Nacido en Buenos Aires,
Vicente Zito Lema se recibió de abogado en 1961 en la Universidad Nacional de
Buenos Aires, especializándose en el estudio y la práctica de los derechos
humanos. En la Facultad de Filosofía y Letras de dicha universidad creó la carrera
de Tecnicatura en Producción y Gestión de las Artes, una cátedra enfocada en el
estudio de los mecanismos de creación artística. A lo largo de su vida trabajó
como periodista en distintos periódicos como “Clarín”, “El Cronista Comercial”
y “La Opinión”. También fundó y dirigió las revistas culturales “Cero” y “Talismán”
y, en la década de los años '70, se vinculó con distintas revistas como “Liberación”,
“Nuevo Hombre” y “Crisis” en las que participó junto a grandes personalidades
como Julio Cortázar (1914-1984), Haroldo Conti (1925-1976), Rodolfo Walsh
(1927-1977) y Eduardo Galeano (1940-2015).
Fue abogado defensor de los presos políticos de la cárcel de Rawson y de los militantes políticos asesinados en la llamada Masacre de Trelew, los crímenes perpetrados en agosto de 1972 por la dictadura militar autodenominada "Revolución Argentina", la que, tras derrocar al presidente constitucional Arturo Illia (1900-1983), gobernó al país hasta 1973 bajo el mando de los generales Juan Carlos Onganía (1914-1995), Roberto Marcelo Levingston (1920-2015) y Alejandro Agustín Lanusse (1918-1996) sucesivamente. Tras el Golpe de Estado de 1976 en Argentina fue perseguido y acosado por la dictadura y debió abandonar el país en 1977. Tras pasar por varios países se radicó en Holanda, desde donde integró la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADHU) junto a intelectuales como Alicia Moreau de Justo (1885-1986), David Viñas (1927-2011) y el citado Julio Cortázar, entre otros, trabajando activamente por la visibilización de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Proceso de Reorganización Nacional, tal como se conoció a la dictadura cívico-militar-clerical que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, año este último en el que pudo regresar a su país natal donde fundó la revista “Fin de siglo” y dirigió la revista “Cultura y Utopía”.
Incansable defensor de los
derechos humanos, Vicente Zito Lema fue autor de una treintena de libros de
teatro, poesía y psicoanálisis. Entre ellos los dramas “Eva Perón resucitada”,
“Oratorio mater”, “Delirium teatro”, “Lengua sucia: escenas de poder,
servidumbres y muerte”, “El bronce que sonríe: el mito, el hombre y la parca” y
“Sombras nada más”; los poemarios “Tiempo de niñez”, “Feudal cortesía en la
prisión del cerebro”, “Blues, largo y violento”, “Carta de Matilde”, “Rendición
de cuentas”, “Voces en el hospicio” y “Belleza en la barricada”; y los ensayos “El
alma no come vidrio. Los manifiestos de la locura”, “Breve antología del crimen
pasional en la Argentina según las noticias de los diarios durante los años
1968 a 1970”, “El viaje hacia la otra realidad”, “La paz de los asesinos” y “Triunfos
y derrotas”.
“Vaya a saber por qué no sufro escribiendo -declaró una vez en sus últimos años de vida-. Sufrí viviendo la realidad, pero después aparece ese proceso que bien sintetizaba mi maestro Enrique Pichón Rivière, que es pasar de lo siniestro a lo maravilloso. De eso se trata. En el caso de la pandemia, de los desaparecidos, del rencor de esta sociedad me meto con lo siniestro, y no porque lo siniestro sea lo único que existe, sino porque también existe. No hay alegría más grande que las pasiones alegres, pero las pasiones tristes también están: la pulsión de vida, tan fantástica, convive a la par con la pulsión de muerte”.
