los animales.
Así, Lanz intentó explicar la expulsión del “paraíso terrenal” como producto de la unión sexual de unos (Adán) con otros (Eva). A raíz de esto, la raza aria habría degenerado en el mestizaje, perdiendo sus facultades divinas, el orden superior y ciertas capacidades paranormales como la clarividencia y la telepatía, entre otras. Ese proceso de mezcla racial limitó esas cualidades a unos pocos descendientes de arios, de modo que recuperar la pureza racial aria equivalía a recuperar el carácter espiritual de los primeros arios. Cuando Lanz se abocó a la creación de la Orden de los Nuevos Templarios impuso requisitos muy severos para quienes quisieran ingresar. Estos debían pertenecer a la raza aria, ser rubios, de piel clara y ojos grises o azules. Si además su nariz era aguileña y estrecha, y sus miembros delicados, mucho mejor para los fines de la sociedad.


El nombre de esta sociedad tuvo su antecedente en otra secta de características diferentes, esta sí muy poderosa, que surgió en durante el siglo XI en plena época de las Cruzadas. La sociedad de los Templarios nació con el fin de proteger a los peregrinos hacia Tierra Santa, pero con el tiempo se transformó en una orden de caballeros que bajo el mando de su primer Gran Maestre Hugues de Payns (1070-1136), combatió a los sarracenos. Tras el éxito inicial, el número de templarios aumentó y De Payns decidió constituir una orden religiosa. El primer donativo importante fue realizado por el rey de Jerusalén Balduino II (1079-1131), quien les permitió utilizar una parte del palacio real.
Más tarde, Bernando de Claraval (1090-1153) de la orden Cisterciense, le escribió a De Payns: “Ruego la cooperación de los Templarios con objeto de rehabilitar a los hombres impíos y empedernidos, ladrones y sacrílegos, asesinos, perjuros y adúlteros”. Esto bastó para que la secta buscase su reconocimiento en el Concilio de Troyes (1128), convocado por el papa Honorio II cuyo nombre secular era Lamberto Scannabecchi (1060-1130). Bajo la vigilancia de Claraval se estableció un ritual muy complejo que distinguía a la orden de cualquier otra sociedad secreta. Protegidos por los poderosos de la época, los templarios prosperaron económicamente, recibiendo tierras, granjas, pueblos y castillos. La máxima distinción les fue conferida por el papado, que los autorizó a mantener sus propios templos y su propio clero. Si alguien se atrevía a perseguir a un templario, podía ser excomulgado, de manera que el poder de la secta aumentó amparado por la religión católica.


Las actividades de los Templarios fueron celebradas en toda Europa, al combatir en numerosas batallas que fueron decisivas para la victoria de la segunda Cruzada (1146-1150). Los templarios -inmersos en la política de su tiempo- provocaron ellos mismos algunas guerras con el fin de sostener su estrategia. Su lema era: “Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam” (No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Ti sea dada toda la gloria). No obstante, aunque muchos lo creyeran así, el éxito de la Orden no se debió a su genio político, sino más bien a las habilidades financieras de sus integrantes. Estos se habían hecho inmensamente ricos con los donativos y utilizaban sus fondos en la concesión de préstamos usurarios y la práctica de diversos negocios.
Todo ello terminó el viernes 13 de octubre de 1307, cuando el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (1268-1314) -uno de sus enemigos más encarnizados- mandó apresar a los templarios. Esa noche cayeron más de quince mil caballeros en el continente europeo, acusados de perversiones sexuales, cultos satánicos y blasfemias. La Inquisición no perdió el tiempo e hizo “confesar” a muchos de ellos sus supuestos delitos. Tres años después se inició el proceso público en Vienne, Francia, y sesenta y siete templarios fueron quemados por herejes, luego de negar sus anteriores declaraciones. El resultado final fue que el papa Clemente V, cuyo nombre secular era Bertrand de Got (1264-1314), expidió una bula ordenando la disolución de la orden en 1312.
Los que habían confesado quedaron en libertad; los que no lo hicieron fueron castigados con prisión perpetua. El último Gran Maestre, Jacques Bernard de Molay (1240-1314) declaró en París: “Confieso que en verdad soy culpable de la mayor infamia. Pero la infamia es que he mentido... admitiendo los cargos repugnantes presentados contra mi orden. Por tanto, declaro que la Orden es inocente. Su pureza y santidad nunca han sido mancilladas. En el tribunal, yo había declarado de otra manera; pero lo hice por temor a las terribles torturas... Se me ofreció la vida, pero a cambio de la perfidia. A este precio la vida no merece vivirse”. El 19 de marzo de 1314 Molay y su camarada, el Preceptor de Normandía, Geoffroy de Charnay (1251-1314) fueron enviados a la hoguera. La multitud congregada sintió escalofrió cuando Molay gritó al rey y al papa: “¡Os convoco al tribunal de los Cielos antes de que termine el año, para que recibáis vuestro justo castigo, malditos!”. Probablemente, todo fue una terrible coincidencia, pero Clemente V murió un mes después y Felipe IV lo siguió a la tumba en noviembre de ese mismo año.


A comienzos del siglo XX, la Orden de los Nuevos Templarios fundada por Lanz tenía varios enemigos, entre ellos el socialismo, la democracia y el feminismo. Entre sus seguidores más notorios estaban Adolf Hitler (1889-1945) y Johann Dietrich Eckart (1868-1923), futuros baluartes del nazismo. En 1913 Lanz publicó en su revista “Ostara” (de la cual Hitler era lector) el artículo “Der Heilige Gral des mysteriums der arisch-christlichen rassenreligion” (El Santo Grial del misterio de la religión racial ario-cristiana). En él afirmó que “la leyenda del Grial es una representación del culto a la pureza racial de los antiguos caballeros templarios” y que “el Grial es el Dios-hombre llevado y mantenido por la mujer casta de clase superior”. Hay versiones que indican que el mito del origen bestial de las razas habría sido incluido por Hitler en la primera edición de su libro “Mein kampf” (Mi lucha). La teoría de Lanz incluía también el tema del “tercer ojo”, divulgado por el naturalista y arqueólogo alemán Wilhelm Bölsche (1861-1939) en su obra “Vom bazillus zum affenmenschen” (Del bacilo a los hombres-mono, 1900) en donde hacía mención de los misteriosos rayos N, que supuestamente habían sido descubiertos en 1903 por el francés Prosper René Blondlot (1849-1930).
Los arios primitivos de Lanz poseían órganos sensoriales que les permitían emitir rayos N y recibir señales eléctricas. A raíz de la degeneración racial, estos órganos se habían atrofiado, reduciéndose a la pituitaria y la glándula pineal.
Proféticamente, Lanz anunció: “No pasará mucho tiempo antes que surja un nuevo sacerdocio en la tierra del electrón y el Santo Grial”. Para impulsarlo, en 1905 aportó algunas ideas: maternidades estatales para madres arias solteras, educación de mujeres elegidas y poligamia de las elites para asegurar la pureza de la raza aria. Además, propuso medidas a tomar con las “razas inferiores”: esterilización, esclavitud, uso como bestias de carga, deportación a Madagascar e incineración como sacrificio al dios pagano Wotan. Treinta años más tarde Heinrich Himmler (1900-1945), Comandante en Jefe de los Escuadrones de Protección Schutzstaffel (SS), tomó bastante al pie de la letra estas recomendaciones.