Vicente Zito Lema, poeta y filósofo argentino, ha compartido espacios de reflexión vinculados a la teología de la liberación y el compromiso social con el fraile dominico, filósofo y antropólogo brasileño Frei Betto. Ambos intelectuales coincidieron en la defensa de los derechos de los pobres y la crítica al neoliberalismo, y promovieron el compromiso político contra las injusticias sociales, frecuentemente reflejadas en los medios de comunicación, tanto en los tradicionales como en las modernas redes sociales, a veces para exponerlas y analizarlas y otras para justificarlas y defenderlas. Lo que sigue es la segunda y última parte de la charla que mantuvieron el teólogo que alguna vez, ante la pregunta “¿Cuál va a ser el paradigma de la postmodernidad?”, respondió que “delante de ese interrogante hay dos posibilidades, una sería la globalización de la solidaridad pero, si el mercado se impone como paradigma de la postmodernidad, la otra sería que no hay más futuro para la humanidad”, y el escritor que alguna vez se preguntó: “¿Estamos preparados para la interrogación de la historia que súbitamente nos sorprende y nos sacude mientras el cuerpo avanza a los tumbos en las lejanías de la tragedia sureña, donde nunca fuimos más que espectros asombrados de la crueldad del mundo?”, a lo que se respondió: “la lectura que hoy hacemos del ayer pensando en el mañana, nos mueve, nos sacude, nos ata y nos desata; nos advierte que la entrada al paraíso del poder establecido no es más que el confín de un precipicio”. La conversación se publicó en Buenos Aires en marzo de 2001 en el nº 2 de la revista "Locas. Cultura y utopías".
Fue abogado defensor de los presos políticos de la cárcel de Rawson y de los militantes políticos asesinados en la llamada Masacre de Trelew, los crímenes perpetrados en agosto de 1972 por la dictadura militar autodenominada "Revolución Argentina", la que, tras derrocar al presidente constitucional Arturo Illia (1900-1983), gobernó al país hasta 1973 bajo el mando de los generales Juan Carlos Onganía (1914-1995), Roberto Marcelo Levingston (1920-2015) y Alejandro Agustín Lanusse (1918-1996) sucesivamente. Tras el Golpe de Estado de 1976 en Argentina fue perseguido y acosado por la dictadura y debió abandonar el país en 1977. Tras pasar por varios países se radicó en Holanda, desde donde integró la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADHU) junto a intelectuales como Alicia Moreau de Justo (1885-1986), David Viñas (1927-2011) y el citado Julio Cortázar, entre otros, trabajando activamente por la visibilización de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Proceso de Reorganización Nacional, tal como se conoció a la dictadura cívico-militar-clerical que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, año este último en el que pudo regresar a su país natal donde fundó la revista “Fin de siglo” y dirigió la revista “Cultura y Utopía”.
“Vaya a saber por qué no sufro escribiendo -declaró una vez en sus últimos años de vida-. Sufrí viviendo la realidad, pero después aparece ese proceso que bien sintetizaba mi maestro Enrique Pichón Rivière, que es pasar de lo siniestro a lo maravilloso. De eso se trata. En el caso de la pandemia, de los desaparecidos, del rencor de esta sociedad me meto con lo siniestro, y no porque lo siniestro sea lo único que existe, sino porque también existe. No hay alegría más grande que las pasiones alegres, pero las pasiones tristes también están: la pulsión de vida, tan fantástica, convive a la par con la pulsión de muerte”.
Vicente Zito Lema, poeta y filósofo argentino, ha compartido espacios de reflexión vinculados a la teología de la liberación y el compromiso social con el fraile dominico, filósofo y antropólogo brasileño Frei Betto. Ambos intelectuales coincidieron en la defensa de los derechos de los pobres y la crítica al neoliberalismo, y promovieron el compromiso político contra las injusticias sociales, frecuentemente reflejadas en los medios de comunicación, tanto en los tradicionales como en las modernas redes sociales, a veces para exponerlas y analizarlas y otras para justificarlas y defenderlas. Lo que sigue es la segunda y última parte de la charla que mantuvieron el teólogo que alguna vez, ante la pregunta “¿Cuál va a ser el paradigma de la postmodernidad?”, respondió que “delante de ese interrogante hay dos posibilidades, una sería la globalización de la solidaridad pero, si el mercado se impone como paradigma de la postmodernidad, la otra sería que no hay más futuro para la humanidad”, y el escritor que alguna vez se preguntó: “¿Estamos preparados para la interrogación de la historia que súbitamente nos sorprende y nos sacude mientras el cuerpo avanza a los tumbos en las lejanías de la tragedia sureña, donde nunca fuimos más que espectros asombrados de la crueldad del mundo?”, a lo que se respondió: “la lectura que hoy hacemos del ayer pensando en el mañana, nos mueve, nos sacude, nos ata y nos desata; nos advierte que la entrada al paraíso del poder establecido no es más que el confín de un precipicio”. La conversación se publicó en Buenos Aires en marzo de 2001 en el nº 2 de la revista "Locas. Cultura y utopías".