El nexo entre la Orden de los Nuevos Templarios y el nazismo fue Rudolf von Sebottendorf, el alias que utilizaba el alquimista, numerólogo y astrólogo Adam Alfred Glauer (1875-1945), fundador de la Thule Gesellschaft (Sociedad Thule), una organización político-esotérica precursora del NSDAP, Nationalsozialistischen Deutschen Arbeiterpartei (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores). Admirador de Lanz, von Sebottendorf se identificaba con la cruz esvástica y situaba el origen de la raza aria en un continente perdido, la escandinava isla de Thule. Sebottendorf y Eckhart participaron -junto con el cabo Hitler- en operaciones militares contra los espartaquistas en Munich y en el asesinato del dirigente socialista Kurt Eisner (1867-1919).
También fue templario el vienés Karl Maria Wiligut (1866-1946), mano derecha de Himmler y activo participante en los campos de exterminio nazis. En 1933, Wiligut cambió su apellido por el de Weisthor y creó para las SS un ritual disciplinario inspirado en las órdenes guerreras medievales y las leyendas del Grial y la Mesa Redonda. Asimismo, proyectó la construcción del castillo de Wewelsburg, con la idea de convertirlo en la Santa Sede de las SS y polo mágico para la conquista del mundo. Weisthor también se dedicó a reescribir toda la historia conocida, fraguando pruebas arqueológicas e intentando probar la superioridad de la raza aria mediante la utilización de una hipotética “ciencia racial” desarrollada por los antropólogos Lucian Scherman (1864-1946), Ludwig Woltmann (1871-1907) y Hans Günther (1891-1968).
Si bien la creencia en el esoterismo era frecuente en los círculos de poder nazis, el mismo Hitler -ya en el poder- limitó la actividad de los Nuevos Templarios al considerar que su intención era lograr el monopolio de las fuerzas ocultas. Para el Führer, “la ciencia pura y aplicada es un logro casi exclusivamente ario”. Sólo “cuando el conocimiento recobra el carácter de secreto, de conocimiento para iniciados, y deja de ser accesible para todos y para cualquiera, cumple de nuevo su función normal, que es proporcionar los medios y el poder de controlar la naturaleza humana y no humana”.
Cuarenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1985 el historiador británico Nicholas Goodrick Clarke (1953-2012) publicó “The occult roots of nazism” (Las oscuras raíces del nazismo), ensayo en el cual escribió sobre el ocultismo y detalló las conexiones entre el nazismo y el esoterismo en Alemania y Austria entre 1880 y 1945. Ya en 1960 los escritores franceses Jacques Bergier (1912-1978) y Louis Pauwels (1920-1997) habían escrito en colaboración “Le matin des magiciens” (El retorno de los brujos), obra en la que, además de tratar temas por entonces novedosos como los fenómenos parapsicológicos, hablaron del esoterismo y su conexión con el nazismo.
Uno de los ejemplos más elocuentes del nexo entre los neotemplarios -tal como se los conoce hoy en día- y el nacionalsocialismo (nazismo) ha sido el escritor chileno Miguel Serrano (1917-2009), un fervoroso defensor en los años ‘70 y ‘80 del siglo pasado del supremacismo blanco, promotor del neonazismo en Chile y negacionista tanto del Holocausto como de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1915-2006) que se inició en ese país el 11 de septiembre de 1973 tras el derrocamiento del presidente Salvador Allende (1908-1973), quien había sido elegido democráticamente en noviembre de 1970.


Gran exponente del hitlerismo esotérico, en obras como “El cordón dorado. Hitlerismo esotérico” y “Nacionalsocialismo, única solución para los Pueblos de América del Sur” sostuvo que Hitler era la encarnación de una divinidad, un salvador y guía de la raza aria, y agrupó a los templarios junto a otros grupos surgidos a fines del siglo pasado a los que adjudicó una superioridad espiritual y heroica. También afirmó que toda la civilización americana fue producto de la única “raza auténtica”, la del “hombre blanco”, ya que los negros, los amarillos y los rojos, sólo eran hombres animales y esclavos nacidos en la mítica isla Atlántida mencionada por el filósofo griego Platón de Atenas (427-347 a.C.) en algunos de sus famosos “Diálogos”. E incluso aseguró que “el hitlerismo resurge imparable y el futuro será, más que un sistema político, una religión”.
En 1981 el Vaticano, por entonces gobernado por el Papa Juan Pablo II -Karol Wojtyła (1920-2005)-, confeccionó una lista de cerca de medio millar de organizaciones que se declaraban sucesoras de los templarios. Y en 2006 se publicó en el diario británico “Daily Telegraph” una solicitada en la que se le pedía al Papa Benedicto XVI -Joseph Ratzinger (1927-2022)- que “restaure la Orden con los deberes, derechos y privilegios para el siglo XXI y los venideros”. En la misma se alentaba a “los grupos templarios y los compañeros de armas de todo el mundo” a ponerse en contacto con la Orden para organizar “a su debido tiempo” una reunión con el fin de renovar esa sociedad esotérica.
Hoy en día aún existen diseminados por el mundo discípulos de la Orden de los Nuevos Templarios, los neotemplarios, organizados en diversas hermandades y organizaciones. Su tradicional racismo ha prevalecido menos que su afición por el esoterismo, pero sigue siendo amparada por la opulencia y la desinhibición del moderno capitalismo. No son pocos los historiadores que desde hace bastante tiempo vienen estudiando la fascinación que ejercen estas organizaciones sobre la extrema derecha contemporánea.